Muy buen día a todos. Gracias por leer y seguir este fic. Esta historia -de género dramático, romántico y sobrenatural- es importante para mí a pesar de que demoro mucho en actualizarla. Trataré de ser más diligente y de ponerla entre mis prioridades.
Es importante que sepan que en este fic manejo varios planos: la realidad de Takeru adolescente; los sueños de Takeru y los recuerdos de 1999 (éstos últimos están en cursiva, al igual que los diálogos de Kari).
Aclaración: para escribir este capítulo, tomé diálogos y situaciones que ocurrieron en el capítulo 22 de la serie Digimon Adventure. Eso lo hice con fines de entretenimiento y sin ninguna intención de lucrar con la historia, la cual está basada -parcialmente- en un anime llamado AnoHana. Ni Digimon ni AnoHana me pertenecen.
Resumen: En capítulos anteriores, a Takeru adolescente se le apareció el fantasma de Hikari Yagami, quien murió en el verano de 1999. Takeru está confundido porque no sabe si la Hikari que ve es real o producto de su imaginación; ésta, por su parte, le dice que ha vuelto porque hay una misión inconclusa que tienen los niños elegidos, los cuales están dispersos y ya no se relacionan. Takeru le confiesa a Yamato que puede ver a Hikari, pero éste se burla y lo reprende, por lo que Takeru se exalta y le exige al espíritu de Hikari que se vaya de su lado y no vuelva más.
Los dejo con la lectura.
La luciérnaga que se apagó aquel verano
Por CieloCriss
III
Takeru no soñó en los siguientes cinco días. El sábado y el domingo de esa semana, ni siquiera pudo dormir, por lo que se despertó ese lunes con los párpados desvelados y la motivación en huelga.
La dulce y onírica imagen de Hikari Yagami se desvanecía de su mente poco a poco, daba la impresión de que la aparición de esa chica había sido la luz de una vela derritiéndose, el brillo de una luciérnaga dejando de vivir…
Una luciérnaga, eso había sido Hikari en su vida.
Su hermano Yamato tenía razón, a los muertos había que olvidarlos o rendirles tributo. Él prefería la última opción, porque siempre había sido asiduo a sus recuerdos.
Afuera era septiembre, comenzaba a hacer frío, los cerezos no tenían flores. No se teñían de color magenta claro, ni contrastaban con el cielo nublado gris, ni con el cielo despejado azul, ni con el cielo de estrellas negro.
Cuando no estaba en su habitación y no había nadie en casa, Takeru se sentaba frente al altar de muertos y encendía incienso frente a la foto de Natsuko Takaishi, su madre.
También sacaba —de su habitación— la imagen de Hikari y la recargaba en un mueble de madera.
Ver la fotografía de aquella niña muerta le nublaba la razón más que la partida paulatina de su mamá, a quien había visto enfermar y sufrir hasta el punto de preferirla en el otro mundo.
Con Hikari era distinto. Ella había sido un espejismo injusto que había muerto por negligencia suya, por infantilismo, por estar en un lugar donde no les correspondía.
Cuando se despistaba, la mente de Takeru lo traicionaba de la manera más vil: se olvidaba de Hikari-niña y recordaba a Hikari fantasma y adolescente, con el cuerpo a medio cubrir por una toalla de su baño, con la piel pálida y perlada de agua potable.
La Hikari de pechos nacientes, cuyas caderas se habían engrosado con la suavidad de una montaña nevada.
"Esa Hikari no existe, yo me la he inventado, por eso sentí que vino su espíritu", se decía a sí mismo cuando eso sucedía.
Quería llorar, pero había olvidado cómo se producían las lágrimas.
"Ella fue producto de mi imaginación", se insistía a sí mismo, porque era imposible que existieran los fantasmas y, de haberlos, no tendrían por qué crecer, porque éstos son seres que murieron, seres que ya no sangran porque no tienen venas ni corazón.
"Hikari era hermosa…", susurraba, rememorando la voz de ella… si las luciérnagas hablaran, seguramente sonarían tan dulces como la joven Yagami.
Hacía apenas unos días Hikari se le había aparecido; quizás había sido una alucinación, aunque eso no le quitaba lo real: ella parecía haber regresado, lo que era un síntoma de su demencia, de su desesperanza.
—"Hikari... ¿verdad que moriste en mis brazos?"— le preguntó Takeru el día que la alucinó, hacía ya una semana.
—"Sí, fue ahí cuando cerré los ojos"— esa había sido la respuesta de Yagami.
—"Si estás muerta, ¿qué haces aquí? ¿qué quieres conmigo?"— esa cuestión se la seguía haciendo Takeru, a pesar de que Hikari ya había desaparecido… ¿por qué precisamente él tenía que imaginársela?
—"Hay algo que no terminamos de hacer en aquella ocasión"— había susurrado la antigua elegida del emblema de la Luz —"me refiero a ti, a mí y a todos los demás".
Minutos después de la confesión de Kari, Takeru mismo se había encargado de echarla de su vida, le había exigido a Hikari que se fuera, que lo dejara de cegar.
El reflejo de ella había estado en un lago, el rubio la había visto ahí y había arrojado piedras para que las ondas la desaparecieran. Cuando la laguna volvió a ser espejo, Hikari ya no estaba. La esencia de la chica se había ido de Takeru, ya no era una ilusión, ni siquiera un fantasma.
Lo peor de todo era que tampoco podía soñar su pasado en el Digimundo, como antes… ya no podía evocar el día en que Piedmon había convertido a su hermano y a sus amigos en muñecos. Sus recuerdos eran tornados que chocaban entre sí y se perdían la planicie de la vida real.
Ese día cualquiera, lunes de un septiembre, Takeru suspiró, miró su mano y deseó recordar cómo se sentía el tacto de Hikari sobre su muñeca. El frío de un fantasma, la calidez de una fantasía… para ser honesto consigo mismo, Takeru no sabía cómo se sentía estar con Hikari, porque aunque cada vez la extrañaba más, era verdad que otra parte de él la estaba olvidando… eso, por alguna razón, le causaba malestar en las puntas de los pies.
—"Si fuiste una alucinación por mi locura, ¿por qué no puedo volverte a imaginar, Hikari-chan?, ¿por qué no regresas conmigo para seguir soñando?".
El menor de los hijos de Hiroaki Ishida sacudió la cabeza, para despejarse; vio la cocina y sintió el deber de prepararse una sopa instantánea porque hacía mucho tiempo que no comía. Debido a que estaba indignado con Yamato, no había probado la comida que éste preparaba, tampoco había hecho las actividades que estaban plasmadas en la agenda de la familia… mucho menos había ido al instituto.
Su uniforme pendía del gancho y estaba más rígido que nunca, daba la impresión de que Yamato lo planchaba cada mañana para que Takeru se decidiera a salir de casa.
—"Si estás buscando que te pida perdón, pierdes tu tiempo"— le dijo Yamato poco después del enfrentamiento donde lo había humillado —"nunca me he arrepentido de nada en mi vida; pero tú eres débil y siempre te has arrepentido de todo. Los muertos son para siempre, Takeru, la vida sólo dura un segundo".
Después de eso no se habían hablado más, Takeru simplemente no podía contrarrestarlo: era verdad que era débil y que siempre estaba perdido.
Una vez, cuando estaban en el Digimundo y Hikari-chan todavía no los acompañaba en el viaje, Yamato lo había abandonado con el pretexto de explorar lo que había en la otra orilla de un lago… ahora su relación era parecida, Yamato siempre estaba ausente, nunca parecía regresar. Su voz de glaciar llegaba desde lejos y le congelaba las palabras.
Le temía. De verdad le temía a la mirada azul de su hermano mayor.
"Aún así, Yamato… a los muertos nunca debes olvidarlos", eso se decía Takaishi por dentro, porque su mamá le había hecho jurar que nunca se olvidaría su rostro.
Aquella mañana, el teléfono sonó cuando el joven cavilaba sus infortunios. Takeru suspiró y dejó sonar el aparato porque detestaba contestarlo. No le gustaba oír voces detrás del auricular, le molestaba no poder ver lo que la otra persona estaba haciendo mientras hablaba.
Lo mismo sucedía con los celulares y la Internet. Los usaba lo menos posible… a él lo que le gustaba más era dormir en su cuarto por horas sin tener nada qué hacer salvo pensar, salvo dejar pasar el tiempo. Era mejor no hablar con nadie, mucho menos cuando había un medio que lo podía distorsionar todo.
El contestador se activó; estaba en altavoz.
