El camino de las Sombras

Hacia ya 8 meses que iba viajando por todo el mundo. Lo más complicado fue salir de Ecuestria sin que le reconocieran, llegar hasta el imperio grifo fue casi un milagro, especialmente por todos los guardias que Celestia mandó para buscarlo. A partir de ahí, logró embarcar un barco hasta zebrica. Lo poco que había escuchado era que se trataba de una tierra muy tradicional y poco desarrollada, cuando la verdad fue que era prácticamente igual a Ecuestria, eso sí, muy arraigada en sus costumbres. Durante todo el viaje, se fue mezclando con criminales, realizando crímenes con ellos, aunque irónicamente, jamás robo, pues la mercancía que asaltaban era siempre de su propia empresa, empresas Blood. ¿Si se roba a su propia empresa no es robo, no? Además de que siempre avisaba a las autoridades después del robo antes de marcharse. El motivo para esto era estudiar de cerca a los criminales, comprenderlos de cerca. Por no mencionar, que de vez en cuando ayudaba a algún poni o cebra con problemas con bandidos o ladrones.

Siguió avanzando hasta llegar a la tierra natal de los Kirin, Kirasia. Tras varios días llegó a un pequeño poblado al atardecer, al pie de una montaña. Estuvo vagando por sus calles durante un tiempo, pensando en su próximo movimiento, pero por el momento, necesitaba comer. Gracias a algún trabajo ocasional, poseía varios kirns, moneda oficial de Kirasia, por lo que entro en uno de los bares de la zona. Se sentó en la barra y pidió un plato de arroz. Mientras comía, se fijo en los presentes, había desde kirins, hasta ponis, y todos parecían muy humildes. Unos minutos después, un campesino entró en el bar, parecía que le hubieran dado una paliza y sangraba por una de sus patas.

- ¡Bandidos! ¡Me han robado toda la comida!- grito en kiranes, aunque para Blueblood no fue problema, ventajas de criarse con una tía regente de un reino entero, aprendes idiomas.

Escucho atentamente su historia, por lo visto había sido atacado por bandidos mientras llevaba sus excedentes al pueblo para venderlos. Lo último que supo antes de correr fue que los vio dirigirse al bosque del Este, cerca de la montaña. Dejando su plato a medias, Blueblood dejó una bolsa de kirns en la barra y salió, dispuesto a hacer algo. Sobre la mitad del camino, bastante alejado del pueblo, vio algunas verduras y frutas tiradas, además de algunas gotas de sangre. Localizo varias hueyas de cascos y de la carreta, por lo que se dispuso a seguirlas.

Estas conducían, tal como dijo el campesino, a un bosque, y cuando entraba en este, la noche ya estaba cayendo. Iluminando su cuerno, siguió avanzando, rezando para que ese bosque no fuera como el Everfree. Si no fuera por las huellas y porque su talento especial era la orientación, estaba seguro de que se hubiera perdido fácilmente. Unas 2 horas después logró ver una luz, producto de una fogata, a lo lejos, entre los árboles. Al acercarse vio, escondido entre las sombras, a un grupo de 15 kirins alrededor del fuego, con la carreta a un lado. Los estudio durante un rato, y al ver que no poseían más armas que los cuchillos (algo bueno de Kirasia, es que el acceso a armas de fuego es aún más restringido que en Ecuestria), se decidió por la táctica directa.

- Esa comida no es vuestra- dijo mientras salía de entre los matorrales.

Los bandidos se miraron entre ellos antes de reír y lanzarse al ataque. Blueblood esquivo cómo podía, ya había luchado con varios ponis a la vez, pero su límite estaba en 7. Aún así, logró dar pelea y romper algún que otro hocico. No obstante, al final consiguieron reducirle y mantenerlo en el suelo, y pronto fue rodeado por varios de ellos, que empezaron a golpearlo sin parar. Lo último que vio antes de perder el sentido, fue a un poni o kirin vestido con ropajes oscuros, mirándolo desde las sombras. Después, todo se volvió oscuro.


