Naruto y personajes propiedad de M. Kishimoto
.
.
Loving the Devil
III
.
.
—Buenos días hijo, qué tal tu noche, ¿han descansado bien? ¿Dónde está Sakura?
Su madre ya tenía la mesa del comedor perfectamente preparada para el desayuno. Sasuke le besó la mejilla y murmuró un amable saludo a su familia ya reunida, así como una adecuada respuesta a sus preguntas.
—Buenos días. Perfecto. Ella bajará en unos instantes.
Jamás admitiría que apenas y pudo pegar un ojo, rumiando en lo que pudo haber sido de no ser por su estupidez. Y que cuando por fin se quedó dormido, el amanecer lo había sorprendido despertándolo abrazado al voluptuoso cuerpo de su jefa. Su erección apretando dolorosamente contra su redondeado trasero, sus brazos enredados en su cintura, atrayéndola hacia él con ferocidad, aprisionándola contra su pecho. Horrorizado, se había levantado de inmediato, ella ni se inmutó, continuando con su apacible reposo. Corrió a ducharse para bajar la tormentosa calentura, al salir, Sakura ya se estiraba perezosamente.
Con sorpresa, le contó que no esperaba dormir hasta tarde, y que era la primera vez que descansaba más de seis horas seguidas. Su sonrisa era encantadora, su rostro, libre de cualquier ceño o expresión burlona. Lucía tan distinta. Fresca, espontánea, incluso inocente. Sin querer quedarse pasmado por milésima ocasión ante ella, escuetamente le dio los buenos días y le dijo que la esperaba abajo en veinte minutos para el desayuno familiar.
— ¿Café? —su hermano le lanzó una mirada divertida al verlo dejarse caer en su lugar, todavía recordando su cobarde huida.
—Por favor —acercó su taza.
— ¿Crees que este desayuno esté bien para Sakura, hijo?, ¿o debería prepararle algo especial?
Sasuke se sacudió internamente. La comida de su madre era la mejor del pueblo, pero no se distinguía precisamente por su saludable contenido calórico. Ciertamente era un menú bastante variado, había desde huevos revueltos con tocino y jamón, panques, tostadas francesas, hasta fruta picada y gran diversidad de cereales. Sakura lo detestaría. Estaba a punto de ofrecerse el mismo a prepararle algo más ligero a su supuesta novia, pero la voz de Sakura lo impidió.
—Esto luce delicioso Mikoto, por favor no se moleste. Disculpen la tardanza, hacía mucho que no me tomaba un descanso y creo que mi cuerpo aprovechó para recuperar todo el sueño perdido —sonrió y todos correspondieron al gesto.
Se sentó al lado de Sasuke. Él le sirvió el café como sabía que le gustaba, ella asintió agradecida, ayudándolo a llenar sus platos con sus alimentos predilectos. En la oficina, pasaban todo el día pegados, por lo que conocía bien lo que él comía. Los demás los miraron atentamente, Mikoto y Chiyo sonriendo con complicidad al verlos tan compenetrados en las necesidades del otro. Itachi alegre por su hermano, que por fin encontraba una motivación más importante que su trabajo. Fugaku orgulloso y agradecido.
Sasuke no le quitó a Sakura los ojos de encima. Ser la novia ideal le salía natural. Consumía alegremente los platillos preparados por su madre, conversaba con todos, dejando claro que se interesaba por cada una de sus conversaciones, por más nimias o insignificantes que estas fueran. Incluso le siguió la cháchara a su abuela cuando Chiyo le habló de los recientes potrillos que habían nacido en el rancho.
— ¿Tienen planes? —preguntó Itachi al terminar de desayunar. Las dos empleadas que ayudaban a su madre con el quehacer, ya retirando los platos.
—Pensaba mostrarle a Sakura los alrededores y tal vez ir al pueblo por una cerveza.
Sakura no dejó que la sorpresa se revelara en su cara. Que ella recordara, Sasuke jamás la invitó a conocer el rancho, mucho menos a salir con él.
—Esa es una idea excelente, quería que me ayudaras con algo, pero podemos hacerlo después —propuso sin parecer afectado.
—Oh, si necesitas a Sasuke, adelante. Lo nuestro puede esperar a mañana. Ustedes llevan tanto sin verse, es normal que quieran pasar tiempo juntos ahora que se reencuentran —ofreció de inmediato. Si ella tuviera una hermana a la cual no veía desde hacía años, estaría deseosa de compartir con ella todo el día.
— ¿De verdad?, ¿no te molestaría? —indagó Itachi algo desconcertado.
Según Sasuke, su jefa, ahora también novia, era una mujer exigente, incluso caprichosa y asfixiante, ya que no le dejaba tiempo fuera de la empresa.