'Takeru, sé que estás ahí. Sé que no te gusta salir pero necesito que me traigas unos papeles a la televisora' se escuchó la voz de su padre, 'están sobre el librero de mi cuarto, en un folder amarillo; es acerca de una nueva producción, lo necesito ya, con urgencia y sin pretextos, date prisa'.
—"Mierda"— fue la respuesta de Takeru ante la petición de su papá.
No salía de su departamento desde hacía una semana completa. Un escalofrío le recorrió al saberse en el metro, vestido con ropa casual, llevando los papeles de su padre.
No le gustaba hacer mandados, pero no tenía razón para negarse a hacerlos. Después de todo, él era una carga para su padre y su hermano, sobre todo desde que había muerto su mamá.
Se puso un pantalón gastado, el mismo de la semana pasada, y se subió el cierre de una chamarra ligera, entre verde y amarilla, que no le favorecía en lo más mínimo.
Le quedaba corta de mangas, pero no le importó. Se puso un gorro, uno que estaba en el cuarto de su padre y, tras agarrar los papeles que le encargaron, salió de su casa.
—"Aún sigo pensando que me perdonarás y aparecerás frente a mí, Hikari"— dijo en voz alta, antes de salir y tratar de olvidarse de su niña muerta.
—"Si has vuelto, ¿por qué no te vas a ver a Taichi?, era tu hermano, es quien más ha llorado por ti, ¡es él quien debería de verte!"— le había dicho Takeru a Hikari aquel día, cuando el maltrato psicológico de Yamato lo había desquiciado.
Takeru estaba confundido... ¿por qué el fantasma de Kari lo visitaba a él? ¿No era Taichi más importante? ¿No era acaso el que más había sufrido hasta el punto de cortar vínculos con todos?
—"Mi querido Taichi..."— eso había murmurado Hikari con un tono dolido, que no tenía que ver con una luciérnaga, sino con una libélula que ya no puede volar.
No obstante, el menor de los Ishida no había cedido ante el sufrimiento de la chica. No estaba bien alucinar a Hikari, no estaba bien ilusionarse… no merecía ver a esa niña ni siquiera en sueños.
Ella tenía que irse de su vida porque estaba muerta.
—"Vete de aquí, Hikari-chan"— mandó, tembloroso —"¿no has oído a mi hermano?, los muertos son para olvidarse".
Takeru se había retorcido por dentro, en tanto que por fuera sólo había sudado.
Ella tenía que irse de su vida, porque la luciérnaga se había apagado.
—"Pero tú nunca me has olvidado"— Hikari le había insistido.
—"¡Sólo vete de aquí, eres una molestia!"— chilló entonces Takeru, vencido por la realidad, olvidando cualquier fantasía que le diera una pista de por qué estaba todavía vivo, y ella no.
Si en verdad existía una Hikari fantasma y tenía la misión de salvar a alguien, ¿por qué no decidirse por Taichi Yagami?... Takeru creía que una vez perdido el líder, de nada valían los otros soldados.
La televisora Fuji era un emporio del mal. Eso pensaba Takeru cada vez que tenía que ir al trabajo de su padre.
Había que pasar un filtro de seguridad y le ponían un gafete con el número de visitante, luego, una mujer con pompas operadas lo llevaba por innumerables pasillos hasta llegar al sitio donde estaba su padre.
Casi siempre, Hiroaki Ishida estaba en estado zombie, con un cigarrillo entre los cabellos y la oreja –cual lápiz- y una taza de café en sus dedos cansados y arrugados.
Takeru no le conocía otro semblante a su padre, porque en su casa se comportaba igual.
—"Sufre de una enfermedad llamada 'burn out', significa que está quemado de tanto cansancio"— le explicó una vez Yamato, quien también parecía envuelto en ese círculo vicioso de vivir para trabajar y trabajar para vivir.
Lo que hacía diferente a Yamato de su padre, era que Hiroaki amaba su trabajo, en tanto que Matt odiaba sus obligaciones con fulgor, a pesar de que nunca se quejaba.
Takeru sabía que el hecho de que su hermano tuviera esa vieja armónica significaba que, para Yamato, había más que la aburrida profesión que estudiaba y el trabajo absurdo de medio tiempo que le pudría el cerebro.
Si el mundo fuera diferente y Hikari no hubiera muerto, quizás el que habría abandonado la realidad habría sido él. De haber sido así, ¿qué habría pasado con Yamato?, ¿la pasaría mal sin él?, ¿se habría liberado de una carga o habría sufrido como nunca?
Takeru pensaba, muy a menudo, que las palabras que le había dicho un digimon llamado Demidevimon eran verdad: su hermano lo detestaba.
Quizás en aquel instante, cuando Takeru era pequeño, Yamato todavía lo quería… pero ahora, en ese instante, en el contexto en el que convivían, las cosas eran muy diferentes. Natsuko ya no los separaba, ya no eran los hijos de una pareja divorciada, sino los hijos de un viudo sin alma.
Yamato tenía que hacer el rol de padre y madre con él. Takeru había crecido, pero sabía que su edad emocional se había estancado a los ocho años.
El lugar donde vivía, la gente que habitaba sus alrededores y los sentimientos que vivían enterrados en su ser, eran consecuencia de las palabras de aquel digimon murciélago: no había forma de que Yamato lo quisiera, porque no había nada más terrible, que subir una cuesta cargando una cruz ajena.
Mientras pensaba en eso, Takeru cedió la carpeta de documentos a su padre, quien se los arrebató de inmediato y se alejó de su vista.
—"Espera aquí"— sentenció antes de salir del estudio de grabación. Takeru supuso que había ido a la oficina de algún superior.
Se quedó estático en ese set de filmación, donde no había nadie en especial, donde los trabajadores parecían parte del escenario.
Todos los empleados se movían de un lado al otro. El flour-manager (*) daba órdenes que transformaban la iluminación, la escenografía, la ubicación de las cámaras.
A él, en su pasado, le gustaba todo aquello. Cuando su padre tenía alma y él era pequeño, siempre le gustaba oír cómo era la experiencia de grabar un programa de televisión. En esos instantes, sin embargo, nada le era tan incómodo como esa filmación conjuntada con su presencia.
Esa sensación la había sentido en el Digimundo, cuando Yamato lo olvidó en un parque de diversiones.
Aunque le encantaban los paseos en la montaña rusa y en el carrusel, éstos terminaron derritiendo la ilusión de que Yamato regresaría por él.
De cierta manera, aunque se habían vuelto a ver después de esa separación, Yamato nunca había vuelto por él al parque de diversiones.
Su hermano nunca había regresado: había sido Taichi, el hermano de Hikari, quien lo había llevado hasta donde estaba su Yamato, el que todavía lo quería, pero no había ido por él.
"Era un gran chico ese Taichi", recordó Takeru, esbozando una sonrisa tan ligera como un cometa. La llegada de su líder, en esa ocasión, le había devuelto la esperanza.
En tanto su padre volvía a entrar al set de grabación y daba órdenes a sus subordinados, Takeru respiró y gestó un recuerdo, uno que tenía algo de bonito.
—"¡Tk!"— gritó Agumon, el digimon de Taichi Yagami.
El rubio levantó la mirada. Estaba solo y perdido en ese parque de diversiones que ya no le entretenía.
—"¡Tk!"— saludó Taichi, aquel sonriente niño de cabello esponjado y grácil que corrió hasta Takeru como si en verdad añorara verlo. Con ellos iba Tokomon, su digimon.
El parque de diversiones tenía una fuente de sodas vacía: sin gaseosas ni risas. El Takeru de 8 años estaba sentado, pero al oír que lo llamaban, se levantó.
Su líder apareció frente a él, como si lo hubiera estado buscando, como si el perdido no fuera el moreno, sino el rubio de segundo grado de primaria.
—"¡Eres tú, Tai!"— contestó emocionado el portador de la Esperanza —"Estabas con vida".
—"De ninguna manera moriría"— aclaró Taichi.
Para Takeru, la seguridad con la que hablaba Yagami era lo que le hacía falta a Yamato, quien era parco, inseguro, lejano como el punto de fuga donde se pierden las vías de un tren.
Por eso saltó. Takeru rió con dicha y trotó hasta donde estaba Taichi, a quien lo asfixió con un abrazo ceñido, urgido de afecto y consuelo.
—"¡Qué bueno!".
Los dos digimon presentes, Tokomon y Agumon, se acercaron para formar parte de ese momento.
—"Qué bueno que estás con vida, hiciste que me preocupara mucho"— susurró el rubito con cariño, empalagándose como solo él sabía hacerlo en aquellos años.
—"En verdad siento mucho haberte preocupado"— se disculpó el portador del Valor.
Tokomon saltó de la cabeza de Agumon hacia su niño elegido.
