Notas.- Este fic se ha convertido en una colaboración entre SkuAg y ChieroCurissu. Sin duda alguna, si no fuera por SkuAg, este fic que comencé en 2015 se hubiera quedado inconcluso para siempre.

Esta es la segunda parte de un fic futurista, basado en el epílogo de Digimon Adventure. Trata de los elegidos, quienes están estrenándose como padres. Al final se anexará una lista con los nombres de los hijos de los elegidos.

Género.- Comedia absurda, humor, familia/amigos.

Resumen.- Yamato Ishida es un padre entregado para con la crianza de su pequeña hija Mayumi, sin embargo, su modo de educar a los hijos difiere de las ideas de su mejor amigo Taichi Yagami, lo que desatará situaciones caóticas en el festejo de la hija de Iori Hida, el abogado sin carisma que los retó a un duelo por haber destruido el festejo.


Colapso de crianzas

Por SkuAg y ChieroCurissu

Capítulo 2.- "El intercambio más fatídico del mundo".


—Jou, ¿cómo nos permitiste llegar a esto? —Eso fue lo que reclamó Yamato Ishida mientras su amigo de la infancia, el de gafas, le ayudaba a ponerse correctamente la hakama y el keigogi.

—Desde 1999 es la misma con Taichi y contigo, Yamato, por más que les digo que se detengan, no hacen caso y siguen peleando como poseídos, ¡Sora tendría que haber estado aquí!, es la única capaz de hacer que parezcan hombres de bien, debería de darles vergüenza haber provocado este caos.

Yamato bufó; se colocó los protectores del uniforme de kendo. Taichi lo imitó y los dos miraron hacia Iori Hida con desprecio.

Apenas hacía unos minutos, el abogado sin carisma había explotado debido a que sus viejos compañeros de aventuras habían echado a perder la fiesta de su hija Yuriko, quien acababa de cumplir los tres años.

—Sabía que fallarle a Iori sería peligroso, pero jamás pensé que los retaría a un duelo —admitió Koushiro, pasándoles los cascos y las katanas de madera a sus amigos—. No estoy seguro de qué pasará, pero grabaré todo en la mejor calidad para mandárselo a Mimi-san.

—¡Ni se te ocurra, Koushiro! —reclamó Taichi—. ¡Soy una figura pública, no me pueden ver destruido en público!, de seguro que Mimi lo sube a las redes y se vuelve un video viral.

—A Sora también le gustaría ver lo que pasará… —dijo el pelirrojo con falsa inocencia; al oírle, a Ishida lo recorrió un escalofrío.

—¿Cuánto quieres, hacker extorsionador?

—Luego haremos un trato —comentó Izumi, contento de haber sacado partida de las desgracias ajenas.

La verdad era que Iori Hida, el abogado reprimido (pero con supuesto gran sentido de justicia) había retado a sus invitados Taichi y Yamato a un duelo de kendo para salvar su honor.

—Es la única forma de recuperar el honor ante mis invitados —había enfatizado después de regañarles, maldecirles y retarlos en dicho arte marcial.

—¡Tamaña estupidez, Iori-chan!, yo no practico Kendo, ¡juguemos fútbol! —renegó entonces Taichi.

—Taichi-san, mi honor como anfitrión fue ultrajado —recordó—. Es la fiesta de mi hija, yo pongo las reglas.

—Estás exagerando, ¡todos están exagerando! —se quejó Yamato Ishida, porque de verdad le parecía que a su alrededor se forjaba un drama sinsentido. ¿Por qué para Iori era tan importante la fiesta de su hija de tres años?, la niña ni siquiera se veía resentida… y ¡por kami-sama!, tampoco habían hecho tanto escándalo, en primer lugar, la culpa era del estúpido Tai.

—¿Exagerando?, ¿Yamato-san cree que estoy exagerando? —los gélidos ojos verdes del más chico de los elegidos estremecieron a la audiencia, no obstante, Yamato sabía lo que era luchar con la mirada, por eso le devolvió sus ojos de lobo solitario, lo que le causó sacudidas a más de algún invitado.