Cuando despertó, estaba en una cama, dentro de una habitación kirin tradicional. Se levantó poco a poco, notando que había sido vendado alrededor de su pecho, probablemente los bandidos le habían roto algunas costillas. Noto una ventana, y curioso, decidió asomarse, sorprendiéndose ante lo que encontró. Estaba en alguna especie de castillo, mansión, o lo que fuera, en la montaña, probablemente, cerca de la cima, a juzgar por la gran cantidad de nieve. Antes de poder decidir que hacer, la puerta de su habitación se abrió, revelando a un poni pegaso de pelaje verde y crin negra con una cutie mark consistente en una serpiente mordiendo se su propia cola, sus ojos eran de un verde intenso. El poni sonrió a Blueblood y se acerco lentamente.

- Buenos días, señor Blood, ¿qué tal sus heridas?

- ¿Cómo diablos sabe mi nombre?

- Tengo recursos, señor Blood. Pero eso no es lo importante, aún no ha respondido a mi pregunta- Blueblood se le quedó mirando durante un rato, no sabiendo como proceder exactamente. Al final, decidió seguirle la corriente por el momento.

- Bien, gracias por ello. ¿Puedo saber dónde estoy?

- En mi hogar. Uno de mis soldados lo encontró enfrentando a unos desgraciados. Por lo que me contó, logró luchar bien durante un tiempo, pero cayó derrotado rápidamente.

- Bueno, eran 15 kirins, estoy seguro que ese soldado tuvo problemas también.

- Pues no señor Blood- el aludido le dio una mirada incrédula, recibiendo una sonrisa de parte del enigmático pegaso.- Mis soldados están entrenados para luchar con grandes números de enemigos. Dígame, señor Blood, ¿contra cuantos puede luchar a la vez?

- 7, si me encuentro bien y en una buena posición.

- 7... mis agentes pueden enfrentarse a 600, siempre que no haya armas de fuego, por supuesto.

- Ya, y yo me lo creo- dijo Blueblood con una sonrisa.

- Puedo mostrárselo si lo desea, así como enseñarle.

- ¿Enseñarme a qué?

- Acompañeme.

Con esa única palabra, el pegaso salió de la habitación y, tras unos segundos de vacilación, Blueblood le siguió. Avanzaron por un tiempo hasta llegar a un patio cubierto donde se podía ver a cientos de kirins, con algún que otro poni, entrenar alguna especie de arte msrcial. Mientras los obserbaban, su anfitrión habló.

- Esta en la casa de la liga de las sombras, una liga que enseña un camino.

- ¿Qué camino?- pregunto Blueblood mientras observaba atentamente a los kirins entrenar.

- El camino de la auténtica justicia. Usted ha estado viviendo entre criminales, aprendiendo de ellos, pero no permite que eso le haga cambiar. ¿Por qué?

- Yo... odio la vida criminal. Si he convivido con ellos, pero jamás me convertiré en uno realmente. Como bien dijo, aprendo de ellos, y es para saber como detener a más de su calaña.

- Busca justicia entonces, ¿pero como pensaba impartirla? Solo sabe pelear con 7 oponentes máximo, puede ser reducido fácilmente, su sigilo horrible y su estilo de combate, permitame que se lo diga, es penoso. ¿Como espera poder luchar contra los criminales con habilidades tan torpes?- al ver el silencio de su huésped, el pegaso sonrió.- Eso es lo que puedo enseñarle, un objetivo, un método, el camino de las sombras. ¿Qué me dice, señor Blood?

Blueblood se quedó un rato pensando en la oferta. La verdad es que no sabía muy bien que haría en un futuro, había pensado en volver para usar lo que había aprendido, pero ahora que lo analizaba bien, no estaba preparado. Y no podía aprender por su cuenta todo lo necesario. Por primera vez en meses, sabía bien que hacer a continuación.

- Acepto, señor...

- ¿Dónde están mis modales? Mi nombre es Ra's al Ghul, pero desde este momento, puedes llamarme Maestro.


5 años después.

Blueblood había aprendido mucho. Se convirtió rápidamente en el mejor alumno de Ra's, según sus propias palabras. No sólo había aprendido varias artes marciales, ya que la liga se jactaba de enseñar a sus adeptos varios estilos de combate para convertirlos en auténticos guerreros, sino que se había vuelto un auténtico ninja. Se podía mezclar con las sombras y si el no quería, nadie podría detectarlo, al menos los que no tenían un entrenamiento en ese sentido. Pero esos no fueron los únicos conocimientos que adquirió, también le enseñaron a analizar una escena de un crimen, a comprender la física, química y muchos otros aspectos, así como la psicología.

