La era del murciélago

Falcone llegó en su carro a un almacén cercano a la estación de tren, que a esa hora estaba desierta, donde estaban cargando varias bolsas de droga. Algunas las sacaban de los contenedores que habían llegado ese mismo día para la ciudad, y otras se cargaban para ser enviadas a otras ciudades de Ecuestria, ocultas por otras mercancías. Falcone se acerco a quien organizaba todo el procedimiento, cuando entraron por la puerta cuatro policías y un teniente, todos vestidos con armaduras azul claras y con una estrella bordada en el pecho, distinguiéndose así de los guardias de la princesa Luna. El teniente tenía una mirada sería mientras miraba a Falcone.

- Vaya, mira que tenemos aquí, un negocio de drogas, eso es muy malo, señor Falcone- dijo, los matones de él mafioso más peligroso de Canterlot estaban nerviosos y tensos. Falcone, sin embargo, se mantuvo tranquilo.

- ¿Y cómo piensa detenernos cuando nosotros tenemos armas de fuego y ustedes espaditas y lanzas?

- No es nuestra culpa que Celestia las prohíba, créame, sino, ya le estaría encargando 200 a nuestro confiable Pingüino- dijo con una sonrisa mientras estrechas cascos con Falcone. Al ver que los matones se miraban inseguros, echo a reír.- Seguid, coño, que vais a retrasaros, y al señor Falcone no le gusta los atrasos.

Tras mirarse entre ellos, siguieron con lo que estaban haciendo mientras el resto de agentes se colocaban para vigilar junto a los criminales, cogiendo cada uno un arma. Mientras tanto, Falcone y el teniente observaban a los demás trabajar.

- ¿Leíste lo de esa cosa en el periódico?- dijo el teniente.

- ¿Ese poni murciélago?

- El mismo. Según cuentan, ha estado atrapando a diversos ladrones, camellos, estafadores menores, todo durante las últimas dos semanas.

- Lo se, pero no es más que un mito. Uno creado, seguramente, por los que me han fallado para intentar escusarse. Hace dos días mandé matar a Fancy Pants, ¿lo recuerdas?

- Como para no hacerlo- el teniente mostró una mueca de disgusto.- El tío se cree una fuente de moral inquebrantable y es fiel a las Hermanas Celestiales. No acepta sobornos, habla de los policías corruptos, es un incordio.

- Lo se, por eso mande matarlo. La cosa es que fracaso. Y cuando fui a liberar al idiota ayer, ¿sabes con qué me encuentro? Con que le han dado una paliza y encerrado, y en vez de aceptar que un fiscal le derrotó, se inventa una historia de un monstruo alado.

- Lo que se inventan para librarse de un castigo.

- Lo se. Acompáñame, tengo vino del bueno en mi carroza, ya nos avisaran cuando terminen.

Mientras esto sucedía, los matones seguían cargando y empaquetando drogas. La verdad era que odiaban ese sitio, rodeados de contenedores y cajas, era, literalmente, un laberinto de metal. Por no hablar de que las luces no iluminaban mucho y algunas parpadeaban. Sax odiaba eso, pero recibía pasta, así que se callaba. Escucho a su jefe llamarlo y se giro para verlo, un poni terrestre gigantesco y una fuerza inaudita, su nombre, Bane Dead.

- ¡Tú! Mira a ver el generador, a ver si conseguimos que las luces dejen de fallar.

Sax asintió con un gruñido. El generador se encontraba en la zona más alejada del almacén, guardado en un compartimento especial. Dejando su arma en una caja cercana, una ametralladora Al-ce 32 traída del reino de los Alces, abrió el compartimento. El generador tenía cientos de lucecitas, y ninguna le decía como hacer que las luces dejarán de parpadear. Cuando se apartó para mirar detenidamente al aparato, sintió algo cortando el viento junto a su cara, y acto seguido, algo impactó contra la máquina, lanzando un centenar de chispas y dejando todo el almacén en oscuridad total.

