Capítulo 5: Su última reverencia

"Buenas noches, damas y caballeros. Es un privilegio para mí estar hoy ante ustedes, conmemorando a todos aquellos que murieron por nuestra libertad. Me gustaría agradecer al Ministro Shacklebolt y a Auror Potter por invitarme esta noche. No estaría aquí si no fuera por ellos."

"Cuando me pidieron que viniera esta noche, no estaba segura de cómo enfrentarme a vosotros. Cómo alguien que decidió irse era, de alguna manera, la persona correcta para pronunciar estas palabras. Así que me di cuenta de que primero tenía que pedir disculpas. Hay algunas cosas que hice de las que no estoy orgullosa, y eso creo que todos estamos de acuerdo, es un sentimiento común. Cuando me fui, fue por impaciencia. Para mí, las cosas no se movían lo suficientemente rápido. Quería que todo se hiciera enseguida. Las dificultades eran una excusa para la inacción, la cautela era cobardía disfrazada, y la justicia aún estaba por venir. Irme fue un bálsamo para mi maltrecho espíritu. Pero la verdad es que era demasiado joven para ver la situación en su conjunto."

"Pensamos tontamente que la guerra terminó en el momento en que Lord Voldemort tocó el suelo. Finalmente, el sol estaba saliendo, los tiempos oscuros ya habían pasado. Pero al igual que el cambio de la noche al amanecer, no ocurre en un instante, sino gradualmente. Y eso es lo que no entendimos. Eso es lo que yo no entendí. Nuestra codicia por un mundo mejor y más justo nos quemó. Todos teníamos diferentes prioridades, queríamos hacer demasiado, demasiado pronto."

"No pretendo saber nada de política, y sabía aún menos entonces. Pero ahora es obvio que cambiar los años de política inamovibles y cómo funciona la sociedad es más difícil de lo que pensábamos. Una reestructuración tan completa no es gratuita, y hay que tomar decisiones. Para bien o para mal, independientemente de cuáles hayan sido esas decisiones, lo que podemos decir hoy es que no somos perseguidos por cosas que no podemos cambiar de nosotros mismos y que todos somos iguales a nuestros semejantes."

"Sobrevivimos a una guerra. Algunos de nosotros sobrevivimos a dos. Algunos de nosotros luchamos, otros no. Todos cometimos errores. Pero lo que fuimos y lo que hicimos, no importa. Lo que importa ahora es lo que estamos dispuestos a hacer para lograr el tipo de mundo que queremos. Hay una cita que dice: "Tuve mucha suerte; fui parte del período de posguerra cuando todo tenía que ser rehecho Aquellos de vosotros que os quedasteis, estáis construyendo una mejor y más justa sociedad mágica. Y los que fueron soldados, son ahora políticos, y están listos para guiarnos hacia el futuro que merecemos."

"Todo lo que os pido es que tengáis fe. Como comunidad, hemos soportado los peores dolores y humillaciones. Fuimos esclavos, pero nos las arreglamos para romper las cadenas. Por eso, puedo decir: Estoy orgullosa de vosotros. Estoy orgullosa de haber luchado por vosotros. Y estoy orgullosa de haber arriesgado mi vida por los que no están hoy aquí."

"Ahora quiero proponer un brindis por nuestros hermanos y hermanas, que cayeron en la batalla. Que nuestras acciones siempre les honren."

Un fuerte aplauso estalló y bombardeó los oídos de Hermione como una tormenta. La sangre bombeaba por sus venas, pulsando en sus sienes con tal fuerza que tuvo que cerrar los ojos. Se sentía sucia. Minuto a minuto, el público se emocionaba cada vez más, derramando lágrimas y murmurando alabanzas que ella sabía que no merecía. Cada palabra que había pronunciado se había convertido en polvo en su boca. Una ola de náuseas le hizo apretar el estómago y abrió los ojos, buscando frenéticamente a Sirius. Él le ofreció una mano que ella tomó rápidamente, bajando los tres pequeños escalones hasta quedar arropada bajo su brazo. Hermione escuchó a alguien que sonaba como ella lanzando palabras de gratitud a los que se acercaban a ella por el corto camino hacia la mesa. Para cuando se sentó, dos lágrimas solitarias corrían por su cara.

