Hola a todos. Por fin he actualizado este fic de drama, romance y género sobrenatural. La idea es retomar el rumbo de esta historia, que está basada (la idea general) en el anime AnoHana.

Este fic es como una realidad alterna de qué hubiera pasado si, en el verano de 1999, Hikari hubiera muerto durante la Aventura en el Mundo Digital. Y aunque parezca un fic oscuro, es en realidad un fic que habla de la redención.

Aclaración: A los diálogos de Hikari, les agrego comillas de manera intencional (porque es un fantasma). En esta occasion la estructura del texto es lineal, aunque hay, de repente, hay partes en donde parece que el narrador pasa a un plano onírico. Las cursivas también son intencionales.

Resumen: En el capítulo anterior, Takeru descubrió que tras la muerte de Hikari, Taichi comenzó a autodestruirse por no poder superar la pérdida de su hermanita. Después de ese episodio, el rubio se reencuentra con la Hikari fantasma y le promete que le ayudará a recuperar a Tai y a reunir a los elegidos para que ella pueda cumplir su deseo.

Gracias por seguir el fic. Los dejo con la lectura.


La luciérnaga que se apagó aquel verano

«Ven, ven», le dije,

pero la luciérnaga

se fue volando...

(Haiku de Ueshima Onitsura)

IV

"¿Verdad que nos tomaremos de las manos y no nos soltaremos jamás?", eso le preguntó Hikari Yagami a Takeru Takaishi la segunda vez que se le apareció. Él le respondió dándole un beso en el dorso de la mano iridiscente.

Los dos fingieron una sonrisa, el rubio rogó en sus adentros que la luciérnaga no se fuera volando, por eso regresó a su apartamento sin soltarla.

No hubo ningún Piedmon que los amenazara como en el pasado, esta vez caminaron juntos por el malecón que rodeaba a Odaiba, a aquella isla artificial que los acogía, donde el sol —como en cualquier parte del mundo— se ocultaba detrás de nubes contaminadas durante el atardecer.

Takeru se sintió feliz por esa caminata, en la que le bastaba pisar hacia el frente, con sus ojos desviándose hacia la figura de Hikari cuando los semáforos peatonales se pintaban de rojo.

No hacía falta decir mucho. Al menos no esa noche. Los dos lo sabían. A pesar de que no muy lejos de ahí Taichi Yagami sufría por una depresión llena de ideaciones suicidas, los dos se dieron ese espacio para que sus dedos se fundieran en una sola persona… eso era lo que más necesitaban una muerta y un vivo cuando estaban juntos.

El rubio llegó tarde a casa. Su padre y Yamato estaban despiertos, pero Takeru no les dijo nada cuando entró al departamento y se descalzó. Su corazón estaba hechizado por las manos de Hikari, quien fue a su hogar con él. ¿Qué importaba si ella estaba muerta y él estaba con vida? ¿Qué tenía de malo saber que estaba pactando una alianza con lo imposible?

—¿Dónde estabas? —fue Yamato quien habló, señalando al reloj digital que colgaba de la pared.

Pasaban de las 12 de la madrugada, pero el menor de la casa no le respondió. Si su padre y hermano no podían ver a Hikari, ¿entonces de qué le valdría dar una extensa explicación de lo que había pasado?... Caminó entre su familia y, sin responder, se encerró en su habitación.

Sólo ahí dentro soltó a la menor de los Yagami; volvió a besarle la mano, como si la desesperación pudiera quitársele a besos.

—"¿Está bien así, Takeru?, ¿no deberías responderle a Yamato-san?" — preguntó con dulzura la chica, alzando la barbilla de Takeru para que los dos se miraran a los ojos.

—Esta noche sólo importa que estás conmigo —contestó Takeru, soltando un suspiro.

La respiración de Takaishi estaba entumida… Miró de nuevo a Hikari y deseó que pudiera inhalar y exhalar como él. Deseó que fuera humana otra vez, para envolverla en caricias.

Si la imagen dulce de un fantasma podía erizarle la piel con tanto éxtasis, ¿cómo sería Hikari si fuera una mujer ahora mismo?, al fantasear esa posibilidad se turbó.

No era correcto tener esos pensamientos, pero era más incorrecto todavía no sincerarse con ella.

—Kari, quisiera hacerte el amor ahora mismo… —confesó el rubio —Sé que si has vuelto no es para eso, sé que es algo imposible, me dijiste que tienes una misión, hoy he visto a tu hermano auto-destruirse… aun así, mi pensamiento principal es tenerte en mis brazos, porque eres lo único que ambiciono en este mundo, pero eres lo único que no puedo tener.

—"¿Qué es hacer el amor para ti?".

Takeru se sonrojó.

—Amor, sexo… unión para siempre —fue lo que le respondió, apenado.

—"¿Para ti no basta con tomarnos de las manos?".

El chico negó.

—Los humanos no somos seres tan espirituales —dijo —. He estado encerrado en esta vida cotidiana por años, soñando con esa niña que murió en mis brazos, deseando cambiar el pasado, deseando haberla salvado… he tenido pesadillas todos los días, recordando los labios resecos de mi madre expirando, recordando tus labios sangrantes cuando te perdí… la mirada de desazón de Taichi, el dolor de todos nosotros… no he aprendido a sobrellevar el fracaso, lo único que hago es evadir el mundo … luego vienes tú, la niña de la luz y, aunque moriste en mis brazos, veo que has crecido, que tu cuerpo brilla, que de nuevo me tomas de las manos… y duele, duele como el pasado, pero tiene otra connotación.

—"Connotación…"

—Eres mi primer y único amor —suspiró Takeru, se dio cuenta de que estaba llorando, por lo que se echó en la cama y se hizo bolita.

—"Tú también eres mi primer amor" —murmuró en voz baja Hikari, luego se acostó a su lado y lo abrazó. Ella acomodó su brazo en la cintura del joven.

Takeru sintió un rozón de fuego que le quemaba el cuerpo, no obstante, lo único que hizo después, fue increpar su llanto.

