¡Hola! Kiry los saluda con este Oneshot de una shipp que no se me quería salir de la cabeza hasta que me senté a escribir sobre ella, ¿y qué mejor manera de escribir sobre ella que plasmar una historia que un amigo me contó sobre cómo conoció a su exnovia? jeje. No es la primera vez que shippeo personajes con diferencias de edad un poquito marcadas cofcofGundam00cofcof, pero si es la primera vez que escribo sobre una.

Advertencia: relación entre mayor/menor, profesor/alumno, cosas inmorales e incorrectas (? posible OoC, lenguaje obsceno y está clasificado "M" por alguna razón, ¿no?

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Los tomé prestados para hacer de las mías.


Webcam.

.

.

.

La voz de Zenitsu era un sonido ronco que denotaba su estado a pesar del hecho de que nadie podía escucharlo; su software de voz a texto lo tradujo al chat. Tecnología práctica, eso era. Muy útil para ese tipo de trabajos. Él necesitaba sus manos libres, después de todo.

En ese momento, sus manos estaban ocupadas desabotonando su camisa, sus pulgares frotando ocasionalmente sus pezones, provocándolos en picos rígidos y dejando escapar un gemido gutural. Que se sintiera bien era obvio, sabía exactamente cómo tocarse, pero lo que realmente lo hizo sentirse realmente excitado fue el conocimiento de que había personas que lo estaban observando; a él, un chico que normalmente nadie miraría más de dos veces si no fuera por su cabello rubio. Claro, al principio trató de negar el hecho y se dijo a sí mismo que era netamente por necesidad que hacía esto y no le gustaba, y aunque seguía siendo real que lo hacía por necesidad financiera, había aceptado el hecho de disfrutar de su trabajo nocturno. Pagaban bien, y él necesitaba dinero. Al menos lo suficiente como para ayudar al abuelo con los gastos y la maldita hipoteca.

Mantuvo la cámara en un ángulo para que nunca se mostrara su rostro, y no usó un micrófono para que su voz fuese escuchada. Lo usaba para que los mensajes fueran escritos inmediatamente en el chat a medida que él hablaba. Era solo él, en la seguridad de su habitación. Fue suficiente hacer solo esto; las personas que habitualmente visitaban su sitio web no pedían más que eso, y lo agradeció, porque él era menor de edad todavía, y había mentido respecto a eso. La opción del anonimato era realmente útil.

Dirigió sus ojos hacia el chat, y se sintió bien saber que había ganado otros cuatro espectadores mientras tocaba su torso. Pero si querían quedarse y verlo terminar, era hora de pagar.

—¿Quién se quedará conmigo? —susurró, cada palabra siendo escrita automáticamente —. Es hora de pagar para continuar —deslizó la punta de los dedos a los lados de su cadera, jugando con el elástico de sus pantalones con un toque ligero, enfocando la cámara en su erección aún vestida. Después de meter una de sus manos en los confines cálidos de sus pantalones, habló para aclarar en caso de que su audiencia tuviera alguna duda —. Entonces, ¿no les gustaría ver?

Zenitsu se tocó así hasta que se acabó el tiempo, y observó cómo se vaciaban dos tercios de la conversación en el chat. Eso era de esperarse; él cobraba más por esta parte del espectáculo, y casi siempre los que se quedaban eran hombres mayores en la capacidad de pagar por eso. No le importaba una audiencia más pequeña llena de ancianos, probablemente, siempre y cuando le pagaran.

—Así que… ¿qué les gustaría ver esta noche? —invitó, deslizando su mano debajo de su ropa interior y comenzando a moverla de arriba hacia abajo.

Echó un vistazo a la ventana del chat mientras aumentaba un poco la velocidad. Era un montón de lo habitual: querían verlo desnudo, querían verlo follarse con la mano o con un juguete. Algunos no habían estado aquí antes y rogaban por un gran espectáculo.

Pero una respuesta, entre tantas, le llamó la atención.

TheGodOfParties: Haz que dure. Bromea como si te burlaras de todos nosotros.

Abrió sus ojos, levemente sorprendido por la demanda. Luego una risa baja brotó de entre sus labios separados, y Zenitsu habló como si pudiera dirigirse a este tipo desconocido directamente. —Es bueno ver que uno de ustedes tiene un poco de imaginación.

El chat explotó ante eso con demandas impacientes, lo que le molestó en gran medida. Sin embargo, no quería perder todo su público—y su dinero—a causa de ese hombre en particular, por lo que fue moderado esta vez con su respuesta.

—Un poco de paciencia podría ayudarlos a todos...y si han estado aquí antes, saben que siempre cumplo —el rubio puntuó su declaración quitándose sus pantalones junto con la ropa interior, gimiendo ante la liberación de su miembro completamente duro, para después sentarse en un mejor ángulo y abrir las piernas.

TheGodOfParties: No les prestes atención. Ve despacio.

Un escalofrío le recorrió la columna cuando casi escuchó la orden susurrando en su oído, y él obedeció, deslizando sus manos, oh, muy lentamente, desde la rodilla hasta la cadera y de regreso antes de curvarse para trazar las yemas de los dedos a lo largo de sus muslos internos en una suave caricia. Zenitsu pasó los dedos de una mano por su abdomen y la caja torácica, pellizcando el pezón con fuerza, en contraste con los patrones suaves que dibujó sobre la piel pálida de la parte interna del muslo.

TheGodOfParties: Eso es. Lo estás haciendo bien.

Además de su nuevo espectador creativo, con una estructura de oración bastante adecuada, ya que conseguía que Zenitsu hiciera lo que él quería, el resto de su público compartió la molestia con su cambio de táctica. El chico, después de todo, nunca los hacía esperar tanto por la verdadera acción. Para calmar a la multitud, deslizó su dedo a lo largo de su eje, utilizando el pre-semen que ya empezaba a gotear para humedecerlo y hacer la fricción más placentera.

El chico decidió dejar de mirar el chat; sería más una distracción en este punto y no lo necesitaba. Dejó que sus ojos se cerraran y se centró en la forma en que se acumulaba una deliciosa presión en la base de su abdomen. En su mente, se sentó en un escenario…tal vez el que estaba en la escuela. Él estaba allí, bajo un foco de luz tan brillante que realmente no podía ver a nadie, pero de vez en cuando, si miraba atentamente, distinguía ojos atentos en su persona. Ojos que miraban su cuerpo con deseo y hacían sonidos muy agradables de escuchar. Oh, Dioses, sí, la idea de todos esos ojos sobre él, verlo tocarse a sí mismo, verlo sudar y temblar de placer…Zenitsu gimió, permitiendo que la velocidad de su mano aumentara considerablemente. La mano en su pecho se aflojó y se apretó en repetidas ocasiones.

¿Iba lo suficientemente lento para aquel tipo creativo, pero lo suficientemente rápido para los espectadores impacientes? Maldita sea, realmente ya no le importaba tanto. Sólo quería venirse. Dándole un último apretón a su erección, Zenitsu se giró, apoyándose en sus rodillas, y agachó la parte superior de su cuerpo, de manera que frente a la cámara sólo se veía su trasero. Tomó un poco de lubricante y después introdujo un dedo en su agujero, mientras que su otra mano reanudaba la fricción sobre su virilidad. Sus caderas se mecían, y no tardó mucho para deslizar un segundo dedo dentro de sí mismo, tocando el punto sensible que lo hacía ver blanco, aplicando una presión más fuerte sobre su erección, y luego tuvo un orgasmo que lo hizo ver estrellas. Basta decir que cuando volvió en sí lo suficiente como para mirar el resumen del chat, estaba bastante satisfecho con la respuesta entusiasta de los espectadores y, por supuesto, el pago.

Además, le hizo algo feliz el comentario final del nuevo.

TheGodOfParties: Buen chico.

.

Tengen se quitó la camiseta y la usó para limpiar el desastre en su estómago antes de levantarla y arrojarla al cesto. Mierda, eso había sido justo lo que había estado necesitando. Su horario de trabajo hacía que fuera casi imposible salir, y había estado por su cuenta durante ya casi dos semanas desde que Maiko, Suma y Hinatsuru habían salido en un viaje de un mes. La pornografía era tan atractiva incluso para un hombre como él, y descubrir el amplio mundo de las llamadas webcam le había abierto los ojos. No tenía ni idea de cuánto se divertiría mirando cuando entró al único sitio que no ofrecía fotos como catálogo ni tampoco una descripción del servicio. Pensó que debería ser interesante descubrir el misterio por su propia cuenta. No había tenido en mente cuán deliciosa sería la emoción al no solo descubrir que el dueño del sitio era un chico—que parecía relativamente joven—, sino que este chico tomó una de sus sugerencias y la llevó a cabo, casi como si hubiese sido solo para él.

Deseó haber podido ver su rostro cuando él llegó al clímax, pero la vista que les ofreció a sus visitantes no estuvo nada mal, tampoco. No se quejaba. Sabía que no podría pedirle que grabara su cara porque esas cosas estaban en contra de las reglas en su sitio web específicamente, pero...algo en el chico le llamó la atención. Uzui marcó la página de todos modos y tuvo la sensación de que mañana por la noche, si se sentía de ánimo, volvería a iniciar sesión.

Por ahora, era hora de dormir un poco antes de ir a trabajar. Ya era condenadamente tarde y tenía que madrugar para darle clase a los mocosos. El último pensamiento que tuvo cuando se durmió fue una curiosidad ociosa: ¿cómo es que ese chico consiguió esa cicatriz en su mano?

La mañana llegó relativamente rápido y Tengen extendió la mano y golpeó su alarma hasta que dejó de sonar, luego se sentó y se frotó los ojos. Mierda, parecía que se había quedado dormido. Moviéndose con una rapidez que desmentía el hecho de que se había despertado minutos antes, él se duchó, se y se vistió eficientemente. Salió de su casa media hora después.

Era bastante temprano para lo tarde que había considerado llegar, y en cuanto entró en el aula de clase, la charla animosa entre los estudiantes quedó en el olvido, dando paso al silencio. Uzui saludó y escribió un par de cosas en el tablero. Luego se sentó en el escritorio del maestro y esperó a que los niños dejaran salir su creatividad. De vez en cuando se paraba y daba una ronda alrededor del aula, mirando el trabajo de sus estudiantes. Eran decentes, al menos. No contaban con su estilo extravagante, pero eran decentes.

El de todos menos el de uno.

Tengen hizo a un lado la pequeña cabeza rubia que obstaculizaba su vista, para poder echarle una ojeada al trabajo del chico Agatsuma.

—¿Qué es esto? Parece el vómito de mi abuela, si me lo preguntas —miró el lienzo en diferentes ángulos, pero no le encontró forma.

—No se lo pregunté —respondió Zenitsu por lo bajo, resentido —. Es solo un paisaje.

—Después de un apocalipsis, tal vez.

El rubio rodó los ojos, para diversión de Uzui. Era demasiado fácil meterse con el chico. —¿No nos dice siempre que el arte es una expresión?

—¿Y lo que me quieres expresar es un mundo postapocalíptico? Eso o que tienes cólicos —Zenitsu le respondió algo con murmullos, pero Uzui no le tomó importancia. El chico era realmente malo para pintar, y por algo él era profesor de arte —. Toma el pincel y dame tu mano.

—Pero…

—Ya.

