Disclamer: Todo lo conocido pertenece a J. K. Rowling.
"Este fic participa en el minirreto de mayo para La Copa de la Casa 19/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".
BETA: Nea -betafantástica -Poulain.
REVISIÓN: Miss -lareinauniversaldelosbeteos -Lefroy.
Nota: Este mes debíamos escribir sobre alguna deficiencia, minusvalía o discapacidad.
En esta historia Ignatia Wildsmith, la mujer que creó los polvos flu, queda sorda a causa de sus experimentos.
El polvo verde esmeralda
Ignatia trabajaba en un proyecto desde que había dejado el Ministerio hacía un par de años. Todos sus compañeros se quejaban del trabajo que era conseguir la licencia para aparecerse y lo mucho que tardaban viajando en escoba.
En una de sus pruebas, un polvo marrón explotó cuando ella lo lanzó a la chimenea y esto hizo que quedara sorda; no se rindió, estaba segura de que lograría algo importante si seguía probando diferentes mezclas de los ingredientes que se encontraban sobre su escritorio.
Lo más importante era esa planta que había conseguido en unas vacaciones; si todo funcionaba bien, debía conseguir más para poder fabricar su producto.
Esa tarde, la señora Wildsmith se llenó de positividad, se levantó de su silla y caminó en dirección a la chimenea, arrojó los polvos y cuando vio unas llamas verdes se adentró en ellas y gritó a todo pulmón, aunque igual no podía oírse ella misma: «¡Colegio Hogwarts!». Enseguida sintió un calor cubrirla y de un jalón empezó a flotar o volar realmente rápido, hasta que cayó frente a la directora de Hogwarts, Heliotrope Wilkins. Ensanchó su sonrisa y le agradeció la gentileza por dejarle usar su chimenea.
Sabiendo que Ignatia no podía escucharla, y conociéndose muy bien, ambas mujeres hablaron un rato por medio de notas:
Me alegra que el experimento haya salido bien y no te hayas hecho daño.
Estoy muy emocionada, llevo años trabajando en esto.
Me encanta verte sonreír, sabes que haría lo que fuese por ti
y viviría contigo si no fuera porque los estudiantes y demás profesores me necesitan.
Quiero estar contigo en cada avance que tengas con esta locura, que ya se ha vuelto realidad.
¡Sí! Ya es una realidad, no me lo creo. Me sorprendo a mí misma.
¿Cómo le llamarás a esto?
Aún no lo sé, pero debe ser un nombre fácil.
¿Qué te parece polvos Flu?
Me gusta, es sencillo; a la gente le encantará.
Quédate un rato aquí, sabes que los profesores no vienen a esta oficina.
Tengo que irme, no quisiera ponerte en una situación incómoda con tus colegas.
¡Te extraño! Hace tiempo que no estamos juntas.
¡Te amo! Ya sabes que esto funciona, te dejaré un poco y vienes en la noche.
¡También te amo! Si no voy yo, tú vienes, ¿sí?
Con gusto, quiero estar contigo como antes, aprende bien lo que debes hacer.
Claro, amor, no quisiera alejarme de ti.
Ignatia se levantó del suelo y abrazó a Heliotrope. Lanzó un poco de los polvos a la chimenea, las llamas se volvieron verde esmeralda, la mujer entró y gritó: «¡Casa Wilkins!» justo después de soplarle un beso a su amante.
Al llegar a su oficina, dejó el resto de los polvos sobre su escritorio y se fue directo a su habitación. Aquella debía ser una noche especial, habían pasado ya seis meses desde la última vez que compartía una noche con su amada.
—¡Por fin! —fue lo último que susurró Ignatia antes de entrar a su bañera.
