Vampire Academy, sus personajes y terminos son propiedad de Richelle Mead. Solo la historia en cuestión es mía. Un mundo alternativo y al mismo algo apegado al canon, escrito con el odio que me tengo por dejar todo al último.
Cadena de Sombras
Parte II
Para cuando llegó el momento de bajar de la suv negra que dejaron a cargo de un empleado para que la estacionaran en otra parte, Rose ya había informado de la situación y dado instrucciones al equipo que formó, del cual formaba parte Orlov, quien fue voluntariamente siguiendo a su amiga. Él decía divertido que en donde estaba Rose, estaba la acción.
La gente ya estaba llegando al lugar para pasar un buen rato bebiendo y bailando con sus amigos y con gente desconocida que se llegaran a encontrar. Caminando entre la multitud para llegar al edificio que estaba cruzando la calle, los Dhampir analizaban cada rostro, cada auto, cada ruido y cada sombra. Se dividieron en parejas y se mezclaron con la gente. En su inspección, Rose se dio cuenta que buena parte de los clientes eran adultos jóvenes, veinteañeros, aunque por ahí también se divisaba alguno que otro mayor o menor que eso. La mayoría llevaban ropa llamativa, brillos, lentejuelas, en especial las mujeres, cuyo maquillaje cargado hacía juego con la vestimenta. A pesar de eso, percibía en ellos una vibra de personas de clase media, lo normal, hasta que notó ese destello particular de niño rico en un grupito que entraba al club, un conjunto de chicos atractivos. Rose pensó entonces que habían tenido "suerte" al no tener que lidiar con la muerte de algún incauto cuyos padres no pudieran callar con dinero.
No se podía imaginar como haría Abe para que no hicieran alboroto. O más bien, no quería hacerlo.
Rose y sus hombres salieron de la multitud para adentrarse a un callejón pobremente iluminado para los humanos, pero lo suficiente para sus ojos de mitad vampiro, a un lado del edificio, para poder llegar a una salida de emergencia. Orlov la tocó tres veces, esperaron unos momentos y entonces el encargado del club abrió la puerta y los recibió de forma nerviosamente cordial. El Moroi, un sujeto en sus treintas, delgado y pálido como los de su especie, y vestido con ropa de diseñador mal combinada, se sentía la presión de dar una buena impresión acerca de cómo estaba llevando el lugar a estos envidados de Mazur, en especial a Rose. Temía de lo que pudiera decir el segundo perro guardián del jefe. Realmente no tenía por qué temer, pues a pesar de lo que podría transmitir su apariencia y comportamiento arrogante, no se atrevía a fallarle al turco, pero el hecho no ayudaba con su miedo.
—Buenas noches... —empezó a saludar Todor Sokolov hasta que fue interrumpido por Rose.
—Entremos primero, debemos dejar nuestro aroma lo menos posible en el área.
Ella entró, haciéndolo a un lado para poder pasar y los otros la siguieron. Se adentraron al antro y a la fiesta que había en el desde el punto alejado de este. La gente se arremolinaba en la barra que estaba en el lado contrario y los barmans estaban muy apurados sirviendo a todos. Otros se encontraban sentados en las mesas de los alrededores y muy pocos se apuraban en la pista; parecía que la mayoría necesitaban estar ebrios para poder bailar. Sokolov los guio hasta una puerta cercana solo para empleados y la atravesaron para ir por un par de pasillos hasta llegar al despacho de Sokolov y poder discutir el asunto.
— ¿Hace cuando que sucedió el primer avistamiento y asesinato? —Preguntó seriamente Rose una vez que se sentaron. Ya lo sabía todo, pero quería escucharlo nuevamente de él; aquella idea hizo que recordara a Mazur y se asqueó por tener el mismo pensamiento.
—Dos meses. Reporté el primer par de incidentes, pero no pedí ayuda ya que a veces ocurre que alguno viene, pero después de una víctima no vuelve más, supongo que para evitarse molestias. Entonces ocurrió el tercero y me empecé a preocupar porque la policía ya nos tenía en la mira al estar conectados con tres desapariciones y consecuentes muertes —el Moroi hizo una ligera mueca antes de continuar—. Entonces, los últimos dos cuerpos fueron dejados en los en los baños. La policía estuvo a punto de entrar, creo que incluso ya tenían la orden. No tengo ni idea de cómo hicieron esos locos de los Alquimistas para detenerlos. —Todor pasó la mano por su cabello rubio verdoso con preocupación—. No entiendo porque esas malditas bestias siguen viniendo aquí, así no suelen actuar.
—Bueno, el lugar es genial y está de moda—dijo Orlov recargado en el marco de la puerta casualmente—. Yo también volvería.
El resto de los chicos asintieron con su cabeza o encogieron levemente los hombros al concordar con él. Rose puso los ojos en blanco.
Los Alquimistas siempre estaban listos para arreglar los líos de los chupasangres, sin importar del tipo que fueran, con el fin de ocultarlos de los humanos comunes. Para cumplir este propósito, no le importaba tener que manipular a la ley, como en esa ocasión, o que debieran pagarle a alguien, deshacerse de la evidencia o desaparecer un testigo, lo hacían, pero no era como si hicieran esto de buena fe. No exactamente. Estos humanos veían a los Moroi y Dhampir casi con el mismo desprecio que a un Strigoi. Pensaban que las tres razas eran criaturas de la noche diabólicas, criaturas del infierno, hijos del diablo. No es natural beber la sangre de otro individuo, dicen, algo como eso no podía venir de Dios. Sin embargo, los no-muertos se llevaban el premio, pues su pecado iba más allá de beber sangre de otros: asesinaban al hacerlo, tenían habilidades inhumanas y eran seres sin una gota de moral o límites; tomaban todo lo que querían y cuando lo querían.
Los Dhampir y Moroi los percibían como unos fanáticos religiosos, pues además de pensar así, iban a todos lados con sus imágenes y crucifijos. Rose llegó a preguntarse seriamente por qué se tatuaban un lirio dorado en la mejilla, su identificación, cuando era menos complicado hacerse una cruz. Aunque, fueran como fueran, eran bastantes útiles.
— ¿Cuáles son las horas en la que vienen? —quiso saber la chica, ignorando el comentario de su compañero. No iba a perder el tiempo reprendiéndolo o algo por el estilo, ya había pasado el tiempo suficiente con el tipo como para saber que eso no ayudaría en nada.
