Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD, a excepción de la trama.
Tercera Parte
Desperté solo y abrazado fuertemente a la almohada de Rose, envuelto en su dulce perfume. Pensé que pasaría mala noche debido a los acontecimientos del día anterior, en cambio dormí como un bebé. Me estiré en la cama y chequé la hora – ¡Las diez! – Rápidamente me levanté, entré al baño y ordené un poco la habitación. Nunca antes me había levantado tan tarde como hoy, seguramente ya habrían desayunado todos. Dejé la ropa sucia en el cesto y bajé en busca de la morena ¿En dónde se habrá metido? Sin embargo a la primera que vi fue a mi madre, sentada en el comedor endulzando una infusión – ¡Buenos días! – Me acerqué y deposité un beso en su frente.
– Buen día, hijo – Cariñosamente palmeó mi mejilla – ¿Dormiste bien? – Asentí dirigiendo la mirada hacia la mesa, había solo un lugar dispuesto con humeante café, pan integral y una tortilla de huevo con vegetales.
– No era necesario que me prepararas el desayuno – Abrí la silla para sentarme y di un sorbo a la bebida caliente. Mmm… justo como me gusta.
– No he sido yo – Comentó con una sonrisa de oreja a oreja.
La miré contrariado – Entonces qui…
No terminé la pregunta cuando Rose salió de la cocina. Llevaba el cabello suelto, vestía un short corto y una de mis camisas favoritas de franela, la cual definitivamente no volvería a ver con los mismos ojos.
Lo que ocurrió después pasó tan rápido que ni tiempo me dio a reaccionar. Caminó directamente hacia mí, colocó un tazón con fruta picada en la charola y sin más se sentó en mi regazo plantándome tremendo beso.
Instintivamente posé las manos en sus caderas – ¡Despertaste! – Se quejó haciendo un mohín – Camarada, acabas de echar a perder mi sorpresa para ti – Jugaba con las puntas de mi cabello consiguiendo erizarme por completo.
Mi respuesta fue contemplarla hipnotizado. Sus largas pestañas, mejillas sonrosadas, las pecas casi imperceptibles de su nariz y sus rizos desordenados la hacían lucir bellísima.
– ¿Ah s… si? – Balbuceé.
– Sí – Melosa acarició su nariz con la mía – Pensaba llevarte el desayuno a la cama – Pinchó un trozo de fresa con el tenedor y me la dio a comer en la boca, gesto al cual no pude negarme y tampoco es como si hubiera puesto mucha resistencia.
Entonces recordé que no estábamos solos, tragué la dulce fruta y hablé aparentando la serenidad que no sentía – Roza… – Le advertí, aunque no sabía exactamente qué – Qué va a decir mi madre, no podemos estar dando estos espectáculos en su casa.
– ¿Qué, qué voy a decir? – Soltó la aludida – ¡Que me encanta verlos así de contentos y enamorados, me hacen tan feliz! – Sus ojos se cristalizaron – Y yo pensando que estabas solo en una ciudad tan grande, absorbido por la Empresa y dejando tu vida pasar. Me alegra tanto haber estado equivocada – Enjugó sus lágrimas – Bueno, los dejo solos, le llevaré el té a la abuela.
En cuanto desapareció por el pasillo enfrenté a la exótica mujer en mis piernas.
– ¿Qué crees que estás haciendo? – Se apartó un poco y yo la sujeté por los codos. No sabía si para alejarla más o para evitar que lo hiciera.
Resopló – Le doy realismo a nuestro compromiso o cuándo has visto a una pareja de enamorados que no se besen.
Era obvio que tenía que pasar en algún momento, lo pensé un par de veces durante el vuelo. Lo que no esperaba era sentirme tan afectado.
– Tienes razón, pero al menos avísame así sabré cómo actuar.
– Eso no va a suceder – La miré enarcando una ceja – Si te lo hubiera dicho habrías estado nervioso y Olena lo hubiera notado al instante. En cambio ella está encantada con nuestro "amor" – Hizo comillas al aire.
Cambié el semblante cuando sus reclamos de anoche volvieron a hacer eco en mi cabeza. Suspiré e inconscientemente levanté las manos para de un solo movimiento echar su cabello hacia atrás, pasando mis dedos entre sus rizos, deteniéndome a la altura de su espalda baja.
– Respecto a lo de ayer, quiero pedirte una disculpa. Yo… – Me hizo callar al colocar un dedo sobre mis labios.
– No es necesario que lo hagas, sé que no lo hiciste de manera intencionada – Quitó su mano para juntarla con la otra detrás de mi cuello – Pero agradezco y acepto tus disculpas – Sonrió ampliamente – Espero que la próxima vez que te haga una invitación la aceptes.
Conforme avanzaban los minutos cada vez me era más difícil apartar la mirada de sus rasgos o de sus labios para el caso. Era como si no la conociera, como estarla viendo por primera vez en mi vida. Y francamente eso me asustó.
– T… tú, ¿lo preparaste para mí? – Señalé la comida desviando la conversación.
– Sí y será mejor que te la termines – Se cruzó de brazos – Tuve que levantarme muy temprano para hacerlo y fue muy incómodo tener a Yeva encima de mí supervisándolo todo – Frunció la nariz – Fue como una especie de prueba que pasé utilizando los ingredientes correctos.
Reí ante la imagen – Gracias Roza, se ve delicioso – Caímos en un silencio cómodo, perdidos en los ojos del otro. Aquello era magnético.
– ¡Hey tortolitos, vayan a un hotel! – Mis hermanas llegaron de la calle cargando varias cajas y bolsas, Rose se rió con ellas de la broma de mal gusto para luego levantarse y quitarle a Sonya algo de peso, dejándome a mí con una sensación de vacío en las entrañas.
– ¿Qué no tienen casas propias? – ¿Por qué tienen que ser tan inoportunas? – ¿Qué hacen molestando tan temprano? – Evité que Vika robara de mis fresas dándole un leve manotazo – Consigue tu propia comida, niña.
