Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD, a excepción de la trama.


~~~ Universo Alternativo ~~~

Sinopsis:

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para hacer realidad un deseo de cumpleaños?


Deseo de Cumpleaños


Primera Parte

– Señor Belikov, tiene una llamada por la línea dos.

La interrupción de mi asistente me hizo desviar mi atención de la docena de documentos esparcidos sobre el escritorio – Lissa, creí haberte pedido que…

– Lo sé – Me interrumpió apenada – Pero es la tercera vez que insiste y… – Se removió nerviosa – Realmente parece ser importante.

Suspiré cansado mientras me apretaba el puente de la nariz. Anoche apenas había tenido tiempo de cenar algo y dormir un par de horas. La reunión de hoy era vital para la internacionalización de la Empresa, yo no podía perder el tiempo en estas cosas.

– Está bien, descuida. La tomaré, gracias – Levanté el auricular y presioné el botón parpadeante al mismo tiempo que la rubia salía de la oficina – Ahora no tengo tiempo para…

– Sí Dimka, ya sé que te encanta tu trabajo, que solo vives para él ¡Pero tu familia es más importante sabes! – Su grito me obligó momentáneamente a apartarme el teléfono del oído – Solo te lo preguntaré una vez más… ¿vendrás este fin de semana?

Miré el reloj, quince minutos… – Vika, los inversores de Corea me están esperando.

– ¡Genial! – Gruñó – ¡Evades el tema! – Masajeé mis sienes. Por qué no comprendía que como accionista mayoritario tenía cientos de responsabilidades, no podía darme el lujo de botarlo todo solo para asistir a una fiesta de cumpleaños – ¡Eres increíble! ¡Hasta Rose hizo un hueco en su agenda y vive en la misma puñetera ciudad que tú! – ¿Por qué mis hermanas tenían que ser tan dramáticas? – ¿Sabes? No pensaba decírtelo, tenía la absurda esperanza de que asistieras sin tener que rogarte.

Con mi mano libre tomé el iPad, aún tenía varios mails por revisar – Viktoria…

– Se trata de Yeva – Dijo – Ella no se encuentra bien.

El abrupto cambio en su voz detuvo todos mis movimientos, ganándose mi absoluta atención – ¿De qué hablas? ¿Qué pasa con la abuela?

– Hace un par de semanas me obligó a llevarla con la Dra. Olendzki sin decírselo a mamá – ¿¡Qué!? – No sé cuál fue el diagnóstico porque no me dejó entrar con ella y yo seguía en shock ¿Te la imaginas asistiendo al médico por voluntad propia? ¡Los cree charlatanes! – Divagó – No sé qué hacer, no la veo bien, apenas y sale de su habitación. Estoy muy preocupada y no quiero alarmar a mamá.

Mi abuela odiaba a los médicos desde siempre. Era a la antigua usanza todo lo quería remediar con brebajes de plantas. Algo definitivamente no está bien – De acuerdo, tranquilízate – Exhalé – Veré si puedo tomar un vuelo en la noche, sino lo haré por la mañana.

Chilló aliviada – ¡Gracias Dimka!


– Lo digo enserio Iván, cualquier problema no dudes en llamar. No importa la hora.

– Todo irá perfecto – Me recliné en el asiento esperando el abordaje – ¿O acaso no confías en mis súper habilidades empresariales? – Bromeó.

– No es eso, viste lo que costó que los coreanos firmaran no podemos echarlo a perder – Me desaté el cabello para apaciguar un poco la migraña.

– Es cierto. Tuvimos un día de mierda que estresaría a cualquiera, pero te recuerdo que la Compañía es tan importante para ti como lo es para mí – Y así era, prácticamente la habíamos levantado de la nada – No se vendrá abajo solo porque te ausentes unos días. Y siendo sinceros te urgían unas buenas vacaciones, Dimka.

– ¡No es cierto! – Exclamé.

– Creo que Lissa tiene una opinión muy diferente, la pobre tiene que aguantarse todas tus exigencias. Deberías darle un aumento – Se carcajeó – Ya enserio, replantéate las vacaciones largas. Hay tantos lugares con mujeres hermosas por conocer.

– No tengo tiempo para eso – Respondí viendo ir a la gente de una sala a otra.

– ¿Y cuándo lo tendrás? ¡Cuando cumplas ochenta! – Rodé los ojos – A ver, simplemente ¿cuánto tiempo tenías sin ir a casa?

Hice mis cálculos – Tres años – Jadeó fingidamente – Ese no es el punto, atravesamos un buen momento y la Empresa…

– Seguirá aquí cuando regreses.

Suspiré agotado, la llamada de Vika más la brutal junta de hoy acabaron conmigo tanto física como emocionalmente y ni siquiera había tenido oportunidad de contárselo a mi mejor amigo.