Con un grito, Sax iluminó la zona con su cuerno mientras cogía el arma y buscaba frenético a su alrededor. Cuando se acerco al generador vio algo clavado en el, levitándolo con su magia lo acerco a él, viendo que era una especie de cuchilla que había sido trabajada para parecerse a un murciélago. Fue en ese entonces, que escucho algo sobre el. Al alzar la mirada, vio a una mancha negra con ojos completamente blancos y demoníacos abalanzarse sobre el. Lo último que pudo hacer, fue gritar de terror, sin tiempo para poder disparar.

El grito puso aún más en alerta al resto de matones, que ya estaban asustados de por sí. Si el almacén ya era oscuro, ahora lo era aún más, teniendo únicamente la luz de la luna que se colaba por las ventanas y la de las luces de emergencia, una resistencia pobre contra la oscuridad. Un grupo de dos ponis corrían a donde el se había escuchado ese grito que los alertó. Sin embargo, el que iba más adelante e iluminaba el camino con su cuerno no pudo ver dos pezuñas que salieron de la oscuridad a un lado suyo, arrastrándolo a las sombras, y poco después, la luz que emitía se apago por completo. Su compañero se detuvo en seco, aterrado, sintiendo un sudor frío en su lomo. Se acerco poco a poco al hueco donde su amigo había desaparecido, rezando para que no le pasara nada.

- ¿H... hay al... alguien a... ahí?

Sin respuesta. El no era un unicornio, por lo que se quedó en la oscuridad con la poca luz que le brindaba la luna. Por un segundo, creyó escuchar algo detrás suya, por lo que se dio la vuelta gritando y disparando una ráfaga de disparos. Al no ver a nadie, se desespero aún más.

- ¡¡¿DÓNDE COÑO ESTÁS?!!

- Aquí- escucho a su espalda.

Cuando se giro, vio a lo que parecía un murciélago gigante, con su rostro pegado a él, mirándolo fijamente con dos ojos blancos que parecían mirar su alma. Su grito fue cortado por un golpe de casco que lo dejó inconsciente.

Los pocos que estaban en la entrada junto a los cuatro agentes escuchaban aterrados gritos y disparos probinientes de la zona de los contenedores. En ese momento, algo parecido a una pelota de golf cayó entre ellos, y 5 segundos después, una nube gigantesca de humo los envolvió por completo. Al instante, todos comenzaron a toser, algunos disparando al aire, desorientados por completo, sin percatarse de la figura negra que caía en el centro. Al segundo, esta empezó a pelear con todo aquel a su alcance, dejándolos K.O. con golpes certeros en ciertas partes del cuerpo, incapacitándolos, pero sin efectos permanentes.

Un minuto después, el humo se disipó por completo, y el único en pie fue Bane, que miró con rabia a la figura de negro. Un poni de tierra, aparentemente, vestido con un traje negro con un símbolo de murciélago en el pecho y una capa que cubría gran parte de su cuerpo. Su casco tenía dos orejas puntiagudas que simulaban las orejas de dicho animal, pero lo que más destacaba en esa máscara, eran sus ojos, totalmente blancos, que le daban un aspecto siniestro al conjunto. Con un grito de ira, se avalanzo sobre el poni, que esquivo todos y cada uno de sus golpes. En un momento dado, golpeó su hocico con tal fuerza que le hizo sangrar, y antes de que pudiera reaccionar, le dio varios golpes más y no paro hasta que cayó insconciente. Se escucho un leve jadeo, y cuando la figura se giro, vio a Falcone y al teniente, este último apuntándole con un arma.

- ¡Qué... quédate ahí!- grito el teniente.

Sin embargo, antes de que pudieran hacer nada, la figura sacó rápidamente una de esas cuchillas y la lanzó con precisión de francotirador al casco que sostenía la pistola, haciendo que cayera de inmediato. Falcone, en cuanto lo vio, salió corriendo, algo que el teniente trato de imitar, pero otra cuchilla en su pata derecha trasera se lo impidió, cayendo al suelo gritando de dolor y mirando con terror como ese monstruo se acercaba.

