Naruto y personajes propiedad de M. Kishimoto

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Loving the Devil

IV

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—Mi estómago gruñe —se quejó cuando vislumbró por fin el rancho de la familia de Sasuke.

Ya iba a anochecer, habían desaparecido durante todo el día. Sakura perdió la cuenta de las veces que rodaron en el pasto, haciendo el amor. Estaba bien que ambos quisieran terminar con su atracción lo antes posible, pero dedicar todas esas horas a tener sexo, solo les sirvió para quedar adoloridos y muertos de hambre.

—Ya casi llegamos —aportó Sasuke desde su caballo.

— ¿Crees que sospechen lo que estuvimos haciendo?

Sasuke la miró con diversión. Sakura tenía el cabello vuelto un desastre, la mayoría de los botones de su blusa ya no estaban, eso sin contar su relajada expresión y su leve cojera al caminar. Definitivamente era un cartel andante de: "esto sucede cuando tienes sexo en el campo".

— ¿Te avergüenza?

—En absoluto. No soy una adolescente, no tengo porque dar explicaciones. ¿A ti te molesta que lo sepan?

—Ante ellos somos pareja, lo considerarán normal, incluso esperado.

Llegaron hasta las caballerizas, Sasuke la ayudó a descender de Susanoo con mucho tiento. Sakura acarició al fiero caballo una última vez, permitiendo que lo llevaran hacia su lugar para que comiera y descansara.

—No le digas a nadie lo que viste en el claro —advirtió bromista, dándole una palmada en el lomo, rio al oír al animal bufar. Seguro seguía siendo su alocada imaginación el que creyera que el caballo la miraba con ojos críticos y conocedores.

Al entrar a la casa, las voces se apagaron. Sakura hubiera querido evadir la entrada de la sala y desaparecer rumbo a la habitación, pero la madre de Sasuke salió a su encuentro, obstaculizando su huida. La dulce mujer los miró con asombro, dándose cuenta de inmediato de lo que sucedió entre ellos.

—Me alegra ver que regresan con bien. Itachi e Izumi estaban muy preocupados por ustedes.

— ¿¡Son ellos?! —cuestionó Fugaku desde el interior.

—Sí, están muy bien. Enseguida se reúnen con ustedes —respondió de regreso—. Que les parece si van a refrescarse, luego pueden bajar y unirse a los demás. Yo iré a preparar la cena.

—Oh, ¿puedo ayudarla? —se ofreció Sakura impulsivamente.

No supo quién era el más impresionado, si Sasuke que la contemplaba con la boca abierta, o su madre, que parecía que estaba ansiosa por pasarle todos sus conocimientos culinarios a su futura nuera. Daba igual, necesitaba algo en que ocuparse y así dejar de pensar en lo que ella y Sasuke acababan de hacer. Podría entretenerse con el resto de la familia, bebiendo una copa en la sala, pero intuía que le costaría más trabajo mantener la compostura frente a tantas personas.

— ¡Por supuesto!, anda, ve a ponerte cómoda, te estaré esperando en la cocina —aceptó Mikoto encantada con la propuesta.

—Tú no sabes cocinar —señaló Sasuke al ver partir a su madre.

— ¿Y tu punto es…?

— ¿Por qué estás tan interesada en ayudar a mamá?

—Tal vez quiero aprender a preparar tus comidas favoritas, cielo.

—Hmp.

—Oye, me gustaría empezar a probar cosas diferentes a las que estoy acostumbrada, ¿de acuerdo?, no es gran cosa —la sospecha de Sasuke disminuyó—. Deja de pensar que tengo un plan malévolo para envenenarte. Iré a darme una ducha rápida, no quiero hacer esperar a Mikoto —sin una mirada más, lo dejó atrás.

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—Ahm… lo siento, lo haré de nuevo. Esta vez le aseguro que los trozos quedarán simétricos —prometió tomando los pedazos destazados de los tomates que acababa de masacrar. ¿Quién iba a decir que manejar un cuchillo sería tan malditamente difícil?

—Descuida, así están bien. La cocina no es tu fuerte, ¿cierto? —le sonrió con amabilidad.

Sakura suspiró, recargándose en la isla y mirando todo el avance que su "suegra" ya llevaba. Mientras ella se batía a duelo con un minúsculo tomate, Mikoto elaboró la mitad de la cena.

—Puedo diseñar un hotel, una casa, un edificio. Mi imaginación no tiene límites para los trazos, pero cortar una lechuga en juliana, nop. Soy un fracaso.

—Ino es una excelente cocinera —comentó con ligereza, limpiándose las manos en el delantal que portaba y acercándose a ella.

—Bueno, eso no me hace sentir insegura en absoluto —sonrió sarcástica.

—Siempre estaba tras de Sasuke, preparándole todo lo que sabía a él le gustaba. Pasaba más tiempo en esta cocina que con él. Complaciéndolo, desviviéndose por agradar a mi hijo y a todos —se detuvo a dos pasos de ella, sonriéndole con ternura—. Él nunca la miró como te miraba hace unos minutos. Eres una pésima cocinera, y tal vez nunca aprendas a cortar bien los tomates —le quitó el cuchillo y tomó sus manos—, pero desde ya puedo afirmar, que haces muy feliz a mi hijo. Gracias Sakura —la atrajo hacia su pecho y la abrazó con amor maternal.

