La luciérnaga que se apagó aquel verano
Vuela una luciérnaga
«¡Mira!», iba a decir,
pero estoy solo
(Haiku de Taigi)
V
Takeru dejó que Miyako entrara al salón de clases de Koushiro Izumi. No quería que Hikari, su luciérnaga, se apagara de tristeza al ver que ya no se llevaba bien con su viejo compañero de equipo.
"Ya te dije que los ojos negros de Koushiro no son de temer, le conozco, sus ojos negros son de curiosidad", eso había dicho ella, pero el rubio sabía que se equivocaba, que la luz de Hikari era de otro mundo y, por tanto, no podía comprender la nueva cotidianidad.
Los elegidos sobrevivientes de 1999 ya no eran un equipo, ni siquiera se soportaban entre ellos. Yamato Ishida, por ejemplo, sentía aversión cuando le mencionaban a Taichi Yagami y —aunque en su habitación tocaba la armónica y guardaba celosamente su digivice— en el exterior sólo mostraba odio y reserva.
—Inoue está tardando mucho —renegó Daisuke Motomiya. Takeru sintió remordimientos por arrastrar a esos dos chicos inocentes consigo.
Miyako Inoue solo era su vecina, Daisuke era su compañero de clases y, aun así, Hikari decía que esas personas eran importantes para la misión de volver a unir a los niños elegidos.
"¿De verdad lo serán?", pensó Takeru.
"Lo son", respondió el espectro de Hikari, que estaba recargado en el pasillo y le tocaba delicadamente el brazo, ". Confía en mí, si recuperas la esperanza, podrás entender que la magia no es algo que esté prohibido".
El muchacho asintió, pero su corazón quedó escéptico. Para él, había sido suficiente aceptar que veía el fantasma de Hikari Yagami, ¿por qué ahora debía consentir compartir ese ensueño con los demás?
Miyako Inoue, quien estaba en el interior del salón de Izumi, salió de éste después de intercambiar palabras con la jefa de grupo.
—Lo siento, Takeru-kun, pero al parecer Izumi-san no asistió al instituto, lleva varios días faltando, o al menos eso me dijo la encargada de la clase —explicó Miyako.
Takaishi aflojó el cuerpo porque, en el fondo de su corazón, no tenía ganas de encontrarse con Izumi, la última vez se habían peleado, la última vez había dolido.
—Lo buscaré después, de cualquier manera ya sé cuál es su aula —respondió el hermano de Yamato.
"Koushiro…", dejó salir Hikari, "me pregunto si estará bien".
—¿De verdad?, ¿no preferirías ir a su casa?, la jefa de grupo me dio su dirección cuando le dije que era urgente, además, me encomendó llevarle los deberes.
"¡Bien, tenemos la dirección!, ¿verdad que sí iremos?" le preguntó Hikari. Takeru quedó silente unos segundos, Daisuke y Miyako lo miraron algo preocupados.
—Oye, Ishida, ¿de verdad estás bien? —cuestionó Daisuke.
Tk asintió, no obstante, miró fijamente a Hikari.
—Está bien, será como tú digas, Hikari, iré a buscarlo a su casa.
Sus acompañantes se rascaron el cuero cabelludo.
—¿Hikari-chan sigue con nosotros? —quiso saber Miyako.
—Sí, está aquí, ella quiere que vaya a buscar a Koushiro ahora mismo.
—Pero aún tenemos clases —objetó Inoue —¡Digo!, no es que no quiera acompañarte, pero es que tengo un compromiso después de la escuela, le prometí a un amigo que iba a arreglar su computadora.
Hikari Yagami sonrió, hizo el intento de tocar la lacia cabellera de Miyako y fracasó, pero eso no desapareció su mueca nostálgica, sino que la hizo crecer hasta convertirla en risa.
"Dile a Miyako que es mejor que vaya a arreglarle la computadora a Iori-kun".
—Hikari dice que es mejor que vayas a arreglarle la computadora a Iori-kun, no te preocupes por Koushiro, ella y yo iremos a verle.
—¡Oh, Dios!, ¿cómo supo que iba a ir con Iori?, ¿es que tú sabías, Takeru-kun?
—Iori…
—¡Nuestro vecino pequeño, Iori Hida!, todos los días nos vamos juntos a la escuela, siempre me reprende cuando trato de forzarte a asistir a clases.
"Claro, Iori-kun", declaró Yagami con su voz fantasmal, "es un niño muy importante para nuestro equipo, es honesto, serio y muy inteligente… dile a Miyako que le cuente todo a él".
