Capítulo 6
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Aunque no era una de esas personas a las que llaman 'tempraneros', tampoco solía dormir hasta el mediodía, pero siempre agradecía poder quedarse en la cama poco más tarde de las ocho de la mañana. Y aunque no solía despertar por si misma antes de que el sol saliera, aquella mañana se sorprendió fingiendo que dormía a las cuatro de la mañana; lo que creyó un extraño insomnio que pasaría en media hora, se convirtió en una madrugada sin descanso que se extendió hasta que ya era de mañana.
La voz de aquella rubia se mantenía como un eco distante en un rincón de su memoria, mientras intentaba contar corderos, aclarar su mente o hipnotizarse a sí misma hacia el sueño. Las palabras no le llegaban completas la mayor parte de las veces, gracias a sus numerosos intentos por mantener el recuerdo bien alejado del presente, pero lo poco que alcanzaba a escuchar casi le provocaba cubrirse el rostro con la almohada para poder gruñir sin despertar a alguien.
Se levantó, más por el fastidio, que por necesitarlo, a las seis de la mañana y, naturalmente, estaba de mal humor.
Sería una exageración decir que tenía el peor humor en las mañanas, además de un gesto soñoliento y ceñudo, el silencio y un esporádico gruñido no eran extraños en ella, y no se convertía en una neurótica si alguien le dirigía la palabra. Pero no era tonta, y aunque intentara evadir ciertos detalles, esa mañana incluso Gaara se había quejado de su actitud, a pesar de lo reservado y respetuoso que solía ser; Kankuro era una historia completamente diferente y alguien a quien no quería ver en lo que restaba del mes. Farfullando le había dado un palmetazo en la espalda antes de salir, en un intento por deshacerse de algún modo de sus frustraciones y el mal genio.
El tráfico de aquella mañana no le ayudó en absoluto a calmar su mal humor, aunque una extraña sensación de ansiedad y nervios comenzaban a tomar el poder de su cuerpo. Apretó las manos sobre el volante y miró la hora. Ahora que se encontraba sola, entre los autos que se movían a una velocidad que dejaba mucho que desear, comenzaba a ver las cosas con la cabeza un poco más fría… y a creer que había reaccionado de manera exagerada a los coqueteos de la dependienta de su zapatería preferida.
¿Y si mejor se olvidaba de todo eso y no volvía?
—¡¿Qué está pasando?! —dijo, cubriéndose el rostro con las manos.
~oOo~
No se consideraba una persona adicta al café y en realidad lo prefería descafeinado, pero de vez en vez una taza de esa bebida amarga no le venía mal a nadie, ni siquiera a ella, y considerando sus costumbres y preferencias, muchas veces era más bien una parte de su almuerzo y no un antojo inesperado, aunque si una adición espontánea… si podía llamársele de esa forma. Así que esa mañana, si había hecho una parada en la cafetería que quedaba a unos cuantos metros de la zapatería, había sido por el simple hecho de darse un gusto y por su desesperada necesidad de cambiar ligeramente su día a día.
Estaba harta de la rutina floja de esas semanas.
—¿Planeas bebértelo ya?
Miró a la dueña de la cafetería y se encogió de hombros. Los ojos claros le miraron un momento, antes de posarse sobre la caja registradora.
—Quizá quieras esperar un poco más…
—Muy bien —concedió, pagando la cantidad justa y observando el pasillo.
Para variar, ya mascaba goma de mascar esa mañana.
Miró sin interés alguno, sabiéndose de memoria los pasillos, los banquillos y botes de basura, y los aparadores y las vitrinas. Estaba enferma de los colores neutrales de las paredes, con sus deliberados salpicones de color detrás de vidrios o sobre las puertas; no se quejaba de las personas, pero aquel sitio comenzaba a convertirse en algo similar a una cárcel de cristal. Casi suspirando se sentó en una de las pequeñas mesillas que estaban más cerca de los pasillos y miró al frente, sin expectativa alguna.
Una creciente necesidad la molestaba un poco más cada mañana. Ansiaba tener algo de emoción en sus días.
Infló una pompa, escondiendo aquel escenario detrás de la goma, mientras tamborileaba los dedos sobre la reluciente superficie que la empleada se había encargado de lustrar más temprano.
