La ira del Primero

El Pingüino tenía una buena noche. Cierto era que estaba perdiendo algunos clientes clientes, pero eran unos pocos, aún recibía muchos ingresos. Uno de esos, era su preciado club, Silver Fish, un lujoso bar/club/casino. Sus clientes podían disfrutar de una copa, unas hermosas yeguas, bailar al son de la música o perder todo su dinero, y eso le encantaba. En esos momentos se encontraba en la zona del bar, mirando un espectáculo precioso, unas 4 yeguas hermosas bailando sugerentemente tanto para el como para sus clientes.

Oswald Cobblecolt se trataba de un unicornio bajo y gordo de pelaje negro y crin gris oscura, con la zona del vientre totalmente blanca, ojos castaños oscuros, un hocico puntiagudo y un defecto en su pata derecha delantera, haciendo que cojeará al caminar, ganándose así su apodo. Llevaba un traje de esmoquin, con un paraguas cercano que siempre llevaba consigo, y se encontraba bebiendo una copa de su mejor vino, rodeado por cuatro ponis bien armados que le protegerían sin dudar. En ese momento, una explosión destrozó la doble puerta detrás de él, y una pequeña bomba de umo impacto justo a su lado. Mientras el Pingüino tosia, escucho algo dando una paliza a sus guardaespaldas de élite, que no tuvieron tiempo de sacar las pistolas. Cuando el humo desapareció, ese algo lo cogió del cuello y lo estampó contra la mesa que tenía delante, y por primera vez, Oswald pudo ver a Batponi y a esos ojos sin alma.

- ¡¡¿A QUIÉN LE VENDISTE UN LANZAMISILES?!!

Una parte del Pingüino le decía que hablará, que ese tío podría matarle, pero su orgullo no lo permitió. Nadie entraba en SU club y le amenazaba, NADIE.

- Escucha, yo no sé nada, y aunque lo supiera, no puedo decírtelo, cosas de negocios.

- Hoy alguien uso tu juguete en la Gran Gala Galopante, y han muerto ponis. No sólo te destrozar cada hueso del cuerpo hasta que hables, sino que podría llamar a las princesas para que vengan. ¿Qué crees que pasará si se enteran de quien es el que vende armas?

Pingüino se quedó en silencio, sopesando la nueva información. Si las princesas en persona se presentaban allí, estaría jodido, por no hablar de que este Batponi parecía hablar muy en serio. Gruñendo, se doblegó ante la inevitable verdad, estaba jodido.

- Bien, te lo diré. Hace dos días vino aquí un tipo bastante extraño.

- ¿Quién?

- Iba encapuchado, todo el maldito cuerpo. Me pidió un arsenal bastante amplio, lanzamisiles, granadas, armas de todo tipo... Me pidió que se lo entregará en una antigua iglesia en la zona baja, junto al río, pero te juro que no se quien es- tras esto espero la reacción de Batponi, que estaba en un silencio sepulcral, poniendo nerviosos a todos los presentes.

- Bien. Escucha atentamente, Pingüino, ahora no tengo muchas pruebas en tu contra, ocultas muy bien tus crímenes, y por haber colaborado tan bien, te dejaré ir esta vez- se alejo poco a poco del Pingüino, dándose la vuelta para irse por donde vino.- Pero, un día, te atrsparé, y te encerraré de por vida por tus crímenes. Ten eso por seguro.

Con esas palabras, el murciélago abandono el club. Una hora más tarde, el Pingüino reunio a todos sus matones y dio una simple orden, si alguno se topa a con Batponi, quería que se lo trajeran con vida para darle una paliza, bajo la recompensa de 500 mil bits. Nadie se metía con el rey del crimen.


Blueblood pasó todo el día siguiente comparando Iglesias de la zona indicada por el Pingüino. En total había 5 iglesias, 2 dedicadas a los padres de las princesas, Solaris y Selena, y el resto, dedicadas a el Primer Alicornio, Padre de todos y creador absoluto del universo, dos de estos templos abandonadas desde hacía unos años por falta de presupuesto. La pregunta, era a cuál de las dos ir. Fue interrumpido por Service, que le traía la cena.