—"Tokomon, tú también regresaste"— se animó Takaishi.
—"Sí"— respondió, orgulloso, el digimon que se convertía en ángel.
Takeru del presente siempre evitaba evocar en sus memorias a su digimon. Lo hacía por vergüenza, por pena, porque en el fondo sabía que nunca había sido digno de tener a ese ángel.
Siempre había sido el ultimo en hacer evolucionar a su compañero. Siempre había sido un estorbo para el digimon alado, el cual estaba dispuesto a morir por él y convertirse en digihuevo.
Aunque el enemigo había matado a Angemon y éste había renacido, Takeru Takaishi nunca había terminado de ser digno de ese ser.
Él, desde pequeño, se equivocaba una y otra vez, como si estuviera encerrado en un ciclo de desgracias.
Aquella vez no fue la excepción. Había creído más en un digimon desconocido que en su propio Tokomon.
—"¿Lo reflexionaste?, hay qué reconocer cuando haces algo malo"— regañó Tk. Ambos estaban peleados, porque Tokomon no había creído en las mentiras de Demidevimon.
Su digital monster nubló su rostro con enojo; por un instante, lo único que comunicó al humano y al digimon fue una centella imaginaria.
—"Te equivocas"— dijo con seguridad —"yo no he hecho nada malo".
—"Tokomon, ¿desde cuando empezaste a comportarte así?"— reclamó el rubio, pero Taichi se interpuso entre los dos.
Aún era un héroe. Sí, Taichi de niño siempre había sido un héroe.
—"Calma"— pidió a Takeru —Tokomon nos contó lo sucedido, pero creo que este no es el momento indicado para discutir, hay que buscar cuanto antes a Matt y a los demás muchachos".
Taichi no era de esos héroes que llegaban montados en un cabello blanco. No parecía ser de aquellos que blandían la espada y juraban lealtad a todo un pueblo.
Más bien, Yagami era un héroe modesto, que a base de fracasos había aprendido que lo importante era tener a los amigos de su lado.
—"No quiero"— rugió el ochoañero —"Todos me abandonaron en el desierto, la primera fue Sora y Biyomon y, por ultimo, mi hermano se marchó no sé a dónde".
Taichi tenía todas las sonrisas que le faltaban a Yamato, por eso a Takeru le parecía que las palabras de ese chico eran un alivio para su soledad.
—"Quizás lo hizo por alguna razón"— justificó al nene, quien agachó la cabeza y arrugó los ojos.
—"¡No es cierto!"— chillo de nuevo —"todos me dejaron porque me detestan, porque soy un llorón, porque soy un niño pequeño".
—"No conozco a ese tal Demidevimon"— le consoló Taichi —"pero ninguno de nosotros te detesta, te lo aseguro".
—¿En serio?
Taichi asintió. En aquel entonces con asentir y abrazar al líder era suficiente. En la actualidad, no bastaba con un ejército de 'Taichis' para reconfortarlo.
Finalmente la esperanza agonizaba, pues Takeru creía que Demidevimon había tenido razón todos esos años.
La voz de su padre lo hizo romper la telaraña de su recuerdo.
—"¿No escuchaste, Takeru?, he dicho que ya puedes irte"— ordenó Hiroaki, quien había regresado adonde estaba su hijo menor.
—"¿Ya quieres que me vaya?, ¿te he hecho enfadar?"— atinó a cuestionar Takeru, incómodo. Había tenido que parpadear cuatro veces para entender que estaba en su presente y no en su nostálgico pasado.
—"No es eso. Es que estoy ocupado; las cintas de las producciones se estropearon y hay qué rehacerlas"— renegó el señor Ishida —"en todas las grabaciones aparecieron tres sombras, un ángel, una mujer, una especie de mago…".
—"¿Un ángel, una mujer y un mago?"— preguntó el chico, extrañado.
—"Sí. Por eso tenemos mucho trabajo de grabación y edición, en los documentos que te pedí estaban los guiones de las producciones"— el hombre alzó los papeles, chifló y su equipo de trabajo comenzó moverse con más rapidez.
Fue como si el set se hubiera traspasado a otra realidad, así lo sintió Takeru.
A pesar de esas ojeras tan despreciables, su padre tenía un séquito que lo respetaba como productor ejecutivo que era.
—"¿Es tu hijo, Ishida-san?"— preguntó uno de los empleados.
—"Estaba a punto de irse"— fue la respuesta de Hiroaki.
—"Ya, vale. ¿Es porque no quieres que lo asusten los fantasmas?"— el colega del señor Ishida rió un poco y Takeru sintió frío por lo bajo que estaba el aire acondicionado de la televisora.
"Un ángel, una mujer y un mago"; en eso pensó.
—"Mis hijos no creen en tales cosas".
—"Le hemos preguntado a todos los empleados, ellos piensan que son los fantasmas de aquella vez que se destruyó la televisora, en 1999, dicen que hubo varios muertos esa vez".
—"Basta ya"— regañó el padre, empinándose el café —"Ve a casa, Takeru".
El muchacho asintió algo ofuscado.
Era verdad que a su papá no le gustaba llevarlos a él y a su hermano a los estudios Fuji desde que Myotismon había destruido la televisora. No obstante, no tenía derecho a correrlo de ahí cuando él se había tomado el tiempo de hacerle el mandado.
Después de todo, le había costado salir de la casa, el simple hecho de calzarse los tenis le había generado pánico.
Quizás su padre pensaba, de manera inconsciente, que si alguno de aquellos niños elegidos pisaba la televisora, ésta correría el riesgo de volver a destruirse, de desaparecer, de convertirse en nada, como su Hikari-chan.
Por eso, a pesar de que una parte de él quería ver cómo trabajaba su padre, se marchó. Su reclamo fue silencioso, como todo en su familia desde que a su mamá le habían diagnosticado cáncer.
Cuando Takeru era niño, sentía un amor fraternal y sin límites hacia Yamato Ishida, sin embargo, eso no le impedía ver a Taichi como un héroe. Para él, lo ideal habría sido fusionarlos, para convertirlos en el mejor hermano del mundo.
Sus ojos aún no habían visto una década, quizás por eso no se daba cuenta de que él era una de las razones por las que Ishida rivalizaba con Yagami.
Lo único claro, aquella vez del parque de diversiones, era que su hermano lo había dejado solo y Taichi había llegado a rescatarlo.
—"… cuando tú y yo nos llevamos bien, mi hermano pone una cara de pocos amigos"— le lloró el pequeño rubio al de cabello castaño. De nueva cuenta el recuerdo se había hecho nítido, de nueva cuenta el Takeru adolescente rememoraba el pasado —"después de que todos se fueron cuando desapareciste, le dije que teníamos que buscarte, pero también se opuso, él me abandonó por hablar siempre de ti, ya no quiere saber nada mí...".
Los dos se quedaron un momento callados. Taichi lucía indeciso, como si no supiera qué decir.
Durante la aventura de 1999, hubo un momento en que Tai viajó a la Tierra sin sus amigos; fue justo después de que su digimon había tenido una evolución equivocada y fue también la primera vez que los elegidos perdieron el camino.
Tiempo después el líder había vuelto y había encontrado a un Takeru solo, indefenso, dolido y sin esperanza.
Por eso, mientras abrazaba al dueño del emblema del Valor, Takeru lloró y traicionó por primera vez a su hermano:
—"Oye, Tai, por favor, quiero ser tu hermano menor".
No obstante, eso no podía ser posible. Inclusive el pequeño Takeru de aquel entonces sabía que no podía tener un vínculo tan fuerte con Taichi.
No había manera de fusionar los corazones de Taichi y su hermano. Eso creía desde entonces... Taichi también lo sabía, por eso no había dudado en responderle.
—"Espera un momento... eso no..."— trató de decir, incómodo.
—"¿No se puede?"— preguntó, con tersura, Takeru.
—"No, no me refiero a eso.. es qué...".
Takeru volvió a su entorno real a causa del claxon de un automotor. Habían estado a punto de atropellarlo por su despiste.
Un día de esos, sus recuerdos iban a matarlo... por estar pensando en aquellos días, había cruzado la calle sin observar el semáforo.
El joven se disculpó con un ademán, apresuró sus pies hasta alcanzar la banqueta, se recargó en el escaparate de una tienda de autoservicio para tratar de recuperar su realidad.
A veces todos sus pensamientos se convertían en gotas de lluvia que caían sin cesar alrededor de él. Él se dejaba mojar, se dejaba sentir la humedad de los recuerdos y las expectaciones… se sentía como la estatua de cualquier parque cuando llovía, pero cuando escampaba de repente y sin arco iris, a él le costaba comprender que todo eso era su imaginación. Tenía que repetirse constantemente: soy Takeru, tengo 16 años, voy en primer año de instituto, este es mi mundo real…
Exhaló e inhaló hasta olvidar el rostro del conductor que estuvo a punto de arrollarlo… quizá, pensó por unos segundos, habría sido mejor que lo atropellaran.
