Naruto y personajes propiedad de M. Kishimoto
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Loving the Devil
II
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—¿Cuánto más va a tardar este vuelo?. Dijiste que el rancho de tus padres quedaba lejos, no prácticamente en el fin del mundo. ¡Llevamos cinco horas! —resopló bebiéndose su tercer copa de vino, por lo menos habían podido reservar en primera clase.
— ¿Recuérdame por favor por qué accedí a traerte conmigo en este viaje, a entrometerte en uno de los sucesos más importantes para mi familia? —indagó sin dejar de leer la novela policíaca que cargaba.
—No sé, tal vez sea porque Kakashi no me dejó otra opción al pedirme que le envíe evidencia de nuestra "mágica convivencia" —ironizó enfadada—, ah, y por supuesto, porque al regresar te pondré al frente del proyecto de Paradise Hotel —lo mencionó como si le molestara, aunque la verdad no era así.
Desde hacía meses, sabía que Sasuke estaba listo para eso y más. Simplemente estaba esperando el momento para decírselo, tenía grandes planes para él, solo que no era bueno que lo adivinara aun. Sasuke era un hombre muy inteligente, pero muy inexperto, no quería que se enterara antes de tiempo y se le subiera a la cabeza.
—Hmp —no pudo debatir contra su respuesta, así que se concentró en regresar a la pregunta inicial—. Cinco horas más de vuelo. Luego tomaremos una avioneta, esa sería otra hora en el aire. Finalmente viajaremos por carretera, unos diez minutos al pueblo cercano, y cuarenta minutos más al rancho —explicó tranquilamente.
—Genial. Casi doce horas de mi vida desperdiciadas, ¿sabes lo que podría hacer con ese tiempo?
Sasuke cerró su libro, dejándose distraer por la fastidiosa mujer que viajaba junto a él. Sakura vestía un costoso abrigo rojo, debajo de el portaba una blusa blanca y un pantalón negro que delineaba perfectamente sus largas piernas, combinando el conjunto con unas botas altísimas del mismo color del abrigo, que le daban el exacto toque de sofisticación y sensualidad. Aquello era una bomba de tiempo, pensó aguantando la risa al imaginarla llegar al rancho Uchiha en aquellas galas.
A mala hora Kakashi había puesto atención en la vida miserable de su ahijada, peor aún, que Sakura no quisiera hacer caso de los sabios consejos de su padrino, yéndose de vacaciones como cualquier persona normal haría, y prefiriera complicarse la vida ella y complicársela a él, inventándose tal patraña. Aunque claro que él salió muy beneficiado, su sueño de desarrollar todo un proyecto estaba a nada de volverse realidad. Pero al escucharla quejarse de todo, comprendió que aguantar a su jefa durante siete largos días, se convertiría en su propio infierno personal.
— ¿Despedir a la mitad de los empleados de Maravillas del Mundo Moderno?
—También —aceptó sin dificultad—. Pero a estas horas ya tendría cinco planos corregidos. No sé cómo Kakashi pudo obligarme a esto. ¡Nunca he estado en un rancho! Por cierto, dime por favor que tendremos agua potable —exigió de repente, por fin dejando olvidado un momento el trabajo y cayendo en cuenta de que no tenía muchos detalles del hogar de Sasuke.
De los miembros de su familia poseía los nombres, se los había pedido para saber cuántos y quiénes eran y comprarles regalos, ¿es lo que cualquier novia normal haría, cierto?
—Hay un pozo —se alzó de hombros con indiferencia.
—Esto es solo tu culpa Sakura Haruno, no pudiste inventarte un amorío con el vecino abogado del piso trece, oh no. Tenías que escoger al chico que se crío entre burros y se bañaba con agua de lluvia —la oyó murmurarle al cielo.
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Después de dormir un poco, aún quedaba una hora, Sasuke decidió que era tiempo de poner de su parte, ya que lo más recomendable era llegar a una tregua con Sakura, y así evitar que tanto ellos como su familia pasaran un mal rato.
—Tal vez sea buena idea que empiece a contarte algo de cada uno de mis parientes, así se creerán el cuento de que entre tú y yo hay algo, ya que es la única manera en la que traería a una mujer a casa. Comencemos por mi hermano, él ha estado comprometido con Izumi desde hace dos años, pero se conocen desde muy chicos, ella era una de nuestras mejores amigas. Luego está mi madre, es una mujer sencilla, se la pasa metida en la cocina, ya que es la mejor forma de demostrar su cariño. Luego la abuela Chiyo, es algo especial, necesitas guardar tus comentarios burlones y mordaces. Por último, papá. Él es un poco seco y serio, a su edad se mantiene bastante bien, disfruta mucho del campo y los animales que cría en el rancho.
Sakura lo miraba atentamente, registrando y recordando cada palabra.
—Lo tengo —dio una fuerte palmada—. Entonces, recapitulemos. Tu hermano se llama Itachi —recordó fácilmente—, él va a casarse con la niña pecosa de mejillas chorreadas que conoce desde pequeños, porque en su vida ha salido de donde vive, y no aspira a algo mejor. Tu madre es Mikoto, su don, como toda mujer chapada a la antigua, es la cocina, apuesto a que su especialidad es el cerdo a las brasas o un platillo igual de estrafalario. La abuela es Chiyo, ¿teje como cualquier viejecita, o carga una escopeta como en aquel viejo programa de los Beverlyricos? —empezó a reír.