—Yo… yo no… —balbuceó sin saber cómo responder. Un nudo enorme formándose en su pecho.

—Eres la mujer perfecta para él. Tu carácter fuerte, tu inteligencia —le acarició la mejilla—, tu belleza. Como no iba mi Sasuke a caer por ti. Cada vez que nos hablaba de ti, de lo loco que lo volvías… en fin. Me alegro que por fin se hayan dado cuenta de lo que sienten el uno por el otro.

Sakura asintió mudamente. Incapaz de contradecir a la madre de Sasuke y decirle que su hijo realmente la odiaba, no quería que se preocupara por ellos. A su tiempo se enteraría de la verdad, no necesitaban arruinarle aquellos días previos a la boda de su hijo mayor. Atesoró las palabras que ella le dedicó, también los sinceros cariños, si su madre siguiera con vida, quiso imaginar que tal vez sería un poco como la señora Mikoto, sonrió con pesar.

El resto de la noche siguió luchando por conseguir los cortes de verduras perfectos, por supuesto no lo consiguió. Y cuando Sasuke se rió de ella en la cena, llamándola asesina de tomates, juró que se vengaría de él en el dormitorio.

No pasó mucho rato después, cuando lo tenía rogándole, pidiéndole perdón mientras lo hacía desmoronarse en su boca antes de llegar al orgasmo.

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—Iré al pueblo a comprar algunas cosas, ¿necesitas que te traiga algo? —Sakura se removió desperezándose.

La vista de un Sasuke perfectamente duchado y vestido frente a ella, era un bonito despertar, mejor que el amanecer que se veía desde el gran ventanal.

—Mnmn, no olvides los preservativos —bostezó estirándose una vez más, su cuerpo dolía de la mejor manera después de la extensa actividad nocturna que ella y su asistente mantuvieron.

En el campo se habían arriesgado demasiado al hacerlo sin protección, aunque ella no se preocupaba. Sus días fértiles no llegaban aun, por lo que había nulas posibilidades de un embarazo. En casa, Sasuke consiguió robarle a su hermano una caja de condones, misma que ya yacía en la basura. Quién iba a decir que serían tan insaciables. Si así eran incansables, no quería ni pensar como sería de estar enamorados, probablemente nunca saldrían de la cama.

—Hmp, es lo primero de la lista —apuntó con complicidad.

—Bien. Oh, y también dos kilos de manzanas frescas, Susanoo estará esperando su recompensa —recordó sonriente. Sasuke la miró con atención, luego se agachó, pensó que le daría uno de sus tantos besos arrebatadores y muy pasionales, como era su estilo, pero en cambio él le propinó un casto roce en la frente.

—Sigue descansando, nos vemos más tarde —se despidió con un guiño, dejándola acariciándose la zona recién besada, sintiéndose demasiado cálida por dentro.

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Sakura llamó a la puerta de la oficina del señor Fugaku. Llevaba en la mano el presente que le trajo desde la ciudad. La firme y ronca voz la invitó a pasar después de que se anunciara.

El despacho era sencillo, contaba con lo elemental. Un escritorio de roble, que seguro pesaba igual que cualquiera de sus caballos, en el relucían varios portarretratos. Sakura los detalló con curiosidad, enternecida al ver a un Sasuke pequeño en una de las fotos, alimentando con una tetera a un pequeño becerro.

—Le encantan los animales, por eso me sorprendió tanto cuando decidió irse tan lejos a probar suerte como arquitecto. Por supuesto es muy bueno para eso también, él fue quien diseñó la nueva ala del granero, tenía tan solo catorce, pero ya era muy habilidoso.

—Lo es —concordó tomando asiento frente a Fugaku cuando él señaló una de las sillas frente a su escritorio.

—He escuchado que tú eres mejor —se recargo en su butaca, mirándola directamente a los ojos.

—Lo soy —admitió sin arrogancia.

—Hmp, me gustas. No hay nada más atractivo que una mujer segura de sí misma —halagó respetuoso.

—Bueno, mi trabajo me hace sentir muy segura. Solo no me pregunte por la cocina —bromeó recordando su derrota de la cena.

—Afortunadamente existe el servicio a domicilio.

Sakura rió encantada. Colocó la costosa botella de whisky que le llevó al patriarca de la familia Uchiha, poniéndola a su alcance para la inspección.

—Vaya —Fugaku la levantó con cuidado, casi con reverencia—. Debe haberte costado una pequeña fortuna.

—A decir verdad, fue gratis. La tomé de la colección personal de mi padrino. No sabía muy bien qué obsequiarle, Kakashi me sugirió que esto podría funcionar —explicó con sencillez.

— ¿Tu padrino?

—Más como mi padre adoptivo. Soy huérfana desde niña, Kakashi y su familia se hicieron cargo de mí en ese entonces.

—Ya veo. Es un extraordinario presente Sakura, más ahora que conozco su origen. Gracias. ¿Por qué no lo probamos? —sugirió poniéndose de pie y caminando a un pequeño armario.

Sacando dos vasos regresó a su lugar.

—Por tu padrino —brindó Fugaku con ojos conocedores.

—Por Kakashi —chocó su vaso con el de su momentáneo suegro.