Me sacó la lengua y tomó una manzana verde del frutero – ¿Cómo lo soportas, Rose? – La morena se encogió de hombros y ellas volvieron a reír ¡Mujeres!
– Fuimos de compras – Comentó Sonya – Hoy tiene que quedar todo listo para la fiesta de la abuela.
– Podemos ayudar – Ofreció Rose, acercándose a Karolina que vaciaba con cuidado el contenido de las bolsas.
Disfruté de mi desayuno mientras ellas se ponían de acuerdo sobre la comida, bebidas, bocadillos y decoraciones para el festejo. Y como si de un imán se tratara nuestras miradas seguían encontrándose constantemente, descolocándome más cada vez.
¿Qué diablos me está pasando contigo, Roza?
– ¿Dimka? – Regresé a la realidad cuando Vika abanicó su mano frente a mí – En dónde tienes la cabeza es la tercera vez que te llamo ¿Compraste un obsequio para Yeva verdad?
– Emm… yo… verán… – Rasqué mi nuca.
– ¿¡Lo olvidaste!? – Reclamaron las tres en distintos tonos.
– ¡Oigan, dejen a mi novio en paz! – Rose quiso mediar la situación – Él y yo acordamos ir al Centro Comercial y elegir algo juntos – ¡Ay no!
– Dimitri de compras, ¡ja! Pagaría por ver eso.
Entre los preparativos y las mil actividades que tenían programadas las mujeres de mi casa el tiempo voló y pronto nos vimos camino al Centro Comercial. En un principio me disgustaba la idea, pero luego pensé que no sería tan malo salir con Rose y escapar un rato del ajetreo en el que nos habíamos metido. No obstante, lo que pudo ser una tarde tranquila en donde tendríamos la oportunidad de descansar de nosotros mismos separándonos para realizar nuestras propias compras, se convirtió en una tarde en la que haríamos de niñeros. Y todo gracias a que a la abuela se le ocurrió la grandiosa idea de que lleváramos a mis sobrinos, alegando que nos serviría como entrenamiento para cuando tuviéramos hijos.
Paul caminaba tomado de la mano de Rose mientras que yo llevaba a Zoya en brazos. Lo primero que hicimos al llegar fue visitar una tienda de antigüedades para buscar ahí el regalo de la abuela. Nos decidimos por un camafeo estilo victoriano y un chal bordado a mano. Cuando salimos y como recompensa por portarse bien y ser pacientes, Rose propuso un plan para pasar una tarde divertida. Sugirió recorrer el lugar y entrar a las tiendas más llamativas para los niños y para ella misma, idea que en cuanto escucharon mis sobrinos estuvieron totalmente de acuerdo.
Iniciamos en los almacenes de juguetes, ahí supe que a Paul le gustaba coleccionar LEGO. Rose le dijo que era libre de elegir cualquiera y se lo compraría, el niño sonrió feliz optando por la edición especial de Star Wars. También descubrí que Zoya amaba los Reborn, una especie de muñecos bebés realistas que a mi parecer dan más miedo que ternura. Su hermano mayor explicó que la niña no tenía ninguno debido a lo caros que eran y yo viendo su carita ilusionada no pude salir de ahí sin comprarle un ejemplar, el cual prácticamente no dejó de abrazar durante todo el recorrido. Por increíble que parezca Roza también compró algo para ella, un juego de mesa, pues desde siempre ha sido aficionada a ellos.
La siguiente parada la hicimos en el área de juegos, esas en donde hay una gran variedad de máquinas para jugar… obviamente. Verla juguetear con los niños, comer golosinas con ellos, reír abierta y genuinamente me hizo dar cuenta lo mucho que estaba perdiendo. Y como si se tratara de un contagio terminé jugando con Paul en los carros chocones, disparándole a los indios y ganando un unicornio para Zoya y un koala para Rose.
Lo que creí que sería una tarde espantosa se convirtió en una de las mejores de mi vida. Pese a ello, no dejaba de sentir cierto conflicto conmigo mismo.
Luego de tanto reír y jugar los tres Mosqueteros morían de hambre, así que con la intención de "merendar" fuimos a McDonald´s, lo que para Rose era el paraíso. Pidió dos hamburguesas, papas y una Coca Cola, para los niños ordenamos nuggets de pollo, papas fritas y jugo de naranja, yo preferí una hamburguesa acompañada de bastante ensalada y una botella de agua. Cuando el camarero llevó la orden, equivocadamente puso mi ensalada frente a Rose, quien se indignó fuertemente tomando de la charola sus hamburguesas con doble queso, dejando más que sorprendido al chico.
– ¿Tío Dimka, antes de irnos podemos comprar un helado? – Preguntó Paul.
– Siiiii, de fesa – Aplaudió Zoya.
Rose me sonrió encogiéndose de hombros – Está bien, pero si pierden el apetito para la cena yo lo negaré todo – Ambos asintieron sonrientes.
– ¿Dimka, eres tú? – Me volví para encontrarme con…
– Tasha – Me saludó con un beso en la mejilla que prolongó más de lo necesario.
Natasha Ozera había sido la capitana del equipo de porristas de mi generación, con todo lo que eso implica ser: guapa, sofisticada y popular. Y la chica por la que estuve muy colado en el pasado, como muchos otros. Desgraciadamente nunca me notó… como a muchos otros.
– ¡No puedo creerlo! Cuánto tiempo y tú estás… muy bien – Dijo seductoramente, colocando su mano sobre mi pectoral derecho.
– ¡Tía Roza, el helado! – Pidió Paul, tirando de su falda corta.
Entonces Tasha notó a la morena – ¡Ah, Rosemarie! No te vi – Rose rodó los ojos.
– Natasha, tú siempre taaan agradable – La saludó con evidente sarcasmo sin apartar la mirada de su mano, parecía que la recién llegada no tenía ninguna intención de perder ese contacto conmigo y yo por alguna razón tampoco se lo pedí – Llevaré a los niños por la nieve – Me quitó a Zoya de los brazos y sin siquiera mirarme se alejó.