—Para nada. Disfruten —invitó amable—. Un día de espera no es problema.
—De hecho serían dos. Ino quiere que vayamos a cabalgar mañana —aportó Sasuke, no estaba para nada entusiasmado con el plan de su ex, pero tampoco sería tan majadero de cancelarlo y dejarla plantada.
Un silencio sepulcral cayó sobre la mesa. Su madre y la abuela lo miraban con ojos entrecerrados, Itachi frunció el ceño, su padre parecía más serio de lo normal y Sakura… Sakura no parecía expresar nada.
—Esa muchachita no aprende. No deberías de alimentar sus delirios —regañó su abuela con fastidio.
—Es una amiga muy antigua, no podía simplemente rechazarla —se defendió agraviado. No era un mocoso para que le estuvieran diciendo lo que debía y no debía hacer.
—Por supuesto, te educamos para ser cortés —admitió su madre, que ya sonreía con una clara y mala idea rondándole la cabeza. Sasuke se preparó—. Además pueden aprovechar para tomarlo como un paseo para todos. Itachi, tú e Izumi pueden acompañar a Sasuke a Ino y a Sakura.
—Claro —su hermano mayor aceptó rápidamente.
— ¿Tú qué piensas Sakura? —preguntó su suegra.
Sakura se sintió extrañamente confortada. La familia de Sasuke le estaba mostrando su total aceptación al ponerse de su parte, defendiéndola de lo que ante sus ojos parecía una descarada afrenta. Ella no había visto nada mal en que Sasuke se reuniera con su ex novia de juventud, si él estaba interesado en la infantil rubia, era su problema. No se había puesto a analizar cómo verían los demás aquella al parecer ofensiva situación. Que su actual "novio", prefiriera salir con otra a con ella, por supuesto era una mala señal. Debió sentirse ultrajada, molesta, tal vez hasta rechazada. Lo cierto es que no sentía nada. Porque esos sentimientos la habían embargado, pero la noche anterior, en la que Sasuke dejó tajantemente claro lo que sentía por ella, así que orgullosamente, ella no se permitiría sentir absolutamente nada por él.
Sin embargo, era precisamente ese orgullo el que la empujaba a mostrarse digna y resuelta. La familia de Sasuke tenía razón, no iba a dejar que él la dejase como una tonta, como la alfombra en la que se limpiaba los pies. Le daría el respeto y la consideración que se merecía, así él no quisiera. Y si para ello tenía que mantenerse pegada a su cadera para impedirle estar a solas con su ex novia, y alimentar habladurías de infidelidad, eso haría.
—Pienso que es una excelente idea. Quien sabe, después de ese paseo a caballo, podríamos ir todos por ese trago al pueblo que tanto deseas, amor —se enganchó al brazo de Sasuke, luciendo como una novia muy contenta.
— ¿Sabes montar? —le susurró él, todavía algo aturdido por el apoyo unánime que Sakura recibió por sobre Ino.
Ino era, en palabras breves, la versión decolorada y tímida de su madre. Creía que en su familia estaban desesperados por verlo establecerse con alguien como ella para que así regresara a casa. Ni en sus más descabelladas fantasías, habría creído posible que su desagradable dragona se ganaría la simpatía de todos, y menos con tal velocidad.
«Solo ponis», pensó Sakura con diversión. Pero, ¿Qué tan difícil podía ser subirse a un caballo?
.
Más tarde ese día, cuando Sasuke se encontraba con Itachi en algún lugar del pueblo, poniéndose al día y seguro bebiendo hasta embriagarse, ella bajó a una de las terrazas a compartir un café con la abuela, Mikoto y la cuñada de Sasuke. Amablemente, para que no se sintiera sola, le organizaron una linda tarde de chicas.
Aprovechó para entregar algunos de los regalos que les llevó, solo le faltó el de Fugaku, que se encontraba trabajando. Afortunadamente sus prejuicios de que Mikoto al ser una mujer de rancho sería una maravillosa cocinera, le ayudaron a elegir el perfecto presente. Su suegra se puso feliz al recibir el grueso tomo de recetas que le compró. Era un libro con platillos de todo el mundo, entre recetas de elaborados platos y postres, la madre de Sasuke tendría mucho tiempo para experimentar y mejorarlas con su distintivo sazón.
El regalo de la abuela no fue tan original, Sakura había ido a una de las mejores tiendas en la ciudad, especialistas en trufas. La cara de la traviesa anciana brilló con entusiasmo cuando abrió la fina caja llena de los sabrosos chocolates. Por su salud, Mikoto le dijo que debía comerlas con moderación, pero Sakura intuía que al anochecer la caja ya estaría vacía.
