NA: Los personajes de Digimon no me pertenecen

Espero les guste esta historia.


Un joven alto, rubio, de ojos azules tan fríos como el hielo, caminaba algo desesperado de un lado a otro en un salón de clases ¿Qué le pasaba? Ni él podía creerlo, desde niño había sido asediado por muchas mujeres, con algunas se divertía un rato y con otras simplemente no les daba esperanzas. Usualmente las afortunadas solían tener su edad, 24 años, si acaso unos 3 años menos o más, pero jamás superaban ese rango.

Desde que se graduó con honores de la universidad de música había comenzado a impartir clases en distintos colegios, no era que aguantara a los mocosos a los que tenía que dar clases, pero se encontraba haciéndole un favor a su madre, que era directora de una preparatoria, sin mencionar que era una buena oportunidad para ver a su hermano Takeru y convivir con Taichi, su mejor amigo desde que tenía memoria.

No podía negar que cuando comenzó su trabajo como maestro muchas jovencitas se empecinaban en conquistarlo, pero él siempre les había dejado muy claro y a veces de forma muy cruel, que él jamás se interesaría por niñas tan pequeñas… pero esa niña… ella

- ¡Rayos!- masculló

Evoco a su mente a esa niña que lo haría flaquear, ella apareció en su vida hace casi 1 año, esa niña con cabellos ondulados hasta la espalda, con ojos tan dulces que parecían ojos de un bebé, llenos de pureza e inocencia, esa carita similar a esas muñecas de porcelana, blanca y limpia, su sonrisa, siempre llena de alegría ¡Dios! ¿Por qué tenía que pasarle esto a él?

Lo había intentado todo ¡Todo! La cambio de clases, se la asigno a otros maestros, incluso llegó a decirle que como ella era la cantante estrella del instituto no era necesario que se presentara a sus clases, incluso llegó a disolver la banda que había formado en el instituto, sin embargo esa niña siempre asistía ya que otros maestros se reusaban a tomarla dado a que ella era realmente buena en lo que hacía y solamente el mejor maestro era capaz de enseñarle cosas que ella no conociera ¡Ella siempre estaba ahí! ¡Siempre se la encontraba! ¡Siempre encontraba una manera de estar a su lado! No estaba seguro si era casualidad o si el destino era realmente cruel con él, pero verla todos los días era realmente un martirio, ya había flaqueado una vez al aceptar convivir con ella fuera de clases mientras ensayaban las canciones que él solía componerle, amaba convivir y estar con ella, quería observara el mayor tiempo posible y eso estaba a punto de volverlo loco ¡Tenia que alejarla de él, si no, no sabría cómo controlar sus actos!

- ¿Maestro Yamato?- se escuchó una voz a su espalda

El oji- azul o pudo evitar tensarse al escuchar esa dulce voz, otra vez era esa niña, esa niña que había conseguido quitarle el sueño, esa niña que era su alumna más pequeña en las clases, la niña que no se rendía.

- Tachikawa- dijo muy serio

La castaña no pudo evitar sentirse algo decepcionada ya que aquel rubio del que estaba perdidamente enamorada parecía no hacerle caso ¿Qué había sucedido? ¡No podía entenderlo! Hace unas cuantas semanas todo iba muy bien entre ellos. Si bien, el Maestro Ishida jamás le había dado a entender que estaba interesado en ella, pero nunca se portaba así de frio, generalmente con ella siempre fue atento, tierno y amable, incluso en las noches cuando algo la contrariaba sabia que siempre podía contar con él, pero ahora… ya no contestaba sus llamadas y la miraba con desprecio.

- Esto…. Quería saber si podía hablar con usted- dijo lentamente

- ¿De qué quiere hablar señorita Tachikawa?- dijo dándole la espalda mientras ordenaba algunos papeles

- Quería pedirle disculpas- dijo algo tímida

Yamato al escuchar esto no pudo evitar sentirse sumamente sorprendido ¿Disculpas? ¿Por qué? Él no sabía que la castaña hubiese hecho algo para pedirle disculpas, en cambio siempre fue una estudiante ejemplar, ordenada, comprensiva, dedicada, tierna, amable, dulce, a veces con aires de diva, pero siempre lograba hacerla aterrizar en la realidad y aun que le costaba admitir que se equivocaba, siempre hacia lo correcto, siempre era ella misma.