De haber pasado eso, ¿Hikari le recibiría en el cielo?, ¿ella podría volver a brillar como las luciérnagas?
En la calle, el aire se sentía mucho más contaminado que adentro de su hogar. En su casa olía a ropa sucia y a ramen instantáneo; a limpiador corriente y a cerveza… al tabaco que fumaba su padre.
El ambiente, en cambio, olía a smog, a mofle de carro, a aceite de taller, a lixiviados de basura orgánica. Las personas taconeaban en lugar de caminar, el día se consumía como una cerilla en el viento.
Takeru circulaba ligeramente encogido, tratando de no ver a nadie. No era que conociera a muchas personas… los rostros de sus conocidos de la escuela primaria y secundaria comenzaban a convertirse en hojas de árboles en otoño, se le iban desprendiendo de su mente.
No supo por dónde caminó los siguientes minutos. Cada vez que Takeru se cruzaba con una persona ordinaria, agachaba la cara y daba media vuelta por la primera calle que aparecía frente a él.
El sol comenzó a extinguirse. Takeru se recargó en el malecón de Odaiba y trató de calmarse.
Los últimos minutos había andado con mucha prisa, sin saber a dónde iba, sin recordar la dirección de su casa…
Apuñó las manos y alzó la cabeza, se quitó el gorro y se hizo hacia atrás el cabello pastoso.
Lo que vio delante de él lo dejó pasmado.
Frente a Takeru, como obra del azar, se dibujó el edificio de departamentos de la familia Yagami, el lugar donde la luciérnaga había brillado durante ocho años y pico.
—"Hikari…"— la llamó Takeru, temblando —"¿Eres tú quien me ha traído hasta tu vieja casa?, ¿puedes volver a aparecerte si te busco ahí? ¿Puedes delinearte en mi mente de locura, aunque estés hecha de mentiras?... ¿o acaso fue el recuerdo de tu hermano el que me instó a venir a buscarte aquí?".
Después de todo, el hijo menor de Ishida había dedicado sus pasados pensamientos a Taichi-niño, su héroe favorito de infancia.
—"¿Por qué me pones estas pruebas a mí, Hikari-chan?, ¿por qué me has traído hasta tu hogar?".
El chico entendía que volverse loco no era una opción, pero sentía la necesidad de perder la cordura. Que le detectaran esquizofrenia o trastorno bipolar, que su padre y Yamato lo encerraran en un hospital… eso era lo de menos, todo ello valdría la pena si la Hikari fantasma -y adolescente- le tomaba de la mano y le dejaba acariciar esa piel lejana, de luz iridiscente.
—"Esta vez… esta vez te seguiré buscando… no importa que ya no brilles, te seguiré buscando"— se dijo el muchacho, avanzando hasta los departamentos.
Se decidió a tocar la puerta de la familia Yagami, porque le era imposible dejar de pensar en Kari.
Los pensamientos que residían debajo de su alma lo condenaban. El Takeru que podía verse y oírse era solamente la puntita de un iceberg. Debajo del mar, debajo de las máscaras, en su mente, había una isla de deseos de enfrentar a su pasado.
Por eso desistió de prestar atención a la razón y sus pies se fueron moviendo poco a poco hasta dar con el minúsculo hogar de los Yagami.
Era la misma puerta que recordaba haber visto en el velorio de su amiga, aunque estaba más descuidada. Estuvo varios minutos sin atreverse a tocar, hasta que la puerta se entreabrió sola, tras un ruido chirriante.
Takeru saltó hacia atrás, como si se arrepintiera. ¿Quién le había abierto?
—"Bue…buenas noches"— saludó. De alguna manera, sabía que no había marcha atrás.
Nadie respondió su saludo, la puerta, en cambio, siguió rechinando, como si a los tornillos les hiciera falta grasa.
Si Hikari era un fantasma y no estaba con él, tenía que estar en esa casa que tanta inseguridad le causaba al menor Ishida.
El departamento se entreabría para él, como un acto de magia, por eso se atrevió a empujar la puerta, para asomarse.
No había nadie en el recibidor.
Una luz tenue parpadeaba al fondo del apartamento, en una de las habitaciones. La cocina, el comedor y la sala estaban a oscuras. El televisor estaba encendido pero no emitía brillo: las imágenes eran opacas y estaban en 'mudo'.
Takeru volvió a dar las buenas noches, pero -de nuevo- nadie le respondió, sólo su corazón redobló sus latidos.
Se descalzó. En el recibidor había dos pares de zapatos. Dos pares de tenis, de imitación los dos. Unos eran azules y los otros, rojos. Takeru se inclinó y tocó los zapatos rojos, que eran pequeñitos, como si fueran de una niña muy chica.
—"¿Hikari-chan?"— soltó y al olerlos, se dio cuenta de que tenían la esencia de la niña, pero también olían a polvo.
De hecho, el hogar de los Yagami estaba sucio. Las cazuelas estaban encimadas en el lavatrastos y había ropa tirada por el sofá de la sala. Takeru creyó que las prendas podrían ser de Taichi.
El atrevido y valiente Tai.
Sin contar sus recientes recuerdos, la última vez que había visto a Yagami había sido años atrás… había sido un encuentro incómodo, en el cual el gran líder no podía siquiera mirar los ojos de nadie.
Era normal, estaba sumamente deprimido por perder a su hermanita. Takeru lo entendía porque él había estado viviendo en depresión los últimos años, no obstante, Yagami tenía fama de haberse convertido en un hombre cobarde y de pocos escrúpulos, eso le había dicho su hermano.
—"Te prohíbo que lo vuelvas a visitar"— había dictaminado su consanguíneo.
Al parecer, según palabras de Yamato, Taichi culpaba a todos por la muerte de Hikari, especialmente se culpaba a él mismo.
—"Una persona que no puede conllevar sus culpas y se engaña a sí mismo no puede ser amigo de nadie".
Eso lo había dicho Matt al entrar a la secundaria, sitio donde el que el ex líder y su hermano se habían peleado a muerte por razones que Takeru desconocía.
A Yagami lo habían expulsado y, posteriormente, reintegrado a una escuela de niños problemáticos. Yamato ya nunca más lo buscó después del incidente.
"No cabía duda de que sin Hikari, Taichi se ha quedado sin luz", eso pensó Takeru y se mordió los labios. Algo le decía que sus amigos del Digimundo nunca debieron de haberse separado.
Los calcetines del muchacho se llenaron de polvo al caminar por esa casa. Fue directo hacia el sitio donde se veía esa luz que tintineaba.
¿No era ahí la habitación de Hikari, la que una vez había compartido con Taichi?
El rubio tragó saliva, después de llegar a la puerta del cuarto, tocó. Primero lo hizo con suavidad, luego, con fuerza.
Le contestaron con un gruñido.
—"¿Taichi-san?"— el bufido sonaba como su viejo héroe —"¿Eres tú, Tai-san? ¿Estás ahí?, ¿puedo pasar?, soy… soy Takeru, ¿estás ahí?".
Tk escuchó una voz quejándose. Por cada gemido que oía, se le aceleraba más el corazón. Parecía que alguien estaba sufriendo, Takeru terminó desesperándose.
Estuvo a punto de regresarse, después de todo ¿Qué hacía él ahí?, ¡estaba en una casa ajena donde ni siquiera le habían dado la bienvenida!, ¡era una tontería invocar y buscar a los muertos! ¡Hikari estaba muerta!, la vida de los Yagami, sin Hikari, no le importaba… era incluso más interesante pensar en los fantasmas de la televisora Fuji que en su compañera acaecida.
Entonces, ¿por qué mejor no se iba?
Takeru no podía explicarlo, sólo sabía que irse no era una opción, no cuando había llegado tan lejos.
Extrañó su casa, su habitación, la noche, los sueños… pero no ansió dar media vuelta, por algo había salido de su pequeño mundo… la Hikari-chan que vivía en su inconsciente lo había llevado hasta ahí.
—"Taichi-san, sé que estás ahí… perdona, pero voy a entrar"— advirtió Takeru, sin dudar.
Entró a la habitación y, cuando lo hizo, supo de inmediato que Hikari de verdad lo había enviado hasta ahí.
Durante el verano de 1999, Takeru le preguntó a Tai si quería ser su hermano. Cuando hizo la pregunta el rubio lagrimaba y el moreno no sabía cómo responderle sin herirlo.