Agatsuma lo hizo. Al elevar la mano, el maestro se fijó que su pulso temblaba. Eso explicaba por qué el supuesto paisaje se veía como si hubiese caído una lluvia de meteoritos. Totalmente desastroso. Posicionó su mano sobre la del chico, de forma que evitó que dejara de temblar. Luego, guiándolo, llevó el pincel a la pintura y después al lienzo, haciendo pequeños trazos.

—No apoyes tanto el pincel —instruyó, y Zenitsu asintió —. Para pintar algo grande, como el cielo, por ejemplo, mueve más la muñeca que los dedos.

Cuando Uzui retiró su mano para evaluar como lo hacía el rubio por su cuenta luego de sus consejos, levantó un poco el saco amarillo del niño, haciendo que se arrugara hacia arriba en su muñeca, dejando al descubierto una cicatriz en su mano que lo sorprendió de inmediato.

No. Jodida mierda.

Había visto esa cicatriz la noche anterior. Había visto esa mano haciendo cosas mucho más interesantes que mezclar pinturas y mover un pincel.

Tengen era muchas cosas; lo cualificaban muchas palabras, de las cuales "timidez" no era una de ellas, pero se encontró incapaz de mirar al chico a los ojos en el momento en el que se giró para mirarlo y preguntarle cómo iba. Estaba seguro de que Zenitsu sería capaz de leer sus pensamientos acelerados si hacía contacto visual en ese momento. ¿Por qué este chico hacía lo que hacía?

—¿Uzui-sensei?

El nombrado murmuró algo que esperaba que fueran palabras de aliento para su alumno—su alumno que en las noches hacía cosas jodidamente deliciosas—antes de volver a su escritorio y tomar asiento por lo que quedaba del resto de la clase.

Horas después, en casa, encendió su computadora. Ya lo había visto todo la noche anterior. ¿Cuál fue el daño al mirar de nuevo?

El daño, se dijo severamente, era que ahora sabía quién era el misterioso chico. Ya no se trataba de alguien anónimo de Internet; ahora tenía un nombre, una voz, una cara, una personalidad. Ahora sabía que era su jodido estudiante, del que le gustaba burlarse ocasionalmente porque era muy fácil meterse con él. No podía creer que ese chiquillo, que se quejaba y se quejaba durante horas por todo, que lo único que destacaba de él era su extravagante cabello amarillo, pudiera hacer que un montón de gente—Uzui incluido—le pagara por verlo tocarse a sí mismo.

Cerró de golpe la tapa de su computadora portátil y resopló, inclinándose para descansar la frente en sus manos. No había garantía de que Zenitsu lo volvería a hacer esta noche, de todos modos. Él había escuchado por pura casualidad, dado que pasaba por el pasillo en ese momento, que el joven Kamado—uno de sus alumnos de primero—invitaba a sus amigos a tomar algo después de clases, Zenitsu incluido. Tal vez, en ese momento, él estaba con sus amigos siendo un adolescente normal.

O…

Tal vez estaba en casa, preparándose para follarse a sí mismo ante la cámara.

Gruñó de frustración, poniéndose de pie y paseando por su departamento.

¿Qué mierda se supone que iba a hacer ahora con este conocimiento de las actividades extracurriculares de Agatsuma? Ojalá sus esposas no se hubieran ido, ojalá nunca hubiera visto esa cicatriz, ojalá nunca hubiera decidido buscar algo más interactivo que el buen porno de Internet, ojalá él...

No. Esas fueron todas mentiras. No se arrepintió en absoluto, solo deseaba tener una sola forma de mencionárselo a Zenitsu que no lo llevara a acusarlo con los directivos de la escuela o peor aún, con la policía. El chico era menor de edad.

Una cosa era segura: dormir no iba a ser fácil esta noche. Mierda, todavía era temprano para sus estándares. Agarrando su chaqueta, Uzui salió por la puerta. Afortunadamente, no había trabajo mañana. Tal vez después de unos tragos, podría sacar la imagen de Zenitsu tocándose a sí mismo fuera de su cabeza y dormir un poco.

.

Zenitsu se quejó cuando desenvolvió el vendaje que se había enrollado apresuradamente alrededor de su dedo. Se había cortado estúpidamente mientras hacía la cena por haberse distraído un momento. No se había cortado tan profundamente, pero iba a tomar un tiempo para sanar de todas formas. Palpitaba y dolía tanto que no había forma de que hiciera su trabajo durante unos días hasta que se curara. Lo que quería decir que no tendría dinero suficiente para completar el último pago de la hipoteca. Ni siquiera juntando lo que ganó en el mes con lo que ganaba el abuelo alcanzaba. Lo que quería decir que tenía que buscar otras formas de ingresos. Complicado por el momento, porque desde la mañana se había estado sintiendo horrible, probablemente estaba a puertas de un resfriado eminente.

Mirando el reloj, frunció el ceño. No estaba acostumbrado a acostarse tan temprano, especialmente sin cansarse primero, pero no podía hacer mucho con la herida en el dedo. Se recostó en el sillón de la sala y comenzó a repasar sus opciones. Realmente fue inesperado—pero de todas formas muy bien recibido—que Murata le escribiera pidiéndole que lo cubriese en su turno en la tienda de conveniencia en donde trabajaba durante las noches. Que le dijera que el pago de la noche era de él, terminó por convencerlo, a pesar de que sentía dolor de cabeza y la nariz le goteaba con mocos.

No fue realmente un mal trabajo—exceptuando los pocos clientes que habían sido groseros durante el turno—. Lo mucho que Zenitsu hizo fue recibir dinero y entregar el cambio. Lo malo, si es que tendría que decirlo, era la hora en la que finalizaba su horario. Condenadamente tarde, y el rubio tendría que caminar de regreso a su casa en medio de la noche. Una casa que no estaba relativamente cerca, la verdad. Consideró el quedarse a dormir allí, pero supuso que al dueño no le gustaría.

El jefe ya le había ordenado cerrar caja, hacer el inventario y no atender a más clientes. Sin embargo, se le había olvidado girar el cartel de la puerta que anunciaba que la tienda ya estaba fuera de servicio, pues la campanilla que daba cuenta de que había un nuevo cliente sonó.

—Lo siento, pero ya cerramos —dijo Zenitsu, sin molestarse en levantar la cabeza para mirar a la persona que había entrado.

—Seguro que puedes hacer una excepción por hoy, ¿no? —al reconocer la voz, el chico inmediatamente levantó la cabeza y se quedó mirando atónito a su maestro de arte, que le miraba con esa estúpida y encantadora sonrisa de medio lado.

—¿Por qué está aquí?

—¿En una tienda de conveniencia? Oye, no lo sé. ¿Tal vez quiero comprar algo? —el rubio resopló ante la respuesta, y la sonrisa de Uzui se hizo más grande —. La verdadera pregunta es que estás haciendo tú, trabajando a esta hora.

—Cubriendo a un amigo —Zenitsu respondió, aunque pudo haberse quedado callado, pero igual —. De todas formas, ya me voy a casa.

Hubo una lata de cerveza repentinamente puesta en el mostrador, y aunque se suponía que ya no debería vender más, Zenitsu registró la bebida y recibió el dinero. Luego le pasó el cambio a Uzui. Se preguntó brevemente por qué su maestro salía a comprar una lata de cerveza a esa hora, pero descartó el pensamiento rápidamente. No era asunto suyo y el hombre era extraño por donde sea que se le mirase.

—¿Solo? —casi no entendió lo que le estaba preguntando, pero rememoró la poca conversación que tuvieron y asintió finalmente.

—Si —Uzui asintió también y después caminó hacia la puerta, saliendo de la tienda.

Zenitsu se sintió decepcionado extrañamente. Algo, en el fondo, le hizo desear que el tipo no se fuera y lo dejara solo. Tal vez le hubiese pedido que le acompañara a casa, a pesar de que no era su obligación hacerlo, pero era tarde y él era un adulto. Se hubiese sentido un poco más protegido con él cerca. El rubio terminó de escribir la última cosa que había vendido en el inventario y salió del mostrador, caminando lentamente hacia la puerta, con el corazón en la garganta. Ya era hora de caminar a casa.

En el momento en el que cerró la tienda, una mano le agarró del brazo repentinamente, haciéndolo gritar de pánico. La risa de Uzui lo tranquilizó momentáneamente; el tiempo suficiente antes de recriminarle el hecho de haberlo asustado.

—¡Pude haber tenido un paro cardiaco justo ahora! ¡No es para reírse! ¡Hubiese sido el responsable de mi muerte prematura! —gritar mientras tenía dolor de garganta no podía haber sido su mejor opción, pero en serio se asustó.

El hombre mayor asintió, aunque seguía riéndose de Zenitsu. —Bien, bien. Lo siento —se aclaró la garganta para dejar de reír —. ¿Hacia a donde es tu casa?

¿Para qué quería saber eso? Zenitsu se le quedó mirando fijamente sin comprender, embelesado por la atractiva cara del tipo. ¿Por qué tenía que ser tan jodidamente sexy? Uzui le pasó una mano frente a la cara para que reaccionara. —¿Por qué?

—Con la cara de tonto que tienes, seguro te roban rápido —el hombre se encogió de hombros tras decir las palabras ofensivas —, pero si no quieres compañía…

—¡Espere! —Zenitsu tragó y se aferró vergonzosamente al brazo de Tengen. Sentía lágrimas acumularse en sus ojos y sus mejillas arder, pero perfectamente podría ser fiebre —Yo…acepto la compañía.

Sin embargo, no estaba preparado para que del cielo repentinamente comenzara a caer agua. Primero, pequeñas gotas. Pero conforme pasaban los segundos, se fueron volviendo más grandes, tanto que Zenitsu podía sentir que se estaba mojando aun con el pequeño techo que ofrecía la tienda sobre su cabeza.

—Supongo que no traes un paraguas.

El rubio estornudó y se frotó la nariz con el dorso de la mano, ajeno a la mirada de Uzui sobre su persona. —No. Podemos esperar.

—No, claro que no —el chico estornudó otra vez y ante eso Tengen chasqueó la lengua.

—¿Cómo? —Zenitsu se seguía frotando la nariz con el reverso de la mano justo cuando recibió la enorme chaqueta de Uzui en toda la cara —. ¿Qué hace?

—Cúbrete con eso.

—Pero-

—Cállate y date prisa —ordenó el hombre mayor, justo antes de salir a la calle en manga corta, con las manos en los bolsillos del pantalón y los hombros encogidos.

—Gracias —susurró el más pequeño, pero lo suficientemente fuerte para que Uzui también lo hubiera escuchado.

El paso bajo la lluvia se fue volviendo acelerado. Uzui, al ser notablemente más alto, llevaba un ritmo más ligero que a Zenitsu le costaba seguir, sobre todo porque, a pesar de la protección que le ofrecía la chaqueta extra que llevaba puesta, ya estaba calado hasta los huesos y no podía dejar de temblar, sintiéndose febril e incluso mareado. Lo peor es que no habían avanzado mucho, tampoco.

Uzui no se había dado cuenta del estado de su alumno hasta que sintió una mano apoyándose en su espalda y paró en seco su caminar. Al girarse para ver qué ocurría, se encontró con el chico cogiendo aire como pudo y con las mejillas totalmente coloradas.

—Oye —lo llamó, agachándose para poder mirarle a los ojos. Le puso una gran mano sobre la cabeza a modo de paraguas, como si así pudiese parar toda la lluvia que seguía mojándolo —. ¿Puedes caminar?

