nota de autora: hola mi nombre es Natalia admiradora de los dramiones, esta es mi primer historia que público, tenía muchos errores pero la fabulosa Cristy1994 me ayudó a corregirlos y darle su toque, Cris mil gracias por tomarte el tiempo de ayudarme, eres un amor!
los personajes no me pertenecen solo la historia.
esta historia nació al escuchar la canción de Alessia Cara out of love, así que les recomiendo escucharla
¿Cuándo te desenamoraste de mí?
A pesar de que la noche estaba fría, el escalofrío que la hizo estremecer no provenía del clima, venía de su corazón. Por más que lo intentaba no lograba entender cómo habían llegado a ese punto. Ella lo amaba y no podía creer que él ya no sintiera lo mismo por ella, así que suspiró y siguió escribiendo la misiva.
Había pasado más de un mes desde el terrible día en que él llegó de su trabajo en el Ministerio de Magia y le comunicó qué se iba.
—Lo lamento, Hermione, pero no puedo seguir así. Lo mejor es que me vaya.
En ese instante sintió cómo su corazón se partía en dos y su vista se nublaba al llenarse sus ojos de lá consciente de que desde hacía un tiempo tenían problemas, pero…¡por Merlín! Nunca imaginó que podrían llegar tan lejos como para que alguno de los dos quisiera irse.
Escuchó que él le hablaba y regresó su atención al rubio que tenía en frente.
—Draco,¿de qué estás hablando?
—Por favor, no hagamos esto más difícil. Sabes que solo nos haríamos más daño si nos aferramos a estar juntos.
El hecho de que las lágrimas corrieran por sus mejillas solo elevaba el coraje y dolor que estaba sintiendo en ese momento. Detestaba sentirse débil y vulnerable, y por encima de todo, odiaba no poder controlar su llanto. Por su cabeza solo pasaban recuerdos felices, las primeras miradas en clase de pociones, cuando se dio cuenta de que ya no iban cargadas de desprecio… su primer beso en la biblioteca y su primer recorrido por Hogwarts tomados de las manos, sin importarles las miradas de los alumnos, incluidos sus amigos y profesores. Las presentaciones con los padres y cómo defendió su amor ante la incredulidad de Lucius Malfoy. Sus paseos por el mundo muggle.
No, por más que quería no podía dejar de pensar en sus años juntos.
—¿Porqué estás haciendo esto? Podemos arreglarlo, no entiendo tu necesidad de llevar todo al extremo.
—No puedo, Hermione, esto me sobrepasa. Y no quiero dañarte más —dijo con la voz entrecortada—. Si lo piensas bien, es lo mejor para ti.
La rabia la inundó, ganándole al dolor por un momento y, sintiendo impotencia, gritó:
—¡No te permito que decidas por mí, Draco! ¿Cómo puedes saber lo que es mejor para mí? —El eco de sus palabras seguían resonando en las paredes después de unos segundos. Luego, bajó la voz para susurrar con lo que le quedaba de aliento—. Una relación es de dos, no solo tuya. Y yo aún te amo.
—Tienes que entenderlo, la decisión está tomada —se limitó a decir—. Regresaré a la mansión,Nare vendrá a por mis cosas. Lo lamento, de verdad.
Y un segundo después dejó de estar frente a ella.
Su mente regresó al presente cuando la luz de lámpara perdió intensidad por un momento. Tomó el vaso que contenía whisky de fuego y le dio un largo sorbo. No acostumbraba a beber, pero esa noche lo necesitaba.
Cuando terminó tomó la carta en sus manos y comenzó a leer.
Draco:
Tal vez pienses que esta carta es solo una más de las tantas que ya te he enviado… pero no, esta es la última.
No creas que es un intento desesperado por hacer que te quedes a mi lado. Tú me conoces lo suficiente como para saber que no te lo pediría, que no soy tan egoísta.
Tampoco pretendo reparar lo que está dañado. Y sé que nada de lo que diga te hará cambiar de opinión porque tu corazón ya está lejos de mí, y el espacio que ahora hay entre nosotros no desaparecerá de repente.
Pero cuando pienso en nuestro tiempo juntos y las noches se hacen largas… trato de encontrar las razones que te llevaron a tomar la decisión de alejarte de mí, y todos mis pensamientos me llevan a una conclusión. Es lo último que te pediré, así que por favor, responde:
¿Cuándo te desenamoraste de mí?
H.G.
Ató la carta a la pata de su lechuza, la acarició y susurró:
—Entrégasela.
Vio emprender el vuelo y alejarse, cerró su ventana y llegó hasta su cama. Se acostó en ella, abrazando la almohada y permitiendo que su llanto fluyera. Así pasaron un par de horas hasta que el cansancio emocional la llevo a dormirse y a soñar con el amor de su vida, ese al que había querido con tanta fuerza que, con su partida, le había hecho trizas el corazón.
Estaba bien. Estaría bien.
Si aquello significaba su felicidad, entonces aprendería a vivir con su ausencia.
