Moneda al aire
Luna se dirigió como siempre al comedor para tomar su desayuno. La noche anterior la había agotado física y mentalmente, todo por interrogar al sacerdote loco que casi provoca un atentado hacia dos días. Ese loco de Redeemer estuvo a punto de causar muchas muertes en un intento inútil de matar a su hermana y todo por un fanatismo insano. En el comedor se encontró a su hermana, que comía tranquilamente un plato de huevos con heno frito, pero Luna la conocía lo bastante como para reconocer el destello de enfado en los ojos de su hermana mayor.
Se sentó enfrente de ella y se sirvió su propio desayuno, esperando la inevitable bronca que le echaría su hermana. Internamente se preguntaba qué sería esa vez, la última ocasión fue cuando se comió su último trozo de pastel.
- Hermana- "aquí vamos", pensó la monarca de la noche-, me gustaría que respondieras algunas preguntas que me rondan la cabeza desde hace bastante tiempo ya.
- Soy toda oídos.
- ¿Cómo supiste quién y dónde estaría el causante del atentado de la Gala? O, ¿cómo supiste que Falcone había sido apresado por Batponi? Por no mencionar todas las pruebas en su contra.
- Tengo mis fuentes, Tía.
- ¿Esa fuente no será Batponi?- ante el silencio de Luna, Celestia suspiro molesta.- Luna, sabes que ese poni está rompiendo varias leyes. Hace varias noches entró ilegalmente en el club de Oswald Cobblecolt. Debes decirme quién es.
- No tengo ni idea- dijo Luna con calma.- Solo lo he visto dos veces, y las dos estaba con esa máscara.
- Entonces ayúdame a atraparlo para que pueda ayudarle. Que se ponga en peligro así, no es bueno.
- Te recuerdo, querida hermana, que tanto tu alumna personal como sus amigas se han enfrentado a peligros peores.
- Eso es muy distinto y lo sabes. Ellas son los elementos de la armonía, y varios de esos peligros surgieron de improvisto. La diferencia entre este Batponi y ellas, es que Twilight y las demás no arriesgan continuamente sus vidas, una vez eliminan la amenaza, vuelven a sus asuntos. Además, ellas muestran su rostro y no se esconden tras una máscara.
- Honestamente, no se porque te empeñas tanto en atraparlo, nos ha ayudado mucho.
- A costa de violar los derechos de los...
- ¡Por favor! ¿Te has olvidado de que esos ponis son criminales? Si hay ponis que merecen el trato que les da Batponi, son ellos.
- Las leyes están para algo, no podemos saltarlas, Luna.
- Yo no he dicho eso. Yo seguiré las leyes, a tu lado, porque creo tanto como tú en este sistema. Pero a veces, se necesita saltárselo, y si quien lo hace es Batponi, por mi bien.
El resto del desayuno fue en absoluto silencio. Pese a lo que dijo su hermana, Celestia pensaba atrapar a ese héroe, de una forma u otra.
Blueblood comía tranquilamente en su inmenso comedor, con Service cerca. Aún se sentía horrible por como había muerto ese poni, y la cosa no mejoró cuando supo que se trataba de un inocente. Pero había algo que le molestaba, no podía sacar nada de quien fue ese poni, pues el único en saberlo fue el jefe de la banda, y por desgracia, uno de sus secuaces le pego un tiro accidentalmente cuando intentaba darle a él. Esto no le quitaba mucho el sueño, pues no fue el causante, al menos no directamente, de su muerte. Ya tenía asumido que eso podría pasar, no podía salvar a todos y en algún momento algún criminal tiraría una bala perdida por darle a él. Cuando Service le tendió el periódico, sonrió un poco al ver a Redeemer entre rejas, y siguió pasando páginas. Llegó una, que le interesó bastante.
"Escape de locos
Hace tres noches, un grupo de enfermos mentales del hospital psiquiátrico central de Canterlot se escaparon de forma violenta, todos los enfermeros y guardias fueron asesinados en el proceso, además del incendio total del edificio.