—Mnh... —Zenitsu asintió con la cabeza, pero seguía apoyado en Uzui.

—No te creo.

—Me da igual. Estoy...estoy bien —el estornudo no ayudó mucho a su declaración, el estremecimiento y sus ojos cada vez más entrecerrados tampoco. Pudo ver que su maestro hizo una mueca, seguramente molesto por su comportamiento.

—No lo estás, idiota —Él frunció el ceño y su paciencia, que no era mucha la verdad, se acabó cuando vio cómo las piernas de Zenitsu flaquearon, a punto de ceder. Bufó y, para agilizar las cosas, levantó al rubio del suelo sin mucho esfuerzo —. Que sepas que te estoy cobrando esto.

—Yo no…

—Ni una palabra —Con una mano en su espalda y otra en la flexión trasera de sus rodillas, hizo que el más pequeño se pegara a su pecho —. Y agárrate bien o te suelto.

Zenitsu se sentía tan mareado y tan enfermo que no hizo más que obedecer a Tengen de manera tímida y algo mecánica. Rodeó el fuerte cuello cuando el hombre empezó a caminar con grandes zancadas para acortar el trayecto lo máximo posible. Ser así de alto debía tener sus grandes ventajas.

Aunque los dos estaban ya mojadísimos, Zenitsu no pudo evitar sentir una agradable calidez en el pecho y podría decirse que estaba genuinamente cómodo, como si cada paso de Uzui se acompasase a los latidos de su corazón. Al final se dejó arrastrar por esas oleadas febriles y el extraño confort de la situación y dejó caer la cabeza en el hombro del otro.

—Oye, ¿cómo esperas que sepa dónde vives si te quedas dormido? —al no recibir una respuesta, Uzui sacudió el cuerpo que llevaba en brazos —. Agatsuma…Oye… ¡Zenitsu!

Lo que recibió como respuesta fue una mano ágil que le subió por el cuello hasta colar los dedos entre los mechones blancos y empapados de su nuca. Uzui tensó los brazos que agarraban al chico y apretó la mandíbula. ¿Por qué tenía que hacer eso? ¿Por qué tenía que recordar su pequeño descubrimiento sobre las actividades nocturnas del chico a causa de esa acción?

—Uzui-sensei —siseó de repente el rubio, prácticamente pegado a su oreja.

—¿Qué? —contestó brusco, con el ceño fruncido. Se había sobresaltado tanto, que había aminorado el paso, pero aun así intentaba seguir centrado en el camino —. ¿Ya me dirás por dónde sigo?

—Eres cálido —murmuró Zenitsu en cambio, poniendo la nariz mojada y fría en su cuello.

Tengen frenó en seco y bajó la mirada hasta encontrarse con la de su alumno. Estaban muy cerca, pero la expresión de Zenitsu era tranquila, afable...y definitivamente febril.

—Ahora estás delirando —Uzui no sabía si eso le aliviaba o justo lo contrario, pero no tuvo tiempo a decidirlo porque de repente Zenitsu le agarró la cara, poniendo las palmas frías contra sus mejillas —. Mira, niño-

—Yo no deliro —parecía muy serio al decirle eso, pero sus ojos estaban cada vez más entrecerrados y vidriosos y su cara más roja.

—¿Entonces qué estás-

Sin ningún tipo de esfuerzo, Agatsuma Zenitsu logró callar a Uzui Tengen más rápido de lo que nadie había podido jamás. Como si fuese un gesto natural entre ellos y aprovechando que sus pálidas manos aún estaban en las mejillas ajenas, el rubio simplemente acortó esos molestos centímetros entre un rostro y el otro y lo besó. Fue un beso tierno, delicado; sólo un par de labios tocando los de Uzui de manera aniñada y algo torpe. También era húmedo por la lluvia, pero en absoluto frío como las gotas de la misma: esa simple presión que ejerció Zenitsu sobre sus labios hizo que en su cuerpo se prendiera la llama tan rápido como cuando se encendía un mechero.

Él respiró más fuerte, sus brazos apretaron más al chico al que sostenía y se olvidó por completo de que estaban en mitad de la calle, bajo la lluvia, que era mayor que él, que era su maestro, y que uno de los dos estaba enfermo... cosa que sólo recordó cuando la cabeza de Zenitsu cayó hacia un lado y volvió a quedar sobre su propio hombro.

Echó una breve mirada al rubio y se dio cuenta que se había quedado dormido. Le tocó la frente empapada y notó lo caliente que estaba a pesar de la fría lluvia.

—Pues bien, que mierda —masculló para sí mismo.

Acomodó mejor al chico y miró alrededor para volver a poner los pies en la tierra, reubicándose. Le costó un poco centrarse después de lo que acababa de pasar, pero no tardó demasiado en darse cuenta de que su apartamento estaba en la siguiente calle y todavía no tenía ni idea de dónde estaba la casa de Zenitsu.

Algo muy adentro suyo le dijo que lo que estaba pensando no acababa de estar bien moralmente—como si fuese una persona muy moral, para empezar. Acababa de dejar que su alumno lo besara—, pero su sentido más lógico le dijo que tenía que encontrar un refugio rápido para el niño y ayudarle a recuperarse de la inminente gripe lo antes posible.

Así que tomó una decisión y se dirigió hacia su apartamento, queriendo no darle más vueltas al asunto.

.

El sonido de las llaves y una puerta cerrándose hicieron que los ojos de Zenitsu empezaran a parpadear débilmente. Sentía el cuerpo flácido, pero alguien lo estaba cargando y llevando por un sitio oscuro del que no logró reconocer las siluetas. Sólo por la manera en que lo sostenían y lo lejos que se sentía del suelo, recordó que quien lo estaba cargando era Uzui, también que estaba así porque le había dado un subidón de fiebre y luego…había un suceso en su memoria un poco borroso. Algo como que lo había besado. Esperaba fuertemente que eso solo fuera producto de alucinaciones por la fiebre.

—Ya sé que estás despierto —le dijo Uzui justo antes de encender una lamparita que le hizo entrecerrar los ojos. No reconoció absolutamente nada del lugar.

—¿Dónde...?

—En mi casa —contestó él rápidamente. Su voz sonaba extraña, tensa. Tal vez lo que pensó que había sido una alucinación en realidad ocurrió.

—Casa… ¿qué? —murmuró.

Entonces Uzui lo dejó caer—o lo tiró, mejor dicho—sobre el gran colchón de mantas revueltas y eso hizo que Zenitsu volviera en si de repente y exhalara todo el aire de sus pulmones. Estaba en la casa de uno de sus maestros, probablemente el tipo más atractivo que había conocido en toda su vida, estaba de noche y había una gran posibilidad de que lo hubiese besado algunos minutos atrás. Zenitsu quería morir justo ahora, de ser posible. No se dio cuenta cuando fue que Uzui salió del cuarto y volvió—porque estaba demasiado ocupado revolcándose en su miseria—, con ropa seca puesta y con una toalla sobre la cabeza y otra en la mano, extendiéndosela.

—¿Puedes secarte tú mismo? O también lo tengo que hacer yo.

Los comentarios de ese tipo en particular tocaban los nervios de Zenitsu muy fácilmente. Él le arrebató la toalla de la mano con brusquedad y lo miró con el ceño fruncido, aunque el efecto hubiese sido mejor si no tuviese las mejillas rojas por la ira, la vergüenza y la fiebre.

—¡Puedo hacerlo yo solo, viejo pervertido!

El tipo todavía tenía el descaro de sonreírle. —Si bueno, dijiste que podías caminar solo, y terminé arrastrando tu lamentable trasero hasta aquí.

—Qué amable —respondió el menor, con sarcasmo, rodando los ojos —. ¡Eso fue diferente! ¡Me desmayé prácticamente!

La sonrisa de Uzui se hizo más grande. Desde que lo tenía como alumno, le gustaba molestarlo porque sus reacciones siempre eran interesantes de ver. Eran reacciones exageradas; extravagantes, como lo describiría con su palabra favorita. Con eso en mente, se acercó al chico en ese momento. ¿Cómo reaccionaría ante su repentina cercanía?

Zenitsu le observaba de reojo, amasando la sábana que tenía bajo él con las manos por el nudo de nervios que tenía en el estómago. Nervios que aumentaron cuando notó cómo unas grandes manos le agarraron los pies, le quitaron los zapatos y los calcetines. A duras penas, consiguió erguir el torso y quedar sentado. —¡Ya dije que puedo hacer eso solo!

El hombre mayor negó con la cabeza. —No te creo una palabra, y lo haré yo. Será breve —y, aún agachado, aprovechó que Zenitsu se había incorporado y le desabotonó la chaqueta.

—¡No necesito su ayuda! —su chaqueta empapada cayó al suelo, y el rubio empezó a respirar con dificultad a causa de algo que no tenía nada que ver con su estado enfermo. Las manos de Uzui se aferraron a la tela del pantalón mojado también, dándole un tirón a la prenda hasta las rodillas, dejando en pánico a Zenitsu —. ¡Hey! —fue tan brusco que Zenitsu le agarró el pelo blanco, ya sea por el susto, por los nervios o como aviso.

—Deja de moverte —Uzui subió entonces al colchón, quitando la mano de su cabello, dispuesto a acabar lo que había comenzado a pesar de que Zenitsu se había volteado y manoteaba sin mirar hacia atrás e intentaba seguir gateando boca abajo por la cama —. Ven aquí. Deja de ser molesto y llorón que me estás empapando la cama.

—N-no... —a pesar de la negativa, Tengen agarró un brazo del menor y lo giró, haciéndolo quedar boca arriba.

Se encontró con un rostro enrojecido, casi jadeante por el esfuerzo, el pelo revuelto y un cuerpo medio desnudo que Uzui tuvo claro en ese momento que deseaba bajo él, caliente y gimiendo con las piernas abiertas y él entre ellas. Su mirada estaba tan fija en su cuerpo y era tan penetrante y candente que Zenitsu acabó desviando los ojos hacia otro lado, seguro de que lloraría en cualquier momento, mordiéndose el labio inferior para evitar sollozar.

—Esto…no me está gustando.

—No te hagas el chico bueno ahora —la voz ronca de Uzui hizo que el cuerpo de Zenitsu se sacudiera, y definitivamente el calor en su cuerpo era por las repentinas oleadas de excitación.

—Y-yo no sé de qué habla.

—¿No?

Dejando caer parte de su peso en las caderas de Zenitsu para más comodidad, llevó sus manos al borde de la camiseta que el rubio aún llevaba puesta y la empezó a subir, destapando una piel casi tan pálida como la tela que la cubría. Su abdomen plano y ligeramente marcado, al igual que los pequeños y claros pezones, se sentían exactamente como los había imaginado desde anoche, cuando fue un visitante en su página web. La visión le hizo entreabrir los labios, y sentía cómo incluso salivaba más de la cuenta, pero no dejó de subir la camiseta hasta que Zenitsu sacó la cabeza y los brazos de ella.

A la vez que lanzó la empapada tela a algún lugar de la habitación, una de sus manos se plantó en uno de los costados del adolescente rubio. Zenitsu, por su parte, observó esa peligrosa mano con la respiración contenida y manteniendo la postura en la que le había dejado Uzui al quitarle la camiseta, mientras este arrastraba la mano desde el costado hasta rozar el pezón con el pulgar, ganándose un pequeño sonido de placer proveniente de Zenitsu por el estremecimiento que le causó la acción.