- ¿Disculpas?- dijo algo incrédulo mientras la miraba- ¿Por qué?

Mimi no pudo evitar sonrojarse un poco al ver el semblante sorprendido de su maestro, casi nunca se podía apreciar algo como eso, el maestro Yamato Ishida siempre se había caracterizado por ser alguien serio, alguien a quien no se le podía sorprender fácilmente, y ahí estaba ella, mirando el semblante de sorpresa de su príncipe azul

- Es que- dijo algo nerviosa- no sé que le hice, pero estoy segura que debió de ser algo muy malo como para que me comenzara a tratar así- dijo mientras hacia una reverencia- ¡Le pido que me perdone!

Yamato realmente se encontraba desorientado ¿le estaba pidiendo disculpas por su cambio de actitud para con ella? ¡No podía creerlo! Su corazón se encogió un poco y la miró con más detenimiento. En verdad era una mujer hermosa, tenía todo lo que un hombre pudiese desear, era una mujer talentosa, tenía una voz maravillosa, antes de descubrir lo que comenzaba a sentir por la castaña siempre se encontraban por las tardes en el salón de música para que ella cantara las canciones que él componía especialmente para ella; físicamente también era el sueño de todo ente masculino, delgada, de cabellos ondulados, castaños hasta la espalda, una piel suave, nívea, unos ojos grandes y expresivos color caramelo, unos rasgos finos, una sonrisa que era capaz de alegrarle el corazón a cualquiera y unos labios… Dios, mataría por besar esos labios.

Sin darse cuenta había comenzado a acercarse lentamente a la castaña, quedando justo al frente de ella, ensimismado viendo los rasgos que la caracterizaban. Recordó todos los momentos que pasaron juntos desde que ella había ingresado en la escuela, lo mucho que le había agradado que ella lo buscara para pedirle asesorías tanto musicales como para convertirse en su confidente… recordó como sin darse cuenta se fue enamorando de esa niña. Se golpeo mentalmente. ¡Tenía que hacer algo! O si no haría algo de lo que tal vez le haría perder la poca cordura que le quedaba.

La castaña por su parte estaba algo nerviosa, su querido maestro había comenzado a acercarse a ella, con una mirada que ella muy pocas veces había visto en él, esa mirada que pasaba fugazmente en sus ojos para dar cabida a una más seria tan rápido, que parecía que la mirada anterior había sido una alucinación. El corazón le comenzó a latir extremadamente fuerte cuando él la tomo del brazo y comenzó a acercarse lentamente a su rostro. ¿Podría ser que todo lo que había soñado estuviera a punto de hacerse realidad? Cerró los ojos, esperando el rose de sus labios

Esos labios realmente lo estaban invitando a cometer una atrocidad, pero realmente eran labios que se veían tan apetitosos, y ella estaba con los ojos cerrados y algo sonrojada, esperando a que sus labios invadieran los suyos, solo era cuestión de unos cuantos centímetros y… ¡¿Qué estaba a punto de hacer!? Sin desearlo realmente se separo bruscamente de ella ¡No podía besarla! ¡Ella era su alumna! ¡Su alumna 6 años menor! Tenía que hacer algo rápido, tenía que alejarla de él nuevamente, no sería capaz de detenerse en algún momento similar a ese.

L a castaña lo miraba sorprendida y decepcionada, en verdad no se esperaba que la separara de esa forma tan brusca, estaba algo triste por ello ¿acaso era tan fea? No… no era eso, seguramente el maestro solamente quería quitarle una basura y al ver su comportamiento decidió retirarse…. ¿Cómo fue tan ingenua para creer que se fijaría en ella, qué la besaría?