— ¡Basta! —la fría orden cortó completamente su carcajada—. A esos comentarios ofensivos son a los que me refiero. No te traje para burlarte de mi familia, ¿lo has entendido?. Soy yo quien está haciéndote un favor a ti, no al revés. Todavía puedo llamarle a Kakashi y contarle toda la verdad, seguro que al comprender por qué acepté seguirte el juego, me perdonará y evitará que puedas vengarte de mí destrozando mi carrera.
—Yo… tienes razón. Disculpa, mis bromas han estado fuera de lugar. Sabes que el estrés me hace ser un poco más pesada de lo habitual, por favor, perdona mi conducta —expresó con honestidad.
Sasuke pareció aplacarse un poco, aunque su expresión dura y fría no desapareció. A Sakura le extrañó mucho descubrir esa faceta antes desconocida por ella. El hombre que viajaba junto a ella, lucía muy distinto al chico servicial, ávido de sus lecciones y experiencia, competente pero complaciente, con el que convivía en la oficina. Guardaron silencio por el resto del viaje, él enfocado en volver a dormir, ella concentrada en todos los pendientes que se habían quedado a miles de kilómetros atrás.
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— ¿¡No vas a ayudarme!?
Sasuke la adelantaba por varios pasos, dirigiéndose a la avioneta a veinte metros de ellos, caminando con su mochila colgada al hombro, como si viajara solo. Mientras ella arrastraba apenas sus dos enormes maletas cargadas a toda su capacidad, a la vez que intentaba que su gran bolso no cayera de su hombro.
—No debiste empacar todo tu armario. Te dije que eran siete días, no un año —no tuvo ni la atención de voltear a verla.
—Te pregunté qué tipo de ropa debía traer. Tú dijiste que cualquier cosa que use una mujer común, ¡déjame decirte que esa no es una respuesta! —se detuvo de pelear con él cuando estuvo a punto de tropezarse.
Gracias a esa ambigua y compleja contestación, había decidido cargar un poco de todo. Tres de sus mejores vestidos de noche, algunos jeans de diseñador que nunca usaba ya que de Lunes a Domingo vestía para el trabajo. Unos suéteres y abrigos, no sabía a dónde iban, así que menos conocía el clima del lugar. Entre otras cosas.
Llegó mucho después que él. Sasuke ya estaba perfectamente acomodado en el asiento del copiloto, subió ella sola su equipaje con esfuerzo sobrehumano, luego se dejó caer en un miserable espacio que quedó en la parte posterior.
La avioneta más parecía una trampa mortal, Sakura se aferró de donde pudo cuando el antiguo armatoste —increíblemente— empezó el vuelo. Mirando por una de las pequeñas ventanas, contempló entretenida el montañoso paisaje. Era eso o aprender a rezar pidiendo que no cayeran al vacío. Asimismo, el ruido y la disposición del piloto y su acompañante, le hicieron desistir de buscar una conversación. Era un lugar ciertamente pintoresco. Lleno de verdor, incluso creyó divisar un gran río. No imaginó que la naturaleza tuviera el poder de relajarla de ese modo, de hacer que se olvidara de todo, excepto de contemplar con avidez lo que se disponía bajo ella.
Los minutos que Sasuke le anticipó que duraba el viaje, acabaron antes de que se diera cuenta. Aterrizaron rudamente en una pequeña e improvisada pista de gastado asfalto. Por supuesto, su asistente fue el primero en brincar y desaparecer del artilugio. Como pudo, comenzó a bajar sus pertenencias. Un brazo moreno apareció en la puerta dándole una mano ayudándola a descargar, el hombre que iba conectado a esa extremidad, apareció poco después.
— ¡Hola! —la saludó un atractivo chico de cabello largo y negro, así como sus ojos.
—Hola. Adivino, ¿eres Itachi, verdad?, el hermano de Sasuke —le devolvió la sonrisa.
—El mismo. No te preguntaré cómo lo supiste, porque obviamente eso está claro. Somos muy parecidos, aunque yo soy el guapo —le cerró el ojo con picardía.
Le cayó bien de inmediato. Se notaba que tenía un carácter muy agradable y una juguetona personalidad.
—Por supuesto, al ser la novia de mi hermanito, seguro que querrás mantener en secreto que estás de acuerdo con mi afirmación —la ayudó a bajar, tomándola por la cintura y haciéndola aterrizar con gracia en el, notó ahora, mojado suelo.
—Oh créeme, no es problema darte la razón. Eres más guapo, y sin duda más caballeroso que Sasuke—espetó en voz alta, su gruñón asistente no merecía un solo halago después de dejarla olvidada en la avioneta como si fuera parte del indeseable equipaje.
—Jajaja. Oye, ya me gustas. ¡Bienvenida! —la abrazó como si se conocieran de años.
No estaba acostumbrada a las muestras de afecto, que la gente la tocara con tanta confianza, le desagradaba mucho, y ahora que lo pensaba, a excepción de su padrino y su familia, nadie se atrevía a hacerlo. Sin embargo, la alegría sincera de Itachi, la hizo aceptar el gesto sin problema. Por lo que torpemente lo apretó también. Supuso que su entusiasmo opacó su inexperiencia, porque el mayor le dedicó una radiante sonrisa al separarse.
—Gracias —aportó con educación cuando él le abrió la puerta de atrás para que subiera a la camioneta en la que se transportarían al rancho. Sasuke terminó de guardar las maletas y se acomodó en el asiento del pasajero.