La situación iba a ponerse aún más tensa, pero la esposa de Hida, Hiromi, intervino.

—No, no es exageración. La fiesta de nuestra hija Yuriko es el evento más importante en nuestras vidas, Taichi-san y Yamato-san, por eso les ruego que no ofendan a mi marido y acepten el duelo que les propone para que podamos seguir en paz con el festejo —y por absurdo que fuera todo, la señora de la casa hizo una extraña reverencia que hizo palidecer a Yagami e Ishida, quienes terminaron accediendo al duelo de kendo a pesar de que sabían que saldrían humillados por Iori, quien había ganado numerosas medallas en su juventud.

Los invitados habían dejado el jardín donde se efectuaba la fiesta y habían invadido el dojo Hida para ver la pelea. Miyako había armado el corralito para los bebés y había dejado a su Zetaro y a la hija de Koushiro junto con Mayumi y Taiki quienes, ajenos a lo que acontecía, tenían su propio relajo en su pequeño mundo de bebés.

Daisuke se había sentado junto a los niños más grandes: Sei, Toshi, Kurumi, Doguen y su hijo Kyousuke. Ken, por su parte, siguió en la mesa de afuera escribiendo el código de comportamiento de su familia en servilletas. La cumpleañera estaba con su padre, quien también estaba en los vestidores.

Jyou y Koushiro habían ayudado a vestirse a los retados.

—Estas son las reglas del kendo y los principales movimientos. —Koushiro les mostró una página de Wikipedia en su móvil con la normativa del arte marcial—. De cualquier manera, Iori les masacrará, pero deben buscar que sea de la manera menos humillante posible.

—Todo es tu culpa, Taichi, por ponerte a pelearme sobre la crianza de los niños.

—Es que todo me criticas, Yama. —Taichi puso rostro de perro regañado, Ishida gruñó.

—Es una suerte que haya traído conmigo el botiquín de primeros auxilios —suspiró Jou.

—Aquí dice que solo pueden luchar dos personas en el kendo ―indicó Taichi, intentando leer las instrucciones de Wikipedia que Koushiro le había mostrado―. Yamato, debes pelear tú ―pidió―. Tienes más entrenamiento por tu trabajo… yo uso traje todo el día y ya tengo ciático, tú andas saltando por el espacio en contra de la gravedad.

―No hay gravedad en el espacio. ―Sin embargo Yamato tenía cosas más importantes que hacer que acompañar a Koushiro en sus aseveraciones correctas.

―¡Tú eres el líder! Pelea, ¡que te encanta!

―¡Y tú nuestro protector!

―¡Pelearán los dos! ―bramó Iori, sorprendiéndolos por la espalda―. Por favor, Jou, necesito que seas uno de nuestros árbitros. ―El médico palideció, pero no se animó a discutir―. Ken parece muy ocupado y no quiero molestarlo, así que mi mujer y mi hija serán las otras dos árbitras. Porque el kendo requiere de tres ―explicó, Taichi sin embargo ya lo sabía porque había seguido leyendo desesperado en el teléfono de Koushiro.

―¡Tu hija tiene tres años! ―protestó Yamato.

―Y ya sabe más de kendo que tu ―sentenció.

Koushiro no se quejó por no haber sido el único no invitado de árbitro, si quería enviarle buenos videos a Mimi debía prestar atención a su teléfono. Por lo cual se lo quitó a Taichi y le impidió seguir leyendo sobre cómo salvar su vida de un abogado sin carisma mortal.

―Lo que deben saber es que los combates solo duran cinco minutos. ―Y esa fue la última información que Koushiro compartió. Se aseguró de asentarse lejos de los niños, para que no lo interrumpieran al filmar.

―Jou-san. ―Jou no tenía idea de que la esposa de Iori supiera de kendo, pero aceptó las dos banderas que le entregó―. Iori será rojo, Yamato y Taichi blanco. Cada vez que Yuriko y yo levantemos la bandera roja, tú debes levantarla, y viceversa.