—Hikari dice que le cuentes todo a Iori, que él es muy importante…
—¿Eh?, la verdad es que no entiendo nada —dijo Daisuke.
—Yo tampoco, sólo repito lo que Hikari me dice, quizás ustedes no deberían confiar tanto en lo que digo.
—¿Qué dices?, pensé que estabas contento de tener aliados —retobó Motomiya —. Los rubios deben tener algo mal en la cabeza.
—Pues a mí me gusta creerte, vecino —admitió Miyako, su rostro se veía entusiasmado —¡Es lo más emocionante que me ha pasado en mucho tiempo!, ¡ay!, pero aunque ir con Iori sea parte de la misión me pesa perderme la visita a casa de Izumi-sama, ¡es que es tan guapo!
—Inoue loca— se burló Daisuke —. En mi caso tampoco es que no quiera ir pero…
"Daisuke-kun no puede porque va a tener actividades en su club de fútbol".
—Hikari dice que tendrás práctica de fútbol.
—¡Waaaa, exacto! ¡Mi Hikari-chan se acordó de que soy un buen jugador de fútbol!, ¡acertó!, además, no sólo tengo práctica, sino partido.
"Pídele a Daisuke-kun que en su encuentro de hoy busque a un muchacho llamado Ken Ichijouji y se haga su amigo".
Takeru bufó, no le gustaba del todo ser un mensajero de las palabras de Hikari, ¿por qué nadie más podía verla?, ¿por qué nadie más podía tocarla y oírla?
—Hikari me ha pedido que hagas contacto con un chico llamado Ken Ichijouji.
—¿Te refieres al chico genio del que todos hablan y es capitán del equipo contrario?
Takaishi encogió los hombros, Hikari sobrevoló a los tres humanos como si fuera una brisa imaginaria colándose por los pasillos del instituto.
—Debo irme —dijo Takeru cuando Miyako le escribió la dirección de Izumi —. Entre más pronto lo contacte, más pronto cumpliremos el deseo de Hikari.
El departamento de la familia Izumi estaba cerca de la televisora donde trabajaba su padre. Takeru recordó que no hacía mucho había caminado por esas calles hasta llegar, sin querer, a la casa Yagami, donde Taichi se autodestruía en soledad.
¿Estaría bien su antiguo líder?, Hikari había ido a verlo esa mañana y todo parecía estar bien, pero Takeru sintió la necesidad de cambiar de ruta y regresar a la casa donde la luciérnaga había brillado.
—¿Taichi-san estará bien? —hizo la pregunta. Hikari caminaba a su lado y le tomaba la mano como si fueran novios.
—"No podría intentarlo hoy…".
—¿Intentar qué?
—"Agredirse" —a la chica le tembló la voz —. "Hoy lo están vigilando, le han dado píldoras".
—Entiendo…
—"Takeru, tú crees que si todo sale bien, ¿mi hermano podrá volver a sonreír?".
El rubio se quedó callado, quiso decir que sí, pero no pudo. Se tomó su tiempo para responder, trató de elegir las palabras adecuadas.
—Kari, yo pienso que si Taichi-san vuelve a sonreír, volverá la esperanza a nuestro mundo.
Ella pareció conforme, instó al muchacho a acelerar los pasos.
—"Koushiro-san era compañero del club de fútbol de mi hermano, ¿lo sabías?".
—Realmente no recuerdo mucho del pasado de los demás, además, Izumi era de los que nunca hablaban… si me pongo a pensar en el pasado, sólo lo recuerdo usando la computadora.
—"Sí, tecleaba mucho, a veces le miraba los dedos, pero éstos era más rápidos que mis ojos".
A Takeru le pareció que la plática se había desviado un poco, él no era bueno con los detalles. A pesar de que soñaba mucho con el ayer, los rostros de los demás y todo lo bueno de sus aventuras, parecían difuminarse en el paisaje urbano.
No hablaron mucho más hasta que llegaron al departamento. Takeru supo que sería un recinto diminuto, pero cálido. Sobre el marco de la puerta había un letrero con el nombre de la familia, el chico deseó que en su puerta hubiera uno así, pero ni Yamato, ni él, ni su padre lo habían comprado desde la última mudanza, luego de que habían perdido a su madre.
Tocó el timbre y, segundos después, atendieron. Yoshie Izumi, la madre del niño elegido del Conocimiento, abrió la puerta y los saludó con algo de nerviosismo.
Takeru apenas la reconoció, tenía leves recuerdos de la mujer, la cual había estado muy activa durante el funeral de Hikari. Era ella quien había ayudado a hacer los mementos del velorio y había preparado té para los invitados. La rememoraba como una mujer de largos cabellos ondulados y expresión dulce, pero ahora mismo la señora lucía avejentada, con una cabellera casi blanca y arrugas en el entrecejo.