— ¿Tienen todo lo necesario, o quieren que nos detengamos en el pueblo? —ofreció Itachi después de encender el motor y comenzar a conducir por el traqueteado sendero.
—Directo a casa. Evidentemente Sakura se trajo todo su departamento, así que dudo que necesite algo, y yo lo único que quiero es llegar por fin —respondió Sasuke con fastidio.
Lo primero que hizo al bajar, fue abrazar a su hermano. Se llevaban bien, tenían una relación muy estrecha, ya que sus edades eran cercanas. Pensó pedirle que llegaran a la vieja cantina de Jiraiya a tomar una cerveza, quería platicar con él largo y tendido. Esa idea desapareció junto con su buen humor, cuando lo vio coqueteando con la dragona. Peor todavía, ella había respondido alegremente a las bromas de su hermano, permitiendo que confianzudamente la manoseara.
Eso no debía pasar. Se suponía que era una amargada, un ser desagradable y antipático que causaba repulsión a cualquier otro ser humano. ¿De cuándo acá sonreía con tanta facilidad?, era un témpano de hielo, una bruja espantosa que desayunaba cachorros y comía bebés de postres, sin olvidar que su pasatiempo favorito era aterrorizar a los empleados amenazando con despedirlos. Itachi sabía todo eso, él se lo confío, ¿por qué entonces darle aquel gran recibimiento?
—Parece que a alguien está a punto de darle un derrame cerebral, ¿estás bien, amor? —preguntó Sakura al verlo respirar agitadamente.
Sasuke volteó y le frunció el ceño, desconcertado por su aparente preocupación.
Asintió y trató de olvidar su enojo. Se estaba comportando como un patán por pensar así, claro que su hermano sería el perfecto y amable cuñado, su madre los había educado para que fuesen hombres respetuosos, mas con las mujeres.
— ¿Entonces, directo a la casa? —cuestionó nuevamente Itachi, esta vez mirando a Sakura por el retrovisor para obtener su aprobación.
—Sí. Yo no creo necesitar nada por ahora, y el viaje fue bastante duro, por lo que, Sasuke tiene razón, será agradable llegar y por fin descansar.
No pensaba ser una molestia. Ella era una mujer con bastante energía, realmente no requería de ningún descanso todavía, sin embargo, supuso que estaría bien tener sus reservas bien llenas para todos los siete días en los que tendría que fingir ser la amorosa novia de Sasuke. De igual manera, tampoco quería contradecir a su supuesto novio, Sasuke se estaba comportando de manera muy extraña. Su humor agrio y sus modales secos, no hablaban del mismo hombre que ella tenía bajo su cargo, tal vez regresar a casa lo estresaba.
— Bien.
Itachi encendió la radio, haciendo el viaje más ameno. Sakura se recargó contra el asiento y cerró los ojos, simulando estar en reposo, era la mejor idea que se le había ocurrido para evitar preguntas personales. Sasuke conversó superficialmente con su hermano, enterándose de los últimos detalles sobre la boda y los asuntos del rancho.
La lluvia comenzó a caer, golpeando fuertemente el parabrisas, aquello los retrasó un poco, ya que el camino era una carretera de tierra llena de baches. Finalmente, después de una hora, llegaron. Sakura se acomodó mejor contra la ventanilla, contemplando la gran casa que más bien parecía una campirana mansión. Cerca de la gran construcción, otros edificios se distinguían fácilmente.
—No imaginé que fuera tan grande —aportó con asombro.
—Lo es. Aquellos son el granero y los establos, tenemos las cuadras llenas, ya que hay cinco yeguas que esperan ser preñadas por dos de nuestros sementales.
—Oh, ¿son ese tipo de rancho? —asintió interesada.
Como buena mujer de ciudad, sabía muy poco de caballos, pero siempre le habían gustado. Recordaba con mucho cariño cuando de niña sus padres la habían llevado a una granja. Había montado un pony y jugado con las ovejas.
— ¿No le has contado? —le dio un manotazo a Sasuke en el hombro, intrigado por la súbita apatía de su hermano.
—Hmp. No mucho —admitió Sasuke sobándose el golpe.
— ¿Te gustaría conocer nuestros caballos?, te aseguro que son los mejores —Itachi sonrió mientras estacionaba al lado de la casa, fue cuando Sakura tardíamente se dio cuenta de que había demasiados autos alrededor.
— ¿Llegamos en mal momento, parece haber visitas?, ¿o son los autos de los empleados? —cuestionó desconcertada.
—No —negó Sasuke, viéndose también algo intranquilo.
—Ahm si, sobre eso…
El repentino nerviosismo de Itachi, alertó a Sakura y a Sasuke de que algo no muy agradable iba a suceder.
—Itachi —advirtió Sasuke—, fui muy específico al decirte que…
—Ya conoces a mamá y a la abuela, no pude hacerlas desistir —se disculpó el mayor con expresión avergonzada.
— ¿Qué pasa? —Sakura se tensó al ver a Sasuke tan enfadado.
—Terminará rápido, sabes que todos te hemos extrañado, queríamos darles la bienvenida que se merecen, más ahora que por fin te has decidido a presentarnos a una novia formal.
— ¿Eso es lo que creo que es? —preguntó Sakura señalando los autos—. ¿Una…?
—Fiesta sorpresa de bienvenida —completó Itachi haciendo una mueca de dolor al ver la cara de su hermano menor.