—De eso hablo. ¿Deberíamos seguir haciéndonos los estúpidos? O lo vamos a asumir como personas grandes. Adivina cuál es la mejor respuesta.

—¿Seguir haciéndonos los estúpidos? —él respondió con voz temblorosa.

—Adivina otra vez.

Presionó sus labios juntos. —A-asumirlo…

—Así es, chico listo.

—P-pero tiene esposas, ¿no? ¿Eso no es engaño? ¡Definitivamente es engaño!

Uzui lo miró, estupefacto. Eso era de no creer viniendo del chico de la webcam. —no, no es engaño. Tenemos una relación abierta, ¿sabes lo que eso significa? —él acercó más su rostro al del chico, casi rozando sus narices. Le divirtió oírlo tragar —. Puedo tener relaciones sexuales con quien quiera y lo mismo ocurre con ellas.

A pesar de la tensión en el ambiente y el poco autocontrol del que gozaba Zenitsu en el momento, se tomó un tiempo para observar al hombre de ojos violetas que estaba sobre él. Sus labios pálidos y finos, sus hombros anchos, sus brazos de aspecto fuerte y con músculo duro. Sus ojos de fiera hambrienta recorrieron una y otra vez toda parte visible del otro, y ya sentía que se le iba a salir el corazón por la garganta. Gimió ante el pensamiento de querer que Uzui lo destrozara aquí y ahora, sin piedad y con fuerza.

—Toma una foto —no podría importarle menos si él se había dado cuenta de que lo había estado mirando. Zenitsu iba a saltar sobre él justo ahora y seguramente tendría el mejor sexo de su vida.

Lo habría hecho si el sonido de un teléfono celular no hubiese roto el momento de manera tan abrupta; tajante. Zenitsu parpadeó y se alejó de golpe, con un movimiento mecánico, demasiado cohibido por sus pensamientos y lo que había estado a punto de ocurrir incluso para mirar a Uzui. Clavó sus ojos al frente, mientras Tengen se movió, suspirando, para contestar. La llamada acabó pronto, y el rubio hizo todo lo posible por no estar tan consciente de la mirada del otro hombre sobre él.

Tampoco quiso saber por qué el siguiente suspiro que soltó Uzui sonó decepcionado. —¿Quieres que te lleve a tu casa? —Zenitsu asintió inmediatamente. No quería estar más ahí —. Encenderé el auto. Termina de secarte y ponte la ropa que está allí —con eso, él fue el único en la habitación.

El viaje fue por mucho el más incómodo que Zenitsu alguna vez haya tenido. No sabía que debía decirle o como se supone que debía tocar el tema de que, aparentemente, le atraía su maestro de arte. Tampoco sabía que decir sobre el asunto del beso—que ya creía, había sido algo cien por ciento real y no una alucinación—ni mucho menos sobre haber estado a puertas de acostarse con él. Le parecía irreal que un tipo como ese siquiera se fijara en alguien como él. Una vez el auto parqueó al frente de su casa, el rubio salió despavorido, sin siquiera despedirse o dar las gracias, pero se detuvo abruptamente antes de abrir la puerta.

No quería terminar las cosas así.

Con el impulso repentino de valentía, giró sus talones y volvió al auto, abriendo la puerta y sentándose en el asiento del copiloto, que había ocupado no hacía más de dos minutos.

—¿Tiene un bolígrafo? —preguntó, no dándole tiempo a Uzui de cuestionarlo, porque perdería el impulso. El hombre mayor asintió y le entregó un bolígrafo. Zenitsu inmediatamente tomó su mano y escribió el URL de su sitio web y el número de su teléfono. Eso debería ser invitación suficiente, ¿no? —. No podré entrar a la página porque me corté estúpidamente y me será difícil hacer ciertas cosas teniendo en cuenta que fue mi mano dominante la lesionada, y además estoy enfermo, pero en una semana probablemente esté como nuevo así que…en una semana, a las once de la noche —había hablado tan rápido que lo único que Tengen podía hacer fue asentir —. Gracias por esta noche —y volvió a huir como alma que llevaba el diablo.

Se giró una última vez para mirarlo. El contacto visual de Uzui era intenso. Él arqueó una ceja y Zenitsu asintió. Por la forma en que la sonrisa se extendió lentamente por su rostro, arqueando esos labios besables e iluminando esos ojos centelleantes, pensó que eso era buena señal.

Finalmente, entró a su casa.

.

Sentado en su escritorio, Tengen sintió una llamarada de...algo que era difícil de cualificar. Ese jodido mocoso le dio la maldita dirección de su sitio web. ¿Qué invitación más clara podría haber? Pero aun así no estaba seguro. ¿Debería realmente iniciar sesión y mirar? Había pasado una semana desde aquel incidente, y durante las clases en la escuela no pareció cambiar mucho su dinámica. A veces se sobresaltaba de más si Uzui se le acercaba por detrás, pero por lo general actuó como un chico normal. ¿Recordaría siquiera haberlo invitado a apreciar su actuación? Sólo Dios lo sabía, el chico había estado bastante febril aquella noche.

Parte de él quería no importarle, solo verlo volver a deshacerse, y perseguir su propio placer mientras sus ojos se deleitaban con ello. Pero su parte moral y estúpida le dijo que debía estar seguro de que el chico era consciente de lo que había hecho y lo que posiblemente podría pasar entre ellos si seguían en esa…dinámica, así que sacó su teléfono y marcó al número que también le había dado, por primera vez.

Parecía durar una eternidad, y él esperaba ser arrojado al correo de voz, pero Zenitsu lo sorprendió al contestar.

—¿Sí? —su voz era agitada, claramente ya se estaba preparando para su trabajo.

—Oye… —se dio cuenta de que estaba vacilando en lo que quería decir, y se tomó un momento para pensar coherentemente. Maldita sea, esto no debería ser tan difícil, él era el adulto, por amor de Dios —. Mocoso, me diste la dirección de una página web, ¿correcto?

Pudo escuchar su respiración entrecortándose y un suspiro tembloroso. —Lo hice. ¿Por qué? ¿Va a juzgarme por eso?

—No. Solo asegurándome de que no te arrepientas, ahora que no estás enfermo y delirante.

No estaba delirante —la respuesta hizo reír a Uzui. Todavía es bueno molestarlo —. Y no, no me arrepiento, pero gracias por preguntar.

—No hay problema. Llámalo una vista previa a tus servicios, entonces.

¿Sabe qué? Me arrepiento totalmente.

—No, no lo haces —con eso, Uzui colgó y se quedó mirando la pantalla de inicio de su teléfono, el cual vibró al recibir una notificación de mensaje nuevo.

Era un usuario y una contraseña. Por supuesto, Zenitsu no sabía que él ya tenía su cuenta propia porque ya había entrado al sitio. Tal vez se lo contaría algún día.

Puso el teléfono a un lado e inició sesión en el sitio web, seleccionó su canal y vio que su cuenta nueva tenía algún tipo crédito, ya que no le cobraba para conectarse. Las cejas se levantaron una vez que se cargó la página: no solo se cubrió su acceso, sino que tenía un saldo a su favor, asegurando que podría quedarse durante todo el espectáculo sin pagar. Bien, está bien, premiaría al pequeño mocoso después.

Tengen se quitó la camisa, la arrojó a un lado y se desabrochó el pantalón, poniéndose cómodo para mirar. Cuando la imagen se conectó, Uzui sonrió. Se veía a Zenitsu desde el cuello hacia abajo, sin camisa y con el pantalón del uniforme medio puesto, el chico descarado. ¿Cuánta gente aquí sabría que en realidad era un adolescente? El espectáculo ni siquiera había comenzado y ya estaba medio duro.

Hola, sus palabras aparecieron en la ventana de chat. Lo siento, he estado fuera tanto tiempo. No los aburriré con los detalles, pero me alegro de verlos aquí.

Uzui vio fluir respuestas desarticuladas, algunas escritas coherentemente y otras no tanto. Sus ojos se clavaron entonces en el suave ascenso y descenso de su caja torácica, aunque ocasionalmente miraba por la ventana de chat para ver si Zenitsu decía algo más. Finalmente lo hizo.

Hoy habrá espectáculo especial. El juego previo no durará mucho. Tengen se echó a reír. Si se lo hubiesen contado, realmente no hubiera creído que el asustadizo Zenitsu podía tener a un par de docenas de personas pagándole por verlo follarse a sí mismo.

lo vio comenzar a quitarse los pantalones y rápidamente escribió: Déjalo puesto por un rato.

Sus manos parecieron detenerse inmediatamente. Mientras él observaba, el rubio llevó una mano a su pecho, bajando por el costado lentamente, apretando por donde pasaba. Cuando aparecieron las siguientes palabras en la ventana del chat, se dio cuenta de que estaba usando una aplicación de voz a texto, inteligente.

Sé cómo tocarme ... pero desearía que fueras tú.

De alguna manera, Tengen sabía que ese mensaje era para él. Puso los ojos en blanco ante la respuesta del resto de la audiencia, pero se dio cuenta de que le estaban dando un buen dinero por esto. Debió haber hecho esto por eso, pensó. Él miró su monitor mientras Zenitsu se pellizcaba los pezones y los rodaba entre sus dedos hasta que se endurecieron en picos tensos.

Se preguntó brevemente, ¿cómo se sintió, sabiendo que no solo estaba siendo observado por gente al azar, sino también por él?

Uzui deslizó un poco sus pantalones hacia abajo, liberando su erección y acariciándola lentamente. No quería venirse todavía; él quería ver qué iba a hacer el chico a continuación.

Y no estaba decepcionado.

Fiel a sus palabras, el juego previo no duró mucho. Esas manos se deslizaron de sus pectorales, recorriendo los costados de su cuerpo y sobre sus caderas y muslos aún vestidos. Separó las rodillas y abrió el pantalón, deslizándolo lo suficiente como para que Uzui pudiera ver dos cosas: no traía puesta ropa interior y ya había una dura erección esperando a ser tocada.

Mastúrbate lento, escribió.

Tal vez no era muy moral y respetable de su parte, pero a la mierda si él no quisiera estar dentro de él, lamerlo y morderlo, saborearlo y hacerlo gemir en voz alta. ¿Sería dulce? ¿Salado? ¿Lloraría mientras lo follara? Probablemente, considerando que era Zenitsu, y el pensamiento lo calentó aún más. Todo lo que él sabía era que el chico sería increíble bajo su boca, sus manos, su cuerpo. Ver y no tocarlo de repente fue sólo un sustituto, pero recordó que después de esto, probablemente podría hacer mucho más que ver si solo se lo propusiera al chico.

Su erección palpitó cuando el rubio obedeció su sugerencia apresuradamente escrita. Tengen observó fascinado mientras deslizaba su mano de arriba hacia abajo a una velocidad pausada. Cuando Zenitsu levantó la cámara, todo quedó negro por un momento. Cuando el color regresó a la pantalla, la sangre fue directamente entre sus piernas. Los pantalones ya no estaban. Zenitsu estaba completamente desnudo y de espaldas a la cámara, dándole una visión perfecta de su trasero bien formado. Sus manos estaban a cada lado de sus nalgas, revelando cada pulgada íntima de sí mismo a sus ojos, para luego penetrarse con un juguete y Tengen casi pudo escucharlo gemir ante la intromisión, aunque en su imaginación lo había penetrado él en lugar de esa cosa de plástico.

