Capítulo 20

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A pesar de que solía ser un poco impaciente en algunos aspectos y su estilo de vida era más bien acelerado, no podía decir que aquella relación estuviese avanzando rápidamente, aunque tampoco era como que estuviese estancada, y, si lo pensaba concienzudamente, aquel estado de letargo se debía, realmente, a sus propias acciones. En más de una ocasión había sonreído ante los tintes infantiles que rodeaban todo aquello, pero la mayoría de las veces aquello era reemplazado por un sentimiento de fastidio o impotencia que la obligaban a salir de sus pensamientos y distraerse con otra cosa.

No quería afrontar sus conclusiones, pero sabía, aunque se esforzara por echarlo a un lado, que no era capaz de aceptar por completo aquella situación.

Sonrió al sentir la mano de Samui acariciarle, suavemente, la mano, antes de que sus dedos se entrelazaran y, luego de mirar los ojos azules el tiempo que tardaron en volver al frente, miró de nuevo por la ventana, a aquella ciudad que se había convertido en el único testigo silencioso de aquellos encuentros confusos, tortuosos… y liberadores.

—… Samui.

—¿Si?

Mantuvo la mirada clavada en el exterior, apenas el tiempo suficiente para no demostrar su desesperación y a la vez no delatar sus dudas.

—¿En verdad no te importa si jamás te presento formalmente ante mi familia?

Samui apenas se dedicó unos segundos para abandonar el frente y mirar a Temari, ligeramente alarmada.

—¿Por qué preguntas eso?

—No podríamos vivir juntas —murmuró, mirando fijamente el perfil.

—Podríamos ser roomies.

—¿A nuestra edad? —inquirió, incrédula. —¿En verdad no te importa?

La velocidad a la que iban disminuyó y en cuanto se encontraron con un sitio para aparcar, Samui no dudó en hacerlo. No apagó el motor jamás, pero accionó el freno de mano y se giró sobre el asiento para encarar a Temari, encontrándose un gesto demasiado serio. Ninguna de las sensaciones que atormentaban a la muchacha, y que lo había hecho desde que comenzaran a pasar tiempo juntas, se escabulló por los gestos.

—Soy muy reservada, Temari, no me gustan las exhibiciones —explicó —. Dejando de lado la situación actual en la sociedad, las demostraciones de afecto me gusta mantenerlas entre mi compañera y yo, claro que no voy a limitarte si un día quieres besarme en la calle... y quién sabe, quizá si no te he visto en semanas, se me escape un abrazo y algo más...

Temari se sonrojó ligeramente pero no hizo comentario alguno.

—Lo dije antes: solo quiero estar contigo... no me interesa conocer a tus padres-

—Mis padres están muertos —interrumpió, bajando la mirada.

—...a tus hermanos —corrigió, suavemente —o a tus amigos, me da igual. No llevaré una doble vida y tampoco pienso ser tu amante nocturno, pero no hablar de esto no es problema, créeme.

Asintió, relajándose, hasta entonces notaba lo tensa que había estado.

—… ok.

Samui sonrió y le acarició el mentón suavemente, deteniendo la mano en la barbilla; la miró fijamente unos momentos, antes de acercarse a ella y darle un beso en los labios. Por primera vez las manos de Temari se aferraron a ella, acercándola. Se besaron en silencio, con necesidad.

—¿Vamos a mi casa? —preguntó Samui, cuando sus labios al fin se separaron.

Agradeciendo la oscuridad ahí dentro, que ocultaba su sonrojo, Temari asintió una sola vez.

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Las manos no tardaron en aprovechar la celosía de aquella casa para comenzar a recorrer el cuerpo de la otra. Samui se había sorprendido, una vez más, al notar la avidez de Temari, pero pronto cualquier sorpresa quedó detrás.

Temari se alejó abruptamente, mirando fijamente a Samui, sosteniendo el rostro entre sus manos. Se esforzaba por no desviar la mirada hacia la mano que había comenzado a subir por debajo de su falda. Intentó separar los labios para terminar con el silencio, pero su cuerpo se rehusó a moverse.

—No estás lista —murmuró Samui de pronto, alejando la mano —… lo siento.

—No… no es eso.

El silencio duró lo suficiente para confundir un poco más a Samui.

—… no sé qué hacer —admitió al fin, agradeciendo que las luces fueran lo suficientemente tenues para ocultar su agresivo sonrojo.

Los ojos de Samui brillaron entonces, con ternura. Agachó un poco el rostro, fijando la mirada en sus dedos que se entrelazaban, para ocultar la ligera sonrisa que se formó en sus labios.

—… ok.

La mano volvió a subir, lentamente, ocultándose pronto bajo la falda. Temari contuvo la respiración unos momentos, sabía que no temblaba, pero dentro de sí parecía que se sacudía. Levantó la mirada, encontrándose con los ojos azules de Samui, escuchando el pedido por silencio que se arrastró entre los dientes.

—¿Qué quieres hacer? —murmuró, besando a Temari, despacio, moviéndose por el cuello, descubriendo la piel de los hombros.

—… tocarte.

—Entonces tócame —susurró, besándole la mejilla —. No tomes nota, no pienses… solo tócame.


e.e

El fin de semana se me fue en un abrir y cerrar de ojos y me olvidé por completo de actualizar.

Lunes, 27 de enero de 2020