Pib… pib… – Tengo otra llamada.

– Ok, saluda a Olena y a las chicas de mi parte. Y haznos un favor ¡Diviértete un poco, conoce a alguien!

Negué entretenido con sus ocurrencias – Adiós Iván – Colgué y dejé entrar la siguiente llamada – ¿Diga? – Moví la cabeza de lado a lado tratando de eliminar la tensión de mi cuello.

– ¿Es cierto lo que ha dicho tu hermana?

Me incorporé de un solo movimiento tirando en el proceso el boleto con destino a Portland – ¡Abuela! – Solté sorprendido ya que ella siempre usaba a mi madre como intermediaria y poco hablábamos en realidad – Q… qué sorpresa ¿Cómo estás?

– Responde a mi pregunta – Contestó tajante.

– Ehh, sí – Me aclaré la garganta – Ahora mismo estoy en el aeropuerto.

– Hmm… – Se quejó – ¿Qué te habrá dicho esa chiquilla para hacerte cambiar tan rápido de parecer? Ni Olena ha podido traerte de vuelta en los últimos años.

Ella sospecha – Eso no es… quiero decir, tenía planeado ir para tu cumpleaños. Si hasta te llevo un par de sorpresas – Improvisé.

– ¡Dimka! – Advirtió.

Ella lo sabe. Para los negocios era implacable obteniendo información y ganando ventaja, pero con Yeva esas habilidades nunca habían servido y a veces hasta se volvían en mi contra. Como ahora, que sin más terminé confesando.

– Me habló de tu visita al médico.

– ¡Lo sabía! Ya no se puede confiar en nadie de esta casa – Murmuró malhumorada.

– Viktoria solo está preocupada y también yo ¿Por qué no le pediste el favor a mamá? ¿Para qué ocultárselo? – Ya abordado el tema seguí preguntando – ¿Cuál fue el diagnóstico? ¿Necesitas algún tipo de estudio o tratamiento? – No obstante, la única respuesta que obtuve al otro lado de la línea fue el silencio absoluto – ¿Abuela… sigues ahí?

– Sigo aquí – Dijo – Pero según Olendzki no por mucho tiempo.

Una terrible sensación me recorrió el cuerpo entero – ¿De qué hablas? – Musité.

– Hablo de que es terminal.

No supe cómo reaccionar, por primera vez en mi vida no sabía qué hacer – Quizás… – Tragué el nudo que se formó en mi garganta – Podemos pedir otras opiniones y de ser necesario trasladarte aquí.

– No – Objetó – No voy a pasar mis últimos meses metida en un hospital rodeada de charlatanes para tener a tu madre angustiada por algo que irremediablemente sucederá.

– Cómo puedes decir algo así, tan a la ligera.

– Porque es la ley de la vida y yo tuve una muy buena. Amé, conocí y disfruté lo que tenía que disfrutar. Mi única hija se casó con un gran hombre y juntos criaron buenos hijos. Y ahora esos hijos han comenzado a formar sus propias familias – Hizo una pausa – No me arrepiento de nada, aunque sí hay algo que me preocupa… tú.

– ¿¡Yo!? – Exclamé contrariado.

Cuando emigramos de Rusia la situación económica de la familia era pésima, habríamos dormido en la calle de no ser por los Mazur que ayudaron a mis padres a establecerse. Sin embargo, como todo comienzo, las cosas no fueron fáciles durante algún tiempo. Yeva se hizo cargo de cuatro niños mientras mis padres intentaban sacarnos adelante, no sé cómo hizo, pero siempre hubo al menos una hogaza de pan negro en la mesa. Por eso me propuse ser un buen hijo, hermano y alumno, evitaba problemas para no ser una carga más. Y en cuanto tuve la mínima edad permitida conseguí un empleo de medio tiempo para apoyar con los gastos, cosa que seguía haciendo en la actualidad. Por lo tanto, no entendía cómo podía ser motivo de inquietud para ella.

Fuera lo que fuera, si estaba en mis manos cambiarlo, lo haría.

– Siempre te has exigido demasiado. Sentías la necesidad de quitarles a Olena y a Alexander peso de encima cuando ellos nunca te lo pidieron. Te convertiste en hombre siendo todavía un niño – Enunció nostálgica – A base de esfuerzo y sacrificios perseguiste un futuro que no estaba pensado en ti, sino en el bienestar de tu familia y eso te llevó a ser alguien que hoy solo vive para trabajar. Aun cuando el objetivo principal ya se ha cumplido.

– Era lo que tenía que hacer.

Odiaba ver llegar a mamá muerta de hambre y cansancio, poniendo buena cara a la hora de meternos a dormir. O mi padre, que a mitad de la madrugada se desvelaba pensando en cómo llegar a fin de mes.