El fuego del edificio se cree que podría haber sido producido por un paciente pirómano que ayudo a sus compañeros a escapar. El incendio logró ser apagado rápidamente por el equipo de bomberos y se inició la búsqueda de supervivientes, desgraciadamente, no se encontró ninguno. Hasta ahora, las princesas han asegurado que están trabajando para encontrar a este asesino y a los enfermos fugados."
Ante esta noticia, Blueblood frunció el ceño. Si hubiera sido un pirómano ingresado en el hospital, habría habido menos víctimas, debido a que el fuego habría tardado un poco más en esparcirse tanto. Por no mencionar que habría más pacientes muertos que escapados. Ahí había algo más oculto, por lo que se decidió a ir al hospital esa misma noche. Lo malo sería que habrían retirado los cuerpos, pero confiaba en que se habrían perdido algo.
Esa noche, llegó al centro psiquiátrico, decidiendo entrar al vestíbulo en primer lugar. Todo estaba totalmente quemado, pero había algo extraño, las marcas del fuego en la pared tras el mostrador estaban de tal forma que solo sería posible si hubiera sido expulsado por un dragón contra un solo punto y de ahí al resto en línea recta. Cuando se acerco a la pared para examinarlo mejor, noto algo más aparte de la marca del fuego, eran agujeros de bala. Con su magia, logró extraer un proyectil pequeño, típico de una Al-ce 32.
Eso no fue todo, pues noto un residuo mágico en el aire. Siguiendo el rastro, llegó a uno de los pasillos, topandose con una pequeña gema roja que parecía contener una gran cantidad de magia. A partir de esta gema, el rastro del fuego parecía más devastador aún que en el vestíbulo. Fue cuando algo hizo clic en su mente. Guardando la gema, fue a ver a alguien que estaba seguro le aliviaría las dudas.
Pingüino llegó a su casa bastante cansado. Esa noche no le apetecía nada permanecer en su club, no desde que leyó el periódico. Sabía que había provocado el incendio y, pese a que nadie sospecharía de él, sabía que había alguien que si. Se recostó en la silla de su estudio y sacó una copa de sidra. Cuando daba el primer trago, la luz se apago por completo, y un sudor frío empezó a recorrer su espalda.
- Hola, Pingüino- dijo una voz a sus espaldas. Al momento, Batponi se dirigió hasta colocarse enfrente del escritorio, mirando fijamente a Oswald.
- Bu... buenas noches, ¿qué puedo hacer por ti?- Batponi arrojó una gema roja en la mesa, provocando una mueca en el Pingüino.
- Esta cosa se usa para estabilizar los lanzallamas más potentes, un calibre que sólo serían vendidas por ti mismo, dudo que se lo mandes a alguien más. Así que, dime quien lo compro.
- Un pegaso de clase baja, sinceramente, me sorprendió que tuviera el dinero. Como no tenía el lanzallamas ahí, tuvo que darme su dirección para entregárselo en persona.
- No te veía del tipo que fuera a la casa de sus clientes.
- Fue mi subalterno más leal. Todavía tengo la dirección- dijo mientras sacaba una ficha de uno de los cajones del escritorio. Tras buscar un rato, extendió una única hoja. Batponi asintió y la cogió.
- Que pases buena noche, Pingüino. Espero que no volvamos a vernos por algo así.
Y tal como vino, el vigilante desapareció. Poco después, las luces volvieron a funcionar, y Oswald pudo respirar tranquilo una vez más.
Batponi llegó al edificio que le indicó el Pingüino, entrando por una de las ventanas que daba al departamento que el buscaba. La oscuridad era profunda en el pequeño piso, pero no era nada que su modo depredador no pudiera solucionar. Al activarlo, paseo su mirada por el pequeño salón, y detectó un cuerpo tirado en la cocina. Al llegar allí, se enfoco en el cuerpo, viendo algo que temía: Estado, fallecido.