—Por las cámaras sabemos que llegan pasando de la una de la mañana, justo cuando casi todos están ebrios.
La chica miró al relog digital que estaba en el escritorio—Bien, eso quiere decir que tenemos un par de horas para prepararles la bienvenida a estos abominables invitados—se paró de su asiento—. Tendremos que decirles que ya no damos bebías gratis.
— ¿Cómo? ¿Justo cuando están todos? —cuestionó el encargado mirándola incrédulo.
Un brillo maquiavélico pasó por los ojos de una seria Rose—. Por supuesto, ¿qué mejor forma de atrapar a esos monstruos que esperar en el lugar justo a dónde van?
Entonces se giró para con sus hombres y empezó a dar nuevas indicaciones. Se dividirían en parejas, dos cerca de la entrada principal, dos en el callejón y los últimos, Rose y Orlov, se encargarían de atraerlos. "Que simple" pensó Todor, pero se dijo a si mismo que aun así debería confiar en ella, pues era, probablemente, la Dhampir con más tatuajes Molnija en esa zona de Siberia.
xXx
—Presiento que hoy será una emocionante noche —declaró Nathan a sus compañeros mientras dejaba caer las llaves del Audi plateado en las manos del empleado humano que lo estacionaria.
El rostro desganado de Marlen daba la señal de que él pensaba otra cosa—. Quizás lo habría sido si hubiese conducido mi propio auto —respondió a atrás de él, pues iba saliendo del auto después de doblar el asiento del piloto que le impedía salir.
Nathan se giró a él y una torcida sonrisa de burla se formó en su pálido rostro—. Eso te pasa por hacer malas apuestas, y —agregó como su rostro se oscurecía— subestimarme.
—Por raro que suene, Nathan tiene razón —concordó Dimitri como salía del asiento del copiloto y cerraba la puerta. Casi al instante de haber puesto un pie en el pavimento, la criatura escudriñó con sus ojos agudos y con anillos rojos, cada característica de la zona, un hábito aprendido de sus días de Guardian, pero aunque no hubiera recibido esa formación, probablemente aun lo haría. Después de aquella noche donde rompieron su defensa y le arrancaron el cuello, permanecía en constante alerta, siempre en guardia, para evitar ser tomado por sorpresa de nuevo.
Los tres ignoraron al empleado, así que el chico lo tomó como una señal de que ya podía llevarse el auto. Sin decir una palabra más, condujo al estacionamiento, mientras llamaba a los de seguridad para, como le habían ordenado, avisar cuando llegaran los sujetos que aparecían en las fotos que le mostraron.
Mientras los otros dos se hacían de palabras, el hombre de largo cabello castaño, que esa noche llevaba recogido en una sencilla coleta, notó algo diferente en el ambiente, algo que desentonaba y no estaba ahí en las ocasiones anteriores que estuvieron ahí. Era solo el rastró de un olor, pues el de todos los humanos que iban y venían por ahí se había encargado de disipar la mayor parte. No podía saber que era justo donde se encontraba, pero tenía el presentimiento de que quizás lo averiguaría si entraba al antro frente a él.
—Debemos entrar —manifestó como se giraba a verlos y encontrando que Nathan sostenía por su camiseta a Marlen, con sus caras enfadadas bastante cercanas. Dimitri los tomó del cuello a ambos y los separó en ese mismo momento, para después soltarlos bruscamente, haciendo que casi se cayeran, pero sus reflejos lo impidieron—. No me importa si ustedes, imbéciles, quieren sacarse la mierda a golpes, solo háganlo después —les dijo mostrando una terrible mirada de frío desprecio.
—Si vuelves a... —empezó a decir Nathan, dirigiendo ahora su enojo a Dimitri.
— ¿Qué? ¿Qué intentaras hacerme, sucia rubia? —interrumpió el Strigoi dándole una retorcida sonrisa divertida, pero manteniendo su mirada fría—. La última vez que intentaste algo, estuve a poco de destrozar tu cráneo. Si Galina no me hubiese parado, no estarías aquí, ¿y adivina qué? Ella no está aquí hoy, pero no quiero jugar contigo ahora —le quitó los ojos de encima y miró de nuevo al edificio de ladrillo rojo frente a ellos—. Allá adentro hay algo más interesante que romperte el cuello, ¿no lo notaron?
Nathan arrastró sus ojos furiosos de Dimitri para dirigirlos al edificio también, inhalando profundamente al mismo tiempo de Marlen. Tampoco pudieron decir lo que era y la curiosidad y su sed, los empujaron a entrar de una vez al lugar donde las luces de colores se escapaban y la música enérgica se sacudía para conocer lo que sea que fuera diferente. Dimitri entró primero, desplazándose entre el gentío y evitando la cámara "oculta" de la entrada, como siempre, seguido de los Strigoi a sus espaldas que no evitaron el lente totalmente, como siempre.
Aunque todo estuviera apenas iluminado por luces intermitentes y el humo artificial difuminaba la vista de los asistentes, muchos pudieron notar cuando aquel trio llegó. No había razón lógica según el entendimiento de estos jóvenes, pero esos sujetos les provocaban una especie de sensación de entumecimiento en sus espaldas, como la sensación que se tiene cuando hay peligro. Quizás era por el brillo particular de sus pieles de gis por las noches, o quizás era por la sensación de frío que ellos dejaban al pasar, o quizás era por sus bellos rostros de facciones anormalmente perfiladas, no lo sabían, pero aquellas razones no eran como para tener el pensamiento constante de que tal vez era mejor alejarse de ellos, al mismo tiempo que se sentían atraídos por esas mismas características. Sin embargo, decidieron ignorar esta corazonada y decir que era la imaginación coqueteando con el alcohol. No querían aceptarlo, no querían ver que esas figuras de aires gélidos eran diferentes a ellos, que no eran humanos, porque no existían seres así, ¿no es así?