—Sabes —, susurró Sirius a su lado. Había puesto un vaso a su alcance, probablemente el mismo whisky Ogden que ella olía en su aliento. —Si Mycroft te despide alguna vez, serías una actriz excelente. Bien hecho, cachorro. Estoy orgulloso de ti.

Hermione tragó la bebida de un golpe, dando la bienvenida a la sensación de ardor como castigo. La mano de Sirius se acercó a su hombro derecho, masajeando suavemente la tensión mientras el Jefe de Cooperación Mágica hablaba. El siguiente aplauso fue menos fuerte. Aparentemente, nadie estaba interesado en la propuesta de reclutamiento de centauros para el Departamento de Misterios.

—Hermione. Sólo quería agradecerte… —, comenzó Kingsley.

—No —. Le cortó Hermione. Kingsley se removió en su silla. —Hice lo que me pediste. He intercambiado mi integridad por mi libertad. Te he comprado tiempo —. Las palabras estaban por encima de un susurro de ira, pero todos en la mesa podían oírlas. Hermione sintió que las lágrimas de rabia comenzaban a picarle de nuevo en la esquina de los ojos. —No quiero tus agradecimientos. Lo único que quiero de ti son los documentos que tienes sobre mí. Y espero que Mycroft Holmes los tenga por la mañana en su despacho.

—Los tendrá, le doy mi palabra.

—Es una pena que tu palabra no signifique una mierda para mí. —Sosteniendo su bolso, Hermione se levantó mientras recogía su abrigo.

—Hermione, por favor —. Esta vez había sido Neville quien había hablado.

—¡No! Creíais que me iba a quedar aquí a jugar a lo que sea que fuera esto? Me habéis chantajeado, me habéis amenazado con la cárcel. Habéis conseguido lo que queríais, ahora dejadme en paz.

Hermione salió por el lado del salón de baile hacia la puerta, seguida de cerca por Sirius. Tan pronto como salió al vestíbulo principal, dejó caer todo su peso contra la pared de piedra antes de que sus rodillas dejasen se soportala. Su respiración era rápida, y estaba segura de que iba a tener un ataque de pánico. Sirius apareció a la vuelta de la esquina y la tomó en sus brazos. Entonces los sollozos demoledores que ella había estado tratando de guardar se apoderaron de su cuerpo y cuando se detuvieron, la dejaron exhausta.

—Tienes que volver —, murmuró contra su pecho.

—No tengo que hacer una mierda. No sabía que usarías una palabra como esa en un ambiente formal, por cierto —. Se burló de él, envolviendo su abrigo alrededor de ella.

—La gente va a preguntar por mí, así que tienes que inventarte una excusa creíble. Y esto es parte de tu trabajo —. Ella lo soltó, y se abrochó el abrigo. —Estaré bien, lo prometo.

—Ve a mi casa. Me gustaría tenerte cerca esta noche.

Hermione sacudió la cabeza. —Me voy a Baker Street. John dijo que me esperaría.

Sirius le lanzó una sonrisa descarada, y Hermione le dio un manotazo en el hombro, pero se dejó dar un beso en la mejilla y prometió llamar cuando hubiese llegado a casa. Una vez sola, Hermione tomó uno de los muchos pasillos, regresando al Atrio, y se detuvo frente a la fuente que reemplazó la espantosa "Magia es poder" que Voldemort había construido. En la nueva versión, una bruja y un mago protegían a otros seres mágicos, con la palabra "Unidad" grabada en la parte de abajo. Grabado allí por la misma gente que había vuelto a dar y quitar privilegios a quien quisieran. Todo lo que ella había sacrificado había puesto a esta gente en el poder, que a su vez la habían usado como una herramienta política, la misma cosa en la que nunca había querido convertirse.

Cuando salió a Whitehall, ya no le quedaban lágrimas.


Hermione bajó del taxi frente al 221B de Baker Street y notó que las luces de la sala estaban encendidas. Le había mentido a Sirius cuando le dijo que John la esperaría, y ahora sabía que una conversación con John era ineludible. Una vez dentro, Hermione se miró en el espejo e intentó limpiar las manchas negras bajo su ojos. Luego, subió las escaleras como si sus piés estuviesen hecho de plomo. Había algo de ruido en la cocina. Al entrar vió que el sillón de John estaba vacío pero tenía un periódico en el reposabrazos y una humeante taza de té en la mesa de al lado. Hermione se quitó el abrigo y lo tiró en el sofá con su bolso, y fue a la silla de cuero, quitándose los tacones. Odiaba las secuelas de un subidón de adrenalina, pensó, mientras descansaba la cabeza en sus manos. Apenas escuchó el sonido de los pasos de John acercándose. Hermione abrió los ojos y lo miró, y tomó la copa que John le ofrecía. —¿Tan mal ha ido? —Preguntó John. Se sentó y bebió su té.

