Capítulo 14

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Los días se fueron rápido, perdiéndose entre almuerzos o un par de cervezas por la tarde, y conversaciones de su día que se desviaban en temas triviales la mayoría de las veces. Las discusiones amistosas no tardaron en abrirse paso y sin querer se deslizaron detalles de cada una que si bien pasaban desapercibidos en el momento, eran recordaros cuando se encontraban en casa meditando los recuerdos.

Temari no tuvo que salir con Samui más de tres veces para comprender que ella prefería el café frío… pero no el frío de un frappé o de uno al que se le ha añadido hielo, le gustaba el café que la mayoría descarta, el que fue preparado demasiado temprano y dejado a enfriar toda la mañana.
A Samui le bastó mencionar distraídamente su antojo por takoyaki para que se le grabara en la memoria que solo pronunciar las palabras pulpo o calamar provocaban un recuerdo de repulsión demasiado vívido en Temari.

En ese momento, corrían entre susurros de descontento, buscando refugio de la lluvia que les había sorprendido en plena caminata nocturna. Lo angosto de los pasillos y los diferentes techillos que sobresalían de los establecimientos no ayudaban a encontrar un espacio donde no les salpicara el agua que caía en las piernas o una gotera de origen incierto les mojara la cabeza o la espalda.

—¡Aquí! ¡Aquí está bien! —anunció Temari.

—¿Segura? —preguntó, mirando hacia arriba. —Cae agua por todos lados.

Volvió la mirada a Temari al escuchar que algo se sacudía y la encontró con su chaqueta en las manos, la tela aún se movía luego de ser vigorosamente agitada para deshacerse del agua que comenzaba a empaparla. Sin decir palabra alguna, sacó la mano y dejó que un chorrillo de agua escurriera entre sus dedos. Sentía el cuerpo de Temari empujarla con cada movimiento, el espacio era demasiado reducido.

—¿Tienes frío? —preguntó al verla frotarse los brazos.

—No… mis mangas están húmedas —murmuró, mirando hacia el pasillo.

Las luces rebotaban en el agua y en los vidrios.

Se permitió aquel momento de distracción para observarla, hasta ese día había respetado la petición de Temari, y en ningún momento, ni bajo circunstancia alguna, avanzó como lo habría hecho antes, no necesitaba escucharlo para saber que la muchacha no tenía el valor aún para, siquiera, tomarle la mano. Pero en ese momento, gracias a la lluvia y el deseo de permanecer seca, no había notado que en algún punto de la carrera se habían tomado inocentemente de la mano, como lo harían un par de adolescentes uniformadas en esa misma situación.

Sonrió ligeramente y se atrevió a acariciar el dorso de la mano con su pulgar e inmediatamente sintió la mano tensarse… pero no se soltó.

—¿A quién buscas? —preguntó al fin.

Giró el rostro de inmediato, fingiendo demencia. —¿De qué hablas?

De nuevo se dibujó una sonrisa en sus labios y tiró ligeramente de ella, obligándola a estar más cerca, aunque no demasiado. La miró fijamente a los ojos unos segundos e inclinó el rostro, para poder mirar en la misma dirección en que Temari lo había hecho antes.

—Siempre pareces estar buscando a alguien —murmuró, volviendo la mirada a ella.

—No lo hago—se defendió, apretando ligeramente la mano libre, clavando las uñas en su piel.

Asintió una sola vez y volvió a mirar al frente. La lluvia no amainaba y el bochorno inicial comenzaba a dar paso a un frío que se volvería un poco intolerable gracias a la humedad de sus ropas.

—Relájate...

Miró a Samui, parpadeando una sola vez. —¿Disculpa?

Los ojos azules seguían perdidos en aquella parte donde los establecimientos no habían cerrado por la lluvia. Regresó la mirada la frente, aunque no hubiera algo interesante que ver, creyendo que comenzaba a escuchar cosas.

—Lo digo en serio.

La miró de nuevo. —Estoy relajada.

—Claro —murmuró, soltándole la mano para poder abrir la lata que había comprado minutos atrás. —Tengo la firme creencia que entre más pienses en ello, más probable es que las personas que conoces aparezcan.

—¿Crees que las llamo con la mente? —juntó las cejas al notar la risa que ocultaba la lata y le señaló con el índice. —Samui, no. No… no estaba pensando en nadie.

Solo recibió un asentimiento y una mirada insistente. Las cejas no se enarcaron en ningún momento, pero hubiese preferido aquello.

Se encogió de hombros al fin. —Cálmate, si preguntan por qué sales tanto conmigo… di que estoy deprimida o qué se yo.

El silencio se prolongó unos cuantos segundos y fue interrumpido por el sonido de la lata al ser apretada entre las manos.

—¿Eso no te molesta?

La miró entonces. —Solo quiero estar contigo.

Asintió una sola vez y se pasó la mano por la frente, secando gotas de lluvia que no había sobre su piel, y sonrió nerviosa. No se sintió capaz de mirar a Samui luego de eso y a ella no pareció importarte, pues pronto se encontró distraída en el interior de su bolsa.

—Quizá si corremos de nuevo, encontremos un paraguas en alguna de las tiendas de adelante.

—No me quiero mojar más —dijo entre dientes, renegando.

Exhaló y la tomó de la mano, apretó los labios y la miró fijamente. —Era una excusa para tomarte la mano.

—¡Oye…! —el tirón no la dejó continuar.

Corrían de nuevo, sorteando chorrillos y cortinas de agua, chillando cuando alguna gota fría se colaba por los cuellos de sus blusas, alcanzándoles la espalda. Se detuvieron en varias tiendas, pero los paraguas reservados para esas ocasiones ya habían sido tomados por visitantes más temprano.

Se conformaron con el refugio que brindaba una esquina llena de máquinas expendedoras. Apretadas contra un vidrio, echando miradillas sobre el hombro de un desconocido a la lluvia y la ciudad, fingiendo que no había nada más de qué hablar y rodeadas de un silencio que por alguna razón era divertido, mantuvieron sus dedos discretamente entrelazados.


He estado retrasando las publicaciones porque he tenido dudas con mis historias y no quería que fuera a pasar eso con esta, de pronto sentí que es larga y no avanzaba, pero recordé que los capítulos son muy cortos para lo que estaba acostumbrada a escribir y me tranquilicé. Estoy revisando todos los capítulos, no quiero volver a arrepentirme de publicar algo o considerarlo mediocre después por sacarlo con las prisas de mantener una agenda.

Domingo, 13 de octubre de 2019