Abriéndose paso entre la gente, el Strigoi alto de gabardina, el rubio y de cabello oscuro, buscaban el aroma que los atrajo, el cual cada vez tomaba mayor forma conforme se acercaban a la pista de baile. Había hermosas chicas que les dirigían miradas que dejaban claro su interés en ellos, coquetas, incitadoras. En cualquier otro momento no habrían dudado en ir por alguna de aquellas chicas, la presa fácil, sin embargo, ahora no querían saber de ellas y mucho menos les interesó cuando se dieron cuenta que seguían el olor de una Dhampir. Dimitri se emocionó, pues hacía tiempo que no saboreaba a un Dhampir. Llegaron al borde del a pista de baile y buscaron entre los cuerpos que se contorneaban y sacudían a esa mestiza.
Dimitri vio entonces a una larga melena casi negra, sutilmente rizada, balancearse de un lado a otro para después ser invadida por unos dedos que la peinaban desde donde hacia hasta donde empezaban los hombros de su dueña. La chica vestía una ajustada blusa de lentejuelas de manga larga, que dejaba distinguir la marcada cintura que tenía y sus pantalones tampoco dejaban mucho para la imaginación. De repente, una luz purpura era lo único que iluminaba el lugar y esta luz, que venía del techo, daba vueltas, por lo que a veces veía a su presa bañada en morado y a veces en oscuridad. Cuando ella se giró y la vio de frente, pudo admirar mejor su voluptuosa figura y su rostro bellamente exótico. Pero no pudo verle los ojos, pues ella los tenía cerrados. Supuso él que con el afán de disfrutar mejor la música. Quería verlos, quería ver cuando estos se inundarán de terror al verlo.
"Mírame, mírame."
Picaron el anzuelo. Rose los sintió acercarse, los sintió verla como a un filete. Probablemente siguieron su esencia como unos perros. Se giró a donde ellos estaban solamente para asegurarlos, hacer que babearan por ella. Sabía bien que era hermosa, se solía enorgullecer por eso y no tenía ningún problema para usarlo a su favor de vez en cuando. Aunque en esta ocasión fue Orlov quien lo sugirió. No obstante, todos estuvieron de acuerdo que con su solo rostro no bastaba, debía obtener un plus para hacer que definitivamente la vieran y Sokolov pudo ayudar con eso; consiguió ese conjunto que traía puesto Rose e hizo que un par de las trabajadoras del lugar la maquillaran un poco. Quedó fantástica, y ya los ojos de Dimitri, como un sueño.
—Los veo, están a como a cuatro metros de ti — escuchó a su amigo hablarle por medio del audífono inalámbrico en su oído. Él se encontraba cerca de ahí, al otro lado de la pista—. Sal de ahí.
"Ven conmigo."
Fueron tan solo unos instantes los que pudo contemplar a la chica, pues tan pronto como la vio balancear sus caderas al ritmo de "bum" la música electro dance y sacudir su cabello, las demás personas en constante movimiento en la pista, se encargaron de esconderla de Dimitri, pero él no iba a perder a su presa. Ninguno de los tres quería perderla. Empezaron a buscarla, a seguir su olor de nuevo, caminando ente la gente, hasta que captaron su imagen dirigirse a la salida de emergencia.
Sabían bien que esa puerta daba a un conveniente callejón oscuro donde podrían lidiar con ella sin ningún problema, y Nathan no quería desaprovechar la oportunidad, así que en cuanto la vio salir, quiso adelantarse y tomarla, pero Dimitri lo detuvo.
—Esto claramente es una trampa.
— ¿Qué daño nos hará una Dhampir que no mide más de un metro setenta? —Se rio Nathan, mostrando descaradamente los colmillos.
—Hay otro Dhampir —informó Marlen como veía a un tipo vestido de negro salir por la puerta—. Probablemente haya más afuera con ella.
Nathan dejo salir una maldición—. Que molestia lidiar con un hombre también.
—Igual podemos ir por ella, por ellos. Probablemente hayan más, pero no creo que sean más de cuatro —Dimitri no se mostraba intimidado por el posible número. O por cualquier otro—. Nada con lo que no podríamos lidiar.
—Aaah una pelea con Dhampir no prometidos —Marlen sonrió—. Esto suena interesante.
—Más interesante es esa chica —el Strigoi rubio sonrió como se adelantaba hacia la puerta, pasando frente a los otros dos—. La quiero.
Siempre que Nathan quería algo, hacia lo que fuera para obtenerlo y la mayoría de las veces lo obtenía. Normalmente este no era problema de Dimitri, sin embargo, ahora sí que lo era. Se sentía con el derecho de ser el quien la probara, al ser el primero que la detectó. Si no fuera porque sabía que se encontrarían con más al pasar por la puerta, el alto Strigoi lo habría derribado, pero en lugar de eso, le dio el paso libre para conocer a sus contrincantes de esa noche. Hizo lo mismo con Marlen una vez que fue tras esa sabandija. Ese chico detestaba perder contra Nathan, debido a que este se la pasaba restregándoselo en la cara cuando lo hacía. Aun siendo así, el ex Moroi se la pasaba compitiendo con él, quizás con la esperanza de ser él en ganador.
En lugar de ir hacia donde aquellas bestias sedientas salieron, Dimitri decidió regresar a la entrada de forma calmada, para llegar a aquel callejón desde una dirección diferente.
xXx
En cuanto llegó el primero a la verdadera fiesta, Ignati y Kostya, dos de los hombres que Rose había traído, se lanzaron sobre él. Lo recibieron con un golpe que lo empujó al fondo del callejón. Si bien, donde se encontraban no era realmente el mejor "escenario" para una pelea, el grupo creía que podían contenerlos mejor en un espacio reducido. El Strigoi se rio como se limpiaba la sangre de la nariz con el dorso de su mano, para después reacomodarla en un crujido de huesos. Miró a Rose, ahora cubierta con su cazadora y con el cabello recogido en una coleta, de una manera peligrosa, parecía decirle "luego iré por ti". Ella le devolvió la mirada, en reto, mas la verdad era que no sentía tal seguridad.
No importaba cuantas veces hiciera esto, no importaba cuanto lograba hacer desaparecer a estas criaturas antinaturales, la chica siempre sentía miedo cuando estaba cara a cara con ellas. Sentía estremecerse en cuando se topaba con esos ojos de pupilas rodeadas de rojo que no reflejaban ni un atisbo de humanidad. Sin embargo, no podía dejar que lo supieran, que vieran a través de ella. Si ellos notaban, aunque fuera un poco de terror en su cara o titubeo en sus movimientos, sentiría como si ya hubiese perdido la pelea. Tenía que ser fuerte, para así ser ella quien mandaba, quien podía con todo y debía serlo todo tiempo, en todo lugar, siempre. Aunque, ese día era más difícil de lo normal hacerlo.
