Besos Camarada
Capítulo 2
Rose había vuelto a Chicago dos días atrás, en esos días se mantuvo bastante ocupada visitando a algunos de sus amigos y tratando de no pensar en Dimitri, pero solo lo lograba a ratos, cosas pequeñas la hacían recordar algunos momentos que vivió con él, hubieron momentos tensos, malos entendidos y por supuesto la despedida fue frustrante y triste, pero también hubieron momentos en el corto tiempo en que se conocieron que despertaban en ella una sensación de añoranza que nadie le había hecho sentir, era cierto lo que le escribió en esa carta, ella sentía que lo amaba aun conociéndolo solo unos días, era algo más que la electricidad intensa de su conexión era la promesa de algo grande, algo que no sabía describir pero que no quería perder, no quiso perderlo ese primer día al despedirse en el aeropuerto y tampoco deseo perderlo cuando sus vidas, sus realidades los separaron para siempre.
Al volver a su rutina universitaria tuvo un poco más de éxito en su decisión de dejar de pensar en su camarada, no era fácil, la presencia de Victoria era un diario recordatorio de sus días en Rusia, pero el tiempo que pasaba con ella era menor ahora que debía enfocarse cien por ciento en el término de su tesis, era imprescindible que se mantuviera trabajando intensamente, su próximo paso era ingresar al máster en bienestar social y posteriormente trabajar en el hospital de niños de Chicago. Las primeras tres semanas de trabajo fueron bastantes productivas, recordaba a ratos a Dimitri, pero de alguna manera el recordar su mirada, sus palabras de admiración, el beso, que fue para ella la prueba de los sentimientos que se él negaba a reconocer, la ayudaban a mantenerse enfocada, él había dicho que la admirada, que era una mujer fuerte y decidida que lograría lo que se propusiera y aunque recordar sus palabras y su último beso, siempre traían humedad hasta sus ojos, era un recuerdo que siempre atesoraría.
En las semanas que siguieron, las pocas veces que se juntaba con sus amigos, siempre terminaba con sentimientos encontrados, por un lado, se sentía feliz de que ellos tuvieran en sus vidas a alguien con quien compartir sus logros y sus fracasos, por otro lado, no podía evitar sentir envidia porque ellos tenían algo que ella añoraba. Se alegraba por ejemplo de que Adrián por fin estaba feliz con su verdadera flor, Sidney, la chica del lirio tatuado en el hombro, él extrovertido chico que se había convertido en su mejor amigo, después de acosarla por meses, había sido atrapado por el amor. Rose aún recordaba cuando se conocieron, en una fiesta de cumpleaños de Lissa, apenas la vio comenzó a flirtear con ella, llamándola mi pequeña flor cuando se enteró de que su nombre era Rose, era un apodo que a ella le molestó mucho en esos primeros meses de conocerlo, pero que con los años se convirtió en algo que le gustaba mucho, al menos mucho más que los ácidos sobrenombres que le ponía Christian, el eterno novio de Lissa.
Lissa y ella se habían conocido en la escuela secundaria, Rose había llegado recientemente de Turquía a vivir con Alberta su madrina, quien era subdirectora del Golder college, en Chicago. En su primer día de clases Rose se enfrentó a un chico popular llamado Jesse para defender a una chica rubia y delgada, desde entonces se hicieron buenas amigas y se habían mantenido unidas hasta la universidad, incluso compartieron dormitorio por dos años, hasta que su novio Christian le propuso que se fueran a vivir juntos. Fue entonces cuando Rose conoció a Victoria Belikov, una estudiante nueva, que venía desde Rusia a cursar economía y ciencias financieras y se convirtió en su compañera de cuarto cuando Lissa se mudó. Sus otros amigos de secundaria Eddie y Mason habían pasado los dos primeros años después de terminar el colegio, mochileando y siempre se juntaban cuando volvían a Chicago, para hablar de sus aventuras en diferentes lugares de distintos continentes, ahora ambos manejaban una agencia de turismo, con bastante éxito. Rose estaba contenta por todos sus amigos, incluso por Eddie que había sido muy reacio a tener una relación seria, ahora salía de forma exclusiva con una chica llamada Jill, que había conocido en un curso de lenguas extranjeras. Ella estaba feliz por ellos sin duda, pero a veces sus anhelos la traicionaban y ellos notaban su melancolía.