Desactivo su visión e iluminó la sala con su magia. Se topo con el cuerpo de un poni de pelaje amarillo y crin azul, con su rostro congelado en una sonrisa grotesca, provocada por dos cortes en ambas mejillas, con sus ojos mostrando un terror profundo. Cerca del cadáver, encontró una carta, que tenía la imagen del rostro de un payaso y un simple nombre a ambos lados, Joker. La recogió con su magia, dispuesto a llevársela para buscar alguna huella en la batcueva. Desgraciadamente, tendría que dejar el cadáver ahí, pues no podía llamar a nadie ni conocía el hechizo para enviar cartas, así que confío en que alguien encontrará el cadáver pronto.
En su batcueva analizó la carta, y lo que encontró le dio más preguntas que respuestas. Según la prueba de ADN, las huellas eran de Fancy Pants, así que la pregunta era, ¿cómo llegaron esas huellas ahí? Y si el de verdad era el asesino, ¿por qué? Decidiendo qué lo mejor era revisarlo por la mañana, se fue a dormir.
"Fancy Pants, fiscal del distrito, y su esposa desaparecidos en misteriosas circunstancias hace dos noches"
Fue la noticia que vio en el almuerzo, cuando se encontraba analizando posibles escenarios de porque las huellas del fiscal estarían en esa carta. Ahora, sin embargo, ya sabía el motivo. Salió de su mansión y fue directo al castillo, pensando que Rarity habría ido allí. Y así fue, se la encontró junto a Celestia, Twilight y, para su sorpresa, Applejack, que intentaban consolarla por la pérdida de dos de sus amigos íntimos. Su tía Luna observaba desde el marcó de la puerta, por lo que se quedó a su lado.
- Buenas tardes, tía Luna.
- Buenas tardes, sobrino.
- Terrible noticia, ¿se sabe algo?- ante la pregunta, Luna suspiro con amargura.
- Lo mismo que hace dos días cuando empezamos a investigar, hace dos noches se fue por la tarde en uno de sus carruajes a una fiesta, no llegó nunca. El chófer afirma que Fancy pidió que se detuvieran un segundo, pues su esposa se encontraba mal, según el, por un supuesto embarazo. Dice que no volvieron.
- Pero eso no tiene mucho sentido. No se tenían noticias de un embarazo, y lo habrían comunicado a Rarity por carta.
- Lo se, pero no pudimos retenerlo por mucho más tiempo. Rarity esta destrozada, eran grandes amigos suyos.
Blueblood asintió de acuerdo, pero algo le carcomía por dentro. Cuatro horas después se puso a estudiar los archivos policiales. Gracias a Whooves, podría revisarlos desde su ordenador sin que nadie se percatara. El chófer era un unicornio de pelaje marrón y crin negra oscura de nombre Fast Way. Apuntó su dirección y se colocó el traje.
Cuando la luna se colocó en lo alto del cielo, Fast Way salía de un bar que acababa de cerrar. El poni se dirigió con una gran sonrisa en su rostro y con sus alforjas llenas de bits. "Nadie me gana al poker", pensó alegremente mientras silbaba. Pronto, se escucho un trueno, y una lluvia copiosa empezó a caer, haciendo que el unicornio soltara una maldición. Había olvidado por completo el aviso de tormenta que los pegasos repartieron a la población. Entró en un callejón que llevaría a su calle y empezó a caminar más rápido. No tenía miedo, pues había echo ese recorrido desde hacía años.
Justo a la mitad de la calle, sintió algo agarrándolo de su pata trasera derecha y alzarlo en el aire con rapidez, provocando que gritara sin parar. Cuando paro de subir, se topo de frente con el vigilante oscuro de Canterlot.
- ¡¿DÓNDE ESTÁN EL FISCAL PANTS Y SU ESPOSA?!
- ¡¡No se nada, lo juro, lo juro por Celestia!!
- ¡JURALÓ POR MÍ!- gritó Batponi mientras dejaba caer la cuerda, y antes de que chocará con el piso, se paro y volvió a subir. En todo el proceso, Fast no dejó de gritar aterrado.- ¡¿DÓNDE ESTÁN?!