A los pocos segundos, sintió la náusea que ya tenía hacerse más fuerte. Llegaba el segundo. Al ínstate, se inclinó para tomar la estaca de su bota y dirigió su atención a la puerta, ignorando Nathan quien era embestido por los Dhampir. El Strigoi de la barba incipiente salió y Orlov se acercó a él lo suficiente para que pudiera alcanzarlo la estaca que empuñaba, la dirigió de forma veloz a su cuello, para desplazarlo a un costado de la puerta, la cual Rose cerró.
Marlen se recompuso rápido, pero era más que claro que estaba enojado por esa quemadura en el cuello. Tardaría en regenerar por haber sido hecha con magia, así que dolería como el demonio hasta entonces. La pareja se posicionó a los lados del monstruo, que se fue contra Orlov, pero Rose lo frenó con un rodillazo en el estómago que, por la fuerza que tanto él como Rose usaron, le sacó el aire y lo hizo retroceder de nuevo. Eso era todo, ahora tenía una genuina ira asesina contra esos dos hijos de perra. Rose llevo decidida su estaca al pecho del Strigoi, acercándose lo suficiente, pero reaccionó y esquivo el golpe al bloquear la zona del corazón poniendo sus brazos en cruz sobre él y manteniendo sus brazos así, los desplazó hacia arriba, moviendo también la mano de Rose. Entonces, al bajarlos, los impulsó hacía los lados, empujando a la Dhamir de forma violenta contra la pared atrás de ella.
Antes de que Orlov pudiera hacer algo, Marlen ya estaba frente a él, listo para lanzarle un gancho al costado derecho y después un puñetazo en la mejilla izquierda. El tipo casi veía estrellas. Fueron golpes bastantes duros, pero Marlen había logrado controlar su fuerza, no quería terminar tan rápido. Tenía la intención de disfrutar de la pelea, aun cuando deseaba acabar con ellos lo más pronto y doloroso posible. Cuando quiso ir por el otro costado de Orlov, este pudo cubrirse con su antebrazo y doblando un poco su cuerpo para ese mismo lado. En lo que el chico se concentró en esquivar ese golpe, otro fue a su sien, provocando que perdiera el conocimiento y azotara en el piso.
Casi en el mismo instante que Orlov cayó, Rose se unió de nuevo a la pelea... con un arma extra. Cuando se dio de bruces en el suelo después de que su cabeza fuera sacudida por la pared y todo le diera vueltas, con sus manos empezó a tantear lo que había en su alrededor, buscando en que apoyarse para pararse y ayudar a su amigo. Sintió entonces, en la unión de la pared con el pavimento, un tubo suelto. Forzó sus ojos para poder verlo mejor y notó que era un tubo de pvc, un poco grueso para su agarre. "Pero aun así sirve de algo" pensó como tiró de él para zafarlo.
Apreció detrás de Marlen y aprovechó la ventaja de un par de segundos para balancear el tubo como un bate contra su espalda baja, destruyéndose el cilindro en el impacto. Marlen solo escuchó el siseo de aire roto antes de sentir un enorme dolor en la espalda. Esa perra le había roto algo, pues perdió el equilibrio en sus piernas y se desplomó en el suelo, cayendo sobre sus rodillas.
La chica no dudó. Tomó en cabello rizado del tipo en su mano, jalándolo hacia atrás para enderezar su espalda que estaba en jorobada y tener mejor acceso a su corazón. Retomó la estaca que se metió en el pantalón y la clavó de lleno por el lado izquierdo de su espalda, metiéndola algo inclinada en un espacio entre las costillas y atravesando sus pulmones para llegar al corazón.
"Es por el bien de su alma", se dijo a sí misma mientras tomaba por un respiro de descanso y lo veía caer después de retirarle la estaca. "Es por el bien de su alma". Entonces se percató de que sus nauseas no sabían disminuido al matarlo, y escuchó una pelea nueva a unos pocos metros de distancia. Motka y Aserlin, los otros dos hombres que había designado cerca de la entrada principal, estaban en medio de una pelea con el Strigoi fornido que había visto en las fotos. Era aun más alto en persona, sus piernas eran largas y su rostro era bellamente masculino. Esa noche llevaba recogido el cabello que, aun estando con poca luz, se veía brillante... y pensó que la gabardina que llevaba era ridícula, pero eso quedó en segundo plano cuando también la vio a ella de nuevo.
Estaba lejos, detrás de donde se encontraban peleando. No obstante, Rose podía verla bien, nítida. Ahora se mostraba preocupaba mientras levantaba su brazo de nuevo.
xXx
Cuando Dimitri llegó apenas al inicio del callejón, pudo ver como esa sensual Dhampir que hacía unos minutos bailaba reflejando la luz en su blusa plateada, sorprendía a su compañero por la espalda. La chica había sacado un tubo de pvc de algún lado, había logrado fracturarle la columna con ella. Pudo escuchar el crujido de huesos desde su lugar. Vio entonces como ella, con una expresión curiosa en el rostro para él, lo atravesaba con su estaca de plata en cuanto tuvo la oportunidad. Una apuñalada limpia, certera y sin titubear; justo como habría hecho en sus tiempos de Guardian. Esa Dhampir era buena para la edad que aparentaba. También le llamó la atención que ahora si llevaba puestos sus guantes, pues antes, estando adentro, no lo hacía.
Si hubiese querido, el Strigoi habría logrado evitar que estacaran a su compañero sin el más mínimo esfuerzo, pero no le importó. Fue su culpa ser débil. Nadie necesitaba a alguien así. Tampoco le interesaba que Nathan se las estaba viendo negras al fondo, aunque le molestaba un poco no ser el quien le cerrara la boca para siempre. Por fortuna él no era como ellos, claro no, y se lo demostraría a esos tipos que iban detrás de él.
