Capítulo 3

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Dejó caer la cesta con ropa sucia frente a la máquina que prefería y agradeció que el cuarto de lavado estuviese desierto. Comenzó a separar la ropa por colores y revisó a consciencia los bolsillos de cada una de sus prendas, antes de arrojarlas a la lavadora; sonrió triunfante al mover los dedos y sentir un papelillo en uno de los bolsillos. Lo dejó de lado e ignoró el tiempo que tardó en terminar de separar la ropa y luego de encender una de las dos máquinas que ocuparía, tomó de nuevo el papelillo y lo inspeccionó con las cejas juntas, sin poder recordar cuando había comprado goma de mascar por última vez; cerró de manera distraída la lavadora y el papel se escapó de sus manos, cayendo al suelo y mostrando lo que había escrito al reverso.

Lo observó unos segundos, confundida, pero pronto sus mejillas se colorearon al recordar el suceso bochornoso en la zapatería y levantó el papel tan rápido, que le sorprendió no haber perdido el equilibrio.

—¿Qué vas a lavar?

—¡Ay! ¡Esa maldita manía tuya de…! —se giró, sobresaltada por el usual sigilo de su hermano menor, y miró a Gaara, sin poder calmar su sonrojo. —Todo.

—¿Qué te pasa?

—Nada.

—¿Qué tienes?

—Nada.

—¿Qué tienes ahí?

Apretaba el ticket en su puño, mientras el sonrojo volvía a sus mejillas. —… un ticket.

Los ojos aguamarina la miraron de manera distinta. —Me refería a la lavadora.

Observó la máquina que señalaba el muchacho y maldijo por dentro, había caído en su juego de palabras. A pesar de que el gesto no le había cambiado un ápice a Gaara, Temari sabía que no podría fingir demencia e ignorarlo, él tenía una idea ahora y aunque no podía formar aún un concepto y no le confrontaría al respecto, ni la molestaría con ello, tendría de ahora en adelante el tiempo para hablarlo si ella se decidía a hacerlo. Apretó los labios y le tendió la mano, con la palma hacia arriba, esperando la prenda.

—Por favor —murmuró Gaara, entregándole la camisa.

Temari la arrojó dentro de una lavadora, demasiado consciente del ticket en su puño.

—Kankuro quiere cenar fuera, ¿se te antoja algo?

Negó un par de veces y le sonrió, en un intento por hacerlo olvidar. Gaara asintió y salió del cuarto de lavado. Temari pasó el tiempo ahí dentro, fingiendo que leía un libro, pero preguntándose qué era lo que Gaara había visto y buscando con desesperación una excusa para el comportamiento de su hermano.

Pero la duda volvía a treparle por el hombro.

Dobló y acomodó la ropa de manera distraída, mirando de reojo la bolita de papel que descansaba a lado del libro. Sin poder evitarlo, cerró los ojos, mientras aquel recuerdo hacía eco en su cabeza.

'¿Estás segura?'

Abrió los ojos y casi dobló la ropa de mala gana, mientras un gesto de fastidio comenzaba a adornarle el rostro.

'Es raro que me equivoque…'

Arrojó el resto de la ropa a la cesta, de pronto se sentía malhumorada y las ganas de llevarse las manos a la cara casi le escocían en las palmas.

'¿Estás segura?'

—¡Por supuesto que estoy segura! —gruñó, sin poder deshacerse del eco.

—¿Con quién hablas?

Se encogió un poco y miró hacia la puerta, derrotada, Kankuro dejaba salir una risilla mientras la miraba. Exhaló lentamente e intentó volver su gesto un poco más amigable, pero notó que detrás del moreno se encontraba Gaara, que le miraba detenidamente, con el cejo ligeramente fruncido. Rectificando.

—Con nadie que te importe, idiota —contestó al fin.

—Loca habla-sola.

Molesta, se quitó una sandalia y se la arrojó. Escuchó la risa de Kankuro alejarse y a Gaara pedirle que no le empujara. Arrojó su libro en la cesta y aferró en una de sus manos el ticket; caminó con un pie descalzo hasta alcanzar su sandalia y el camino de vuelta al apartamento no fue más tranquilo que el tiempo de espera en el cuarto de lavandería.

No se topó con ningún vecino, ni con sus hermanos.

Una vez en la seguridad de su habitación se sintió capaz de abrir la mano y observó el papel arrugado, a pesar del ligero sudor pegajoso de sus palmas, los trazos seguían siendo legibles. Un murmuro ininteligible escapó de sus labios y rompió el ticket, tantas veces como necesitó para que su tranquilidad volviera; arrojó los trozos en la basura y se sentó en la cama, abanicándose con la mano en un intento por deshacerse del fastidioso calor en sus mejillas.

Observó la caja en la que habían estado las zapatillas deportivas y apretó los ojos, negando de nuevo, avergonzada.

'Es raro que me equivoque…'

Se dejó caer en la cama y se cubrió el rostro con el antebrazo. Tenía una compra que hacer y la había pospuesto, e incluso olvidado, en su desesperado intento por no llegar al centro comercial que le quedaba de paso… y evadir a la rubia que le había invitado a salir. Incluso recordaba haber pensado en ir a otro centro comercial.

Se comportaba como una mocosa asustadiza de secundaria.

—No seas ridícula, Temari…


Yes, yes... me decidí a publicarlo.

Publicación original: Martes, 05 de diciembre de 2017

Re-publicado: Viernes, 01 de marzo de 2019