llamó un guardia de su corte.
Lyra lo miró atentamente invitándolo a seguir hablando.
Él se inclinó ante ella con respeto.
—La carroza ya está lista, es hora de partir a Francia —informó mirando a su reina con emoción.
Ella sonrió con satisfacción.
—Gracias, Arthur —respondió—Dile a tus compañeros que lleven mi equipaje a la carroza.
El guardia asintió frenéticamente y se retiró con rapidez de la sala de trono después de hacer un pequeño inclinamiento de cabeza al hermano bastardo de su reina, Jason Pioner.
—¿Ya os váis, hermana? —preguntó Jason con una pizca de tristeza en sus ojos.
Lyra asintió levantándose de su trono y acercándose a él.
Ella le tomó de las manos.
—Confío en que sabrás mantener a Dinamarca estable durante mi ausencia...—habló con cautela, su hermana.
Jason sonrió.
—No os preocupéis, hermana —contestó con seguridad—Vuestro reino estará a salvo de cualquier ataque, me encargaré de los nobles tanto como de los campesinos. No os defraudaré.
Lyra asintió satisfecha.
—Eso espero...
Annabeth y Loren eran sus dos damas. No eran amigas, pero si sus confidentes, podía confiar en ellas para muchas cosas de alto secreto. Ambas tenían un rango importante en el reino de Dinamarca.
En la carroza, las tres se mantenían en silencio. Annabeth jugueteaba con el anillo que su madre le había regalado en símbolo de buena suerte. Loren dormitaba sobre la ventana pero aún así estaba atenta por si su reina la necesitaba. Y finalmente, Lyra estaba sumida en sus pensamientos, no tenía muy claro lo que iba a pasar pero estaba segura de que conquistaría el corazón de Francis antes que Mary.
Quería ver a la reina de Escocia pudrirse ante sus ojos, por muy enfermizo que sonara.
Mordió su labio inferior, sabía a cereza...
Lyra no necesitaba ningún tipo de maquillaje para ser hermosa. Toda su belleza había sido heredada de su abuela paterna, Morgana Pioner.
Si Francis se fijaba solo en el físico, ella no tendría ningún problema para robar su corazón, pero si se le importaba más el interior...bueno, ahí habría problemas.
Lyra Pioner no era conocida por ser precisamente honrada. Los habitantes de Dinamarca la adoraban, pues para ellos era la mejor reina danesa que pudo gobernar en la historia de la humanidad.
—Ya hemos llegado, su majestad —habló Loren recobrando su compostura.
Lyra ajustó su corona, debía verse como toda una soberana poderosa y con clase (cosa que Mary no era, pues se había criado entre monjas y vacas).
Annabeth enroscó su anillo nerviosamente.
—Tranquilizaos chicas —murmuró Lyra aparentando serenidad y con diversión en su voz—No vamos a asistir a ninguna decapitación.
Annabeth le sonrió.
—Si, lo sé, pero...es la primera vez que abandonamos nuestro hogar.
—Comprendo —asintió antes de que la puerta izquierda de la carroza se abriera.
El cochero inclinó la cabeza con respeto.
—Mi reina, mis ladies, ya podéis bajar.
Loren se ofreció para bajar primero. Siendo seguida muy de cerca por Annabeth.
Cuando llegó el turno de Lyra, ella suspiró antes de tomar la mano que el cochero le ofrecía para bajar.
Quedó embelesada con la belleza del castillo francés. El castillo de Dinamarca era grandioso para cualquier extranjero, pero ella había nacido allí prácticamente, no conocía la hermosura de otros reinos.
Giró su cabeza para ver a cinco chicas observándola a ella y a sus damas con mucha atención.
Sonrió, una de ellas debía ser Mary.
Se acercó con sus damas siguendola.
La de pelo más negro que la noche se adelantó.
—Tu debes de ser Lyra Pioner —sonrió a medias, se notaba que no quería ser descortés—Soy Mary Stuart, reina de Escocia y ellas son mis damas, Kenna Lola, Greer y Aylee.
Mary y sus damas le hicieron una reverencia a la reina de Dinamarca, pero ella se mantuvo indiferente.
Analizó a Mary con la mirada.
Era una muchacha muy linda, pero su rostro expresaba inseguridad, cosa que le hacía ver débil.
Lyra carraspeó.
—Un placer verte Mary, ellas son Annabeth y Loren...
—¿Solo dos? —interrumpió la reina de Escocia confusa.
La danesa apretó los labios ante su falta de respeto.
—Se crío como una campesina, Lyra, es entendible —se dijo a sí misma, mentalmente.
—No me es necesario tener tantas damas, Mary, yo soy una reina independiente —respondió con autosuficiencia.
La reina de Escocia hizo una mueca de desagrado ante su arrogancia.
—Vaya...—dijo—¿Por qué necesitáis casaros con un futuro rey extranjero si sois tan independiente?
Lyra sonrió ante su disgusto, eso era lo que quería, enfadarla.
—Pues verás, mi querida Mary, Dinamarca es poderosa, no cabe duda, pero...sería el triple de poderosa teniendo a dos países a su lado ¿no?
Otra vez pareció confundida.
—¿Dos países? ¿Cuál es el otro país?
—Inglaterra —respondió Lyra cada vez más sonriente.
Mary se quedó rígida y pálida hasta que una de sus damas, Kenna, sacudió su brazo discretamente.
—Ahí viene, Francis —avisó.
Todas las chicas se giraron solo para ver a un apuesto chico rubio, de ojos azules como el cielo y porte elegante acercarse a ellas.
El chico no parecía muy entusiasmado con la llegada de ambas reinas pero no tenía más remedio y Lyra lo sabía.
—Majestades —Francis hizo una leve inclinación que Mary se aproximó a parar.
—No por favor, a mi llámame solo Mary.
—Lyra —dijo la reina danesa.
Francis sonrió forzadamente.
—Francis.
—No puedo creerlo...—susurró Mary a su lado, totalmente encantada.
—Pues creelo —respondió Lyra con recelo para luego mirar a Francis—Estoy agotada ¿nos llevas a nuestros aposentos?
El príncipe escondió una pequeña sonrisa ante informalidad repentina de la reina danesa.
Miró indeciso a ambas hasta que asintió.
Cada muchacha se puso a sus lados y empezaron a caminar hacia el castillo bajo la atenta mirada de los franceses.
Lyra miró con recelo a Mary.
Su plan de destrucción empezaba ya.
