Capítulo 3: Un caso de identidad

El campo de tiro estaba en absoluto silencio excepto por el zumbido de los fluorescentes en el techo. Hermione inhaló profundamente y apuntó a su objetivo en la marca de las 50 yardas. El silencio se rompió entonces por el sonido de las balas que perforaban el papel y los proyectiles que rebotaban contra las paredes y el suelo de hormigón. La protección sobre sus oídos hacía que todo sonara distante y apagado.

Cuando su cargador estaba vacío, Hermione se arrancó la protección y la tiró sobre la mesa. No podía distinguir los agujeros a esa distancia, pero estaba segura de que había errado el tiro unas cuantas veces.

"Sabes, cuando dijiste que íbamos a salir, esto no es lo que tenía en mente", dijo su compañera tan pronto como Hermione pudo oírla.

Hermione resopló y empezó a desmontar su arma. "Pensé que estarías aburrida de agujas y vacunas contra la gripe, Mary. ¿Qué pensaste que íbamos a hacer?"

Mary se encogió de hombros desde donde estaba apoyada en el borde de la mesa, de espaldas a la galería y con su pistola descargada junto a su cadera. Llevaba un jersey azul marino sobre una camisa blanca. Su pelo corto y rubio chocaba con el estridente naranja de la protección auditiva alrededor de su cuello. "Pensé que íbamos a tomar té y galletas".

"La vida civil te está ablandando."

Mary levantó una de sus delicadas cejas. Se dio la vuelta y con movimientos precisos y ensayados puso un nuevo cargador en su pistola, apuntó y disparó al blanco junto al de Hermione. Una rápida sucesión de disparos y se acabó. Mary metió la mano debajo de la mesa de la cabina y apretó un botón. En el otro lado, el portador del blanco comenzó a moverse y se detuvo a pocos pasos de ellas. Mary había hecho una puntuación perfecta. Hermione confirmó que había fallado los dos últimos tiros ya que ambos habían aterrizado en blanco, y una de las balas habría seccionado la carótida.

"No es propio de ti fallar a esta distancia". Dijo Mary.

Hermione no respondió. En su lugar, se sentó en el banco junto a la cabina de control y cogió una toalla para secarse el sudor de la cara.

"Algo te está molestando mucho si afecta tu humor y tu precisión". La morena no necesitaba ver a Mary para sentir su mirada en ella. Bajó la toalla y apoyó la cabeza en la pared detrás de ella, cerrando los ojos. "¿Quién te ha cabreado? ¿Tu compañero de piso?"

"No es John." Hermione abrió un ojo, viendo que la otra mujer estaba desinteresadamente escribiendo en su teléfono. Se puso de pie y se estiró, escuchando sus huesos chasqueando y sus músculos destensarse. "Si todos fueran como John, este mundo sería un lugar mucho mejor."

"¡Oh! ¿Nos gusta el doctor ahora, señorita?"

Hermione se rió y alcanzó su teléfono. "No voy a decir que no es atractivo. Lo es. Pero no es mi tipo. Mira." Abrió la carpeta de seguridad de su tarjeta de memoria y se desplazó hacia abajo para encontrar una foto de Sherlock y John de un periódico. Le entregó el teléfono a Mary.

"Definitivamente es mi tipo". Mary pasó a la derecha, mirando las otras fotos, tarareando con aprecio. "Sí, creo que probablemente un hermano Holmes sería más tu tipo, ¿verdad?"

Hermione se rió y le arrebató el teléfono, tirándolo dentro de su bolso abierto. Un confortable silencio se estableció entre ellos mientras secaban su sudor, cambiaban sus camisetas y dejaban el equipo para su posterior recogida.

"Hermione, no crees que te has librado, ¿verdad?"

Miró a María. Envolviendo su bufanda alrededor de su cuello, suspiró. "El Ministerio me grabó haciendo magia frente a un muggle."