De todos los miembros de la liga, el era el único que de verdad se interesaba sobremanera en todos los campos que la liga ofrecía. Muchos miembros se centraban o en combate y sigilo, o en tácticas de deducción, psicología, etc. Claro que no aprendió todo de la noche a la mañana, le llevó todo el tiempo que pasó en el templo aprender sobre ello. Ra's estaba bastante impresionado, según el, solo había conocido a otro, aparte del mismo Ra's, que hubiera aprendido todas las artes de la liga. Cuando le enviaban a alguna misión, mientras otros necesitaban a un experto para rastrear un rastro o analizar una escena, el lo hacía en solitario. En ese sentido, Blueblood se sentía orgulloso de si mismo.

En ese momento se encontraba estudiando por décima vez un libro de psicología avanzada en la habitación para aspirantes, que compartía con sus compañeros, hasta que apareció por la puerta su maestro. En seguida guardo el libro y se inclino respetuosamente.

- Levántate, Blood, no hace falta estos convencionalismos.

- ¿Necesita algo, maestro?

- Nada, sólo vengo a felicitarte. Estas listo para ascender a un miembro honorario de la liga.

- Es un gran honor.

- Lo es, serás enviado a tu ciudad natal, se bien que es lo que querías desde un inicio. Pero de momento, acompáñame.

Blueblood salió junto a su maestro y se dirigieron a una zona a la que no había ido nunca, las mazmorras. Cuando atrapaba a un criminal, lo llevaba al templo y un miembro oficial lo llevaba allí, donde el suponía sería retenido hasta que fuera juzgado. Las mazmorras eran oscuras y frías, y en ese momento estaban vacías salvo por una. Un kirin estaba encerrado allí, atado de cascos y con un anillo anti-magia en su cuerno , con ojos vendados, además de una mordaza. Ra's pareció mirarlo con desprecio antes de mirar a su alumno.

- Este kirin será tu última prueba mañana al anochecer.

- ¿Quién es?

- Un asesino, mató a uno de nuestros soldados cuando estaba distraído cumpliendo su labor de protección. Su nombre no es importante, lo que es importante es que al fin harás justicia tal como lo ha hecho nuestra orden durante siglos. Mañana al anochecer, lo ejecutarás.

Esas palabras dejaron blanco (si eso es posible por su pelaje) a Blueblood. Matar. El nunca espero que esa fuera la justicia de la liga de las sombras. Aunque siendo justos, nunca se había interesado mucho por su método de impartir justicia, siempre dio por sentado que se juzgaba a los criminales. Ra's pareció darse cuenta de su desconcierto.

- Ya se que suena extremo, pero lo que hacemos es auténtica justicia. El crimen es inaceptable, y los criminales deben saberlo. Piénsalo, pero recuerda, yo te he enseñado todo lo que sabes, y no puedes huir de tu destino.

Ra's se fue tras decir esas palabras, dejando a Blueblood solo con sus pensamientos y el kirin. Blood pensó en todo lo que había aprendido, todo lo que le habían ayudado. Una parte de él le decía que se lo debía, que ese kirin no merecía piedad. Pero entonces, recordó unas palabras que le dijo su tía, hacia ya muchos años, "Si hago eso, ¿qué me diferenciaría de los criminales que se las saltan?". Recordó no sólo eso, sino la importancia que le daba su tía a saber ambas versiones antes de dictar sentencia, pues a veces, el criminal puede ser la víctima, y la víctima el criminal. Con eso en mente, hecho un vistazo a su alrededor, y al verse solo, abrió la celda y le quito la mordaza al prisionero.

- ¿Por qué mataste a un miembro de la liga de las sombras? Ellos os protegen.

- No... no nos protegen. Yo mate a ese hijo de puta porque iba a matar a mi amigo.

- ¿Por qué iba a matarlo?

- Por robar comida para sus hijos- eso descolocó a Blueblood. ¿Por robar comida para comer? Eso no era lo que había aprendido allí.

- Eso es imposible, la liga busca justicia.