Dos horas después, Sakura se encontró husmeando por el resto de la casa. Había tenido una conversación muy interesante con el padre de Sasuke, intercambiando anécdotas de sus respectivas pasiones. Ella aprendió mucho del rancho, y el señor Fugaku comprendió mejor lo que a Sasuke y a Sakura les atraía tanto de la arquitectura.

Cuando pasaba por uno de los salones, una hermosa melodía de piano la hizo detenerse. Asomándose con cautela para no perturbar a quien se hallaba allí. La abuela Chiyo la vio de inmediato, se hallaba sentada en el sofá, disfrutando de la música mientras bebía un té.

— ¡Hola Sakura!, pasa por favor.

Al ver a la anciana con intenciones claras de charlar, decidió aproximarse.

—Hola —se sentó a su lado.

— ¿Gustas un té?, es de mi colección personal —ofreció con un guiño.

Sakura asintió, bebería una pequeña taza por compromiso. No le apetecía el té, pero rechazar a la amable señora le pareció descortés. Chiyo tomó la tetera, sirviéndole un líquido oscuro, no le ofreció azúcar, solo le pasó la tacita casi desbordándose. Sakura dio un ligero sorbo, tosiendo un momento después.

— ¡Esto no es té! —evidenció con tono acusador.

—Es mejor. Cosecha de hace veinte años. No le digas a nadie, mi hijo me tiene prohibido beber —apuntó traviesamente—. Oh, no me veas así, no te preocupes, no soy una alcohólica, pero a mi edad, es difícil disfrutar de los sencillos placeres.

—Bien. Siempre y cuando no abuse, no veo el problema —aceptó menos severa.

¿Quién era ella para quitarle a la anciana ese pequeño disfrute?

—No puedo creer que te hayas embriagado con la abuela. ¡Ella no puede beber!

Sakura cerró los párpados con fuerza. Sasuke estaba siendo más estridente de lo normal. Abrió la boca para defenderse, decirle que no era para tanto. Que la abuela estuviera prácticamente inconsciente a su lado, roncando sonoramente y que ella tuviera la vista doble, no era para alarmarse. Sin embargo, su lengua estaba muy lenta, y sus confusos pensamientos tampoco ayudaron. Por lo que en vez de tranquilizarlo con una buena excusa, gimoteó aturdida.

Sasuke resopló indignado. Era muy común verlo enojado, le diría que sonriera más, sin duda cuando no tenía ese ceño fruncido, lucía mucho más guapo. Lo oyó hablar con alguien, tal vez Itachi o Fugaku. Luego sus brazos fuertes la apretaron, levantándola en vilo y haciéndola girar.

— ¡Whoa, despacio! —pidió aferrándose a sus hombros.

Sasuke negó con derrota. Sacó a Sakura del salón, mientras su padre y hermano hacían lo mismo con la abuela Chiyo. No podía creer que su siempre controlada jefa, estuviera farfullando tonterías, ahogada de borracha. La colocó con suavidad en la cama, pensó que no tardaría en dormirse. Pero se equivocó. Sus ojos se abrieron de golpe, escudriñándolo fijamente con su intensa y hermosa mirada verde. Luego extendió su mano y acarició suavemente su mejilla.

—Eres tan guapo —susurró con una brillante sonrisa.

—Hn. No te librarás del regaño, cuando estés sobria, me vas a escuchar —advirtió ya sin el enojo anterior. Su abuela no era una niña, Sakura probablemente no había tenido muchas posibilidades de detenerla o convencerla de no beber.

—Te juro… que fueron solo tres tazas. ¿O… cuatro? —dudó haciendo un puchero—. Esa anciana me embaucó. No me gusta beber. Quería esperarte, para ir a pasear de nuevo al claro —Sasuke sonrió al ver el esfuerzo tremendo que Sakura hacía por expresarse claramente. Sus palabras eran acompasadas, como si de repente hubiese olvidado el idioma y tuviera que pensar dos veces antes de hablar.

—Pff, eres tan linda —besó su nariz con ternura, viéndola sonrojarse y ladear el rostro, tratando de ocultar su bochorno—. Así que querías ir de nuevo al claro, ¿eh? —arqueó las cejas con premeditación.

—No tenemos… mucho tiempo. No quiero desperdiciarlo —admitió todavía sin darle la cara.

—No te preocupes, no lo haremos —se quitó la camisa y los zapatos, quedando a medio vestir. También la ayudó a ella, haciéndola salir de sus jeans y sus botas.

— ¿Vamos a hacerlo ahora? —la vio asentir esperanzada.

—Estás demasiado intoxicada, pero cuando despiertes —prometió acomodándose a su lado y abrazándola contra su pecho.

Sakura no perdió tiempo en amoldarse.

—Después de que me regañes… por no detener a la abuela… de beberse toda la cosecha de hace veinte años.

—Así es —besó su mejilla, cerrando los ojos, disfrutando de su aroma y calidez.

—Hmn, me gusta ese plan.

En menos de un minuto, perdió la conciencia. Sasuke se quedó alerta, resguardando su sueño.

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— ¿Lista?

Sakura terminó de pintarse los labios. En pocos segundos partirían al único bar del pueblo, a celebrar la despedida de solteros mixta de Itachi e Izumi. Se miró por última vez en el espejo del baño, esperaba no estar exagerando. Había escogido un vestido que le llegaba a las rodillas, el escote frontal era discreto, pero en el reverso, caía hasta la parte baja de su espalda. Le gustaba porque la hacía verse provocativa y reservada. Además era rojo, lo que favorecía a su tono de piel.