Falcone llegó al fin a su carro, instando a los dos pegasos echar a volar cuanto antes, entrando poco después. Pero pronto escucho una ligera explosión y vio una cortina de humo justo delante, junto al ruido de sus chóferes gritando y caer al suelo. Sudando copiosamente, Falcone agarró su propia pistola, mientras miraba a ambas ventanas nerviosamente. Esa cosa había liquidado sin esfuerzo a su mejor semental y ni siquiera parecía cansado.

- ¡¿Qué coño eres?!

Al segundo, se escucho un golpe sordo en el techo de su carro, y justo después, dos cascos lo destrozaron y lo forzaron a salir. Se topo cara a cara con los ojos blancos de ese monstruo, que no mostraban emoción alguna.

- Soy Batponi.

Y con un golpe de cabeza, dejo K.O. al mafioso más peligroso de Canterlot.


Luna estaba cabreada. Había estado intentando durante una semana hacer hablar a algún cómplice de Falcone, y nada había resultado. Lo peor era que a los pocos días, se soltaban a estos bajo la escusa de que no tenían pruebas contra ellos, cosa falsa, pero descubrió pronto que las pruebas desaparecían mágicamente, y nadie parecía saber nada. Esa noche se entretuvo con el papeleo con una reunión con su hermana acerca de este vigilante al que los medios habían llamado Batponi, así que llegó bastante tarde a su habitación. Se estaba preparando para acostarse a dormir y vigilar los sueños de sus súbditos. Sin embargo, algo le perturbo. Hecho un vistazo a su habitación, terminando en su balcón, que daba a la ciudad. Al salir, sintió el aire fresco de su noche y miró atentamente a la luna.

- Se que estas ahí- hablo. Cuando se giro, vio a una figura con un traje peculiar y envuelta en una larga capa negra salir de las sombras. Esta no mostró más signo de respeto que un leve inclinamiento de cabeza.- Así que tu eres ese poni al que la prensa ha llamado Batponi. Debo felicitarte, no es tan fácil llegar hasta aquí. ¿Qué quieres? Habla antes de que te arreste.

Por respuesta, el poni le arrojó una carpeta a la princesa de la noche. Curiosa, Luna la levito hasta ella, abriéndola y encontrándose fotos de diversos ponis recibiendo dinero de otros, junto a varias fichas y documentos.

- ¿Qué diablos es esto?

- Pruebas contra los jueces y fiscales corruptos, así como aquellos fieles a tí. Podrás elegir quién juzgará a Falcone- dijo la figura. Su voz era distorsionada por alguna especie de hechizo, aunque la princesa no logró detectar ninguno.

- Es fantástico, en serio, pero no podemos arrestar a Falcone. No hay pruebas de que...

- Ahí encontrarás registros de compras, fotos de el en sitios de entrega de drogas, órdenes firmadas por el para secuestros y asesinatos y si vas a el almacén de carga número 4 de la estación de tren, encontrarás a Falcone junto a muchos de sus matones, además de cuatro policías y un teniente corruptos, todos atados y listos para ser arrestados.

Luna no podía creer lo que escuchaba, era demasiado bueno para ser verdad. Se giro para mirar la ciudad, centrándose en donde ella sabía que estaba la estación.

- ¿Cómo se qué no mien...?- su pregunta se detuvo cuando vio que el llamado Batponi había desaparecido.

Desconcertada, lanzó un hechizo de rastreo, pero no detectó nada. Si antes estaba interesada por como había llegado hasta allí, ahora estaba impresionada por como había desaparecido sin que se percatará. Ahora sí que estuvo dispuesta a averiguar si lo que decía era cierto, y si lo era, bien valía la pena retrasar sus deberes en el mundo de los sueños.


Las cortinas se abrieron, dejando que la luz del sol de la mañana entrará, despertando a Blueblood, quien gruño con sueño. Levantando la cabeza, vio a su mayordomo junto a su cama, esperando a que se levantará. Dando un vistazo al reloj, vio que eran las 11 de la mañana. Se sentó pesadamente, observando a Service, que parecía divertido.