- Busca eliminar el crimen, sea cual sea. A los aspirantes les mandan a bandidos y demás, pero en cuanto entres a la liga, harás lo mismo que todos, eliminar el crimen, sea cual sea.

- ¿Cómo se que no estás mintiendo?

- ¿Por qué iba a mentir? Ve al pueblo si quieres, si es que te dejan, y pregunta tu mismo.

Blueblood volvió a colocar la mordaza y salió de las mazmorras. Alegando qué quería dar un paseo, salió al pueblo, y al llegar a la linde del mismo, se desprendió de sus ropajes de la liga y los dejó entre unos matorrales. Poco después, se dirigió directamente a uno de los bares, curiosamente, el mismo al que entró hace años. Sólo había ido al pueblo para misiones de busca y captura de algún criminal, y ahora se arrepentía de ello, y siempre iba desapercibido, así que nadie le reconoció. Se sentó en la barra y pidió una taza de té, sentándose a observar a su alrededor. Sabía distinguir a los miembros de la liga, y al ver que no había ninguno, se decidió a hablar con el cantero.

- He escuchado que tienen a sus propios protectores por aquí, que suerte tienen, mi pueblo no los tiene- pudo ver que eso puso nervioso, no solo al cantero, sino a todo el bar.- No recuerdo bien como se llamaban, ¿la liga oscura? ¿La liga de la noche? ¿La liga...?

- La liga de las sombras, o como la llamamos algunos por aquí, la liga de los asesinos- bingo. El que había hablado se trataba de un kirin anciano, su pelaje ya era blanco y se le notaba una gran rabia interna al hablar de la liga.

- ¿Asesinos? Tengo entendido que os protegen de los criminales.

- O si, de los bandidos, de los asesinos, de los que roban comida para poder comer. Para ellos no hay término medio. Si cometes un crimen, eres sentenciado a muerte, ignorando el motivo para ello. Hace dos días, iban a matar a un padre desesperado por comida, hasta que mi hijo acabó con el antes. Por ello, ha sido arrestado, y si eres arrestado por uno de ellos, estás muerto. Y no sólo eso, hace muchos años, algunos de nosotros se unieron a ellos, y mientras muchos lo aceptaron con agrado, unos pocos rechazaron la idea de matar, no volvimos a saber nada de ellos. Eso de que puedes irte cuando quieras es una vil mentira.

Blueblood apretó los dientes. Ese kirin había dicho la verdad, no estaba en una liga en pos de la justicia, como siempre creyó, era una secta extrema que mataba a quien incumpla la ley, fuera cual fuera el motivo, y a todo aquel que se les opusiera, incluidos los aspirantes que se negarán a matar. Por un momento, pensó en Sombra, pues el había proclamado algo similar, y ya sabía a lo que llevaba. Estuvo un rato más recabando información, y todo le llevaba al mismo punto, la liga de las sombras no era el camino de justicia que le habían prometido, era todo lo contrario.

Al volver, ya sabía lo que iba a hacer. Espero pacientemente a que la noche fuera profunda, y una vez así, se dirigió en silencio a las mazmorras, por suerte para el, no vio guardias en la puerta. Entro velozmente en las celdas y llego a la de el kirin, entrando y liberandolo de las restricciones. Pareció sorprendido, pero no cuestiono nada. Salieron sigilosamente y se dirigieron a una de las salidas secundarias, de las que Blueblood sabía no eran muy vigiladas.

Ya casi al amanecer llegaron al pueblo, y se dirigieron a la casa del kirin. Su padre fue a abrir, y casi le da un infarto al ver a Blueblood, pero su rostro cambió de terror a alegría al ver a su hijo. Al entrar, les ofreció vasos de té, que el kirin bebió con rapidez.

- ¿Por qué le has salvado?- pregunto el padre directamente a Blueblood.

- Porque está no es la justicia que busco. Ni siquiera es justicia.

El kirin lo miró durante un momento y asintió satisfecho. Cuando su hijo terminó, insistió en que tenían que irse, pero el no estaba por la labor.

- Este es mi hogar, papá. No pienso irme.