– Tal vez, pero qué pasa contigo cuando llegas a tu lujoso departamento en Boston ¿Hay alguien esperándote ahí? ¿Tienes con quién compartir tus logros o hacer nuevos planes? – ¿¡Está sollozando!? – Dejaste de lado lo más importante de la vida y es una pena porque me habría encantado conocer a la mujer que algún día se convertiría en tu esposa.

Nunca en mis treinta años la había visto o escuchado quebrarse por nada – Abuela, yo… – Levanté la vista del suelo solo para ver a una sonriente morena venir hacia mí. De pronto, algo se encendió en mi cabeza – ¿Y si te dijera que la conoces?

– ¿¡A quién!? – Preguntó sorprendida.

– A ella, a la mujer de mi vida.


No sabía si era el destino, suerte o todo lo contrario. Coincidir el día, hora y compartir asientos contiguos en el mismo vuelo con Rosemarie me daba la oportunidad perfecta para hablarle del plan. Mismo que admito carecía de algunos elementos, pero que tenía la única intención de hacer feliz a mi abuela el tiempo que le quedara de vida. Habiendo dos grandes posibilidades: que la mejor amiga de mi hermana menor aceptara gustosa mi proposición o que me estampara en la cara una bofetada por mentiroso y embaucador.

De ser así solo contaba con seis horas y veinte minutos para poder convencerla de lo contrario.

La observé de reojo, revolvía su bolso – Creo que alguna vez te vi en el Common – Dijo casualmente.

– Acostumbro correr ahí – Asintió con una sonrisa un tanto fingida dado mi tono un poco arisco y es que nunca había sido del tipo hablador. Esto no va bien, los nervios me impedían pensar con claridad– Viajas sola – Sacó un revoltijo de cables – Quiero decir, ¿no hay alguien a quien te hubiera gustado traer? – Tanteé.

Me miró extrañada, sin embargo respondió – Mi amiga Syd iba a acompañarme, pero tuvo que cancelar a último minuto – Quizás por ello había un lugar libre en nuestra fila de tres – El viejo se molestará cuando sepa que ha ordenado la habitación de invitados para nada – Bromeó, desenmarañando lo que parecían ser sus audífonos.

– Claro – Aclaré mi garganta – Pero yo me refería a otro tipo de persona, algo así como un… ¿novio?

Abandonó lo que parecía ser una ardua tarea para ella y curiosa me observó elevando ambas cejas – No, por ahora no hay ese tipo de persona. Para desgracia de mi madre – Hizo una mueca – Créeme, enloquecerá cuando me vea llegar sola una vez más.

A estas alturas no sabía si eso era bueno o malo. Aunque pensándolo bien, entre menos gente involucrada mucho mejor. Además me estaría ahorrando la paliza de algún novio celoso – ¡Excelente! – Murmuré.

– ¿Qué me cuentas tú? ¿Hay alguna chica interesante? – Sonrió ampliamente al lograr desenredar el cable – ¿Tienes novia?

– Aparentemente la tengo – Respondí inconscientemente.

– Siempre has sido muy raro, camarada. Éramos abismalmente diferentes y por eso nunca pudimos ser mejores amigos – Rió divertida – Aun así te aprecio mucho.

– Es bueno saberlo – Comenté confundido, pues nadie me había dado ese calificativo, al menos que yo supiera. Siempre fui el tipo alto, responsable, estudioso y para algunos otros el extranjero, pero jamás el "raro". Por lo que no quise quedarme con la duda – ¿Por qué piensas que soy extraño?

– ¡Porque lo eres! – Se encogió de hombros para después girarse en el asiento y colocarse a modo de flor de loto – Cuando no traías los libros de texto estabas metido con los vaqueros, por más que te lo pidiéramos rara vez tenías tiempo para jugar con Vika y conmigo ¡Ni hablar de hacerle alguna travesura a Stan! – Pobre hombre, sin duda fue el vecino que más celebraría cuando ella se fue de la ciudad – Eras el rey de los monosílabos, nunca le quitabas las orillas a los empanedados y jamás quisiste enseñarme a maldecir en ruso – Incrédulo enarqué una ceja ante sus motivos absurdos – ¡Admítelo, eres un raro! Apuesto a que todavía escuchas los hits que hubo tras de la caída del muro de Berlín.

– ¡Y lo dice la chica que casi incendia la escuela entera! – Me defendí.

Se carcajeó atrayendo un par de miradas a nosotros – Reconoce que fue algo heroico, gracias a mí no hubo clases durante dos semanas – ¿En qué estaba pensando cuando decidí involucrarla en esto? ¡Ella tenía razón en todo! Bueno, solo en la parte en la que señalaba que somos distintos, yo mismo lo he dicho en algunas ocasiones. Cualquier persona que me conociera lo mínimo dudará de mi "enamoramiento" por Rosemarie… ¡Mierda! Mamá será la primera en hacerlo, después mi abuela – En fin, nos desviamos del tema. También recuerdo que siempre que intentabas pedir un favor comenzabas una plática sin sentido, como ahora – Nos señaló – Así que suéltalo Dimitri, ¿qué necesitas? ¿Olvidaste el regalo de Yeva por estar enclaustrado en tu oficina?