- Buenos días, señor. ¿Qué tal la noche?

- Productiva.

- Eso supongo, ya que ha causado bastante impresión- dijo mientras le extendía un periódico.

"Falcone atacado

por el murciélago

Anoche, un comando especial comandado por la mismísima princesa Luna encontró al mafioso más peligroso de la ciudad, Falcone, atrapado junto a una gran cantidad de sus hombres y unos cuantos agentes de policía. Pese a que la princesa no ha querido declarar, uno de los apresados gritaba que habían sido atacados por un murciélago gigante.

Este héroe anónimo está poniendo en hake a los criminales de Canterlot. Pese a que la princesa Celestia parece estar en contra de este vigilante, argumentando que es alguien que necesita ayuda antes de que se haga daño a sí mismo, ha logrado en una sola noche lo que ella ha estado intentando durante años, atrapar a Falcone. ¿Quién es este misterioso héroe? Mientras tanto, la ciudad podrá descansar un poco del señor Falcone, antes de que otro venga a ocupar su lugar"

- Por un segundo llegue a pensar que Luna no me haría caso- dijo mientras leía la noticia.

- ¿Y por qué ella y no su hermana?

- Porque mi tía Celestia me considera peligroso y que necesito ayuda. Luna, pese a que pueda desconfiar de mi, podría llegar a ser más comprensiva.

- Entiendo, bueno es saberlo. No obstante, le recomiendo que se prepare, señor, está noche es la Gran Gala del Galope, y ya ha sido invitado.

- ¿Esta noche? Ni me acordaba. Al menos podré estrenar el vestido de la señorita Belle.

- No me extraña que lo olvidará, señor, sus... actividades... roban mucho tiempo y atención.

- Cierto. Muy bien, Service, iré, pero antes quiero ir a la cueva, me gustaría revisar algunas cosas.

- ¿Puedo preguntar que cosas, señor Blood?

- Me gustaría saber quien es este Pingüino. Ha estado otorgando armas a todos lo criminales de Canterlot. Quisiera investigar los archivos policiales en busca de algún vendedor de armas. Si hay alguno, sus armas se las dará el Pingüino.

- Mientras esté preparado a tiempo para la fiesta, me parece perfecto.


Esa noche Blueblood llegó a el castillo de Canterlot en su carro más lujoso, y entró directamente, dirigiéndose a saludar a su tía Celestia, que iba recibiendo a los invitados.

- Buenas noches, tía.

- Buenas noches, Blueblood. Espero que disfrutes esta fiesta y no... haya incidentes- dijo con un giño travieso, a lo que Blueblood respondió con una ligera risa.

Al entrar, se topo con lo que ya esperaba, nobles hablando entre ellos, mesas llenas de comida de alta sociedad y música clásica en el ambiente. Se preguntaba si los elementos harían algo igual a la última gala a la que fue, ahora que no bebía, podría tener la oportunidad de ver el espectáculo y recordarlo. Aunque bien sabía que no lo harían, que ya habían aprendido la lección. Por lo que le contó su tía, únicamente la princesa Twilight, Rarity y, ocasionalmente, Fluttershy visitaban la gala. Mientras se acercaba a la mesa de aperitivos, fue saludando a quienes le reconocían y, una vez en su destino, vio a el Dr. Whooves acercarse.

- Buenas noches, señor, no esperaba verle aquí.

- Ni yo a usted, doctor. ¿Qué le trae a estas fiestas de alto calibre?

- Bueno, como jefe de el departamento científico, algunos de mis compañeros del consejo de empresa me han sugerido que debería pasar por estos sitios. Cosas de imagen y eso.

- Por supuesto- dijo Blueblood con una sonrisa.

- A propósito, ¿qué tal las mejoras?

- Perfectas, la oscuridad ya no es un problema en mi vida.

- Me alegro. Dentro de poco puede que tenga algo para usted. Siempre se quejo de que Service ya no escuchaba muy bien. Puede que tenga algo que le ayude.

- ¿Podrá escucharme incluso a través de paredes?