—Peor. Detesto toda la charla sin sentido, el falso interés, la hipocresía. Te hace odiar a la gente —. Ella levantó la cabeza ante la risa de John y vio su cariñosa expresión.

—A veces me recuerdas a él. Sherlock. Sin las tendencias sociopáticas, por supuesto.

—Me lo tomaré como un cumplido.

Una serie de bips rompieron el silencio.

—¿No lo vas a coger?

Hermione suspiró y fue a buscar el teléfono. —Es Mary —. Escribió una breve respuesta, y luego envió un mensaje a Sirius, y apagó el teléfono. —No tengo energía para hablar con ella hoy. Mary quiere resolver todos mis problemas, y su pragmatismo es a veces un incordio.

Se desplomó en su asiento. El cuero estaba caliente por el calor de su cuerpo, y empezaba a adormecerla. —¿Por qué ser adulto es tan complicado, John?

A veces creo que somos nosotros a los que nos gusta lo complicado. Mírame a mí, escapé de la guerra sólo para entrar en el mundo de los espías, las dominatrix y las mentes maestras del mal.

El corazón de Hermione saltó a su garganta. Y no sabes ni la mitad.

—¿Te has preguntado alguna vez cómo hubiera sido tu vida sin Sherlock?

—No —. John suspiró. —Habría sido más fácil, pero no sé si habría sido mejor.

Hermione asintió y se quedó callada. John recuperó su periódico y continuó leyendo.

—John —, el hombre hizo un sonido para señalar que estaba escuchando, y Hermione continuó. —Nunca me has preguntado si creo en Sherlock.

John bajó su periódico. —¿Crees?

—Sí —, respondió Hermione, y John se relajó. —Me sorprende que no hayas sacado el tema antes.

—Tal vez tenía miedo de la respuesta. Moriarty hizo dudar a todos, incluso a mí.

—La gente todavía cree que Moriarty fue un invento.

—¿Por qué tú no, entonces?

—Todo parecía demasiado… — Hermione movió su mano en círculos, tratando de encontrar la palabra correcta. —Enrevesado. Los actores contratados y los casos falsos. La explicación más simple era que todo era una artimaña.

—Todos pensaron que lo más fácil era que Sherlock estuviera mintiendo.

—Para algunos es más fácil pensar que los genios mienten sobre serlo, en vez de enfrentarse a su propia mediocridad. Tememos lo que no entendemos, y luego tratamos de destruirlo. Alguien convierte a un hombre brillante en una mentira, y lo compras para cubrir tus propios defectos. Es difícil aceptar que no eres especial —. Hermione le sonrió y hundió su cabeza en el respaldo de la silla.

—Creo que le habrías gustado —. Fue lo último que escuchó antes de dormirse.


—Bueno, Hermione, ¿por qué ahora? —La pregunta de Ella no recibió respuesta, ni siquiera un gesto de reconocimiento. —Hermione, tienes que trabajar conmigo. No puedo ayudarte si no hablas.

—Vale —, Hermione se sentó en la silla blanca. Odiaba sentirse escudriñada como si fuera una criminal y su interlocutor era el que tenía el control. Su mente racional le decía que ella era la que había elegido venir y empezar a resolver los obstáculos que no le permitían seguir adelante. Su sistema nervioso simpático, por otro lado, la había transformado en la versión humana de un león acorralado.

—No soy tu enemigo, Hermione.

—Ya lo sé, no soy tonta —, tragó y exhaló, lamentando inmediatamente las palabras. —Lo siento. Eso ha estado fuera de lugar.

— Si, pero no eres ni la primera ni la última que se pone a la defensiva en esta habitación —. Ella le dio un vaso de agua y volvió a sus notas. —Ahora, ¿qué te ha traído aquí? ¿Quieres empezar desde el principio?

—No hay tiempo para eso, créeme.

—Tenemos tiempo, Hermione. Lo hago como un favor a John, pero eso no significa que no puedas hacer esto regularmente con otro terapeuta.