- Vete- susurró Yamato- No hay nada de qué hablar

- Discúlpeme- dijo la castaña – No quería incomodarlo

- No- dijo- no me incomodaste, no te preocupes

Mimi simplemente asintió y comenzó a hacer ademan de retirarse, espero unos segundos, pero Yamato no volvía a mirarla, en verdad se debía de haber incomodado mucho con el comportamiento tan irrespetuoso de la castaña, no debía de haber hecho eso ¿pensar que la besaría? ¡Qué ilusa! Solo esperaba que no cambiaran las cosas entre ellos, no más de lo que ya habían cambiado. Sin quererlo recordó que Miyako y Hikari decían que cuando ellas hacían rabiar a sus novios negándoles un beso siempre se portaban algo molestos un tiempo, decían que un beso podía cambiar totalmente una relación, incluso aunque no hubiese una y era totalmente cierto, cuando su amigo Michael había intentado besarla ella simplemente lo rechazo de la manera más cortés que pudo y después de eso nada entre ellos volvió a ser igual ¿seria de la misma manera con el Maestro Ishida?

Yamato estaba controlándose con toda su fuerza de voluntad, se aferraba a su escritorio, deseando tener toda la fuerza necesaria para no ir tras ella y besarla como tanto lo había deseado desde hace un tiempo, tenía que cambiar para con ella aunque a ninguno de los dos le agradara la idea, tenía que hacerlo si quería salir bien parado de todo ello. Había esperado un tiempo a que sonara la puerta, siendo esa una señal de que la castaña había abandonado la habitación, pero aun no se escuchaba nada, suspiro profundamente, seguro la castaña se había olvidado de cerrar la puerta, giró y se encontró con la castaña mirándolo de manera intensa, sin desearlo su corazón comenzó a palpitar realmente fuerte ¿Por qué estaba latiendo de esa manera? Jamás había latido así antes, no era de esos latidos similares a los nervios de un concierto o cuando se encontraba en una situación dolorosa, eran similares a los que sentía cuando era una adolescente apunto de confesar su amor ¿pero porque latía así ahora? ¿Acaso se estaba enamorando?

- Maestro Ishida- dijo la castaña mientras se acercaba- Eso no cambiará nada ¿No es así?

El rubio parecía perdido ¿Qué había dicho? ¿Qué no cambiaría nada? ¡Claro que tenía que cambiar! Si no lo hacia esa niña podría sufrir mucho y eso era algo que él no iba a permitir, que él hubiese intentado besarla debería de haberla dejado con serias acusaciones en su contra y realmente era algo incorrecto ¡Claro que tenía que cambiar!

- El hecho de que yo quisiera besarle- dijo nuevamente la castaña- no va a hacer que algo cambie ¿verdad?- dijo ocultando su rostro con sus cabellos- prometo no volver a hacerlo, incluso prometo olvidarme del amor que siento por usted, pero por favor- dijo alzando el rostro con unas cuantas lagrimitas escociéndole los ojos- por favor, no quiero que nada cambie

La castaña no pudo evitar que dos lagrimas se resbalaran por sus mejillas, en realidad se encontraba muy asustada, no precisamente por lo que acababa de hacer, estaba feliz con pensar que casi se besa con la persona que había cautivado su corazón desde que lo vio caminando por el pasillo, lo que la asustaba era pensar que esa persona ya no quisiera tratarla por lo que acababa de acontecer, eso no sería algo que podría soportar.

Yamato se encontraba helado, ella había dicho que fue ella quien quería besarlo, que ella sentía amor por él ¡Esa niña estaba loca! ¿Cómo podía sentir algo por una persona que era tan mayor? No era posible, una cosa es que el sienta algo por ella, según sabia era bastante normal que un joven se sintiera atraído por una mujer atractiva, pero solamente eso atracción, ya que debía de guardar distancias, pero que una niña como ella sintiera "amor" por alguien como él, por alguien de su edad… eso si que no era bien visto ni aquí ni en ninguna sociedad del mundo. La miró, ahí frente a él intentando hacerse la fuerte, su corazón se contrajo de dolor durante un segundo, quería abrazarla y darle calor, decirle que no se preocupara que todo estaba bien, que nada cambiaría entre ellos, quería confesarle lo que estaba comenzando a sentir, pero eso no estaba bien, eso era demasiado… lo mejor era que se marchara.