Por mucho, esto era lo más complicado que había tenido que hacer jamás y aunque me había quedado claro que teníamos mucho en contra, por Yeva ya no podía echarme para atrás.

Tomé aire y dije – ¿Quieres ser mi novia?

– ¿QUÉ? – Me miró con los ojos muy abiertos.

– ¡No! Quiero decir… no me expliqué bien. A lo que me refería es… ¿te gustaría fingir ser mi novia?

– ¿¡CÓMO!?

Esta vez teníamos la atención de la mayoría de los pasajeros ¡Genial, esto cada vez va peor! Les sonreí incómodo antes de bajar la voz para que ella hiciera lo mismo – Olvídalo, es una locura. Le diré a mi abuela que fue una confusión.

– ¿Yeva? – Arrugó el ceño profundamente – Explícate bien camarada, porque justo ahora estoy tratando de convencerme de que no has bebido o fumado nada tóxico – ¡Ojalá estuviera ebrio! – ¿Qué tiene que ver ella en esto?

– Todo – Confesé – Se está muriendo y yo… le hice creer que eres mi prometida.

Su expresión cambió de confundida a desencajada – ¡Dios, cuánto lo siento! Debe ser difícil para ti y las chicas – Tomó mi mano entre las suyas – Sé bien lo que ella significa para ustedes, pero… – Dijo vacilante – No logro entender por qué hiciste algo así.

– No lo sé, solo te vi y se me ocurrió – Respondí con sinceridad. Le expliqué cómo sucedieron las cosas y que posiblemente nadie en mi familia tenía conocimiento de la situación – Parecía tan angustiada por mí que cuando tocó el tema solo… mentí – Cerré los ojos sintiendo el peso del mundo en mis hombros – Si hubieras escuchado lo contenta que se puso cuando le dije que eras tú.

– Yo… no sé qué decir – Mordió su labio inferior.

– No tienes que hacerlo – Delicadamente retiré mi mano de debajo de las suyas dándoles una ligera palmada para despreocuparla – Llegando a casa lo solucionaré.

Ignoro cuánto tiempo pasó después de que di por terminada la conversación, los pasillos estaban a oscuras, los pasajeros dormían plácidamente y yo no podía despegar la vista del mismo punto en el asiento de enfrente pues me era imposible dejar de escuchar mis propios pensamientos. Y cada uno era peor que el anterior.

– Si queremos que funcione – Volteé automáticamente para encontrarla mirando por la ventanilla – Necesitaremos un plan… y uno muy bueno – Recalcó.

– ¿¡Me ayudarás!? – Pregunté atónito.

Se volvió hacia mí – Sí, lo haré – Suspiró con cansancio, supuse que también había conseguido desvelarla – La ventaja es que crecimos juntos y se trata de nuestras familias, sabemos cómo van a reaccionar. No tendremos que inventarles una historia dónde expliquemos cómo nos conocimos y enamoramos – Asentí involuntariamente – Otro punto importante es que sabemos lo que nos gusta… – La miré totalmente inseguro de esa afirmación – ¡Como sea! Igual tendremos problemas, es estúpido pensar que no. Y el primero de ellos es que en lugar de inventarle a Yeva que somos novios le dijiste que estamos comprometidos.

Me rasqué la barbilla – No entiendo cuál es el inconveniente en eso.

– Que tendrás que poner un anillo en mi dedo – Señaló su anular – Y estás obligado a comprar uno que sea digno de una estrella de rock, sino mi padre será el primero en dudar de tu propuesta de matrimonio.

– ¡Llegaremos a las seis de la mañana, de dónde diablos quieres que saque una sortija así! – Exclamé.

– Es verdad… – Apoyó el mentón en su puño mientras se concentraba. De pronto, chasqueó los dedos – Diremos que no me quedó y como buen prometido lo mandaste a ajustar para mí – Rosemarie tenía uno de los peores records disciplinarios de la historia, no obstante siempre salía bien librada gracias a sus interesantes métodos para manejar las cosas. A lo mejor no fue tan mala idea implicarla – El punto verdaderamente alarmante en toda esta farsa es que tú no sabes mentir – Lo dicho – Por lo que tendrás que confiar en mi ingenio.

– ¿Se supone que eso me tranquilice? – Achinó los ojos – Ok, ok… haré mi mayor esfuerzo – Froté mi nuca – ¿De verdad eres consciente de lo que vamos a enfrentar?

Se acomodó para dormir – De ser convincentes nuestras madres y tus hermanas se volverán locas – Bostezó – Será mejor que descanses camarada, a partir de mañana nos dedicaremos a hacer realidad el deseo de cumpleaños de tu abuela.