- ¡¡La antigua fábrica de carrozas abandonada!! ¡¡El lado este del río!! ¡¡Te lo juro tío, solo me pagaron para llevarlos allí!!
Por respuesta, Batponi lo dejo caer, deteniendo la caída a unos centímetros del suelo, para soltarlo bruscamente en el suelo, sin más daños que el haber aflojado su vejiga. Batponi se dirigió rápidamente a donde le habían indicado, rezando poder llegar a tiempo.
- ¿Qué tal fiscal?- dijo un matón con una gran sonrisa.- ¿Ya te has cansado? Tu esposa aguanto más- el matón señaló a un fardo en el suelo que respiraba con mucha dificultad.
Fancy Pants se encontraba acurrucado en el suelo, temblando ligeramente. Escuchaba voces, pero no les prestaba atención. Esa experiencia se parecía demasiado a su infancia, se habían asegurado de ello, castigos iguales y los mismos sermones, quien fuera que hubiera planeado aquello lo había estudiado bien, y sumado con la vista de su esposa ultrajada y apalizada hasta el borde de la muerte, estaba provocando que algo que creía enterrado empezará a surgir nuevamente. El golpe de un bate por uno de los matones fue la gota que derramó el vaso.
- ¡Déjanos en paz, maldito hijo de puta!- grito con una voz mucho más grave, haciendo que los matones se mirasen desconcertados.
- ¡Al fin!- dijo una voz en la oscuridad. No se podía ver bien quien era, pero se distinguía su traje morado.- Cuando te vi en los archivos de ese hospital, supe que solo necesitabas un empujón para caer.
- Quién va a caer serás tu, ¡con un bate metido en tu putrido culo!- grito una vez más, acto seguido, pareció suabizar su expresión.- No, no, no soy un asesino.
- Vaya- la voz pareció soltar una risita-, veo que tenéis problemas para decidir quien toma el control. Por suerte para vosotros, tengo la solución perfecta.
Tiro una moneda que rodó hasta caer junto a Fancy. La levito débilmente con su magia y vio que era la suya, pero uno de sus lados había sido quemado hasta ennegrecer.
- ¿Qué os parece? Un lado para cada uno, aunque, vuestro cuerpo debería estar a la par, ¿no os parece?
Un matón virtio una gran cantidad de productos inflamables en el suelo, para poco después arrojar a Fancy al mismo en su lado izquierdo. Por mucho que se retorció, no logro nada. La figura encendió un fósforo, iluminando brevemente su sonrisa maniaca y lo lanzó al suelo, inundándolo en llamas. Los gritos se escucharon por todo el edificio, captando la atención de cierto vigilante que había llegado recientemente. Batponi corrió en la dirección de los gritos, usando su modo depredador para buscar cualquier signo de vida. Lo encontró en un almacén, pero al intentar abrir, la puerta resistió, encontrándola bloqueada, por lo que saco rápidamente el gel explosivo.
- Tenemos invitados, dejad ese tanque de agua cerca, que lo vea. No queremos que nuestra obra muera- dijo la figura con una gran sonrisa antes de indicar que se fueran.
Justo en ese momento, la puerta explotó, y Batponi se encontró con Fleur a un lado agonizando y a Fancy Pants, retorciéndose en el suelo, intentando apagar su lado izquierdo incendiado. A un lado vio un bidón de agua, con una cara sonriente a un lado de la etiqueta. Al otro lado de la habitación, vio a varios ponis huir, pero su preocupación era otra. Usando su magia, lanzó todo el agua sobre Fancy, logrando calmarlo. Se arrastró hasta su esposa, aferrando una moneda entre sus cascos y mirando con terror a Batponi.
- No le hagas más daño, por favor- gimio, pero en unos segundos, su rostro, o lo que quedaba de el, se volvió severo.- Acércate y te mato.