—Definitivamente no —decretó Sasuke—, da la vuelta, iremos a pasar la noche en el hotel del pueblo.
— ¡No puedo hacer eso!
—Claro que puedes, solo enciende la maldita camioneta y- —estaba perdiendo la paciencia.
—No puedo.
—No puede —apoyó Sakura.
— ¿¡Por qué diablos no!?
—Porque ya saben que estamos aquí, y están en la entrada, esperando que bajemos —señaló tras él, donde un grupo de personas se habían reunido en el porche, esperando a que descendieran.
— ¡Joder!
«Justo mis pensamientos», pensó Sakura con fastidio. Si ya le parecía un tormento fingir ante la familia de Sasuke, no quería ni saber lo que sería estar bajo el escrutinio de sus amigos, conocidos y demás.
— ¿Acaso todo el pueblo fue invitado? —apuntó al ver a más personas congregarse afuera, ya que la lluvia había amainado, la gente parecía brotar de la tierra. Eran fácilmente más de cien.
—Somos muy populares entre los habitantes —Itachi explicó alzándose de hombros—. Anden, les prometo que será divertido —invitó abriendo la puerta y bajando.
Sakura y Sasuke permanecieron en su sitio, viendo como Itachi se acercaba a la multitud. Una bonita castaña salió corriendo y lo alcanzó, dándole un apretado abrazo y un casto beso.
—Sasuke…
—Esto va a ser un desastre —refunfuñó al ver a sus padres y su abuela al frente de los invitados. Entrecerró los ojos y maldijo al ver otra asistente, su ex novia.
— ¿Cómo quieres hacer esto? —preguntó Sakura toda negocios.
No sería la mujer que era ni estaría en donde estaba si se dejara llevar por los nervios y permitiera que las crisis la superaran. Sasuke volteó el rostro y la contempló cautivado. Su calma y temple en los momentos de más presión, la dotaban de una fuerza inherente que secretamente le parecía muy atractiva. Claro que jamás se lo diría. Suspiró profundamente, asumiendo la misma expresión de concentración que ella.
—Como discutimos en el avión.
No habían hablado mucho acerca de las mentiras que inventarían, suponían que nada los prepararía realmente para el encuentro con su familia. Así que decidieron ir con la corriente, improvisando según surgiera la situación, eso sí, siguiendo las mentiras uno del otro, sin contradecirse para no evidenciarse.
—De acuerdo, yo te respaldo y viceversa, vamos entonces —se irguió con firmeza, mostrando el porte por el cual era tan admirada y respetada.
Asintiendo, se bajó por fin de la camioneta y le abrió la puerta, ayudándola a descender. No se perdió el jadeo colectivo que dieron todos al verlos tomarse de las manos y dirigirse hasta la entrada. Sasuke casi se dio la vuelta ante la mirada condenatoria de sus padres, seguro estarían molestos porque no les había contado nada de su supuesta y amada novia. La cara de la abuela era algo muy distinto, la vieja Chiyo le sonrió con complicidad, guiñándole juguetonamente. Los empleados de su padre, tenían los ojos muy abiertos, sin duda examinando embelesados a Sakura, raras veces se veía a mujeres como ella por lugares así. Las asistentes femeninas eran un caso similar, escrutándola con admiración y curiosidad.
Sakura se mantuvo en sus cinco, a pesar de que caminar en tacones sobre tierra mojada no era nada fácil, ella no perdió el paso. Su seguridad y confianza eran algo casi instintivo. Sasuke solo podía rezar para que no abriera la boca y dejara en evidencia su corrosiva personalidad. Siempre y cuando ella retuviera ese manto de misticismo y sofisticación que la envolvía, estarían bien.
Se detuvieron a tres pasos de los demás. Nadie dijo nada. Sasuke se preparó para ser el primero en hablar, mejor terminar cuanto antes. Sin embargo, no tuvo oportunidad, su madre los alcanzó y se llevó las manos a la boca, intentando contener su asombro.
—Mírate, eres hermosa —alabó a la mujer que seguía colgada de su brazo—. Bienvenida, ¡bienvenidos! —exclamó muy contenta, abrazándolos a ambos.
—Gracias. Aunque debo decir que usted no se queda atrás. ¿Mikoto, cierto? —la sonrisa de Sakura era digna de un certamen—. No sabía que tu madre fuese tan joven Sasuke, sin duda ahora sé de donde Itachi y tú obtuvieron sus buenos genes.
Sakura no tenía un especial interés en las personas, siempre que le fuera posible, evitaba entablar conversaciones y socializar, pero era experta en cerrar acuerdos y en tratar con clientes. Supo que había dicho las palabras correctas cuando la madre de Sasuke se sonrojó y su esposo tras ella, se enderezó orgulloso.
—Oh, gracias. Este es Fugaku, mi marido y padre de Sasuke, y ella la abuela Chiyo —presentó la morena desviando el foco de atención de ella, hacia el resto de los integrantes de la familia.
—Un placer conocerlos —estrechó la áspera mano del señor Uchiha, él asintió con la cabeza, dándole un recibimiento menos emotivo. La señora mayor sin embargo…
—Así que la dragona ha sido domada —apuntó con socarronería, Sasuke se puso un poco pálido, Sakura no comprendió nada, pero antes de preguntarle a qué se refería, la anciana continuó—. Me gustas. Eres fuerte y decidida —la evaluó con el conocimiento que solo se consigue a través de los años—. Además eres muy bonita y tienes amplias caderas, le darás muchos hijos a mi nieto —vaticinó con satisfacción.
