Huida y regreso
Blueblood meditaba en su celda con sus ojos cerrados, esperando algo. Hacia bastante que la noche había caído, y faltaba poco para la medianoche. Sus ojos se abrieron de par en par y sus orejas se movieron instantáneamente hacia la fuente del sonido de una gran explosión, seguido de sonidos de lucha en la entrada de las mazmorras. Al poco tiempo, vio a Karal entrar junto a otros dos kirins armados con espadas que, para su disgusto, estaban manchadas de sangre. Karal pareció darse cuenta de ello.
- No me mires así, esos tíos pensaban matarnos. Además, han hecho cosas horribles.
- Deberían ser juzgados.
- Y te prometo que aquellos que pillemos con vida serán juzgados por el pueblo.
Blueblood suspiro y se levantó, saliendo de la celda que le habían abierto. Cuando volvió a escuchar otra explosión, miró con duda a su amigo.
- ¿Recuerdas a ese poni que prefería la química a las peleas y el sigilo? Nos dio bombas muy buenas. Una para los dormitorios, otra para la armería.
- ¿Dormitorios? ¿Los has matado?
- ¿Esperabas qué ganaramos a todos los miembros de la liga más experimentados que nosotros? Además, si queremos liberar a ese pueblo, esto es necesario. Lo siento tanto como tu.
Blueblood no respondió, camino junto a su amigo pensando en eso. ¿Matar es realmente necesario? No. Definitivamente, no, el asesinato no era una opción para el. No sólo traicionaria las enseñanzas de Service, su tía Celestia, o sus padres en vida, sino que decepcionaría a estos últimos, y eso no entraba en sus planes. El no se convertiría en un asesino, por mucho que sus enemigos pudieran merecerlo.
Llegaron al vestíbulo, donde las llamas ya habían llegado y ya empezaban a consumirlo. Allí, junto a tres soldados, se encontraba el maestro de la liga de las sombras, Ra's al Ghul. Miró con calma a Blueblood y a los otros aspirantes.
- ¿Es así como me pagáis todo lo que os he enseñado? Os doy un propósito y me lo escupís en la cara.
- No seremos tus mercenarios personales, no te diferencias en nada de los peores criminales- dijo Blueblood, encarando a su antiguo maestro. A cada palabra, el fuego inundaba más el templo.- No pienso obedecerte nunca más.
Ra's observo a su mejor alumno durante unos minutos, con Blueblood devolviendo la mirada. El líder de la liga desenvaino su espada con el ala derecha, mirándola detenidamente, antes de apuntarla a Blueblood.
- Que así sea.
Y así, se lanzó a su antiguo alumno, y al tiempo, sus otros soldados se lanzaron a los aspirantes. En poco tiempo, una lucha se desató entre ambos bandos. Mientras todos luchaban con algún arma, dispuestos a matar, Blueblood se negó en redondo, usando los brazaletes que cubrían sus patas delanteras para bloquear los golpes de espada de Ra's, quien golpeaba furioso.
- ¡Eras mi mejor alumno! ¡Tu estabas destinado a sucederme!
- ¡Jamás seré un asesino! ¡No siquiera para salvar a otros!
Blueblood iluminó con fuerza su cuerno para cegar a su oponente, así, logró darle un golpe en un costado y romper el ala que sobtenía la espada. Ra's se alejo gritando más por ira que por dolor. Miró con furia asesina a Blueblood y se lanzó a atacarle, dispuesto a matarle con sus cascos desnudos. Pese a que Blueblood era un gran luchador, Ra's tenía años de experiencia, por lo que redujo a su alumno en el suelo. Lo miró con una sonrisa, y el antiguo príncipe pudo ver tristeza en sus ojos.
- Lo lamento tanto, señor Blood, pero debe...
Fue interrumpido por un grito de dolor y sorpresa saludos de el mismo. De su pecho sobresalía la punta de una espada, al girar la cabeza, vio a Karal, al que le habían arrancado un ojo, empuñando la espada con su magia. Sus fieles soldados llacian en el suelo, muertos, junto al de un aspirante.
- Por... su... puesto. Mi segundo... mejor a... alumno- gimio Ra's con una sonrisa.