Segunda Parte


– ¿Estás listo?

– No.

Estábamos en el pórtico de casa, exactamente frente a la puerta. Habíamos llegado tarde debido a una serie de imprevistos que en otras circunstancias habría tolerado mejor. El aeropuerto tuvo dificultades con los equipajes, los de la agencia de alquiler tardaron una eternidad en entregarnos el vehículo y de camino nos topamos con varias calles bloqueadas debido a obras del ayuntamiento.

El universo parecía querer darme un mensaje que descaradamente decidí ignorar. En su lugar aprovechamos el tiempo para ultimar los detalles tanto a la hora de contárselo a mi familia como al momento de decírselo a la suya. Y aún con el plan establecido no me sentía preparado y es que conociendo a mis hermanas no me extrañaría que el padre Andrew formara parte del comité de bienvenida.

Resoplé provocando que Rose riera, se veía tan tranquila que me exasperaba – ¡Quieres relajarte! Si ven tu cara de pánico esta mentira terminará más pronto de lo que inició – Acomodó el cuello de mi camisa y bajó su mano para entrelazarla con la mía, tomándome completamente desprevenido.

Tocamos el timbre a pesar de traer mi juego de llaves, cualquier excusa era buena para seguir retrasando lo inevitable. La puerta se abrió y fuimos recibidos por seis mujeres que boquiabiertas nos observaron. Esto no lo teníamos planeado.

Luego y en sincronía sus miradas bajaron a nuestras manos e inmediatamente se desató el caos – ¡Ahhhhhhh!

– ¡Seremos familia! – Corearon Janine y mi madre.

– Emm… ¿sorpresa? – Dijo Rose. Acto seguido, todas se abalanzaron hacia nosotros.

– ¡Esto es maravilloso, hijo! – Mamá me envolvió en un cálido abrazo, gesto que correspondí besándola en la frente.

– Ahora no me extraña que no quisieras contarnos nada sobre tu acompañante misterioso – Habló la pelirroja mientras estrujaba a su hija.

– ¡No lo puedo creer, Dimka! – Recibí un beso en la mejilla por parte de Karolina y un puñetazo en el hombro por Vika.

– Son el peor hermano favorito y mejor amiga del mundo ¿Cómo pudieron ocultarme algo así? – Señaló nuestras manos que seguían fuertemente unidas – Para compensarme tendrán que nombrarme dama de honor – Se colgó a nuestros cuellos y nos chilló en los oídos – ¡No puedo creerlo, van a casarse!

Una Sonya bastante embarazada nos la quitó de encima – Yeva nos contó que traerías a tu prometida, pero jamás imaginamos que se trataba de Rose.

La vi de reojo sentada en su silla favorita, contemplándonos en silencio, pero con una sonrisa que no le conocía. Entonces comprendí por qué hacía todo aquello y ciertamente valía la pena cualquier mentira o engaño del que fuera capaz con tal de verla feliz.

Solté a Rose y me acerqué, colocándome en cuclillas para evitar que se levantara – Hola abuela.

– Bienvenido a casa, Dimka – La rodeé con los brazos temblorosos, atesorando el momento que en algunos meses no volveríamos a tener – Hablaremos después – Lo dijo tan bajo que entendí que en casa seguían sin conocer la verdad. Sin más remedio por el momento, asentí.

– ¡Ya era hora, Rosemarie! – Me volví para encontrarlas a su alrededor, sus rostros irradiaban pura felicidad. Aquello era horrible.

– ¡Mamaaá! – Protestó.

– Creímos que ya nunca se darían cuenta de que son perfectos el uno para el otro – Comentó mi madre, haciendo que nuestras miradas se cruzaran, incrédulos de lo que sucedía.

– ¡Quiero verlo! – Exigió Vika.

– ¿El qué? – Cuestionó la morena rompiendo el contacto conmigo.

– ¡Como el qué, tonta! Pues el anillo – Los seis pares de ojos se fueron a su dedo desnudo.

– Pues verán, no lo tengo – Las miradas de odio dirigidas hacia mí fueron instantáneas – Dimitri confundió la medida y tuvo que regresarlo para que lo ajustaran.

– ¡Aww! – Sonrieron ilusionadas comprando por completo la mentira.

Sonya cerró la puerta mientras Karo nos ayudaba con las maletas – Preparamos un almuerzo sorpresa, pero las sorprendidas hemos sido nosotras.

Paul y Zoya entraron corriendo del patio trasero, seguidos por mi padre, Abe y mis cuñados Pavel y Mikhail.

– ¿Qué ocurre?

– ¿Por qué el alboroto?

Janine se acercó a su marido – ¡Ibrahim, nuestra hija va a casarse!