- ¿Algo interesante, señor?

- Si Service- dijo mientras probaba un bocado.- He determinado dos posibles puntos, lo malo es que no estoy seguro de cual podría ser. Tendré que investigar en ambos sitios.

- Esperemos que encuentre lo que busca en uno de esos templos.

Blueblood estaba demasiado concentrado estudiando ambos como para escuchar a Service. Media hora más tarde, encontró algo que podría serle de utilidad.

- Service, escucha esto. Uno de estos estuvo erigido a ambos padres de mis tías, y el otro al Primer Alicornio, pero este no fue clausurado por dinero. Su antiguo sacerdote fue arrestado por el asesinato de un poni terrestre por cometer, según el, una herejía, y debía ser castigado. Fue condenado a 7 años de prisión, y la iglesia suprema abandono la iglesia por considerarla abandonada.

- ¿Cree que el asesino ha vuelto?

- Si condena concluyó hace 10 meses, tiempo suficiente para conseguir acólitos igual de locos que el. Pero esto no es todo. Adivina que, un año antes de su asesinato se presentó en una de las Galas y acusó a Celestia de hereje y de abandonar el camino del Primero.

- Supongo que ya sabemos quién es el culpable, ¿no señor?

Blueblood asintió, mientras miraba la foto hecha del sacerdote, Holy Redeemer, un poni terrestre blanco, crin negra y ojos ámbar.

Tres horas después, con la noche ya sobre Canterlot, Batponi se encontraba entrando por una de las ventanas de la iglesia, bajando al altar poco después. A simple vista no había nada destacable, pero al activar su modo depredador noto algo extraño. Unos murmullos, demasiado lejos como para saber bien que decían, pero lo suficientemente cerca como para detectarlos y saber que venían bajo tierra. "Bingo", pensó mientras daba un vistazo alrededor, buscando alguna entrada secreta. Lo que encontró fue un trozo de pared justo detrás del altar principal que su visión detectó como frágil y hueca al otro lado. Al acercarse noto una baldosa un poco fuera de su lugar, y al apretarle, el muro se retiro poco a poco, mostrando una gran escalera de caracol.

Al bajarla, la oscuridad se fue apagando poco a poco, debido a las antorchas que estaban ancladas a la pared. Cuando llegó al final, se topo con una iglesia subterránea de dos pisos, estando el en el segundo, compuesto sólo por varios pasillos y algunas cámaras más. El primer piso estaba lleno de ponis, unos 50, que miraban con devoción a Redeemer, que les daba la espalda. Batponi subió a una de las gárgolas con su batgarra, observando atentamente lo que sucedía debajo de él. Pudo ver unas puertas enormes justo debajo de por donde el había llegado, y dedució que conectaría con el alcantarillado de la ciudad.

Batponi sabía bien que podría enfrentarse cuerpo a cuerpo a 50 matones, pero no cuando entre ellos había 10 armados. Eran demasiado como para poder detener a todos antes de que el humo se dispara, por no hablar de que estaban demasiado alejados unos de otros. El sacerdote se giro a sus fieles y apoyo sus cascos en el altar delante de él.

- ¡Fieles del Primero, ayer se dio el primer paso para castigar a Celestia! Ella ha despreciado al Primero, creyendo que tiene la autoridad para hacer lo que solo nuestro señor puede hacer. El ascendió a sus padres, a ella y su hermana y a la princesa Cadence, elegidas por la gracia del Primero. Pero Celestia cometió el peor pecado, uso un hechizo del mayor hereje de nuestra historia, Starswirl, y convirtió a Twilight Sparkle en una alicornio. Una poni común, que no fue elegida por el divino, un insulto a el Primero- la iglesia estalló en gritos de furia y confirmación.

- Pero ese no es el único pecado de la tirana del sol. Ha sucumbido al orgullo al mostrar riquezas sin parangón, desterró a su hermana, quien fue elegida al igual que ella para gobernar y permitió que cayera en el pecado, y se alió con Discord, el enemigo más antiguo del Primero. Así que yo os digo que se acabó, no más herejías. ¡Yo soy la voz del Primero! ¡Y EXIGE UN CASTIGO!- la sala estalló en gritos, pero a un gesto de Redeemer, se quedó en silencio total.- Tras estas puertas accedereis a las alcantarillas de la ciudad, per suerte para nosotros, algunos de nuestros hermanos conoces esos tramos oscuros tan bien como la palma de sus cascos. Id y esperadme mientras realizo los últimos rezos a nuestro señor, cuando termine, haremos cumplir SU divina voluntad.