Tasha reclamó mi atención nuevamente tomándome de la barbilla para que la mirara – Escuché que te ha ido excelentemente bien en Boston. Montaste tu propio Emporio, felicidades – Siguió con el coqueteo – Mira, ahora llevo prisa, pero si te apetece más tarde te invito a cenar y así nos ponemos al día.
Era evidente su propuesta y en el pasado no hubiera dudado en aceptarla. De reojo vi a Rose con la mirada perdida, esperándome sentada mientras los niños comían sus cucuruchos. Algo me estaba pasando con ella y cada vez me era más difícil ocultarlo.
Se suponía que esto era una mentira y yo no tenía por qué complicarlo más.
– Me encantaría.
Terminé aceptando, pensando estúpidamente que tener una cita con otra mujer me ayudaría a despejar la mente y aclarar mis dudas.
Durante el viaje de regreso mis sobrinos cayeron rendidos. Rose iba en perfecto silencio atenta a la ventanilla, ni siquiera había hecho un comentario sarcástico sobre la música que sonaba. Toda la alegría del día se había esfumado.
Llegando a casa los niños despertaron y corrieron a contarle a su madre y abuelas lo bien que la pasaron con la tía Roza, la cual volvió a sonreír y aparentar como lo había estado haciendo desde que llegamos.
Papá y los chicos decidieron hacer la cena en el jardín, una pequeña parrillada. Les ayudé con algunas cosas y luego subí a mi habitación a prepararme para la cita. No estaba convencido, pero la escena con la que me topé me hizo decidirme debido a las vertiginosas sensaciones que experimenté.
Con la garganta seca, las rodillas debilitadas y las manos hormigueándome, la contemplé envuelta en una toalla que apenas cubría lo necesario. Tragué, por sus piernas y brazos corrían algunas gotas que hacían brillar su piel tersa.
Estaba de espaldas terminando una llamada – Adiós Liss – Al oír la puerta cerrarse se giró tan rápido que la toalla que envolvía su cabello cayó al piso – Dimitri… – Pronunció con los ojos muy abiertos y el rostro enmarcado por sus rizos húmedos.
Y pese a que también la había tomado por sorpresa no reparé en ello, ya que lo único en que podía pensar era en que jamás mi nombre se había escuchado mejor de sus labios.
– Perdón, no sabía que estabas… este… yo… – Señalé detrás de mí, parecía un idiota – Volveré después.
– No es necesario – Se apresuró a decir – Puedo terminar de arreglarme en el baño… ¿o es que pensabas ducharte?
Me obligué a caminar hacia el armario, necesitaba tener las manos ocupadas o de lo contrario cometería una locura – Sí, es que tengo una cita.
– Hmm… – Arrugó su ceño – Con Natasha, supongo.
– Sí – Revolví mi ropa sin siquiera mirar. La tensión en los músculos de mi espalda me estaba matando – Quedamos para… ya sabes, ponernos al día.
– Por supuesto – Por el tono de sarcasmo supe que no me creía, lo que me empujó a preguntar.
– ¿Eso está bien contigo, no? Digo, solo vamos a cenar.
Me dio la espalda y respondió con significante indiferencia – No tienes por qué darme explicaciones. Esto es una farsa recuerdas, siempre y cuando seamos cuidadosos eres libre de salir con quien quieras, al igual que yo – Pensamiento que no me gustó en lo más mínimo – Descuida, algo se me ocurrirá para excusarte en la cena – Dando por terminada la conversación comenzó a aplicarse crema humectante en las piernas como si yo no estuviera presente.
Cuando salí del cuarto de baño ella ya no estaba allí y con todos reunidos en la parte trasera de la casa me fue fácil salir sin dar explicaciones. Llegando al lugar indicado aparqué el auto, pero me fui imposible salir de él.
¿Qué estás haciendo? ¡Esto no está bien! Roza… farsa o no ella no se lo merece. Y con todo lo que me ha ayudado… no, si lo hago sé que no me lo perdonaré jamás.
Apreté la mandíbula y liberé mi coraje golpeando el volante – ¡Dame una señal! – Dije sin saber a qué o a quién, fue entonces que cerrando los ojos el beso de esta mañana apareció en mi mente.
Estuve fuera aproximadamente hora y cuarto. Cuando salí al patio trasero todos estaban reunidos alrededor de una fogata que atizaba Abe mientras los niños tostaban malvaviscos. Busqué a Roza casi de manera desesperada y la encontré sentada en la hamaca de mimbre que cuelga del árbol. Tenía el ceño fruncido y parecía no estar prestando mucha atención a lo que Janine le decía.
Sin perder más tiempo me acerqué – ¿Aún hay lugar para mí?
Sorprendida volteó a verme. Delicadamente la tomé de la mano, la levanté para sentarme en su lugar y luego llevarla a mi regazo. Janine sonrió complacida y pronto nos dejó a solas.
– Regresaste muy rápido – Murmuró.
– No quise hacerlo – Acaricié su mejilla.
– Por qué no, yo vi a Natasha muy dispuesta – Arrugó su nariz, gesto que descubrí me encantaba que hiciera.
– No era justo para ti – Ni para mí – Decidiste ayudarme desinteresadamente cuando otra en tu lugar me habría abofeteado o buscado la forma de ganar algo a cambio – Susurré evitando que alguien pudiera escucharnos – Te has portado tan bien conmigo y me muestras constantemente tu apoyo incondicional que simplemente no quise decepcionarte – Mordió su labio inferior con nerviosismo – Te mereces todo mi respeto y mi agradecimiento Roza, nunca voy a olvidar esto que haces por mi abuela.
Rocé su nariz con la mía antes de llevar un dedo a su labio para liberarlo y darle el más suave de los besos – ¿Qué haces? – Preguntó escondiendo su rostro en mi cuello, apoyándose por completo en mí.