Jou asintió. Estaba comenzando a transpirar… ni se le pasó por la cabeza que tal vez la mecánica de las banderas no fuera exactamente así. Después de todo, si esa joven tan formal era esposa de Iori sin dudas que no le iba a mentir…

Protestando, Yamato y Taichi se ubicaron en un extremo de la pista rectangular que marcaba el límite de la batalla. De sus espaldas les colgaban cintas blancas, como la paz, pero a Iori le colgaba una cinta roja, color sangre. Ninguno de los dos admitiría estar transpirando y deseando que su amigo se parase delante… ¡al menos para ser el último en caer!

Yuriko, como una buena niña seria (digna hija del abogado sin carisma y de su esposa la formal), se sentó en un extremo de pista con sus banderas, y parecía saber exactamente lo que debía hacer y estar muy emocionada por ello. Jou se ubicó a través de la pista, desde donde podía ver a ambas árbitras con experiencia.

―Yamato-san, Taichi-san, ¡al centro! ―exigió Iori―. Lo haremos a sanbon shoubu, una partida a 3 puntos, o dos consecutivos.

A los empujones, para quedar detrás del otro, obedecieron.

Ni tenían idea de cómo se asentaban los puntos en el kendo.

La esposa la formal se paró entre medio y, sin previo aviso, alzó las banderas y las impulsó hacia abajo. Jou la imitó, pero Yuriko no, así que se quedó muy preocupado pensando que se había equivocado.

Iori no perdió tiempo. Antes de que Yamato o Taichi pudieran consultar la hora ya les había propinado sendos y decididos golpes firmes con su shinai de madera sobre sus sho-men (o "los cascos", como contaría Taichi en el futuro).

―¡Yuukou Datotsu! ―exclamó la formal, y al mismo tiempo que su hija (¡si, la niña de tres años que ya entendía todo sobre el kendo!) alzó su bandera roja. Jou la imitó, porque así se lo habían indicado y él pensaba obedecer en todo a esa mujer―. ¡Un punto para Hida!

―¿Tan rápido? Yagami, ¡es tu culpa!

―¡Pero si ni siquiera me moví!

―¡Atención! ―gritó la esposa de Iori.

Asustados, volvieron a ponerse en posición. Esta vez estaban preparados y, apenas la mujer bajó sus banderas ambos cargaron contra Iori con sus shinai en alto. En cámara lenta, hubieran podido ver al abogado sin carisma levantando una ceja burlona. Sin dudar, flexionó sus rodillas y, aprovechando su baja estatura a su favor, volvió a propinarles sendas estocadas firmes, esta vez sobre sus hidari do (¡la armadura! lo contaría Taichi más adelante. Yamato por supuesto nunca le contó esta historia a nadie).

―¡Yuukou Datotsu! ―volvió a gritar la esposa. Esta vez Jou había prestado mucha atención a la niña y la había visto levantar su bandera roja antes incluso que la madre, ¡esa niña era una genia del kendo! Decidió en ese momento que haría lo imposible porque fuera la mejor amiga de su pequeño Doguen―. ¡Sanbou shoubu, ganado a dos puntos consecutivos! ―exclamó.

―¡¿Pero eso es todo?! ―gritó Koushiro, corriendo al medio de la pista―. ¡Este video dura un minuto! ¡Los masacró! ―exclamó luego, mirando a sus amigos. Las armaduras parecían no haber sido de mucha ayuda, ya que ambos se encontraban en el piso, quejándose del dolor.

Los asistentes al cumpleaños parecían tener muchos más conocimientos sobre kendo que ese trio (¡así que de ahí había sacado Iori a tantos amigos!), y ya se encontraban aplaudiendo mientras Iori hacía una reverencia.

―Yamato-san, Taichi-san, buena batalla. Estamos en paz. ―Con esas palabras, Iori se retiró con su familia; parece que ya estaba todo en paz con su honor y sus invitados.