—Buen día, ¿hay algo en lo que pueda ayudarle? —al menos la voz no le había cambiado, se oía igual de dulce, parecía que todavía era capaz de brindar consuelo.
—Lamento la molestia, señora Izumi, estoy buscando a su hijo, Izumi Koushiro.
En el instante en que escuchó ese nombre, la mujer comenzó a lagrimar y palideció.
—Lo siento, no puedo ayudarte —le temblaron las manos —. Debo cerrar.
Takeru y la Hikari fantasmal se asustaron.
"Pregúntale si está bien".
—¿En dónde está Koushiro-san, señora? —insistió el menor de los Ishida.
—Por favor, perdona a mi hijo, seguramente no lo hizo adrede —Yoshie increpó su llanto, desesperada.
—¿Perdonar a su hijo?, señora Izumi, ¿está bien?, ¿Koushiro-san está bien?
La mujer parpadeó e hizo el intento cerrar la puerta, Hikari atravesó esa frontera y, al quererla seguir, Takeru terminó siendo machucado por la mujer.
Se quejó levemente. La señora Izumi gritó y despejó la entrada, se inclinó y tomó la mano de Takeru.
—Lo siento, de verdad lo siento, traeré el botiquín.
—Señora Izumi, no se preocupe, estoy bien.
—Mi hijo es bueno, yo lo sé, no sé qué te ha hecho, pero es bueno…
—Yo no vengo a reclamar nada, señora —Takeru tomó fuerzas de la mirada de preocupación de Hikari y se puso de pie —, no sé si me recuerde, yo soy amigo de Koushiro, ¿se acuerda?, era uno de esos niños que viajaron con su hijo a aquel mundo…
—¡Dios mío, es verdad! —a Yoshie le brillaron los ojos —. Eres el chico rubio, el hijo del señor Ishida, el de la televisora, ¿cómo estás?, ¡espera!, pasa por favor, siéntate, traeré un té.
Hikari se colocó al lado de Takeru. Los dos pudieron ver un portarretratos en el centro de mesa en donde aparecía Koushiro Izumi, de 10 años, junto a sus padres.
"Creo que te ha confundido con Yamato-san", consideró Hikari.
El rubio sonrió.
"Es un honor, está diciendo que le parezco guapo", le respondió Takeru.
Yoshie trajo una charola con té y galletas, Tk sintió deseos de no comer para estar a la par con Hikari, pero ésta le pidió que probara la bebida y memorizara el sabor.
"Siento que si luego me describes el aroma del té, podré sentir el sabor en mi imaginación", comentó la castaña.
—Jamás pensé que uno de ustedes vendría a esta casa —admitió Yoshie —. Lo que le pasó a la pequeña Yagami fue demasiado triste, nunca pudo superarse.
A pesar de que Hikari estaba a su lado, de que podía ver que sus ojos tenían un brillo rubí y su sonrisa el sonido de una castañuela, Takeru se entristeció, apuñó las manos, bajó la mirada y se le remojaron los ojos celestes. No quería que la madre de Koushiro hablara de ese tema de manera tan casual, después de todo, en su casa era un tabú.
—Cuando nos enteramos y solo regresaron siete de los ocho, todos los padres nos llenamos de horror, pero cuando vi que mi hijo todavía estaba vivo me sentí muy agradecida con el destino.
—No hace falta que diga esas cosas, Izumi-san.
—Ishida-kun, las cosas deben decirse nos guste o no —reflexionó ella, rellenando la taza —. Aunque ese incidente no fue superado, supongo que no vienes a hablar del pasado de la pequeña Yagami, ¿no es así? ¿En qué puedo ayudarte?, veo que llevas el mismo uniforme de la escuela de Koushiro.
—Justamente necesito hablar con su hijo, señora.
—Me apena mucho decírtelo, pero Koushiro ya no vive más aquí.
—¿No vive aquí, con sus padres?
Yoshie Izumi volvió a soltarse llorando, Hikari se conmovió y también mostró una expresión congojada, distinta a la de Takeru, que era de incomprensión.
—Ante la ley, Koushiro pidió emanciparse de nosotros y lo logró —explicó la mujer —. No sé si conozcas ese término legal, Ishida-kun, pero la emancipación libera a un menor de edad de la custodia y el control de sus padres.
—No tenía conocimiento de ese recurso, ¿por qué haría eso Koushiro?
—Mi hijo… él es bueno, pero ha tenido unos años difíciles; en nuestro intento por ayudarlo, Koushiro decidió que ya no nos necesitaba… es una situación delicada, no sabría cómo explicártela.
