Capítulo 16
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Las luces de la ciudad no brillaron con mayor intensidad durante el trayecto. No se volvieron los minutos eternos, ni los kilómetros más largos. Atrás de ellas quedó una cuidad sumida en sus últimas horas de ajetreo.
El silencio habitual de las áreas residenciales no tardó en hacerse notar luego de que Samui anunciara que estaban por llegar, y aunque las ventanas de las casas aún estaban iluminadas, era evidente que la noche había caído ya y que el silencio debería respetarse.
Temari observó en silencio la modesta edificación que se erigía frente a ella, aunque igual a las otras, resaltaba del resto por la oscuridad que parecía reinar en el interior. Cerró la portezuela con cuidado, intentando no ofender demasiado al silencio, y se frotó los brazos distraída al sentir el ligero cambio de temperatura.
Samui ya abría la puerta cuando ella cerraba la verja y cuando miró al interior una luz ya estaba encendida, mostrando un recibidor que no destacaba de los que conocía. Entró a la casa en silencio, observando cada detalle al no saber qué más hacer, sonriendo ante las escusas innecesarias que Samui hacía y que se imaginaba ella también haría el día en que fuera su casa el destino en común.
—… obviamente vivo sola y no creí que fueras a venir pronto, así que...
Señaló la dirección en que se encontraba el comedor y al girar las palabras se atoraron en su garganta al notar la manera en que Temari le miraba.
—¿Qué? —espetó, atropellándose la lengua.
Temari subió el escalón, sin dejar de mirar a Samui y negó una sola vez, tomando de las manos de la mujer las bolsas con la cena y dirigiéndose hacia la mesa.
Con el corazón latiéndole en la garganta, la miró alejarse lentamente, un poco decepcionada y a la vez avergonzada por la ligera esperanza que habría crecido dentro de ella ante la proximidad que compartieron durante unos instantes. Estaba consciente de lo que estaba a punto de hacer y se odiaba por aquella extraña impulsividad que de pronto la aquejaba.
—Oye.
Giró al sentir que la tomaban del brazo, no tanto porque la palabra hubiese llegado a sus oídos, y al mirar atrás se encontró con el rostro de Samui, demasiado cerca al de suyo, los ojos la miraban fijamente. El aliento tibio le rozó el rostro y sus labios se toparon apenas por el impulso que llevaba cada una, pero eso fue suficiente para que sus piernas temblaran unos momentos.
No pudo contestar.
Samui no se atrevió, tampoco, a decir algo más.
Una mano fría y trémula viajó hacia el rostro de Temari y alejó con suavidad un mechón de cabello, que no estorbaba realmente, pero le daba una excusa para tocarle el rostro suavemente. Miró el rostro, aprovechando la cercanía, y, apenas pudo respirar tranquila al confirmar que no sería rechazada, sonrío ligeramente antes de presionar sus labios contra los de Temari.
No hubieron palabras de por medio y como si cualquier caricia sobrara, sus manos apenas se posaron sobre los brazos que le sujetaban suavemente el rostro. Aquel pequeño gesto, el poder aferrarse a los brazos delgados, fue lo único que ayudó a Temari a mantenerse firme sobre un suelo que se sacudía bajo sus pies. Sentía la mano acariciar su mejilla suavemente una vez sus labios se separaron y al abrir los ojos se encontró con un gesto sereno que lucía diferente de todos los demás que conocía.
… fue un beso suave y corto.
—¿Cenamos' —susurró Samui, alejándose suavemente.
Asintió una sola vez, una ligera vergüenza la embargaba, pero una felicidad aún más tímida le ganaba la batalla al sentimiento.
El silencio que rodeó el principio de la cena no fue tan incómodo como Temari había esperado, quizá debido a que Samui no se había reservado del todo y comenzó con una plática ligera, no pudo evitar pensar que los nervios que la recorrían en ese momento ya no atacaban a Samui de esa manera.
Samui entrelazó las manos y recargó el rostro en ellas, atreviéndose a mirarla, hasta entonces, con una sonrisa que cualquier otro podía confundir con una idiota. Era la primera vez que los gestos no se ocultaban bajo esas luces a medias y pálidas o amarillentas. Ahí no cabrían dudas sobre rubores mal disimulados o el brillo de una mirada.
Temari bebió en silencio y al alejar el vaso enarcó una ceja, consciente de la insistencia de Samui. —¿Qué?
Negó una sola vez y por primera vez agradeció que aquella mesa fuera tan pequeña, pues le permitía extender el brazo y tomar la mano de Temari sin problemas. Bajó la mirada, consciente del tacto con el que debía manejar sus sentimientos, decidió no decir lo que pensaba realmente, se había enamorado peligrosamente rápido de aquella muchacha.
—… eres muy linda.
Se quedó con las palabras atoradas en la garganta y miró la mesa, ligeramente confundida, antes de sonreír un poco y juntar ligeramente las cejas. —… gracias.
Samui jugó entonces con su mano, acariciaba sus nudillos con uno de sus dedos y le miraba el dorso como si fuera una de las maravillas del mundo. Conocía el rostro de Samui, pero pocas veces podía verla sin esas luces a medias que ocultaban gestos, que mitigaban brillos, que distorsionaban la realidad con sus colores artificiales.
—¿Podemos hacer esto más seguido? —pidió, estrechando ligeramente la mano que tomaba la suya.
Detuvo la mirada antes de llegar al rostro de Temari, solo por unos segundos y luego miró los ojos verdes, sintiendo un cambio inesperado en los latidos de su corazón. Asintió una sola vez, mientras una sonrisa se formaba de nuevo en sus labios.
—Claro.
Originalmente, era más largo… y estoy enojada aún. Quizá me tarde en traer el resto, pueden escuchar el siguiente video: : / / youtu. be / TCvSzHFl8Gg … si les interesa escucharme hacer berrinche por lo que me pasó xD
Jueves, 14 de noviembre de 2019