Miyako se encargó de llevar a los bebés de vuelta al corralito exterior, mientras los niños más grandes se alejaban por su cuenta.

Yamato y Taichi, tirados en el piso, aún no entendían como todo eso había comenzado y terminado tan rápido y sin embargo los había dejado hechos unas amebas en el piso.

―¡Koushiro-san, Jou-san!, ¡¿tienen servilletas?! Debo seguir escribiendo el Código de Ética de la familia Ichijouji. ―Y Ken ni tenía idea de todo lo que había pasado…

La fiesta, a su modo, continuó, pero para Yamato y Taichi fue muy difícil quitarse la vergüenza de haber sido masacrados en treinta segundos por un abogado, ¡uno solo contra ellos dos!, y lo de los treinta segundos no era exagerado, ya que Koushiro les había mostrado el video y seguro ya se lo había enviado a Mimi…

―Esto nos va a dejar un moretón. ―Yamato tenía razón. El golpe en la cabeza era menos doloroso porque el casco tenía cierta dureza, pero las estocadas a sus torsos habían sido matadoras―. ¡Nada de esto hubiera pasado si no fueras tan infantil!

―¡Infantil! ¡Serás tú que quisiste jugar a la casita con Kurumi-chan!

―¡Te metiste en el trampolín a saltar con Daisuke y dejaste a tu bebé rebotando por el aire!

―¡Yo no perdí de vista ni por un segundo a Taiki, lo estaba vigilando mientras se reía y divertía, a diferencia de ALGUIEN que se va por seis meses al espacio y no ve nunca a su niña!

―¡Ya te dije que dejes de hablar de Mayumi!

―¡Mayumi decapita muñecas porque le falta amor de su padre!

―¡Y tu Taiki ya se dio tantos golpes en la cabeza que nunca va a aprender a hablar!

―¡Que ya te dije que…!

Se observaron, enojados, pero prevenidos por los golpes que les había dado Iori solo se animaron a apretar los puños y a mirarse rumiándose maldades. De estar tan concentrados no notaron que sus sobrinos, Seiyuro y Toshiro, quienes habían sido castigados por haberle pegado al payaso, los observaban en silencio, pero con mucha atención.

―Ya te digo, Toshi, es la única manera ―repetía el niño con la imaginación más peligrosa del mundo, que no podía ser otro que el hijo de Takeru.

―Pero mi primito es chiquito…

―¡Por eso! Como es chiquito nadie se va a dar cuenta, además tienen gorritos… Taiki no se va a acordar, y va a tener un poco de disciplina, que ni te imaginas mi Tía Sora como es… y Mayumi va a tener un poco de diversión, a esta altura tenemos que empezar a preocuparnos por qué es lo que va a decapitar cuando se canse de las muñecas… tal vez comience a decapitar primos.

Toshiro palideció, él a su primito Taiki lo quería mucho y no quería perderlo de vista, pero también quería mucho a su mejor amigo Seiyuro, ¡¿y si Mayumi decidía decapitarlo?!

―¡No voy a pelear más! ―exclamó Yamato―. Y además esta fiesta no tiene sentido, ya no tenemos ni pastel, ¡y no quiero que mi princesa pase más tiempo con tu gorilita!

―Pues tu princesa ama a mi gorilita y cuando sean más grandes, ¡van a ser novios y se van a casar!

―¡Sobre mi cadáver!

Y mientras Taichi y Yamato seguían discutiendo en el interior del dojo, Toshiro y Seiyuro se escabulleron subrepticiamente y corrieron al corralito donde estaban sus primitos.

―Venimos a buscar a nuestros primitos porque nos vamos a casa. ―Toshiro era un niño muy serio y bien portado y la niñera no tuvo inconveniente en creerle. Alzó a ambos bebes, que seguían con toda su ropa de abrigo puesta, ya que estaban al aire libre, y los primos más grandes se encargaron de llevarlos hasta sus cochecitos.