Ira. Enojo. Decepción. Eso sentía Takeru ahora mismo. ¿Cómo era posible que Koushiro despreciara así a su propia madre?, ¿es que no sabía lo que dolía perder a una?
Le costó trabajo contenerse ante la señora, la vio sonarse la nariz y la escuchó pedirle disculpas varias veces.
"Algo debe estarle pasando, tenemos que encontrar a Koushiro, debemos preguntarle, Takeru", opinó Kari.
—He sido muy mala anfitriona, lo siento mucho…
—Me ayudaría mucho que me diera la dirección de Koushiro, no sé muy bien sobre asuntos legales, pero si el gobierno le concedió la emancipación a Koushiro, al menos les dio la dirección para verle en las horas asignadas, ¿no es verdad?
—Sí, pero no estoy segura de darte esa dirección —sinceró Yoshie.
—No voy a mentirle, señora Izumi, realmente su hijo y yo no nos llevamos tan bien como antes, pero necesito hallarle a como dé lugar, se trata de una misión importante, ¿puede ayudarme por favor?
Takeru Ishida endureció su rostro lo más que pudo y, por breves instantes, el apartamento Izumi quedó mudo, ni siquiera se movieron las manecillas del reloj. La mujer pareció esculcar algo en su rostro y al final, al parecer, lo halló.
—No eres el mayor, eres pequeño rubio del sombrero verde.
—Sí, soy el menor.
—Fuiste tú quien junto con la pequeña Hikari mandaron a los ángeles a lanzar las flechas de luz y esperanza contra aquel monstruo, ¿no es así?
—Así es.
—Tengo la impresión de que si te ayudo, quizás algún día Koushiro va a volver a ser él mismo otra vez.
—Le agradezco mucho la ayuda, señora Izumi, aunque la verdad es que yo no sé si podré devolverle la identidad a su hijo —Takeru suspiró —. Tengo la esperanza de que quizás, si todos los niños de aquella vez nos volvemos a reunir, entre todos podríamos intentar apoyarnos.
—Eso sería maravilloso —consideró la mujer, poniéndose de pie y sacudiéndose el mandil de cocina lleno de holanes que llevaba —. Pequeño rubio del sombrero verde, hay algo que quisiera darte, ¿me esperas un poco?
Takeru asintió, cabizbajo, Hikari, en cambio, sonrió, como si a ella le hubieran hecho la pregunta. Yoshie Izumi se marchó del living unos minutos, durante los cuales el rubio y la castaña no dejaron de mirarse.
Él quiso decirle algo, pero sus labios parecían entumidos. Ella quiso acariciarle, pero se contuvo, porque los ojos celestes de Takaishi eran tan suaves como el tacto de la piel de los seres humanos.
Cuando la señora volvió, le dio una cajita de cartón a Takaishi.
—Ahí dentro está el emblema de Koushiro —especificó.
—¿No lo tiene él? —preguntó el hermano menor de Yamato.
—Yo se lo he quitado —admitió la madre —. Sé que es algo muy importante, por eso lo hice… desde que empezó a cambiar, Koushiro comenzó a destruir las cosas que provenían del Digimundo.
—¿Destruir? ¿También al digivice?
—No estoy segura de si el término sea destruir, pero es un hecho que arma y desarma los dispositivos, a veces los transforma en otra cosa porque ya no puede volver a dejarlos como antes… él cree que perdió su emblema, pero, en realidad, su padre y yo se lo quitamos porque sabemos que llegará el día en que él volverá a necesitar de este poder.
—Entiendo… — Takeru abrazó la cajita, a Kari le brillaron los ojos —. Cuidaremos mucho el emblema, señora Izumi.
—Gracias, adentro he puesto la dirección —agregó antes de que los chicos se despidieran.
Takeru quiso regresarse a su casa después de eso pero no lo hizo. Hikari había llegado para llenar su vida de excepciones, por eso no estaba encerrado en su pieza, cumpliendo con su rol de nini.
Le habría gustado buscar a otro de los niños elegidos en lugar de a Koushiro Izumi, pero no había pistas de nadie más, no tenía idea de los paraderos de Jou Kido y Mimi Tachikawa, y sobre Sora Takenouchi sólo había escuchado rumores que su hermano había esparcido con saña.
Cuando salieron de la casa de los Izumi, Hikari de nueva cuenta le tomó la mano y le regaló todas las sonrisas que necesitó, pero de cualquier manera para él fue insuficiente.