Se giró, tensando sus músculos, preparándose para el encuentro. En cuanto estuvo en su rango de alcance, su puño se encontró con la mandíbula de uno de ellos. El segundo, alguien robusto y un poco menos alto que él, quiso devolverle el puñetazo en el estómago, adornado con una manopla plateada, pero Dimitri se hizo hacia atrás para evitarlo. Intentó un par de veces más e igual retrocedió. Se dio cuenta que el Dhampir no se alteró por ello y entendió que solo lo hizo para hacerlo retroceder y adentrarse al callejón. Bien, no se opondría a eso.
El de la mandíbula probablemente rota se unió de nuevo. "Que tolerancia al dolor" observó Dimitri mientras se inclinaba hacía atrás para esquivar la estocada de su estaca. Empezó a guiarlos, entre golpe y golpe, para hacer que ellos le dieran la espalda al callejón y él a la salida, con tal de poder ver que hacía su verdadero objetivo. Ella se encontraba peleando contra Nathan, con la lenta ayuda de otro sujeto. Se veía muy golpeado. Notó fugazmente que había dos tipos en el suelo y uno no respiraba. Tal vez de ahí había venido el otro crujido de huesos que escuchó minutos atrás.
Admiró como estuvo ella de cerca de matar a Nathan cuando se descuidó por tan solo unos segundos y vio de nuevo esa expresión suya por unos instantes. Vaya el tipo ya estaba agotado.
—Oye, imbécil, ¡tu pelea está aquí! —Dijo el de la manopla al tiempo que por fin atinó un golpe en la nariz de Dimitri. No solo dolió por la fractura, si no que esa maldita cosa en su mano estaba hecha de plata, plata encanta. Ardió como el infierno mismo. El Strigoi perdió el equilibrio, y se habría recuperado rápidamente para volver a la pelea si no fuera porque el otro estúpido, Natha, pasó entre ellos como alma que lleva el diablo mientras lo empujaba con sus manos a él y al de la mandíbula rota con toda su fuerza.
Se carcajeó en cuando lo dejo contra la pared— ¡Nos vemos en el billar! —gritó.
Escapó, ese hijo de perra se había escapado y le dio una oportunidad al de la manopla para estacarlo. El Dhampir ya estaba frente a él, dispuesto a asesinarlo, cuando Dimitri tomó su muñeca, enfurecido, y la apretó con la fuera suficiente para destrozarla. Y sujetándolo de ahí lo lanzó hacía el fondo, de donde venía corriendo Rose con su estaca, lista para atacar.
— ¡Ayuda a Kostya a llevarse a los heridos! —Le gritó a Motka como lo esquivaba y permitiendo que Dimitri notara su acento. Luego miro a Aserlin, quien apenas se recuperaba del golpe, y le grito "Araba". El entendió al instante y salió a tropiezos de ahí.
—A la orden —respondieron los hombres.
Rose se fue con todo lo que tenía contra Dimitri. Las patadas y estocadas volaban y eran bloqueadas o evitadas. Ella estaba cansada, respiraba con dificultad y que el aire que inhalaba estuviera helado no ayudaba. Tampoco ayudaba que posiblemente el Strigoi cobarde le haya roto una cosilla de un golpe para retrasarla y lograr escapar. Y mucho menos ayudó el Lissa se mostrará de nuevo. ¿Qué era lo que quería decirle? ¿Y por qué lo quería hacer ahora?
"Sería más fácil si te hubieras quedado para decírmelo."
—Eres muy buena pelando. Debiste ser de los mejores en la academia —Dimitri le dijo inglés, en tono medio burlón y medio admirado. — antes de que quizás desertaras. No veo tu marca de la promesa.
Rose no contestó y en lugar de eso intentó dar una torpe estacada. Esto Dimitri no lo pasó por desapercibido. Se sintió fascinado por la mirada fiera que poseía Rose.
—Yo si lo fui, pero mira que al final no me sirvió eso cuando más lo necesité. —Se rio de esa manera temible que solían hacer los de su especie.
Como pudo, Motka se echó el brazo alrededor de su cuello Orlov, quien seguía inconsciente, y lo agarró de la cintura para poder moverlo. Él y su compañero dudaron acerca de que podían hacer con el cuerpo de Ignati, pero decidieron que no podían dejarlo ahí. Así que, con todo el dolor del mundo, Kostya se echó a su amigo al hombro como un costal y se dispuso a salir del callejón, pateando a un lado el cadáver de Marlen. Solo esperaban el momento indicado para salir.
—Y será triste que ese sea tu caso —fingió consternación—. No planeo quedarme con las ganas de morder tu lindo cuello mientras tiró de tu sedoso cabello.
Sus palabras ocasionaron que las memorias de cuando Rose y Lissa estuvieron alejadas de todos, los recuerdo de cómo se sentía volar con las endorfinas atravesar su cuerpo. Se avergonzó en cuanto se dio cuenta que lo recordaba con anhelo. Si, porque a pesar de los años, a pesar de haber prácticamente pasado por una etapa de desintoxicación, ese sentimiento de querer más persistía y lo odiaba. Un golpe de ira la hizo acelerar los golpes que daba, pero al mismo tiempo los hacía menos certeros, sin dirección. Dimitri pensó entonces que esta chica se hacía cada vez más interesante. Quería saber más de lo que era ella. Quería saber cómo es que una no prometida extranjera tenía a su cargo Dhampir y como había logrado tener el nivel que tenía aun cuando tal vez fue una adicta. Y pensó que si indagaba más, podría descubrir otras cosas. La idea de matarla dejaba de ser tentadora.
—Me da curiosidad... si no eres una guardiana, ¿por qué aun llevas los guantes, te cubres?
Rose, haciendo un esfuerzo por ignorarlo, buscó darles una oportunidad a los otros dos de pasar por donde ella y el Strigoi peleaban y salir para atender sus heridas. Decidió acortar la distancia que mantenía con la criatura y exponerse, pero esos eran riesgos que debían tomar los lideres a veces. Corrió hacia él llevando su estaca a su cuello, con la intención de usarla como navaja y tajarlo. Sabía que ese ser desviaría el golpe de alguna forma, que lograría tomar ventaja sobre ella, pero no le importó, tenía que proteger a sus hombres. Esos instantes en los que Rose logró que el Strigoi se apegara más a la pared, fueron suficientes para que los Dhampir pudieran pasar apresurados a un lado de ellos.