—"Parece que todavía te queda mucho por llorar"— Hikari le dijo, acariciándole las mejillas.

Así estuvieron hasta que Takeru cerró los ojos. Fue entonces, sólo entonces, que Kari también quiso llorar… pero una vez muerta, las lágrimas eran muy diferentes a las que ordinariamente salían de los ojos de los vivos.


En Odaiba, el despertador era lo último que solía levantar a Takeru. Aunque lo programaba con antelación cuando tenía intenciones de aprovechar el próximo día, en la madrugada él mismo se auto-saboteaba y lo desconfiguraba.

Generalmente, quien le metía conciencia era su hermano mayor, quien a las 7 de la mañana tocaba la puerta y le preguntaba si iba a ir a la escuela. Sin embargo, después de haber discutido por el asunto de los muertos, Yamato y Takeru hablaban lo menos posible, por lo que ese día no se oyeron los toquidos secos de Ishida en el cuarto.

Fue la voz de Hikari, suave como el canto de un pajarillo, la que despertó a Tk.

—"¿No vas a ir al instituto?" —preguntó la chica.

La noche pasada, Takeru no había soñado. Hikari no era una alucinación, ella aún estaba a su lado y todavía tenía sus manos enlazadas a él.

—No suelo ir a menudo… —fue la respuesta de Ishida menor.

—"Lo sé".

—¿Consideras que es malo?, ¿no te parece absurdo seguir las reglas de este sistema educativo?... he leído que Japón y Corea del Sur son los países en donde más jóvenes se suicidan a causa de fracasos escolares.

Hikari Yagami sonrió.

—"No creo que sea tu caso" —Hikari señaló la pared en donde el uniforme colgaba de un gancho. —"… ese uniforme, ¿acaso no es de la escuela pública con mejor nivel académico de la zona?".

Takeru Ishida ya no dijo nada. Se sentó, soltó brevemente a Hikari y estiró los brazos para después bostezar.

—Hikari-chan, me parece absurdo ir a la escuela, nuestra prioridad es ayudar a Tai-san… pero no sé lo que debemos hacer…

Al oír el nombre de Tai, Kari se quedó callada unos instantes.

—"Iré a verlo, a mi hermano; ¿puedes esperarme aquí?"— preguntó con ternura.

—¿No sería mejor que fuera contigo?, me da miedo que desparezcas.

La muchacha negó.

—"Aún no es tiempo de que regrese, ¿no te he dicho que he venido para que finalicemos lo que dejamos atrás?".

—Sí, pero…

—"¿No recuerdas que antes de irme debemos estar todos juntos otra vez?, si me fui de tu lado la semana pasada fue porque me lo pediste, Takeru".

—Lo sé, yo te lo pedí, yo te alejé y todavía me culpo por ello —susurró el rubio —. Siento que eres como una luciérnaga, que si te vas, te apagarás otra vez, aunque esta vez para siempre.

Hikari sonrió, soltó a Takeru y deambuló por la pequeña habitación en la que dormía el menor de los hermanos Ishida. Era milimétrica, apenas cabía una cama individual y un escritorio. Una de las paredes escondía un closet de madera. Las paredes tenían humedad y no estaban decoradas, salvo el clavo donde Yamato colgaba todos los días -en un gancho- el uniforme lavado y planchado de la preparatoria de su hermanito.

La chica descolorida por la muerte tenía sus ojos infrarrojos dirigidos al uniforme; acarició la tela y se volvió hacia el chico con el que había convivido los últimos suspiros de su vida.

—"Voy a ir a ver a Tai" —indicó con cierto aire autoritario —"y Takeru-kun se vestirá con este uniforme, porque su hermano mayor, Yamato-san, todavía se esfuerza, sin importar que su corazón se agriete, él se preocupa, él prepara el uniforme, lo asea y lo plancha, lo cuelga en la pared para que su hermano menor lo use… no importa cuánta amargura sienta Yamato-san, él se esfuerza todavía, se lo ha prometido a alguien más, prometió que te cuidaría a pesar de que se hiciera de noche".

El antiguo poseedor de la Esperanza se encogió y apuñó las manos, como si la impotencia pudiera respirarse en su habitación rectangular y sin ventilación.

—No me digas eso, Kari… sé que soy una mierda, sé que no merezco a mi hermano ni a papá, pero no me digas eso —lagrimó sin quererlo. Tuvo ganas de arrancar ese uniforme de su habitación, ya que por culpa de éste Hikari lo regañaba. Ella no entendía nada, era verdad que Yamato, a su manera, seguía cuidando de él por obligación. —Mi hermano se esfuerza, sí, pero cada vez que sube un peldaño, cada vez que camina o que emprende una actividad, su verdadera esencia desaparece… preferiría que no me atendiera si va a hacerlo con esa mirada de odio, preferiría que dejara de cargar culpas que no le corresponden y…

—"¡Pero se esfuerza!" —Hikari endureció la mirada —"Yamato se esfuerza, mi hermano, mi Taichi, ya no lo hace".

Takeru Ishida ya no pudo defender su punto de vista. Tras un pestañeo se acordó de Taichi y se arremolinó la sangre. ¿Cómo podía ser tan idiota? ¿Cómo podía olvidarse de aquel reencuentro?, en definitiva, los ojos de hielo de su hermano no tenían nada que ver con los ojos sin corazón de su ex líder… no había manera de compararlos.

—Perdóname, Hikari —suplicó, yendo hasta ella, tocando su piel transparente y atravesando su sonrisa con la suya —. Ve a ver a Taichi, cuando regreses, me habré vestido con este uniforme.

—"No tienes que hacerlo sólo porque lo digo yo" —argumentó la fantasma.

—A veces somos demasiado egoístas cuando pensamos en nuestros dolores… dejamos de ver los esfuerzos que los demás hacen por nosotros.

Takeru descolgó el uniforme. La castaña lo vio con dulzura.