Karal saco la espada, provocando que su maestro cayera al suelo, aún vivo. Blueblood se levantó con dificultad y miró a Ra's. Antes de que pudiera decir nada, Karal le tiro de una pata.
- ¡¡TENEMOS QUE IRNOS!! ¡¡SE NOS VA A CAER EL TEMPLO ENCIMA!!
Blueblood miró a su amigo, y después a su antiguo maestro, antes de salir del templo en llamas.
Dos días después del asedio, Blueblood se encontraba en casa del kirin al que había salvado, preparándose para marcharse. La liga de las sombras había desaparecido por completo, o al menos eso parecía, pues ningún miembro oficial vino para buscar venganza. Los antiguos aspirantes ahora vivían en el pueblo, dispuestos a protegerlos, pero de una manera más natural. Los aldeanos estaban encantados con esto, y prácticamente vitorearon a todos al saber lo que había pasado. Al salir de la casa, con sus alforjas llenas, fue con Karal, que en ese momento se encontraba en el bar. Lo encontró en la barra, sirviéndose un vaso de sidra.
- La sidra de manzana ecuestre es mucho mejor, especialmente la de la familia Apple- dijo Blueblood con una sonrisa.
- ¿Así?- dijo Karal con la misma alegría.
- Bueno, eso dicen, la familia Apple no vende su sidra fuera de temporada muy a menudo. Al menos no cuando vivía allí.
- Bah. Nada supera a la sidra kirin. Te invito a una copa antes de que te vayas.
- Por supuesto, viejo amigo.
Ambos se sentaron y disfrutaron del poco tiempo que tenían antes de irse. Pese a que Blueblood no aprobó nada el asesinato de los miembros de la liga, supo que Karal lo lamentaba, y eso era una prueba suficiente para saber que no seguiría el camino del antiguo líder de la liga. Dos horas después, Blueblood se preparo para marcharse, y se giro hacia su amigo para despedirse.
- Bueno, espero que te vaya bien.
- No te preocupes, a la liga del sol le irá de maravilla- dijo riendo ante el nombre. En un principio, lo pensó para burlarse de los orígenes de su amigo, pero ahora se volvió un nombre propio.- ¿Mandaste la carta?
- Ayer. Con un poco de suerte, llegará a tiempo cuando llegue.
- Eso espero, viejo amigo.
Se dieron un último abrazo antes de partir. Cuando llegó a una colina, Blueblood se dio la vuelta para ver al pueblo. Parecía mentira que hacía sólo 5 años hubiera bajado por ese mismo camino, apenas sabiendo pelear contra 7 ponis. Con una sonrisa, volvió su vista al camino, dispuesto a volver.
Esta vez, gracias al dinero que le ofreció el kirin salvado, que resultó ser un noble local, y que Blueblood no pudo rechazar, la vuelta a Ecuestria desde Kirasia fue más rápida que su marcha, sin contar que ya no pasaba tanto tiempo en las zonas que visitaba. A los dos meses, llegó a el imperio grifo, y tras un viaje largo en tren, llegó a su destino. Un pueblo en la frontera Ecuestre.
Saliendo del tren, miro a su alrededor, buscando a una figura en específico. En su carta le decía donde le encontraría y en qué día, según los cálculos que había hecho. Por suerte, había acertado, ahora lo que debía saber es si se lo había tomado en serio. Por suerte, en el anden siguiente vio un tren, uno que no hubiera destacado mucho sino fuera porque era uno de 4 plazas. En la puerta del vagón para pasajeros había un unicornio muy familiar, uno del que Blueblood había hechado muchísimo de menos. Cuando se acerco, el le devolvió la mirada, pareciendo tanto sorprendido, como alegre. Con un gesto, indicó a los dos guardias que se relajarán y sonrió a Blueblood.
- Es un placer volver a verle, señor, un poco más sucio, pero da igual.
- Y tu sigues siendo el mismo- dijo Blueblood con una enorme sonrisa. En un segundo, ambos sementales se dieron un gran abrazo, soltando ambos alguna lágrima por el camino.
Con un gesto, Service Pennywork indicó a su antiguo amo, y casi hijo, a subir al vagón. Antes de que cualquier camarero pudiera preguntar, Service habló.