—Ahm, ¿gracias? Aunque Sasuke y yo creemos que eso hay que discutirlo mucho más adelante —aclaró mirando al susodicho en busca de ayuda, no le gustó que la descarada anciana la nivelara como seguramente hacía con las yeguas de cría con las que trabajaban. Asimismo, gracias a su escandaloso comentario, todas las personas los miraban con alegría y complicidad.
—Todavía no es momento para eso abuela, así que deja las caderas de Sakura en paz —aportó Sasuke yendo hacia la vieja señora y abrazándola con cariño—. Déjame disfrutar de ella por algunos años —besó su arrugada mejilla.
—Jmn, no tarden tanto. No se están haciendo más jóvenes, en especial ella —le murmuró traviesamente a su nieto haciéndolo reír.
Evidentemente todos los invitados tenían curiosidad por presentarse y conocerla, pero un trueno y la posibilidad de más lluvia, los hizo entrar a la residencia con premura, así que tendrían que esperar para satisfacer su morbo.
Sakura continuó asombrándose secretamente al ver el interior. La casa era hermosa, decorada con estilo y gusto. Se refugiaron en una amplia estancia, los muebles eran sencillos, pero lucían cómodos y se veía que estaban hechos de los mejores materiales. Había algunas mesas rectangulares acomodadas al fondo, en ellas se mostraban varios guisos, postres y bebidas.
—Siéntense por favor —invitó Mikoto amable—, ¿o tal vez quieran refrescarse primero?. Deben venir muy cansados por el viaje. Pero no queríamos que la llegada de Sasuke contigo pasara desapercibida, espero que no te incomode esta reunión que les preparamos —le comentó a Sakura a modo de confidencia.
—No se preocupe, agradecemos el gesto. Por lo pronto solo me gustaría beber un vaso con agua, de repente me he acalorado un poco.
—En seguida te lo hago llegar —le palmeó el brazo desapareciendo rumbo a la cocina.
—Hay que permanecer juntos —le susurró Sasuke acercándose a su espalda y tomándola por la cintura, actuando como un verdadera pareja—. Mis tías son unas entrometidas, no tardan en caer en montón a preguntarte toda clase de indiscreciones.
—No te preocupes no les diré que eres malo en la cama, si tú me explicas qué diablos quiso decir tu abuela con lo de la dragona domada —sería algún dicho que se usaba por aquellos rumbos.
—Eso fue…
— ¡Sasuke que alegría tenerte de nuevo en el pueblo! —una alta rubia se detuvo frente a ellos, sus ojos azules brillando emocionados mientras devoraban a Sasuke.
Sakura miró de uno a otro. Sasuke no parecía especialmente emocionado, en cambio la mujer, casi saltaba fuera de su piel.
—Hola, mucho gusto, soy Ino, el primer amor de Sasuke —se auto presentó la chica.
Sakura se abstuvo de poner los ojos en blanco, ¿en verdad una de las ex novias de su asistente estaba marcando su territorio de manera tan patética?
—Hola Ino, o primer amor, ¿no sé cuál prefieras? —sonrió astuta—. Yo soy Sakura, o también puedes llamarme el último amor de Sasuke hasta ahora —contraatacó con tono condescendiente. La pobre muchacha no tuvo otra opción más que reírse.
—Sakura —amonestó Sasuke sin poder ocultar su diversión.
—Esa fue buena —aceptó Ino—. Soné algo tonta, ¿no?. Lo siento, es que Sasuke y yo fuimos muy cercanos, y me gusta pensar que ambos fuimos así de importantes el uno para el otro.
—Seguro que sí. No te preocupes, entiendo. Si quieren conversar y recordar viejos tiempos, adelante. Yo iré a alcanzar a tu madre para beberme ese vaso de agua que tanto necesito —«y ver si puedo cambiarlo por una botella de vino», de algún lugar necesitaba sacar ánimos para continuar soportando la fiesta.
—En seguida te alcanzo —Sasuke la retuvo y le dio un ligero beso en la mejilla. Se miraron por significativos segundos, comunicándose en silencio No te metas en problemas, advirtió él. No prometo nada, le devolvió ella con una sonrisa.
—Es muy bella.
Sasuke regresó su atención a su ex, que no perdía de vista la espalda de Sakura, que se alejaba contoneándose como toda una reina.
—Lo es.
—No sé, siempre te imaginé con alguien un poco más… hogareña. No me malentiendas —se apresuró a completar al verlo fruncir el cejo—. Seguro que Sakura es fenomenal, pero luce algo… dura. No la imagino cocinando para ti, esperando paciente a que llegues… cuidando de tus hijos, ya sabes, lo típico que un hombre como tú anhela.
—No quiero sonar maleducado Ino, pero hace mucho que no nos vemos, no creo que tengas idea de lo que anhelo.
—Lo sé lo sé, disculpa. Tienes razón, estoy siendo entrometida. Me alegra que hayas regresado, ojalá encuentres el tiempo para que cabalguemos juntos, como la hacíamos antes. Me gustaría saber que ha sido de tu vida tan lejos de aquí —propuso sonrojada.
—Claro, porque no —respondió concentrado en Sakura, que en lugar de beber agua, sostenía un vaso con un whisky en las rocas y charlaba amenamente con varios de sus tíos.