—"Oye Tai, por favor, quiero ser tu hermano menor".
—"Espera un momento... eso no...".
—"¿No se puede?"— insistió Tk.
—"No, no me refiero a eso.. es qué...— Taichi tomó aire, meditó sus palabras: —"primero busquemos a Matt para preguntarle la razón de por qué te dejó, él nos responderá".
Y ante esa contestación, Takeru tuvo qué asentir.
Yamato no volvió, aunque ¿Y si él lo alcanzaba? ¿Y si con eso su hermano lo detestaba un poquito menos?
Demidevimon, un monstruo redondo y con alas de murciélago, se acercó a los chicos, blandiendo sus alas delgadas y desnutridas.
Llevaba una canasta llena de hongos. Si se esforzaba, Takeru todavía podía recordar cómo olían esas setas silvestres.
—"Hola, Tokomon, ¿cómo has estado?"— preguntó Demidevimon, quien había discordiado a Takeru y a su digimon.
Los ceños de Tokomon, Agumon y Taichi se tensaron. Takeru en cambio sonrió, porque a su edad era incapaz de percibir el sarcasmo.
—"Oye, queremos hacerte una pregunta"— Agumon, el dinosaurio naranja del líder, fue directo al grano.
—"¿Quiénes son ustedes?"— se enfadó Demidevimon —"¿qué es lo que quieren?".
—"Mi nombre es Tai y él es Agumon"— saludó Taichi, con rapidez.
—"¿Puedes repetirme lo que dijo Matt, por favor?"— de nueva cuenta, el digimon de Yagami cuestionó.
El murciélago puso mala cara.
—"Escuchen, Yamato me dijo que ya no quería estar al lado de Takeru y ese fue el recado, yo traté de convencerlo porque los dos son hermanos, no valía la pena pelearse, pero Yamato no quiso escucharme".
—"¿En serio?"— quiso corroborar Agumon.
—"No les estoy mintiendo"— dijo Demidevimon.
Takeru miró a Taichi y deseó que éste le tendiera la mano una vez más.
—"¿Nos puedes llevar adonde está Matt?"— pidió Yagami, lo que hizo que el rubito se ilusionara.
Si su hermano no venía por él, la solución era perseguirlo. Además, si Tai iba con él, Tk ya no se sentiría solo.
—"Está bien, los llevaré"— digo el digimon murciélago —"pero les advierto que está un poco lejos".
—"Eso no nos importa"— aseguró Taichi, inyectando ánimos en el pequeño de su grupo.
—"Sí, ya veo"— Demidevimon se veía tranquilo a pesar de que había accedido a revelar la ubicación de Yamato, pues los hongos que llevaba en su canasto eran la clave para su triunfo —"por cierto, antes de eso, ¿no les gustaría comer?".
Los hongos olían parecido a los champiñones de la Tierra. Expedían un aroma que inspiraba confianza, que daba antojo.
Con sólo ver el alimento, Taichi y Takeru se acariciaron el estómago. Pocas veces las comidas del Digimundo se parecían a las de su mundo.
—"¡Quiero comer!"— se antojó Tk.
—"No me parece mala idea"— consideró Tai.
Demidevimon les dio la cesta, pero antes de que alguien pudiera probar los hongos, Taichi sugirió asarlos.
En poco tiempo hicieron una fogata, prepararon hicieron brochetas de hongos y los empezaron a cocinar con el fuego.
—"¡Huelen delicioso!"— se emocionó Takeru.
—"Lo sé, pero aún no están listos".
—"Esperen"— avisó Agumon —"voy al baño, enseguida regreso".
—"Si no te das prisa nos acabaremos todos los hongos"— amenazó Taichi.
Mientras su amigo cocinaba, la boca le salivaba a Tk. No era por el hambre, sino porque iría a buscar a su hermano y esos hongos eran el comienzo de una historia en la que se convertiría en un chico valiente, en uno digno del cariño de Yamato.
La lámpara de la habitación tenía un falso contacto, por lo que se encendía y apagada por tiempos. Era como si la habitación 'flasheara', por eso Takeru se talló los ojos y quedó asombrado ante lo que vio.
Decenas de fotografías de Hikari, en su versión de niña, estaban enmarcadas en las paredes. Cuando vivía, Kari tenía el cabello castaño, lacio y corto. Casi siempre vestía shorts y camisetas de colores rosa y amarillo. Era paliducha, de cejas compungidas. Los ojos siempre le brillaban con dulzura y su sonrisa era discreta, como si guardara muchos secretos.
Una tras otra, de derecha a izquierda; las fotografías tapizaban la habitación. Apenas había espacio para una litera y un escritorio diminuto.
Y aunque Hikari-chan tenía el rostro más bonito del mundo, a Takeru le angustió la decoración de la habitación, porque fue como si hubieran desenterrado a su amiga y la hubieran convertido en un títere de teatro guiñol.
La electricidad seguía tintineando a causa del corto circuito que había en el cuarto. Al muchacho le parecía que las imágenes de Hikari desaparecían y reaparecían del mundo, como un verdadero espíritu.
En el centro de la habitación había un tapete y, sobre éste, Taichi Yagami estaba acuclillado, haciéndose pequeños cortes en la piel de sus brazos morochos.
A cada cuchillada que se daba, las heridas dejaban salir una sangre oscura, sin transparencia.
Takeru pensó que estaba alucinando otra vez, no había forma de que Taichi se lesionara a sí mismo… ¿de verdad se cortaba la piel? ¿y luego quién lo iba a coser?
Nada quedaba del niño-héroe que se dejaba abrazar y le devolvía la esperanza, nada quedaba del chico que le cocinaba hongos y le cuidaba como si fuera importante.
El ex líder tenía la mirada perdida… Este Taichi, el de la actualidad, se hería a sí mismo mientras las fotos de Hikari lo observaban.
Y aunque estaba mal ver eso, el ex portador de la Esperanza no pudo reaccionar, ni siquiera fue capaz de moverse. Era como si no pudiera asimilarlo… debía de ser un error de su mente como el fantasma de Hikari, por eso lo mejor era observar, ir lento en la toma de decisiones.
La litera superior tenía un edredón de niña y algunos peluches alrededor de la almohada; el colchón de abajo, en cambio, estaba sin hacer, con sábanas y colchas aparentando dunas de arena.
"La cama de Hikari está intacta, no han quitado sus cosas en todos estos años", fue lo que concluyó Takeru. No sólo era la litera… era como si la mitad del cuarto estuviera lleno de las cosas de la pequeña Yagami.
Eso no podía ser posible... hacía muchos años desde que la luciérnaga se había apagado.
Takeru sacudió la cabeza, trató de salir del trance. A unos pasos de él, Taichi se seguía cortando, se hacía cortadas débiles, insulsas.
Estaba claro que se cortaba para sufrir, eso creyó el rubio al notar que cada vez que se lesionaba, Tai gruñía y soltaba un mugido de desolación.
Necesitaba despertar de esa pesadilla, eso lo sabía Takeru, necesitaba reaccionar ante lo que veía: sabía que era real, sabía que, en verdad, el hermano de Kari se estaba lastimando a propósito.
Eso NO podía ser normal.
—"¡Deja de hacerte daño, Taichi-san!"— por fin pudo gritar Takeru, segregando sudor e hiperventilando como si le faltara el aire. Al fin había salido del trance.
Taichi se volvió hacia su visita inesperada con una expresión de sonámbulo, si bien Tk ya tenía las cosas más claras, el moreno Yagami, de 19 años, seguía en otra dimensión.
—"… perdóname, Taichi-san, entré sin avisar, toqué, pero por alguna razón estaba abierta la casa, así que finalmente me decidí a entrar".
Yagami suspiró, le restó importancia a su acompañante y terminó de delimitar la cortada con su navaja.
—"¿Taichi-san?"— volvió a pedir Takeru —"Por favor, deja de lastimarte, Taichi-san".
—"¿Quién eres tú?"— preguntó Taichi, todavía con la mirada en su herida.
—"Soy Takeru Ishida, no, espera, tú me conociste como Takeru Takaishi, ¡soy Tk, del Digimundo!, no digas que no me recuerdas"— balbuceó el chico.
Taichi sonrió con sorna mientras de su piel se enrojecía. Miró de nueva cuenta hacia Takeru y lo apuntó con su navaja, como si quisiera hacerle daño.
—"Ya veo"— dijo Tai, untando sangre en su ropa —"Eres uno de ellos".
—"¿Uno de ellos?"— Takeru no supo a qué se refería su antiguo líder, se percibió tenso, demasiado tenso, y no era para menos, porque la cuchilla de Tai estaba cerca de su cuerpo.
