Capítulo 10

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Los días pasaron, entre conversaciones textuales parcas y otras un poco más animadas, pero Temari era tan directa que a cualquier otra persona podría resultarle doloroso ver como sus esperanzas volaban y morían sin germinar, bajo ninguna circunstancia aquella mujer dio pie a que pudiera invitarla a salir y aquello le decía muchas cosas, pero algunas eran tan contradictorias que Samui no se atrevió a formar una conclusión sólida con esas bases tan traicioneras. Se enorgullecía, en todo caso, del simple hecho de poder hablar con ella, pues tenía una teoría, y aunque no solía sacar sus propias conclusiones con respecto a otras personas, con aquella mujer tenía una corazonada que no le permitía darse por vencida.

Bajó el móvil tras despedirse y observó al grupo de personas que había aumentado ligeramente desde la última vez que echó un vistazo alrededor. No solía salir a fiestas, pero, como muchas veces antes, se había visto arrastrada a aquellas situaciones sociales por las extrañas tácticas de persuasión de B… que desapareció al poco tiempo de llegar, luego de alegar algo sobre sorprender al resto con una presentación improvisada. Ahora se encontraba en medio de un montón de desconocidos y sin tener realmente con quien hablar.

Resignada, decidió alejarse de los grupos de amigos que comenzaban a carcajear, para esperar a que B comenzara y terminara de hacer el ridículo para poder seguir disfrutando de una compañía que no iba a demandar explosiones de energía o efusividad.

Sus ojos barrieron por completo el área, sin buscar realmente algo de interés, y se perdió entre la gente, buscando un sitio donde pudiera recargarse y quitarse del camino de los demás.

—¿Desde cuándo asiste tanta gente a las fiestas de cumpleaños? —murmuró Temari, apretándose entre un grupo de muchachas que no dejaban de chillar.

Gaara se limitó a encogerse de hombros una vez y buscaron un lugar donde pudieran mantenerse en pie sin estorbar o ser constantemente empujados. Acomodó su bolso sobre su hombro y observó alrededor, buscando a Kankuro, y se limitó a maldecir en lugar de gritar cuando sintió la palmada que el muchacho les dio a ambos en la espalda; arrojó la mano lejos de ella y le devolvió la agresión, quizá con demasiada fuerza.

—¡¿Qué te pasa, bruto?!

—No aguantas nada —carcajeó.

—¿Quieres ponerlo a prueba? —murmuró, dándole otro golpe.

—… están un poco emocionados —señaló Gaara, sin elevar demasiado la voz.

Lo único que obtuvo fueron unas sonrisas que pretendían ser inocentes, pero no engañarían ni a Naruto. Les devolvió un gesto reservado y volvió a mirar alrededor, buscando.

—¿Desde cuándo es tan popular el idiota de Naruto? —preguntó Kankuro, recargándose sobre Temari, que se zafó sutilmente y casi le dejó caer.

—Siempre ha sido popular —añadió Temari, acomodándose la blusa. —Pero es normal que un perdedor no sepa reconocer la popularidad las primeras veces que la ve.

Limitándose a enarcar las cejas, Gaara dio un paso hacia atrás para alejarse de la ridícula riña que estaba a punto de desatarse, pero sin querer su huida frustró la discusión; Kankuro se preparaba para contestar a Temari, cuando notó que su hermano menor se alejaba sin decir palabra alguna, abriéndose paso entre la gente de una manera que no solía encajar con su personalidad tranquila.

—Eh, Gaara, ¿a dónde vas?

Golpeó los costados de sus piernas con sus palmas al ver que el pelirrojo se perdía entre la gente y que Kankuro no dudaba en ir tras él, pero ella no tardó en seguirlos. Abriéndose paso entre la gente, esperaba ver la brillante cabellera de su hermano menor para ubicarlos, pero no notó un cabello rojo entre los invitados. Apretó ligeramente los labios y se rindió luego de unos momentos, les envió un mensaje para avisarles que estaría en la barra pero no esperó más respuesta que el escueto "ok" que le contestaría Gaara cuando notara la notificación… y que probablemente no serviría de mucho, pues para entonces ya se habrían encontrado por casualidad o ella habría migrado.

Se sentó en una de las sillas altas y solo le prestó atención al muchacho que la atendía el tiempo que tardó en ordenar una cerveza, pues sus ojos viajaron entre las personas, buscando algún conocido.

—¡Huy, disculpe! —exclamó alguien, luego de darle un empujón.

Sonrió a la muchacha que sostenía en sus manos dos bebidas y negó una sola vez, restándole importancia la empujoncito. Comenzaba a desviar la mirada cuando notó una figura demasiado familiar al otro lado de la barra; Samui daba la espalda al resto del bar, sus ojos miraban algo dentro de su mente y sus manos distraídas no dejaban de mover en círculos la pajilla en su vaso.

Las consecuencias de sus acciones de pronto parecieron demasiado intimidantes y aunque había tratado a aquella mujer como a una amiga, siempre con respeto, en alguna parte de su cabeza había una vocecilla que no se callaba. Habían pasado días desde que intercambiaron aquel saludo por redes sociales y muchas conversaciones habían sucedido desde entonces, y aunque de alguna manera había logrado relegar los incidentes de la zapatería y la cafetería a un segundo plano en su cabeza, y no pensaba en Samui más allá del tiempo que sus interacciones en internet duraran, en momentos la realidad le atacaba y le obligaba a sonrojarse… como en ese momento.