- Por favor, traiganle al señor Blueblood una copa de vino radiant.
- Con una copa de zumo estaré bien. He pasado 6 años sin una sola gota de alcohol, y me gustaría seguir así.
- Por Celestia, ¿llevaba diciéndole desde los 18 que dejara el alcohol y lo único que tenía que hacer era enviarlo al exilio 6 años?- dijo el mayordomo con una sonrisa antes de indicar con la cabeza que le reajeran día zumos.
En cuanto se los sirvieron, se quedaron los dos solos en el vagón. Tomando un sorvo de su bebida, Blueblood dio una sonrisa satisfecha mientras veía al tren empezando a moverse.
- Tengo la impresión de que soy el único al que le ha contado de su regreso- dijo Service.
- Estás en lo correcto, me gustaría que fuera una sorpresa para mí tía.
- Ya veo. Bueno, estoy seguro de que se alegrará de verlo. Han pasado muchos años.
- Si, y muchas cosas. Antes de nada, me gustaría saber algunas cosas, si no es molestia.
- Por supuesto, señor.
- ¿Discord se libero en algún momento? Se que 3 meses después de mi partida el mundo se volvió loco.
- Ahh, si, la primera vez que Discord fue liberado, pero no se preocupe, los elementos de la armonía lo derrotaron. Posteriormente fue reformado por el elemento de la amabilidad.
- ¿Discord reformado? ¿En serio?
- Completamente, señor.
- No se yo, creo recordar que vi hace años el cielo partido en dos, un lado día, y el otro noche. No se me ocurre a nadie más que a Discord.
- Oh, no señor, eso fue por la debilidad del árbol de la armonía. Durante esa crisis, sus dos tías desaparecieron, pero por suerte, la princesa Twilight y el resto de los elementos salvaron el día.
Eso hizo que los ojos de Blueblood se abrieran de par en par, haciendo que Service estallara en risas. Cuando Blueblood se sereno, decidió abordar el asunto que quería desde hace un tiempo. Echando un vistazo al vagón, lanzó un hechizo de silencio, evitando que cualquiera les escuchara. Esto hizo que Service levantará una ceja.
- No sabía que pudiera hacer magia de ese calibre, señor.
- No creas, Service, aparte de hechizos defensivos y de detección, no se mucho más. Pero es necesario para decirte lo que quiero decir.
- Adelante, entonces.
- Dime una cosa, ¿Canterlot sigue siendo hogar de los criminales? ¿O mi tía ha logrado atraparlos?- esto pareció poner tenso por un momento a Service.
- No, tu tía no ha podido hacer nada. Incluso me atrevería a decir que las cosas están peor. Salvo la zona rica y de media clase, el resto de Canterlot está sumida en el miedo. Los criminales lo controlan todo.
- No por mucho tiempo. Service, durante estos años he estado preparándome para un propósito. Al principio pensé que lo haría de una forma, pero acontecimientos recientes han cambiado los planes, ya te los contaré. La cosa es, que pienso combatir a los criminales, enseñarle a Canterlot que su ciudad les pertenece a ellos.
- ¿Y como piensa hacerlo?
- Obviamente no como Blueblood. Puedo ser un príncipe, o lo era, pero puedo morir, pueden pasar de mi, puedo ser corrompido. Pero como símbolo, puedo ser inmortal, incorruptible, una leyenda.
- ¿Que símbolo, señor?
- Algo primario, algo aterrador, algo que asuste a los criminales.
Service podría decir que Blueblood estaba loco, que necesitará ayuda. Pero verle, hizo que cambiará de opinión. Podía ver en su mirada que estaba llena de determinación a acabar con el crimen. Y estaba seguro que decía en serio lo de que había estado preparándose para ello. Y además, estaba muy seguro de que Blueblood seguiría adelante, con o sin su ayuda, así que lo mejor era ayudarle a que lo hiciera solo.
Al día siguiente, Blueblood se dirigía en carro hacia el castillo de su tía desde su mansión. Tras un baño y un acicalamiento, estaba como antes de su partida. El servicio casi se desmayo al verle el día anterior, y no era para menos. Según le informó Service, se le declaró muerto a los 3 años de su partida. Lo único que esperaba era que su tía se lo tomará mejor.