—"Sí, desgraciadamente me acuerdo de ti, eres el hermano de Ishida. El castrante niño que vivió"— Tai se levantó y acercó la navaja todavía más, de modo que el arma blanca quedó a escasos centímetros del rostro del chico, quien se puso lívido pero no se movió.
La agresión parecía una prueba y Tk no estaba dispuesto a perder ante su amigo. La mirada chocolate de Tai era intensa, a pesar de la situación, ¡cuánto extrañaba Takeru la fiereza de esos ojazos!
—"Taichi-san…"— eso fue lo único que pudo decir. Sonó conmovido, porque se dio cuenta de lo mucho que quería a su antiguo líder.
Recordó que de niño quería fusionar a Taichi con Yamato para hacer al hermano perfecto. Si ahora los unía no sería una buena idea, porque crearía al antihéore más triste del Tokio desvaído donde pululaban.
—"Eres uno de ellos, uno de los que dejó morir a mi hermana"— recalcó Taichi, alejando el cuchillo de Takeru y señalando los retratos de Hikari —"Seguramente la has olvidado, a mi hermana, pero yo no lo he hecho. Me duermo después de ver su cara y lo primero que hago al levantarme es mirarla. Es un recordatorio de que ella fue lo mejor que tuve".
Takeru se condolió aún más. El sufrimiento de Tai rebasaba sus propias expectativas, ¿cuánto era capaz de sufrir una persona cuando perdía a un hermano pequeño?, ¿cuánto habría sufrido Yamato si se hubiera muerto él?, ¿había forma de escapar de esa tristeza?
El chico no sabía, no obstante, tuvo en claro que Taichi lo necesitaba.
—"Tienes que saber que yo jamás me olvidaría de Hikari-chan" – manifestó Takeru, al tiempo en que Yagami volvía a acercar el filo de la hoja metálica a su brazo lleno de pequeñas cicatrices —"… Taichi-san, por favor, créelo"-
—"… Murió en tus brazos, talvez por eso la recuerdas"— susurró Tai, con la voz igual de tintineante que la iluminación de su alcoba —"Para ti, mi hermana es un simple recuerdo".
—"No… Tai-san… te juro que no…".
Takeru gimió al ver que Taichi se clavaba la navaja con fuerza y suprimía su grito. Sólo emitió el gruñido constante que le acompañaba cada vez que agredía. Era un animal herido, era un alma que se debatía entre el suicidio y la locura.
—"¡Deja de cortarte!"— increpó Takeru, trató de abalanzarse sobre Tai, quienle sacó la vuelta. Yagami todavía era ágil, sus ojos parecían hervir de calor: eran ojos de león.
—"¿Te parece chocante que me lastime?"— se burló.
A Takeru le asustó ver en Tai el mismo gesto de engaño que ponía Demidevimon cuando, de niño, lo engañaba.
En serio, ¿dónde estaba el Taichi que lo cuidaba?, ¿dónde estaba el chico que era capaz de unir a todos sus amigos con una sonrisa?
Intentó quitarle la navaja pero no funcionó, Taichi se dejó caer al suelo y rodó para esquivarlo.
Las autolesiones no sólo le dolían al herido, sino también a Takeru. Cuando menos pensó, el rubio ya temblaba, porque había perdido el control de sus emociones.
Si Hikari lo había llevado hasta su vieja casa, ¿por qué no se aparecía y le ayudaba a detener las acciones de Taichi?
—"¡No sólo me parece chocante, me duele que te lastimes, Tai!"— exclamó Takeru Ishida, vacilante, inseguro y desesperado.
Taichi Yagami estaba en un hoyo más profundo que el suyo. Pensó en lo triste que estaría Hikari si viera a su hermano… al que era un héroe.
El moreno sacó la navaja que tenía incrustada en su piel. Sus ojos se opacaron como si fuera el asesino serial de una película de horror.
—"¿Dices que a TI te duele?"— ironizó —"No tienes ni la puta idea de lo que está pasando, crío... ¿Sabes siquiera lo que estas cicatrices significan?, para mí, niño estúpido, son la prueba del cariño que le tengo a mi hermana.
—"A Hikari no le gustan"— Tk se puso de pie y habló con la mayor fuerza que pudo —"No sé qué significan para ti, pero sé que a Hikari la ponen a llorar".
Antes de marcharse de su casa, Kari-fantasma le había dicho a Takeru que no quería regresar a su antiguo hogar porque su hermano no era el mismo y su mamá se la pasaba llorando… ¿era que su amiga había visto la crisis en la que vivía Taichi?
—"No hables de mi hermana en presente"— Tai volvió a erguirse, seguía perdido en su caos y parecía que se le quería echar encima al menor —"ella murió por la culpa de todos nosotros. Por eso sufro cada día, en su recuerdo, es mi ofrenda por no haber podido salvarla… es mi deber de hermano".
Taichi soltó la navaja y volvió a desparramar la sangre en sus ropas. A Tk le quedaba claro que su viejo amigo no quería lastimarlo, sólo quería lesionarse a sí mismo.
El ex portador del emblema del Valor había crecido, aunque aún estaba más bajo que su hermano. Se veía demasiado delgado, tenía cicatrices en todas partes. Lo único que parecía irrevocable en su persona era su cabello rebelde.
De la desazón que lo dominó, Takeru no supo qué decir, sólo sintió un deseo enorme de apoyarlo, después de todo ¿no lo había ayudado Taichi cuando él era ese castrante niño que había vivido?
La escena en la que casi comen los hongos que borraban la memoria volvió a la mente de Takeru.
—"Creo que ya están asados"— le dijo Taichi a Takeru.
El niño se sintió consentido: Tai no sólo lo había rescatado de la soledad que sentía en ese parque de diversiones, sino que también estaba dispuesto a cocinarle.
—"Anda, pruébalos".
Pero esos hongos significaban olvido y desesperanza.
—"Espera"— se arrepintió Taichi —"me hace falta ponerle un poco más de sabor".
'Si comes esos hongos olvidarás todos tus recuerdos'.
'Si comes esos hongos olvidarás todos tus recuerdos'.
'Si comes esos hongos olvidarás todos tus recuerdos'.
Esa frase resonó en los pensamientos de Takeru, parecían la 'voz en off' (**) de una de las grabaciones que hacían en el trabajo de su padre.
Takeru adolescente se puso ansioso al rememorar que su yo pequeño sostenía con confianza la brocheta de hongos que acababa de sazonar Taichi.
—"Me lo voy a comer"— avisó —"¡Ay, me quemé!".
—"Así no lo disfrutarás, necesitas enfriarlo"— la ingenuidad del Tai de 11 años también era evidente.
Él tampoco sabía que sus manos habían cocinado un olvido que parecía inexorable. Yagami sopló los hongos de Takeru, éste revoloteó sus ojitos de cielo, pues estaba agradecido.
—"Es suficiente, ya no te quemarás".
—"Muchas gracias, Tai".
Los hongos se veían deliciosos, humeantes y carnosos. No parecían ser un borrador de memorias.
Takeru se metió los hongos a la boca, pero la corretiza que protagonizó Agumon lo distrajo de masticar. El dinosaurio digital movió sus patas con toda la mayor velocidad posible, mientras que con sus garras delanteras hacía señas para que los niños se detuvieran.
—"¡No te los comas, esos hongos no se pueden comer!"— les gritó, lo que confundió a sus amigos.
—"No te desesperes, aquí sobraron hongos para ti"— animó Taichi, quien sabía de sobra lo glotón que podía ser su digimon.
—"¡Les digo que no se pueden comer!".
Takeru estaba por masticar los hongos que yacían en su boca, pero Agumon fue más rápido que su maxilar; de un movimiento le sacó la brocheta de la boca a Tk y arrebató a Taichi la porción que éste tenía.
—"¡Anda, cómetelos!"— desafió el digital monster a Demidevimon, el cual había sido el que había tratado de engañarlos al ofrecerles las setas —"¡te digo que te lo comas!".
El digimon lanzó la comida hacia Demidevimon, el cual sólo atinó a aletear con descontrol.
—"¡Claro, no puedes comértelos!, ya que si lo haces perderás todos tus recuerdos, ¿no es así?— rugió Agumon.
—"¿Eso es cierto, Demidevimon?"— preguntó Takeru.
Tokomon enfrento al murciélago y le sacó los dientes en señal de amenaza.
—"¡No es cierto!"- el aliado de Myotismon trató de defenderse.
—"¡Lo que dijiste de Matt también debe ser una mentira!"— aseguró Tokomon.
Agumon agarró a Demidevimon de la pata para que no se fuera volando.