- Mimi- dijo usando un tono algo dulce debido a sus sentimientos por la castaña- es algo tarde, debes irte

Mimi lo miró con duda en los ojos, ¿a caso él no la había perdonado? ¿Acaso había sido tan malo lo que hiso? No pudo evitar sentir una punzada en su corazón, se sentía tan tonta por no poder controlarse.

El rubio logró ver la duda en los ojos de la castaña, estaba realmente consternada por ello. La ternura lo embargo, en realidad esa niña se había ganado su corazón a pulso y aunque no pudiesen estar juntos debido a sus edades y a su relación maestro alumna, la protegería.

- No te preocupes- dijo mientras la ayudaba aponerse de pie- no cambiará nada ¿Está bien?

La castaña se limito a asentir lentamente

- Vamos- dijo- es tarde, es mejor que te marches

Dicho esto la castaña se marcho algo triste, cosa que ignoraba totalmente el rubio, estaba de esa manera porque sabía que aquello que él le había dicho era una vil mentira, estaba completamente segura de que las cosas entre ellos cambiarían, ahora él ya no podría portarse de la manera en la que solía hacerlo, ¿por qué? Porque ella había cometido la estupidez de decirle que lo amaba antes de tiempo.

- Tal vez lo mejor sea poner distancia- dijo mientras se alejaba de la escuela- Si… deberé poner distancia

Mimi llegó a su casa antes de lo pensado, ahí la estaban esperando Hikari y Miyako, listas y dispuestas para escucharla, nunca había podido explicar el vínculo que las unía, pero realmente era especial, siempre que alguna de ellas se encontraba mal, de alguna manera las otras dos lo sabían. Se acerco a ellas y comenzó a llorar, Hikari y Miyako no entendían bien lo que le sucedía a su amiga.

Las chicas escucharon con atención todo lo que Mimi les contaba, desde el extraño comportamiento que tenía el maestro Ishida para con ella, hasta su repentina confesión de amor para con él. Ellas solamente la miraban entre sorprendidas y algo entristecidas, sabían que su amiga tenía razón, si no quería que le doliera más la distancia que pondría el Señor Ishida, lo mejor era que ella no se hiciera ilusiones y comenzara a poner su distancia de igual manera, así dolería, pero no tanto como soportar su lejanía.

- Esta bien Mimi- dijo Hikari- es lo mejor que puedes hacer

- Si- la secundó Miyako- Nosotras te ayudaremos, no estarás sola

La castaña las miro y las abrazo nuevamente, siempre solía contar con sus padres cuando algo malo le sucedía, pero había algunas ocasiones que sin duda alguna, su mejor remedio eran sus amigas.

- Gracias

Lo pensó mucho, ¿Debía hacerlo? ¿Debía despedirse? ¿Sería lo correcto? El corazón le latía a mil por hora, no estaba segura de nada, pero algo en su interior le decía que debía hacerlo, sin pensarlo sacó su celular y antes de arrepentirse escribió el mensaje, esperando que pudiese perdonarla.

Después de su encuentro los días pasaron lentamente para Yamato, si bien se había propuesto marcar distancia entre él y la castaña, ahora no sabía bien que era lo que sucedía. La extrañaba, sin duda alguna la extrañaba más de lo que imaginó, añoraba su aroma a manzanilla, sus espesas pestañas y el brillo de sus ojos. En verdad se encontraba desesperado, pero no podía flaquear, aunque ella se arreglara de esa manera, seguía siendo solamente una niña y él no podía estar con ella.

Sin pensárselo mucho tomó su celular y leyó por enésima vez el último mensaje que le había dedicado la castaña.

- Dios – Masculló - ¿Por qué tiene que ser tan joven?


Bien bien ¡Matenme! No los deje juntos, pero es que aún no se puede.

¡Ojala disfrutaran este capítulo!