Inmersa en su mundo entre los estudios, la preparación de la tesis, las reuniones con sus profesores y las pocas salidas con sus amigos para ir de compras, ir por un trago o una que otra salida al cine, Rose pensaba cada vez menos en Dimitri durante el día, pero no había noche en que no apareciera en sus sueños, a veces eran sueños dulces, donde ambos estaban felices en su casa en Rusia, cocinando una barbacoa y jugando con Katya y Paul, otras veces eran cosas tristes como la despedida, su discusión, el divorció de sus padres, la muerte de Iván, algunas veces parecían historias, otras veces pedazos de rompecabezas. Cuando llevaba ya unos dos meses de vuelta en chicago los sueños más recurrentes eran aquellos donde Dimitri se le aparecía en la Universidad, preguntándole porque no había querido su regalo, que necesitaba que recibiera su regalo, cuando despertaba siempre era con un sentimiento de angustia, más de una vez se encontró frente al computador navegando en la página de diferentes líneas aéreas, cotizando pasajes para volver a Rusia, para dejarlo todo como le había dicho que haría, esa última tarde antes de viajar de vuelta a Chicago, antes de la dolorosa despedida.
Los días en Rusia, después de la noche de año nuevo, fueron excelentes para ambos, Rose y Dimitri se habían comportado realmente como amigos, jugaban con Katya y con Paul, competían por hacer reír a carcajadas a la pequeña Zoya, iban en familia a patinar en hielo, cocinaban junto a Olena, hablaban de todo, incluso habían establecido una especie de ritual nocturno, al quedarse a conversar hasta altas horas de la noche en la habitación del ático. Fue una de esas noches que Rose se enteró del accidente donde murió Iván, el mejor amigo de Dimitri, el chico rubio que salía en la fotografía que el ruso conservaba en la pequeña vitrina en su habitación y del impacto que tuvo lo sucedido en la vida de su camarada.
Para la navidad rusa se realizó una nueva celebración familiar y todos volvieron a reunirse junto a la mesa, la casa de las Belikova estaba llena adornos coloridos, se escuchaban canciones tradicionales y se preparaban diferentes platillos navideños. Luego de la cena todos esperaron la llegada de Ded Moroz, el abuelo del hielo, junto a su nieta, la doncella de las nieves, que traían los regalos navideños. Ese día fue maravilloso para Rose, ella se sintió muy feliz intercambiando regalos con su amiga Victoria y su maravillosa familia, en especial con Dimitri, fue entonces cuando lo supo, ella se había enamorado del ruso, en pocos días esa conexión y atracción que sintió hacia él desde el viaje en el avión se había transformado en algo poderoso, algo por lo que valía la pena luchar, esa noche Rose tomó una gran decisión.
Los días sin Roza en Rusia, se transformaron en los más fríos que sintió Dimitri en su vida, esa última tarde antes de que volviera a Chicago, fue cuando ese frío en su interior empezó, ella estaba empacando para regresar a Chicago y él se detuvo en la puerta de su habitación mirándola encantado, esa añoranza que ella le había hecho sentir desde el primer día de conocerla se transformó en una sensación real de perdida, ella se iría, nunca más volvería a verla, nunca podría saber si lo que sentían era real. Roza se dio cuenta de su presencia y lo invitó a pasar, cerró la puerta tras él y le pidió que se sentara en la cama, Dimitri obedeció, Rose se sentó a su lado y comenzó a jugar con el collar que él le había regalado, la noche anterior en la celebración de la navidad rusa. Dimitri esperó que Roza comenzara a hablar
—Camarada, hay algo muy importante que necesito decirte, he tomado la decisión de no volver a Chicago
—¿Cómo? ¿Por qué? — preguntó Dimitri, esperando que ella no dijera lo que él temía
—No volveré a Chicago, quiero quedarme aquí, es decir no aquí en Baia, en Moscú contigo, Dimitri de verdad creo que debemos darle una oportunidad real a esta relación, es…— Rose dejó de hablar de pronto al ver que Dimitri se tomaba la cabeza y se levantaba de la cama
—Basta Rose, es absurdo, prometiste que solo seriamos amigos, prometiste que no volveríamos a hablar de esos sentimientos —Dimitri estaba realmente irritado, Roza, su Roza, había hablado igual que lo había hecho Tasha años atrás, haciendo planes por los dos, tomando decisiones por él.