En cuanto hizo el ademan con su estaca, Dimitri usó el costado de su mano recta para golpear la de Rose, provocando que saliera volando su estaca, la tomó de la muñeca y la torció de tal forma que le hizo girar sobre sus pies y darle la espalda.
Motka miró atrás cuando escuchó a Rose quejarse y luego volteó al frente cuando la camioneta en la que llegaron se frenó de golpe en la entrada del callejón.
— ¡Váyanse! —les gritó la chica.
Pero Motka no quería abandonarla, no podía hacerlo. No estaba en su código dejar a alguien atrás; era parte del porque se vio obligado renunciar a los Guardianes. Dimitri metió su mano en el cabello de Rose y lo jaló para dejar al descubierto el cuello de la chica, quien no se quedaba quieta, se movía a todos lados e intentaba darle codazos con su brazo libre, pero era inútil.
— ¡Lárguense! ¡YA!
Estaban a punto de llegar a la camioneta, pensó en arrojar a Orlov a los asientos y volver, pero se preguntó que podría hacer, le dolía respirar y su muñeca estaba inflamada y apenas si conseguía moverla. No sería más que un estorbo y ella ya estaba a su merced. Se subió a la camioneta sin mirar atrás, sintiendo su corazón estrujado, creyendo que definitivamente ya no podía respirar. En cuando estuvieron arriba, Aserlin aceleró y se fue con dirección al doctor privado de Mazur. "Mazur" pensó Motka, ¿qué le diría al Moroi? ¿Cómo respondería él?
Mientras, la joven de largo cabello no estaba dispuesta a morir de esa forma. Desesperada, rebuscaba en su cabeza como zafarse de este Strigoi antes de que la mordiera. Encontró la forma. La mano de Dimitri, aunque firme, estaba colocada más en la parte de la muñeca que cubría el guante. Rose hizo girar su mano, pese a que le doliera, y tiró de ella, logrando hacer resbalarse del agarre con la ayuda del guante de licra. Se giró cobre su eje de nuevo, aun siendo jalada del cabello, y le tiró un gancho a la mandíbula a Dimitri con todo el impuso de su cuerpo. Hizo que la cabeza del Strigoi se echara para atrás y golpeara con la pared. Libero su coleta de las garras del Strigoi y al instante se dispuso a recuperar su estaca, que no estaba muy lejos.
A penas se iba a echar a correr por ella cuando un Dimitri con furia creciente en su interior, pero disimulada con una sonrisa torcida, la tomó de nuevo por su muñeca desnuda, con toda la intención de rompérsela y al resto de ella. Sin embargo, al momento en el que sus pieles se tocaron sin ninguna barrera, la idea se desvaneció al igual que el agua ante el sol. Ambos experimentaron como una corriente de electricidad, leve, los recorriera de pies a cabeza; sintieron en sus pechos una opresión que iba y venía, similar a la sensación de recibir golpes; los oídos zumbaron, las bocas se secaron y por unos instantes todo dio vueltas como la vista se nublaba, como al borde del desmayo. Después de parpadear algunas veces, Rose logró recuperarse de la impresión antes que Dimitri y aprovechándose de eso, logro hacer que la soltara.
Entonces, el tiempo se volvió más lento que el caer de una pluma.
Alguna vez, en alguna parte, de alguna boca escucharon el murmullo, el rumor prohibido que decía que si tu alma gemela era transformada en uno de los hijos de la noche, cuando tocara tu piel no se teñiría de tiernos colores; no sería rojo, no café, ni blanco ni azul, sería negro, tan negro como su corazón corrupto.
Sin embargo, nadie había sabido si era real, hasta ese momento.
Una nube delgada salió de la boca de Rose al ver la cálida piel de su muñeca marcada con huellas negras. Dimitri contuvo la respiración al ver parte de su mano teñida de negro. Se miraron a los ojos el uno al otro, estupefactos, al tiempo que sentían sus corazones latir acelerados.
"¿Que?"
Dimitri se obligó a deshacerse de la esperanza de encontrar a su Jumătatea desde que tenía doce años, cuando aceptó cumplir con el deber que le habían inculcado y dicho que era el correcto. Reprimió el deseo de ver sus huellas marcadas en su piel y no se permitió preguntarse de que color serían sus marcas, ni imaginarse como sería su rostro, su cabello, lo que le gustaba, lo que no...
Se negaba a permitirse llorar cuando sentía que era herida gravemente, pero no pudo ignorar ese estremecimiento horrible que le recorrió hacia algunos años, el imperceptible movimiento de su corazón, su respiración pesada y el sudor helado que lo cubría. "¿Qué está pasando con ella?" pensó apenas pudiendo tomar aire "¿Acaso... acaso murió?" se preguntó desesperado antes de sentirse desvanecer, para que después todo parara de la nada y el aire volviera a entrar a sus pulmones. Como si fuera alguna clase de magia, se sintió bien otra vez. Repetía frenético para sí mismo que ella estaba bien, con la intención de consolarse.
Y cuando fue despertado, definitivamente la olvidó. Murió la poca ilusión que quedaba. Siempre le enseñaron que estas criaturas llenas de alguna clase de poder maligno para reanimarlas, no podía sentir nada más sed de sangre y egoísmo; que cuando alguien se transformaba, perdía toda conexión con su Jumătatea, le dijeron que no dejaría su huella en la piel de la otra persona; pero nunca tuvieron pruebas contundentes de ello. Y no había algún verdadero testigo. En primera instancia, llegó a imaginarse un escenario en donde al menos lo de las marcas era mentira, gracias a aquel rumor, y se dijo con desprecio: "Aun cuando la encontrara, ¿Quién en su sano juicio se quedaría con un Strigoi?".
Pero ahora pensaba diferente. Pensaba en que no tenían ningún impedimento para estar juntos. Ya no estaba bajo el yugo de la sociedad Moroi, ahora vivía con sus propias reglas. Era libre, eran libres, pues ella tampoco estaba atada, al menos eso creyó. Se encontraba decidido a no dejarla ir, no después de todo ese tiempo. Quería hacer que lo eligiera, que quisiera estar con él. Lo dominó el recuerdo del como algo dentro de él cambió, no, más bien se activó cuando se tocaron. Parecido a cuando un interruptor es encendido.
Se alegró de no haberla matado.
"¿Te quedaras?"
