Capítulo 8
.
Samui ladeó ligeramente la cabeza, sin llegar a ser completamente consciente del efecto que aquellas palabras tendrían en Temari, a quien la pregunta había tomado con la guardia baja.
Se quedó sin palabras y las buscó con desesperación, mientras se contenía de separar los labios y parecer una idiota. Casi rio por lo absurdo que aquello le resultaba, mientras negaba suavemente y se frotaba la frente. Nunca creyó que una mujer pudiera parecerle más intimidante que un hombre al invitarla a salir.
… miedo.
—A nada —aseguró. Con dificultades, que disimuló a la perfección, recuperó su postura y se acomodó el bolso sobre el hombro.
Asintió y bajó la mirada a la mesa unos momentos. —Al menos dime tu nombre… me gusta saber el nombre de quienes me rechazan —murmuró, fingiendo ignorancia.
El silencio las envolvió poco más de un segundo, luego de eso, los ojos azules volvieron a enfrentar a la persona que tenían al frente. Temari había dejado caer los hombros, no como señal de derrota, pero de confusión.
—¿Qué quieres lograr? —preguntó al fin, con la garganta ligeramente seca.
Se encogió de hombros. —Hablar contigo, supongo.
—No estoy interesada.
—Que fría… —se frotó el cuello de nuevo y miró hacia un lado.
Aquella frase tan trivial le provocó un rechazo que nunca antes había experimentado… no recordaba haberse sentido así de estúpida en su vida. Había hablado frente a grupos de personas, dirigía un equipo de trabajo, exponía en juntas y convenciones… y durante el trayecto al centro comercial había pensado en un dialogo fluido que le dejara claro a la muchacha que no tenía intenciones de conocerla, pero todo se había ido al traste al verla. Miró el suelo unos momentos, sin dejar de apretar una de sus manos sobre su bolso, se sentía tan novata como en la secundaria.
—Me llamo Samui —insistió, con tono aburrido y levantando un poco la voz, pero sin mirarla.
—No me importa —respondió, levantando una mano en un intento por cortar con aquella conversación y se giró.
Miró hacia la puerta por la que desaparecían los trabajadores en esa cafetería, desesperada, Matsuri no parecía tener intenciones de salir pronto de la cocina. Dentro de todo el enojo que sentía, algo de curiosidad surgió y las ganas de mirar atrás comenzaron a rondarle la cabeza, pero no se permitió tal estupidez. Sonrió ligeramente, ante la ironía de la situación y lo divertido que probablemente le parecería en unos años, cuando aquello solo fuera el distante recuerdo de un mal rato.
Samui contuvo un suspiro y recargó el mentón en su puño, clavando la mirada al frente. Hacía tiempo que no se esforzaba por extender tanto una interacción y, aunque no le molestaba, le preocupaba en momentos. Miró por el rabillo del ojo la silueta de Temari y apretó un poco los labios, resignándose a dejar ir aquella insistente fijación con la persona más clara que había conocido en un tiempo.
Matsuri salió entonces de la cocina y deslizó sobre la barra el desayuno de Temari, que no tardó en tomarlo. Intento salir -huyendo- de la cafetería pero Matsuri la entretuvo unos segundos con una animada conversación.
—¡Envíale mis saludos a Gaara-sensei!
—Claro, de tu parte.
Se giró, un poco más tranquila, y la sonrisa que adornaba su rostro casi pareció estrellarse al ver que Samui volvía a mirarla desde su silla. Clavó la mirada al frente y, luego de acomodarse la blusa, caminó con paso decidido al exterior de esa cafetería y del infernal centro comercial.
Las palabras de Samui resonaban en su cabeza y, convenciéndose de que sentía pena por ella, casi se detuvo a la altura de la mesa. Y sin mirar, ni detenerse al pasar frente a la única mesa ocupada, dijo sin más:
—Temari.
La mano que masajeaba el hombro cayó suavemente sobre la mesa, le costó unos segundos comprender lo que había sucedido; el entendimiento que la había golpeado antes se convertiría lentamente en un triunfo. Sonriendo, suavemente, mantuvo la mirada en la figura que se alejaba, mientras sus manos jugaban con el vaso de café que había esperado por horas. Mentiría si dijera que no la buscaría en redes sociales en cuanto tuviera su teléfono en las manos, pero tampoco lo haría si aseguraba que no incomodaría a Temari con solicitudes.
Al menos, no pronto.
Miró el vaso de café y se obligó a borrar la sonrisa de su rostro.
Estaba de buen humor.
Estaría de buen humor por mucho tiempo.
Temari cerró los ojos y exhaló al saberse segura, fuera del centro comercial y dentro de su auto. Miró el desayuno que descansaba en su regazo y al cual aún se aferraba una mano que temblaba ligeramente. Su cuerpo volvía a relajarse, demostrándole una vez más lo tenso que había estado, y mientras sus ojos se dirigían lentamente hacia el cielo del vehículo, en su mente se repetían una y otra vez las imágenes de momentos antes.
Cerró los ojos de nuevo y negó una sola vez.
Todo el día le acompañaron los recuerdos de esa mañana, y los días anteriores, y no había podido concentrarse del todo durante el trabajo. Contrario a lo que había imaginado, al llegar a casa no había intentado arrancarse el cabello, ni amenazado con provocarse una apoplejía. Simplemente se había dejado caer en un sillón, frente a un televisor apagado, y se dedicó a mirar el techo en silencio el tiempo que le duró la soledad en aquella habitación.
—¿Estás bien?
Enderezó el cuello y miró a Gaara, fijamente. Asintió una sola vez.
—Tuviste un mal día.
—No tuve…
Se calló, Gaara se había alejado, sin pronunciar palabra. Se frotó el rostro y escuchó el sonido lejano de las cacerolas que eran movidas en la cocina. Con un sentimiento de culpa pesándole en los hombros, se palmeó el rostro unos segundos y se levantó, con la intención convencer a Gaara de salir a cenar, pero al llegar a la cocina lo sorprendió mirando su celular y esperando que el agua hirviera.
—Prepararé té —explicó, volviendo la mirada a su móvil, inmediatamente después.
Sonrió, cansada, y se sentó en una de las sillas del diminuto comedor que mantenían ahí en la cocina.
—… gracias.
Casi subo el capítulo nueve en lugar de este xD Me falló el internet en casa un buen rato... y cada que iba a lugares donde podía conectarme al wifi se me olvidaba la computadora *tiembla de ira ante tanta estúpidez*
Publicación original: Domingo, 01 de abril de 2018
Re-publicado: Viernes, 21 de junio de 2019