Por último le pasó un gran sobre a Izumi. En realidad era un regalo para ella e Itachi, pero seguro la bella morena le contaría a su futuro esposo más adelante. Al darse cuenta de lo que se trataba, la joven pegó un grito de sorpresa y felicidad, corrió a abrazarla y agradecerle, farfullando que no podía aceptar tal cosa. Sakura la desestimó, diciéndole que era con cariño y que su mejor recompensa es que ellos disfrutaran del detalle.
La tarde se pasó volando. No tuvo tiempo de plantearse cómo estaría yéndole a la compañía. Escuchó ávidamente los consejos de la abuela, las vivencias de Mikoto, que les habló de lo difícil pero a la vez gratificante que fue para ella y su esposo sacar adelante el rancho. Bebió varias tazas de café y comió bastantes galletas. El sol fue ocultándose en un precioso atardecer, dejándola impactada ante la paz que le generó tal belleza. Los grillos comenzaron a cantar. Acompañadas de la luna y la infinidad de estrellas que se veían claramente en el firmamento, cenaron una deliciosa comida preparada rápidamente por su "suegra". Los hombres de la casa habían llamado para avisar que se retrasarían, que no los esperaran, así que cerraron la velada con una deliciosa botella de vino.
.
Sakura abrió los párpados, algo la había despertado. Un gran peso caliente se extendía por toda su humanidad, dándole apenas la oportunidad de respirar. Desconcertada todavía por el sueño, intentó removerse. Brazos fuertes como tentáculos se cerraron en su cintura, una amplia palma subió por su vientre, incrustándose en uno de sus pechos y quedándose ahí. Sasuke. Suspiró por fin comprendiendo. Luego se puso tensa, se suponía que él no la quería de esa manera, ¿no?. Entonces, ¿Qué diablos hacía tomando ventaja de su relajado cuerpo dormido? Iba a ponerlo en su lugar. Se removió de nuevo, tratando de quitárselo de encima, él no lo permitió.
Lanzó el aire de golpe, si continuaba cubriéndola así, iba a asfixiarla. Bien, como comprobó que no tenía la fuerza física necesaria, tendría que hacerlo al modo tradicional y regañarlo con sus habituales amenazas. El fuerte ronquido, más parecido a un rugido que dejó escapar tras ella, la dotó de comprensión. Sasuke estaba perdido en alcohol. Dudaba que lograra despertarlo y, moverlo sería aún más imposible.
Sintiéndose cansada y aplacada de repente, se preguntó qué tan malo sería pasar la noche así, acogida entre sus brazos. Nunca había disfrutado de tal cercanía. Por supuesto aquella intimidad era solo una ilusión, como todo en su supuesta relación. ¿De verdad era tan malo dejarse llevar?, él no lo recordaría por la mañana, quizás ni siquiera se enterase. Y ella, ella jamás se lo diría. Nunca admitiría lo tranquila, lo protegida, lo querida que se sintió en sus brazos.
Solo por hoy.
Cerró nuevamente los ojos y permitió que el sueño la envolviera sin dificultad.
.
Al amanecer, Sasuke ya no estaba en la cama. Su lugar en el colchón permanecía tibio. El agua de la ducha sonaba con intensidad.
Fue un sueño.
Zanjó ya buscando entre su ropa algo que pudiera utilizar para su paseo a caballo. Escogió unos pantalones de mezclilla que se ajustaban perfectamente, así como una blusa a cuadros y unas botas sin tacón que le llegaban casi a las rodillas. Tomó su turno en la ducha después de que Sasuke dejó libre el baño. Pasó por su lado, brindándole los buenos días sin mirarlo, intuía que de hacerlo, los recuerdos de la noche anterior, la harían sonrojarse.
Media hora después, ya con sus defensas bien colocadas, lo enfrentó de nuevo, él la esperaba en la terraza delantera, listo para acompañarla hacia las caballerizas.
— ¿Segura que quieres hacer esto? —preguntó observándola con detenimiento.
—Es una gran oportunidad para tomar esas fotos que Kakashi me pidió. ¿Qué mejor evento que compartir con mi novio y su familia un hermoso paseo y un almuerzo tardío después?. Vamos, quita esa cara. Mas parece que eres tú el que no quiere que los acompañe, temes que haga mal tercio —arqueó la ceja suspicaz.
—Sabes que no. Si mis intenciones fuesen meterme con Ino, podría hacerlo en cualquier momento —aclaró con despiadada honestidad—. Me preocupa más el hecho de que no sabes montar, y que aceptaste venir únicamente por tu testarudez.
—De acuerdo, admito que es algo que no he hecho nunca, pero me conoces, no me amilano ante los retos.