Se había olvidado por completo del chat desde ese momento y esperaba que Zenitsu no se molestara por su falta de respuesta textual. Uzui tenía una mano sobre su miembro y la otra agarrando el brazo de su silla, como si se cayera sin el apoyo. De alguna manera, el rubio debió haber preestablecido su cámara para acercarse en un momento específico, ya que bajó las líneas pálidas de su cuerpo hasta que se enfocó únicamente en su agujero siendo penetrado. Y, oh, el viaje fue un placer. Cuando el ángulo de la cámara se afinó en ese lugar, lo vio empujar sus muslos tan separados que pudo ver temblar los músculos, aunque tal vez eso fue por la excitación. Era difícil saberlo desde su punto de vista. Se imaginó lamiendo la gota de sudor que rodó desde su nuca hasta la parte baja de su espalda.

Con un gruñido, se dio cuenta de que estaba peligrosamente cerca del clímax. Disminuyó la velocidad de su mano sobre su erección y entonces ocurrió lo del espectáculo especial que el chico había mencionado al principio. Uzui observó cómo Zenitsu aumentó la velocidad de sus movimientos de arriba hacia abajo, llegando hasta la base del juguete y luego deslizándolo casi completamente fuera. Podía ver sus hombros tensarse y soltarse, y se preguntó si eso era una señal de que estaba cerca de venirse, cuando el micrófono fue abierto repentinamente, dejando que los espectadores escucharan los gemidos que salían de su boca y automáticamente recibió más dinero por eso.

Un momento después, su cuerpo se vio envuelto en un espasmo tan masivo que Tengen casi pensó que podía sentir su piel sudada y rojiza contra la suya mientras el chico se venía. Apretando su mano alrededor de su miembro, acarició más rápido, más fuerte, observando los espasmos de su pequeño cuerpo, y luego soltó un gruñido, incapaz de verlo mientras su mente se quedaba momentáneamente en blanco a causa del orgasmo.

Con los ojos violetas parpadeando abiertos nuevamente y tratando de concentrarse, vio que Zenitsu había desconectado el video.

Una sonrisa se formó en sus labios. Ese chico era toda una caja de sorpresas, diferente al resto de personas, desde el color de su cabello, hasta la forma en la que se ganaba el dinero, pero eso a Uzui podría importarle menos. Siempre tuvo una debilidad por las personas fuera de lo común.

.

Llevaba un buen rato a oscuras, mirando el techo de la habitación mientras escuchaba los ronquidos horribles de Inosuke y algún otro compañero hablando dormido. El viaje a ese museo de arte no pudo haber sido la mejor de las ideas de Uzui. Pero bueno, el hombre no tenía buenas ideas a menudo, tampoco. ¿Cómo no se le ocurrió averiguar los horarios del museo? Tuvieron que buscar un hotel a última hora porque el museo solo abría sus puertas los fines de semana. Así que ahí estaba Zenitsu, solo en una cama pequeña que crujía cada vez que se movía, envuelto en mantas y ropa que olían peor que leche pasada y con un insomnio tremendo patrocinado por uno de sus mejores amigos.

Entre palabra y palabra de su compañero que hablaba dormido, se permitió darle vueltas a todo lo que había pasado con Uzui desde el día en que le dio la dirección de su sitio web y la última conversación que tuvieron por teléfono. De eso ya había sido una semana y Zenitsu tenía los nervios de punta, porque solo había tenido la oportunidad de verlo en la escuela, con solo toques robados aquí y allá, pero nada más. Si era honesto consigo mismo, no se arrepentía en absoluto de nada, si hubiera sabido la emoción cruda que experimentaría al actuar conociendo a una persona en la audiencia, se habría sentido tentado a hacerlo antes. Darle a Uzui su URL había sido un desliz de una persona febril, atontada y con una resolución repentina de valentía, pero una vez que se calmó y tomó medicinas, decidió que no era la peor manera de expresar su interés hacia el hombre, pero le preocupaba que el mayor si estuviese arrepentido—a pesar de que eso no sonaba como Uzui en lo absoluto—. Pero no parecía ofendido ni nada, lo que era un alivio, o un juicio crítico, que era asombroso.

Bufó y se incorporó en la cama, quedándose con la mirada fija en el oscuro vacío. Si no resolvía esto ahora no iba a poder dormir ni hoy ni nunca. Tenía la opción de no hacer nada, dejar que aquello pasara y seguir esperando a que Uzui tomara la iniciativa—como casi siempre—y se lanzara si es que quería hacerlo, pero... ¿y si con el tiempo perdía la atención conseguida hasta ahora por culpa de sus inseguridades y falta de confianza? ¿Qué pasaba si dejaba de interesarle de esa manera? Sería doloroso. Pero una cosa era hacer todo lo que hacía frente a una cámara; la realidad en ese momento era que estaba solo y confinado en su habitación, teniendo el control absoluto de la situación. Estar frente a frente con una persona y tener que actuar en ese momento según como fuera la situación sería totalmente nuevo para él, y Zenitsu era asustadizo, más si la persona en cuestión era su maestro de arte. Él era guapo, divertido, un poco arrogante a veces y molesto como el infierno, pero entre todas sus capas de extravagancia podía ver la forma genuina en que se preocupaba por los que lo rodeaban.

Por otra parte, Zenitsu estaba en un contexto de ahora o nunca: el único momento que tenían para pasar juntos era en este horrible viaje escolar y por fin deshacerse de toda la tensión sexual que se palpaba cuando ambos estaban cerca. Esta era su única oportunidad de tener algún tipo de intimidad física con Uzui. Era una oportunidad hecha de oro y sería un idiota si no la tomaba.

Sacudió la cabeza con fuerza para quitarse las inseguridades a la vez que apartó las mantas violentamente para dejar caer las piernas por el borde de la cama. Esperaba que Tomioka-sensei no estuviera durmiendo en la misma habitación que Uzui, porque ese era su destino y de allí no saldría hasta resolver ciertos asuntos.

No le fue difícil ser sigiloso mientras salía a los pasillos. Sus pies no hicieron ningún ruido al arrastrarse por el suelo ni la puerta del cuarto crujió cuando la abrió y asomó la cabeza al salón. Se encaminó rápidamente a la habitación en la que había visto a Uzui desaparecer por última vez, y al abrir la puerta, vio los brazos del hombre cruzados detrás de la cabeza, tumbado cuan largo era en esa cama, que por muy ancha que fuera, no cumplía de la misma manera con la longitud, por lo que los pies del maestro sobresalían por el otro extremo. Era demasiado grande para dormir ahí, y la vista hizo que Zenitsu se riera un poco.

Él estaba solo en la habitación. Perfecto.

El rubio se acercó sin prisa, aunque ya no tan convencido de lo que se disponía a hacer. Antes de alcanzar la cama, Uzui se giró hacia el costado, quejándose. Cuando abrió los ojos momentáneamente, vio una silueta justo delante de su cama. Una silueta que parecía un jodido fantasma.

—¡¿Qué mierda?! —Sobresaltado, se sentó en la cama, agarrando la manta que le cubría hasta que se dio cuenta de que la silueta era Zenitsu —. ¡Mocoso idiota! ¿Qué? ¿Te pasa algo? ¿Te encuentras mal? —preguntó a trompicones, observando con los ojos muy abiertos a su alumno.

—No me encuentro mal —el chico murmuró, ya intimidado y a punto de perder la resolución que había tomado antes de llegar aquí. Necesitaba otra oleada de confianza si quería realmente seducir al tipo esta noche.

—¿El bebé llorón tiene miedo? —los ojos violetas lo escanearon de arriba abajo y Zenitsu sintió una tensión involuntaria en los músculos del abdomen que le hizo encogerse, no prestándole atención a lo de "bebé llorón".

—N-no —el rubio siguió ahí de pie y, tanto el tono de su voz como su titubeo, hicieron que el otro siguiera callado y expectante, sabiendo que no había acabado de hablar —. ¿Puedo dormir aquí?

—¿Cómo? ¿Aquí? ¿Los dos? —Zenitsu se encogió aún más y definitivamente pensó que era demasiado cobarde para decirle directamente lo que quería, y odiaba que Uzui no pudiera sólo adivinarlo —. ¿Te parece que esto es un hotel cinco estrellas? Apenas y la cama aguanta a uno.

Fue una mala idea haber venido. Una muy terrible idea, de verdad. Zenitsu asintió, tragando saliva para después girarse hacia la puerta. —Si. Es verdad. Tiene razón. Ya me voy. Lo siento —pero antes de que pudiese dar un paso más y desaparecer, fue repentinamente jalado a la cama, sin una palabra más por parte de Uzui.

Poco a poco, Zenitsu fue destensándose y se acomodó mejor en el hueco que le quedó entre el borde de la cama y el cuerpo de Uzui. Intentó quedarse tumbado boca arriba, pero así no consiguió conciliar el sueño—a pesar de que sabía que no estaba allí precisamente para dormir—, además...estaba demasiado apretado. Esa cama era más ancha que la que tenía para él, sí, pero no para Uzui y una persona de más. Se giró de costado, entonces, dándole la espalda al otro.

—Uzui-sensei.

—¿Qué?

—Estoy en el borde, me vas a tirar —Zenitsu optó por dejar de dirigirse formalmente a él. No valía el esfuerzo, y el tipo ya lo había visto desnudo, de todas formas.

Tengen bufó, pero sabía que era cierto. —Pues te podrías haber quedado en tu maldita cama si no querías estar así —a pesar de sus palabras, el hombre se movió y se tumbó de lado, encarando la espalda del chico —. ¿Mejor? —refunfuñó.

Zenitsu se intentó acomodar mejor, aun dándole la espalda a Uzui, pero muy consciente de que él le estaba mirando. —Sí, mejor —hubo unos minutos de silencio, y Zenitsu sintió que era ahora o nunca. No lo estaba mirando, así que no tenía forma de evaluar su reacción.

Pero, ¿qué decir? ¿Por dónde tenía que empezar? El silencio no hacía nada para calmarlo. Cielos, ¿por qué era tan tímido ahora? Uzui literalmente había visto todo lo que él tenía para ofrecer, así que ¿por qué las mariposas revolvían locamente su estómago ahora, solo por acostarse a su lado? La verdad, sabía la respuesta muy en el fondo. Siempre la supo. Estaba muy inseguro de sí mismo porque, ¿qué tenía de bueno para que un hombre como ese le prestara atención? Un hombre que tenía tres esposas hermosas.

—Habla —invitó Tengen, rompiendo el silencio, y Zenitsu sintió que sus mejillas se calentaban inexplicablemente con un sonrojo —. Sé que no estás dormido. Puedo prácticamente sentirte temblar, así que habla de lo que sea que te aqueje o te voy a echar.

El rubio tomó aire antes de dejar salir las dos dudas que tenía. —¿Por qué yo? ¿Por qué fijarse en mí? Y… ¿realmente no te importa lo que hago? Quiero decir, yo… —Zenitsu se fue apagando poco a poco, incapaz de expresarse más claramente.

—¿Eso era todo? Vaya mocoso tonto.

—Cállate.

—Patético.

—¡Cállate!

—Eres interesante y no, no me importa en lo absoluto lo que hagas. Lo haces bien, si soy honesto.

—¡Dije te ca-! ¿Qué? —las palabras poco a poco, una a una se fueron registrando en su mente acelerada mientras las lágrimas comenzaban a picarle los ojos. Era bueno que siguiera de espaldas. Así él no podría burlarse de eso.