—Yo nunca prometí no hablar de mis sentimientos y tal vez no sea momento, pero yo de verdad siento… yo siento que te amo Dimitri, estos días de amistad, pasando tiempo contigo, he aprendido a quererte más, mucho más de lo que imaginé querer a alguien, sé que no es mucho el tiempo que nos conocemos, pero estoy dispuesta a intentarlo, estoy disp… — Rose no pudo continuar su discurso, porque Dimitri la interrumpió
—¿Y dejar todo por un tipo que no conoces de nada? ¿Rose te volviste loca? — dijo el ruso levantando la voz
—Claro que te conozco — dijo Rose casi suplicando, necesitaba que Dimitri entendiera, que abriera su corazón hacia ella — te conozco y sé que esto vale la pena Dimitri, no digas que tú no lo sientes, por favor, yo sé que lo sientes, yo lo he visto en tu mirada, en la forma en que me hablas, yo entiendo que tienes miedo, después de lo que sucedió con Tasha pero…— Rose se detuvo, sabía que ese era un tema del que Dimitri no querría hablar
—No trates de analizarme Roza y no vuelvas a decirme lo que crees que siento— y así sin más salió de la habitación enfurecido.
En el momento en que cerró la puerta se arrepintió, estaba sobre reaccionando, lo sabía, no había tratado a Roza de manera justa, la estaba comparando con Tasha y él sabía que Rose Hathaway era una mujer completamente diferente a Natasha Ozera, pero sus palabras le recordaron tanto a aquellas usadas por Tasha hace años atrás cuando él le dijo que había aceptado el puesto en la universidad estatal de Moscú "Es una oportunidad perfecta Dimka, Había dicho ella y Dimitri pensó que lodecía por su carrera profesional," Debemos irnos juntos, nos merecemos ser felices, yo se que es muy pronto pero tomé una decisión, me iré contigo a Moscú" había dejado por muchos años que otra persona tomara decisiones por él, no volvería a permitirlo, ni siquiera si era la mujer que amaba la que tomara esas decisiones, mucho menos si es la mujer que amo, se dijo, no puedo dejar que Rose deje todo por una posible relación conmigo, no puedo permitir que abandone sus sueños por algo tan incierto como el amor, si esto acaba, si resulta ser solo una ilusión, si la dejo quedarse a mi lado y nuestra relación no funciona, entonces ella me odiará y entonces si la perderé para siempre.
Esa noche Olena y las hermanas Belikov habían organizado una pequeña fiesta de despedida para Rose que partía a Chicago al día siguiente, habían preparado sus platos favoritos, que consistían principalmente en cosas dulces y con chocolate, Nikolai que había vuelto oficialmente con Victoria y su hermano también estaban en la fiesta, incluso Nina la amiga de Dimitri, estaba presente, la celebración fue muy agradable, todos le habían deseado mucho éxito a Rose en su planes para los próximos meses e hicieron un brindis en su nombre en que Olena le pidió en nombre de todos que volviera pronto
—Me gustaría tanto volverte a tener en esta casa Roza, ojalá puedas volver pronto, siempre serás bienvenida aquí, con todos nosotros, siéntete parte de esta familia
Rose no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas ante las palabras Olena
—Nada me gustaría más —dijo Rose realmente emocionada, pero no pudo evitar pensar en que había una persona entre los presentes que prefería que ella nunca volviera.
Aquellos presentes en la celebración notaron que Dimitri y Rose se comportaron bastante indiferentes esa noche, pero la mayoría lo atribuía a lo difícil que sería para ambos la despedida, después de haberse hecho tan buenos amigos en pocos días. Por supuesto también había un par de personas que estaban seguras que algo mas complicado había ocurrido entre ellos.
Rose no pudo contener más las lágrimas cuando entró en la habitación, después de la celebración se sentía abrumada, por un lado las palabras de Dimitri en la tarde todavía la confundían, ella había estado tan segura de que el sentía lo mismo que ella, asumió que estaría feliz con su decisión de quedarse en Rusia, pensó que él también quería luchar por este amor, sí, era amor, ella estaba convencida de lo que sentía a pesar de que él no era capaz de aceptar sus propios sentimientos. Por otro lado, se había sentido tan querida por la familia Belikov, desde el primer día en que llegó hasta el hogar de su amiga y hasta el ultimo se había sentido acogida y apreciada, había aprendido cosas nuevas, conocido nuevos lugares, nuevas tradiciones, incluso con el rechazo de Dimitri latente, la experiencia había para ella había sido maravillosa.