La cabeza de Rose era un completo caos. A penas podía procesar lo que pasaba. Él, el Strigoi, la había tocado, había sentido todas esas señales que le dijeron que sentiría cuando encontrara a su Jumătatea y la había marcado... de negro. No podía creerlo. Minutos atrás estuvo a punto de morderla y ahora la miraba con ojos grandes y brillantes. Casi con devoción. Juró en su pubertad no conocerlo nunca como se cubría el cuerpo y deseó no hacerlo cuando vio las cadenas oxidarse. ¿Por qué? ¿Por qué tuvieron que encontrarse? ¿Es que el destino no podía hacer una excepción con ellos? ¿No podía permitirle vivir sin él, aunque fuera un ser maligno?
—No —dijo ella negando con su cabeza, dando pasos hacia atrás. Ya tenía suficiente dolor con el que lidiar ese día, el aniversario del suicidio de Lissa, como para tener que enfrentarse al suplicio de un Rechazo, porque debía hacerlo, no importaba el daño que le haría a si misma. Jadeaba de prisa liberando vahos, su cuerpo entero empezó a temblar y a sudar y su corazón se contrajo, de la misma manera que lo hizo vio las cadenas oxidarse.—. No, no...
Dimitri volvió en si en cuanto percibió lo que Rose quería hacer, pues pudo volver a sentir lo que ella y ahora más. Mostrándose asustado, dio un paso cauteloso hacia delante, a donde la chica.
—No por favor, no lo hagas —pidió Dimitri con su voz hecha un hilo.
—No tengo otra opción —replicó con ojos acuosos.
Una brisa helada los atravesó removiendo sus cabellos despeinados. Rose recordó que estaba previsto que la temperatura descendería, pero ella no pudo notarlo. No tenía frío.
—Si, si tenemos otra opción —dio segundo paso—. La opción correcta. No puedes declarar el rechazo, te lastimaría. A ambos.
—No tengo nada que perder, ya había logrado vivir sin ti hasta ahora. Algo como esto, tú y yo, no sería correcto, es depravado. ¡Tú estás muerto, maldición!
— ¡Por supuesto que no! —abrió sus brazos e hizo un ademan de señalamiento a si mismo con sus manos—. Respiró, mi corazón late...
—Y tienes habilidades inhumanas —interrumpió Rose con furia— que crecen como consumes sangre humana, de Dhampir, lo que una vez fuiste, y Moroi. Personas. Inocentes.
—Nadie es realmente inocente —se excusó sin un atisbo de arrepentimiento—. Aun así, puedo cambiarlo... —Dimitri dio un tercer paso y trataba de guardar su compostura recientemente rota, disimular su desesperación.
— ¡No puedes cambiar en lo que te han transformado! ¡Necesitas sangre para sobrevivir! —paró por un segundo y respiró profundo para volver a hablar—. Yo, Rosemarie Hatha...
El Strigoi se apresuró a interrumpir su declaración— ¡Debe haber una alternativa!
La chica puso una expresión incrédula— ¡Bien, finjamos que la hay! ¡Que encontramos una forma de que esto funcione! ¿Qué crees que nos harán cuando alguien se entere? ¿Realmente piensas que ellos nos dejaran en paz, las personas de la Corte, la sociedad en general? ¿Qué ignoraran una pareja de una Dhampir y un Strigoi como si nada? ¡Nos cazaran hasta la muerte si no nos ocultamos! —Para este punto ya le brotaban lágrimas.
— Pues que vengan, que lo intenten —se dijo una apariencia seria, resuelto— Yo, tú y yo, los destrozaremos a todos ellos, a todos los que se interpongan a nosotros. Podremos contra ellos. —Rose creyó ver que su mirada se suavizaba, pero no sabía si fue real o por causa de las cadenas que los unían. intentó creer en lo primero—. Con tu habilidad y la mía será suficiente, si nos mantenemos juntos. Debemos estar juntos.
Dimitri dio el cuarto y último paso, el que lo disponía a centímetros de Rose y a la Dhampir ya no le quedaba espacio al donde retroceder, estaba pegada a la pared; podría irse para alguno de los lados, mas sabía que sería inútil, él la atraparía en un parpadeo, y al mismo tiempo, un sentimiento culposo de agradabilidad la llenaba al tenerlo tan cerca, por lo que no quería moverse de ahí. Se dio cuenta de que ya no sentía las náuseas que le se solían causar los Strigoi, que le solía causar él. Debido a la cercanía, llegó hasta ella el olor masculino de su loción para después de afeitar que antes se llevaba el viento; observó que aún se podían distinguir sus músculos trabajados a través de la gabardina que tenía puesta, la misma que resaltaba sus amplios hombros; reparó en que ahora su cabello prácticamente estaba suelto, parecía tener una media cola. Cuando estuvo a punto de llegar a su rostro, desvió su mirada, pues no quería ver su piel pálida ni toparse con esas pupilas con anillos rojos que le harían recordar la realidad.
—Yo... yo, Rosemarie Hathaway... —intentó decir hasta que el Strigoi, este ser del cual se debía evitar su toque por mínimo que fuera, extendió su mano y tomó la barbilla de la chica y la hizo verlo, hizo que mirara sus ojos demoniacos que le devolvían una mirada que aparentaba ser decidida, pero en verdad trataba de esconder el hecho de que estaba igual de afectado que ella por su cercanía. Aunque era un esfuerzo inútil, porque ella ya lo sentía.
—Yo no sé qué nos deparara el futuro una vez que hayamos Consentido, pero lo que sí sé, es que puedo darte mi palabra de que haré lo que sea, lo que este en mis manos para protegernos. Quizás tengamos que estar alejados de todos, quizás tengamos pasar por encima de otros, pero no me interesa, lo haré con mayor gusto si es por mi Jumătatea. Rosemarie... Rose, —se dio cuenta de su molestia al escuchar el nombre completo— todo lo que tienes que hacer es decir que sí.
— ¿Te das cuenta de lo que me estas pidiendo?
—Absolutamente.