Además hubo algo que no había podido pasar por alto en un momento en que Samui, como quien no quiere la cosa, había insinuado que sería mejor intercambiar números de teléfono y así terminar con esas conversaciones entrecortadas que mantenían por otros medios: se había aprendido de memoria el número de teléfono… incluso lo que había impreso en el ticket.

Samui volvió a la realidad y agitó un poco más su bebida antes de dar un sorbo y mirar de nuevo a los invitados que se mezclaban con clientes que cada vez iban siendo menores en número. Sus ojos se quedaron clavados por unos momentos en una mirada oscura que no podía ocultar del todo la sorpresa. Una sonrisa se asomó apenas por sus labios y levantó la mano a modo de saludo, igual de sorprendida. Aunque no debería extrañarle, jamás habría esperado encontrarse de manera tan casual con Temari y mucho menos tan pronto. No extendió aquella interacción más de lo debido y cortó con el contacto visual, fijándose de nuevo en el resto de la gente. No tenía intenciones de incomodar.

Temari aún tenía la sonrisa incómoda en el rostro, con que había respondido el saludo, cuando miró su cerveza y tamborileó los dedos en los lados de la botella antes de tomarla… agradecía haber decidido no llevar vestido al último momento, de lo contrario se sentiría demasiado expuesta.

—¿Naruto es amigo de todo el mundo o qué? —murmuró, llevándose la cerveza a los labios y dando un sorbo.

Una pequeña sonrisa quiso colarse en sus labios pero la detuvo a tiempo, sin B haciendo el ridículo no tendría una excusa para su comportamiento.

Naruto sí es amigo de todas las personas en los cinco países, pensó, bajando de la silla alta y buscando a su acompañante entre las personas. Se alejó de la barra sin decir palabra alguna, ni volver a mirar a Temari, con la clara intención de encontrar a su amigo y perderse entre las personas o quizá volver a casa temprano, pero un aullido en el micrófono, seguido de una pésima rima la obligó a pensársela dos veces y volver sobre sus pasos… ya había sido arrastrada a la fiesta, no sería arrastrada al escenario.

Temari notó aquel corto instante de desidia y el gesto que se quedó un poco más en el rostro de la rubia. La siguió con la mirada e intentó llamarla, pero la voz no salió jamás de sus labios. Sintiendo el corazón latirle en la garganta, cerró la boca y miró al escenario, fingiendo que aquella pésima actuación la entretenía de verdad.

—Oye…

Desvió la mirada, encontrándose con la cabellera de Gaara y luego con su mirada. Enarcó las cejas como toda respuesta.

—¿Por qué estás sola?

Se encogió de hombros. —¿Dónde está Kankuro?

El muchacho se encogió de hombros mientras pedía una cerveza, pero al terminar de ordenar no volvió a dirigirle la palabra a su hermana. Sus ojos vagaron por el lugar, apreciando aquella perspectiva, y no tardó en notar a la rubia que se encontraba al otro lado de la barra y que, de no conocerla, habría creído que moría por largarse de ese sitio.

Levantó la mano a modo de saludo cuando ella le notó.

Temari, que no había dejado de mirar a Gaara, esperando el momento en que el muchacho volviera a tener interés en hablar, no pudo evitar mirar detrás de ella para confirmar sus temores. Miró de inmediato a la fiesta, luego de sonreír incómoda de nuevo, e intentó calcular las posibilidades, una vez más… en vano.

—¿Quieres buscar a Naruto? —preguntó, buscando una ruta de escape.

Gaara negó una sola vez y señaló al escenario. El rostro sonrojado de Naruto estaba siendo bañado por un reflecto que hacía que sus ojos cerrados por la sonrisa se vieran aún más traviesos de lo que eran. Rio un poco… por las casualidades, y no por encontrar aquello divertido.

Observó al rubio hacer el ridículo y carcajearse después y cuando volvió a mirar a Gaara, el muchacho ya se había vuelto a perder. Maldijo su suerte y el sigilo de su hermanito y dejó con demasiada fuerza su cerveza en la barra.

Samui no pudo evitar voltear a verla cuando escuchó el golpe y apretó los labios, como todo intento de sonrisa, cuando sus miradas volvieron a cruzarse. Esta vez pudo ver el hastío en el rostro de Temari y algo así como la resignación; el gesto que mantuvo apretado en su rostro se relajó en una sonrisa ladina, divertida.

—Hey… —saludó, bajando de la silla y acercándose un poco. —Pareciera que todos aquí nos conocemos.

—Sí, supongo… —sonrió de nuevo y casi se mordió la lengua, pero asintió una sola vez. —… sí.


No pude traerlo antes, no sé si he tenido migrañas espantosamente continuas o solo una que no se ha ido (xD) desde hace… lo que parece una eternidad (estoy bien).

La primera vez que leí este capítulo me regañé poquito y pensé editarlo, me parecía que estaba jugando demasiado con las coincidencias -porque hay cosas del universo de Naruto que me gusta mantener en mis historias y en este caso me refiero al hecho de que Gaara conozca a Samui-, pero hace poco la vida me golpeó con una coincidencia tan… irónica, que ahora que vuelvo a leer el capítulo me doy cuenta que no hay medida para "demasiadas casualidades" y que ¡todo es posible, shavo! JAJAJA xD Mi vida es un puto chiste y no me estoy riendo ¬¬

Jueves, 25 de julio de 2019