Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling.

Nota: Lxs invito a dejarme un comentario si gustan. Gracias por leer.


La cascada de tu pelo enredado

Sube las escaleras con pesadez, refunfuñando, gira sobre sus talones en la primera habitación del pasillo, alza la mirada y ahí está él. A Ginny le da un vuelco el estómago, uno grande que se expande en pequeñas partículas por todo su cuerpo y termina abajo del abdomen. Sirius Black, recostado en el sofá, con la cabeza metida en el ejemplar matutino de El Profeta, ni se inmuta ante la grandilocuencia del efecto que genera en la pelirroja. Ginny respira pesadamente intentando controlar la explosión de sensaciones en su cuerpo, antes de emitir un tímido hola, que corta el ambiente y saca al hombre de su mutismo.

La mira brevemente y le dedica una sonrisa. A Ginny le invade una felicidad enorme e infinita, de tan solo poder compartir unos breves momentos con Sirius, es plenamente consciente de que el final de su estadía en Grimmauld Place se acerca.

— Eh Ginny!, ¿Ya está lista la cena? — pregunta él ya sin verle. Para ella el comentario es un zarpazo de realidad, un recordatorio de lo tangible y, en ese momento, desea ser una adulta. Desea ser adulta para poder hacer lo que en ese momento no puede por su condición de adolescente.

— No — le dice ella saliendo de su mutismo — pero si es verdad que el guiso ya huele bien —. Sirius la mira expectante, ella se acerca al sofá y le devuelve la mirada.

— Gracias por lo del otro día — comenta despreocupadamente mientras se recoge el cabello — siento que hayas tenido que escuchar las rabietas de mi madre — esboza una pequeña sonrisa mientras hunde los hombros. El hombre le sonríe jovial — Molly puede ser un tanto...abrazadora— dice riendo, la chica pone cara de circunstancia y revolea los ojos —. Pero es una buena mujer Ginny, y una buena madre. De verdad, no sabes lo que es tener una mala madre — los ojos se le oscurecen un poco y Ginny se apresura, intentando remediar su error.

— No quise decir — tartamudea — no quise decir que mi madre fuera la peor. Sé que no lo es...pero, a veces, se pasa — dice esto último rápidamente. — De todas formas, te lo agradezco Sirius — termina la chica.

— De nada pelirroja, cuando gustes— le guiña el ojo y ensancha la sonrisa. Ella se la devuelve un poco sonrojada. — Tendré que soportarlo — dice cruzándose de brazos; bufando se sienta a su lado.

— No te sientas mal Gin — dice tratando de reconfortarla, mientras se recarga en el respaldo del sofá.

— A veces, simplemente, debes dejar que las cosas pasen. — Entonces posa su mano sobre el hombro de la muchacha, es un gesto simple y cariñoso, pero Ginny se vuelve hacia Sirius con el corazón desbocado y el estómago lleno de pasión « y la mente sucia». Sacude su rostro para espantar la cadena de pensamientos y en ese momento se percata de su cercanía, y del brillo especial que rodea las pupilas del hombre.

—Tensa... — poco a poco, Ginny va saliendo del trance en el que se encuentra.

—¿Cómo? — parpadeó, lentamente.

—Que estas tensa Ginny— repitió el hombre con una mirada enigmática. Sonríe nerviosa queriendo salir de esa situación incómoda, si alguien entraba estarían acabados.

—Ven, deja que te haga masajes — Ginny, perpleja, parpadea mientras trata de disimular el estallido en su cuerpo, respirando lentamente. Sonríe y no sabe donde ubicarse. Se acomoda en el piso, entre las piernas de Sirius. Están muy cerca el uno del otro, cuando el hombre comienza a masajear sus omóplatos, el cuerpo de ella reacciona a su tacto y se le acelera el corazón mientras sus mejillas se tiñen de rojo escarlata. Las manos de Sirius recorren sus hombros y ella puede escuchar su respiración pesada e intensa, como todo él.

— Ginny — dice entonces.

— Hum— contesta ella saliendo de su mutismo. — Estas repleta de nudos, ¿qué has estado haciendo?, ¿levantando pesas? — ríe y continúa con su terapia, ajeno a la catarata de sensaciones que produce en la muchacha. Ginny se debate entre sus emociones, como una desesperada, y no se da cuenta cuando se le cae el cabello, interfiriendo en la tarea. Sirius lo toma entre sus manos con parsimonia, como si de una liturgia se tratase y lo peina con sus dedos. Ginny queda petrificada, contiene la respiración cuando él lo coloca sobre su hombro sintiendo el calor de su mano cerca de su rostro. Espera su retirada, conteniendo el aliento, y se desboca cuando siente su mano trepar por su cuello y terminar en su mejilla. Su respiración le hace cosquillas en el cuello desnudo, gira su rostro levemente y lo mira de reojo. Un calor sofocante inunda la habitación. El hombre acaricia su mejilla con la yema de los dedos y ella se siente capaz de morir.

— Oye Ginny — Ron entra en la habitación con pasos ruidosos y se detiene en seco al ver la escena. Ambos reaccionan, nerviosos, la chica se aclara la garganta y Sirius le sonríe. —Mamá...eh, bueno, ya esta lista la cena— dice confundido. Tiene el ceño fruncido y mira a Sirius con desconfianza, sin embargo se tranquiliza cuando Ginny ríe, y le dice que ha estado moviendo algunos muebles sin magia. Se tapa la vergüenza con el cabello, pero piensa que su hermano es tan distraído que quizá no ha visto nada, y se sorprende, nuevamente, con Sirius, quien ha recuperado su tono jovial en un santiamén.

Se sienta en una pequeña butaca escrutando la habitación, después de decirle a su hermano que no tiene apetito. Sabe que, probablemente, su madre la regañe y, casi puede apostar, a que su recluimiento levante más sospechas en su hermano. Pero ya nada de eso le importa, mira el tapiz y observa la decena de nombres borrados. Se recuesta en el viejo y polvoroso sofá, observando la primera plana del periódico, el mismo que Sirius ha estado leyendo hasta hace un rato. Su corazón aún late fuertemente y le tiemblan las piernas. Todavía puede sentir su aroma en la habitación, un fuerte aroma a colonia masculina que se mezcla con el polvo, la humedad y algún lejano vestigio de magia oscura que reside en la casa. Se revuelca en las mantas, rezando para que alguna maldita partícula de su alma se pegue a su cuerpo. Sonríe mientras recuerda la estrofa de una canción muggle que ha escuchado por ahí.

"It's been a long, long time

Since I've memorized your face
It's been four hours now
Since I've wandered through your place
And when I sleep on your couch
I feel very safe
And when you bring the blankets
I cover up my face".


Nota: La canción que recuerda Ginny es "Futille Devices" de Sufjan Stevens, que forma parte del soundtrack de la película "Llámame por tu Nombre". Nuevamente gracias por leer.