Abrió la puerta encontrándose con Sasuke. Al contrario de ella, él lucía bastante casual, con una camisa negra y jeans oscuros. No podía verse más atractivo.

—Vamos —sonrió pasando a su lado para tomar su bolso. Él la sostuvo de la muñeca, haciéndola detenerse.

Sus ojos negros la recorrieron con hambre. Su piel se erizó. Siempre que Sasuke la miraba, hacía que se sintiera temblorosa y necesitada.

—Te ves magnífica —aduló besándola en los labios—. No bebas demasiado, ¿sí?, quiero que cuando regresemos estés en tus cinco sentidos.

No necesitaba explicarle para qué. La tarde anterior había aprendido la dura lección de que por más deseosa que estuviera, de hacer el amor con su asistente, Sasuke no la tocaría si se hallaba ebria. Había requerido una ducha fría y un café cargado después de su siesta, para asegurarle de que no se estaba aprovechando de ella.

No supo cómo llegó a tal situación. Estaba acostumbrada a tomar. Era una bebedora social bastante buena. Pero la conversación con la vieja mujer fue tan entretenida, que perdió el conteo de tragos y terminó aceptando más alcohol de la cuenta. Milagrosamente Sasuke y su familia no le reprocharon su descarado comportamiento, y que la borrachera que sufrieron ella y Chiyo no tuvo mayores consecuencias. Estaría devastada si algo le hubiera sucedido a la anciana por haberla solapado en su irresponsabilidad.

Eran escasos días los que llevaban conviviendo con los Uchiha, y ya les tenía un gran afecto, no quería arruinar la bonita relación que estaban construyendo. Lógicamente cuando Sasuke y ella dieran por terminada la relación, no volvería a verlos, aun así, deseaba dejarles buenos recuerdos.

—Descuida, beberé solamente agua. Recuerda que soy la conductora designada —le dio un pequeño golpe en la punta de la nariz—. Por el contrario, no te pases tú de tragos, no me gustaría que tu buen desempeño sexual se viera truncado.

—Hmp. Jamás —volvió a besarla y por fin ambos partieron hacia su destino.

El bar no era lo que Sakura imaginaba. Lejos de ser un pequeño lugar de mala muerte en un diminuto pueblo aburrido, el sitio era muy impresionante. Consistía en una construcción de una sola planta, era amplio, decorado con buen gusto. La barra se extendía por todo el fondo, las mesas y sillas se apostaban al lado derecho de la entrada, dejando espacio para una pista y un mini escenario en el que de vez en cuando había un cantante local que amenizaba las noches, según Izumi.

Los amigos de la pareja ya se hallaban ahí, los recibieron con gritos y aplausos, unas mesas fueron colocadas juntas, en ellas se esparcían varios regalos. Sakura torció el gesto al ver a una de las invitadas. Por supuesto Ino no podía faltar. En cuanto los vio tomados de las manos a ella y a Sasuke, su expresión se ensombreció. Aunque trató de ocultarlo sonriendo ampliamente, a la vez que se colgaba del brazo de un joven a su lado. El hombre era delgado y algo pálido, incluso le daba un aire parecido a Sasuke. Sakura la compadeció un poco más. La chica tenía que empezar a superar a su ex, o no podría ser feliz.

Aprovechando que la música era alegre y resonaba con fuerza, todos se dirigieron a bailar. Ella y Sasuke siguieron su ejemplo. No era muy buena en ello, así que hizo un esfuerzo extra. Apenas estaba cogiendo el ritmo cuando Ino los interrumpió.

— ¿Qué tal un pequeño cambio de parejas?, por los viejos tiempos —suplicó a Sasuke cuando él dudó.

—Adelante, iré por un agua mineral —se apartó Sakura sin permitir que la desangelada pareja de la rubia la tocase. Ciertamente bailar había perdido el poco atractivo.

Llegó a la barra y se acomodó en un banco vacío. Un hombre mayor de cabello largo y cano se le acercó de inmediato.

— ¿Qué va a ordenar la dama? —ofreció galantemente.

—Solo agua mineral.

El hombre asintió, regresó de inmediato con su pedido. Sakura buscó en su pequeño bolso el dinero para saldar la cuenta. El cantinero negó con la cabeza, sonriéndole amablemente.

—Va por cuenta de la casa.

— ¿Oh si?, gracias.

—Sasuke es un chico afortunado. Eres una mujer muy bella.

— ¿Lo conoces?

—He vivido toda mi vida aquí, conozco a todos. Mi nombre es Jiraiya —ofreció su curtida mano. Sakura la estrechó enseguida.

—Sakura Haruno.

—Sip. Un chico muy afortunado. Todos en el bar tienen sus ojos puestos en ti.

— ¿Es así? —giró un poco en su asiento, percatándose que efectivamente, varias personas la miraban. Tal vez era la manera en la que estaba vestida. Claramente sobresalía al lucir tan elegante, en un bar en el que la mayoría vestía mezclilla y camisetas.

—Escuché que eres alguien importante en el mundo de la construcción… lo siento, no tenemos muchas maneras de entretenernos por aquí, más que hablando de la vida de los demás —se justificó avergonzado.

—No importa. Entiendo. Y respecto a los rumores, bueno, un poco sí.