—¿Vas a llorar? —replanteando, Uzui también tenía un sentido del oído agudo como el suyo. Se daría cuenta. O sólo lo conocía muy bien.

Pero negaría el hecho con vehemente mientras pudiera. —Te odio.

—Uhm —el sonido fue vago y realmente no significaba nada —. Como sea. Duérmete si no es más.

El silencio cayó por unos pocos minutos nuevamente, pero esta vez fue Zenitsu quien lo rompió.

—Es verdad que eres cálido —susurró, recordando lo que le había dicho durante esa noche en medio de la lluvia, buscando las piernas ajenas con las propias para entrelazarlas —. Me refiero a tu temperatura corporal.

—¿Vuelves a delirar? —contestó costosamente el otro, sintiendo que le iba a explotar la cabeza si este chico no hablaba claro de una jodida vez.

Zenitsu rodó los ojos. —No he delirado en ningún momento. Además, si tuviese fiebre en este momento yo estaría más caliente que tú y no es así.

Si lo pensaba mejor, no necesitaba comunicar lo que quería ahora con palabras; las acciones hablaban mejor, a fin de cuentas.

Volviéndose un poquito audaz, el rubio se movió para recolocarse contra Uzui y apretar su parte trasera contra su regazo. La emoción se elevó en él cuando el mayor respondió positivamente, poniendo una de sus manos en su cadera y apretando fuertemente. Zenitsu, con ese simple toque, sintió en su mente una cuenta regresiva hacia el desastre, como si fuese una bomba. Tres, dos, uno... erección. Con los ojos fuertemente cerrados, comenzó a mover la cadera de una manera demasiado obvia, demasiado descarada, haciendo que la creciente erección de Uzui se rozara contra él. La mano en su cadera se enganchó más fuerte, como si quisiera controlar el contoneo. Con su corazón latiendo a mil y su rostro enrojecido, Zenitsu se mordió el labio y ahogó un sonido delator de placer. Le encantó sentir el fuerte agarre en su cadera, la erección contra su trasero y la figura imponente que tenía tras él, pero todo fue aún mejor cuando Uzui comenzó a empujar hacia adelante con la pelvis, coincidiendo con sus movimientos hacia atrás, y subió y bajó la mano por su costado lentamente, como si no lo estuviese haciendo deliberadamente. Los dedos rozaron el final de la camiseta y el inicio de su piel, para después seguir bajando hasta que llegó al principio de su muslo. Ahí la mano frenó y Zenitsu pudo dejar de contener el aliento.

—¿Qué quieres?

Zenitsu no le respondió. En cambio, Uzui sintió una tímida mano sobre la suya, haciendo que arrastrara la palma más abajo y entre sus pantalones, instándolo a que abarcara más piel, que empezara a rodear el muslo con sus largos dedos y los colara por el interior de su pierna...el jodido niño era un maestro en la seducción y ni cuenta se daba de ello. A Zenitsu se le escapó una exhalación de satisfacción entre los labios cuando sintió los dedos de Uzui cerca de su ingle y echó la cabeza hacia atrás con absoluto placer cuando él estrelló su entrepierna, dura como una piedra, contra su trasero. Luego todo el movimiento se detuvo. Uzui le estaba exigiendo una respuesta verbal.

—Sabes lo que quiero —se las arregló para decirle, esperando que el sonido de su voz fuera fuerte y clara en sus oídos.

Tengen arqueó una ceja y sonrió. —Sí, lo sé.

—Entonces, ¿por qué…? —la idea llegó a su cerebro tan pronto como lo escuchó reír —. Me vas a hacer rogar, ¿no?

—Por supuesto —dijo —. Burlarme de ti hace parte de mis pequeños placeres de la vida.

—No voy a rogar.

—Has hecho cosas peores. ¿Quieres que te recuerde lo bien que te follas a ti mismo?

La declaración le coloreó la cara y lo hizo sentarse de golpe en la cama. —¡No me importa, prefiero morir antes de rogar!

—Lloras por casi cualquier cosa, dudo que quieras morir voluntariamente.

Zenitsu podía sentir una vena a punto de explotar en su cabeza. Miró de reojo hacia atrás, y pudo observar la sonrisa complacida de Uzui. Esa que le decía con dientes blancos que iba a ganar porque el rubio cedería tarde o temprano a lo que él quería.

—Quiero que sepas que te odio —miró hacia otro punto de la habitación y tragó ante la inminente humillación —. Por favor.

—Por favor, ¿qué?

Zenitsu mordió su labio. La cantidad de sangre que se acumulaba en su rostro hacía que su cabeza girase, y la sensación empeoraba con Uzui tocándole la espalda por debajo de su camiseta. Su cuerpo tembló, ansiándolo como si nunca hubiera deseado otra cosa en su vida.

—Por favor… —pero no podía. Era demasiado vergonzoso decirlo.

No lo había sentido moverse hasta que sus suaves labios rozaron repentinamente la piel de su nuca, burlándose de él con su lengua mientras lamía y besaba. No se demoró demasiado en los toques suaves antes de comenzar a chupar agresivamente un lugar dulce y delicado que hizo que Zenitsu gimiera al instante, apretando las caderas para encontrar algo de fricción, cualquier fricción en este punto. Había estado tan duro durante tanto tiempo que su erección palpitaba, rogando por su liberación.

—Quieres que te folle hasta que solo seas un desastre, gritando y llorando —las palabras susurradas directamente en su oído tuvieron un efecto potente —. Dilo.

Uzui lo mordió después, aplicando presión sobre la curva sensible de su cuello, y Zenitsu ya no pudo aguantar más.

—¡Sí! ¡Quiero que me folles hasta que sólo sea un desastre lloroso! —se giró para mirarlo con lágrimas cayendo de sus ojos —. ¿Estás contento?

La boca de Zenitsu se cerró de golpe a la vez que Uzui se incorporó con uno de sus fuertes brazos lo suficiente como para agarrarlo por la cintura y hacerlo quedar recostado en el colchón nuevamente, boca arriba, con el mayor sobre él. El rubio boqueó, buscando algo que decir, pero entre lo inesperado de la situación y los rápidos movimientos de Tengen se quedó sin aliento.

Sin ningún tipo de reparo ni delicadeza, Uzui le quitó el pantalón hábilmente y puso sus manos en las rodillas del rubio para abrirle las piernas y encajarse entre ellas. Lugo se levantó lo suficiente y le dio el contacto visual más excelente que recordaba haber recibido, agarrando el dobladillo de su camiseta gris desteñida. Zenitsu se pasó la lengua por los labios inconscientemente.

Retiró la prenda lentamente, cada matiz de su lenguaje corporal irradiaba una confianza que rayaba en la arrogancia—pero bueno, el tipo tenía de qué presumir—. Sus seis abdominales se revelaron pulgada a pulgada, y Zenitsu juró que se tomó tanto tiempo arrastrando la tela sobre su pecho a propósito. Se quedó sin aliento al ver la figura impresionante una vez que la camisa finalmente estuvo sobre su cabeza y se reanudó ese contacto visual embriagador, violeta brillante a marrón claro.

Sus manos alcanzaron entonces el dobladillo de su camiseta para deshacerse de ella, y Zenitsu comenzó a temblar ante la poca velocidad con la que lo estaba desnudando. Él dejó escapar un gruñido desesperado, cada vez más frustrado con cada segundo que pasaba y seguían vestidos. Y como se lo esperó, Uzui se rio de su rabieta infantil.

—La paciencia es una virtud, ¿sabes?

Finalmente, la camiseta llegó hasta su cabeza, y Zenitsu le ayudó a ponerla fuera del camino, descubriendo la piel desnuda sin pensarlo dos veces, sintiéndose un poco menos inseguro al respecto que la última vez que estuvo con Uzui en una misma cama casi desnudo.

La mirada que estaba recibiendo era penetrante. Hubo un breve segundo en el que sus ojos se encontraron nuevamente y Zenitsu, que tenía los ojos vidriosos, sintió una punzada de terror al ver la ardiente mirada de Uzui; sintió que no tenía escapatoria, que era una presa. ¿Así era como lo miraba tras la pantalla de su monitor? Justo después, el conocido sentimiento de la innegable excitación lo abarcó por completo, así que recibió de buena gana el feroz beso del hombre mayor que prácticamente se lanzó contra su boca para devorarla, aunque le costó mucho seguir el ritmo y pronto sintió que moriría de asfixia en cualquier momento, por lo que levantó sus manos rápidamente y empujó contra su pecho, sentándose en el proceso.

—¡Vas a matarme de asfixia! —sin embargo, no obtuvo la disculpa que esperaba. Uzui se rio de él. Bueno, eso también se lo esperaba.

—Eres jodidamente malo con los besos. Terrible. Es el peor beso que he dado en la vida.

la cara de Zenitsu se puso más roja, quizá por la ira. —¡Bueno, eso es porque nunca había besado a nadie antes! Y no cuenta para nada un beso a los 7 años ni el que te di bajo la lluvia. ¡Eso no da experiencia! — Uzui levantó una ceja. Casi le dieron ganas de reír de nuevo, un poco. ¿El chico de la webcam nunca había besado a una persona? Hilarante —. Olvida lo que dije, ¡definitivamente cuentan!

Esta vez Tengen se rio fuerte, porque, oh, el mocoso era tan malditamente lindo. —Definitivamente no cuentan.

—Te odio —pero las risas del otro no pararon —. Realmente eres un imbécil, ¿sabes? ¡Puedo hacer con mi boca mejores cosas que solo besar!

Esa declaración pareció hacer el truco. Las risas cesaron inmediatamente. —¿En serio? ¿Como qué cosas?

Impulsado por querer demostrarle su punto, y con uno de sus repentinos arrebatos de valentía, Zenitsu empujó a Uzui para hacerlo quedar recostado en la cama y se acomodó arrodillado entre sus piernas. Luego sus dedos no tan inocentes tiraron del elástico del pantalón y la ropa interior hasta que consiguió dejar al descubierto de manera brusca la dura erección, dejando a Uzui completamente desnudo. El rubio tragó una gruesa capa de saliva, su respiración se volvió superficial. Era grande. Mucho más grande de lo que se sintió cuando se rozó contra él antes. Se preocupó momentáneamente por cómo se suponía que debía encajar en cualquier lugar dentro de él.

Tengen levantó su mano, acariciando su pulgar sobre el labio inferior de Zenitsu. —¿Entonces? ¿Qué decías que hacía esa boca bonita tuya?

El menor metió aire entrecortadamente a sus pulmones, incapaz de prestarle atención al cumplido que le habían hecho a su boca. —Es tan grande… —sus ojos se agradaron más en preocupación —. ¡Me vas a romper! ¡Definitivamente!

Uzui rodó los ojos. —No, no lo haré —pero Zenitsu seguía mirándolo fijamente —. Si quieres seguir mirándola en lugar de metértela en la boca puedo donarla al museo para que la pongan en una vitrina. ¿Prefieres eso?

La cabeza rubia se movió de un lado a otro. —No, no quiero que la metan en una vitrina —respondió casi sin pensar, tardando unos instantes en darse cuenta de que Uzui estaba obviamente tomándole el pelo. Cuando llevó sus ojos a mirar su cara, esa sonrisa cálida y segura de sí mismo, esa que se le estampaba en los labios en cada maldito momento que estaba con él, le contagió y Zenitsu le sonrió de vuelta, no pudiendo ya reprimir la tentación de estirar la mano y apoderarse de la erección al descubierto —. Además, ¿qué clase de museo de baja calidad expondría algo así?