—Mi padre y mi hermano se esfuerzan por mí sin importar sus propias oscuridades… no sólo ellos, tengo una vecina que va a la misma escuela y casi todos los días toca mi puerta para preguntar si iré a clases.

—"Lo sé, es Miyako-chan" —Kari dijo ese nombre como si apreciara a esa persona con todo su corazón.

—¿Es que también sabes sobre ella?

—"Miyako es muy importante para mí"— respondió la chica, el joven quiso seguir preguntando, le gustaban los misterios de Hikari, no obstante, apreciaba no entender todo lo que ella quería decirle. El espíritu de Hikari era, después de todo, el velo que envolvía los misterios.

Poco después desapareció y, cuando lo hizo, a Takeru le dolió el pecho con fuerza, no supo si fue porque Hikari se había ido o porque las palabras de ésta le habían herido un trozo de pulmón.

Le costaba respirar. Le daba vergüenza saberse tan egoísta y frívolo. Vivir sin vida cotidiana le había provocado un vacío por dentro. Sus pensamientos críticos hacia la manera en cómo funcionaba el mundo no justificaban su aislamiento.

Si de pequeño había llegado a identificarse con el emblema de la esperanza ahora era su propio antónimo. Hikari lo sabía y por eso, con su voz dulce pero fuerte, le daba lecciones de vida aunque estaba muerta.

Sí, porque Hikari había muerto en sus brazos años atrás, en ese horrible mundo de bestias digitales… allá adentro, en ese planeta perdido, la vida había parecido un videojuego, sin embargo, al final no había habido forma de revivir tras el game over.

Ese fin —sin continuación— había destruido las sonrisas de plenitud de siete personas, la octava había muerto, aún así, Takeru sentía que ella era la única que todavía podía mostrar una risa liberada y honesta.

Los demás no.

Takeru había pensado que sus ojos eran los más tristes, pero eso era porque no se había preocupado por ver detrás de la mirada de los demás.

No obstante, tras haber vuelto a mirar a Taichi Yagami, se había dado cuenta de que el fin del mundo no era lo más difícil de superar para los seres humanos, sino los nuevos comienzos.

Pensó que Hikari se había desaparecido para ir ver a Tai. Él no necesitaba preocuparse por su propio hermano, porque sabía que Yamato, aunque se derritiese de odio, continuaba la vida con los ojos vacíos, pero dando pasos, esforzándose.

La preocupación de Hikari, en cambio, era ir a su casa para ver si Tai no había atentado otra vez contra su vida para desterrarse de un dolor que en vez de superarse, lo estaba pudriendo por dentro.

Se vistió pensando en eso y en otras cosas. No supo hacerse el nudo de la corbata y se imaginó los dedos de su hermano ayudándole con eso, como hacían de pequeños, cuando iban a visitar a los abuelos en Francia y asistían a esas fiestas pomposas de su familia.

Desayunó una sopa de fideos instantáneos y se fijó que en el calendario de deberes de su familia, Yamato había borrado todas las actividades de la pizarra.

—Seguramente se cansó de jugar a la casita —Takeru lo dijo cansado, aunque a la vez culpable.

Se echó en el comedor de estilo japonés, miró de reojo el altar de su madre y agarró un viejo cuaderno del librero. Lo había usado el semestre pasado pero como casi no tomaba apuntes, estaba vacío.

Garabateó sin sentido, bosquejó a Hikari, no a la niña, sino a la mujer casi transparente que le despertaba fiebre y que había revolucionado los últimos días que había vivido.

Era perfecta. Podía llamarle hada o ángel sin temor a equivocarse. Takeru sabía que Hikari era una lucecita que parpadeaba a su alrededor y que, en algún momento, iba a desaparecer.

¿Hikari iba a apagarse para siempre si se cumplía el deseo que tenía de reunir a los siete elegidos que seguían con vida?, en el fondo, Takeru sabía que sí, aunque no tenía más remedio que obedecer a su amiga.

Que Hikari brillara y estuviera junto a él era fantástico, pero que hubiera vuelto porque no podía descansar en paz significaba que no era feliz, que algo estaba oscuro, que algo lucía incorregible.

Sin darse cuenta, justo al lado del dibujo de Hikari, Takeru dibujó su emblema. Lo recordaba muy bien a pesar de que pocas veces lo tenía en mente.

Su emblema era el de la esperanza. Esa cualidad parecía haber revivido gracias a la luz, gracias a Hikari. Los demás emblemas eran el Valor, la Amistad, el Amor, la Pureza, la Sinceridad y el Conocimiento… Los dueños de esos emblemas debían reencontrarse y salvarse, ese era el deseo de Kari, ésa era la única manera de salvar a Tai.

—"La esperanza es amarilla, como tu cabello" —Hikari cantó. Takeru alzó el rostro abochornado, no se había dado cuenta de que se había abstraído en la libreta mientras dibujaba su emblema.

—Kari, ¿cómo está Taichi? —cuestionó el muchacho.

—"Tai no se ha hecho más daño…" — la castaña lo dijo con la voz estremecida —"todavía no puede verme, pero mientras estaba a su lado, intentando tocar sus cabellos, él dijo tu nombre y pareció aliviado de que estuvieras bien".

—Taichi-san…

—"Dijo que habías crecido demasiado rápido" —lagrimó —", no se dio cuenta de que me lo contó a mí, él le habló a la pared y también se preguntó si yo habría crecido tanto de haber estado con vida".

—Cuando Taichi se recupere, le contaré que has crecido, que se te estiraron las piernas y los brazos, que tu cabello es más suave que antes y que tu cintura cabe en el interior de un anillo… que tus labios son una flor.

Hikari sonrió.

—"Qué guapo te ves con el uniforme" —fue lo que alcanzó a decirle ella, cambiando de tema con brusquedad.

—Kari, sé que quieres que sea como los demás chicos de mi edad. Que me levante, que vaya a la escuela y entre a un club de deportes…

—"Baloncesto" —especificó.