Al llegar, y tras pedir permiso a los guardias, se dirigió al salón del trono, sorprendiendose un poco al ver las puertas abiertas. Sin embargo, a un lado de la sala, vio otras más pequeñas custodiadas por día guardias, que lo miraban impasibles. Respirando hondo, Blueblood se dirigió hacia ellos, inclinando la cabeza ligeramente.
- Buenos días, me gustaría hablar con la princesa Celestia.
- Su alteza se encuentra reunida con su hermana real y su alteza Twilight Sparkle- dijo el mayor, dándole una mirada de curiosidad.
- Ya...- dijo Blueblood, aún extrañado ante la idea de una cuarta alicornio.- Aún así, creo que le gustaría verme.
- ¿Puede decirme porque?- dijo el guardia más joven.
- Simplemente creo que le gustará verme.
- ¿Cuál es su nombre? Me suena de algo- volvió a hablar el mayor.
- Blueblood- ante ese nombre, el mayor abrió los ojos como platos, y le indicó que esperara un momento.
Entró en la habitación, ignorando a su compañero que parecía confuso. Segundos después, se escucho una taza de té caer al suelo y romperse en pedazos. "Sabía que mi regreso la impactaría, ¿pero tanto?", pensó Blueblood nerviosamente. Al instante, el guardia salió, indicandole que entrará.
Al hacerlo, se sintió encerrado al escuchar la puerta cerrarse tras el, y miró a las tres alicornios allí reunidas. A la izquierda, estaba su tía Luna, a la derecha la nueva princesa Twilight, y en el centro, Celestia. Todas estaban sorprendidas, pero la que más afectada parecía era la monarca del sol, cuya mirada lo estudiaba con detenimiento. Blueblood se inclino con respeto, sin atreverse a mirarla.
- Princesa Celestia, me alegro de verla nuevamente. Yo... quería disculparme enormemente por mi marcha repentina- tembló ligeramente al escuchar a su tía avanzar lentamente.- También quería aclararle que no fue su culpa el que me marchara. Lo único que pido es que me perdone, entenderé perfectamente si no quiere verme de nuevo.
Se congeló al sentir un casco en su hombro, instándole a levantarse. Con cautela, miró a su tía, viendo que estaba llorando, mostrando una gran sonrisa.
- Por favor, Blueblood, olvídate de llamarme Princesa Celestia, siempre seré tu tía- dijo antes de envolver en un fuerte abrazo a su sobrino perdido.
Aún con duda, abrazo a su tía, solo para profundizarlo segundos más tarde y empezar a llorar junto a ella. Miró de reojo como su tía Luna sonreía calidamente, no le sorprendía que no llorará, al fin y al cabo, no lo conoció tan bien como Celestia. Twilight, por otro lado, sonreía por Celestia, pero sabía que no le caía bien, al fin y al cabo, el trato de forma horrible a su amiga hacia mucho tiempo. Pero no le importó, ya tendría tiempo para disculparse, lo primero era su tía. Cuando se separaron, Celestia le sonrió, ampliamente, antes de invitarle a sentarse.
- Se que tal vez no quieras responder, pero me gustaría saber porque te fuiste así- dijo dándole una taza, limpiándose alguna lágrima suelta.
- Después de nuestra última... charla, quise ver por mi mismo lo que me decías. Y tras eso, bueno, no se, fue impulsivo. No lo pensé mucho, estaba rabioso con Falcone, con lo que le había hecho a la ciudad, y me sentía miserable por no hacer nada en su contra.
- Blueblood... eso no es tu culpa.
- Lo sé, lo sé, pero en ese momento, bueno... Después de eso, me sentía demasiado avergonzado como para volver. Me costó muchos años tomar el valor para hacerlo.
- Y me alegro que lo hicieras- dijo esta vez Luna, con una sonrisa.- Y si no te molesta, ¿podrías decirnos donde has estado?