- Totalmente, y podré aplicarlo a su- dio una mirada rápida a su alrededor-, "visión mejorada".

Blueblood asintió satisfecho y alzó dos copas de sidra, dándole una a su amigo. Dando un brindis, bebieron su copa. De reojo vio a Rarity acercarse.

- Buenas noches, príncipe Blueblood, veo que el traje le queda bien.

- Así es, muchas gracias, señorita Belle. He de decir que su vestido también le queda estupendamente, realza su belleza.

- Gracias.

- Le veré mañana para las mejoras de diseño- dijo Time Whooves antes de irse.

- ¿Quiere unirse a nosotros, Blueblood?- dijo Rarity señalando a su amiga Twilight y Fancy Pants, que los miraban atentamente.

Con un asentimiento de cabeza, Blueblood siguió a la unicornio blanca junto a sus amigos. Twilight parecía un poco molesta por su presencia. Al llegar, el príncipe se inclino respetuosamente ante la nueva princesa y Fancy.

- Buenas noches, alteza, señor Pants.

- Lo mismo digo, príncipe Blueblood- dijo Fancy con una sonrisa.

- Ah, señor Pants, ¿qué tal se siente meter entre rejas a Falcone después de tantos años?

- Gratificante, desde luego. Después de tantos intentos fallidos, testigos asesinados... Casi parece un sueño. Aún espero a despertar.

- Pues no es un sueño, mi tía Luna sabría si fuera así- Blueblood río con ganas junto a Fancy.- Su esposa debe estar orgullosa del gran fiscal. ¿Pero dónde está, a todo esto?

- Está orgullosa, créame. En cuanto a su paradero, no le gustan estas fiestas.

- No se porque, son divinas- dijo Rarity con una sonrisa de oreja a oreja. Twilight, por su lado, rodó sus ojos.- Por cierto, no se si puede confirmar esto, pero he escuchado que el arresto de Falcone se logró gracias a este Batponi, ¿es eso cierto?

- Oficialmente, no, extraoficialmente, si. Y lo agradezco enormemente. Esto no le gustará, alteza, pero en mi opinión, Celestia esta equivocada con este héroe- Twilight bufo molesta.

- Ella tiene razón, ese loco se va a matar cualquier día. Y puede haber ayudado, si, pero viola varias leyes y provoca heridas graves en sus víctimas.

- Víctimas que han sido criminales, querida- intrrvino Rarity.

- Por mucho que odie estar en su contra, señorita Belle- dijo Blueblood-, la princesa Twilight tiene toda la razón- ante esto, Twilight lo miró curiosa, y hasta le dio una ligera sonrisa.- Además, ¿quién eligió a ese loco? La última vez que revise, el alcalde de la ciudad y los miembros del parlamento eran elegidos por el pueblo, y las nuevas princesas son puestas a prueba por una de las Hermanas Reales antes de saber si merecen ese puesto. Así que repito, ¿quién le eligió a él?

- Nosotros, los ricos y poderosos que no hicimos nada- comento Fancy.- Cuando Discord tomó Ecuestria en su época de debilidad, nuestros antepasados tomaron a las princesas del sol y la luna como sus líderes, para cuidarles y protegerles. Y en aquella época, se consideró un honor y un servicio público, y estoy seguro de que ellas lo mantienen así.

- Señor Pants- dijo Twilight-, nuestras princesas fueron elegidas para ello por decreto divino de sus mismísimos padres, pero si en lugar de ser ellas, hubiera sido un mortal, la cosa habría resultado diferente. Cuando el imperio de cristal sufrió hace 2000 años un ataque enemigo, se eligió a el rey Sombra para proteger las fronteras. Y ya ves como acabó.

- Tiene razón alteza, pero... o mueres como un héroe, o vives lo suficiente como para verte convertido en el villano. Y de momento, este vigilante está siguiendo el camino del héroe, yo por mi parte, le daré el beneficio de la duda, ya veremos si cambiará con el tiempo.