La cara de Mary se arrugó con el ceño fruncido. "¿Cómo? ¿No eran alérgicos a la tecnología o algo así?" Hermione siguió caminando por el pasillo hacia la salida. Mary aceleró el paso y se agarró el brazo. "Espera, ¿te están chantajeando?"

"No lo han dicho con tantas palabras... Me están obligando a ir al baile anual de celebración del 2 de mayo."

"¿No puede Mycroft sacarte de esto?"

Hermione sacudió la cabeza. "Incluso si lo hiciera, este es mi error. Soy yo quien tiene que resolverlo."

"No te castigues. Los errores son inevitables en este tipo de trabajo." Su cara se ensombreció, como lo hacía cada vez que recordaba su pasado. Hermione le tomó la mano, y continuaron su camino a lo largo del pasillo en silencio, escuchando como los tacones de sus zapatos resonaban con cada paso.

"¿Qué quieren que hagas, exactamente?"

"Aparecer, poner buena cara, hacer un discurso sobre lo bueno que es el Ministerio. Aparentemente, mi palabra es oro en estos días."

"¿Y cuál es la laguna jurídica y cómo planeas explotarla?"

Hermione se rió y unió su brazo con el de Mary. "Me conoces tan bien. Lo que me lleva a la segunda parte de nuestro día fuera." Ella empujó la puerta principal de la instalación de seguridad. Unos pasos más allá había un auto negro, esperándolos. "Tú y yo vamos a ir a Harvey Nicks. Si me quieren allí, van a tener una experiencia muggle completa. Aunque dudo que sean capaces de apreciar un Chanel".

Incontables tiendas y seis horas más tarde, Hermione abrió la puerta del 221 de Baker Street balanceando el puñado de bolsas en las manos. La casa, normalmente silenciosa excepto por la radio de la Sra. Hudson, estaba llena de una tranquila charla que venía de los pisos superiores. Debatió un par de segundos sobre si debía ir a por el arma que había escondido bajo el asiento de las escaleras. Entonces, la risa de John unida a la de alguien más llegó al piso inferior. Soltó el aliento que estaba conteniendo y subió las escaleras, escuchando de cerca para distinguir quién estaba en la sala. Hermione entró por la puerta de la cocina y se topó con la espalda de un hombre de su misma altura y ligero sobrepeso.

"¿John?" El hombre se giró. Tenía una expresión bonachona. La sonrisa que estiraba sus mejillas llegaba hasta sus ojos, sobre los que había unas gafas demasiado pequeñas para su cara. Hermione no pudo evitar devolver la sonrisa.

"Oh, hola, Hermione".Ella dirigió la mirada hacia John, que estaba detrás del hombre abriendo lo que parecía una botella de champán. "Oh, sí. Lo siento. Este es Mike. Mike, esta es Hermione."

"¡Encantado de conocerte por fin!" dijo el hombre. "John no ha dejado de hablar de ti".

"Cosas buenas, espero." Hermione dejó sus bolsas en el suelo mientras John le tendía una flauta llena del alcohol. "¿Estamos celebrando algo?"

"Sí, tengo trabajo. Me han cogido en una consulta."

"¡Eso es estupendo, John!" Hermione había sacado el tema del trabajo hace unos diez días, en una conversación casual con John. Le convenció de aplicar a varios anuncios que había encontrado, y con su currículum, había conseguido cinco entrevistas antes de que las semanas terminarán. "¿Cuál es?"

"La que está cerca de la estación de Paddington. Es un lugar pequeño, sólo un par de médicos y enfermeras. Aparentemente, yo fui el único que se presentó. Supongo que tuve suerte".

Bien jugado, Mycroft. "Bueno, entonces definitivamente hay celebrarlo. Y Mike puede decirme cómo se conocieron".

Después de que Mike se fuese y el champán se hubiese acabado, Hermione y John se sentaron en la compañía del otro, cada uno tirado en un sillón. Se había ido la sensación de mareo por el alcohol, y ahora estaban inmersos en la letargia de después. Como de costumbre, a las cinco en punto, la Sra. Hudson entró en la sala de estar llevando una bandeja con té, y pastel casero y galletas de jengibre. Hermione, que no se había dado cuenta de lo hambrienta que estaba, fue directo a lo último.