—Tal vez puedas darme algún consejo…

Sakura bebió lentamente de su vaso, oyendo al amable señor. Era el dueño del local, y tenía planes de ampliar su negocio. Era evidente que el bar no tenía problemas para llenarse cada noche. Eso estaba convirtiéndose en un problema para el propietario, al no poder darle cabida a los adultos y jóvenes cuyo único entretenimiento nocturno era ese.

Escuchó atentamente, sabiendo que Jiraiya era buen amigo de Sasuke, quería ayudarlo en lo que pudiese. El principal problema es que no contaba con mucho capital para lograr una remodelación total. Sakura se emocionó ante el pasajero reto. Desde hacía días que no usaba sus conocimientos, no extrañaba estar de vuelta en el trabajo, pero el diseño era su don, así que de inmediato puso manos a la obra para apoyarlo. Le pidió algunas servilletas y un bolígrafo, mientras la fiesta acontecía a su alrededor, ella charló y charló con el viejo, a la vez que plasmaba en el rugoso papel sus ideas.

— ¿Qué te parece esto? —extendió los improvisados planos—. También he sugerido unos materiales cuyo costo no es tan alto, pero son de buena calidad.

—Vaya yo… —Jiraiya la miró aturdido. Había esperado que ella le dijera algunas ideas, no que prácticamente desarrollara el proyecto.

— ¡Aquí estás! Ven, vamos a empezar los juegos —Izumi llegó y la tomó de la mano, haciéndola ponerse de pie.

—Debo irme, pero si tienes alguna duda, o algo en lo que pueda ayudarte, este es mi número —sacó una de sus tarjetas personales y se la ofreció al cantinero—. Gracias por el trago —se despidió con una sonrisa.

—Gra-gracias a ti Sakura. Lo dicho, Sasuke es muy afortunado —apretó las servilletas entre sus manos, corriendo después a guardarlas en su oficina, aquello valía oro.

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Sakura jugó un juego ridículo, en el cual debían pasar una carta de boca a boca. Afortunadamente no ocurrió ningún accidente, y no tuvo que tocar los labios con ninguna de las personas que tenía junto a ella. Luego vino una racha de adivinanzas subidas de tono, no supo ninguna de las respuestas, pero fue divertido oír a los demás y reírse con las tonterías que decían. No vio a Sasuke ni a Ino allí. Aprovechó que Izumi e Itachi sugerían volver a la pista y se escabulló. Buscó un poco más, hasta que se dio por vencida y decidió salir a tomar aire fresco.

Ahí fue precisamente donde los encontró, dando la espalda al bar, sentados en una banca en el parque de enfrente, conversaban tranquilamente. Los oyó reír, disfrutando de alguna broma secreta. En determinado momento, Ino lo tomó por el cuello y se acercó a él, Sasuke no se movió lo suficientemente rápido —o no quiso hacerlo—, aquello conllevo a que terminaran besándose. Se quedó paralizada, suspendida en la escena. No supo qué pensar, qué sentir. Fue inesperado, por lo que en ese momento creyó que no sintió nada. Luego Sasuke se apartó, sus palabras sonaron altas y claras. Rechazo. No estaba interesado en ella, la estimaba como amiga, recordaba bonitos momentos de su pasado noviazgo, pero nada más. Entonces Sakura pudo respirar otra vez. Y su corazón cantó. Latido a latido, su pecho se llenó de alegría.

Se dio la vuelta y regresó al interior. Su lugar en la barra seguía disponible. Jiraiya le saludó y acomodó una nueva ronda de agua mineral. Ni un minuto después, Sasuke estaba tras ella, atrayéndola a su pecho, abrazándola por la espalda.

—Te extrañé —susurró en su oído.

—No he ido a ninguna parte —exclamó sobre su hombro, dedicándole una mirada de reojo.

—Lo sé. Lo siento, tenía cosas que aclarar con Ino y… creo que necesitamos hablar de algo. Ella… me besó. No me lo esperaba, pero con lo que le dije por fin le quedó claro que…

Sakura no lo dejó terminar. Su corazón saltó un poco más. No cabía de dicha. Pidió un trago de whisky y se lo pasó a Sasuke.

—Bebe. Enjuaga su sabor para que puedas besarme —él lo hizo en seguida.

Cuando dejó el vaso limpio, Sakura estuvo satisfecha. Se dio la vuelta, abrazándolo por la nuca, él la cogió de la cintura, sosteniéndola contra sí. Sus manos frías en la espalda desnuda, la hicieron estremecerse.

No hubo punto de comparación en aquel beso. Para Sasuke fue todo. Cuando los rudos labios de Ino lo habían tocado, se había sentido mal. Incorrecto. La culpa por rechazarla, fue potente, pero era mejor decirle la verdad a que la pobre rubia siguiera haciéndose ilusiones. Él la había superado desde hacía mucho. Y por si eso no fuera suficiente, la mujer que en ese momento retenía en sus brazos, era en lo único en lo que era capaz de pensar.

—Vamos —exigió conduciéndola a la salida.

Sakura lo siguió sin protestar, ansiosa porque la sacara de ahí y la llevara a casa.

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— ¿Cómo me veo? —la pregunta insegura de Izumi las distrajo a todas.