—Este reto podría costarte la vida, ¿Qué tal si caes y te rompes el cuello?, ¿Qué voy a decirle a tu padrino? —la enfrentó malhumorado, Sakura se dio cuenta que estaba verdaderamente angustiado por ella.
—Bueno, si caigo y muero… mirarás a Kakashi a la cara y le dirás: ¡que eso fue absolutamente su culpa, y que regresaré de la tumba para atormentarlo eternamente! —advirtió sin perder el paso—. Además, sabes que aunque el caballo me derribe, eso no me mataría, soy demasiado dura como para morir de una manera tan sencilla —le cerró el ojo con picardía, logrando su cometido de hacerlo sonreír.
—Estás loca —negó divertido.
—Lo estoy —admitió ella al entrar en las caballerizas y encontrarse frente a frente con los inmensos animales que ya estaban siendo ensillados, a la espera de ser montados.
Eran criaturas hermosas. Sumamente imponentes y orgullosas. Miró directamente a los ojos oscuros de un maravilloso caballo negro. La bestia la miraba con una intensidad impropia para un animal. Su profundidad le recordó a alguien, a Sasuke. Que permanecía a su lado, atento al silencioso intercambio que había entre ella y el semental.
—Él es Susanoo, uno de nuestros caballos más antiguos. Yo lo montaré.
—Quiero ese —decidió de inmediato.
—Por supuesto que quieres. Eres temeraria y te encanta meterte y meterme en líos. Pero esta vez sé razonable. Creo que te iría mejor con Lilo —señaló una preciosa yegua cobriza que comía una manzana con parsimonia—, es muy mansa y está acostumbrada a los principiantes. No tienes que demostrar nada Sakura —aclaró cerca de su oído, no quería que los demás se percataran de su intercambio.
Itachi e Izumi apenas y los miraban, haciéndose arrumacos, pero Ino estaba cerca pendiente de los dos, al tiempo que acariciaba con confianza la melena de la altiva yegua que estaba acostumbrada a cabalgar cada vez que los visitaba.
—Tal vez a ti no, o a ellos. Esto es por mí, es personal —aclaró sin dejar de ver al fiero caballo que le lanzó el desafío de domarlo.
Sasuke arqueó la ceja y suspiró frustrado. Si, bienvenido al club, ni ella se entendía, así que comprendía su reacción. ¿Por qué escoger al caballo más intimidante?, tal vez porque necesitaba concentrar sus energías y sus fuerzas en algo más que Sasuke y sus recuerdos de la noche anterior compartida. Asimismo, no creía que fuera para tanto, si Susanoo estaba siendo ensillado, es porque sabían que el caballo era digno de confianza, no utilizarían animales que no estuvieran bien entrenados, ¿o sí?. Lo único que tenía que hacer era sujetar las riendas y seguir las instrucciones, ¿Qué tan complicado sería?
—Me mantendré cerca —no debió sentirse confortada, pero lo hizo. Sasuke no se preocupaba por ella, más bien, se sentía responsable de que algo pudiera sucederle y después ser culpado.
—Como sea —se alzó de hombros con indiferencia y caminó hacia su destino. Era su imaginación o Susanoo le sonreía con premeditación. Sacudió la cabeza eliminando esa loca alucinación.
—Ten cuidado Sakura, Susanoo no es un caballo fácil, a mí nunca me dejó montarlo cuando Sasuke y yo éramos novios —advirtió Ino pareciendo realmente interesada en su bienestar. Aunque Sakura había captado la expresión agria en su rostro cuando se enteró que todos irían al paseo, y no podría quedarse sola con Sasuke.
«Tú no eres yo», quiso espetarle, en cambio le gruñó una respuesta que desestimó su preocupación. No necesitaba que la pusiera más nerviosa de lo que ya estaba.
—El caballo puede sentir tu tensión. Respira hondo y trata de tranquilizarte —aconsejó Sasuke, apretando su mano mientras se acercaban al animal.
Ella cabeceó, haciéndolo consciente de haberlo escuchado. Sus ojos verdes se mantuvieron conectados con las cuencas oscuras de Susanoo. Respiró hondamente, luego estiró su palma y la colocó cerca de su nariz. Había visto en un programa de cable que la manera ideal de acercarse a los perros era ofrecerles la palma de la mano para que la olisquearan y se familiarizaran con el olor. Rezó para que los canes y los caballos no fueran tan diferentes.
Susanoo bufó. Pero ella no se apartó. Continuó mirándolo, enfrentándolo sin hacerle notar lo desestabilizada que la ponía con su amenazadora presencia. Poco a poco comenzó a acariciar su crin, era de un negro total, muy suave al toque.