Rose intentó imaginar como habría sido si él nunca hubiera sido convertido, si de alguna otra forma ellos se hubieran encontrado; un raro caso de un Dhampir siendo el Jumătatea de otro, Guardianes que habían prometido renunciar a su alma gemela, aceptar cubrirse, para cumplir eficientemente con su deber y cuya unión no traería hijos. Un completo escándalo si Consentían y una herida en el alma de ambos si Rechazaban. Por un lado, tendrían que irse lejos, escondidos, para no tener que pasar por los juicios de su gente, y por el otro, ambos se sentirían morir. No había mucha diferencia al escenario actual, a excepción de que ahora serían perseguidos, pero sería capaces de defenderse... defender su amor. O lo que sea que fuera lo que tenían.
Quizás esto era realmente un plan del destino para poder reunirlos, para reforzar las cadenas que los unían e impedir que se perdieran. Tal vez en la oscuridad puedan estar juntos, podrían amarse como nunca lo habrían hecho en la luz. Nunca serían constantemente acusados por las miradas penetrantes de los Moroi ni de otros Dhampir, solo cuando aquellos fueran a buscarlos. A pesar de esto, el temor y la duda en Rose persistió. Estaba hecha un lio. Dimitri, sintiendo esto, eliminó de forma definitiva el espació entre ambos, sorprendiéndola, esperando que esto cambiara su opinión de alguna forma.
Rodeada por sus brazos y presionada contra su pecho, Rose se sintió como en casa. Suspiró al ser embargada por una sensación de consuelo, un consuelo por el que había estado buscando desde hacía años, por la seguridad que justo en ese momento necesitaba. Estaba tan cansada, cansada de fingir no estar destrozada, de que no podía llorar la muerte de su hermana, de enfrentarse siempre a la muerte como en aquella noche; cansada de pretender que nunca albergó en lo más profundo de su ser el secreto y diabólico deseo de encontrar a ese hombre corrupto y ser amada por él, que simplemente pensó "Ya que importa". Se sentía como si todo estuviera bien en el mundo, como si el hueco en su alma hubiese sido llenado con un júbilo puro y tan cálido que adormecía sus sentidos; llegó a pensar que sería maravilloso si esa calidez la hiciera derretir y fundirse con su Jumătatea mientras pasaba sus brazos bajo los de Dimitri para rodear parte de su espalda y cintura cubiertas de cuero y hacer que se acercara más a ella.
Sin embargo, la voz de su conciencia no había permitido ser oprimida y le hizo notar que el frio corporal de su compañero estaba filtrándose por su cazadora, intensificando el frío a su alrededor, pero que no había notado desde hace tiempo, recordándole que era un no-muerto lo que la abrazaba. Entonces, escuchó una voz en su cabeza: "Pueden hallar la forma de amarse." Eran las palabras de Lissa. Rose miró de reojo sobre el brazo de Dimitri que obstaculizaba si vista a hacia el resto del callejón. Consiguió apenas mirarla, pero con poco basto para darse cuenta de que, después de estos años transcurridos, ella por fin estaba sonriendo, como siempre había anhelado Rose ver de nuevo.
Y justo en ese momento se dio cuenta de su intención: ella trataba de decirle como encontraría a su Jumătatea. Lissa se evaporó en el instante de su descubrimiento y Rose tuvo la corazonada de que tal vez no la vería de nuevo.
—Si dices que sí, siempre seré tuyo, por toda la eternidad.
"Di que si, dilo. No te vayas por favor, no me hagas ocultarte del mundo. Debemos estar juntos, debes estar junto a mí. No puedes alejarte de mí."
Se aferró a él, tomando parte de su gabardina en sus puños, para sostenerse pues así creía que se mantendría en la realidad donde ella sabía a lo que él se refería con esas palabras y decidió ignorarlo como respiraba hondo para embriagarse con el perfume de su alma gemela, tal y como había hecho él en cuanto la abrazó. ¿En verdad podría el amarla? ¿En verdad habría forma de que él cambiara? Pensó que solo sabría la respuesta si daba el paso que faltaba para para caer del precipicio.
— ¿Qué fue lo primero que viste de mí?
—Tu cabello —le respondió Dimitri tratando de mantenerse sereno, como metía de nuevo su mano por la melena de Rose, para deslizar la liga que lo ataba y liberarlo sobre la espalda de Rose. —Es hipnótico.
—Entonces nunca lo cortaré para ti.
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¿Recuerdan esa imagen de Calamardo con cara de loco, demacrado y sosteniendo unas hojas en las que trabajo toda la noche? Pues esa es mi perra cara ahora.
Aunque quizás no lo pareció, si me esforcé por terminar esto lo más pronto posible xd y ya estoy hasta la madre de este fic jajkajs. En el transcurso de la escritura de esta segunda parte, me di cuenta de un error de trama que cometí y que probablemente ustedes hayan notado ya, una disculpa por eso, lo arreglaría de una vez, pero no quiero saber de esta historia por un rato jsjsj.
Lo peor es que al final esto no resultó como yo lo tenía planeado. O sea, yo quería hacer a una Rose fuera atraída por Dimitri Strigoi al lado oscuro (pero esto no implicaba que ella despertara) y pues mi brújula se fue pa' otro lado antes de saberlo.
Y si, de nuevo metí una escena de Rose bailando en el antro (la música electro me dijo k lo hiciera) y banda peleando en convenientes callejones, características que te permite saber con mayor facilidad si un fanfic es de Euda. Obviando a los Strigoi, claro.
Curiosidades que quizás nadie pidió pero k igual yo quiero decir:
*Jumatatea es una palabra en rumano. Estaba entre usar esa palabra o alma gemela en ruso, pero la neta, en ruso sonaba más feo.
*Gracias que me queme algunos capítulos de la serie turca "Resurección: Ertugrul" con mis familia es supe que es un "Bey", como un lider de aldea xd, y pos le puse así al casino de Abe por obvias razones.
*Este fic fue escrito con canciones de letras superficiales, música de antro y unas ochenteras, pero con melodías hipnóticas (mi amá me dio la vida, pero Modern Talking y Tove Lo las ganas de vivirla).
*El ingrediente principal para todo lo que hago es el odio.
*La mayor parte de este fic fue escrito en la madrugada, por lo que disculparan si hay cosas que realmente no tienen sentido, luego la queridisima compañera Brenda-I lo editara (si estas leyendo este ultimo asterisco es porque aun no se ha editado xd)
Si a alguien le quedó alguna duda, pregunte sin compromiso, que pa' eso estamos, nomas le encargo que comente con su cuenta y no como invitado porque pues ¿así como le respondo?
Euda