– ¿Quién es el bastardo?


Después del agradable momento con mi "suegro" pasamos al comedor. Las mujeres se fueron directamente a la mesa, hablaban de Iglesias, flores y vestidos mientras sus maridos les preparaban los platillos y las bebidas. Guiado por lo que hacían mis cuñados tomé un par de platos, tal vez no recordaba los gustos de Rose a la perfección, pero si algo tenía claro era que ella siempre había sido un barril sin fondo.

– ¿Desde cuándo comes tanto, Dimka? – Preguntó papá.

– No es para mí, es par…

– ¿Rosie, eh? – Mikhail me dio un codazo sonriendo en complicidad con Pavel.

Ambos eran excelentes personas, nos conocían desde la adolescencia y gracias a ello estoy seguro saben de las diferencias abismales que hay entre los dos, por lo que no podía entender cómo es que todos se tomaron la "noticia" como si la hubieran estado esperando toda la vida. Digo, nunca hubo ningún tipo de acercamiento entre nosotros que lo justificara. Rosemarie siempre fue popular en los deportes y con los chicos, el colegio entero quería salir con ella. Yo en realidad nunca me detuve a pensar en ello, reconozco que era bonita. Me giré para verla reír con Vika, y con el paso de los años su belleza solo se ha acentuado.

Sonreí inconscientemente – ¡Bienvenido al club! – Pavel palmeó mi espalda antes de llamar a sus hijos a la mesa.

Me acerqué y coloqué su abundante plato frente a ella – ¡Gracias camarada!

– Hermano, creí que odiabas ese apodo – Se burló Karolina, provocando la risa de los demás.

¡Cómo lo odiaba! Sin embargo nunca pude quitarle esa maldita maña, entre más le pedía a Rose que no lo hiciera más lo hacía. Hasta que un buen día me di por vencido.

– A él le encanta, ¿verdad cielo?

Cada vez que me llamaba de alguna manera cariñosa mi madre y Janine se derretían en sus lugares. Intenté sonreírle, pero aquello salió más como una mueca que disimulé dando el primer bocado de mi plato. El cual debo acotar, contenía el balance y las proporciones adecuadas.

– ¿Cuándo es la boda? – Inquirió mamá.

Tragué fuertemente, era como pasar púas por la garganta – Todavía no hay fecha.

Abe se aclaró la garganta exigiendo atención – Sé que ya no estamos en los tiempos en donde para poder comprometerse antes había que pedir la mano de la novia a los padres de la misma – Interrumpió, aunque de haber elegido otro tema le habría estado más agradecido – Obviando ese hecho, lo que me parece sumamente extraño es que durante este tiempo nunca te escuché decir que tenías novio, kiz.

La morena rodó los ojos – Baba, desde que descubrí que te encantaba aterrorizar a mis novios dejé de contarte sobre ellos – No era un secreto que el turco adoraba a su única hija, como también que tenía cierta fama peligrosa entre sus pretendientes.

– Ibrahim no arruines el momento, estoy segura de que Dimitri tiene pensado hablar con nosotros.

Me tensé a medio mordisco – ¡Por supuesto! – Rose puso una mano sobre la mía intentando darme un poco de calma, gesto que no pasó desapercibido para nadie en la mesa, a excepción de los niños que jugaban con sus vegetales.

– Cuéntenos cómo sucedió – Pidió Sonya, acariciando su enorme vientre.

– Sí, ¿cuándo comenzaron a salir? – Secundó Vika.

Un sudor frío me recorrió la espalda, los ojos de cachorro de mis hermanas comenzaban a abrumarme – Cuéntales tú cariño, lo haces mucho mejor que yo.

Tomó una servilleta para limpiarse la comisura de los labios – Olena, recuerdas que le pediste a Dimitri que me recogiera en el aeropuerto el día que me mudé a Boston – Mi madre afirmó atenta al relato – Bueno, pues como no logré conseguir un lugar antes de irme tenía pensado quedarme en un hotel, pero él me lo impidió. Dijo que era mejor que invirtiera ese dinero rentando algo que valiera la pena, así que amablemente me dejó quedarme en su apartamento durante un par de semanas. En las mañanas se aseguraba de dejar el desayuno listo y por las tardes nos dedicamos a buscar un buen sitio, a la vez que me llevaba a conocer la ciudad – Posó su mirada en la mía sonriéndome dulcemente – Fue tan atento conmigo, siempre tratando de que no me sintiera fuera de lugar. Creo que fue esa convivencia la que nos hizo acercarnos – La miré absorto dada su increíble capacidad para mentir – Luego de que me fui seguimos saliendo y… cuando menos lo esperamos ya estábamos enamorados.

– ¡Awww! – ¡Mujeres!

– ¿Por qué lo mantuvieron en secreto tanto tiempo? – Preguntó Janine.