―Primero tenemos que cambiarles el abrigo ―indicó Seiyuro, la llave maestra del plan.

―¿La camiseta también? ―preguntó Toshiro, dudoso. Los niños ya se veían cansados, con sueño.

―A Mayumi le podemos sacar el overol azul y el cubre viento rojo, son de la talla de Taiki, y si le ponemos la caperuza no se le va a ver el pelo.

Seiyuro le quitó con cuidado el overol, el cubre viento y los restos de la muñeca sin cabeza, que estaban en su cochecito, y Toshiro hizo lo propio con su primito. Este tenía un gorrito verde que le escondía todo el pelo y un overol color naranja, seguro que Hikari no lo había vestido, Taichi no tenía idea de cómo combinar dos colores…

―Si se despiertan se van a dar cuenta, sus colores de ojos son muy distintos ―indicó Toshiro, aún un poco nervioso con la situación.

―¡Vamos, Toshi, que ya vienen!

A duras penas lograron subir a sus primitos a los cochecitos del otro. La verdad es que, con la ropa intercambiada y los ojos cerrados, solo los delataba el color de piel, pero ni Yamato ni Taichi repararon en eso mientras agradecían a sus sobrinos por haberlos ayudado trayendo a los niños.

―Esto fue idea de Toshiro, que es una buena influencia para Seiyuro, ¿o no Toshi?

Toshiro enrojeció y Yamato murmuró enfurruñado, seguro que tenía razón, Toshiro era mil veces mejor portado que Seiyuro, pero esa era la influencia de Hikari y jamás de Taichi que estaba loco y tenía un bebé fuera de matrimonio, ¡para colmo!

―¿Ya te disculpó el papacito de Yuri-chan? ―preguntó Seiyuro, tomando de la mano a su tío.

―Claro que sí, y Yuri-chan no está enojada por la torta. ―Yamato le sonrió a su sobrino, que se estaba portando muy bien y parecía que había aprendido la lección.

Se despidió en la puerta del loco que era embajador y acomodó a su hija en el asiento para bebés. Seiyuro se apresuró a ayudarlo.

―Yo iré acá sentadito con ella, con mi primita Mayumi ―indicó. Yamato se sorprendió de lo rápido que se había calmado, ¡solo con un reto!

―Si Taichi al menos lo intentara con Taiki, vería cambios enseguida ―reflexionó. Sin mucho más que decir, encendió el auto y se marchó.

Taichi, por su parte, dejó que Toshiro lo ayudara a ajustar a Taiki en su asiento, era muy tranquilo cuando dormía, y antes de subir chequeó que el baúl estuviera en orden.

―Vamos a ir directo a la puerta digital, Toshi, que tengo aquí el permiso de tu madre y no necesito viajar en avión cuando estoy con niños.

Toshiro, un niño bastante pálido, palideció aún más al darse cuenta de que se había olvidado de que no volvían a su casa, sino que acompañarían a su tío a Nueva York unos días mientras Hikari seguía en su congreso… y si no tenían que pasar por el aeropuerto, ¡tampoco había necesidad de presentar los papeles de Taiki…! Es decir, ¡de Mayumi!

Abrió la boca, listo para confesar antes de que fuera tarde, pero entre sueños Mayumi abrió y cerró sus manitos y Toshiro se dio cuenta de que soñaba con decapitar muñecas, ¡¿y si más adelante intentaba decapitar a su primo Seiyuro, o incluso a su propio primito Taiki?!