— ¿Te parece bien pasado mañana?, así tendrás tiempo de descansar e instalarte bien.
—Seguro —aceptó sin poner realmente interés a lo que su ex pedía, ya caminando en dirección a la sagaz mujer que cada segundo atraía más la atención de los hombres a su alrededor—. Disculpa, debo cerciorarme que Sakura esté bien. Nos vemos luego.
—… y así fue como pudimos preservar gran parte de la zona salvaje de la isla. Siempre he sido buena creando edificios y construcciones impresionantes, lugares que no creerían que son producto del hombre. Pero admito que jamás tendría la capacidad de emular aquella hermosa selva, tan verde, tan tupida, tan llena de colores vibrantes en su flora, su fauna. Dejar que se destruyera habría sido un imperdonable error…
El discurso de Sakura era apasionado y contundente. Los demás la escuchaban atentos, interesados y deslumbrados con su inteligencia e ingenio. Supo inmediatamente de qué proyecto hablaba, él aun no trabajaba bajo su mando, pero era una historia bien conocida, como ella, había podio convencer al inversor de ver más allá, generando un proyecto que les significó no solo grandes ganancias, sino reconocimiento mundial por su gran labor ecológica. Asimismo la pauta para varios contratos más, similares a ese.
—Felicidades Sasuke, una mujer como esta no es fácil de atrapar, no la vayas a soltar —brindó su tío Obito cuando Sakura terminó su relato.
—Hn, no lo haré. Nos disculpan, estamos algo hambrientos —la tomó por el brazo, alejándola delicadamente de allí.
— ¿Qué no soy fácil de atrapar y que no me vayas a soltar?, qué piensan que soy, ¿un toro? Si no fueran tus familiares, ya les habría dado una o dos clases sobre cómo superar su machismo —recalcó ofendida, aplacando un poco su malestar con el buen whisky que los caballeros le habían proporcionado.
—Se han expresado así toda su vida, no los harás cambiar sus formas en una tarde.
Le pasó un plato y la ayudó a servirse algunos bocadillos, tal vez si los demás los observaban ocupados, evitarían molestarlos.
—Cierto. ¿Y dime, en qué terminó el adorable encuentro con tu primer amor?, me dejarán colgada aquí, para correr juntos hacia el atardecer —se burló comiéndose un delicioso canapé.
—Ino y yo ya no tenemos nada que ver —cogió uno de los enormes camarones, sumergiéndolo en el aderezo especial de su madre. Gimió extasiado, había extrañado mucho su deliciosa comida.
—No parece ser lo que ella cree, poco le faltó para orinarte encima y gritar ¡mío, mío! —imitó con tono agudo.
—Hn, ¿celosa? —sonrió con suficiencia, queriendo molestarla.
—Los celos son para las personas inseguras, amor. Además, si aún sintieras algo por ella, creo que no la habrías dejado, ¿no es así? —preguntó poniéndose seria.
—Ambos queríamos cosas distintas —suspiró pensando un poco en el pasado—. Ino quería una familia, una vida tranquila aquí en el pueblo, algo sencillo y…
—Y tú necesitabas más —completó con perspicacia—. ¿Has obtenido lo que deseabas? —bebió otro sorbo de su bebida.
—No todavía —admitió pesaroso—, pero pronto —prometió con un brillo de determinación en sus fieros ojos negros.
Sakura asintió. Le creyó. Sasuke estaba destinado a cumplir sus metas, no faltaba mucho. Sin duda tenía todo lo necesario para llegar a la cima.
Después de la ligera comida, se volvió más fácil la convivencia. La mayoría de los invitados a la fiesta solo se acercaban a ellos para felicitarlos por su relación y saludar a Sasuke alegres de su regreso. No hubo preguntas incomodas ni comentarios impertinentes, la amable pero afilada mirada de Sasuke no lo permitía.
Al llegar la noche, Mikoto los acompañó a su habitación. Sasuke no había pensado mucho en cómo se desarrollaría aquello, supuso que su madre prepararía una recamara de invitados para Sakura, y que él dormiría en su antiguo dormitorio. Sus padres no eran tan puritanos, pero tampoco liberales. Siempre habían exigido que se respetara la casa en la que ellos ponían las reglas. Por eso, que ella prácticamente los lanzara a la misma cama, lo dejó pasmado.
—Está todo listo. La colcha y las sábanas están recién lavadas, hay toallas y artículos de aseo personal en el baño, así como cualquier cosa que puedan necesitar —informó su suegra con una radiante sonrisa.
Sakura le dio las gracias y se internó en la amplia y confortable habitación. Era algo rustica en estilo, pero contenía todas las comodidades que cualquier cuarto del mejor de los hoteles les pudiera proporcionar. Empezando por una pantalla plana empotrada en la pared, así como un gran vestuario en donde ya colgaba su ropa, y por último —pero no por eso menos importante— la enorme cama King size en la que ella y su falso novio pasarían esa y las cuatro noches restantes.
—Mamá, ¿no te molesta que Sakura y yo estemos en la misma habitación? —preguntó Sasuke, domando apenas sus nervios.
— ¿Por qué lo haría? —preguntó Mikoto ya casi saliendo.
—Bueno, cuando vivía aquí, siempre nos prohibieron a Itachi y a mí encerrarnos en la habitación con alguna de nuestras novias.