Sakura seguía sin creer que estuviese en un mismo lugar, arreglándose junto con la novia, las damas y las madres de los novios. Había querido rechazar la invitación a unírseles. Sin embargo Mikoto e Izumi no le permitieron apartarse, alegando que ella ya era de la familia y debía estar ahí.

—Preciosa —respondió de inmediato la madre de la intranquila novia.

—Hermosa —aportó la mejor amiga.

—Encantadora —la tranquilizó Mikoto.

—Feliz —observó Sakura—. Se nota de inmediato que casarte con Itachi es lo que más deseas— todas las demás guardaron silencio, luego asintieron en acuerdo cuando Izumi rio y los nervios parecieron abandonarla.

—Lo amo —susurró soñadoramente.

Continuaron preparándose. Sakura eligió esta vez un elegante vestido largo de color plateado. La boda se celebraría en el jardín. Un elaborado arco lleno de flores sería el lugar perfecto en el que la pareja se juraría amor eterno. Cuando bajó a encontrarse con Sasuke, este la recibió con uno de sus provocativas sonrisas a la vez que le robaba un desenfrenado beso.

—Esto está volviéndose una costumbre —señaló con diversión al alejarlo un poco.

— ¿Es eso algo malo? —cuestionó Sasuke. Su pregunta más profunda de lo que parecía.

Sakura supo a qué se refería. El tiempo se les agotaba, ellos no estaban más cerca del final de lo que lo estaban cuando todo comenzó. Su deseo no menguaba. Su necesidad incluso se acrecentó. Ni siquiera era que le había proporcionado el sexo más satisfactorio de su vida. Era más, tanto más…

—Creo que cuando la fiesta termine deberíamos hablar —ofreció él, pareciendo leer sus pensamientos.

—Bien —asintió. No podía hacerse la tonta. No era su estilo. Sería sincera, le diría a Sasuke lo que sentía, lo que quería que sucediera. Solo esperaba que él fuera lo suficientemente honesto también, para reconocer que quería lo mismo. Ellos. Juntos. Más allá de aquellas extrañas vacaciones. Más allá de ese ridículo enredo. Más allá de la oficina, de la relación jefe-asistente.

Con un dulce beso en los labios volvieron a separarse. Sasuke desfiló por el pasillo de pasto decorado con pétalos de flores rosas, acomodándose al lado de su hermano. Sakura fue y tomó un lugar disponible al lado de la abuela quien le hacía señas para acompañarla.

Minutos después la ceremonia comenzó. Sakura jamás se había tomado el tiempo de acudir a un evento similar. Nunca supo de qué trataban las bodas, ni siquiera en la ficción. Por lo que desconocía si todas eran así. Tan románticas, tan conmovedoras. Mikoto limpió algunas lágrimas de felicidad cuando su hijo mayor juró amar por siempre a su ahora esposa. Fugaku asintió orgulloso. Sasuke permaneció tranquilo, pero sus ojos no abandonaban la sonriente expresión de Itachi. Sakura se sobresaltó un poco cuando la arrugada palma de la abuela se apretó contra su mano. La sostuvo de regreso, acomodando su cabeza en el hombro de la madura mujer. Fue todo tan bonito.

Después vino la celebración. El banquete, el brindis, cada acontecimiento la dejaba más impresionada. Ni siquiera la aparición de Ino con su pareja anodina de la noche anterior, perturbó su buen humor. Bailó con Itachi, también con Sasuke. Fue algo triste reconocer que en la vida se había divertido así, aunque también muy liberador. Ahora sabía que si tan solo se daba la oportunidad de soltar sus estrictas ataduras, era capaz de disfrutar de algo más que del trabajo.

Se disculpó de los hermanos Uchiha para ausentarse un momento, las pocas copas de champaña que bebió la obligaron a buscar el baño. No tardó mucho en ir y regresar, no quería perderse nada de la fiesta. Estaba a punto de salir nuevamente al jardín, pero la abrupta aparición de Ino la hizo detenerse.

—Tengo algo que contarte —espetó la rubia.

Sakura se percató que no estaba bien, ya que sus manos temblaban un poco y su aliento olía a alcohol.

—No creo que sea prudente en tu estado.

—Te crees muy superior a mí ¿no es así?. Con tus títulos, tu dinero, tus vestidos Valentino —acusó con rencor—. Nos miras a todos como si estuviéramos por debajo de ti.

—Insisto que no es el lugar y tampoco la manera de que expreses tu descontento con mi presencia aquí, Ino —decretó con desapego, ni siquiera tuvo las ganas de corregirla respecto al diseñador de su vestido. Se cruzó de brazos, asumiendo una pose de aburrimiento, como si hablara con una niña malcriada haciendo un berrinche. Ya que era precisamente así como estaba comportándose la inmadura chica frente a ella.

—Nos besamos ayer. Mientras tú lo esperabas en el bar, como una estúpida. Sasuke y yo nos besábamos y prometíamos vernos hoy después de la boda —arrojó con burla.

—Sabes, eres una chica bonita, tal vez incluso inteligente, por qué no haces algo de tu vida y dejas de soñar con el pasado. Sasuke no te ama, y jamás lo hará. Aunque no estuviera conmigo, seguirías siendo igual de invisible para él —sus palabras sonaron crueles e hirientes, pero a juzgar por el comportamiento de la chica, era lo que necesitaba. Sasuke había sido demasiado blando al rechazarla, por eso Ino pensaba que podía seguir tratando de hacerlo volver.