- Pasando a otro tema- dijo Rarity notando la tensión entre ambos-, he escuchado de su intento de asesinato, debió ser horrible.

- Y lo fue, una experiencia aterradora. Pero este héroe sin rostro me salvo la vida.

- ¿Así?- dijo Twilight.

- Si, aunque no le vi bien, y se fue tan rápido como dejó inconsciente al matón que mandaron para matarme.

- ¿No cree qué debería tomar una postura más discreta, querido?

- No, señorita Rarity, no lo haré. Esta ciudad necesita un fiscal en el que se pueda confiar.

- ¿A costa de su vida?

- Como la veo muy preocupada, haremos un trato- Fancy saco una moneda y mostró el lado de la cara.- Cara, sigo como hasta ahora, cruz, me retiro como me está sugiriendo usted, mi esposa, y todos mis amigos.

- ¿En serio se la va a jugar a cara o cruz?

- Es la moneda de la suerte de mi abuelo, gracias a ella conseguí quedar con mi esposa- dijo mientras tiraba la moneda. Al caer, mostró cara, y con una sonrisa, miró a los presentes.- Cara, me temo que seguiré como hasta ahora.

Por el rabillo del ojo, Blueblood detectó un brillo rojizo a través de una de las ventanas del salón, que daban al jardín y a la ciudad, más allá del muro. El brillo provenía de un edificio que sobresalía por sobre la muralla, y parecía acercarse a cada segundo más rápido. En un segundo, un objeto de gran tamaño rompió las ventanas y chocó con el suelo de la sala, creando una explosión con una lluvia de escombros gigantesca. Twilight creo instintivamente un escudo gigantesco, protegiendo a la mayoría de ponis posible. Por desgracia, algunos estuvieron demasiado cerca, resultando gravemente dañados o muriendo en el acto.

-¡¿Están todos bien?!- pregunto Celestia, acercándose alarmada, pero deteniéndose en seco al ver a varios de sus ponis muertos.


Fire Red llegó a su departamento en los barrios bajos de Canterlot tras una venta fallida. Desde el arresto de Falcone el día anterior, sus clientes cogieron bastante miedo, si no lo tenían ya, a Batponi. Ese día solo pudo vender unos 10 miserables kilos de heroína, junto a una única pistola. Accionó el interruptor de la luz, soltando una maldición cuando no encendió.

- Un día mataré a esa puta casera, no se cuantas veces le he dicho que falla la maldita luz.

Se acerco a tientas a la cocina, topándose con que la luz tampoco funcionaba, y abrió la nevera para sacar una lata de sidra. Puede que no fuera tan buena como la de la familia Apple, pero cumplía el propósito de emborracharle y eso le bastaba. Abrió la lata y dio un sorbo, justo cuando algo le agarró por detrás y le estampó contra la mesa de su cocina, destrozándola en el proceso. Alzando su vista, aún adolorido, vio al causante de sus pocas ventas, alzándose en la oscuridad, lo único destacable era su silueta, sus orejas gigantescas y esos ojos que le perseguirán por siempre en sus sueños. Plantó uno su casco izquierdo sobre su cuello y el otro lo alzó en símbolo de atacar.

- ¡¡¿DÓNDE SE ESCONDE EL PINGÜINO?!!

- ¡¿De qué hablas tío?!

- Hoy alguien ha lanzado un misil a la Gran Gala del Galope, y el Pingüino es el único capaz de vender algo así.

- Pues bien por el, ¡yo no se nada, joder!

- Hoy han muerto 8 ponis, así que no estoy de humor. Se que tu vendes drogas y armas para el, así que... te lo preguntaré una vez más... ¿Dónde... está... el Pingüino?

A cada palabra, fue apretando más su casco, ahogando y haciéndole más difícil a Fire el respirar.

- El... sa... salón... Silver... Fish.

- Si me mientes, te romperé el otro.

Antes de que Fire pudiera preguntar, Batponi retorcido con un giro rápido su casco derecho, sacando un grito de dolor. Acto seguido, el héroe abandono el departamento, con un único objetivo en mente, atrapar al Pingüino.