La madrugada siguiente Rose fue despertada por unos golpes suaves en la puerta, al mirar por la ventana se dio cuenta que aún no había amanecido, aun era muy temprano y ella no necesitaba irse al aeropuerto hasta mediodía
—Roza, por favor abre — dijo Dimitri desde fuera de la puerta
Cuando Rose abrió la puerta, Dimitri le dijo en voz baja que se abrigara y bajara, que necesitaba hablar con ella. Rose no lo pensó dos veces, ella se iría ese día y aunque aún le dolía la actitud de Dimitri no quería irse sin al menos aclarar algunas cosas. Cuando bajó la escalera, Dimitri la llamó desde la cocina, él estaba ahí, terminando de cerrar un termo y tomando dos tazones del mueble de la cocina, luego le pidió a Rose que lo siguiera por la puerta trasera hacía el patio, en la mesita de terraza, Dimitri tenía una bandeja pequeña con algunos dulces que habían quedado de la celebración de la noche anterior, colocó junto a ella los tazones y el termo y se sentó en uno de los sofás, le pidió a Rose que se sentara junto a él y procedió a posar una manta gruesa sobre las piernas de ambos para protegerlos del frío del exterior, luego le ofreció a Rose un chocolate caliente pero Rose declinó la oferta diciéndole que prefería que comenzara a hablar
—Quiero pedirte disculpas Roza, yo no estoy de acuerdo con los planes que estabas haciendo y reaccioné mal — comenzó a hablar el ruso con seriedad —Lo cierto es que yo no quiero que renuncies a tus sueños por una ilusión
—Pero eso no es lo que
—Escúchame Roza por favor — interrumpió Dimitri las protestas de Rose —Tu eres una mujer muy joven, bella y talentosa, yo soy mayor que tú y aunque tú crees que siete años no es nada he tenido experiencias que tú no y sé que las relaciones de pareja son difíciles y pueden terminar muy mal, tú has luchado por tus sueños por mucho tiempo, dejaste a tu familia para poder estudiar en el lugar que siempre quisiste, estas a punto de entrar a un programa de estudios, que te permitirá tener ese puesto de trabajo que deseas, no puedes renunciar a todo por una ilusión
—No es una ilusión — dijo Rose —Es algo mucho más potente, al menos para mí.
—Rose yo — comenzó Dimitri — Yo también siento que podría llegar a ser algo más y creo que, en circunstancias diferentes, esto podría ser algo real, pero sigue siendo una ilusión y yo no voy a permitir que cambies tu vida por mi y después te arrepientas.
—No voy a arrepentirme camarada
—Eso no lo sabes, no puedes saberlo — contestó Dimitri —Roza, por favor no quiero que nuestra última noche juntos la pasemos discutiendo, lo único que quiero es compartir un momento especial contigo, un momento que nos acompañe siempre, por eso te traje aquí, quiero que nuestra despedida sea especial — continuó el ruso tomando la mano de Rose y entrelazando sus dedos en los de ella —Roza, yo siento algo hermoso por ti, te admiro, eres una mujer fuerte e inteligente, que ama lo que hace y llegará muy lejos en lo que se proponga, no tengo ninguna duda al respecto y la suerte que tuve de haber conocido a esa gran mujer es algo que atesoraré siempre — dijo Dimitri mirando a Rose intensamente, tomó un mechón de su hermoso cabello y se acercó lentamente hasta besarla en los labios, el beso fue intenso y apasionado y ella no pudo evitar una lágrima que descendió por su mejilla cuando se separaron. Después del beso, Dimitri en silencio le sirvió a Rose un tazón de chocolate caliente el que compartieron viendo el amanecer, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Cuando llegó el momento de despedirse Rose se levantó, le agradeció a Dimitri por el chocolate y dijo
—Camarada tu me pediste antes, que yo no te dijera lo que estabas sintiendo, pues yo te pido lo mismo, no trates de decirme lo que tú crees que no siento, podré no conocerte como dices o no tener tanta experiencia, pero me conozco y se lo que siento, aun cuando tu no quieras saber sobre ello — dijo Rose con seriedad y continuó — Entiendo que el amor no se puede forzar Dimitri, solo quiero que sepas que lo que dije mas temprano es cierto al menos para mí y que mi mayor deseo ahora que me voy es que algún día aprendas a luchar por lo que te puede hacer feliz.