- No lo harás- dijo Blueblood, sacando miradas de duda por parte de ambos kirins.- Tengo muchos compañeros que estarían en contra de todo lo que les hacen. No sé si matarían bandidos, pero se que no llegarían a los extremos de Ra's. Y por lo que aprendí de ustedes, a los aspirantes no se les dice muy bien que hace la liga, mucho menos que les pasa a quienes se niegan a unirse tras el entrenamiento. Volveré, y les contaré todo.

Con esas palabras, volvió al templo, dirigiéndose directamente a las habitaciones, encontrando a varios de sus compañeros. Habló con Karal, uno de sus amigos durante todos esos años, y le pidió que fuera con el un momento. Una vez solos, le contó todo a su amigo, quien pareció impactado.

- ¿Lo dices en serio?

- ¿Alguna vez he bromeado?

- No, eres tan alegre como un muerto. Pero tengo que asegurarme, lo que dices es muy serio.

- Es la verdad. Mira, te lo digo porque confío en ti. Pronto descubrirán que el prisionero escapó, y es probable que Ra's sospeche de mi.

- Tienes razón, por eso te ayudaremos. Voy a reunir a quienes podrían ayudarnos, no se tu, pero yo no quiero morir.

Blueblood asintió, y fue junto a su amigo a desayunar. Mientras el comía, vigilaba a los soldados que estaban en las esquinas. Hasta ese momento, no se había percatado de todos los guardias que vigilaban a los aspirantes. Al salir del comedor, fue a la sala de entrenamiento, mientras Karal aprovechaba que hoy era un día de libre uso para hablar con aquellos alumnos que pudieran estar dispuestos a ayudar. Cuando ya caía el mediodía, fue llamado para reunirse con su maestro. Al salir, vio al otro lado del patio, a Karal, con un grupo ya bastante amplio de aspirantes, asentir en su dirección.

Fue giado hasta la sala del trono, donde su maestro recibía a aquellos que le pudieran favores, se realizaban ceremonias de iniciación, juicios y, dedujo, ejecuciones. Ahora que lo pensaba, ya sabía porque la ceremonia de iniciación sólo podían verla miembros de la liga. Encontro a Ra's al Ghul sentado en su trono, y por su mirada no parecía muy contento con su mejor alumno.

- Estoy decepcionado, señor Blood. ¿Creíste qué no me daría cuenta de la enorme casualidad de que el poni destinado a morir por tus cascos desaparecería justo la misma noche que te lo dije? Sin mencionar el centinela que te vio salir junto al prisionero. ¿Qué tienes que decir en tu defensa?

- Que salvar a un padre que roba para alimentar a sus hijos no es un crimen- eso provocó un suspiro de Ra's.

- Es un robo, un crimen, es inaceptable. ¿Por qué te molesta que se castigue al criminal?

- No es un criminal, es un hombre que no tiene recursos para alimentar a su familia y tiene que recurrir al robo.

- Pues que hubiera buscado trabajo, no es tan difícil. Si robas, eres culpable.

- ¿Y tu te crees en el derecho de juzgar? Debe ser la ley el que haga ese trabajo.

- ¿Para qué los suelten una vez más? El sistema es demasiado blando, tu deberías saberlo mejor que nadie. ¿No fue ese sistema el que libero al asesino de tus padres?- dijo con una sonrisa, pero contrario a lo que esperaba, Blueblood no mostró signo de molestia alguna.

- Un sacrificio para atrapar a alguien aún peor. Y aunque no lo vi en su día, se notaba su arrepentimiento, su cambio. Hasta un asesino puede cambiar, y se le debe dar la oportunidad.

- Me decepcionas- Ra's hizo un gesto con la cabeza a un par de sus guardias, quienes agarraron a Blueblood, esposándolo de cascos y colocándole un anillo inividor en el cuerno.- Llevadlo a los calabozos, mañana, cuando atraemos al prisionero huido, veremos si podemos hacerle cambiar de opinión. No quiero matar a mi mejor alumno. Su voluntad es demasiado fuerte como para el hechizo reformador.

Ahora sabía porque algunos miembros parecían más máquinas que seres sensibles, y eso no hizo sino aumentar su odio hacia Ra's al Ghul. Blueblood mantuvo su mirada estoica mientras era escoltado a su celda. Internamente, agradecía a Celestia de que no sospechara del resto de aspirantes. Esperaba que pudieran hacer algo para detenerlo.