"A Sherlock le encantaban." La Sra. Hudson dijo, y la cabeza de Hermione se disparó hacia la mujer, y luego hacia John. "Podía comerse una cesta entera si se lo permitias, bajaba a mi piso y las robaba cada vez que las hacía."

John había bajado la cabeza, pero se rió, un sonido tan lleno de melancolía que retorció el corazón de Hermione. "Eso hacía."

Ni ella ni la Sra. Hudson esperaban que John comentara. Normalmente, John se quedaba callado si alguien mencionaba a su difunto amigo, la herida aún estaba demasiado fresca. Hoy, la Sra. Hudson eligió verlo como un estímulo para seguir hablando.

"Siempre tan flaco, ese muchacho. A diferencia de su hermano." Dejó la taza en el platillo. "¿Has oído algo de Mycroft, John?"

Se acercaban a un territorio peligroso, y Hermione no sabía si la Sra. Hudson no lo sabía o si lo ignoraba deliberadamente. Hermione tomó un sorbo de su taza pero mantuvo su mirada en John. Para el ojo inexperto, parecía no estar perturbado por la pregunta. Sin embargo, la parte superior de su cuerpo se había puesto rígida, como disponiéndose para el combate, y un ligero temblor en sus manos había hecho que John cerrase los puños. El odio se elevaba en sus ojos, hirviendo en sus pupilas.

"No, nada". Y obviamente prefiere no hacerlo.

"Ese pobre hombre, sin su hermano." Dijo la Sra. Hudson, frotando sus ojos con una servilleta.

"Sherlock era una pieza de ajedrez más para Mycroft." La voz de John estaba llena de rabia mal contenida. "Ni siquiera estuvo en el funeral".

La Sra. Hudson no respondió, y los tres se sumieron de nuevo en un silencio tenso. En menos de cinco minutos, la mujer mayor recogió la bandeja y desapareció escaleras abajo, murmurando buenas noches y sin llevarse ni las tazas ni la comida. Hermione miró hacia abajo y tragó el ahora frío té. Antes de que Hermione pudiera abrir la boca, John se levantó y de dirigió hacia abajo. Ella pensaba que iba a ir a hablar con la Sra. Hudson, pero lo siguiente que escuchó fue el sonido de la puerta principal abriéndose y cerrándose. Se debatió durante unos segundos en si avisar al equipo de seguridad. John había mejorado mucho en las pasadas semanas, pero parecía que hoy había dado un salto hacia atrás. Mejor prevenir que curar, pensó Hermione. Esto le recordaba a lo que Mycroft llamaba "noches de peligro": noches en las que Sherlock sería buscado y encontrado en cualquier agujero de mala muerte, con una lista escrita en letra casi ininteligible y un torniquete alrededor del bicep.

Siguiendo un impulso, fue a su habitación y se arrodilló frente a la cómoda. Del último cajón sacó sus jerseys y levantó el falso fondo. Había estado haciendo esto más y más últimamente, no podía evitarlo. Gravitaba hacia los hermanos Holmes como los planetas gravitan alrededor del Sol. En esas fotos, encontraba un Mycroft que no conocía, y un Sherlock completamente diferente del que le habían contado. Era como si hubiera una parte de ellos que sólo ella conocía, y eso la hacía poderosa y especial. Aparentemente, eso era algo que tanto Mycroft como Sherlock tenían en común. La habilidad de hacerte especial con solo ponerte en sus vidas.