Muy nervioso, ya que mentir no estaba bien, aunque tampoco era mentir, sino ocultar algo, Toshiro no volvió a hablar hasta después de haber llegado a la puerta digital que Taichi, como embajador, podía usar cuando estaba en viajes oficiales… y así fue como antes de que pasara una hora, el pequeño se encontró en Nueva York, en el otro lado del mundo, con su tío y la pequeña Mayumi, que ajena al viaje transatlántico que acaba de realizar, dormía plácidamente con las ropas de Taiki…

Mientras tanto, Yamato había dejado a su princesita durmiendo en el asiento portátil del carro (que lo había entrado a la casa, por supuesto), y le había puesto unos videojuegos a Seiyuro mientras esperaba que su hermano viniera a buscarlo y que Sora regresara con ese hermoso kimono que había llevado al desfile… y si Seiyuro se iba antes, y Mayumi seguía durmiendo, le ayudaría a quitárselo con calma…

Que tranquilo que está Seiyuro, pensó otra vez, de verdad muy sorprendido con lo increíblemente bien que había funcionado ese único castigo, y decidido a hablarlo con Hikari cuando tuviera tiempo, para que al menos ALGUIEN se ocupara de intentar disciplinar al gorilita de Taichi, ¡o tal vez al que había que disciplinar era a Taichi, más que al pobre bebito!

Le sorprendió escuchar un bufido. Piximon, el gato de la casa, caminaba nervioso alrededor del asiento en el que dormía Mayumi. Por lo general ese gato era muy afectuoso con su nena, y con Sora, y básicamente con cualquier persona que no fuera él… y si bien en voz alta negaba entenderlo, la verdad es que los años de convivencia le habían hecho apreciar al minino y confiar en sus instintos. Por eso le sorprendió tanto que lo mirara fijo, con aparente desdén, mientras movía la cola.

―Piximon… ―susurró, confundido, pero antes de llegar hasta su mascota escuchó la puerta abrirse.

―¡Ya estamos en casa! ―gritó Piyomon, quien llegó acompañada de Gabumon, Patamon y de su hermano Takeru.

―¡Papá! ―gritó Seiyuro, y corrió a abrazarse a sus piernas.

―Wow, con cuanta energía estamos ―sonrió Takeru―. ¿No había juegos para niños?

―Tu hijo y sus amigos los rompieron.

Pero Yamato no pudo entrar en detalles, porque en ese momento arribó Sora, aún envuelta en su belleza de kimono, y con los cachetes coloreados por el frío, ahora si tan solo Piyomon y Gabumon se fueran al digimundo…

―¡Takeru! ¿Cómo salió la covención? ¿Quieres quedarte a comer y nos cuentas?

―¡NO! ―El grito de Seiyuro asustó a todos los presentes, hasta a Piximon, que saltó de la mesita al piso, con el lomo erizado.

―Pero hijo…

―¡Es que tengo sueño, tanto sueño, ya me quiero ir a dormir, y había un payaso malvado que se parecía a Piedmon…! ¡Papi, vamos a casa!

¿Pasó algo? ―susurró Takeru, mientras Yamato y Sora miraban asombrados de un lado al otro, pero la desesperación del niño por irse era tal que casi sin despedirse Takeru tuvo que irse con un niño colgado a sus piernas y un digimon sentado en su sombrero.

―Yamato, ¿qué pasó?

―Fue un cumpleaños… anecdótico. ―Si Sora no lo sabía era porque aún Mimí no le había reenviado el video de Koushiro… tal vez aún estaba a tiempo de convencerla de que no lo hiciera…

―Piyomon, si no nos vamos ahora la puerta va a cerrar.

Y es que una de las medidas iniciales que Taichi, como embajador del digimundo, había logrado impulsar para tranquilizar un poco a quienes estaban en contra de la coexistencia, es que las puertas digitales solo podían ser usadas por los digimon que estaban registrados y en momentos particulares del día. Los humanos, en general, tenían que conseguir permisos, parecidos a las visas, para poder ingresar. Ni siquiera ellos como ex niños elegidos podían ya entrar a gusto, salvo claro las excepciones como Taichi, Koushiro o Jou que lo hacían por su trabajo…

―¡Sora, tengo que irme! ―Piyomon voló hasta abrazarse a Sora, mientras Gabumon abría la puerta digital.

―Adiós, amiguito ―lo despidió Yamato, afectuoso.