—"¿Eso era mentira?"— preguntó Tk, pero no obtuvo respuesta, lo que lo hizo llorar con mucha fuerza —"¡Qué cruel fuiste!, perdóname, Tokomon, te traté muy mal".
—"Ya lo sé, no te preocupes"— le dijo el digital y Tk lo miró con admiración, como si de nueva cuenta su amigo fuera un Angemon.
—"Tokomon…".
—"Takeru…"
—"Al fin se arregló este malentendido"— consideró Taichi. Entregó a Takeru el emblema y el digivice que había estado cuidado —"Toma, esto es tuyo".
Takaishi tomó los objetos que hacían brillar su cualidad de la Esperanza. Tokomon digievolucionó a Patamon… Demidevimon trató de marcharse, pero la 'burbuja de aire' fue el ataque que finalmente ahuyentó a la alada criatura de malas mañas, que decía mentiras y engañaba con hongos que borraban los recuerdos.
Los dos estuvieron callados por varios segundos. Takeru había recordado al Taichi-líder, al Taichi-héroe, al que le había llevado hasta donde estaba su hermano, al que le había dado la mano a pesar de que era un niño llorón y con complejo de inferioridad.
¿Lo estaría recordando Taichi a él?, ¿por eso también se había quedado sin habla?
El rubio lagrimó. Se limpió con la manga de su chamarra y aprovechó para cubrirse los ojos.
—"Taichi-san, tu lámpara no sirve, tintinea tanto que me marea"- comentó.
—"Así transmite más misticismo"— afirmó Tai con amargura.
Sin prestar más atención a Tk, abrió el cajón de su buró y sacó un sobre lleno de polvo y una jeringa.
Takeru quedó helado, porque de inmediato notó que era una droga. No podía nombrarla ni precisar sus efectos, aunque bien podía adivinar que era parte del plan de Tai para autodestruirse.
¿No era suficiente con herirse con el cuchillo?, ¿hasta dónde podía llegar la autodestrucción de una persona?, ¿hasta qué punto el coraje se volvía cobardía?
—"¿Ya te asustaste, verdad?, de ser así será mejor que te marches"— pidió Tai, sentándose en la silla de su escritorio —"Es mejor que no sepas lo que es, lo consumo muy poco porque mis padres enloquecen, no he dejado de inyectarme porque me ayuda a recordar a mi hermana".
—"Taichi-san, ¿por qué me dices y me muestras lo que haces? ¿Por qué me confiesas que las consumes?".
Las acciones de Taichi parecían un grito de auxilio desde el agujero más hondo del planeta.
—"Tu hermano Yamato también se coloca de vez en cuando, me lo han dicho"— dijo Tai —"No creas que es tan bueno, no es que sea mejor que yo, los dos estamos rotos, por eso nunca pudimos cuidar de nuestros hermanos, el que tu vivas y Hikari no, no lo hace a él mejor que yo, ¿te enteras?".
Takeru tragó saliva.
Otra vez recordó los hongos que había cocinado Tai para él. Éstos borraban los recuerdos de las personas. Deseó haberse comido uno de esos champiñones, quizás, si lo hubiera hecho, el mundo no sería tan imperfecto y no dolería tanto.
—"Por favor, no lo hagas"— rogó Takeru al ver que Taichi preparaba la sustancia.
—"Si hubieras salvado a mi hermana nada esto tendría que pasar"— con frialdad, Tai introdujo líquido en la jeringa y apretó una liga en uno de sus brazos.
El rubio estuvo a punto de colapsar, pero no lo hizo. Le dio un ataque de euforia y sin importarle nada más le arrebató la jeringa a su amigo y la apretó con fuerza en sus manos.
—'Si comes esos hongos olvidarás todos tus recuerdos'— citó aquella ocasión y cerró los ojos, esperando el golpe de Tai.
Éste no le hizo nada, solamente carraspeó.
—"Es costosa, ¿sabes?, fue mucho problema conseguirla con mi padre vigilándome todo el tiempo".
—"¡Escucha, si comes estos hongos olvidarás todos tus recuerdos!"— repitió con énfasis.
—"¿Hongos? ¿De qué diablos hablas?, y ya hablando en serio, ¿qué haces en mi casa?, ¿cómo entraste?, ¿por qué viniste y por qué no te largas?— se molestó Yagami.
Takeru vio un haz de luz en los ojos neblinosos de Taichi. De alguna manera estaba seguro: el verdadero y valiente hermano de Kari-chan todavía estaba ahí... el Tai que se lesionaba y que consumía drogas sólo era una sombra del real.
Por eso insistió:
—"No puedes comértelos, no puedes comerte los hongos"— las rodillas de Takeru se doblaron, el chico cayó hincado en la duela y desarmó la jeringa, de la cual cayó líquido —"No puedes comerte los hongos, ya que si lo haces, perderás todos tus recuerdos, eso dijo Agumon, ¿te acuerdas?".
Taichi se desinfló en su silla al hacer suyo el recuerdo... tal parecía que había entendido el mensaje repetitivo de Takeru.
—"¿Y qué tiene de malo olvidar?"— cuestionó —"¿Qué tiene de malo comer estos hongos?".
—"Olvidar es lo peor que nos puede pasar, no sólo nos privaríamos de sufrir, sino de ser felices".
Por primera vez desde que había muerto Hikari, Takeru se alegró de haber ido al Digimundo cuando era niño.
Si se hubiera comido esos hongos habría olvidado todas las anécdotas que le habían dejado de sus amigos. No significarían nada las melodías que le tocaba Yamato, ni le animarían los mimos de Sora Takenouchi y los caprichos de Mimi Tachikawa; no se habría divertido nunca con la torpeza de Jou Kido, ni se habría asombrado de todo lo que sabía Koushiro Izumi cuando tecleaba en su computadora.
Si en 1999, Tai y él se hubieran comido esos hongos, ambos se habrían convertido en extraños y tal vez nunca, pero nunca de los nunca, habrían conocido o recordado a Hikari.
—"La heroína no es igual a aquellos hongos, Takeru-chan"— Tai lo llamó por su nombre —"Aunque me corte y me drogue siempre termino recordando… la verdad es que es una solución fácil, tú no lo comprenderías… yo soy como una víbora llena de veneno, cuando me dan remordimientos enmarco una foto de mi hermana y me trago una dosis de mi propia ponzoña; eso hago desde hace mucho, me han encerrado en lugares de rehabilitación pero recaigo una y otra vez, porque este es mi castigo, porque la vida de mi hermana se me fue de las manos…".
—"Taichi-san, la muerte de Hikari-chan no fue tu culpa".
El moreno negó.
—"Ni mi madre ni yo queremos mover sus cosas, nos da la impresión de que ella sigue aquí. Es molesto que mi madre llore; yo a veces no siento suficiente dolor, por eso me corto"— siguió diciendo Tai —"Si me autodestruyo desde siempre, ¿por qué vienes hasta ahora a pretender que me salvas?, no quiero ser rescatado y mucho menos por un niño que vio morir a mi hermana".
—"Escucha… Taichi-san, a Hikari-chan no le gusta lo que haces".
—"No sé quién te abrió la puerta, pero será mejor que te marches, es mejor que no te recuerde, me gusta que se me olvide tu rostro"— dijo —"tu hermano, además, es el ser humano que más detesto en este mundo".
—"No estoy seguro de lo que pasa aquí"— la voz de Taichi, cuando tenía 11 años, era firme —"pero la curvatura que sufrió el Digimundo también tiene una gran influencia con nuestro mundo, por eso, antes de regresar, necesitamos arreglar ese desperfecto que lo está afectando…".
Al palpar el recuerdo, Tk sentía que volvía a vivir cada una de las palabras de Taichi.
—"…todos tenemos que arreglar ese desperfecto, además, todos tenemos qué unir nuestras fuerzas, también necesitamos de ti, Takeru".
Sin importar cuán triste y solo se sentía, Takeru redescubrió que era un niño esperanzado, dispuesto a ayudar, listo para unir fuerzas.
—"Te prometo luchar"— dijo seguro de sí mismo.
—"Sigue con esos ánimos, ¡vayamos a buscar a los demás!".
—"Perdónanos, Taichi-san, te dejamos solo"— susurró Takeru, con las emociones revueltas —"Tú me rescataste cuando era un niño y sentía que mi hermano me había abandonado… en cambio, yo ni siquiera te había visitado".
—"Sólo márchate a tu casa y no vuelvas más"— Taichi se despejó la frente que estaba llena de cabellos de color café capuchino —"sé que Hikari se aferró a tu mano en sus momentos finales, por eso no te voy a hacer daño… Yo vivo mi propio infierno, ¿por qué no te vas a vivir el tuyo?".