—Eres un caballo muy guapo, tan altivo, tan impresionante. Apuesto a que todas las yeguas de aquí te persiguen, molestándote para que las mires siquiera. Pero a ti no te gusta cualquiera, ¿verdad?. Tú quieres a la mejor, porque mereces lo mejor. ¿No es así Susanoo? —arrulló con un susurro sensual—. Quieres a la chica más fina, más inteligente, a la más fuerte. Que pueda mantenerse firme ante tu áspero carácter.
No sabía muy bien si todavía hablaba con Susanoo o si aquella indirecta se la lanzaba a alguien más. Alguien que se mantenía un paso atrás, escrutándola con interés.
—Querías mi atención —comenzó a rodearlo por el lado izquierdo, extendiendo su caricia por el cuello y lomo del inquietante animal, que se mantenía cautivo de sus palabras—. Ya la tienes Susanoo —apoyada de Sasuke, logró subir al estribo con apenas poca dificultad, cuando estuvo adecuadamente acomodada, se reclinó hacia el frente, aproximando sus labios a las puntiagudas orejas—, así que compórtate como un buen chico, y por favor no me tires frente a la ex de Sasuke, la cual, comparada conmigo, es una brillante amazona que no dudará en dejarme en ridículo frente a tu dueño —murmuró muy bajito, evitando que la oyeran y quedar como la chiflada que sabía que parecía—. Hazlo y te recompensaré con varios kilos de manzanas. Gracias —finalizó con un rápido besó en la cabeza del animal—. Estamos listos —se irguió con arrogancia, sonriéndole a todos los que la miraban.
—Parece que le has caído bien —señaló Sasuke, impresionado ante la docilidad de su caballo favorito, el cual se caracterizaba por su naturaleza huraña e impaciente.
Aunque si había alguien capaz de encantar hasta serpientes, esa era Sakura. Repitió en su cabeza la graciosa pero sincera conversación que mantuvo con el caballo. Sasuke sintió que aquellas flechas iban directo a la diana en su pecho. ¿Estaría Sakura todavía sugiriéndole que llevaran a cabo una aventura?
—Bueno, ¿vamos a pasear o no? —apuró Itachi con entusiasmo.
—Hmp. Sostén las riendas con ambas manos, en un puño apretado —esperó a que Sakura lo hiciera—Cuando quieras que el caballo avance-
—Lo sé, hay que darle en el vientre un ligero golpe con el talón. Descuida, sé lo necesario —no en vano pasó dos horas leyendo y viendo vídeos en YouTube sobre cómo cabalgar.
—Bien, andando entonces.
Todos subieron a sus caballos, Sasuke escogió un espécimen similar a Susanoo. Cuando comenzaron el recorrido, Sakura se fue quedando atrás. Además del disfrutable y precioso paisaje, no se sentía muy tentada de presionar a Susanoo para que galopara a toda velocidad. El caballo tomó un trote tranquilo, haciéndole fácil familiarizarse con la nueva experiencia.
Ino parloteaba sin parar, tratando y al parecer logrando, captar la atención de Sasuke. Sakura se desconectó de su fastidiosa conversación. Estaba encantada de concentrarse en saborear un logro que jamás imaginó escribir en su lista de pendientes: convivir con la naturaleza en la cima de un altanero caballo.
Cuando por fin se familiarizó con su entorno y permeó su emoción de júbilo, Miró hacia adelante, luego a los lados, Sasuke y compañía ya no se hallaban a la vista. Sin entrar en pánico, continuó dirigiendo al caballo hacia el sendero. Probablemente los encontraría tarde o temprano.
No supo bien cuantos minutos transcurrieron, observó el verde prado que rodeaba la propiedad. El cielo se fue nublando poco a poco, pero no auguraba tormenta. Su estómago vacío hizo un vergonzoso ruido, tenía que encontrar a los demás, ya que posiblemente estaban esperándola para comenzar con el almuerzo.
— ¿Tienes idea de dónde estamos Susanoo, puedes oler algo?
Llegó a un pequeño claro, se valió de que el terreno desigual le daba cierto soporte, detuvo al animal, bajando cuidadosamente apoyada de una ligera elevación de tierra. Sus piernas dolieron al instante, se tragó un grito de agonía, no queriendo asustar al caballo. ¿Cuánto llevaba montando?
Susanoo aprovechó para acercarse al agua y saciar su sed. Parecía estar acostumbrado al lugar, ya que no se alejó más de lo necesario.
— ¿Dónde diablos estoy? —se masajeó los muslos, mirando en todas direcciones esperando ver aparecer a alguien.
Se suponía que Sasuke iba a cuidarla.