Él era un humano insaciable cuyo verdadero deseo era delirar sobre Hikari. Habría dado todas sus emociones y hasta la última de sus células con tal de besarla y hacerla suya en muerte o en vida, porque realmente sentía que ella era lo único a lo que podía aferrarse, no le importaba que fuera un fantasma, no le importaba en absoluto.
Hikari, en cambio, era parte de la nada y parecía conformarse con el hecho de que Takeru la veía. La suave y cálida caricia de la mano de Takeru sobre sus dedos fríos era suficiente para emitir una sonrisa, que era, a la vez, su sinónimo mediocre de felicidad.
"Quiero verlo" pidió Hikari, refiriéndose al emblema del Conocimiento.
Takeru asintió. Guio a Yagami hasta la banquita de un parque cercano, donde se sentaron.
El chico abrió la cajita, dentro de ella estaba la nueva dirección de Koushiro Izumi y la etiqueta donde estaba guardado el emblema, que era de un suave color morado.
—El mío es verde, lo tengo guardado en uno de mis cajones… —dijo al tomar el emblema con sus manos, para enseñárselo a Hikari, quien extendió las palmas y se emocionó.
—"¿Puedo tocarlo, Takeru-kun?" —preguntó el espíritu, cuyo cuerpo cristalino se iluminaba gracias a los rayos del ocaso.
—¿Por qué no habrías de poder tocarlo?, toma— respondió, poniéndolo en las pequeñas manos de la chica, quien pareció hacer un gran esfuerzo por sostener la etiqueta.
—"¡Oh!" —soltó Yagami, al tocar el emblema.
—¿Estás bien, Kari? —Preguntó Takeru, al notar que la muchacha resplandecía al tocar el emblema —¿Qué sucede?
—"Este emblema quiere decirnos algo"— susurró Hikari, con una voz de sirena que Takaishi temió —"Vamos, pon tus manos sobre las mías, también debes oír el mensaje, lo sé".
El muchacho obedeció, nervioso. Alzo sus manos y las puso junto a las de Hikari, los dos tocando el emblema, los dos brillando como el sol del ocaso. Takeru se sintió débil, conmovido, cansando… cuando cerró los ojos percibió un maremoto por dentro y, cuando despertó, ya no estaban en el parque.
No. No estaban en el parque, sino en la Televisora Fuji, donde trabajaba su padre. Él flotaba al lado de Hikari, quien le tomaba la mano con fuerza.
—"¿Dónde estamos?" —preguntó Takeru —"¿Es una más de mis pesadillas?".
—"Es el pasado que nos quiere mostrar el emblema de Koushiro" —respondió Hikari —". Creo que este es el día en que luchamos contra Myotismon, el 3 de agosto de 1999".
Estaban en una explanada de la televisora, donde aquel demonio digimon había encerrado a los padres y los había separado de sus hijos con el objetivo de encontrar al octavo niño elegido.
Takeru levitaba sobre ese entorno. Con desesperación, trató de buscar a su hermano del pasado o a él mismo, pero al único al que vio fue a Koushiro Izumi y a sus padres, quienes se alejaron del gentío y caminaron a una esquina. Tentomon estaba cerca de ellos, pero mantenía su distancia, el rubio observó con nostalgia al digimon insecto y deseó ver de nueva cuenta a su Patamon.
—"Es por ahí" —Hikari señaló a los Izumi y voló hasta a ellos jalando a Takeru con ella. El rubio, por un momento, pensó que también era una luciérnaga y que viajaba con su amiga de la luz por la eternidad —"Ellos son el mensaje".
Ambos se colocaron cerca de los Izumi. A Takeru le causó conmoción ver a un Koushiro Izumi tan pequeño, paliducho y delgado… no era que hubiera cambiado demasiado, pero de cualquier manera nunca había caído en cuenta de que el pelirrojo era casi tan chico como él, dos años de diferencia no eran nada.
— ¿De qué quieren hablar conmigo? —preguntó el Koushiro de 1999. Llevaba en su espalda su inseparable laptop y su mirada negra era penetrante, presta, ávida.
—Mientras permanecíamos escondidos en la casa, tu mamá y yo estuvimos pensando en algo que queríamos decirte —dijo el señor Izumi —. Seré directo contigo, lo que pasa es que nosotros no somos tus verdaderos padres.
—"¿Qué?" —Takeru quedó paralizado. Hikari le apretó más los dedos y los dos soltaron un suspiro rancio. —"yo… no sabía… que él…".
—"Oh, Koushiro" —soltó Hikari.