Sus dedos revisaron las fotos, buscando su favorita hasta que la encontró. Un sonriente Sherlock, probablemente con dos años en ese momento, estaba sentado en el regazo de su hermano. Mycroft trataba de parecer molesto, pero la pequeña arruga en la esquina de sus labios lo traicionaba. Su dedo índice viajó desde la cabeza de Mycroft hasta la mano de Sherlock agarrando el cuello de su hermano, hasta el árbol de Navidad detrás de ellos. Estos vistazos al pasado le hacían preguntarse cuándo comenzó la hostilidad. Cuando Sherlock había escogido sus hábitos autodestructivos, y Mycroft había decidido que el cariño no era una ventaja.

Escondió las fotos de nuevo, hasta que la próxima vez tuviera la necesidad de tratar de resolver el misterio que eran Mycroft y Sherlock Holmes.

Hermione no vio a John ese día, ni ninguno de los días siguientes. Él se iba a la consulta antes de que ella se despertara, y volvía a casa, si es que lo hacía, después de que ella se durmiera. Hermione había decidido dejarle pasar por lo que le molestaba a solas. Después de algunos días, y aunque la gente asignada para seguirlo le aseguró que no estaba en peligro, ella estaba cada vez más preocupada. Le había dejado mensajes, le esperaba por la noche, intentaba interceptarle por las mañanas. John parecía anticiparse a cada uno de sus movimientos. Una mañana había encontrado un vaso con algunas sobras de whisky. Y se suponía que ella no debía saber nada de Harry, o de los conatos de alcoholismo relacionados con la ansiedad que John había tenido en el pasado. Así que hizo todo lo que pudo sin revelar su tapadera. Esperó.

Era sábado por la noche, y Hermione se había quedado dormida en el sofá con un libro en su regazo cuando cuando un fuerte ruido la sobresaltó. Su mano voló hasta donde debía estar su pistola, pero sólo encontró la lana de su jersey. Estás en Baker Street. En la cocina, la tetera había empezado a hervir. Se levantó y encontró a John, con la cabeza agachada y respirando hondo, con las manos firmemente apoyadas en la encimera. En el suelo estaban rotos los platos que la habían asustado.

"¿John?"

El hombre no se movió. Se acercó, dejando que sus ojos se ajustaran a la tenue luz de la lámpara de la cocina, sus zapatillas aplastando los fragmentos bajo sus pies. Se puso de pie a su lado, sin estar segura de si la rechazaría si intentaba tocarlo. Entonces vio las gotas que manchaban la superficie pulida.

"John".

"No". Su voz estaba ronca, teñida de dolor, de ira y de lágrimas sin derramar. Respiraba entrecortado, como si hubiera estado corriendo. Hermione puso una mano en su hombro izquierdo, y aunque su bíceps se contrajo, John no trató de zafarse. La tetera se apagó, y John resolló alejándose de Hermione.

"¿Té?" La miró, y ella pudo ver sus ojos rojos e hinchados. En lugar de abrir la lata de té, John fue al gabinete a su derecha y tomó dos vasos que no coincidían y una botella de bourbon. Sin abrir. "El té va a ser suficiente, ¿verdad?" Les echó a ambos el líquido ámbar y terminó el suyo en un largo sorbo. Cuando intentó rellenar su vaso, Hermione le sujetó la muñeca.

"John, háblame".

John dejó escapar una risa vacía. "¿De qué sirve eso? He estado hablando con la terapeuta, tratando de solucionar mis problemas, porque no puedo seguir huyendo y enfadándome cada vez que alguien le menciona." John se soltó de Hermione y se sirvió otro trago. "Estoy cansado de que todos me miren así, ". La señaló con su dedo índice, todavía sosteniendo su vaso. "con pena, como si no supiese que soy un desastre y no sé como arreglarlo. Porque hay días en los que estoy bien, y hay otros en los que no puedo respirar. En los que la idea de que ya no esté en este mundo es demasiado para soportarla, y el dolor es tan real que me siento físicamente enfermo y sólo quiero hacer algo, lo que sea, para que desaparezca."

"John..."

"¡No lo entiendes!" Él interrumpió. "Sherlock está muerto. No entiendes lo que es ver morir a la mejor persona que has conocido".