— ¡Él y yo estuvimos mucho tiempo juntos! —renegó dando una pataleta.

—Pero eso acabó. Ahora él está conmigo. Supéralo, y hazlo bien. No con ese hombre que parece una absurda parodia de Sasuke. Deja de ser patética, deja de rogar atención. Deja de rebajarte, perdiendo la dignidad por alguien que solo siente lástima por ti. Sasuke te dejó porque sus ganas de triunfar, su ambición de ser alguien, fueron más fuertes que la ridícula relación que tenían. Él eligió Ino, y no fuiste tú. ¿Qué te hace falta para que dejes de arrastrarte y te surja un poco de orgullo y amor propio?

—Yo… yo… —comenzó a hipar la apabullada mujer, luego sus ojos se llenaron de lágrimas y sus lamentos terminaron en fieros sollozos.

Se aproximó con intención de reconfortarla, no era buena en eso, solo que verla tan mal por su causa, le generó malestar. Lo que le dijo era cierto, es lo que se diría a sí misma si actuara como la ex psicótica, pero supuso que no todos tendrían su disposición de aceptar crudas verdades en vez de piadosas mentiras que alargaran la agonía. Ino se dio la vuelta y escapó de ahí, Sakura suspiró, esperaba que no cometiera una tontería. Buscaría a Sasuke para que juntos fueran tras ella y la hicieran entrar en razón.

Cuando se disponía a hacer eso, Izumi entró y le pidió que la ayudase con el maquillaje, Sakura no quiso descartar la sencilla petición. Se apresuró a auxiliarla, en cinco minutos la novia quedó igual de preciosa que al comienzo del evento. Con la tarea de ayudarla por fin finalizada, se dispuso a encontrar a Sasuke y a Ino.

Sasuke no estaba, nadie supo decirle su paradero. Intuyó que se había encontrado con la rubia lacrimosa. Conociendo la debilidad que tenía por su antigua amiga y ex, comprendió que le brindara ayuda. La fiesta siguió, ella intercaló entre evitar que la abuela continuara bebiendo a escondidas y ayudando a Mikoto con los problemas generales.

Al final, Sasuke seguía sin regresar. Itachi e Izumi partieron rumbo al hotel del pueblo, ahí pasarían la noche para a la mañana siguiente volar a su luna de miel.

—Gracias por todo Sakura, fuiste un gran apoyo —Fugaku y Mikoto le dieron un abrazo, antes de irse a descansar—. No te preocupes, no debe tardar en volver, sigo sin entender por qué se fue así, sabiendo lo importante que era esto para todos —era muy raro ver a la madre de Sasuke fruncir así el ceño, ese enfado era muy impropio de su carácter.

—Seguro tiene una buena explicación —los tranquilizó.

Ya en su alcoba, se preparó para esperar al que pronto dejaría de ser su asistente. Sonrió con ilusión, el reflejo en su espejo le regaló una imagen completamente desconocida. Ya sin maquillaje y el elaborado peinado, se veía como una jovencita tonta, riéndose sola con las mejillas sonrosadas y las cuencas brillantes. La puerta se abrió y ella se giró, encontrándose con el hombre que tanto significaba ahora para ella.

—Oh, qué bueno que estás de vuelta. Por fin acabó todo y lo único en lo que he pensado es en esa conversación que-

— ¿Cómo te atreviste a tratar así a Ino? —explotó él con furia, entrando a la habitación después de cerrar de un fuerte portazo—. La pobre estaba muy mal, no dejaba de llorar, dijo que fuiste tú la que la puso así, ¿¡Qué hiciste Sakura!? —exigió tomándola de los antebrazos y zarandeándola un poco.

—Primero que todo, suéltame —ordenó con autoridad. Sasuke la miró directamente, todavía enfurecido, pero hizo lo que le pidió—. No vuelvas a maltratarme así —advirtió, su buen humor completamente olvidado.

Sasuke desprendía un olor que iba entre el perfume dulzón de Ino y vino barato. ¿Se había tardado tanto porque había estado consolando a esa pequeña arpía intrigante?

—Claro, porque solo tú puedes hacerle daño a los demás, ¿cierto?

—Yo… —negó con un poco de remordimiento, sabía que no debió ser tan directa—. Mira, sí, le dije algunas cosas a Ino que tal vez la pudieron hacer sentir mal…

— ¿Tal vez? Sakura te conozco. Eres una bruja odiosa que no pierde el tiempo en ofender y maltratar verbalmente a todo el pobre idiota que lo permita. Pero aquí no estás en la oficina, aquí no eres nadie. No tenías por qué ofender a mi amiga, a una de las invitadas de la boda, ni más ni menos.

—No la ofendí, solo le dije la verdad —murmuró con vacilación, el humillante apodo con el que la llamó, haciendo mella en ella—. Ino necesitaba saber que tú no la amas, necesita avanzar, anteponerse a sí misma, antes que su obsesión por ti…

— ¡Eso no te incumbe!

—¡Claro que me incumbe, tú y yo estamos juntos!, ¿se supone que debo aguantar que venga e intrigue contra nosotros?. ¿Permitirle que se burle y me insulte?

— ¿Nosotros? No. Hay. Un. Nosotros. Eso era temporal. Evidentemente se acabó, fue un lapsus, una gran estupidez de mi parte.