– Le doy realismo a nuestro compromiso o cuándo has visto a una pareja de enamorados que no se besen – Cité, atrayendo toda la atención cuando nos reímos.
Una vez se fueron a descansar nuestros padres y la abuela, nos quedamos un rato más disfrutando de la calidez del fuego.
– Es que los veo y no lo creo – Tomando como excusa el sereno de la noche y que teníamos que seguir aparentando frente a la familia, nos mantuvimos acurrucados – Tu sueño se hizo realidad, amiga – Dijo una Vika soñadora.
Sentí a Roza tensarse entre mis brazos, lo cual me dio curiosidad – ¿Qué sueño?
– ¡Ay Dimitri! – Comentó Sonya – Me vas a decir que no sabías que Rose siempre estuvo enamorada de ti.
Mi atención se volcó completamente en la mujer entre mis brazos, quien se incorporó un poco alejándose de mí – La verdad es que no sé de qué me hablan… ¿Roza?
Karolina sonrió – ¡Era obvio, todos en esta casa lo sabían! – Mis cuñados afirmaron.
– ¿No se lo habías confesado? – Viktoria parecía estar viendo uno de sus doramas favoritos.
Entonces Rose suspiró derrotada – Pues no, pensé que ya no era importante decírselo – Se encogió de hombros restándole importancia.
¿Creyó que no era importante? ¿Por qué pensó eso? ¿Eso marca alguna diferencia?
Ella cambió el rumbo de la charla al preguntarle a Mikhail por el parto de Sonya, pues él siendo su esposo y además su obstetra sería el encargado de traer a su propia hija al mundo en el hospital donde ambos trabajan. Cuando los niños pidieron irse a dormir la reunión terminó, mis hermanas se retiraron a sus respectivas casas y Rose se adelantó a la habitación en lo que yo apagaba las brasas y aseguraba las puertas.
– Pensé que te apetecería un poco de chocolate caliente – Cerré la puerta y en seguida me aproximé a entregarle la taza.
– Gracias camarada – La recibió con ambas manos aspirando el dulce aroma antes de sentarse a la cabecera y comenzar a beber.
Envueltos en un ambiente que al menos yo percibí cargado de cierta tensión me senté frente a ella. Se había desmaquillado, se hizo un moño desordenado en el cabello y ya vestía su sexy pijama.
– Hoy pasé una tarde increíble con los niños y contigo – Sonrió jugando distraídamente con su taza – Lamento mucho haberla echado a perder.
Hizo un mohín – Olvidemos esa parte quieres, al final de cuentas regresaste – Nuestras miradas se cruzaron, una especie de electricidad me recorrió el cuerpo completo, aquello era tan poderoso que me impulsaba hacia ella. Sin embargo yo necesitaba saber, no podía quedarme con la duda.
– Roza – Le quité la taza dejándolas sobre la mesilla de noche, me acerqué un poco más y le tomé la mano – ¿Es cierto lo que dijo Vika?
Soltó un gran suspiro – Sí, es cierto.
– ¿Por qué nunca me lo dijiste? – Hablé atento a sus reacciones.
– Porque el día que reuní el valor suficiente para hacerlo me dejaste muy claro lo distintos que somos – Me regaló una pequeña sonrisa – Además te la vivías babeando por Natasha, era obvio que yo no era tu tipo en lo absoluto – ¡Qué tonto!
– Lo siento – Le escondí un mechón detrás de la oreja – Te juro que nunca me di cuenta.
– Eso me quedó claro al ver tu reacción – Rió – Seguramente no es fácil enterarse quince años después que la mejor amiga de tu hermana estuvo enamorada de ti – Bromeó ¿Estuvo enamorada? O sea que ya no… – Pero ya, no hay que darle tanta importancia a un simple flechazo.
– ¿Estás segura que solo fue eso? – Enarqué una ceja.
Me soltó para meterse debajo de las sábanas – Camarada fue una tontera adolescente, no es como si ese enamoramiento me hubiera llevado a aceptar una oferta de trabajo en Boston solo para seguirte en busca de una oportunidad. Sería absurdo no crees.
– Sí… muy absurdo – Murmuré.
Apagué el resto de las luces quedando en total penumbra y me fui a la cama sin una pizca de sueño ¿Qué voy a hacer ahora con esto que siento? Me acosté de lado para admirarla ¿Por qué tiene que ser tan complicado ahora…? Ahora que ella ya no parece estar interesada.
Cuarta Parte
Dicen que contar ovejas ayuda a dormir en noches de insomnio. Pues saben qué… ¡no es cierto!
Las horas pasaban y yo seguía sin poder conciliar el sueño. Nunca le presté tanta atención al techo de mi antigua habitación como lo había hecho en la última hora y media, el sonido del segundero me taladraba la cabeza llevándome al borde del colapso y la incomodidad en mi espalda me tenía dando vueltas en mi lado de la cama. Molesto arrojé un par de almohadas al suelo y aventé la sábana sintiendo que me asfixiaba. Estaba tan frustrado por no encontrar mi maldito lugar.
Solo te falta patalear como niño berrinchudo – der'mo – Maldije.
– No puedes dormir – Rose murmuró medio adormilada, volteándose de costado para poder verme.
Cansado puse un brazo sobre mis ojos – Lo siento, no era mi intención despertarte. Vuelve a dormir, prometo no moverme más.
El hundimiento del colchón indicó que se acercaba para suavemente retirarme el brazo del rostro – ¿Qué ocurre? ¿Quieres contarme? – Siguió susurrando.
Bufé – Es solo que me siento muy intranquilo, esta situación me rebasa – Me acomodé de lado para verla directamente a la cara – De la peor manera me he dado cuenta de que estoy echando a perder mi vida detrás de un escritorio. El secreto de la deteriorada salud de mi abuela, mis hermanas y nuestros padres encantados con el falso compromiso – Tú en mis pensamientos – Les estoy mintiendo a todos en esta casa.