—Eso ya lo sabía —confesó entonces Koushiro, ignorando la presencia de Hikari y Takeru, quienes lo sobrevolaban con ansiedad —, fingí no escuchar, pensaba actuar como si nada hubiera ocurrido, pero la carga era tan pesada que no pude, estaba tan confundido porque no encontraba una solución a esto, que evadí mi realidad y trabajé en la computadora para no mostrarme a mí mismo…
El niño tenía una vocecita suave y temerosa, pero hablaba como un valiente. Takeru quiso llorar, no supo por qué… no era el hecho de que su amigo fuera adoptado lo que le había puesto triste, sino recordarlo siempre evadiéndose en la computadora.
Casi todos los recuerdos que tenía de ese chico eran al lado de un computador, ¿cada vez que usaba la portátil era para evitar su pasado?, ¿para tratar de olvidar?... eso era algo muy triste, devastador.
Pensó en su propia historia familiar, en el divorcio de sus padres, en la forma en la que se había trastocado su realidad. Habían sido infancias difíciles, no solo la suya, sino también la de Izumi.
Aun así, ¿acaso la madre de Koushiro no lo miraba con amor?, por supuesto que sí… aquella mujer, tanto en el presente como en ese pasado, reflejaba amor por su hijo, lo mismo que el señor Izumi.
—No es malo que te evadas con la computadora —explicó el padre adoptivo.
—Pero papá… —intentó decir Koushiro, no obstante, el hombre que le criaba volvió a hablar.
—Después de todo va con tu personalidad… a decir verdad te pareces mucho a tu verdadero padre.
— ¿Mi verdadero padre? —preguntó el pelirrojo
—Él era uno de mis parientes lejanos, era uno de los genios matemáticos más reconocidos, trabajaba como uno de los profesores de la universidad… hace 12 años se casó con tu madre y tú naciste, su desaparición fue por un accidente automovilístico, lamentablemente murieron.
Takeru sintió otro golpe más. Los verdaderos padres estaban muertos. Intentó mirar los ojos de Koushiro, pero éstos parecían apagados, Hikari le tranquilizó.
—"No te pongas triste, Takeru, la muerte no es tan mala" —le dijo, sin embargo, ella estaba equivocada.
Para Takaishi, no había nada tan cruento como la muerte. Ese estado natural se había llevado a su madre y a la misma Hikari, a las dos las había arrancado del mundo sin importar cuanto dolor pudiera causarle a él y a los demás.
Era la verdad… lo que más odiaba Takeru era la muerte de sus seres queridos.
—En ese entonces —habló por primera vez Yoshie Izumi —, nosotros teníamos un hijo, un hermoso varón, pero murió apenas cumplidos unos meses, en ese momento, tus familiares nos pidieron que nos hiciéramos cargo de ti, entonces fue cuando…
—Comprendo lo que sucedió —murmuró Koushiro.
—Pensábamos decirte cuando fueras mayor de edad y lo comprendieras mejor, sé es duro para ti enterarte a esta edad, lo sentimos mucho.
—No papá, al contrario, les agradezco mucho que me hayan contado la verdad sobre mi origen, yo les agradezco mucho.
Lo dijo con ternura, mientras la voz se le rompía en agudos y se le contorsionaba el rostro. ¿Cuántas veces Koushiro habría llorado en soledad por ese secreto?, ¿cuántas veces había tenido qué callarlo ante los demás?, Takeru lo pensó con nostalgia: los niños elegidos parecían ser un equipo roto por todas partes.
—Pero seguiremos viviendo como siempre— animó a decir el señor Izumi.
—En realidad no pediremos otra cosa, mientras tú seas un niño saludable, ya que nos has traído muchas alegrías— agregó la señora, limpiándose una lágrima.
El Koushiro de 10 años quiso asentir, pero se soltó llorando y, de un impulso, él se aferró a los brazos de los padres con los que no compartía sangre, pero sí un verdadero lazo.
Fue entonces cuando la escena comenzó a borrarse, lo último que Takeru alcanzó a visualizar fue a Tentomon conmovido por lo que acababa de oír sobre su humano.
Despertaron en la banca del parque. Los dos con las manos enlazadas al emblema del Conocimiento, el cual había dejado de brillar.
Hikari parpadeó con lentitud mientras Takeru se recuperaba. Al recobrar la conciencia, el chico se puso tenso y tuvo problemas para respirar, pero poco a poco se estabilizó.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó, quitándose la humedad de los ojos.
—"El mensaje del emblema… puedes llamarlo un viaje astral".
—He sido injusto con Koushiro, siempre pensé que había pocas emociones dentro de él —consideró Takeru.
—"Yo pienso que ha sido una linda historia, con un final feliz".