A pesar de que la pregunta quedó flotando en el aire, en cuanto el menor empezó a atender vagamente su necesitada entrepierna, a Tengen se le fueron los ojos de nuevo hacia abajo. Ser consciente de que esa mano pequeña era de un alumno suyo le parecía demasiado morboso…demasiado excitante como para recordar cómo se unían palabras para formar una frase coherente.

—¿Qué museo? pues el de... ¿a quién mierda le importa eso ahora? —balbuceó, sintiendo cómo el cuerpo se le calentaba aún más. Agitado, la mano que tenía a un lado subió hacia la nuca del chico y le acarició el cabello rubio —. ¿No estabas hablando antes sobre enseñarme no sé qué con tu boca?

—Tienes una memoria muy selectiva, Uzui-sensei.

Zenitsu medio sonrió con su mano quieta en la base de la erección, dejando el glande húmedo de la excitación al descubierto. Aunque el cuerpo de Uzui ya parecía saber lo que se avecinaba, en su mente todo ocurrió como a cámara lenta, grabándosele a fuego cada imagen en las retinas: la lengua del chico humedeciéndose los labios, sus mejillas rojas y sus ojos vidriosos, echándose innecesariamente un mechón de pelo rubio tras la oreja, cerrando los ojos, inclinándose hacia delante, respirando profundamente y abriendo la boca... Había estado soñando cosas similares en las últimas semanas, pero la sensación de que aquello era un sueño acabó cuando los finos labios de Zenitsu por fin rozaron la punta de su miembro.

Apretó los dientes reprimiendo una exclamación y echando la cabeza hacia atrás. La sensación era tan buena que los dedos que antes simplemente acariciaban la nuca del menor, ahora se cerraban con fuerza, agarrándole mechones de cabello.

Zenitsu notó cómo los músculos de Uzui se tensaron en cuanto lo tuvo dentro de su boca. Tenía que concentrarse en lo que estaba haciendo, pero entre el tirón de cabello que le dieron y lo caliente que se sentía la piel del mayor en su lengua, no pudo evitar estirar la mano libre y acariciar el trabajado y duro abdomen con el sólo propósito de deleitarse con el cuerpo ajeno.

Luego de eso, le puso mejor empeño a su tarea, con el único objetivo de hacer gemir a Uzui en su mente. El rubio jugó con su lengua, lamiendo la punta con diferentes patrones y movimientos, saboreando el pre-semen que se filtraba lentamente. Se enfocó un poco más allí, chupando y besando suavemente mientras su mano permanecía en la base para sostenerse. Finalmente, respiró muy profundo y se aventuró a ir más abajo, tomando más de él en su boca, succionando el interior de sus mejillas cuando volvió hacia arriba. Repitió el movimiento, cada vez llegando un poco más abajo. La cabeza de Uzui rodó sobre su hombro, su cara era puro placer mientras sus ojos vidriosos miraban fijamente a Zenitsu.

Todavía estaba un poco inseguro, tal vez en ese punto aún hubiese podido mantener medianamente la imagen de chico ingenuo, pero la cara de Uzui le dio todo el coraje que necesitaba. Tomó todo el aire que pudo almacenar en sus pulmones, engullendo poco después el miembro casi por completo a la vez que los dedos se le convirtieron en garras que se arrastraban por el abdomen pálido del otro. No retiró la cabeza cuando Uzui soltó algo ininteligible y, agarrando más fuerte su cabello, levantó la pelvis hasta hacer que la nariz del chico quedara pegada al pubis. Se quedaron así unos segundos, hasta que Zenitsu perdió todo el aire, regresando hacia la punta y sacándosela entera de la boca.

La imagen que quedó después fue algo que también se le grabó a fuego en la mente a Tengen: el rubio estaba jadeando ligeramente, pero no tosiendo como se lo esperaba. Estaba totalmente sonrojado, con los ojos entrecerrados y con lágrimas, la boca aún abierta y con hilos de saliva unidos a su palpitante erección. Por si eso no fuera suficiente, Zenitsu se revolvió contra el agarre de su cabello, pareciendo desesperado para que lo soltara. Gratamente sorprendido, Uzui liberó el cabello del chico y éste se apoderó sin ningún tipo de reparo de la erección ajena para volver a llevársela rápidamente a la boca y esta vez comenzó con un vaivén ansioso, veloz y obsceno. El estómago de Uzui se tensó y justo cuando la lengua de Zenitsu golpeó atentamente la hendidura húmeda de la punta, dejó escapar un gemido profundo.

—Carajo…

No hizo más que alentar a Zenitsu.

El mayor no pudo hacer otra cosa que echar la cabeza hacia atrás y llevarse una mano a la boca para que ningún otro sonido demasiado delator saliera de entre sus labios. No había forma de prever de ninguna manera que el mocoso llorón tuviese esa capacidad y aún menos que tuviese esa... destreza. Estaba siendo demasiado. ¿Dónde había aprendido a hacer eso? ¿Con quién?

Cada vez que la cabeza rubia subía, Uzui sentía cómo la caliente lengua se amoldaba perfectamente a su miembro, acariciándole con la fuerza y la aspereza perfecta, al igual que con los labios, apretados entorno a su carne. Con cada bajada, escuchaba la sonora y húmeda succión que hacía que le temblaran las piernas. ¿Cómo lo hacía? Era el mejor sexo oral que había recibido en su jodida vida. Todo su cuerpo poco a poco empezó a debilitarse, a reaccionar sin que pudiese hacer nada por evitarlo: primero notó una punzada en las entrañas, todos los músculos del cuerpo tensándosele progresivamente, la mente cada vez más nublada y ese conocido calor en la base del abdomen... Luego sintió que los dientes le rozaron ligeramente la piel sensible y tuvo que darle un manotazo al colchón porque, joder.

—Zenitsu, ya — ordenó, intentando que no le temblara la voz. Estaba a punto de venirse. Como el otro pareció hacer oídos sordos, aunque sabía perfectamente que lo había escuchado, tuvo que agarrarlo del cabello otra vez para quitarle el caramelo de la boca —. Oye, mocoso, te estoy hablando.

—¿Qué? —preguntó Zenitsu con la voz ronca, descolocado y sin aliento, y con un brillo diferente en sus ojos —. ¿No fue bueno, Uzui-sensei? —cuestionó con voz inocente. El jodido mocoso se divertía a su cuesta, claramente.

Tiró de Zenitsu hacia él con un agarre en su brazo. —Pequeña mierda —siseó —. ¿Eres horrible besando, pero bueno dando mamadas?

El rubio tuvo el descaro de sonreírle. —Te dije que podía hacer algo mejor con mi boca que solo besar —se limpió los labios con el dorso de la mano —. Nunca había besado a nadie, pero no dije que nunca había chupado un pene antes, sensei.

Uzui solo lo miró por un momento, y decidió que no le importaba donde obtuvo esa grandiosa habilidad, antes de que sus labios se presionaran contra los suyos y Zenitsu creyó que podría derretirse físicamente. Era diferente al otro beso. Más pausado y lento, pero que transmitía el deseo que ardía a fuego lento en la piel de ambos. El rubio terminó sentado en el regazo de Uzui, trepando sobre él mientras envolvía sus brazos alrededor de su cuello y sus piernas alrededor de su cintura, presionando sus labios aún más fuerte.

La habitación se sentía como si estuviera girando, y en medio del aumento de la intensidad del beso, Zenitsu sintió una mano colándose en su ropa interior y acariciándole su erección. Su corazón se aceleró. La vergüenza de tratar de transmitir su inseguridad sobre ser tocado lo hizo luchar para romper el beso en pánico.

—Cálmate —le dijo el mayor entre besos —. Recibe un poco de atención, ¿quieres? Ah, y abre la boca.

Su mente se quedó en blanco, separando sus labios cuando sintió la lengua impaciente de Uzui lamiéndole el labio inferior. Lo chupó y mordió un poco antes de meterle la lengua y profundizar el beso. Zenitsu sabía que estaba apestando en este terreno y eso era evidente en la forma en que literalmente podía sentir a Tengen sonriendo, probablemente tratando de no reírse de nuevo de él. Afortunadamente, tuvo la decencia de no comentar nada esta vez. En cambio, se separó un poco del beso, sus labios unidos por un hilo de saliva.

—Esto no es una competencia —le susurró —, y haz más movimientos con tu lengua que solo arriba y abajo.

Zenitsu frunció el ceño. ¿Ahora quería enseñarle? Ese tipo era de no creer. Sin embargo, intentó seguir las instrucciones y los movimientos de Uzui. Las lenguas húmedas se movían unas contra otras, mezclando saliva. Él creyó que se estaba acostumbrando y haciéndolo medianamente decente hasta que el pulgar de Uzui masajeó la punta de su miembro, desconcentrándolo completamente, y dejó escapar un gemido que hizo eco en la boca de Uzui.

La tensión en sus músculos aumentó hasta que la mano de Tengen se quedó repentinamente quieta. Sólo entonces su cerebro registró que le había quitado la ropa interior en algún momento y él no se había dado cuenta, cosa que lo hizo entrar en pánico nuevamente. Ambos ya estaban desnudos, y el cambio de posición repentino, con la espalda de Zenitsu tocando de nuevo el colchón, lo que significaba que Uzui estaba encima de él nuevamente, era la evidente señal de lo que pasaría a continuación.

Su corazón casi se salió de su pecho cuando un camino de besos comenzó a crearse desde su cuello a la clavícula y el pecho. Zenitsu jadeó, arqueando la espalda cuando sintió su boca en uno de sus pezones, lamiéndolo y molestándolo antes de morderlo. Cerró los ojos con fuerza mientras Uzui rodaba su pezón entre los dientes, pellizcando el otro con sus dedos. Sus manos fueron instintivamente a su cabello, tirando ligeramente de él para evitar que se moviera y acercarlo más, porque no estaba lo suficientemente cerca. Casi lo dejó calvo cuando el mayor regresó a su cuello y chupó allí, dejando una marca. Abandonó el lugar sensible pocos segundos después con unas succiones más suaves antes de bajar de nuevo, besando sus costillas. Deseó que esas sensaciones adictivas duraran para siempre, porque lo hacían sentir especial y amado, pero terminó más rápido de lo que comenzó.

—No hay lubricante. Habrá que hacerlo con saliva —dijo el mayor —. Abre tu boca —Zenitsu lo miró, y después notó los dedos que tenía frente a los labios. ¿Él quería que los chupara?

El chico hizo lo que se le ordenó y tan pronto como los dos dígitos estuvieron en su boca, comenzó a llenarlos de saliva. Un minuto después, Uzui sacó los dedos totalmente húmedos de su cavidad oral. Con la otra mano, Él abrió más sus piernas, y su dedo entró en contacto con su agujero. Su respiración se agitó bruscamente mientras comenzó a frotar suavemente. Ya estaba suelto y estirado, gracias a su "trabajo" nocturno, por lo que no tuvo que esperar mucho para agregar el segundo dedo. Sus dedos se enroscaron y rozaron inmediatamente contra su punto sensible, haciendo que su cuerpo se sacudiera y un gemido largo saliera de sus labios. Cuando lo hacía él solo, generalmente le costaba llegar a tocar ese manojo de nervios que lo hacía sentir tan bien, pero Uzui tenía dedos más largos, lo cual fue bueno.