—Quieres que estudie, que vaya al karaoke con mis compañeros, que pasee por los parques, que conozca a alguien más y me convierta en un hombre de bien —el chico tomó aliento—, eso es lo que también quieren mi padre y Yamato, pero yo apenas puedo levantarme y ponerme el uniforme… sé que es poca cosa, pero es lo que puedo hacer por el momento…

—"No te tienes que sobre-esforzarte…".

—No puedo ser un estudiante normal, pero sí tengo el valor de levantarme por ti y luchar por ti… me he puesto el uniforme no solamente porque Yamato lo prepara para mí, sino porque sé que puedo ayudarte si lo hago.

Hikari lo abrazó y Takeru quiso decolorarse ahí mismo para seguirla hasta otros mundos. Se contuvo porque miró de reojo la figura del emblema que acababa de dibujar.

—Vamos a encontrar a todos los chicos y vamos a salvar a Tai.

—"Lo sé, Takeru, porque trabajaremos juntos en ello".

—Le he perdido la pista a casi todos los muchachos, pero sé muy bien que Koushiro Izumi va en el mismo instituto que yo.

—"¿Iremos a buscarlo, a Koushiro-san?" —preguntó animada Yagami, sin soltar a Takeru.

—S-sí.

—"¿Tienes miedo?" —Ella se separó y le tendió la mano.

—Sí, estoy aterrorizado… Izumi-san y yo ya no nos llevamos bien, él es una de las razones por las que no quiero ir al instituto.

Takeru no notó a Hikari perturbada por lo que acababa de decirle, parecía tranquila, como si fuera imposible que él y Koushiro Izumi pudieran tener una diferencia.

—"No debes temerle nunca a los ojos negros de Koushiro, Takeru".

Cuando eran pequeños y viajaban por el Digimundo, Izumi era un niño tranquilo, cooperativo y amable, era normal que Hikari lo recordara de esa manera… pero el fin del Mundo Digital había hecho estragos en el pelirrojo del grupo, o al menos esa era la opinión de Takeru.

—Todos nos transformamos —excusó —, fue como si en 1999 hubiéramos caído en coma y, cuando despertamos, ya no éramos los mismos.

—"Yo ni siquiera desperté" —contrarrestó Hikari; Takeru ya no supo qué responder.


El reloj se alzaba en una torre, al costado del edificio principal del instituto. Takeru se recargó en la reja de entrada y se detuvo, para acompasar el ritmo de su respiración con el de sus pestañeos.

Hikari estaba junto a él. Nadie podía verla pero eso no la tenía acongojada. Ella no perdía detalle de las chicas y los chicos que se acercaban con apremio a la entrada de la construcción.

Le gustaba el uniforme y los accesorios que las muchachas ponían en sus mochilas y sus cabellos. Los alumnos se saludaban entre bostezos y pláticas mundanas que la menor Yagami hubiera querido comprender.

Frente a ella había humanidad. Una que latía sin parar con el apoyo de muchos corazones vivos.

Takaishi, en cambio, estaba pálido a pesar de que nadie reparaba en él. Estaba aferrado a la reja, como si fuera prisionero de alguna cárcel de alta seguridad. Hikari le había dicho que podía tomarse su tiempo, pero el reloj estaba a punto de indicar la hora de entrada.

—¡Cuidado! —Le gritaron a Tk, pero éste no acató a moverse antes de que un balón de fútbol le golpeara el rostro y lo mandara, parcialmente, al suelo.

—"Es Daisuke" —dijo Hikari a Takeru, quien había caído boca-abajo y apenas se estaba reincorporando.

—¡Lo siento mucho, rubio! —Takeru negó, se talló los párpados y, segundos posteriores, notó que quien le hablaba era un joven moreno, animoso, de amplia sonrisa y cabello revuelto.

En su cabeza traía unos googles de adorno, justo como…

—Taichi…

—¡Parece que te atrofié la cabeza! —se rió. Ofreció la mano a Takeru, pero éste la rechazó y se puso de pie sin ayuda.

—Disculpa la confusión —dijo Takeru, sacudiéndose la ropa.

No le gustaba que hubiera otra persona que usara googles en la cabeza además de su amigo Taichi.

—¡Nada de disculpas, fui yo quien te golpeó! —el chico no pareció disgustarse porque rechazaran su mano —Aunque no está mal que me confundas con alguien llamado Taichi, porque cuando era pequeño, ése era el nombre del senpai que más admiraba.

Takeru quiso preguntarle si se trataba de la misma persona que él pensaba, no obstante, se censuró. Bajó la cabeza, desvió la mirada. No estaba en la escuela ni para estudiar ni para ser amigos.

—Tengo que irme… aquí tienes tu balón.

—¿Seguro que estás bien?

Hikari seguía mirando al interlocutor de Takeru como si acabara de ocurrir un milagro.

—"Pero Takeru, ¿no te das cuenta de que es Daisuke?" —reclamó la chica, zarandeándolo.

—No sé de quién hablas…— murmuró Takeru al fantasma.

Daisuke se rascó la cabeza.

—Rubio, ¿será que debo llevarte a la enfermería?

—No estaba hablando contigo, sino con ella— retobó Takeru, señalando a Hikari, quien a su vez sonrió; parecía que le gustaba generar confusiones de ese tipo.

El chico de ojos chispeantes y cabello marrón se rascó la cabeza.

—¿Con ella?, si no hay nadie, ¿seguro que no te pegué muy fuerte? —Hikari volvió a soltar una risita ante la intervención de Daisuke.

—¿Le has pegado a mi vecino?, ¡eres un bestia, Motomiya! —interrumpió una chica de cabello largo que usaba gafas.

Takeru, quien había estado confuso por la situación, tragó saliva al identificar a Miyako Inoue, la muchacha que vivía en el mismo edificio que su familia y que siempre tocaba a su puerta para preguntar si asistiría al instituto.

—Ay, cállate Inoue, es muy temprano para tener que soportar tus gritos— retobó el chico del balón —Además, sólo estaba practicando, no era mi intención pegarle a nadie.

