Capítulo 2
.
Luego de pasearse por el almacén, por lo que le pareció la centésima vez, se percató de que los últimos siete días habían pasado un tanto flojos. Solo se había dedicado a rectificar el inventario, atender los requerimientos administrativos y ver a la gente pasar. Infló una pompa con la goma que mascaba y caminó de vuelta a la tienda, tomándose su tiempo, viendo como la pompa se desinflaba lentamente y le permitía ver el resto del pasillo de nuevo. Habría sido una semana aburrida, en toda la extensión de la palabra, si no hubiese estado viviendo con la anticipación, que le provocaba un ligero cosquilleo en las manos cuando no las estaba ocupando.
Llegó al frente de la tienda y se acomodó detrás del mostrador. Dos sonidos cortos la obligaron a desviar la mirada y sacar su teléfono móvil de su bolsillo. El foquillo parpadeaba con una luz roja, indicándole que tenía un mensaje sin leer. Recargando el mentón en su palma, arrastró el teléfono por el mostrador y oprimió un botón; sus ojos observaron el remitente unos instantes y luego apagó la pantalla, e ignorando por completo el mensaje, arrojó el móvil dentro de un cajón, el cual cerró con decisión. Clavó la mirada, y su atención, en las gráficas que mostraba la pantalla del computador y se recargó despreocupada en la silla, al confirmar que sus números estaban en orden.
Era consciente de que, inadvertidamente, sus ojos habían buscado a la rubia de días atrás entre todas las personas que habían desfilado por el centro comercial aquella semana, sin encontrarla, obviamente. Y aunque no le molestaba, porque era una mujer madura y comprendía que no siempre las cosas salían como ella quería… había algo que no le dejaba del todo tranquila. Golpeó con su palma la superficie del mostrador y observó por el rabillo del ojo a su empleada, la cual caminó de inmediato al exterior de la tienda, en un intento infantil por alejarse de ella e invitar a pasar, con voz melosa, a las personas que andaban por el centro comercial.
Suspiró y ojeó la revista que le había entretenido aquella mañana y que ya no tenía nada que ofrecer, aferrándose a ella en un intento por no navegar en las redes sociales y buscar a aquella rubia en sus amigos en común, como si fuera alguna clase de colegiala incontrolable. Infló una pompa con la goma de mascar y la observó desinflarse lentamente, para volver a mascarla y repetir aquella pequeña rutina unas cuantas veces… aunque hacía poco menos de una hora que había perdido por completo el sabor.
Entrecerró los ojos.
¿Le habría parecido demasiado informal recibir un número de teléfono en el ticket de compra? Una semana era tiempo suficiente para esperar una llamada o que la persona en cuestión mostrara alguna clase de interés…
—Ni hablar… —murmuró, arrastrando la revista lejos de ella.
Había sido rechazada, de manera torpe… y aunque rara vez se equivocaba, y a pesar de que la muchacha había negado su gusto por una mujer, la manera disimulada en que le había buscado entre la gente antes de salir le había dado un atisbo de esperanza. Se había tardado un poco en comprender que, en lo más profundo de su ser, había tenido la certeza de que aquella mujer iba llamarle. Pero su teléfono no había recibido ninguna señal de interés… obviamente.
¿Quizá eso era el 'algo' que le había estado molestando todo ese tiempo?
—Ni hablar —repitió, sacando el teléfono del cajón.
Contestó en silencio el mensaje de Karui y pasó la tarde entera esperando que las ventas mejoraran… ya estaba harta de los días flojos.
No sé si traer el resto de los capítulos… decisiones, decisiones.
Republicado: Miércoles, 02 de enero de 2019
Publicación original: Martes, 14 de noviembre de 2017