—Otra vez… —pidió, mirándolo con los ojos entrecerrados.

Sorprendentemente, Uzui obedeció, frotando ese mismo punto dulce nuevamente con su dedo medio. Se volvió a retorcer debajo de él, gimiendo más fuerte, extendiendo más las piernas y elevando la cadera para que tuviera mejor acceso. Estaba tan nublado por la lujuria, que no supo cuando tuvo otro dedo adentro, y la verdad no le importó. Así como estaba, Uzui podría insertar un cuarto dedo y Zenitsu estaría encantado. Pero en cambio, los saca todos, ganándose un gruñido molesto por parte del chico.

—Calma, fiera.

Él bajó la mano para ajustarse y alinear su erección hasta su abertura, y Zenitsu pudo sentir una nueva oleada de sangre en su rostro y probablemente podría desmayarse justo ahora, porque su corazón estaba latiendo muy rápido, su interior hormigueaba y estaba asustado ante la realidad inminente. Iban a tener relaciones sexuales. Ya iba a ocurrir la acción real y probablemente quedaría parapléjico después de esto.

Su garganta se sentía demasiado apretada para hablar. Miró fijamente al techo, con las manos a los lados mientras agarraba las sábanas debajo de él.

—Es muy tarde para huir, ¿verdad? —su corazón martillaba en sus oídos.

—¿Quieres huir?

—…No.

—Compraré una silla de ruedas para ti, no te preocupes.

Zenitsu lloró. —¡¿Cómo puedes decirme eso?! ¡No me calma en lo absoluto!

Tengen rodó los ojos como por milésima vez aquella noche. —¿Vas a dejar de gritar? Es sólo una broma. Evidentemente no eres virgen, puedes tomarlo perfectamente.

Zenitsu sintió que su alma lo abandonaba. —¡¿Y qué si no lo soy?! ¡Eso no quita el hecho de que me vas a romper!

¿Por qué ese mocoso tenía que ser tan condenadamente exagerado hasta en el sexo? No había sido casualidad que viniera a su habitación esta noche. Él también lo estaba buscando. Los brazos de Uzui se engancharon debajo de sus rodillas mientras se inclinó hacia adelante, su rostro estaba justo a su lado en una fracción de segundo.

—Seré gentil. ¿Contento?

El chico contuvo el aliento. —Te odi- ¡AH! — cada centímetro de su piel se quemó al contacto de la boca de Tengen nuevamente en su cuello, besando y chupando, y clavó las uñas instantáneamente en la carne de su espalda cuando sintió que lo penetraba.

Las lágrimas se le escaparon de los ojos, fluyendo como un río, y dejó escapar un suave grito. Fue sofocante pero no tan doloroso, sus entrañas se esforzaban por acomodar su tamaño. Escondió su enrojecido rostro en su hombro, tratando de ignorar la incomodidad tanto como le fuera posible, hasta que sintió que lo llenó por completo. Uzui se quedó quieto por encima de él, sin moverse de su posición, dándole el tiempo adecuado para acomodarse y acostumbrarse a la sensación. No fue mucho tiempo el que le tomó, la verdad, pues empezó a mover sus caderas, estimulando al otro para que también lo hiciera. La presión intensa de repente pasó de lo profundo a lo superficial, y cuando Uzui tuvo su miembro completamente fuera, de nuevo embistió profundamente dentro del chico. Un gemido ahogado estalló en la garganta de ambos.

Zenitsu respondió volviendo a clavarle las uñas en la espalda y arañándolo, porque el bastardo encima de él no le había dado tiempo a quejarse de su brusquedad antes de volver a retirarse casi completamente fuera de nuevo. Sin embargo, no volvió a chocar contra él como un maníaco, sino que se deslizó lentamente hacia adentro, extendiendo su interior agradablemente. Sin embargo, sus dedos apretaron la sábana abajo suyo mientras el ritmo continuó de esa forma, tan agonizantemente lento que en realidad fue frustrante.

—Puedes ir más rápido, ¿sabes?

—Si, ya sé.

El menor frunció el ceño. —¿Entonces…?

Fue sádica. Su sonrisa fue sádica. —Ah, pero le prometí a mi mocoso favorito que sería gentil con él.

—Estás de broma, ¿verdad?

—¿Ahora me recriminas por querer cuidarte?

—¡¿Cuidarme?! ¡Te está vengan-! ¡Ah! —se estrelló contra él otra vez bruscamente, logrando que su erección se contrajera y Zenitsu echó la cabeza hacia atrás con absoluto placer.

Pero pronto, la hermosa y poderosa sensación de estar lleno dentro de él desapareció cuando Uzui sacó su miembro, recibiendo el gemido más molesto de Zenitsu debajo de él. Tengen se burló de él entonces, presionando su erección contra su agujero, pero sin moverse más hacia adentro.

—¿Ya no tienes miedo de que te rompa?

Lo odiaba mucho. Absolutamente odiaba las entrañas de este tipo. ¿Por qué le fue a atraer alguien como él? Resopló. —Está bien, a veces soy exagerado, lo entiendo, aprendí la lección, así que ¿puedes por favor follarme tan malditamente fuerte que no me acuerde ni cómo me llamo?

Uzui lo miró absolutamente fascinado y con el hambre reflejándose en sus ojos. —Como quieras.

Uzui podría ser un bastardo insufrible, pero sí que follaba absolutamente delicioso. Su ritmo comenzó rápido, sus caderas empujaron repetidamente contra él, rozando su punto sensible una y otra vez con cada entrada. Cualquier pensamiento que Zenitsu pudo haber tenido desapareció, dando paso a una mente en blanco y absolutamente perdida por el placer. Echó la cabeza hacia atrás, gimiendo fuerte cuando Uzui disminuyó la velocidad, cambiando de nuevo a empujes lentos y profundos. El lento ritmo le dio unos segundos para recuperarse, pero volvió al punto de no retorno cuando las embestidas volvieron a ser veloces, contundentes y agresivas. Cada choque de piel contra piel enviaba a Zenitsu más al borde. La atención que recibió en su erección repentinamente solo hizo la experiencia aún más alucinante, y después Zenitsu fue reducido a un desastre lloroso que gemía fuertemente por más.

Algo dentro de él le advirtió que no debería estar gritando tan fuerte porque estaba a solo unas puertas de sus compañeros de clase y realmente no quería que lo escucharan en ese estado, por lo que su mente nublada decidió hundir los diente en el espacio entre el cuello y el hombro de Tengen. El rubio mordió profundamente su piel, saboreando el sudor, y la acción, que esperaba que recibiera una reprimenda, en realidad hizo temblar el cuerpo que tenía encima suyo. Era agradablemente satisfactorio saber que tenía más efecto en Uzui de lo que pensó.

—Mierda…—él gruñó y Zenitsu jadeó ante el aumento de la velocidad de la mano que lo estaba acariciando.

—Se siente…se siente muy bien…

Todo se sintió tan condenadamente bien que fue demasiado para él soportarlo, y el nudo que tenía en la base de su abdomen por fin se deshizo. Sus ojos se giraron hacia atrás. El orgasmo lo golpeó con tanta fuerza que lo único que pudo distinguir fue una mancha blanca mientras se venía sobre su abdomen. Sus gemidos fueron bajando lentamente en intensidad hasta que solo fueron sonidos llorosos. Uzui lo embistió solo unas pocas veces más antes de derramar su semen dentro de él y derrumbarse encima suyo por completo.

Sintiéndose adolorido y sofocado, Zenitsu tomó unos minutos más para recuperarse antes de removerse desde abajo en el peso muerto que lo aplastaba. —¡Me estás aplastando! ¡No puedo respirar correctamente!

—Eres tan malditamente ruidoso aún después del sexo —aun así, Tengen salió del interior del rubio y se obligó a moverse para acostarse a un lado.

Mientras ambos estaban boca arriba, acostados en la cama, la vergüenza consumió a Zenitsu. ¿En serio acabó de acostarse con su profesor? No se sintió tan culpable como debería haberse sentido. Se cubrió los ojos con el dorso de la mano, sollozando.

—¿Y ahora qué?

—Nada.

El mayor resopló audiblemente. Zenitsu lloró más —Espero que no termines llorando siempre por nada. La próxima vez solo quédate dormido y ya.

El llanto paró. Zenitsu medio se incorporó sobre sus codos tanto como su cuerpo adolorido se lo permitió. —¿La próxima vez?

—Lo sé, es loco querer una próxima vez contigo. No estoy realmente cuerdo y necesito una revisión psicológica.

A pesar de sus palabras, Zenitsu sonrió, verdaderamente feliz de que él quisiera hacerlo de nuevo con él. —Te-

—Odio. Si, si, ya lo sé. Ódiame todo lo que quieras, mocoso —que le revolviera el cabello no tenía por qué acelerarle tanto el corazón, pero lo hizo —. Por cierto, gracias por el crédito que le diste a la cuenta. Fue un buen espectáculo.

Sus mejillas se colorearon de rojo intenso. —¡Primera y única vez! ¡No volverás a ver nada gratis! ¡Pagas como todos los demás!

—Aquí acabo de hacerlo gratis —Uzui sonrió ante el puchero de Zenitsu.

—¡Pero aquí es diferente! —el rubio se cruzó de brazos —. ¿Sabes qué? Voy a bloquear tu cuenta.

Uzui se encogió de hombros, acomodándose de lado para dormir por fin. Estaba demasiado cansando y mañana tendría que lidiar con mocosos ruidos y revoltosos en un museo. —Tengo otra.

Zenitsu lo miró, horrorizado. —¡¿QUÉ?! ¡¿Desde cuándo?! ¡Maldito viejo cochino pervertido! —y así, el chico continuó quejándose y quejándose como si no tuviesen que despertarse en cuatro horas. Abrió muchos los ojos en cuanto recordó al usuario nuevo con una imaginación particular y creativa que tenía un nombre bastante peculiar. ¿Podría ser…? —. ¡¿Eras tú?! ¡Me siento timado y usado!

—Tan malditamente ruidoso… —Tengen se incorporó un momento y le dio un casto beso en los labios que lo dejó en silencio —. Ahora duérmete, o te dejaré de tarea pintar un mural.

Resoplando, el chico se acomodó de nuevo en la cama, metiéndose bajo las mantas. Sin dudarlo, unos fuertes brazos le rodearon la cintura y lo apretaron contra su cuerpo. Zenitsu sonrió de nuevo, porque le gustó esa sensación. Lo hacía sentirse protegido. Sus párpados eran pesados y sintió un suave beso sobre la parte posterior de su cabeza, mientras caía profundamente dormido.


Fueron exactamente 14634 palabras, 43 páginas en Google Drive de puro UzuZen, las cuales me demoré en escribir una larga semana, haciendo pausas, por supuesto. Es oficialmente el fanfic de un sólo capítulo más largo que he publicado y espero no haberlos aburrido con tanto. Había pensando en publicarlo por partes, pero a la final me decidí a no hacerlo para evitar que quedara en el olvido. Hay una canción que se llama como este fic, y me reí mucho porque la escuché para agarrar inspiración, ajajajjajaja, fue horrible. Me disculparán si hubo algún tipo de error de dedo. A veces soy disléxica.

Con esto, Kiry se despide, paz~