—Para ti soy Inoue-senpai, idiota —Miyako le sacó la lengua a Motomiya, pero inmediatamente después sonrió como si estuviera en una entrevista de trabajo y miró hacia donde estaban Hikari y Takeru —Takeru-kun, me da mucho gusto que decidieras venir a clases.

Takeru buscó los ojos de Hikari, los cuales se había alejado de él para mirar a esos dos personajes normales y felices. ¿Era que los googles de ese chico también le recordaron al Taichi Yagami valiente y destacado?, y su vecina, ¿acaso no tenía la chispa de Mimi Tachikawa? ¿Verdad que inspiraba cariño, como Sora Takenouchi?

—… sí…— fue lo que pudo responder, bajando la cabeza.

Miyako aplaudió como si festejara algo, luego agarró de la ropa a Daisuke y lo reprendió con una brusquedad que a Takeru le incomodó.

—Esta bestia es Motomiya Daisuke, va en el mismo grado que tú, Takeru-kun.

Daisuke hizo una reverencia forzada.

—Él es mi vecino Takeru Ishida, Motomiya.

—Ah, sí, 'el chico de la butaca vacía' —cayó en cuenta Daisuke.

—¿'El chico de la butaca vacía'?

—Sí, vamos en el mismo grupo, entonces, cuando Fujiyama-sensei nombra lista, todos miramos la butaca, por eso es 'el chico de la butaca vacía'— explicó con torpeza el chico de los googles, Miyako puso los ojos en blanco; Takeru no dijo nada.

—No le hagas caso a Daisuke, es un bruto, pero tiene buen corazón— juzgó la chica —Estoy segura de que te irá muy bien en clases, aunque en dado caso de que no te sientas cómodo, puedes buscarme en el club de computación, hoy estaré haciendo un trabajo especial ahí.

Takeru había estado sobrellevando la conversación con la mayor frialdad e indiferencia posible, no obstante, al oír que hablaban del club de computación, se puso en alerta.

Sintió que temblaba, que se derretía del terror. De inmediato recordó cómo la mirada vacía y oscura de Koushiro Izumi lo había atacado en medio de la sala de cómputo… había sido meses atrás… sólo unos cuantos meses.

Se recargó en la reja del colegio, agobiado.

—Takeru…— susurró la Hikari fantasma y se agachó para abrazarlo.

El timbre de la escuela se escuchó y decenas de jóvenes se echaron a correr a sus aulas. Daisuke y Miyako no se movieron de su sitio, ella sacó su pañuelo y trató de ofrecerlo al rubio, él se inclinó para ofrecerle su ayuda.

—Te llevaré a la enfermería, creo que te golpeé la cabeza con mucha fuerza.

—¿Estás mareado?, toma mi pañuelo.

El hermano de Yamato los oía en segundo plano, como si no existieran. Sabía que estaba desconectándose, a veces le pasaba eso… si tenía mucho miedo u odio, solía perderse en su propia mente.

La ponía en blanco para que no hubiera caminos, se olvidaba de que tenía corazón y estaba vivo.

En esa ocasión, Hikari lo estaba abrazando, por lo que no podía perderse por completo. Aunque ella estuviera muerta, era su nexo más profundo con la realidad. Ella podía hacerse notar aún en una pizarra completamente blanca, porque aunque era luz, también poseía sombras.

"Takeru, ¿por qué tienes tanto miedo?", el chico escuchó que le preguntaba su mejor amiga de la infancia. Su voz sí resonaba en primer plano, en cambio, Miyako y Daisuke habían quedado en el olvido.

Tal vez se había desmayado, tal vez había quedado catatónico, en shock, sin razón aparente.

"Kari, no me sueltes", pidió Takaishi, aspirando el aroma a bosque que desprendía la esencia de Yagami.

"No lo haré, desde que soy pequeña, siempre me he sentido muy feliz y protegida cuando tomo tu mano".

El joven quiso reprocharle a Hikari esa frase. Era una opinión injusta. Aquel verano de 1999, cuando se tomaron de las manos, Piedmon los separó de manera cruenta, como si ellos fueran unos simples zancudos haciéndole cosquillas.

En aquella ocasión, Hikari tenía miedo, ¿por qué ahora le decía que tomarle de la mano la hacía sentir segura?, ¿por qué le mentía así?

"No me mientas, por favor", dijo, "Hikari, sabes muy bien que yo nunca pude protegerte".

Ella no le respondió, pero lo abrazó más fuerte.


Lo siguiente que supo Takeru, fue que despertó en el aula de enfermería. Daisuke Motomiya estaba sentado a su lado y él tenía un paño húmedo en la frente.

—Al fin despertaste —Le dijo con genuina preocupación.

Takeru se incorporó con torpeza. Estaba con fiebre, lo supo con sólo abrir los ojos y sentir el cuerpo cortado.

—Lo lamento, ¿qué ha pasado?

—¿No te acuerdas? —preguntó Daisuke, Takeru negó. Algo en ese chico no terminaba de convencerlo —. Te pusiste a delirar, quedaste como paralizado por algo y no pudimos hacerte entrar en razón, luego te desmayaste.

—Siento mucho las molestias.

—Olvídalo, no es nada, la loca de Inoue dice que es mi culpa por haberte golpeado con el balón, así que no me hice nada con traerte hasta aquí con la ayuda de los muchachos del club de soccer.

Takeru terminó asintiéndole y restándole importancia a Motomiya. De inmediato buscó a Hikari, no la vio por sus alrededores y eso lo aterrorizó.

—Hikari, ¿dónde está Hikari? —preguntó a Daisuke, pero éste sólo se encogió.

—Aquí no hay ninguna Hikari— renegó.

Ishida quiso pararse, pero Motomiya lo jaló hasta hacerlo caer en la cama.

—El doctor me pidió que te cuidara mientras regresaba de la junta, así que recuéstate.

—No tienes que cuidarme, ve a tus clases— dijo Takeru, exasperado.