—"Me mantendré cerca" —imitó con voz grave—, si como no. Una sonrisa de la rubia hueca y salió disparado detrás de ella —se quejó molesta, arrancando un puñado de pasto que crecía en la base de un gran árbol en el que se dejó caer con cansancio—. Lo llamaría, pero apuesto a que no tendré señal —sacó el móvil de su bolsillo, comprobando efectivamente que no poseía servicio—. ¿Recuerdas cómo regresar a casa Susanoo?
El caballo la miró tranquilamente.
—Supongo que eso es un no. Sabes Susanoo, nunca había estado en un sitio como este —se recargó cómodamente contra el tronco, la copa era espesa, y daba una amplia sombra, no era necesaria, ya que las nubes continuaban cubriendo cualquier rastro de sol—. Bien podría relajarme y apreciarlo. Es lo que Kakashi me recomendó. ¡Oh sí, las fotos! —recordó apurada.
Capturó unas bellas imágenes del paisaje, con Susanoo como el protagonista. Luego preparó la cámara para una selfie, sonriendo verdaderamente, a pesar de las circunstancias, se sentía animada después del paseo. Con dificultad se puso de pie, el dolor no había disminuido gran cosa.
—Ahora una juntos. Perfecta —rio al ver la bonita fotografía de ella y el caballo—, tal vez la enmarque y la ponga en mi escritorio —murmuró regresando a su lugar—. Es tan pacifico aquí, el tiempo parece detenerse —razonó profundamente.
Muy lejos de ahí, en su empresa, todos estarían ocupados, trabajando eficientemente, sin darse cuenta de la rapidez con la que pasaban las horas, sin percatarse de que la vida avanzaba inexorablemente. Ella estaba acostumbrada a eso, al ritmo frenético, a esa necesidad insaciable de terminar un proyecto y continuar inmediatamente con otro, porque era lo único que sabía hacer, lo único que creía que podía disfrutar. Para lo único que era buena. La mejor.
Miró con anhelo las melódicas ondas que se creaban en el lago, Susanoo se removió, buscando algo que pudiera comer, su existencia tan simple como eso. Ella se recargó más contra la dura madera a su espalda, todavía enfrascada en su introspección. ¿Tuvo que volar miles de kilómetros para poder respirar?, ¿para desconectarse y reiniciar? Suspiró con abatimiento. Odiaría tener que reconocerle a Kakashi que tenía razón en haberla obligado a viajar hasta ahí. Porque sin su intervención, ella nunca habría tenido la oportunidad de sentir aquella paz que la envolvía en esos momentos. Aquel silencio que la hizo detenerse y escuchar una temerosa voz que pensó que había conseguido acallar hacía muchos años atrás.
A pesar de sus pensamientos turbulentos, la claridad se abría paso en su cerebro con más facilidad. ¿Qué estaba haciendo de su vida?, ¿hacia dónde se dirigía? ¿A ser la cabeza de Maravillas del Mundo Moderno?, por supuesto, pero, ¿y luego?, ¿Qué más?. Cuando consiguiera aquello, ¿cuál sería la meta siguiente?. ¿Un edificio más alto que el anterior?. ¿Un hotel más lujoso?, por el que recibiría otro frío trofeo que colocaría en la cima de su librero, como hacía con todos los premios que ya había obtenido.
— ¿Cómo lo hago?, ¿Cómo lleno este vacío que nunca se sacia? —murmuró desconcertada.
Cerca escuchó un trote que se aproximaba. Sus dudas existenciales quedaron olvidadas. La visión de Sasuke, yendo a su encuentro como todo un sexy vaquero, se encargó de borrar cualquier pensamiento coherente.
Se detuvo a algunos pasos, su mirada la traspasó. Bajó con destreza del caballo, luego corrió hacia ella. La tomó por los brazos, alzándola como si no pesara más que una pluma.
— ¡Pensé que estabas herida, posiblemente muerta! —gritó a la vez que acariciaba su rostro, su cabello, cualquier parte que sus grandes manos pudieran palpar.
— ¿Po-por qué imaginarías algo tan horrible? —respondió inmóvil, dejando que la explorase con libertad.
—No sabes montar, Susanoo no es un caballo fácil… —se detuvo para poder recomponerse— Sé que es mi culpa, no debí distraerme, prometí mantenerme cerca y… imaginaba al caballo enojándose, alzándose y lanzándote contra el suelo… —negó apretándola contra su pecho, abrazándola.
—Susanoo no haría eso, creo que le caigo mejor de lo que te caigo a ti —bromeó en un intento tonto de tranquilizarlo—. ¿Sasuke? —tembló al inclinar el rostro y encontrarse con su expresión.
—No te soporto, eres una verdadera molestia Sakura Haruno. Un tremendo dolor de cabeza que hace mi vida y la de todos un infierno. Aun así…
Sakura no se apartó, leyendo más allá de la acusación de Sasuke. Sus cuerpos vibraron con anticipación, sabiendo lo que se desataría en unos instantes si ninguno de los dos lo detenía. Ni ella ni él lo hicieron. No quisieron o no pudieron negarlo más.