– Quisimos ver hasta dónde nos llevaba todo – Recité la respuesta que Rose me había hecho memorizar – No queríamos ilusionarlos para después quizás decepcionarlos.

Continuamos la comida con una plática más amena y menos peligrosa, las cosas marchaban bastante bien hasta que nuestros padres comenzaron a disputarse el lugar en donde nos quedaríamos. Discusión que terminó ganando Yeva cuando nadie se atrevió a contradecirla. La acompañé a descansar a su habitación luego de llamar a Iván y revisar rápidamente mi bandeja de correo.

– Abuela, estoy seguro de que aún podemos buscar un buen especialista – Insistí.

– No Dimka, he tomado mi decisión y espero que la respetes – De su mesilla de noche agarró un alhajero.

– Eres injusta conmigo. Me pides que no diga ni haga nada, pero no me puedo quedar de brazos cruzados – Reclamé exasperado.

Abrió el joyero y observó su contenido durante unos instantes – No te habrías enterado de no ser por tu hermana – Recalcó con dureza.

Suspiré avergonzado – Tienes razón, no tengo excusa. Lamento mucho haber tardado tanto tiempo en volver a casa.

– Lo importante es que te diste cuenta de tu error – Palmeó el lugar a su lado invitándome a sentar – Con todo y que eres un cabezota estoy contenta de tenerte aquí, pero me hace aún más feliz verte con Roza – Desvié la mirada sintiéndome culpable – ¿Dimka, realmente la amas?

Su pregunta me obligó a dos cosas: la primera, tenía que dar una respuesta contundente no podía andarme por las ramas y la segunda, para ello tenía que mirarla a los ojos. Respira, lo ensayaste…

– Sí, lo hago – Musité.

– Ten entonces – Me entregó una cajita aterciopelada – Quizás no sea tan fino como el que le habrás comprado. Sin embargo, me gustaría que le dieras este también.

Me quedé de piedra – P… pero, es tu anillo de bodas ¡No puedo aceptar algo así!

– ¿Por qué no? – Refutó – ¡Es mío y se lo doy a quien me plazca! Además tú mismo me acabas de confesar que amas a esa chica – Hizo una pausa – O es que piensas que no le gustará.

– ¡No! – Exclamé apurado – No es eso, yo… – Noté la ilusión que le hacía darme su argolla de matrimonio y naturalmente no pude rechazarla. Perdóname abuelo… – Estoy seguro que le encantara.


Me detuve frente a la puerta de mi antigua habitación, el día había pasado rápido. Entre la bienvenida, las charlas incómodas y las llamadas a la oficina que tuve que realizar a escondidas estaba mentalmente agotado y para complicarlo todo Yeva me daba el bien más preciado que tenía del abuelo. Sintiendo que pesaba una tonelada guardé la cajita en el bolsillo de mi pantalón, di varias respiraciones pausadas y entré.

– Este viaje no ha salido para nada como lo tenía planeado.

– Al menos ya superamos lo peor, supongo – Me paralicé cuando vi a Rose salir del baño vistiendo una pijama bastante ligera que dejaba sus brazos y largas piernas al descubierto ¡Uff, qué calor hace aquí! – ¿Pudiste convencerla?

Su pregunta me sacó del trance en el que me encontraba debido al sutil aroma a vainilla y canela que había en el ambiente.

– Emm… no, no pude – Aclaré mi garganta – Está decidida a pasar sus últimos días en casa, con nosotros.

– Lo siento – Murmuró.

Al parecer ella ya había desempacado así que tomé mi maleta y comencé a sacar mis cosas. Rose se mantuvo de pie atenta a mis movimientos, levanté la cara y nuestras miradas se encontraron. No conseguí descifrar el sentimiento que vi en sus enormes y profundos ojos hasta que los vi posarse en la cama, entonces entendí la incomodidad que podría estar sintiendo.

Espera… ¿enormes y profundos ojos?

Despabilé tomando una toalla – Dormiré en el suelo.

– Camarada, podemos compartir. Además, si mal no recuerdo no sería la primera vez que dormimos juntos – Bromeó apoderándose del lado derecho de la cama. Mi lado preferido.

– Tenía seis cuando eso pasó y también estuvieron mis hermanas.

Se encogió de hombros y estirándose por su cepillo para el cabello el tirante delgado de su blusa cayó, rebelando más de su escote. Nervioso arranqué mis ojos de esa zona y con todo lo necesario me apresuré hacia el baño.

– Tenías nueve y yo seis – Corrigió – Pero ese no es el punto. Lo que quiero decir es que somos adultos, la cama es grande y opino que podemos sobrellevar la situación.