—No, con un final feliz no, Kari —explicó el muchacho —. Si fuera una verdadera historia feliz, él estaría en casa de sus padres y no metiéndose en problemas y negándolos.
—"Entiendo…".
—Pero las cosas mejorarán, vamos al departamento donde vive —dijo Takeru, buscando en sus bolsillos algo de dinero —. Tomaremos un taxi.
Tenía algunos billetes porque nunca gastaba en él y su padre procuraba darle mesadas. Takaishi acumulaba el dinero sin siquiera contarlo y, generalmente, sólo lo usaba para pedir comida a domicilio. Esa mañana, antes de salir al instituto por primera vez en mucho tiempo, había agarrado unos cuantos billetes por si se le ofrecía.
—"No recuerdo cómo se siente subir a un taxi" —comentó Hikari, los ojitos le brillaron como si fuera pequeña.
—A mí me marean un poco, prefiero caminar contigo, pero se hace tarde y debemos encontrar a Koushiro ¿Cierto?
Hikari asintió, Takeru detuvo al primer vehículo que pasó. Al subirse hizo espacio para su indivisible acompañante y después de ello se sentó y cedió la dirección al taxista.
—¿Puede llevarme a esa ubicación?
—En un momento, chico.
Hikari miró el paisaje durante todo el transcurso. Takeru hubiera querido platicar, pero la presencia del taxista lo ofuscó, no era que le importara quedar como un loco que hablaba solo, simplemente no quería iniciar una plática donde hubiera un extraño.
Llegaron en 15 minutos. A Takeru no le gustó la fachada que tenía el edificio donde presuntamente vivía Izumi. Era una zona de Odaiba que no frecuentaba mucho, estaba descuidada y no le daba buena espina.
—No es que me importe, pero cuídate, chaval —le dijo el taxista —. En esta zona ha habido algunos actos pandilleros, dicen que hace un par de días dos bombas molotov explotaron en un cibercafé, no hubo víctimas, eso sí, pero la gente tiene miedo, parecen actos de terroristas.
—Estaré bien, gracias por la advertencia.
Takaishi cerró la puerta y suspiró. No quiso decirle a Hikari que cuando escuchó lo de las bombas, se tensó e inmediatamente asoció el acontecimiento con Koushiro.
Subieron por un elevador maltrecho hasta el piso cuatro y luego timbraron en el segundo apartamento.
—No está —concluyó Takeru, cabizbajo.
—"Eso no importa, abriré" —dijo Hikari con una mirada traviesa.
—¿Abrirás?
—"Si me esfuerzo puedo hacerlo, ¿no ves que también puedo tomarte de la mano y tocar otros objetos?, abriré la puerta" —insistió y, sin esperar respuesta, la castaña atravesó la pared y dejó a Takeru con incertidumbre.
Poco después Yagami logró su cometido, la puerta cedió lentamente y a Takeru le volvió el color al rostro.
—Pensé que algo había pasado.
—"No pasa nada" —el espíritu respondió —. Es solo que aquí dentro se respira un aire viciado, me puse un poco triste.
Takeru lo comprendió a la perfección. Encendió la luz eléctrica y sintió un espasmo al ver el caótico departamento donde vivía Koushiro.
Se trataba de un solo cuarto, sin divisiones, con excepción del lavabo y la cocineta. Takeru no supo cómo caminar por esa habitación, había muchos cables y objetos tirados en el suelo, lo que lo hacían sentir como un soldado que va por un campo minado.
Al fondo, en la pared, había un escritorio con varios monitores y uno solo CPU, la vieja laptop de Koushiro estaba desarmada o eso imaginó Tk al ver la coraza del aparato entre tornillos, gadgets, libros y todo tipo de herramientas.
—"¿Está construyendo algo?" —preguntó Hikari, Takeru no supo qué responderle.
Entre el desorden se alcazaba a ver un futón destendido y una maleta con ropa, lo que hizo que los visitantes adivinaran que se había mudado hacía poco tiempo.
Hikari avistó la mirada.
—"Alguien viene" —alertó a Takeru, cerrando la puerta —". Ven, escóndete aquí".
El chico corrió al armario y se encerró, por una de las rendijas observó que Hikari apagaba la luz y, justo en ese instante, se volvía a abrir la puerta del departamento. Era Koushiro, pero no venía solo.
Lo acompañaba un hombre al cual Takeru le calculó entre 25 y 30 años.
—No tengo tu tiempo, date prisa —apuró al pelirrojo.
Koushiro iluminó su casa y caminó hasta el escritorio, de donde tomó un pendrive.
—Necesito la paga —dijo.
—Todavía no sé si sirve tu programita.