Hermione tuvo un déjà vu ante estas palabras, y se sentó en una de las sillas, sintiéndose de repente a punto de vomitar. Sintió como su propio dolor se elevaba desde las profundidades donde lo había escondido. La desesperada sensación de estar sola en el mundo la sobrepasó de nuevo, y bebió, acogiendo el sabor amargo tratando de empujar la bilis que se estaba abriendo paso.

"Lo entiendo". Murmuró. Vio como John se sentó, y empujó el vaso hacia John, pidiendo en silencio que se lo rellenase. "Todo el mundo dice que la gente muere todo el tiempo. Y lo dicen en serio, y sé que tienen razón... pero tú eres el que queda para recoger los pedazos. El problema es que esos pedazos ya no encajan". Levantó la cabeza y miró a John. Él la alcanzó y le pasó el pulgar por las mejillas, y entonces se dio cuenta de que había estado llorando. Dejó escapar una risa amarga. "Siempre hay una voz en tu cabeza, que no deja de preguntarte '¿Por qué ellos? ¿Se merecían esta vida menos que otra persona? ¿Merecía yo este dolor que no se va?" El sabor picante del whisky le alivió la garganta y la calentó, haciéndola sentir entumecida.

"Si alguien hubiera tenido la receta mágica para borrarlo todo, con gusto la habría tomado. Pero no no existe. Y entonces entendí que tenemos diferentes tiempos y diferentes maneras de llorar, pero el dolor nunca se va. Simplemente aprendes a vivir con él".

Estuvieron en silencio durante algún tiempo. Hermione pensó en contarle todos sus secretos. Que era una bruja, que si Sherlock había sido su salvador, Mycroft era el de ella. Que haber sido reclutada por el servicio secreto fue lo que le salvó la vida en todos los aspectos que la vida de un agente secreto puede ser salvada. Que ella nunca había sido capaz de sanar. Que estaba cansada de mentir y esconderse. Pero no hizo nada de eso. Sería injusto poner ese conocimiento sobre los hombros de John.

Él habló de nuevo. "¿Cómo te las arreglaste?"

"Me enterré en los libros. Estudié, creé mi propio ambiente estéril y no dejé que nadie entrara en él. Tomó un tiempo hasta que pude funcionar como un ser humano, y todavía hay veces que me pregunto si la persona que salió de eso es de alguna manera quien era antes."

"¿Lo eres?"

Hermione había reflexionado miles de veces sobre su yo de la posguerra. Sobre la chica torturada que se había aferrado a Ronald Weasley como si fuera una boya en medio del mar, con su corazón lleno de venganza y resentimiento, y que había vendido todas sus valores a cambio de un espejismo de normalidad. La persona que se mantuvo impasible ante el sufrimiento de los demás, porque ya había luchado, era hora de que los demás se salvaran a si mismos. Le llevó años y distancia reconocer que esa horrible persona había sido ella. Le tomó aún más tiempo aceptarlo. "No. Pero eso no es algo malo. Mi madre solía decir que deberíamos ser como los juncos junto a los ríos. Puedes doblarte, el viento puede sacudirte, puedes tener agua hasta el cuello, pero nunca te rompes."

"Es un buen consejo para vivir." Se sirvió otro vaso. "¿Estabas hablando de ellos?"

Ella lo miró y asintió con la cabeza.

"Creí que habías estado con tu padre hace unos días."

"Sirius... No es mi padre... Es complicado. Es una figura paterna. Cuando perdí a mis padres, se convirtió en mi familia, me cuidó. Es todo lo que tengo."

"Debe ser agradable tener a alguien."

"Tú nos tienes a nosotros".

John le tomó la mano y le pasó el pulgar por los nudillos antes de darle un ligero apretón. Luego levantó su copa.

"Por nuestros muertos. Que siempre los recordemos".

Ella tintineo su vaso con el de él y se lo tragó. Se sentaron allí, en silencio, cada uno de ellos haciendo eso. Recordar.