―Adiós Sora, adiós Mayumi ―la despidió Gabumon, susurrando para no despertarla―. Que raro está Piximon hoy… ―opinó. En segundos, él y Piyomon habían desaparecido.

―Tiene razón… ―murmuró Sora―. Es como si estuviera molesto con Mayumi.

Tal vez es porque decapitó a la muñeca que le regalé, pensó Yamato, e intentó retener a Sora a los abrazos, deseoso de aprovechar al menos unos minutos antes de que se despertase su hija.

Pero Yamato pensaba a veces que Sora tenía varias prioridades por encima de él mismo, y su gato Piximon era una de las tantas, y el evidente nerviosismo del gatito la tenía preocupada.

―¿Qué te pasa? ―preguntó, alzándolo, pero Piximon luchó por saltar de sus brazos y, moviendo la cola, comenzó a alternar la vista entre Mayumi y Yamato.

―¿Tal vez quiere jugar? ―aventuró Yamato, aún más confundido que ella.

―No… ―murmuró Sora, y en un rápido movimiento se arrodilló junto a su hija―. Yamato… ―con cuidado, le abrió el cubre viento a su niña, pero no fue hasta quitarle la caperuza que entendió lo que estaba sucediendo―. ¡Es Taiki! ―gritó, asustada, e inmediatamente el niño se despertó y comenzó a llorar.

Piximon, ofendido pero con una clara expresión de misión cumplida, miró desdeñoso a Yamato y se escapó de la habitación.

Yamato corrió hacia Sora mientras ella terminaba de desabrochar al niño del asiento y lo alzaba para calmarlo.

―¡Está vestido como Mayumi! ―reclamó, palmeándole la espalda―. Ya, ya ―susurró a continuación, para que dejara de llorar―. ¡¿Yamato que hiciste?!

―Yo, yo… ―Yamato la miró, en blanco y muy asustado―. Yo… ¡fue Seiyuro! ¡Esto lo hizo Seiyuro! ―Se llevó ambas manos al rostro―. ¡Por eso se quería ir, Sora, y por eso se estaba portando tan bien…! ¡Cuando lo agarre a Takeru!

―¡Qué me importa Takeru! ―susurró, aunque muy enojada―. ¡Llama a Taichi, él debe tener a nuestra niña!

Y aunque Yamato no dejaba de marcar el número del embajador, su teléfono estaba claramente fuera de línea.

Al otro lado del mundo, Taichi ya había ingresado a su departamento con Toshiro y Taiki. Si bien aún era temprano en Japón para dormir, en Nueva York era muy de mañana y sus viajes le habían enseñado a respetar el horario de sueño de cada país. Por eso había metido a Toshiro en la cama y a Taiki, que seguía durmiendo tranquilo, lo había dejado bien calentito en el asientito en el que lo había transportado.

Toshiro parecía inquieto, había dado varias vueltas, pero como Taiki ya estaba dormido y temía despertarlo le había pedido por favor que se fuera a dormir luego de cenar un ramen de la cadena de Daisuke que habían pedido a domicilio. Le sorprendía la actitud de Toshiro, que por lo general era muy obediente, pero el pedido firme había rendido frutos y el niño se había ido a dormir.

―Vaya, al final va a ser que Yamato tenía razón y hay que ser estricto con los niños…

Y luego de cenar y bañarse, Taichi también se había acostado para dormir al menos dos horas antes de tener que acercarse a su oficina… y para evitar distracciones apagó el teléfono.

Al otro lado del mundo, Taiki gateaba por todo el departamento, intentando atrapar a Piximon, que no tenía ninguna intención de ser tocado por ese niño que no era su Mayumi, y Sora y Yamato llamaban a todos sus conocidos para averiguar ¡¿dónde se había metido Taichi con su niña?!

―Sora, ¡¿qué pasó?! ―Hikari se oía muy preocupada―. Lo lamento, el congreso dura hasta tarde por eso no escuché las llamadas, ¿Toshiro está bien?