El reencuentro entre Takeru y Taichi parecía no tener fin. El menor Ishida no parecía tener intenciones de largarse.
Quería gritarle a su líder que había visto a Hikari, que ésta era un fantasma, que había crecido y aunque estaba muerta la envolvía una adolescencia exquisita.
Quería decirle que aunque la luciérnaga se había apagado, había dejado una luz escondida algún rincón de sus corazones.
Una tercera voz que se escuchó de la nada, fue la que puso fin al reencuentro de los amigos. Al ver quién era, Taichi enronqueció y maldijo de mil maneras la llegada de su padre.
Susumu Yagami tenía la cara consumida. Parecía un esqueleto forrado de piel trigueña.
Takeru no había sabido qué hacer cuando éste había llegado.
Había habido gritos y golpes. Taichi se había alterado al ver a su padre, quien a su vez había descubierto que su hijo de nueva cuenta tenía drogas en su poder.
Con horror, el rubio había sido testigo de la ira del señor Yagami, quien para quitarle la droga a su hijo había hecho uso de la violencia.
Sólo después de la ola de conmoción que presenció y que había finalizado con Taichi encerrado en su habitación, el señor Yagami se había calmado y había pedido disculpas a la visita.
—"Lamento que hayas tenido que ver esto, es la única manera en la que puedo controlarlo"— le dijo, ofreciendo un vaso con agua a Takeru.
Éste negó y desechó la bebida, ¿cómo podía ese hombre ofrecerle de beber después de haber dado puñetazos a su hijo?
—"Hemos gastado todos nuestros ahorros metiéndolo a centros de rehabilitación, pero no ha funcionado, por más que intento vigilarlo, él encuentra un modo de burlarme y de comprar esas porquerías o conseguirse objetos punzo cortantes"— Susumu dejó el vaso en la cocina, Takeru tuvo ganas de irse —"¿Quién dices que eres?".
—"Un amigo de su hijo, yo… yo viajé al lugar llamado Digimundo junto con Tai".
Yagami-san resopló.
—"A veces me parece inverosímil que exista aquel lugar"— sinceró —"Parece un cuento de hadas, siempre sentí que era un mundo de mentiras"— hubo un silencio, Takeru, por su parte, aún sostenía la aguja de la jeringa porque no sabía dónde tirarla —"Pero la verdad es que el cuerpo de mi hijita está allá, en alguna tumba de ese lugar, ¿no es así?".
Los ojos del papá se humedecieron. Takeru se dio cuenta de que éste no quería ser violento con su hijo, sino que sólo era un alma desesperada.
—"Lo siento, no debí venir"— se disculpó Tk, aunque en realidad no se arrepentía de haber visto la realidad de su ex líder.
Los gritos de Taichi resonaban en el apartamento; todas sus exclamaciones eran maldiciones dirigidas a su progenitor.
—"No debes disculparte, lo que pasa es que no recordaba que había otros niños en esa historia"— Susumu caminó hasta la entrada del departamento, con la intención de despedir a la visita —"Aunque es mejor que no regreses, mi mujer se pondría mal al verte… ahora mismo no está en casa, pero le hace muy mal hablar de Hikari".
Takaishi recordó lo desconsolada que estaba Yuuko Yagami en el funeral de la elegida de la Luz. No habían podido traer el cuerpo desde el Digimundo, pero habían hecho una ceremonia como si el ataúd encerrara los restos de la pequeña.
—"Con la muerte de Hikari fue como si también hubiera perdido a mi mujer y a Taichi… Yuuko no quiere tirar las cosas de la niña, quiere vivir una vida de mentiras en la cual Hikari todavía vive… mi hijo perdió su chispa porque no pudo soportar el dolor, primero comenzó a lastimarse, luego empezó a intoxicarse con cualquier cosa que se le puso enfrente, incluso con pegamento y solventes …".
Takeru se calzó sin dejar de temblar.
—"No importa qué tanto me esfuerce, ni él ni mi esposa quieren dejarse ayudar, y yo ya no puedo con la carga, también tengo qué trabajar para mantenerlos, sí lo comprendes ¿Verdad?".
Pero en vez de responderle y dar seguridad al hombre, Takeru Ishida salió corriendo de ese departamento, con las lágrimas jugándole carreras a sus piernas.
Corrió todo lo que pudo, saltó los escalones de las escaleras sin ritmo, de dos en tres, de cuatro en uno. No se detuvo hasta que salió del edificio y cruzó la avenida donde casi lo habían atropellado tiempo atrás.
¿Qué se suponía que iba a decirle al pobre señor Yagami?, ¿cómo podía ayudar si la situación estaba tan llena de tinieblas?
Takeru se cubrió los ojos e incrementó su llanto, tiró la aguja de la jeringa porque no quiso sostenerla ni un minuto más... no había duda, todavía era un llorón. Se arrepintió de haber salido de su casa para cumplir la orden de su padre, se condolió de cada uno de las cortadas de Taichi, de las ojeras de Susumu, de las fotografías de Hikari Yagami muerta que tapizaban la habitación de su antihéroe.
—"Hikari-chan, lo siento mucho, no sé cómo salvar a tu hermano"— gimió.
Y cuando el tsunami de su llanto estaba a punto de inundarlo y la esperanza se convertía en la peor de las falacias, Takeru sintió la calidez de unos brazos rodeando su espalda.
—"No llores más"— le dijo Hikari. Ella estaba ahí, para arroparlo como un manto. Ella estaba ahí, porque no era una alucinación, sino un espíritu que lo iluminaba —"Sabía que vendrías, sabía que al descubrirlo te dolería casi tanto como a mí…".
—"¡Lo siento mucho, Kari!"— el muchacho le devolvió el abrazo con toda la fuerza que tuvo. No quería que Kari desapareciera, quería sostenerla para siempre —"No sabía que Tai estaba tan mal, no recordaba lo mucho que lo quería".
Takeru sintió en sus mejillas el cabello de Hikari. Levantó el rostro y la vio más resplandeciente que nunca, más lúcida, más real y hasta tangible.
—"No llores más… sé que lo resolveremos juntos, ¿verdad que nos tomaremos de las manos y no nos soltaremos jamás?".
Él apresó la mano que Kari le entregó, la llevó a sus labios y selló el 'sí' con un beso en los dedos volátiles de ella: su Hikari, su futuro.
Notas:
Ha sido un capítulo muy triste y difícil de escribir. A veces, la muerte de un ser querido puede hacer que una persona caiga en la autodestrucción y si no hay redes de apoyo de por medio, la situación puede tener un final terrible, como lo es un suicidio.
La violencia dirigida contra uno mismo es un problema de salud que identifica la Organización Mundial de la Salud en un informe sobre salud y violencia que publicó en el 2002; este tipo de maltrato incluye las autolesiones, los intentos de suicidio y la consumación del acto. El que Taichi intente autodestruirse va contra la naturaleza del personaje, es como una antítesis del mismo, o al menos así lo veo.
Quise plantearlo así, porque Taichi, en Digimon 01, tenía un complejo de culpabilidad cuando algo le malo le pasaba a su hermana. Es decir, cada vez que ésta caía enferma, Tai solía culparse por ello, ya que sentía que había fallado… de hecho, se da a entender que Taichi no quería que Kari fuera al mundo digital.
No lo he narrado aún, pero la muerte de Hikari será un trauma más para Taichi y también para los demás niños elegidos de 1999. La idea es sacar a los personajes de sus casillas y pintarles un mundo negro, así que puede ser que las historias de los otros chicos, a raíz de la muerte de Kari, sean casi tan tristes como esta.
Espero le sigan dando una oportunidad a este fic, a pesar de que el capi estuvo largo.
Al principio será muy oscuro, pero si Hikari ha vuelto, seguramente la luciérnaga volverá a emitir luz.
Espero que el hecho de que la narración del fic sea asimétrica no les confunda, la verdad es que aunque el narrador es en tercera persona y desde la perspectiva de Takeru, a veces hay 'mudas' de narrador intencionales que alejan y acercan al lector con el escrito.
*Este capítulo lo dedico a la persona que perdí hace más de un año. También lo dedico a los amantes del Takari que le dieron la oportunidad a este fic.
Saludos y abrazos,
CieloCriss.
(*) Flour-manager: es el jefe de piso que se encarga de dar instrucciones en el set de grabación de los estudios televisivos. Generalmente, este gerente de piso sigue las órdenes del director y del swicher para el cambio de cámara.
(**) Voz en off: se refiere a una voz narrativa que cuenta los sucesos de manera omnisciente en la mayoría de los casos. En el caso de Digimon Adventure, la voz en off daba el resumen de las aventuras de los niños elegidos.