Suspiró cepillando descuidadamente los vellos de mi antebrazo – Cuando aceptamos montar este teatro sabíamos perfectamente lo que íbamos a enfrentar, tú mismo me lo cuestionaste – Pues no tenía ni idea – Piensa que lo hacemos por una causa noble. No estás solo en esto.
Ser testigo de la felicidad de Yeva definitivamente lo valía, lo cual no impedía que también sintiera remordimientos – No sé qué hubiera hecho sin tu ayuda, Roza.
– Eso es cierto, soy la mejor falsa prometida que pudiste encontrar – Reímos y poco a poco dejamos de hacerlo cuando fuimos conscientes de la cercanía entre nosotros.
Rasqué mi nuca – Será mejor que intente dormir, mañana hay mucho por hacer – En mi intento por apartarme hice un movimiento bastante brusco que mi omóplato resintió – Agrr…
– ¿Qué pasa? – Preguntó preocupada – ¿Te sientes mal?
– No – Apreté los dientes sintiendo los pinchazos de dolor – Es la maldita tensión en mi espalda que no me deja en paz.
Sorpresivamente se puso de pie encendiendo la luz de su lado – Anda, levántate.
– ¿Qué? ¿Para qué? – Exclamé confundido.
Entró al baño y salió rápidamente con un frasquito y un par de velas aromáticas en las manos – Voy a darte un masaje para que te relajes y puedas dormir – No, no lo creo – Vamos, quítate la playera camarada – Lo dijo como cualquier cosa, como si estuviera hablando del clima. Qué no veía el poder que tenía sobre mí sin siquiera tocarme. Es más, podía adjudicarle el ochenta por ciento de la tensión que había en mis músculos. No, si le permitía ponerme un dedo encima mi autocontrol se iría directo al garete.
– No sé si sea buena idea – Mi voz salió ronca, ella aún ni me tocaba y yo ya estaba afectado.
Adecuó un lugar en la cama despejándolo de cualquier cosa que le estorbara – Dimitri, quítate la playera y ven aquí si no quieres que yo misma te desvista.
– ¡NO! – Medio grité – Quiero decir… yo puedo hacerlo – Me incorporé y totalmente inseguro de mí mismo me acerqué. Sentado frente al cabecero con las piernas estiradas y de espaldas a ella me quité la jodida playera que precisamente hoy decidí usar – Ya está.
Encendió las velas que dejó en el banquillo y se posicionó justo detrás de mí. Inhala, exhala… soltó mi cabello pasando sus dedos entre él, rascando ligeramente mi cuero cabelludo con sus uñas. Respira, lento… llevó sus manos a mi frente y suavemente me empujó hasta quedar apoyado en su pecho. Con sus pulgares masajeó mis sienes, aquello era la gloria. Abrió el frasquito y puso un poco del aceite en sus manos, frotándolas. La habitación entera se impregnó de su aroma a vainilla y canela, entonces comenzó la verdadera tortura.
Inició pasando sus dedos por mi cuello presionando deliciosamente las zonas tensionadas, bajó a los hombros amasando los músculos con movimientos circulares – Estás muy tenso – ¡Dímelo a mí! Puso algo más de empeño en esa zona antes de volver a aplicarse más aceite. Contuve la respiración cuando comenzó a bajar sus manos por mi adolorida espalda ¡Por Dios, qué manos! Las cerró en puños presionando y rodándolas en media luna en los lugares correctos.
Tenía la menté volada, por lo que dije la primer estupidez que me vino a la cabeza – Sabes, realmente eres buena fingiendo ser mi novia.
– ¿Quién dice que estoy fingiendo ahora?
Su respuesta me desconcertó – ¿Ah no?
– ¡Por supuesto que no! Eres mi amigo – ¡Auch! Cambió el movimiento a lo largo de mis omóplatos a pequeños golpes con los dorsos de sus palmas – No es extraño que quiera ayudarte viendo lo mal que estás, pero si te hago sentir incómodo…
– ¡No, claro que no! – Protesté cuando detuvo el maravilloso masaje que me estaba enloqueciendo – Yo solo decía, puedes continuar… – Y así lo hizo, se dedicó a hacer maravillas con mi espalda transportándome a un lugar en donde solo existíamos ella y yo, sin complicaciones… sin mentiras. De pronto llevó sus manos a mis clavículas, ese fue el punto de inflexión, ya no podía seguir reprimiendo lo que sentía. Con mi mano derecha capturé su muñeca, inclinando la cabeza para depositar un beso en su palma. Giré medio cuerpo para encontrarla con los labios entre abiertos y la respiración un poco agitada. Sin soltarla la acerqué a mí, anclando mi mirada a la suya, pidiéndole en silencio que subiera a la cama – Roza… – Dejé la frase inconclusa cuando empezó a sentarse a horcajadas sobre mí, era por mucho la escena más sexy y erótica que había experimentado jamás.
Contorneé su cara y de un solo movimiento le deshice el moño del cabello, viendo embelesado cómo caía en cascada sobre el marco de su escultural cuerpo. Rose posó sus manos sobre mis hombros y envolviendo su cintura la pegué más a mi cuerpo extinguiendo cualquier tipo de espacio que existiera aún entre nosotros. No eran necesarias las palabras cuando nuestros ojos hablaban por sí mismos, tenían lenguaje propio. Lentamente me acerqué a su cuello, ella se mordía el labio inferior expectante a mis movimientos. Aspiré su perfume al mismo tiempo que la acariciaba con la punta de mi nariz, incitándola a echar la cabeza hacia atrás para así obtener un mejor acceso a su piel, lo que me permitió dejar un reguero de sutiles besos que la hicieron jadear.
– Dimitri… ¿qué… estamos haciendo? – Habló con la voz entrecortada, excitándome aún más.