—Bueno claro, eran adolescentes. Qué clase de padres seriamos si solapáramos ese tipo de actividades con nuestros hijos. Sin embargo, ahora la situación es distinta, tú y Sakura son una pareja madura, obviamente necesitan su propio espacio. O me dirás que en la ciudad no pasan las noches uno en casa del otro —preguntó guiñándole el ojo, Sasuke se puso rojo, Sakura soltó una carcajada que rivalizaba con la de su falsa suegra.
—Hmp —refunfuñó Sasuke al ver salir a su madre cerrando la puerta.
—No te preocupes amor, tu virtud está a salvo conmigo. No tomaré nada que no quieras darme —pegó un respingo cuando ella se paró tras él y le acarició la nuca—. Tranquilo Sasuke, solo bromeo —hizo un aspaviento, como desechando la idea—. No pienso abalanzarme sobre ti y aprovecharme. Pero si no me crees, siempre puedes dormir en el sofá.
—No voy a dejar que me eches fuera de mi propia cama —recuperó el temperamento.
—Genial. El colchón es muy grande, apuesto que ni siquiera notaremos que dormimos juntos —entró al vestidor, saliendo en dos minutos con algo de ropa entre sus manos.
Al verla encerrarse en el baño y después escuchar la llave abierta de la ducha, respiró profundamente. No podía permitir que lo siquiera sacando de sus casillas. La situación quedaba fuera de sus manos, lo mejor que podía hacer, era tratar de llevar la fiesta en paz. Lo fundamental era que estaba con su familia, que acompañaría a su hermano en uno de los momentos más importantes de su vida, y que al acabar esa semana, por fin podría mostrar su valía en la empresa y ganarse su lugar dentro de la compañía.
Con aquella resolución, preparó su ropa de dormir, ya listo para tomar su turno cuando ella saliera del baño. Encendió el televisor, entreteniéndose rápidamente con una serie de suspenso que repetían por cable. Al escuchar la puerta abriéndose de nuevo, se levantó de donde estuvo recostado, quedándose paralizado al verla emerger entre el vapor.
Parecía el sueño hecho realidad de cualquier hombre. Una fantasía húmeda, muy húmeda. Tragó con aspereza al verla cerrarse la pequeña bata de seda, cubriendo apenas el fino camisón casi transparente que llevaba debajo, el cual le moldeaba la figura exquisitamente, dejando en evidencia sus firmes senos y sus exuberantes caderas, esas de las que hasta su abuela estaba sumamente orgullosa.
— ¿Hay algún problema? —preguntó Sakura con sobrada confianza.
Los ojos de Sasuke seguían clavados en ella, intentando atravesar la blanca tela que no era capaz de resguardarla. Sabía que no era buena idea ponerse algo tan sugestivo, no lo habría hecho, de no ser porque aquellas batas y camisones eran las únicas prendas para dormir que había empacado. ¿Cómo iba ella a saber que tendrían que dormir no solo en la misma habitación, sino también en la misma cama?. Además, sus "pijamas", eran una concesión para Sasuke, ya que ella acostumbraba a dormir desnuda, vivía sola, por lo que no tendía a preocuparse más que por darse gusto, y uno de sus placeres era descansar libremente, disfrutando de la frescura de sus suaves sábanas satinadas.
—Hmn, ninguno. Elige el lado que prefieras, voy a darme una ducha.
Fría.
No lo dijo, pero ella lo tomó por sentado. No se hacía la tonta. Le atraía a Sasuke, él no había podido disimularlo. Siendo honesta consigo misma, él también le resultaba bastante atractivo. Sasuke era un hombre excepcional, no solo en su físico, también en su manera de ser. Por eso su padrino aceptó con tanta facilidad su confesión, ella no saldría con cualquier pelele, ella necesitaba un hombre especial, alguien capaz de hacerle frente.
Sacudió la cabeza, negando vehemente. Tenía que cortar esa línea de pensamiento a la de ya. Para nada era buena idea involucrarse "verdaderamente" con su asistente. Si rebasaban ese límite, intuía que no podrían volver atrás, y Sasuke era un muy buen elemento en la empresa como para desperdiciarlo así. Aunque la tentación era muy grande. Llevaba tanto tiempo sola, darse ese pequeño antojo, por lo menos una vez…
Seguro con un encuentro bastaría. Estaba acostumbrada a ser autosuficiente, a proveerse siempre su satisfacción sexual. Los hombres eran por lo general una carga, demasiado trabajo para ella, que de por si estaba excedida de ocupaciones. Se sentó en la cama, dándole vueltas al asunto, repasando los pros y contras en su cabeza. Después de mucho razonar, por fin decidió que un profesional como Sasuke era invaluable, y que prefería tenerlo como su colega, a que se convirtiera en un pasajero amante que probablemente resultaría un fiasco en la cama, como sus anteriores conquistas.
—Bien, ya está, no lo harás Sakura —se planteó decidida.
Segundos después, la puerta se abrió. Sasuke acaparó su visión. Mostrándose ante ella en toda su gloria. Llevaba únicamente un pantalón de pijama sobre sus estrechas caderas. Observó ávidamente como se secaba el alborotado cabello negro con una toalla azul, dejando caer algunas gotas sobre la superficie de su duro pecho y su trabajado abdomen. Los brazos hacia arriba, en un ángulo que permitía que sus músculos quedaran plenamente evidenciados.
— ¿Decías algo? —indagó lanzando la toalla al cesto de ropa sucia.