Su lado izquierdo se había quemado horriblemente, el pelo había caído y su piel roja se veía a la vista, sangrando y supurando algo de pus. Su ojo izquierdo ahora resaltaba, debido a la quema de sus párpados, y su mejilla estaba casi desaparecida. Tomando una decisión, Batponi llevó a un muy debilitado Fancy y a su esposa al hospital, desapareciendo en cuanto se llevaron a los ponis heridos.
Esa misma noche, Fleur de Liz murió en el hospital, haciendo que lo único que podría haber mantenido la cordura de Fancy se desvanecierá por completo. Cuando Rarity se presentó a la mañana siguiente junto a su amiga Applejack, entró lentamente en la habitación de Fancy, intentando mantener la calma ante su nuevo aspecto, su antiguo amigo no mostró interés en mirarla. Observaba el techo en completo silencio. Su moneda había sido dejada en su mesilla de noche, con la cara negra al descubierto.
- Ho... hola Fancy...
Fancy no respondió y siguió así durante horas, ni siquiera presto atención a la princesa Celestia, que le comunico sobre la muerte de su esposa. Cuando cayó la noche, únicamente Rarity se quedó con el, que había quedado rendida en el sofá. Tan profundo era su sueño, que no noto a Fancy irguiéndose y arrancando sus vendajes mientras lloraba sin parar. Observo su moneda en la mesilla de noche y la cogió con su magia para mirarla fijamente.
- Ya no me queda nada- dijo con voz débil.
- Te queda el respeto- pese a que fue el mismo quien habló, lo hizo con una voz totalmente distinta.
- ¿Respeto de quien?
- Ohh, de los criminales que trabajarán para nosotros y de la mismísima ciudad.
- Había olvidado cuánto te odio- una risa seca y sarcástica surgió de sus entrañas.
- Oh, vamos, yo siempre te apoye. Te protegí de tu padre, de tus matones. Estoy de tu lado.
- Solo quieres ser un criminal. Y yo no soy uno.
- Tu mismo lo dijiste, ya no te queda nada, así que lo que te ofrezco es un objetivo en la vida. Pero no tienes que ser tú quien eliga, el azar se encargará de ello, después de todo, es lo único justo en la vida.
Fancy miró la moneda con renovado interés, antes de lanzarla al aire. Cuando cayó y mostró el resultado, la moneda le mostraba el lado quemado, riéndose de él. Con un suspiro de resignación, Fancy se levantó pesadamente de su cama.
- Voy a mostrarte, querido Fancy, como funcionarán las cosas a partir de ahora. Necesitaremos armas y gente a nuestras órdenes.
- Pero debemos ser justos, si vamos a hacer esto, los inocentes deben ser perdonados.
- Nosotros no elegimos eso, querido amigo, eso lo eligirá la moneda.
Con una sonrisa, Fancy Pants salió a Canterlot, dispuesto a labrarse un nombre en la ciudad.
Batponi se encontraba sobre la torre del reloj del banco general de Canterlot, siguiendo una pista sobre el paradero de Fancy Pants. Hacía dos semanas que había desaparecido del hospital, y desde ese momento no había parado de buscarlo, poniendo en pausa la investigación de este Joker, quien había realizado unos asesinatos más desde el último que descubrió, dejando siempre la misma carta. En cuanto a esa noche, su última fuente le había comunicado que Fancy Pants estaría en ese museo en ese momento.
Detectó dos carruajes de carga, arrastrados por un par de ponis terrestres vestidos de negro y con pasamontañas. Llegaron a la puerta del museo y abrieron las compuertas, y de uno de los carros surgió el antiguo fiscal, con un traje blanco por su lado derecho y negro y chamuscado por el izquierdo, complementando así su nuevo aspecto. Los ladrones, unos 20 en total, entraron en el edificio con bastantes armas. Al verlo, Batponi entró también, bajando rápidamente al nivel donde sabía que estarían y colocándose sobre una de las gárgolas. Vio a dos guardias del banco aparecer, pero en cuanto vieron a los ladrones, salieron corriendo asustados, no tenían armas del mismo calibre.