Volví mi atención a las profundidades de sus ojos, necesitaba que viera la verdad reflejada en los míos – No lo sé – Con sus dedos delineó mi mandíbula antes de detenerse en mi pecho – De lo único que estoy completamente seguro… es que me muero por tenerte entre mis brazos… quiero… necesito hacerte el amor – Respondí con la respiración acompasada a la suya. No obstante, también era consciente de que esto no solo se trataba de mí. Así que haciendo uso de la poca cordura que me quedaba le di la oportunidad de elegir, arriesgándome a descubrir que tal vez ella no deseaba lo mismo que yo – Pero si quieres que pare, yo…
Terminó con mi suplicio al unir nuestros alientos en un beso que desató una pasión indescriptible entre los dos. Cuando mis pulmones comenzaron a exigirme oxígeno me alejé solo lo necesario. Levanté sus brazos y lentamente le fui sacando la blusa dejando sus pechos totalmente expuestos a mis caricias, se retorció soltando un suave gemido que me enfebreció. Sin dejar de besarla la recosté a mitad de la cama, colocándome por encima sostuve mi peso en los codos concediéndome el capricho de observarla detenidamente.
Roza me volvía loco para bien o para mal y esto que sentía no se reducía a simple atracción física, que la había no lo niego, pero al menos para mí significaba muchísimo más. Y es que era un conjunto de todo, desde su sedoso cabello, el misticismo de sus ojos, el carmín de sus mejillas, sus tentadores labios, su piel almendrada, su maravillosa forma de ser, la alegría que contagia su presencia, su manera de maldecir. En fin, toda ella era perfecta.
– ¿Camarada, ves algo que te gusta? – Tentó seductoramente.
– Eres hermosa Roza, tan hermosa que me duele.
Sonrió complacida por mi cumplido. Sin alargar más la espera seguí adorándola, explorando su cuerpo no solo con mis manos también con mis labios, siendo recompensado con exquisitos besos, caricias tortuosas y excitantes suspiros. La entrega era la misma. Poco a poco fuimos librándonos de la ropa, desnudándole el alma al otro. En la privacidad de mi antigua habitación nos dejamos llevar por un fuego que terminó siendo hoguera.
Con ella durmiendo entre mis brazos descubrí que después de todo no le había mentido a mi abuela, Roza era la mujer de mi vida y yo quería ser el hombre de la suya.
A la mañana siguiente me levanté temprano y aunque poco dormimos me sentía fresco como una lechuga. Rose en cambio seguía durmiendo plácidamente, se veía hermosa cubierta únicamente con la sábana blanca y el cabello todo enmarañado. Sonreí como idiota, yo era un tipo con suerte. Salí de la cama con cuidado de no despertarla, con la intención de hacer algo especial para ella, por lo que después de asearme me fui directo a la cocina.
Silbaba mientras rociaba con maple los blinis recién salidos del sartén cuando la abuela hizo su aparición – Pareces muy contento esta mañana, Dimka.
Le sonreí para saludarla con un beso en la frente – ¿Cómo amaneciste, abuela?
– Por lo que veo no mejor que tú – Tomó la tetera y comenzó a llenarla con agua – ¿Qué haces de pie tan temprano?
Serví un vaso con jugo fresco – Le preparo el desayuno a Rose – No pude evitar sonreír otra vez, creo que nunca antes lo había hecho tan seguido.
De pronto fuimos interrumpidos por Paul – Quiere sorprender a la tía Roza – Dijo sofocado debido a la carrera que seguramente tuvo que hacer – Aquí tienes, ¡misión cumplida! – Me entregó una bonita rosa roja por la que recibió a cambio cinco dólares.
– Nosotros no tenemos ese rosal ¡Dimka, enviaste al niño a hurtar el jardín de Stan! – Jadeó Yeva.
Tanto mi sobrino como yo soltamos una sonora carcajada – Solo fue una, él ni lo notará – Me apresuré a terminar puesto que no quería que Rose despertara y me echara a perder su sorpresa.
Subí a la habitación y abrí la puerta muy despacio para hallarla exactamente en la misma posición en la que la dejé. Con la intención de permitirle descansar un poco más coloqué la charola con el desayuno en su mesa de noche, escribiéndole una nota de buenos días. La besé en los labios provocando que hiciera ese lindo gesto que hace con su nariz, pero la bella durmiente no se despertó. Reí quedamente y volví a bajar, ayer acordé con Pavel y Mikhail hacernos cargo de la barbacoa para medio día y ellos ya me esperaban en el jardín.
Limpiábamos el asador cuando Abe llegó – Chicos, podrían darnos unos minutos a solas – Refiriéndose a nosotros dos.
Pavel me miró un tanto receloso debido a la seriedad del turco – Por supuesto.
Una vez que entraron a la casa esperé a que promoviera sus amenazas de muerte hacia mi persona, como contaba la leyenda, pero al contrario de lo que creí que sucedería él permaneció en silencio ¿Será que quiere que hable primero?
Sin tener idea de lo que ocurría me aclaré la garganta – Señor Mazur…
– Dimitri, toda la vida me has llamado por mi primer nombre – Amablemente me quitó la bolsa con el carbón y procedió a vaciar su contenido mientras yo iba formando el montículo para más tarde hacer el fuego – El que ahora seas mi yerno no tiene por qué cambiar eso – Consentí sintiéndome un poco más seguro gracias a su tono tranquilo – Solo hay una cosa que vengo a decirte.
– Está bien, lo escucho – Lo miré a la cara, quería empezar a hacer las cosas correctamente. Como debió ser desde un principio.
– Tomando en cuenta el historial de novios que tiene Rosemarie yo no podría estar más conforme con su decisión de casarse contigo – ¿Cómo? Traté de mantener mis reacciones al margen – Eres todo lo que siempre quise para ella ¿Puedo confiar en que la respetarás, la cuidarás y la harás sentir la mujer más feliz del mundo?
No dudé – Por supuesto. No tengo otra intención que no sea verla contenta a mi lado – Ahora más que nunca.
