Capítulo 13
.
Correr en tacones, por más bajos que fueran, siempre sería una joda.
No quería llamar a aquello una revelación divina, ni siquiera epifanía, aunque alguien más romántico lo llamaría de esa manera sin problema… para Temari fue, más bien, una realización de realidades ignoradas durante tiempo bastante para no permitir seguir siendo arrojadas bajo la alfombra que representaban las responsabilidades más demandantes del día a día. Lo supo al ver su reflejo, casi fantasmagórico, en el vidrio de la puerta del auto… un momento se veía a los ojos distorsionados y en el otro ya corría, volviendo sobre sus pasos, pasando de largo la estúpida cafetería.
Corriendo, corriendo, corriendo.
Pensando… quizá su cerebro iba más rápido que su cuerpo, pero ninguno encontraba lo que buscaba.
Comenzaba a pensar que había vuelto demasiado tarde cuando una puerta abriéndose de súbito la obligó a detenerse y atrapar el bolso que se deslizó de su brazo y amenazó con caer al suelo. Su cuerpo dio un ligero giro y cuando volvió a su posición original se quedó postrada al encontrarse con el rostro apenas sorprendido de Samui, que se encontraba acompañada por dos muchachos morenos que le miraron sin ocultar su curiosidad.
Sonrió, disimulando su agitación. —Hey.
Hey.
Se contuvo de apretar el gesto ante aquel patético intento y agradeció que el rostro de aquella mujer hubiese sido marcado con tanta crueldad por el aburrimiento, pues ningún sentimiento se reflejó jamás ni en sus ojos.
Samui, con las manos enterradas en los bolsillos del suéter que llevaba, apenas miró hacia atrás.
—¿Pasó algo? —inquirió, notando la respiración artificial.
El silencio que precedió, seguido de un gesto ligeramente desentendido le dio a entender que Omoi y Karui sobraban ahí, los miró entonces y con un gesto de la mano bastó para que ellos se alejaran, no sin antes enredarse en una de sus tantas disputas por ridiculeces. Pateó una piedra imaginaria y volteó a ver a Temari. No sonrió, ni enarcó una ceja, simplemente volvió su mano al bolsillo del que la había sacado y esperó a que la mujer hablara.
Sinceramente, no había esperado verla tan pronto, ni siquiera había pensado en un mensaje en las próximas semanas, quizá nunca, y se contentaba con esa idea, pues era lo que ella necesitaba. Se había alejado de aquel café con la determinación de terminar con sus sentimentalismos absurdos y, si la vida lo permitía, entonces ser amiga de aquella mujer, pues las últimas conversaciones, por más superficiales que pudieran parecer a simple vista y por más hermética que Temari fuera, le habían mostrado algunos puntos clave de una personalidad que valoraba entre sus amistades… y, realmente, todo el que tuviera contacto con ella.
Todo en su vida estaba regido por decisiones y no tanto por esos golpes de realidad que habían llevado a Temari a ese punto, y en esos momentos no se había dado cuenta que aquello era lo que había sucedido esa noche.
—¿Temari? —insistió.
Maldijo y su frustración se tradujo en una mordida a su labio inferior. No había tenido tiempo para pensar, no sabía cómo continuar con aquella extraña treta de la vida.
—Nunca creí que… —exhaló, consciente de lo cursi que eso sonaba, así que negó. —No… Samui, creo que no he sido del todo sincera contigo.
Un reflejo de interés se mostró en un pequeño movimiento en la ceja Samui, incluso la postura se mostró un poco más receptiva. Temari desvió la mirada, incómoda.
—Tampoco sé si estoy siendo sincera al asegurar lo contrario.
Casi parpadeó, no tenía idea de qué hablaba. —… ¿Qué?
Sonrió de nuevo, desviando la mirada una vez más, buscando la manera de decir aquellas palabras. Había caminado de puntillas alrededor de aquello, como un niño que espera que sus padres despierten, pero sin la intención de despertarlos.
Samui juntó apenas las cejas y sacó las manos de sus bolsillos, casi se las llevó a la cintura. Todo su ademán parecía ligeramente acusador, tenía una vaga idea de lo que estaba intentando decir aquella mujer, pero no le daría el empujón por el que estaba gritando desesperada. Esperaría, así se les fuera la noche en ello.
Una mirada alrededor por parte de Temari cortó con el circo por una buena vez y por todas.
—Estoy confundida —admitió al fin.
Asintió. —No voy a ser tu experimento.
—No te estoy pidiendo que lo seas.
La molestia en la voz de Temari contrastó enormemente con la calma de la voz de Samui, que desvió entonces la mirada y asintió una sola vez, pero no agregó nada más para tranquilizar el agravio en Temari.
—Necesito tiempo…
Esta vez parpadeó. —¿Viniste aquí sin tener idea de lo que quieres?
No había reproche en la voz, tampoco ofensa, pero Temari lo sintió de ese modo. —… No.
Asintió una sola vez, viendo la tímida determinación que brillaba en los ojos de la muchacha. Ignorando la fuerza con la que el corazón latía, a pesar de haberse pasado ya la agitación de la carrera.
—Necesito tiempo —insistió.
Por primera vez una sonrisa se formó en los labios de Samui, pero esta no era una enternecida o llena de júbilo por aquel pequeño triunfo en el amor… era más bien de burla, no por Temari, por la situación que le parecía demasiado ridícula para las edades que tenían. Luego de mirar al cielo, como agradeciendo aquella risa que no se logró, asintió un par de veces, incapaz de borrar el dejo de sonrisa que había quedado en su rostro.
No solía burlarse… pero algo la impulsaba a molestar un poco a Temari, aunque lo evitó en ese momento.
—Bien… Temari.
Sus ojos se abrieron un poco más, creyendo que aquella pronunciación de su nombre significaría alguna especie de respuesta más elaborada, pero lo único que obtuvo fue un gesto de despedida. Observó el rostro ligeramente sonriente de piel que brillaba ligeramente con un tono ámbar gracias a los arbotantes, incluso su cabello parecía ser menos platinado esa noche, y aunque el gesto no había alcanzado los ojos, parecían sonreír a través del brillo.
—Me avisas cuando llegues a casa —dijo, sin bajar la mano con la que había iniciado la despedida, pero dándole ya la espalda.
Temari asintió una sola vez, sintiendo que el alma se le escapaba del cuerpo por el alivio, y giró sobre sus pies… caminó tranquilamente a su auto, tomando el bolso con ambas manos y manteniendo la mirada clavada en el suelo, a pesar de su gesto pensativo, sonreía ligeramente.
Me ausenté un poco, no estaba planeado, pero necesito ver una de mis historias desde otra perspectiva y aproveché para asegurar el rumbo de esta. No sé si mi estilo se vea ligeramente influenciado por 'algo', estas semanas he estado leyendo bastante y de pronto me da la sensación que mi redacción evoca ciertos autores… lo corregí un poco, pero por si queda algún fantasmilla, sepan que fue eso jajaja.
Sábado, 21 de septiembre de 2019