—Aun así… —repitió Sasuke impotente.
Cayó en picada directo a su boca. Aquel beso no fue tierno, no fue una dulce declaración de amor. Tampoco fue tentativo o explorador.
Fue una lucha.
Una batalla entre dos guerreros que no querían sucumbir ante el otro. Sakura le hizo frente a la pasión de Sasuke con su propio fuego.
¿Dragona de hielo? Aquello no era fría indiferencia. Eran llamas que lo estaban consumiendo, haciéndolo arder antes de volverlo cenizas que el viento arrastraría con facilidad. No quedaría nada de él, después de lo que pensaba hacer con ella, de lo que su cuerpo exigía, Sakura acabaría con él.
Solo había bastado mirar hacia atrás y no verla cabalgar con ellos, para que perdiera la cabeza y saliera volando a buscarla. Desesperado y aterrorizado de encontrarla tirada en el camino. Ino, Itachi e Izumi trataron de acompañarlo, pero no lo alcanzaron. Si algo le ocurría a Sakura… Ni siquiera era por lo que Kakashi le haría, o porque se sintiera responsable de su bienestar. Ahí en el rancho, Sakura estaba fuera de su elemento, si algo le sucedía, no sabría cómo arreglárselas. Simplemente, la idea de ella lastimada, sufriendo…
Su gemido de aprobación ante el brutal ataque contra sus labios, lo devolvió al presente. La sitió contra el árbol, saqueando su boca como si ella fuera la fuente de la vida eterna. Sus lenguas bailaban, peleaban, con un roce electrizante.
Ella lo alejó unos milímetros, respirando con dificultad. Sus ojos estaban brumosos, su cabello hecho un lío. Estiró sus pequeñas manos, con los delicados y finos dedos comenzó a desabotonarle la camisa, él no hizo otra cosa que mirarla, enajenado en lo salvaje y hermosa que lucía. Ella terminó con su tarea, ayudándolo a deshacerse de la parte superior de su ropa, luego prosiguió con su cinturón. Él no quiso quedarse atrás. Tomó su blusa por el cuello y la haló, abriéndola sin preocuparse de los botones que salieron disparados en todas direcciones, dejándola expuesta.
— ¡Bruto! —lo acusó con una sonrisa.
Mientras ella se aseguraba de terminar de deshacerse de sus pantalones, él besó y mordisqueó su cuello, removió su sostén, dejándolo fuera del camino para saborear sus erguidos pechos. Cuando ella tocó su erección y le dio un delicioso apretón, succionó con avidez su pezón derecho, pellizcando el izquierdo. Sakura gimió, acercando más sus senos a su boca. Sasuke enterró el rostro entre los suaves montículos, aprovechando para liberarla de sus propios jeans. Alterado e impaciente, cogió su pierna, alzándola hasta donde pudo para quitarle la estorbosa bota.
— ¡Sasuke! —se quejó ella ya que no le permitió ni sacarse bien los pantalones. Solo apartó la mezclilla y la ropa interior de una de sus piernas, para permitir que sus muslos se abrieran ampliamente para él.
—Sujétate fuerte —ordenó cuando le rodeó la cintura, miró por última vez sus determinados ojos verdes, buscando tal vez reserva o arrepentimiento, algo, cualquier cosa que evitara que aquello sucediera. Nada. No había poder en la tierra que pudiera detener su encuentro. La penetró profundamente, ávido por unirse a ella.
Sakura se abrazó a su cuello, gimiendo y balbuceando su satisfacción. Sufrió un ligero pinchazo de dolor, desacostumbrada ya a tener un encuentro tan íntimo con otro ser humano, pero la sensación que vino después, compensó la ligera molestia. Era un placer abrumador, algo nunca antes experimentado, no a ese nivel. Las secuelas por montar, se desvanecieron en la dulce dicha de sentir a Sasuke dentro de ella, arando su camino directo hacia su punto G. Dejó que la dominara por completo, olvidándose de ser la voz cantante siempre. Entregar el control era algo que no sabría ni cómo empezar a hacer, pero en ese instante en el que él se alzaba por sobre ella, fue algo irreflexivo, instintivo.
¿Quién era esa mujer que se deshacía en sus brazos, y que a su vez estaba arrasando con él? Endureció sus pies en el suelo, sosteniéndolos a ambos, sacando fuerzas de quien sabe qué lugar. No podía dejar de besarla, de tomarla, haciéndola completamente suya. Escucharla gritar su nombre, sentir sus uñas clavarse en su espalda y hombros, era la gloria.