―¡Espero! ―exclamó Sora, que tenía que admitir que estaba perdiendo la calma―. ¿No está contigo, no te lo llevó Taichi aún?

Yamato escuchaba la conversación desde el altavoz de Sora, aunque era difícil concentrarse mientras el gorilita gateaba por la casa y reía por todo.

―No, Toshiro se va a quedar unos días con Taichi, porque yo no regreso aún a Tokio… se lo llevó con Taiki a Nueva York.

Yamato alzó el teléfono de Sora antes de que se estrellara contra el piso (¡si tan solo hubiera tenido esos reflejos esa tarde contra el abogado sin carisma!).

―¡Hikari, cómo que a Nueva York! ―reclamó―. ¡Taiki está con nosotros!

―¿Tienen a Taiki pero no a Toshiro? ―el tono de Hikari cambió inmediatamente―. ¡¿Y dónde dejó a Toshiro?!

―¡Se lo llevó, Hikari! ―gritó Sora, retomando el teléfono de manos de su marido (prontamente ex marido)―. Espera que te pongo la cámara. ―Sora activó la cámara y la orientó hacia Taiki, quien justo en ese momento fue captado comiéndose la comida de Piximon, muerto de risa, mientras el gato le movía la cola y le gruñía―. ¡Yamato quítalo! Hikari, ¡Taichi se llevó a Mayumi a Nueva York!

¡¿Quéeeeeeeee?! ¡¿Pero cómo puede ser?!

―¡Fue idea de Seiyuro, estoy seguro! ―gritó Yamato, mientras intentaba abrirle la boca a Taiki para quitarle la comida.

―Sora, es muy temprano en Nueva York, Taichi debe haber puesto a los niños a dormir y tal vez está él durmiendo también. Pero si no les habló aún seguro lo hará dentro de unas horas, cuando se despierte.

―¡Y nosotros estaremos durmiendo!

―Gracias, Hikari ―dijo Sora, con seriedad―. Ya te hablaré cuando logremos contactarlo. ―Cortó la comunicación y enfocó a Yamato―. ¡Tú no vas a dormir hasta traerme a mi hija de regreso! ¡Tienes 24 horas para hacerlo! ―Y sin volver a mirarlo, comenzó a buscar contactos en su celular nuevamente.

―Sora, ¿qué haces?

―¡Llamo a Mimi! ¡¿O te piensas que voy a dejar a Mayumi toda una mañana con Taichi?!

―¡Lo sabía, sabía que también lo considerabas un mal padre! ―gritó, pero el fuego en los ojos de Sora le indicó que no era momento de regocijarse por nada.

―Yamato, 24 horas ―repitió, por última vez.


Continuará…


Notas.- Muchas gracias por leernos. ¿Podrá Yamato recuperar a su hija en 24 horas, como le exigió Sora? ¿Podrá, al mismo tiempo, cuidar del gorilita Yagami? ¿Cómo cuidará Taichi a la pequeña Mayumi?, ¿Recibirá el hijo de Takeru algún castigo por su última travesura? ¿Habrá terminado Ken su místico y emblemático Código de Conducta para sus hijos? Y lo más importante, ¿Quién cría mejor a sus hijos, Yamato o Taichi?

Antes de irnos, anexamos los nombres de los hijos de los elegidos:

Mayumi Ishida (2 años): hija de Sora y Yamato.

Taiki Yagami (2 años): hijo de Taichi.

Seiyuro Takaishi (4 años): hijo de Takeru.

Toshiro Yagami (4 años): hijo de Hikari.

Kyosuke Motomiya (4 años): hijo de Daisuke

Yuriko Hida (3 años): hija de Iori.

Kurumi y Zetaro Ichijouji (5 y 1 año): hija e hijo de Ken y Miyako.

Osen Izumi (1 año): hija de Koushiro.

Doguen Kido (3 años): hijo de Jou.

Ben Tachikawa (1 año y medio): hijo de Mimi (próximo a salir).

¡Hasta luego!

Atte. SkuAg y ChieroCurissu.