– De acuerdo – Respondí antes de cerrar la puerta tras de mí. Quise relajarme debajo del chorro de agua fresca, el cúmulo de emociones empezaba a pasar factura a los músculos de mi espalda y tal parece que también a mi sistema nervioso ¿Qué diablos había ocurrido allá afuera? Escupí el enjuague bucal deteniéndome a observar mi reflejo en el espejo, no es momento para confundir las cosas. Terminé de ponerme el chándal y cuando salí la vi apagando su computadora – ¿Trabajo pendiente? – Pregunté mientras me secaba el cabello con la toalla.

– No – Tosió repentinamente – Solo le enviaba unos contactos a Christian, mi asistente. Lo conoces no, es el prometido de Liss.

– Claro – Afirmé sin tener la menor idea de quién era el sujeto, ni siquiera sabía que Vasilisa tuviera un novio.

– Jajaja, no tienes ni idea ¡Eres pésimo mintiendo! – Le arrojé la toalla para que dejara de reírse a mi costa – Conocí a Chris en la revista, él nos vio juntas en alguna ocasión y me suplicó que los presentara. Fui como su Cupido particular. Liss me contó que te lo había presentado en la cena de Navidad de la Empresa del año antepasado.

– ¿Enserio? – Dudé – Pues no lo recuerdo – Apagué la luz quedando solo la de las mesillas de noche.

– Me lo imagino, cuando tu cerebro se enfoca en el trabajo lo demás deja de existir – Creí percibir reproche en su voz, pero por qué – Y ya que tocamos el tema sería bueno que dejaras de hablar por el móvil cada cinco minutos, recuerda que estamos aquí por Yeva – Me acosté notándola nerviosa, tal vez debí ponerme una playera – ¿Qué no se quedó tu amigo de encargado? El rubio guapo de ojos encantadores.

– Si te refieres a Iván, sí – Bufé por alguna extraña razón.

– Pues entonces déjalo hacer su trabajo y termina de confiar en él – Se volteó para apagar la lámpara y acostarse de espaldas a mí.

Hice lo mismo con la lucecilla de mi lado, confundido por su repentino cambio de actitud. Nos quedamos a oscuras y en total silencio durante algunos minutos hasta que sin pensarlo abrí la boca.

– Fue muy creíble la historia de cómo empezamos a salir ¿Cómo es que te inventas tantas cosas?

Furiosa se giró para enfrentarme – Es que no fue mentira, eso en realidad pasó, solo que la que estuvo conmigo ayudándome todo el tiempo fue tu secretaria.

De pronto su acusación comenzaba a cobrar algo de sentido – Rose, tenía una reunión importante a la que no podía faltar. Hubiera sido peor dejarte plantada en la terminal.

– ¡Puedo entender eso! También tengo prioridades en mi trabajo, pero habría hecho una maldita excepción de tratarse de ti – Me golpeó el pecho con su dedo – Es más, reconoce que me dejaste quedar en tu casa por la obligación que tenías con Olena – Eso no era cierto – Ni un solo día pudiste dedicarme y una perfecta desconocida terminó ofreciéndome su ayuda.

– Lo lamento no pensé que fuera tan importante para ti – Me disculpé sinceramente.

– Dimitri, acababa de llegar a una ciudad desconocida – Exclamó – Puedo asegurar que de no entregarte la llave en la mano ni cuenta te habrías dado de mi ausencia.

– Oye, tampoco soy tan desconsiderado – Me defendí – Y te recuerdo que fui a la inauguración de tu departamento.

Rió sarcásticamente – ¡Estuviste ahí por veinte minutos! Hasta Iván se quedó más tiempo y lo acababa de conocer – Exhaló controlando el tono de su voz – Pero descuida, dejé de enojarme contigo después del quinto rechazo que hiciste a cualquier invitación mía.

– Ok, está bien – Resoplé molesto – Me comporté como un imbécil, ¿contenta? – Debido al calor de la discusión inconscientemente nos acercamos el uno al otro.

– Pues sí, esperé mucho tiempo para echártelo en cara. Ahora me siento aliviada, buenas noches – Se giró bruscamente golpeándome el rostro con su cabello.

Me sentí mal con ella, pero mucho más conmigo mismo porque volví a comprobar que Yeva estaba en lo correcto. Solo era un hombre que trabajaba para vivir y que nunca tenía tiempo para nadie, ni siquiera para su familia… y eso tenía que cambiar.

Me acomodé bocabajo escuchando su suave respirar – ¿Qué pasará cuando tengamos que romper el compromiso? – Musité.

– Diremos que descubrimos que nos llevamos mejor como amigos y cada quien podrá seguir con su vida.

Continuará…


Mañana conoceremos el final de esta historia, que espero hayan disfrutado mucho.

Gracias por leer y no se olviden de dejar sus comentarios, me encanta leerlos todos.

Aprovecho para dar un agradecimiento especial a mi lindísima amiga Camy: sin ti esto no hubiera tenido ni pies ni cabeza ;)

Besos, Isy.