Aunque 'la desconocida' no ocupaba sus pensamientos las veinticuatro horas del día, se colaba de vez en cuando en su mente. La recordaba, ligeramente tímida y avergonzada, mientras esperaba que le cobrara y, aunque no solía preferirlas introvertidas, el semblante que había visto aquella tarde le mantuvo soñando despierta unos minutos. Esperaba una llamada o cualquier tipo de contacto, no lo negaba, el hecho de que revisara su teléfono cada veinte minutos lo reiteraba; al mismo tiempo no tenía demasiadas esperanzas.
Y la curiosidad le picaba demasiado las costillas.
Cuando la pompa perdía cuerpo, sus ojos se preparaban para ver la misma escena de siempre, eternamente grabada en su memoria, pero le sorprendió encontrarse con la figura de la rubia que había acaparado sus pensamientos en momentos de ocio. Salía de su tienda y parecía molesta. Un poco preocupada de que su trabajadora no hubiese hecho un buen trabajo, miró hacia la cocina, en un intento por encontrarse con la dueña del lugar.
—¿Hinata-san?
Los sonidos del otro lado de la puerta le indicaron que quizá no había sido escuchada. Se levantó lentamente de la silla y miró de nuevo hacia el pasillo, la rubia había tranquilizado su andar y parecía respirar profundo. En una posición incómoda, la miró acercarse a la cafetería a un ritmo menos amenazante. Volvió a sentarse y observó a la muchacha pasar de largo, hasta quedar frente a la caja registradora. Al parecer leía el menú. Miró su teléfono móvil y luego miró al frente, ligeramente decepcionada, no tenía un mensaje o una llamada perdida de un número desconocido. Miró por el rabillo del ojo la espalda de la rubia que ya era atendida por Matsuri y luego volvió la mirada hacia la mesa.
Quería hablarle.
Temari resopló luego de pedir un refrigerio y un té, y caminó hacia una de las mesas. Al sentarse sintió que su cuerpo parecía desplomarse en la silla y le sorprendió lo tensa que había estado esas últimas horas. Miró su teléfono, en un intento por matar el tiempo, y luego paseó la mirada por el lugar, curiosa, consciente de que había alguien más desayunando ahí. No reparó en la mujer que se sentaba a un par de mesas de ella y volvió la atención a su teléfono, completamente ajena a sus alrededores.
Samui miraba hacia el exterior y recargaba la mejilla en una mano.
—¡Temari-san!
Las dos rubias levantaron la mirada. Hinata salía de la cocina y sonreía a Temari, que se levantó de la mesa, sorprendida, para saludarla.
Se envolvieron en una conversación, que Samui ignoró por completo. Inflaba una pequeña pompa, al tiempo que sus ojos se clavaban en un punto fijo e indefinido, en su cabeza solo rondaba el nombre que había buscado días atrás y que acaba de escuchar por simple y llana casualidad. Las miró de soslayo unos momentos, captando el momento justo en que se despedían y desvió la mirada de inmediato, para fingirse ajena a todo ello.
Hinata se despidió de ella con un gesto de la mano al salir y no tuvo que mirar hacia la otra mesa para saber que Temari la miraba fijamente. Bajó la mirada a sus manos y mascó lentamente la goma de mascar. Esperaba que Temari se acercara a ella, pero en medio de sus pensamientos, se decidió por mirarla y no le sorprendió encontrarse con sus ojos. Sostuvo la mirada sin problemas y casi sonrió.
Temari casi sintió que era empujada y tuvo que emplear toda su fuerza de voluntad para no dar un paso hacia atrás y no bajar la mirada cuando se encontró con el rostro serio y los ojos azules de la mujer que había ido a buscar. El corazón le dio un extraño vuelco y el nerviosismo le produjo un desagradable cosquilleo en la boca del estómago.
—Hola…
Temari apretó los dientes al escuchar la voz monótona y ver el gesto indiferente, que solo lograba causarle más sensaciones de enojo y confusión de las que había sentido desde la noche anterior.
Yo sé que escribir acá a veces es como hablarle a la nada, pero: Tengo una playlist que me sirve de musa para esta historia y hoy descubrí una nueva canción y la agregué, pero la he estado escuchando en repeat todo el sacrosanto día y las ideas no se traducen DX.
Publicación original: Jueves, 1° de marzo de 2018
Re-publicado: Viernes, 03 de mayo de 2019