Sonrió satisfecho – No esperaba menos de ti muchacho – Se sacudió las manos limpiándolas del hollín – Una última cosa… si Janine o la misma Rosemarie te preguntan algo sobre esta charla, diles que fui muy intimidante. Que te amenacé con hacer un viaje de cacería para mostrarte lo buen tirador que soy – Tragué con dificultad – Fue un gusto hablar contigo.
Habían pasado alrededor de dos horas y Roza seguía sin aparecer, lo cual comenzaba a preocuparme. Había quedado con Vika de que montarían juntas la mesa de postres y mi hermana ya tenía algunos minutos trabajando en ello. Sin querer hacerme malas ideas en la cabeza me fui en busca de mi morena.
Todavía estaba en la habitación, de pie frente al espejo de cuerpo completo. Se había arreglado el cabello en hondas sueltas que terminaban en su espalda baja, la cual se podía apreciar perfecta y completamente gracias al corte del hermoso vestido que usaba, se veía bellísima. El color resaltaba prodigiosamente su piel y los tacones le quedaban de infarto potenciando sus largas piernas.
¡Dios, es preciosa! La rodeé por la cintura, besándole el cuello – ¡Estás hermosa!
– Gracias – Susurró.
Posé el mentón en su hombro para observar nuestro reflejo. Diferentes o no, quería estar con ella – ¿Descansaste? ¿Te gustó la sorpresa que te dejé?
Esquiva bajó la mirada – Sí… aunque no tenías que hacerlo.
– ¿Por qué no iba a querer tener un detalle lindo contigo? – Pregunté contrariado, será que en realidad no le gustó.
Suspiró alejándose de mí – Porque aquí no hay nadie que pueda vernos, aquí no necesitamos fingir – Debido a su tono me percaté de la melancolía que había en su voz.
Caminé hasta ella para sujetarla del brazo y girarla hacia mí – ¿Y quién dice que estoy fingiendo ahora? – Pero seguía evitando mi mirada – Roza, mírame… – Busqué sus ojos solo para darme cuenta de que su brillo había desaparecido – ¿Qué ocurre?
– No puedo hacer esto, Dimitri – Su sollozo me heló la sangre.
– ¿Te arrepientes de lo que pasó? – Pregunté decepcionado y a la vez temeroso de su respuesta.
Negó tristemente – A riesgo de complicar más las cosas… no, no me arrepiento de nada – Una lágrima corrió por su mejilla – Pero… ¡míranos, somos una farsa!
Con la mano temblorosa limpié su llanto – ¿Sigues creyendo que esto es una mentira? – Tragué el nudo de mi garganta – Porque para mí dejó de serlo… y no es algo que haya sucedido anoche. Que por cierto, fue maravilloso.
Me miró pasmada, parecía no creerme en absoluto – ¿Lo… lo dices enserio?
– Nunca he hablado más enserio – Decidido a aclararlo todo y a sincerarme le tendí la mano para llevarla a sentar al pie de la cama, poniéndome en cuclillas frente a ella para poder conversar con tranquilidad – Voy a preguntarte algo y quiero que me respondas con la verdad por favor – Sorbió asintiendo – ¿Te mudaste a Boston en busca de una oportunidad conmigo?
Mordiéndose el labio meditó un poco antes de contestar – Sí – Admitió avergonzada desviando de nuevo su mirada – ¡Qué estúpida, verdad!
– No, claro que no – Levanté su rostro tomándola de la barbilla – El único estúpido aquí soy yo por no ver lo que tenía frente a mí. Rose, tal vez esto haya comenzado siendo una mentira, pero si estás dispuesta a intentarlo podemos hacerlo muy real – Acomodé un mechón detrás de su oreja – Estos días a tu lado han sido especiales para mí, volví a sentirme libre y fue solo gracias a ti – Visiblemente emocionada contuvo el aliento – Jamás me he sentido tan completo como cuando estoy contigo, y aunque lo de Yeva sea inevitable… espero que quieras quedarte conmigo – Respiré tratando inútilmente de contener mi llanto, no estaba listo para perder a mi abuela ni tampoco a ella – Roza, ahora soy yo buscando una oportunidad contigo ¿Te gustaría ser mi novia no falsa?
Sonrió iluminando todo a su alrededor – ¡Sí, sí, sí quiero camarada! – Literalmente se lanzó a mis brazos, haciéndonos caer fundidos en un profundo beso.
Recostados sobre la alfombra uno al lado del otro le confesé lo que mi corazón gritaba – Te quiero, Roza.
– También yo y desde hace muuucho tiempo – Rió alegre – Pero eso ya lo sabes.
Besándola una vez más la ayudé a incorporarse – Tengo algo para ti – Metí la mano en mi bolsillo.
– ¿Algo más a parte de la flor que le robaste a Stan? – Bromeó llevando las manos a sus caderas.
– Primero que nada yo no robé nada, fue Paul. Segundo, pagué por la flor y tercero, toma – Coloqué la cajita en su palma – Ábrela.
Juro que vi sus piernas tambalearse cuando tuvo la sortija entre sus dedos – Dimitri, es el anillo de Yeva ¿Qué haces tú con él?
Sonreí disfrutando un poco de su nerviosismo – Me lo obsequió para ti.
Abrió la boca un par de veces antes de poder formular palabra – P… pero me acabas de pedir que sea tu novia y ya quieres que me case contigo. Digo, todavía nos quedan muchas cosas por vivir y experimentar. Como por ejemplo todas las citas que nunca tuviste conmigo y los lugares que no llegamos a visitar – Divagó.
Sin darle tiempo a reaccionar le quité el anillo para engancharlo a una fina cadena de oro blanco – Roza, estoy seguro de que no habrá otra persona para mí y quiero darte esta alianza como una promesa de que quiero un futuro contigo – Me coloqué detrás de ella apartándole el cabello – ¿Lo aceptas?