Sus ojos colisionaron con los suyos. Fue incapaz de apartarse de su intensidad.
— ¿Has escuchado alguna vez ese viejo dicho, lo que sucede en las Vegas, se queda en las Vegas? —sonrió con provocación, levantándose al tiempo que se abría la bata.
Su cambio de opinión fue vergonzosamente rápido. Sabía que se arrepentiría después, pero justo ahora, su cerebro no estaba bien enfocado. Culpa de sus hormonas y tal vez del alcohol. Que más daba, aprovecharía esa abolladura de debilidad en la gruesa armadura de su voluntad y se daría un gusto negado desde hacía mucho.
— ¿Qué tiene eso que ver con nada? —exhaló Sasuke con rudeza, plantado en su sitio, viendo como ella se acercaba con la delicadeza de un depredador.
—Me gustas, y yo te gusto… así que…
¿Para qué más preámbulos?, ¿para qué ser sutil y tímida?, ambos buscaban lo mismo. Entre más rápido se avocaran a ello, más fácil sería deshacerse de ese deseo intoxicante que la dejaba aturdida y desencajada.
—No me gustas, ¿Por qué habrías de hacerlo?, ¡eres insoportable! —espetó él majaderamente, saliendo de su estupor y pasando por su lado. En su molestia, no se percató de la contrariedad y el posterior dolor en la cara de ella—. ¿A qué viene tan absurda declaración? —exigió dándole la espalda mientras se deshacía de las mantas y empezaba a dejar lista la cama.
—Me mirabas como si quisieras devorarme —le devolvió ella con tono altanero, ya recuperada de su ataque.
—Eres una mujer guapa, es una reacción fisiológica normal quedarme mirando y… Espera —se detuvo y volvió a girarse, encontrándose directamente con ella— ¿Ibas a sugerirme…?
— ¿Una aventura?, sí —admitió sonriente. Sasuke no se perdió el hecho de que su bata seguía desanudada.
—Que me parezcas bonita no quiere decir que esté dispuesto a eso. No creo que sea una buena idea, seré sincero y espero no ofenderte, eres una persona con la que no me relacionaría jamás Sakura.
—Porque soy insoportable —atribuyó con indiferencia.
—Hn —asintió en acuerdo, esperando no estar cometiendo un error al admitir la animadversión que le tenía.
—Está bien, olvida lo que ha pasado. Pensé que para una noche de diversión bastaría con nuestra atracción física mutua. La verdad no imaginé que necesitaras desarrollar —se llevó el índice a la barbilla buscando la palabra—, sentimientos más profundos por tu pareja, para entrar de lleno al plano sexual. Mi error —se alzó de hombros con despreocupación.
—No me gustan los líos de una noche. Admito que no necesito estar enamorado de una mujer para compartir sexo, pero al menos debe de ser compatible en algunos ámbitos y…
—Y caerte bien —por supuesto entre ellos no era el caso. Descubrió Sakura impactada, por supuesto sin hacerlo notar.
No sabía por qué le afectaba tanto el darse cuenta de la impresión de Sasuke sobre ella. A lo mejor porque pensó que él le tenía cierto cariño, que entre ellos había una especie de afinidad, siendo optimista, creyó incluso que cuando él ya no fuese su asistente, podrían llegar a ser buenos amigos. Que la aborreciera como el resto de los empleados de Maravillas del Mundo Moderno, fue algo muy triste de asimilar.
—Bueno, es mejor estar enterada. Ahora ambos sabemos qué esperar uno del otro. Terminaremos con esta misión. Tú disfrutarás de la boda de tu hermano, yo obtendré las fotos que Kakashi me exigió, y al regresar, yo estaré de nuevo al frente de mis asuntos, así como tú nos demostrarás de lo que estás hecho.
— ¿Sin rencores? —al verla tan tranquila e inafectada, se sintió aliviado.
—Sin rencores —afrimó pasando a su lado y palmeándole el hombro.
Aquel contacto hizo que le dieran escalofríos, su palma era cálida y lisa, ¿Cómo se sentiría que sus pequeñas manos lo acariciaran así por el resto de su cuerpo?. Contrariado y aturdido ante tales deseos, se apartó para darle espacio. Ya era muy tarde para sopesar aquella posibilidad, había sobre reaccionado a la propuesta de Sakura. Lo cierto es que si ella no lo hubiera tomado con la guardia baja, lanzándole a la cara su descarada atracción, no habría respondido negativamente. Su plan no era tan descabellado, que ambos disfrutaran el uno del otro, explotando la evidente lujuria que existía entre ellos, acabaría con la tensión que se generaba casi siempre que estaban juntos. No obstante, lo había arruinado, al saberse descubierto, se sintió avergonzado, así que como típico animal acorralado, su salida fue atacar.
Suspiró resignado, ya nada podía hacerse, no se retractaría, y no creía que Sakura volviera a proponérselo. Seguro así era mejor, para qué complicarse, empezando algo que bien sabían, no llegaría a ningún lugar.
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¡Hey!
Hola otra vez. Aquí cumpliendo lo prometido.
No me extiendo mucho, solo recordé que en el pasado capÍtulo no les deseé feliz día a las que son mamás, acá en mi país hoy se festejan las madres. Las que ya tienen baby´s, un abrazo. Las que no, pues una felicitación para sus mamis.
¡Seguimos leyéndonos!
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SasuSaku CANON