- Bien, escuchad- grito Fancy Pants con su voz normal mientras sacaba la moneda-, cara, los atrapais con vida y los dejáis K.O., cruz, los matais- sus secuases se miraron entre ellos curiosos, pero se encogieron de hombros. Fancy lanzó la moneda, y cuando cayó, mostró una sonrisa retorcida y habló con una voz grave y siniestra.- Bien chicos, cruz, cargaos a esos idiotas.
Al segundo, unos cuantos salieron tras los guardias mientras el resto se dirigían a las cámaras donde se guardaba el dinero, haciendo sonar la alarma. Batponi se dirigió, cambiando entre gárgolas, tras los ponis dispuestos a matar. Eran únicamente tres, y ya habían acorralado a los guardias, pero antes de que pudieran hacer nada, una bomba de humo estalló entre ellos. Cuando se disipó por completo, los vigilantes del banco vieron a Batponi, que los miró detenidamente.
- Escodeos, ya.
Y con esas dos palabras, volvió a la oscuridad de las alturas. El resto de la banda no se había percatado de lo sucedido, por lo que siguieron a lo suyo. Batponi fue eliminado poco a poco a los ladrones, hasta que uno de ellos se topo con sus compañeros caídos, corriendo hacia su jefe. Fancy esperaba en la entrada, listo para marcharse con el dinero.
- ¡Jefe! ¡Batponi esta aquí!
- ¿Y? ¡Encontradlo y matadlo!
- ¿Y cómo piensas que lo hagamos?- dijo uno en tono burlón. Fancy lanzó su moneda, y al ver el resultado, disparo a quien había hablado, sorprendiendo y asustando al resto.
- ¿Alguien más? ¿No? Bien, entonces dejad que lo deje claro, quien me traiga a Batponi, vivo o muerto, tendrá la oportunidad de llevarse o un aumento en el botín, o toda mi parte como recompensa, ¿ha quedado claro?
Ante esto, los ladrones parecieron animarse un poco, y se lanzaron a buscar a Batponi. Sin embargo, el continuo eliminando a todos ellos, hasta quedar sólo con el antaño fiscal. Planeo hasta colocarse a su espalda y se acerco con cautela.
- Fancy Pants- dijo, haciendo que el aludido se diera la vuelta y le apuntara con un arma.
- Error, ahora soy Dos Caras, prueba más tarde- dijo con una sonrisa retorcida.
- Tienes problemas, puedo ayudarte.
- ¿Como nos ayudaste en esa cámara de tortura? Dos días rogando ayuda, nadie vino a ayudarnos. ¡SE SUPONE QUE AYUDAS A LOS INOCENTES! Y encima, los dejaste escapar.
- Era eso o dejarte morir, Pants.
- ¡PREFERIRÍA HABER MUERTO A VIVIR SIN FLEUR!- grito con el tono de voz normal. Suspiro y miro con calma a Batponi.- Ahora no me queda nada, el crimen me lo quito todo, y como dice el dicho, sino puedes luchar contra ellos, únete.
Tras terminar, disparo a Batponi, dispuesto a matarlo. Moviéndose con velocidad, esquivo el disparo y lanzó un batarang, quitándole la pistola. Al verse desarmado, Fancy corrió hacia Batponi, tratando de golpearlo con su casco derecho, pero el héroe esquivo hacia la izquierda y lanzó el suyo propio al hocico del nuevo criminal. Se enzarzaron en una lucha en la que Dos Caras trataba de golpear sin éxito y Batponi encadenaba uno tras otro. Al final, el antiguo fiscal cayó derrotado y cansado, justo cuando la policía llegaba a la escena, por lo que el murciélago abandono rápidamente el banco.
El día siguiente, los periódicos estallaron con la noticia, Fancy Pants completamente loco y convertido en criminal. Por mucho que las princesas o su antigua amiga intentarán hablar con el, siempre decía lo mismo, "esto es todo lo que me queda, así lo eligió la moneda, y así será". Al final, a sus amigos no les quedó otra que aceptar la triste verdad, Fancy Pants había muerto, solo quedaba Dos Caras.