¿Dónde estaba Hikari?, ¿había ido a buscar a Koushiro Izumi?, ¿Se había ido de su lado nuevamente?

—¿Bromeas?, a pesar de lo loco que estás prefiero cuidarte a regresar a clases, además, Inoue-senpai dijo que era mi responsabilidad.

—El golpe que me diste con tu balón no me tiene así, así que no es tu responsabilidad, sólo márchate.

—Ya te dije que no me voy a ir, ¡pero qué rubito tan pesado! —peleó Motomiya.

Takeru apuñó las manos con desesperación. Se quitó el paño de la frente e hizo a un lado las cobijas.

—Pues quédate, yo me largo— dijo para sí mismo.

—¡Qué terco eres, joder! — se enojó Daisuke y en su intento de retenerlo, Takeru le soltó un puñetazo en el rostro para luego salir corriendo de ahí.

—¡Qué tipo tan loco! —gritó el moreno de googles, quien después de reponerse, comenzó a corretearlo.

Takeru se hizo camino por el pasillo del instituto con torpeza. El club de computación… necesitaba encontrar ese club… Hikari debía estar ahí, buscando a Koushiro Izumi.

Ella debía estar ahí, tratando de tocar a ese chico de ojos negros y vacíos que había conocido cuando estaba viva. La ansiedad era como una tromba de jugos gástricos en su estómago. Takeru no sabía qué era lo que lo tenía peor, si la posibilidad de perder a Hikari o la posibilidad de volver a pelearse con Izumi.

El club de computación… ¿dónde diablos estaba el maldito club de computadoras?

—¡Espera, regresa aquí, Takeru! —gritó Daisuke, a lo lejos.

—Al lado de la biblioteca… el club de computación está al lado de la biblioteca— recordó Takeru, a pesar de que sólo había estado ahí una vez en su vida.

Había sido en sus primeros días de instituto, cuando entre las filas de los estudiantes había distinguido al chico de cabello rojizo y baja estatura.

Takeru no había podido ignorarlo, a pesar de que Yamato le había ordenado alejarse de todos aquellos niños.

"Sólo son basura, de esa que no se recicla aunque pasen los siglos", le había dicho, "cada vez que los veas, acumularás más mierda en tu isla de residuos, así que lo mejor es alejarte de ellos, no valen la pena".

Al menor de los Ishida no le había costado trabajo obedecer a su hermano al principio, ya que cada vez que veía a uno de sus amigos del Digimundo se acordaba de Hikari muerta y sentía demasiada tristeza. Después, con la enfermedad de su madre, fue como si las pocas luces que quedaban encendidas en su vida se fundieran, por lo que nunca hizo el intento de ver a sus viejos camaradas hasta que se reencontró con Izumi.

A pesar de los consejos de Yamato, Takeru simplemente no podía ignorar los ojos de Koushiro. En los recesos lo buscaba y, cuando se cruzaban en las escaleras, el pelirrojo no lo ignoraba, sino que lo miraba con repugnancia.

¿O sería otra cosa?, ¿acaso Takeru le había hecho algo?, ¿por qué Izumi le miraba así?

Esos eran los pensamientos que aquejaban a Takeru, hasta que ambos chicos se habían enfrentado en el aula de cómputo aquel día de primavera que había dejado al rubio con pocas ganas de regresar a la escuela.

El ex portador del emblema de la Esperanza se detuvo en el aula de computación. Sin importarle el horario, abrió la puerta y la estrelló antes de entrar.

Peló los ojos, los abrió lo más que pudo. Quiso gritarle a Hikari pero se enmudeció a descubrirla quieta y relajada al lado de Miyako Inoue, que estaba sentada en el aula de computación en horario fuera de clase.

Koushiro Izumi no estaba ahí.

—¡Takeru-kun! ¿Qué haces aquí?, ¿no deberías estar en la enfermería?, ¿no debería estarte cuidado Motomiya?... ¡Ay, no creas que soy una floja!, estoy haciendo labores del consejo de estudiantes.

En esos momentos, Daisuke entró al salón y agarró a Takeru del brazo.

—¡Te atrapé!

Miyako soltó un grito al ver que a Daisuke le salía sangre de la nariz. Takeru quiso sentir remordimientos aunque no pudo, lo único que hizo fue soltarse nuevamente y correr hacia Hikari.

—Dijiste que no me dejarías, pero cuando abrí los ojos, no me tomabas de la mano.

—"A veces, darte la mano significa que te dejo mi corazón, ¿es que no me entiendes?"

—No te entiendo, Kari, soy demasiado humano y demasiado imperfecto— renegó Takeru, calmándose un poco y atrapando la mano de su libélula entre sus dedos.

Miyako y Daisuke miraron el monólogo con congoja. El moreno se quitó la sangre de la cara con la manga del uniforme porque la chica de gafas no le ofreció ayuda.

—De nuevo está delirando, ¿qué hacemos? —preguntó la joven.

—Creo que es mejor que sea 'el chico butaca vacía' en lugar de 'el de la butaca ocupada'.

Hikari observó la situación y se lo hizo notar a Takeru.

—Recuerda, ellos no pueden verme.

—Sí, nadie puede verte, sólo yo, por eso quiero que estés conmigo… vamos a buscar a Koushiro…

—Takeru, ¿podrías pedirle ayuda a Daisuke-kun y a Miyako-chan, por favor?

—No, Kari.

—Quiero que les expliques, ellos tienen magia, ellos te entenderán, no tenemos que estar solos, ¿sabes?, podemos hacer nuevos amigos… además, ¿no te das cuenta de que si no les pides ayuda, ellos llamarán a los profesores y al médico?

Takeru chasqueó los dientes y se cubrió los ojos con su palma libre. Miyako y Daisuke todavía no sabían qué hacer, pero murmuraban entre ellos cosas que Ishida menor no terminaba de captar.

Si le hablaban a los médicos y le decían que estaba delirando o que hablaba solo, probablemente eso traería repercusiones en su casa. Lo último que quería era preocupar a su padre o volver a enfrentar a Yamato.