Dimitri se quedó sentado en la terraza por mucho rato, mirando al horizonte dejando que el frío de la mañana le calara los huesos, Rose había entrado a la casa con lágrimas rodando por sus mejillas y era su culpa, él no había querido decirle a Roza lo que realmente sentía, no quería darle ninguna esperanza, tenía pensado un discurso y una forma de actuar, pero no pudo resistir besarla una ultima vez, lo cierto era que ella tenía razón, él la amaba, mucho mas de lo que jamás hubiera imaginado, pero estaba aterrado, nada tampoco le había dado tanto miedo en la vida, si se permitía amarla, si egoístamente dejaba que ella hiciera el sacrificio de renunciar a sus sueños por él y luego ese amor se transformaba en odio, nunca se lo perdonaría, Dimitri estaba haciendo lo correcto, la estaba protegiendo, ella era joven, en unos meses se olvidaría de él y volvería a enamorarse, Dimitri no quiso detenerse mucho en ese pensamiento, así que siguió asegurándose a sí mismo que había hecho lo correcto por Rose, por su Roza.
Los días que siguieron a la partida de Rose y Victoria a Chicago, Dimitri trató de distraerse pasando tiempo con su familia, Olena le había hecho prometer que no se iría de inmediato a Moscú y que pasaría tiempo con ellos, pero no pasó mucho tiempo para darse cuenta que estar en casa, jugar con Paul o Katya, e incluso mirar a Yeva le hacían recordar a Rose, por ello comenzó a salir de la casa regularmente, se iba al centro a caminar, se encerraba por horas en la biblioteca del parque, iba a visitar a Nina y algunas tardes pasaba a visitar a la madre de Iván. Incluso era difícil para él volver a su cuarto, él podía sentir aún la esencia de Roza en su habitación.
Una tarde mientras compartía una cerveza con Yuri en el patio de la casa, este le preguntó si tenía alguna noticia de Rose
—No, ¿por qué lo preguntas? —Contestó Dimitri con ansiedad, pensando que tal vez Yuri tenía alguna noticia sobre ella, lo único que sabía era que habían llegado bien a Chicago, por lo que había dicho Vika cuando llamó a casa dos noches atrás
—No lo se me pareció que tenían una relación bastante cercana y si me permites decirlo creo que es obvio que la extrañas — dijo Yuri mirando a Dimitri fijamente
—¿Que te hace pensar eso? —dijo Dimitri con un tono irritado
—Por dios Dimitri, le prometiste a Olena quedarte unos días más antes de volver a Moscú, para pasar tiempo con la familia y casi no has parado en la casa, además me pareció extraño cuando me pediste que las fuera a dejar el otro día al aeropuerto, se suponía que irías tú — ¿se pelearon o algo? ¿Ella te confesó sus sentimientos?
— ¿Como sabes sobre eso?
— Tengo ojos, además te conozco hace años, la chica estaba enamorándose de ti y tú de ella, no trates de negarlo ¿y entonces qué? ¿no vas a hacer nada al respecto?
—¿Qué puedo hacer? ella vive en Chicago, es decir hay millones de kilómetros entre nosotros, además de nuestros propios proyectos de vida.
— Bueno Dimitri, hay aviones sabes, además con toda la experiencia que tu tienes y tu currículo seguro podrás encontrar un buen puesto de trabajo en otro continente, no lo sé, supongo que la respuesta tiene que salir de ti — dijo Yuri un poco molesto con la actitud de Dimitri —Mira Dimka como amigo te lo digo, aunque se que lo sabes te lo diré de todos modos, la vida es corta, tu mejor que nadie deberías saberlo, recuerdas los proyectos que tenía Iván y no pudo llevar a cabo, solo piénsalo — continuó Yuri, mirando a Dimitri que había agachado la cabeza ante la mención de su amigo —Además cuando sabes que hay una persona en algún lugar, que podría ser tu verdadera felicidad no la dejas ir, imaginas si yo me hubiera rendido con Sonja, ni siquiera quiero pensar en eso y yo tuve que convencerla de amarme, tú ya tienes la parte más difícil del camino asegurada, pero si no quieres abrir los ojos, nada puedo hacer yo, ándate a Moscú sigue con tus proyectos, prueba si es ahí donde encontraras la felicidad.