—Sas… Sasuke yo…
—Hazlo —acalló su sollozo, aplacando con su lengua su ruidosa boca, incrementando el ritmo de sus rudas estocadas. Eran perfectos entre sí, su cuerpo lo acogía divinamente, si ella no terminaba ahora, él no podría seguir conteniéndose.
Sakura se perdió. El orgasmo la destrozó. Se apretó contra Sasuke, necesitando algo que la anclara a la realidad. Sasuke la siguió de cerca, pudo sentir su propio estremecimiento, él enterró el rostro en su cuello, mordiendo la sensible zona, llenándola de escalofríos, extendiendo su culminación otros preciados segundos más.
—Vaya… —susurró prendada de su cuello.
Sasuke fue descendiendo poco a poco hasta el suelo, ambos quedaron extendidos en el pasto, aun abrazados. Sus respiraciones agitadas, sus mentes sin procesar del todo lo que aconteció.
—Yo… —empezó él, no muy seguro de cómo expresarse. ¿Debía disculparse?, ¿renegar, restarle importancia?
No quería hacer nada de eso. No se arrepentía. Tampoco estaba molesto ni desinteresado, de hecho, ya se hallaba listo para continuar con una mejor y metódica exploración del delicioso cuerpo de su jefa.
—Pensé que te repugnaba —expresó Sakura sin malicia. Reponiéndose primero, era especialista en dominar sus emociones, por supuesto que ella estaría menos afectada que él.
—Nunca dije eso —se defendió avergonzado. Ella se giró en su sitio, encarándolo. Se veía espectacular. Estaba prácticamente desnuda sobre él, pero jamás se había visto tan digna.
—Tal vez no con esas palabras. Pero dejaste claro que esto no iba a pasar. ¿Estás a punto de tener una crisis? —indagó mirándolo fijamente.
—Claro que no.
—Que bueno. Me siento muy bien como para lidiar con dramas —Sasuke se relajó —. Entonces… esto fue una cuestión de una sola vez o…
Se quedó callada, por su parte, no había tenido suficiente. Como bien intuyó, una aventura con su asistente sería un desastre. Pero no podían retroceder el tiempo. Ahora que probó y supo de lo que eran capaces juntos, anhelaba más. Sin embargo, no sería la primera en admitirlo, oh no. No pensaba cederle a Sasuke mas poder del que ya le había concedido. Era el turno de él arriesgarse a ser rechazado.
—No quiero una relación, no con-… —se contuvo él.
—No conmigo —completó ella manteniendo en blanco sus reacciones —. Bueno, eso es genial, porque yo tampoco busco una relación Sasuke. Ni contigo ni con nadie —aclaró tajante.
Sasuke desvió el rostro. No pretendía ofenderla. No quería decir algo que la hiciera alejarse de él. Pero tampoco tenía idea de cómo plantearle lo que deseaba. Después de varios minutos en silencio, ella se apiadó de él.
—Mira, es claro que entre nosotros hay una fuerte atracción, un cierto magnetismo. No te caigo bien, pero eso no fue impedimento para que nuestra afinidad sexual quedase establecida. Tenemos dos opciones, ignorarla y continuar con nuestras vidas, o… aprovechar estos días que nos quedan en este lugar remoto, y explotar esa necesidad animal, hasta que nos cansemos y saciemos uno del otro. No será un noviazgo, no será el inicio de nada. No habrá sentimientos involucrados. Al terminar el viaje, volveré a ser Sakura Haruno, tu jefa, la mujer que no te gusta, pero que al parecer respetas. Tú regresarás a ser Sasuke Uchiha, uno de mis mejores asistentes, y con suerte, uno de nuestros mejores arquitectos dentro de la compañía.
—Lo que sucede en las Vegas…
—Se queda en las Vegas —asintió Sakura, secretamente emocionada al ver el brillo de anticipación en los oscuros ojos de Sasuke.
— ¿Hasta que esta necesidad desaparezca? —quiso saber, ya acercándose a su tentadora boca.
—Así es…
— ¿Y si no lo hace? —indagó dando un tentativo roce con su lengua al jugoso labio superior de ella, hinchado por su anterior batalla.
—Lo hará. No eres tan irresistible, y yo soy insoportable, ¿lo recuerdas?
—Hmp —admitió con un brusco gesto, antes de lanzarse a besarla y empezar todo nuevamente.
.
.
.
Prácticamente llegamos a la mitad de la historia, qué serían los romances sin la mosca en la sopa. Una disculpa para quienes disfrutan del personaje de Ino, pero alguien tenía que dar lata, jeje.
Espero que les esté gustando el mini fic. De antemano gracias por el apoyo, cualquier cosa, aquí los leo.
.
.
.
¡SasuSaku CANON!