Hikari, después de todo, no era una alucinación, era una revelación, era una oportunidad, era una esperanza. Si Hikari decía que había que escalar una montaña, Takeru debía de ser capaz de subirla; si Hikari decía que debía confiar en ese par de extraños, él debía intentar abrir su corazón.

—Lo siento mucho— alzó la voz el rubio —. Sé que les he causado molestias esta mañana, pero, por favor, no le llamen a ningún sensei…

—Escucha, Takeru-kun, traes una fiebre muy alta, el doctor nos lo dijo, lo mejor será que reposes— propuso Miyako.

—Necesito que alguien me escuche… no, necesito que ustedes dos me escuchen, ¿podrían escuchar lo que tengo que decir, por favor?

Lo dijo con la garganta reseca, las pupilas dilatadas y el cabello más despeinado que nunca. Miyako y Daisuke tragaron saliva, asintiendo.


—O sea que, según lo que dices, no es que tengas fiebre, sino que se te aparece el fantasma de una chica que era tu amiga de la infancia, ¿es así o entendí mal? —preguntó Daisuke.

—Es así. —respondió con firmeza Takeru.

—Y esa chica ha regresado porque le falta por cumplir su última voluntad, ¿cierto?

—Ajá.

Miyako quedó pensativa. Daisuke siguió preguntando.

—¿La fantasma se llama Hikari? — quiso corroborar.

—Sí — respondió enojado —. Escucha, no me importa si no me crees, sólo lo dije porque Hikari lo pidió.

—No dije que no te creyera— se defendió Daisuke —La loca de mi hermana dice cosas peores, siempre anda delirando e inventándose romances con famosos o con gente que no existe, el otro día fantaseó que un sujeto que trabaja de medio tiempo con ella es en realidad un cantante famoso de rock en una vida paralela.

Takeru suspiró, quiso largarse de donde estaba. Los tres chicos, además de Hikari, se habían subido a la azotea para platicar.

—Qué insensible y bruto eres, Daisuke.

—Al menos soy sincero, tú te quedas callada porque no te animas a decirle a tu vecino que le falta un tornillo en la cabeza.

Hikari sonrió, de manera plácida se recostó en el hombro de Takeru y le dijo: "siento como si estuviera viva y todos fuéramos amigos".

—Oye, Takeru-kun, dices que tu amiga fantasma quiso hablar con nosotros, ¿no es así?, ¿por qué querría hacerlo?

Takaishi quedó en silencio, miró hacia donde estaba Hikari, quien dijo: "Miyako-chan habría sido mi mejor amiga… A Daisuke le conocía de la escuela, éramos amigos, habría sido el segundo líder de los niños elegidos".

Lo que decía la castaña no tenía sentido, pero Tk lo replicó:

—Hikari dice que de haberte conocido, tú habrías sido su mejor amiga, Inoue-san…

—¿Qué? ¿De verdad? — como si fuera una niña pequeña, las mejillas de la muchacha se colorearon.

—Qué tontería— opinó Daisuke.

—Kari dice que Daisuke era un amigo muy preciado de cuando estaba viva, que fueron a la escuela juntos.

"Además", agregó Hikari, "A Daisuke le gustaba mucho ver jugar fútbol a mi hermano Tai"

Ante un Motomiya boquiabierto, el rubio anexó: —Además, Hikari dice que a Daisuke le gustaba mucho ver jugar fútbol a su hermano Tai.

—¿Es en serio? —Daisuke había comenzado a sudar — ¿Hikari-chan? ¿Tu amiga es la Hikari-chan que iba conmigo en la primaria?

— ¿Tú conoces a la fantasma? —interrumpió Miyako.

—La Hikari-chan que yo conocía era la niña más bonita de la escuela, pero el verano de 1999, cuando sucedió el ataque terrorista de Odaiba, ella murió— dijo el muchacho con lágrimas en los ojos —… Hikari-chan era muy buena, muy mona, su hermano era el capitán del club de fútbol de la primaria, yo iba a las prácticas y quedaba maravillado ante la habilidad de ese chico, era mi héroe, usaba visores, por eso me compré unos como los de él.

— ¡Woo! —opinó Miyako.

Takeru no dijo nada. Había puesto la mayor atención posible en el discurso de ese chico, se veía verdaderamente conmovido por recordar a Hikari, y a Tai…

¿Esto era el destino? ¿Esta era la magia de la que hablaba Hikari?, ¿por qué Hikari estaba tan tranquila junto a esos dos chicos aparentemente ordinarios? ¿Era porque había vínculos que se escondían en los corazones?

—Cuando Hikari-chan murió, su hermano ya no quiso jugar más fútbol… traté de ir a buscarle a casa de sus padres, pero Taichi-san no quiso recibirme nunca más, estaba demasiado triste.

—Tai sigue estando muy triste— dijo Takeru —Hikari ha regresado porque quiere verlo retomar el curso, ¿me crees ahora, Motomiya?

—Sólo una cosa más, ¿de dónde conoces a Hikari y a su hermano?, tú no ibas conmigo en la escuela.

—Nos conocimos en aquel agosto de 1999… Kari… ella… murió en mis brazos.

Takeru miró al suelo, tratando de frenar sus lágrimas. Hikari le dio un beso en la mejilla: "Tranquilo, ahora mismo estamos juntos".

—Escucha, todo lo que has dicho no tiene sentido, pero yo te creo y te voy a ayudar— dijo Daisuke con sencillez —Lo hago por Hikari-chan, no por ti.

—Muchas gracias, Motomiya.

—Sólo llámame Daisuke; yo te diré Takeru. —el rubio asintió y, con algo de pena, volteó hacia donde estaba su vecina, Miyako Inoue, quien seguía con la expresión confusa.

A leguas se notaba que era una chica inteligente pero que también creía en los cuentos de hada. Era una extraña combinación, aunque resultaba una persona agradable.

—Lamento haberte dicho todas esas cosas, no tienes por qué creerlas ¿Sabes?