Dimitri escuchó a su amigo claramente, Yuri siempre le había parecido un hombre sensato y prudente, por lo que no pudo dejar de encontrar razón en todo lo que decía, lo había visto luchar por el amor de Sonja por mucho tiempo, incluso cuando ella aún sufría por Rolan, de pronto recordó las palabras de Rose "mi mayor deseo ahora que me voy es que algún día aprendas a luchar por lo que te puede hacer feliz "
Cinco días después Dimitri partió de vuelta a Moscú, llevaba en su maleta además de sus mas necesarias pertenencias, el libro que le regaló Roza para la navidad y una carta que le había dejado escondida entre los trofeos de artes marciales al lado de su foto con Iván. No había querido abrirla en Baia, no quería que le siguieran haciendo preguntas sobre su estado de ánimo melancólico, especialmente no los niños y menos su madre. Paul le había estado informando a todo aquel que quisiera escucharlo que cuando él fuera mayor se casaría con alguien como Roza porque no quería estar triste como el tío Dimka, Katya por otro lado comenzó a jugar al teléfono fingiendo que hablaba con Roza y siempre le decía a la Rose imaginaria al otro lado del teléfono "adiós, Rose, el tio Dimka te extraña". Yeva y su madre no escondían su preocupación, Olena había decidido interrogarlo unos días después de su conversación con Yuri.
—Hijo, yo tengo muy claro que no te gusta hablar de tus asuntos personales, pero la verdad es que tu estado de animo me está preocupando, ¿Es por Roza? ¿Pasó algo con ella?
—No mamá, es decir se convirtió en una buena amiga y es verdad que echo de menos su compañía, pero eso es todo — respondió Dimitri
—Se que no me dirás la verdad, aunque trate de obligarte, solo voy a pedirte una cosa, si ella es la persona que puede hacerte feliz, has lo que tengas que hacer para estar con ella
—Pero que hay de ustedes, hace años deje de verlas por, en realidad no importan la razón, ahora recién vuelvo a recuperar el contacto con mi familia, recién conocí a mis sobrinas, si hago lo que me pides tendré que…—Dimitri no pudo seguir, tenía muchas emociones encontradas, Olena lo abrazó
—Dimitri Alexander Belikov, escúchame, prefiero verte poco sabiendo que eres feliz, que verte todos los días sufriendo.
Cuando abordó el avión a Moscú, Dimitri no pudo evitar buscar a Roza, por supuesto no es que fuera a aparecer de pronto sentada junto a él, era absurdo por decir lo menos pero no pudo evitar mirar en todos los asientos casi esperando que apareciera de la nada. Su compañera de asiento era una mujer joven, de rasgos asiáticos, demasiado delgada y no tenía el bello cabello ondulado y oscuro de Rose. La saludó cordialmente y se acomodó para leer el libro que Rose le había regalado, el que tenia una dedicatoria que siempre le hacía sonreír "para mi querido camarada, que sueña con ponerse un sombrero de vaquero y mantener a los ladrones de banco en línea". Se mantuvo leyendo la mayor parte del viaje y durmió también un poco, para cuando llegó a Moscú le faltaban solo unas páginas para terminarlo.
Una vez en su departamento comenzó a desempacar y organizar todo, luego se preparó una cena rápida y se sentó frente al televisor para ver noticias, la soledad de su departamento que antes no le había molestado en absoluto, comenzó a irritarle, no podía dejar de pensar que si hubiera querido escuchar los planes de Rose, tal vez ella estaría aquí, acomodando sus cosas en el closet, poniéndose un feo pero cómodo pijama de franela y acomodándose, junto a él en el sillón, la visión lo hizo sonreír pero pronto lo invadió una sensación de vacío, no pudo seguir comiendo, apagó la televisión, encendió la radio y fue en busca de la carta de Rose. Dentro del sobre venía una bolsa de terciopelo azul, Dimitri supo inmediatamente lo que contenía, pero no quiso mirar en su interior, la dejo en la mesita de noche y tomó la carta
Querido Camarada:
Escribo esta carta esperando explicar la razón por la que decidí devolver este regalo, espero que no pienses que no lo agradezco, lo agradezco con mi corazón y lo hago porque se que lo elegiste para mi tratando de expresarme a través de este collar, el cariño que llegaste a tenerme, lamentablemente yo no puedo quedarme con el, porque ese cariño, no fue suficiente, no fue suficiente para hacerte ver la verdad de lo que yo sentía y de lo que estaba dispuesta a hacer para mostrarte que este amor era completamente real. Para mi no importaba el tiempo, no importaba el lugar, importaba la persona y esa persona eras tú, por eso devuelvo este regalo, porque de conservarlo será un doloroso recuerdo de lo que creí encontrar, pero tu decidiste convertir en una simple ilusión.