Después de que lo hiciera decidimos quedarnos un poco más a disfrutar de la compañía y mimos del otro. Más pronto de lo que me hubiera gustado empezó a escucharse más ruido proveniente de la planta baja, lo que significaba que los invitados comenzaban a llegar. Renuentes a levantarnos luego de haber estado cómodamente acurrucados, arreglamos nuestras ropas y nos dispusimos a bajar.
No obstante, ella me detuvo antes de abrir la puerta.
– ¿Algún día vamos a contarles la verdad?
La pegué a mí tomándola de la cintura, orgulloso de ver la cadena engarzada a su cuello – Me gustaría que fuera un secreto tuyo y mío, creo que no hay necesidad de desilusionarlos más luego de la partida de mi abuela.
– Tienes razón – Dijo con tristeza, negó ligeramente y sonrió – ¿Estás listo para el espectáculo, camarada?
– ¡Vamos a ello!
Teníamos casa llena con nuestros vecinos de toda la vida. Yeva que también invitó a sus amigas de la Iglesia, mi padre y sus compañeros de la estación, mis hermanas y sus respectivas familias, Vika y su recién descubierto novio, hice una nota mental para hablar con Castile más tarde, mis suegros y el padre Andrew que no podía faltar a la ocasión.
No hubo nadie de los presentes que no nos diera la enhorabuena por el compromiso, información que nuestras madres se encargaron de propagar... bueno, a excepción de Stan, él me sugirió que lo pensara mejor.
Estábamos sentados a la mesa disfrutando de la comida y la buena compañía. Aprovechando cualquier momento para robarle besos a Roza, nada que los niños no pudieran presenciar, tomarla de la mano y atraerla a mi cuerpo para aspirar su dulce perfume o jugar con sus rizos rebeldes.
– ¿Camarada, qué va a decir tu madre si nos ve dando este tipo de espectáculo? – Me abrazó mientras elegíamos qué postres probar.
– Dirá que soy un tipo con suerte – Me incliné a picotear sus labios, este es mi postre favorito.
Fue una tarde como ninguna otra, la gente reía, los niños jugaban contentos y mi familia estaba unida y en proceso de expansión. No podía pedirle más a la vida… por ahora.
Sin saber cómo pasó me vi rodeado por mujeres octogenarias que no dejaban de acosarme con preguntas y comentarios incómodos. Mi madre fue a mi rescate al ver que me era imposible escapar de las amigas de Yeva. Ya se las cobraría a Rose por no haber hecho nada al respecto y solo reírse de mí junto a Vika.
– ¿Hijo, podrías ir por las vitaminas de la abuela? Están en su buró – No había terminado la frase cuando yo ya iba a medio camino.
Entré en busca del frasco que no me fue difícil encontrar, pero al tomarlo tiré por accidente unos documentos. Me apresuré a levantarlos con la intención de dejarlos en su lugar, fue entonces cuando vi el sello del Centro Médico.
– Los estudios de Yeva – En ese momento mi hermana subió creyendo que no había sido capaz de encontrar las pastillas. Su presencia nunca había sido más acertada – ¿Sonya, puedes interpretar esto por favor?
Recibió los papeles – No sabía que la abuela se había hecho un chequeo – Los estudió durante algún tiempo, su expresión no revelaba nada – Hmm…
– ¿Qué, qué dicen? – Indagué alterado.
Sonrió ampliamente antes de devolvérmelos – Que Yeva está excelentemente bien de salud, como una quinceañera.
La vi como si le hubiera brotado un tercer ojo, preguntándome si de verdad había estudiado enfermería – ¿Estás segura?
– ¡Dimka, claro que estoy segura! Todos sus niveles están perfectos para su edad – Me quitó las dichosas vitaminas – Vamos, nos están esperando – Salió sin siquiera darse cuenta de mi estado.
¿Qué diablos está pasando? ¿Qué significa esto?
El golpe de la puerta me devolvió a la realidad, despegando la vista de los exámenes la vi acercándose a mí.
– ¡Me mentiste! – Reclamé.
– Ah, ya te enteraste – Se sentó en su sofá como si nada estuviera ocurriendo – Me da gusto, me aburría mucho tener que quedarme encerrada aquí.
– ¿QUÉ? – Bufé – ¿Abuela, cómo pudiste mentirme con algo tan delicado? ¿Eres consciente de lo mal que me hiciste sentir?
Con la serenidad que la caracteriza no se dejó impacientar por mi arrebato – De no haberlo hecho no habrías venido y mi hija seguiría deprimida por no ver a su hijo.
– Yo, yo… dejé mis compromisos de trabajo porque creí que morías – No sabía qué sentir. Estaba feliz, pero también frustrado, enojado y agradecido… muy agradecido y lo peor es que ella no se enteraría nunca de todo lo que había provocado.
– Pues de nada – Me sacó de mis cavilaciones – Piensa que si no te hubiera obligado a venir te habrías perdido de un excelente fin de semana en compañía de tu amada Roza.
Arrodillándome frente a ella tomé sus manos para besarlas – Me alegra tanto que estés bien. De ahora en adelante prometo llamar más seguido y venir para todas las fechas importantes. Tal vez después de que nazca Katya planeé unas vacaciones en familia, ¿a dónde te gustaría viajar?
No sé qué vería en mí que la llevó a preguntar – ¿Hay algo que quieras decirme, Dimka?
– No, nada – Me miró extrañada pero pienso que decidió pasarlo por alto.
– Entonces andando – Soltó el bastón que seguramente no necesitaba – Ya vi que le entregaste el anillo así que voy a presumirla con mis amigas de la Iglesia, sobre todo a la amargada de Kirova – Comentó feliz.
Reí divertido por la red de mentiras que uno le dijo al otro – Abuela, feliz cumpleaños.
~ FIN ~
Espero que hayan disfrutado la lectura y que la historia haya sido de su agrado.
Ha sido todo un reto para mí, de lo más complicado que he escrito, pero lo hice con mucho cariño para todas nosotras.
No se olviden de comentar y seguirnos en este especial que aún no termina.
Cuídense mucho y quédense en casa. Saludos, Isy.