—Desde el momento en que me propuse tocar la puerta de tu apartamento para hacerte venir a la escuela es como si hubiera hecho un compromiso contigo, Takeru-kun— precisó la pelilila —Admito que no es lo que esperaba escuchar, pero no pierdo nada con creerte, además, lo que has dicho de esa chica es lindo, porque ella dijo que habría sido mi mejor amiga ¿no?… eso me suena espectacular, es casi tan bueno como la coincidencia de Daisuke.

Miyako se había puesto a reír después de eso, Takeru no había sabido cómo responder, salvo con una mueca parecida a sonrisa.

—"Te lo dije, ellos están de nuestro lado"— dijo Kari.

El chico le asintió al espíritu y se mordió los labios.

—A todo esto, ¿en qué diablos vamos a ayudarte?, digo, porque nos has dicho eso por una razón, ¿verdad?

—Así es, Daisuke, aunque a decir verdad no lo tengo muy claro, ni Hikari tampoco —admitió Tk.

— ¿Hikari-chan está aquí?, ¿puedes decirme cómo luce? — preguntó Motomiya.

—Ella está aquí. Está muy contenta de que confíen en ella. Luce más bella que nunca, los detalles los reservo.

—¿Eh? —renegó el moreno.

—¿De verdad no hay nada que podamos hacer por ti además de escucharte, Takeru-kun? —insistió Miyako.

Ishida se puso de pie y se sacudió el uniforme; sus nuevos compañeros lo imitaron.

—En realidad… en realidad sí hay algo que necesito. Hikari necesita encontrar a todos los chicos con los que convivió el verano de 1999 antes de morir… por el momento sólo me ha ubicado a mí y a mi hermano, pero para poder cumplir su deseo y mejorar el estado de Taichi-san, necesitamos encontrar a otras personas.

—¡Déjamelo a mí!, soy buenísima en redes sociales— de su saco, Inoue sacó una libretita de color rosado. —¿De quiénes se trata? ¿Son chicos de nuestra edad?

—Son chicos mayores— especificó el rubio —Te doy los nombres: Takenouchi Sora, estoy seguro que ella vive por esta área; también están Tachikawa Mimi, Kido Jou e Izumi Koushiro.

—¡Espera!, conozco a Izumi Koushiro, es nuestro senpai, estudia aquí —dijo de inmediato Miyako.

—Lo sé…

—Izumi-senpai es un chico muy listo.

—También lo sé.

—Antes acudía al centro de cómputo pero lo amonestaron porque lo descubrieron haciendo uso indebido de los equipos, la verdad es que nunca supe bien lo que hizo, sólo sé que ya no viene al club, de hecho, también falta mucho a la escuela… a mí se me hacía guapo e inteligente, ya sabes, un buen partido, pero las chicas que van en el curso de senpai dicen que es muy agresivo y que es mejor no acercársele.

—Pues yo, con todo y lo agresivo que se ha vuelto, necesito acercarme a él— planteó Takeru a Miyako.

—Tan fácil como ir a buscarle a su salón, ¿no creen? —interrumpió Daisuke.

—Izumi-senpai va en el grupo A del tercer año. — informó Miyako.

—Gracias… iré a verlo.

—Ni hablar, iremos contigo, de cualquier manera ya estamos en receso— Miyako se fijó en su celular y corroboró la hora. —Ya después te ayudaré a buscar al resto de los chicos de la lista, por el momento iremos con Izumi.

—Inoue, tú sólo quieres ver a ese chico porque se te hace guapo— dijo Daisuke; Miyako le respondió dándole un golpe en la cabeza.

Takeru Ishida terminó accediendo a que lo acompañaran, lo último que quería era estar cara a cara con Koushiro sin respaldo. Hikari sobrevoló alrededor de los demás.

Durante el transcurso hizo comentarios sobre los chicos: "qué lindo cabello tiene Miyako", "qué honesto y fuerte se ve Daisuke-chan", "ojalá este fuera un día de mi vida", "me gustaría que todos estuvieran aquí". Takeru la escuchaba con un poco de apuro y de celos, porque Kari no estaba diciendo nada sobre él, sólo le tomaba la mano y le pedía que se serenara.

"Tranquilo", insistía, "Ya te dije que los ojos negros de Koushiro no son de temer, le conozco, sus ojos negros son de curiosidad".

Pero ella estaba equivocada, había vivido en otro tiempo. Los ojos de Koushiro eran los ojos de un terrorista. Ella no lo sabía, Hikari no tenía idea de la cantidad de tonos de color negro que había en el mundo de los vivos.


Continuará…


¡Gracias por leer!

Así como ya he mostrado cachos de la oscuridad de Yamato y la autodestrucción de Taichi, la próxima vez les tocará leer sobre un Koushiro muy diferente al que conocemos. Takeru le califica de terrorista, aunque todavía no sabemos a lo que se refiere exactamente. También se acerca el turno de Sora y de otros personajes, pero -por el momento- quise darle espacio a Miyako y a Daisuke, para darle al fic un poco de frescura. Espero ir atando los hilos de la historia, de modo que se entiendan muy bien mis intenciones.

Lamento la tardanza en la publicación y el que estuviera largo el capítulo. Conmigo es inevitable la extensión, aunque estoy trabajando para escribir lo mismo en menos palabras.

La narración de este fic seguirá siendo asimétrica y voy a trabajar otros temas difíciles además del de las autolesiones, aunque lo haré de modo que no sea grotesco y difícil de leer.

¿Cuál es la misión de Hikari? ¿Por qué la luciérnaga ha vuelto a brillar después de haber muerto? ¿Por qué solamente Takeru la puede ver?, ¿Cómo harán los chicos para superar esa pérdida que los dejó tan marcados?

Espero responderles esa pregunta con el paso de los capítulos. Gracias por leer.

Saludos, CieloCriss.

*Este fic está dedicado a todas las luciérnagas que se han apagado en nuestra vida y nos han hecho ser quienes somos en la actualidad.