Espero que alguna vez, en algún lugar encuentres a esa persona que te haga feliz.
Con amor Roza
Al terminar de leer la breve carta Dimitri no pudo ni quiso evitar las lagrimas que rodaban por su rostro, había perdido la oportunidad de ser feliz, porque se había dejado llevar por el miedo, por sus propios miedos, había dejado ir a Roza, ella era la persona que importaba. Dimitri siempre supo que era un error dejarla ir, pero no quiso verlo, no quiso ver el gran error que había cometido, Yeva se lo había advertido "solo espero que esta vez abras los ojos"
Cuatro meses habían pasado desde su vuelta a Chicago, sus días estaban completamente ocupados, dormía y comía poco, pero había logrado terminar su tesis y sus calificaciones habían sido sobresalientes, su investigación había sido muy bien recibida y seria publicada por la editorial universitaria. Victoria tenía preparada una pequeña celebración en el dormitorio, tenía cervezas, una botella de vodka, pizzas y además había conseguido brownie de chocolate. Rose agradeció el gesto de su amiga y realmente disfruto la noche en su compañía y sin preocupaciones, hasta que un tanto borrachas comenzaron a hablar de sus días en Rusia
—¿Cuándo me vas a contar realmente lo que sucedió con mi hermano? — preguntó Vika de pronto
—¿Quieres saber lo que pasó? tu hermano me rompió el corazón, pero fue mi culpa porque yo le robé un beso en el aeropuerto, así que es mi culpa, mi culpa — dijo Rose casi sin darse cuenta de lo que estaba diciendo
—¿Cómo que lo besaste en el aeropuerto? ni siquiera fue a dejarnos ¿Rose que hiciste? ¿besaste a Yuri?
—¿Queeeee? ¿Estás loca? besé a Dimitri en el aeropuerto, cuando llegué a Omsk, lo conocí en el avión, tuvimos una gran conversación, pensé que no volvería a verlo, pero resulto ser tu hermano
—¿Por qué ninguno dijo nada cuando íbamos en el auto?
—No lo sé, supongo que porque era incomodo ¿Qué íbamos a decir exactamente?
—¿Y te enamoraste de él después de darle solo un beso? Vaya debe besar muy bien — por ese comentario Vika recibió un cojinazo en la cara y ambas comenzaron a reírse descontroladamente, cuando se calmaron Rose dijo
—Sabes que le ofrecí dejar mi vida aquí para irme con él a Moscú y que pudiéramos estar juntos
—Se que no te va a gustar escuchar esto Rose, pero viendo todo lo que has logrado yo creo que tuvo razón
—Lo sé Vika, pero aun así duele
El día de la ceremonia de graduación Rose estaba un tanto nerviosa y emocionada, las ultimas semanas de su investigación habían sido extenuantes, pero muy satisfactorias y todos sus esfuerzos la habían llevado hasta aquí, gracias a su perseverancia había logrado ingresar al programa de máster con excelentes calificaciones. Luego de la graduación, sus padres y Alberta la llevaron a cenar a un restaurant que siempre visitaban cuando se reunían todos en chicago, el chicago chop house. Rose estaba bastante agradecida de que su padre no llevara a su prometida, Megan, a la que todavía conocía, ni le interesaba conocer, la verdad es que hubiera sido muy incómodo y de mal gusto y una falta de respeto para su madre, al menos Abe no se había vuelto un total insensible después de la separación. La cena fue agradable, aunque todos notaron que Rose parecía bastante ausente y con poco apetito, lo cierto es que desde que volvió de Rusia, Rose estaba mas delgada, por supuesto se podía atribuir a sus preocupaciones con respecto a los estudios, pero tanto Janine su madre, como su madrina sospechaban que había otras razones. Después de la cena Rose se reunió con sus amigas para ir a bailar, al principio no le había entusiasmado mucho la idea, ella estaba un tanto agotada, emocional e intelectualmente y sus noches principalmente se llenaban con estudio, proyectos y recuerdos, pero al llegar al club y escuchar la vibrante música Rose recuperó rápidamente su energía y pronto estaba en la pista de baile dando todo de sí.
