Capítulo 11

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—No me sorprende encontrarte aquí, pero no me lo esperaba —se sinceró. —¿Puedo?

Miró la silla unos momentos, las palabras no llegaron del todo a sus oídos gracias al barullo… y aunque comprendió el gesto, la respuesta no llegaba a su cerebro.

—… la homosexualidad no es contagiosa —murmuró.

—¡Está bien, está bien! —espetó. —… y ya sé que no es contagiosa.

La miró unos momentos, a pesar de que aquella expresión había sido graciosa, sus labios jamás se extendieron en una sonrisa. Asintió una sola vez y se llevó el vaso a los labios, dando un sorbo con el que se entretuvo unos segundos, curiosamente el silencio no le resultó tan incómodo como esperaba, aunque el sonrojo de Temari aún le provocaba algo de gracia y no podía hablar por ambas.

Se removió un poco en la silla e ignoró con la vista a Samui. —¿Cómo conociste a Naruto?

Miró a Temari unos momentos, luego sus ojos vagaron, sin recordar al pie de la letra los sucesos. —Mi amiga Karui le dio una paliza, pero olvidé el motivo… y luego B se encariñó bastante con él.

Asintió, sonriendo un poco. —Suena familiar.

—¿Tu mejor amigo se encariñó con él o le diste una paliza?

—Eh… —juntó un poco las cejas y apretó el rostro. —Bueno, mi hermano y él se dieron una paliza… y luego se volvieron mejores amigos.

La miró entonces y le dedicó una pequeña sonrisita, en la que aún se colaban ligeramente sus nervios. No había esperado encontrarse a Samui tan pronto, mucho menos tener que enfrentarla de esa manera y aunque no solían intimidarla las interacciones sociales, en ese momento se sentía ligeramente insegura.

Asintió y recargó la mejilla en su mano, las luces de colores le daban a la piel de Temari unas tonalidades artificiales que extrañamente iban con ella. Desvió la mirada, hacia las personas que hablaban y se burlaban de B, cuya voz aún resonaba en los altoparlantes, ahora acompañada por unos intentos lamentables por parte de Naruto y algún otro idiota que sentía que daba la presentación de su vida.

No pudo evitar cubrirse los ojos con una mano, había días en que le sorprendía lo increíblemente malas que podían ser algunas de las rimas que escuchaba.

—… araña no rima con mañana, inepto.

Miró a su lado, justo a tiempo para ver a la mujer quitarse la mano del rostro y mostrar un gesto que apenas denotaba su fastidio. Una risa genuina escapó de sus labios, pero la cortó al notar el cambio en el gesto de su compañera de soledad.

—¿Qué?

—Nada.

—¿No estabas haciendo una broma? —insistió.

Dejó caer por completo la mano, no le sorprendía que Temari sonriera o incluso se riera, tampoco le extrañaría si comenzaba a hacer comentarios que volvieran todo un tanto incómodo. Negó una sola vez.

—Oh…

La voz de B volvió a escucharse en los altoparlantes y Samui no pudo evitar sentir que se hundía en arenas movedizas… Temari notó el tinte de incomodidad en aquella mirada que ya no era tan aburrida como la había conocido, reconocía el sentimiento.

—¿Lo conoces? —preguntó, señalando a B.

Se relamió los dientes y asintió, recordando todas las veces que había regañado a Omoi y Karui por huir de B en eventos sociales… ahora no tendría cara para recriminarles la próxima vez. Agradeció que el rostro de Temari no se llenara de aquella condescendencia que tanto odiaban sus contrapartes más jóvenes y le sorprendió la carcajada que soltó la rubia durante unos segundos.

—¿De qué te ríes?

Se abanicó con una mano y respiró profundo, tranquilizándose. —… de tu cara… lo siento…

Se limpió las lagrimillas y se deshizo de la risa, sin dejar de mirar a Samui con un poco de culpa, aunque aquel rostro no mostraba reacción alguna.

—No es que tu cara sea graciosa… la situación es graciosa… —se disculpó y carraspeó. —Es solo… no es tan malo intentar rimar araña con mañana.

Parpadeó una sola vez y luego miró a B. —¿En verdad no crees que sus rimas son malas?

—Eh… digamos que he escuchado peores —murmuró, tomando la botella que descansaba sobre la barra y notando que estaba vacía. De sus labios escapó una risa de nuevo al recordar uno de los ridículos intentos de Kankuro por hacerse una carrera en ese ámbito.

La miró, ligeramente sorprendida, además de algunas personas que eran demasiado educadas para burlarse o hablar mal de B y Naruto, que se unía a las ridiculeces, no había conocido a alguien más que no necesitara ocultar el hecho de que le sangraban los oídos.

—Son horribles, Temari.

—Son pésimas —admitió, entre risillas, abanicándose el rostro. —… solo… me recordaron algo, es todo… lo siento.

Se limpió una lagrimilla que amenazaba con mojarle las pestañas y tuvo que quitarse de la cabeza el rostro de Kankuro, que seguramente le estaría sacudiendo o golpeando para que se callara. Carraspeó de nuevo y buscó desesperada un nuevo tema de conversación.

—¿Cuánto años tienes? —preguntó, sonriendo para ocultar lo ridículo que había sido su movimiento.

—Treinta y cuatro —observó el rostro de Temari, sin demostrar su diversión ante aquella respuesta. —¿Tú?

—… veinticinco.

Asintió y dio el último sorbo a su bebida. —Por tu forma de ser, creí que eras más grande.

—Me lo han dicho —murmuró, aún un poco incrédula.

Sonrió, apenas un gesto que pudiera ser notorio para alguien que no la conocía tanto como B y miró hacia el escenario. Movió la cabeza de un lado a otro, relajando su cuello y exhaló.

—Iré a quitarle el micrófono a B, me dio gusto verte, Temari.

—Igualmente —murmuró, notando la nota en la voz cuando su nombre fue pronunciado.

Bajó de la silla y dio unos cuantos pasos, pero se detuvo y la miró. —¿Crees que algún día podamos ir por un café?

Se relamió los labios y miró a un costado unos momentos. Asintió una sola vez, echándose el flequillo hacia atrás.

—Está bien.

—Estaremos en contacto.

La vio perderse entre la gente; esperó unos minutos y no pudo evitar sonreír cuando el sonido pareció fallar y luego B se vio obligado a bajar del escenario, donde Kiba y Suigetsu ya se habían unido a la batalla de rimas sin sentido y que Samui había terminado sin remordimiento alguno. Carcajeó al escuchar los gritos lejanos de los muchachos, a los que les habían aguado la fiesta, y aun cuando la música volvía a sonar y los inconformismos habían sido distraídos con algo más atractivo, la sonrisa seguía pintada en su rostro.

—¿De qué te ríes, loca? —saludó Kankuro.

No los miró, pero pudo ver los cabellos de Gaara pasar frente a ella y lo escuchó sentarse en la silla que Samui había abandonado minutos atrás.

—¿Por qué estás sola? —preguntó Gaara.

—Porque justo acaba de irse alguien —respondió y luego miró a Kankuro. —¿Me pregunto por quién será?

Gaara miró a Kankuro, ligeramente intimidado por el tono de Temari, pero el otro ni siquiera se dio por aludido y ya metía la mano en el bolso de la muchacha, buscando algo. Se vieron envueltos en otra de sus tantas riñas y solo miró al encargado de la barra, que atendía a algunos de los invitados sin dejar de dedicarles miradillas fastidiadas.

Sonrió ligeramente.


Viernes, 16 de agosto de 2019