—He estado en terapia antes. Esto es sólo... un refuerzo.

—Algo lo ha provocado, entonces —. Hermione asintió. —¿Y bien?

—La semana pasada, vi a algunos... viejos conocidos.

—¿Amigos, quieres decir?

—Sí.

—¿Buenos amigos? ¿Más que amigos?

—Hubo un momento en mi vida en el que éramos como uña y carne, como familia. Podríamos haber dado nuestras vidas el uno por el otro.

—Ese es un vínculo muy fuerte. ¿Qué pasó?

—La edad adulta. Nuestras prioridades cambiaron, supongo. No hemos hablado desde que teníamos dieciocho años.

Ella tomó algunas notas, y Hermione trató de leerlas, pero la luz era demasiado débil para discernir los movimientos del bolígrafo. De todas formas, casi podía deducir lo que estaba escribiendo. Problemas de confianza, problemas de abandono, posibles relaciones románticas tóxicas. Nada que no hubiera escuchado antes.

—¿Qué fue exactamente lo que motivó su visita?

—Yo… —Se levantó y empezó a pasearse por la habitación. Siempre pensaba mejor cuando caminaba. —Pensé que ya no sentía nada. No pienso en ellos, de forma normal —. La calle detrás de la ventana estaba tranquila, las gotas de la lluvia aún caían por el cristal. —Son ideas vagas, me aseguré de esconderlas en los rincones más profundos de mi mente. Ellos siguieron con sus vidas, y yo también. Pero cuando los vi... Toda la rabia y la decepción volvieron. Y el amor y la amistad. Y los extraño y los odio tanto al mismo tiempo que...no sé qué hacer con lo que estoy sintiendo.

—Cometiste un error de principiante.

Hermione se sentó en el alféizar de la ventana, cruzando los brazos sobre su pecho. —¿Qué?

—No superas tus problemas escondiéndolos, porque volverán. Se necesita coraje para seguir adelante enfrentando los errores y las pérdidas que recogemos con las decisiones que tomamos. Tus sentimientos son la prueba de que tu técnica no funciona. Si realmente quieres empezar un nuevo capítulo, no compras un nuevo cuaderno, no borras lo que has escrito. Pasas la página y empiezas a darle sentido a todo hasta ese punto —. Ella dejó sus notas en la pequeña mesa y se acercó a ella, sus manos tomando los codos de Hermione y mirándola directamente. —Aceptas tu pasado, para poder construir tu futuro.


Los dedos de Hermione rozaron el marco de la puerta de la cocina, donde había pintadas pequeñas líneas de diferentes colores, con fechas a partir de 1980. Antes de que ella la comprara, la casa había sido pintada, pero Hermione lijó todos los lugares en los que sabía que podría encontrar recuerdos. Recordaba el garabato de una niña de cinco años, obsesionada con los dragones, en la pequeña parte de la pared junto a las escaleras. Y las tres huellas de manos púrpuras en la habitación rosa de arriba. Acarició la encimera de madera, su lugar habitual los domingos por la mañana cuando su padre preparaba el desayuno. Justo en su línea de visión, afuera en el jardín bien cuidado, estaba el columpio que sus padres decidieron construir. El gran sofá de felpa junto a la ventana era diferente, pero era el mismo lugar donde su madre solía leer.

El timbre de la puerta la asustó. Abrió y dejó pasar a una mujer enfundada en un traje de chaqueta, que llevaba en la mano una carpeta marrón con el logo de la inmobiliaria en la portada. Hermione la acompano al comedor, y tomó la documentación que le entregaba.

—Bueno, Srta. Black, como sabe, la casa se vende más barata que cuando la compró. ¿Está segura de que quiere hacerlo?

Miró fijamente al espacio vacío que presidía la habitación, donde solía estar colgado un antiguo retrato de familia. El primer Sr. y Sra. Granger, inmigrantes franceses en el negocio de la lana. Su padre siempre le contaba la historia. Sus antepasados venían de familias pobres y se habían hecho un nombre gracias al trabajo duro y a la integridad. Pero esa era otra vida, otro Hermione. Ahora ella tenía que aceptar que sus padres no iban a volver. No habrá ningún abuelo que cuente a sus nietos esta historia, ni ninguna otra.

—Sí. No tengo uso para ella. Nunca lo tuve.