Resopló dando dos pasos hacia atrás, sus manos fueron a su cabello, halándolo con fuerza.

— ¿Es así? —preguntó perdiendo el temperamento que había estado ganando desde que empezó a reprenderla.

— ¿Qué esperabas?, que te dijera que cambié de opinión. ¿Qué estos días, me he dado cuenta que quiero intentarlo?. ¿Con alguien como tú? —negó lentamente—. No Sakura. Eres malvada, eres corrosiva. Mírate, no te importó destruir a una ingenua chica que se interpuso en tu camino. Maltrataste a Ino de una manera despiadada, apuesto a que ni siquiera te arrepientes de hacerla llorar, de haberla dejado en un estado tan lamentable —acusó contrariado.

Sakura lo miró por largos segundos, asimilando su declaración. Bebiendo de cada acusación, sintiéndola como un cuchillo atravesándola con lacerante precisión.

— ¿Realmente piensas eso de mí… todavía? —después de lo que compartieron. De los largos paseos a caballo, las charlas matutinas que mantenían junto al claro. Sus noches interminables disfrutando uno del otro. No podría tenerla en tan mal concepto, ¿o sí?

—Por supuesto que lo hago. ¿Qué sucede Sakura?, ¿te gusta ser quien reparte la verdad?, sin importar que con ello destruyas. Pero cuando te la dicen a ti eres incapaz de soportarla. Tsk —rió con ironía.

Para ella fue como una bofetada.

—No. Adelante. ¿Tienes algo más que aportar?. ¿Algún otro grosero apodo, u otro juicio sobre mi tan equivocado comportamiento?. Aprovecha. Como bien dijiste, aquí no soy nadie. No habrá amenazas. No lo tomaré contra ti cuando regreses a la empresa —Sasuke no dio réplica, miró hacia el suelo, posiblemente avergonzado ante su exabrupto—. ¿Qué pasa?, ahora te quedas callado. Por favor, es claro que desde hace tiempo querías liberar todo lo que piensas de mí. Hazlo, quiero saber quién soy para ti Sasuke. Lo que significo en tu vida.

Ansiaba saberlo. Para así terminar con los absurdos planes que trazó en su de repente atolondrada cabeza. Pero él no continuaba, no avivaba esa llama de dolor que acabaría con lo que se estaba gestando en su interior.

—Oh vamos. No desaproveches el valor que te ha proporcionado la botella de vino corriente que bebiste con ella.

Al sentir su puya, Sasuke no se pudo contener, recordando todo el año anterior en el que estuvo a su servicio. Las injusticias que vio, la insolencia y autoritarismo con los que ella los manejaba.

—Un martirio. Es lo que eres. Y te traje aquí, pensando que no te comportarías como tú. Fue mi error. Que torturaras a Ino, fue mi culpa.

— ¿Torturarla? ¡Hice lo que debiste hacer desde que llegamos aquí! —reclamó indignada.

—Sí. ¿Pero tan difícil fue que lo hicieras con algo de sensibilidad y comprensión? —volvió a alterarse.

—Tú fuiste sensible y comprensivo, y de nada le sirvió. Pero tienes razón. No debí meterme, debí dejar que siguiera con sus delirios de enfermizo amor por ti. A fin de cuentas no tiene por qué importarme —zanjó hastiada de hablar de la ex novia de su ex amante.

—No vas a arrepentirte, ¿verdad?, ¿no vas a disculparte? —pidió, ingenuamente aun esperanzado en arreglar lo que había ido tan bien solo horas atrás.

Pero Sakura, siendo Sakura, terminó por destruirlos.

—Por qué debería. Ino es débil. Si prefiere quebrarse por la realidad de mis palabras, a enfrentarlas, allá ella. Y tú también, si prefieres consolarla y seguir alimentando sus fantasías, pues hazlo. Los compadezco a ambos.

—No Sakura, soy yo quien te compadece. Eres fría, dura e insensible como una piedra… por eso morirás sola.

Decretó con tristeza. Habiendo querido ser él quien cambiara ese futuro.

—Es la manera en la que todo mundo lo hacemos, ¿no? —se irguió en toda su estatura, acabándolo con una mirada vacía—. Ahora que todo ha quedado claro, creo que no hay más que discutir. Ya puedes irte, dejándome sola ya que es mi destino —espetó sarcástica. Con aquellas palabras de despedida, se dio la vuelta y desapareció en el baño.

Sasuke avanzó un paso, luego se detuvo. Que se apartase era lo mejor. No asimilaba cómo pudo olvidar lo que Sakura era. Se dejó engañar por su calor, por su pasión. Por el dulce sabor de sus besos. Nadie mejor que él, sabía que todo era un espejismo. Estúpido. Y el pensando en formalizar una relación con ella, creyendo que se habían enamorado.

Rio sin diversión. Masajeando la zona doliente en su pecho. Ni siquiera pensar en el trabajo disminuyó aquella pesada sensación. Por supuesto tendría que dejar la empresa, dudaba de que pudiera continuar conviviendo con ella. Genial, había acabado con sus absurdas esperanzas de una relación, y con su carrera profesional de un solo tiro.

Tomó algo de ropa, dormiría en una de las habitaciones de invitados. Antes de encerrarse en su nueva habitación, bajó por una de las botellas de whisky del bar de su padre.

Sería una solitaria, oscura y larga noche.

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¡SasuSaku CANON!