El club estaba repleto, lo cierto es que no estaba acostumbrado a ese nivel de ruido y esa cantidad de personas, pero esa noche estaba dispuesto a hacer el sacrificio, se acercó al bar y pidió un vaso de whisky, desde donde estaba sentado pudo verla bailando, ella se veía feliz, estaba disfrutando de la música y era realmente una excelente bailarina, muchos querían acercarse a bailar con ella, un tipo tal vez solo unos años mayor que ella se acercó y trato de convencerla de dejar a sus amigas pero ella no cedió, prefería seguir disfrutando de la música con sus amigas. Una vez que terminó su whisky y cansado de mirarla desde lejos, se dirigió a la pista de baile hasta la hermosa mujer que lo mantenía hipnotizado con su movimiento de caderas, caminó hasta ella y una vez que estuvo lo suficientemente cerca susurró a su oído
— Me encanta verte bailar, Roza
Ella se congeló por un breve momento, solo un momento hasta que finalmente se volteó, en frente de ella estaba su camarada, parecía nervioso pero decidido, sin siquiera darle tiempo para decir hola la besó con todo el anhelo y la pasión que había acumulada por meses. Rose y Dimitri dejaron el club minutos después, tomados de la mano. En el taxi Dimitri trato de explicarle a Rose las cosas que habían estado sucediendo en su vida estos meses, pero no era capaz de dejar de besarla por el tiempo suficiente para poder llevar una conversación coherente, era tan bella como la recordaba, tal vez un poco mas delgada, pero aun así hermosa, no podía explicarse como había sido capaz de pasar cinco meses lejos de ella. Lo único que lograba decirle una y otra vez durante el viaje hasta su hotel era te amo Rose Hathaway.
Cuando llegaron a la habitación del hotel la pasión que venían conteniendo por meses se hizo presente, consumiéndolos a los dos, la ropa comenzó a caer por los suelos apenas se cerró la puerta, Dimitri besaba y acariciaba a su Roza desenfrenadamente y ella disfrutaba de su desenfreno en completo éxtasis, esa noche solo la dedicaron a amarse como anhelaban las preocupaciones por el futuro podrían esperar.
Al llegar la mañana Dimitri despertó con temor de que todo hubiese sido un sueño, pero la mano de Rose que acariciaba su pecho lo tranquilizó
—Oh Roza, mi Roza, tu eres todo lo que necesito — le dijo tomando su mano y besando suavemente sus dedos —Perdóname por no venir antes a decírtelo, pero necesitaba arreglar todos mis asuntos primero, necesitaba estar seguro de que podía conseguir un trabajo que me permitiera estar más cerca de ti
—¿Viniste a vivir a Chicago por mí?
—Me iría a vivir a cualquier parte por ti, tenías razón Roza, no importa el lugar ni el tiempo, importa la persona
—Te amo tanto Dimitri Belikov, pensé, realmente pensé que no, que nunca estaríamos juntos
—Yo también lo pensé y pensé que podría conformarme, pero nunca pude, nunca fui tan fuerte, tu eres la fuerte, y has logrado tanto, estoy tan orgulloso de ti, ayer en tu ceremonia de graduación
—¿Estuviste en la ceremonia?
—Sí, necesitaba verte
—¿Por qué no te acercaste? no puedo creer que fuiste y no me saludaste
—No podía, estabas con tus padres y no quería imponer mi presencia, ni siquiera sabía si estarías contenta de verme o si lo odiarías, se que te hice daño Roza con mi terquedad
—Lo pase mal, te extrañe mucho, no tenía esperanzas de volver a verte, pero ahora estamos juntos, eso es lo que importa
—En estos meses, no hubo un solo día en que no pensara en ti, tú eres todo lo que necesito Roza y voy a luchar por demostrarte que este amor es real —dijo Dimitri y volvió a besarla, pronto sus cuerpos volvieron a entrelazarse para convertirse en uno.
Unas horas más tarde ente las sábanas de su habitación del hotel Dimitri acariciaba la espalda desnuda de la bella mujer que dormía junto a él, se sentía feliz, había tomado la decisión correcta, era aquí donde estaba su felicidad, con su Roza, la desconocida que le robó un beso en un aeropuerto al otro lado del mundo.
