Capítulo 17
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La calle estaba aún más silenciosa que cuando llegaron y Temari casi sintió que se escabulliría como un delincuente una vez que estuviese afuera.
Se detuvieron antes de que Temari bajara el escalón, por una petición que nunca fue verbalizada pero cuya intensión permeó el aire. Se miraron en silencio unos momentos, sus ansiedades se alimentaban desesperadamente de aquella ausencia de acciones. Enarcó ligeramente las cejas y amplió una sonrisa que comenzó a crecer en sus labios, expectante.
—No quiero que te asustes —pidió Samui.
Hubo un pequeño silencio de asimilación. Asintió una sola vez, lentamente. —Ok.
—Estoy consciente que esto no es usual para ti, no voy a forzarte, jamás, ni a apresurar el paso en el que vayas aceptando la situación. Y estoy dispuesta a ayudarte en tus confusiones.
Guardó silencio un momento, esperando a que las palabras fueran completamente absorbidas, y que la intención de aquella declaración no fuese a perderse con los sentimientos que lo siguiente pudiera provocar.
Temari asintió de nuevo, descolocada al no poder prever el rumbo que tomaría aquella conversación.
—No quiero que pienses que soy "intensa" y que ya estoy planeando una boda, por favor. Se siente como el momento indicado para decirlo… y creo que es mejor dejar las cosas claras desde un principio. No me gusta perder el tiempo, no haré que pierdas el tuyo. Voy a esperarte, el tiempo que necesites… quiero estar contigo Temari, tomé la decisión de estar contigo, pero si tú decides que ya no quieres estar conmigo, ya sea en una semana, un mes o en años, me haré a un lado sin complicar las cosas.
Temari desvió apenas la mirada al no saber cómo responder a aquello.
—Quiero que tengas un poco de tranquilidad… sé lo tormentosa que puede volverse la cabeza en estos momentos.
Sonrió ligeramente, avergonzada, sabía que Samui se refería a sus propias vivencias pero no podía sacudirse la sensación de que le leían los pensamientos. Se frotó el brazo y levantó la mirada, posándola sobre los ojos azules que parecían sonreírle, aunque no lo hicieran físicamente.
—No tengo intensión de perder el tiempo —aseguró, con una voz baja que no reconocía.
Samui sonrió entonces y le estrechó el brazo con suavidad.
—Gracias —murmuró, sintiéndose un poco menos tensa que las últimas semanas.
Se acercó a Samui y la abrazó, no tenía el valor aún de pedirle un beso. Hundió el rostro en el cuello de la mujer y respiró tranquilamente el olor que se desprendía de la piel y el cabello. Las últimas semanas habían sido una vertiginosa experiencia, sus dudas no le permitían disfrutar del todo las cenas y las conversaciones… ni siquiera su trabajo. No tenía miedo a despertar un día, como había sucedido antes con alguien más, consciente de que aquella relación no era lo que quería, pero por lo nueva que aquella situación podía ser -a pesar de la normalidad que había en todo lo demás que no involucrara el sexo de cada integrante-, temía lastimar a Samui con su desidia.
Samui relajó su rostro y recargó la mejilla sobre la cabeza de Temari, permitiéndose estrecharla con suavidad.
—No sé cuándo vaya a presentarte formalmente con mi familia o amigos —comenzó a decir.
—No te lo estoy pidiendo —murmuró, interrumpiendo.
Temari se alejó entonces y la miró fijamente a los ojos. —Un día vas a necesitar que lo haga.
Inclinó un poco la cabeza y negó una sola vez. —No lo creo.
El rostro de Temari perdió cualquier pisca de preocupación y mostró cierto fastidio. —No puedes asegurar, las cosas cambian.
Se encogió de hombros entonces, por toda respuesta, y sonrió ligeramente al ver a Temari rodar la mirada unos momentos.
La despedida se alargó un poco más de lo que habían esperado y terminó con un corto beso en los labios que sucedió gracias a los titubeos que les traicionaron de último minuto. Samui observó a Temari caminar hacia el auto que la esperaba en la calle y se despidió una última vez, con un gesto de la mano, cuando la muchacha se giró antes de subir al taxi.
El silencio y la tranquilidad volvieron una vez el sonido del motor se desvaneció en la noche y Samui se permitió sentir el aire fresco en el rostro y miró unos momentos el cielo que se extendía sobre ella. Nada estaba seguro y las cosas podían cambiar… pero sonrió una sola vez y cerró la puerta.
Temari llevaba las manos ligeramente apretadas sobre su regazo y pensaba en lo que Samui le había dicho; sus ojos apenas miraban las luces que pasaban por la calle y brillaba sobre sus pupilas. No solía ser de las que se quedaban sin palabras, pero en esos momentos no tenía algo a lo que aferrarse para brindar certezas y seguridades, más allá de que las sensaciones que crecían en su pecho y no podían ponerse en duda.
Se mordió el labio, pero aun así una pequeña sonrisilla escapó.
Sábado, 30 de noviembre de 2019