- Por muchas partes de el imperio grifo y zebrica, por cierto, eso de que es una cultura subdesarrollada es falsa- ante esto, Twilight levantó una ceja curiosa.- Pero están al mismo nivel que Ecuestria, aunque su cultura es muy tradicional y está en todos los aspectos- Blueblood mostró una sonrisa ante los recuerdos-, y son muy hospitalarios. Aunque me gustaría no hablar mucho de lo que pase, hay cosas que me gustaría olvidar.
- Por supuesto, Blueblood, lo último que quiero es presionarte- dijo Celestia dando un sorbo a su bebida.
Blueblood sonrió a su tía, feliz de como estsban resultando las cosas. Celestia insistió en qué se quedará durante el resto del día, suspendiendo todas y cada una de sus reuniones. A la hora del almuerzo, cuando Twilight ya se había ido, entró en el comedor su prima Cadence, junto a su esposo Shining Armor. Al ver a su primo que creía perdido, se avalanzo para darle un abrazo mientras lloraba amargamente. En todo momento, Blueblood no dejó de sonreír mientras la abrazaba.
- Yo también me alegro de verte, primita.
- ¡No vuelvas a hacerlo, pedazo de idiota!
- ¿No eras tu quien decía que quería perderme de vista?
Cadence rio un poco, y tras unos minutos, se separó de su primo, para mirarlo con una gran sonrisa. Luego se giro a Celestia.
- Gracias por avisarme.
- Sin problemas, espero que hayas encontrado a alguien para cuidar de Flurry Heart- eso hizo que Blueblood arqueara una ceja curioso.
- Sunburst estuvo encantado de cuidarla, y ya cancele todas mis reuniones con los nobles del Imperio de Cristal.
- Espera, espera... ¿Flurry Heart? ¿Imperio de Cristal?
Cadence sonrió mientras miraba a su primo. Este, a su vez, devolvió la sonrisa, encantado de volver, aunque dolido por haberse perdido tanto.
Blueblood se encontraba en su salón, con un cuaderno de dibujo frente a él, con diversos diseños para un traje descartados. Llevaba intentando encontrar un símbolo que aterrara a los criminales desde esa mañana. En un momento dado, escucho un chirrido proviniente de una sala contigua al salón. Al ver que no sesaba, se levantó dispuesto a saber que era ese ruido. Al llegar a la sala, vio, en el techo, a un murciélago, volando desorientado por la luz.
- Lo siento, señor- dijo Service al entrar, mientras hacía levitar una bandeja con comida-, debe haber un nido en el jardín.
Blueblood, sin embargo, no le presto atención, pues observa con una mirada interesada al murciélago. "Ese es el símbolo que busco", pensó para si mismo. Unas tres horas después, se dirigió decidido a una zona que no había pisado en años. Llegó a un pozo, construido desde el día en el que cayó allí hacia tantos años para evitar que alguien volviera a tropezar ahí por descuido, preparado a descender con un equipo de escalada. Al hacerlo, se topo con una pequeña caverna, con un pequeño agujero, con el tamaño justo para que el pudiera pasar, por el que él recordaba surgieron cientos de murciélagos, murciélagos que le causaron un trauma en su niñez, pero que con los años de entrenamiento en la liga de las sombras, había aprendido a enterrar, aunque su miedo por ellos jamás desapareció.
Se arrastró por el agujero, y tras un trayecto de varios minutos, llegó a una zona más amplia. Al erguirse nuevamente pudo ver que se encontraba en una cueva, pero la oscuridad penetrante no le permitía ver cuán grande era, aunque pudo escuchar una cascada. Iluminó la cueva con su cuerno, viendo que era más amplia de lo que imaginaba, y al mirar a un lado, pudo distinguir los cimientos del ala oeste. Pero eso no fue lo único que hizo la luz, también alteró a los habitantes de la cueva. En un segundo, un torrente de murciélagos se avalanzo sobre el intruso.
En un acto reflejo, Blueblood se encogió de miedo, pero tras respirar hondo, se levantó poco a poco, con sus ojos cerrados. En segundos, al notar la calma del poni, los murciélagos lo envolvieron en un tornado, sin tocarle ni un pelo. Blueblood abrió los ojos, con un solo pensamiento en mente, terminar con el crimen en Canterlot.