—No fallará —Koushiro estiró la mano —. En cuanto lo insertes en el puerto USB, el programa robará los datos que necesitas. No hay posibilidad de fallo, ¿o la hubo en el café-internet?, soy un genio.
El sujeto a su lado bufó y de mala gana le pagó en efectivo.
—Cuida el tono de tu voz, mocoso, hackers como tú los hay mejores.
Por la rendija del armario, Takeru vio que Koushiro ni siquiera se inmutaba, sus ojos negros estaban vacíos. No parecía sentir miedo de su interlocutor; sus cejas estaban un poco apretadas, como desafiantes, pero sus orbes parecían haberse quedado sin emociones.
—Sólo hago mi trabajo —fue lo que dijo, despidiendo al hombre de su casa.
Cerró la puerta, la aseguró, después caminó hacia los monitores que había en su escritorio y, tras revisarlos, fue directo hacia el armario y descubrió a Takeru. Hikari trató de impedirlo, pero por más que trató, no logró tocar al pelirrojo.
—Acabo de ver que te has metido a mi casa por las cámaras de video, supe que alguien había entrado desde el principio porque vi de lejos las luces apagándose, no obstante, jamás imaginé que serías tú.
—Koushiro-san…
—No sé cómo le hiciste para entrar ni para saber dónde vivo, pero no estoy dispuesto a perdonarte, te dije claramente en la escuela que no quería que te metieras en mi vida.
Hikari miró desolada cómo Koushiro jalaba la ropa de Takeru y lo echaba al suelo a pesar de ser de más baja estatura y de estar más delgado.
—Escucha, si por mí fuera no habría venido, es por Hikari, ¡ella me pidió que te buscara!
—¿Qué dices, Takeru-kun? —se molestó Koushiro —¿No puedes buscar una mejor excusa?, has venido por lo que pasó en el centro de cómputo del instituto, esa es la verdad, pero no me arrepiento de nada, ¿Yoshie te dio la dirección?, esa vieja entrometida ya me tiene cansado.
—¡No hables así de tu madre! — rogó Takeru —. Hikari me abrió la puerta de tu casa y ahora mismo te está mirando, ¿no la captan tus videos?, deberías sentir vergüenza.
—¡Cierra la boca, Takaishi Takeru!, todos ustedes siempre se estancaron con lo que le pasó a la hermana de Taichi, si no puedes superarlo, no lo saques a relucir como si fuera un pretexto barato que pudiera excusarte, ¡siento náuseas y lástima por ti! —Y a ese grito le siguió un puñetazo que lanzó hacia el rostro de Tk.
—¡Eres un cobarde, Koushiro-san! —contraatacó el rubio, deteniendo el puño.
"Takeru, no pelees, ¡detenlo!", rogó la castaña.
Sin embargo, en lugar de escucharla, Takeru siguió respondiendo al jaloneo provocado por Izumi.
Continuará…
¡Gracias por leer!
Espero les haya gustado o al menos no decepcionado mucho. Este capítulo no me quedó muy fluido y quizás no despierte tanto como los anteriores, pero esto fue lo que pude escribir. Prometo que el siguiente estará mejor, ya que trataré de explicar más de Koushiro y se sabrá de Sora y de los demás elegidos. Es decir, la trama estará un poquito más integrada.
La idea era mostrar a un Koushiro Izumi diferente, como traté de hacerlo con Yamato, pero sobre todo, con Taichi. Creo que en el caso de Kou tardaré un poco más en explicar qué diablos hace y por qué actúa como actúa, también tengo que trabajar más a personajes como Yamato y la misma relación entre Hikari y Takeru.
Es un fic muy difícil para mí, me cuesta mucho escribirlo, por eso les agradezco que lo lean a pesar de los extraños giros que voy dando.
-Nota: Para este capítulo utilicé una escena de Digimon Adventure, la cual trata sobre la plática en la cual los papás Izumi le dicen la verdad a Koushiro sobre su origen. Es importante aclarar que esos diálogos y los personajes (y la trama) NO me pertenecen.
-También cabe destacar que, por cuestión de estilo, uso comillas y cursiva en algunos diálogos, sobre todo en los de Hikari, quien es un espíritu... imagen que las comillas son una especie de eco, jeje. Otro aspecto a mencionar es que la narración no es lineal, porque hay saltos en el tiempo.
Este fic está basado (medianamente) en un anime llamado AnoHana. Me disculpo si hay algún error, carezco de tiempo para hacer una buena revisión del texto.
Gracias de nueva cuenta, ¡hasta pronto!, espero actualizar una vez más este año. ¡Espero sus comentarios!
CieloCriss