Las puertas se abrieron de par en par, y pronto, todos empezaron a abandonar la iglesia, cogiendo cada uno una de las armas almacenadas. En pocos segundos, la sala quedó únicamente con los 10 guardias armados, que se quedaron patrullando la iglesia, protegiendo a su líder. Hasta que estuvo seguro que que la sala se vacío por completo, Batponi no intervinio, esperando hasta que las puertas se cerrarán por completo. Observando a los ponis por debajo de él, pensó en como empezar a vaciar la sala. Escucho los rezos de fondo del sacerdote, pidiendo guía a el Primer Alicornio.

Justo de bajo de él vio pasar a uno de los guardias, y tras asegurarse de que nadie lo notaría, se dejó caer, colgando de la gárgola y agarrando al desprevenido poni. Volviendo a subir otra vez, agarró por el cuello a su víctima, que lo miraba con terror, y lo soltó, enganchando una de sus patas traseras a una cuerda, dejándolo colgando boca abajo. Batponi cambió rápidamente de gárgola justo cuando empezó a gritar. Pronto, dos guardias llegaron y observaron atónitos a su compañero.

- ¿Qué diablos pasa?- gruño molesto el sacerdote.

- Creo que tenemos un intruso, su excelencia, ha colgado boca abajo a uno de nuestros hermanos de una gárgola.

- ¿En serio?- Redeemer pareció interesado.- Creo que tenemos la visita del paladín de la oscuridad, Batponi. Sal, paladín, tu y yo podemos ser aliados, tu luchas contra lo mismo que yo, la corrupción y los pecados, no tenemos que pelear.

Batponi ignoro a Redeemer, centrándose en los dos que observaban a su compañero caído, que ya había caído inconsciente. Habían empezado a moverse por los pasillos del segundo piso, y sus compañeros más cercanos estaban en el nivel inferior. Saltando de la gárgola, planeo hasta estar en el mismo pasillo, y se acerco sigilosamente hasta estar justo detrás. De un rápido movimiento, golpeó ambas cabezas entre sí, dejándolos inconscientes al instante. Volviendo a la zona alta, observo atentamente, pensando en su siguiente presa.

Poco a poco, la sala se iba vaciando, y a más compañeros caídos, más nerviosos se ponían los soldados. Redeemer hacia tiempo que dejó de intentar hablar con Batponi, ordenando que lo encontrarán y lo matarán de una vez. Cuando el último de sus secuaces cayó, Batponi planeo hasta colocarse detrás del sacerdote, que no se había dado cuenta de que todos habían caído. Aterrizó suavemente y sus ruido y se acerco poco a poco a su objetivo, pero antes de poder hacer nada, este se dio la vuelta y le golpeó fuertemente con un bastón ceremonial que tenía cerca, por suerte, logró bloquearlo a tiempo.

Se enzarzaron an una lucha en la que Batponi esquivaba y bloqueaba todos los ataques de su agresor, que golpeaba con furia ciega. Cuando se canso de esto, el vigilante golpeó con fuerza el hocico de Redeemer, desorientándolo lo suficiente como para quitarle el bastón de los cascos, para acto seguido agarrarlo por el cuello y estamparlo contra la mesa.

- Ohhh, podríamos haber echo grandes cosas- dijo Redeemer-, castigar a Celestia, traerá la ira del Primero, yo solo trato de evitarlo.

- El único que sera castigado serás tú, por el asesinato de 8 ponis y un intento de golpe de estado.

- ¿Qué son 8 ponis si se salva la vida de millones? Traerás la ira del Primero, paladín de la oscuridad.

Batponi golpeó a Redeemer para noquearlo, atándolo poco después. Tras asegurarse de que todos en esa sala estarían atados, salió de la iglesia y puso rumbo al castillo.

Luna se preparaba para dormir después de un largo día dando el pésame a las familias. En ese momento acicalaba su melena, pero pronto se detuvo al notar a alguien en su habitación.

- ¿No te han dicho que entrar en la habitación de alguien sin su permiso es de mala educación?- A través de su espejo vio a una figura salir de las sombras. Luna dejó su cepillo y se giro para ver a su invitado.- ¿Necesitas algo?

- El causante de la tragedia de la Gala esta atrapado en el subterráneo de una iglesia dedicada al Primer Alicornio.

- Vale... eso no me lo esperaba. ¿Cómo diablos lo has encontrado?

- A través de su comprador, solo hay alguien en esta ciudad capaz de vender esas armas. Tienes que darte prisa en encontrarlo.

- ¿Por qué?

- Tiene a un grupo de 50 ponis muy armados esperando en las alcantarillas cercanas al castillo, esperándole a el. Cuanto más tiempo tardes, más probabilidades de que alguno de ellos vuelva al no ver a su líder.

Esas palabras animaron rápidamente a Luna, que se levantó con rapidez. Tras saber la dirección de la iglesia y como acceder al subterráneo, Luna fue con un centenar de guardias nocturnos.

Horas después, Redeemer y el resto de sus acólitos habían sido detenidos. Su única ventaja real era el factor sorpresa, y aún así, no habrían podido hacer nada frente a las princesas, pero si que se evitó una gran multitud de bajas. Cuando Blueblood llegó a su casa esa noche, se tumbó en su cama y durmió del tirón.


- Vamos, date prisa- ordenó un pegaso a un poni vestido con un traje negro y una capucha y capa rojas.

Entraron en Ace Chemicals, la fábrica y almacén de productos y materias químicas más grandes de Canterlot. Su objetivo sólo lo conocía el jefe de la banda, y no era precisamente el encapuchado. Este solo era un pobre diablo al que le habían obligado a usar ducha capucha. Pero ni su nombre, pasado o porque estaba allí esa noche no es nada importante. Entraron en silencio y se dirigieron a paso rápido a el almacén donde se fabricaban gran parte de los productos. Se toparon con un trabajador, decidiendo llevárselo con el. Fue en ese momento que todo se torció. El que iba detrás, fue arrastrado a la oscuridad por algo desconocido.

- Mierda, ¡Batponi!- grito el jefe de la banda.

Varios batarangs salieron de la oscuridad, provocando que algunas armas se cayeran al piso por el dolor. El desdichado encapuchado, mientras tanto, aprovecho la oportunidad para escapar, escuchando los gritos y disparos a sus espaldas. Tras un rato corriendo, y doblar en una esquina, se topo cara a cara con Batponi, que cayó justo delante de él. El pobre diablo empezó a retroceder aterrado, "¿cuántas cosas malas pueden ocurrirme?" pensó. Tuvo tan mala suerte, que tropezó con la barandilla, cayendo a un tanque de químicos, bajo la mirada de Batponi, que intentó salvarle. Cuando el héroe intentó ir tras el, fue detenido por el trabajador de antes, que le había alcanzado a duras penas.

- ¡Detente! Esa cosa lleva cuentos de químicos diferentes, además, ese tanque en concreto es el de los químicos rechazados, tiene un flujo constante de químicos que van directo al río.

Batponi se detuvo, maldiciéndose por permitir que alguien muriera, y se retiro, no sin decirle al buen trabajador que avisara a la policía de que debían buscar un cuerpo.

Mientras tanto, en una orilla del río, bastante cerca de la central y lejos de la presa encargada de limpiar por completo las aguas antes de que siguieran su curso, una figura ya narrada se arrastraba pesadamente. Se quito la capucha y la capa, mostrando a un poni terrestre con una sonrisa producida por dos cortes profundos ese mismo día quien sabe como o porque, un pelaje grisáceo y una crin verde producto de los químicos. La figura de nombre y origen desconocido se observo en un charco de agua, se llevó sus cascos a la cabeza, mientras sus últimas presas mentales que lo mantenían cuerdo, se rompían por completo, empezando a reír sin control, en una risa maniaca y loca.