¿Por qué tan serio?
Faltaba poco para el amanecer y Luna estaba muy cansada. Después de hablar con la señorita Cheerilee y algunos de los niños, fue junto a Celestia para asegurarse de que el Joker estuviera debidamente detenido. Dado a su evidente locura, la alicornio mayor pensó que lo mejor para el era ingresarlo en Arkham Asylum a la mañana siguiente. El resto de sus matones, sin embargo, no correrían la misma suerte. Antes de que la princesa lunar pudiera acostarse, sintió algo en su habitación. Dando un suspiro, salió al balcón y sintió el aire frío de su noche.
- Vaya espectáculo le diste a Celestia. No he visto a alguien enfrentarla así desde Starswirl el Barbado.
- Bueno, lo que dije es verdad, le duela o no- dijo Batponi mientras salía de las sombras.
- No te preocupes, en parte estoy de acuerdo contigo. En fin, gracias por salvar a esos niños, aunque no me gusto nada que los dejarás completamente solos en esa fábrica.
- No tenía forma de contactar con usted a distancia, al contrario que el dragón de la princesa de la Amistad. Además, la vida del elemento de la lealtad corría peligro.
- Cierto, una vida estaba en juego, pero aún así...
- ¿Joker ha sido encarcelado?
- Podría decirse que si- dijo Luna con un suspiro.- Su estado mental es lamentable, por lo que mi hermana lo ha ingresado en Arkham Asylum.
- El único hospital psiquiátrico de la ciudad, gracias a él. Algo no me gusta.
- Ha sido encerrado en una de las áreas de mayor seguridad y se han enviado guardias reales. No tienes de que preocuparte.
- Espero que no, alteza.
- Antes de que te vayas, me gustaría darte un regalo, algo que he pensado darte desde el incidente con el Sacerdote, y que espero te sea útil. Evitará problemas como el de hoy.
Luna entro a su habitación y hurgo durante unos segundos en su gran escritorio, donde tenía amontonados varios pergaminos pendientes de revisión. Sacó un cofre especial y lo levito hasta el héroe enmascarado. Dentro había un pequeño rubí azul, que a Batponi le recordó a las piedras usadas por los supernovas.
- Esta joya usa la misma magia que las de el equipo que mi hermana mandó para atraparte, pero mucho más poderosa e indetectable. Esta se conectará mágicamente con la joya que poseo en mi corona, comunicándome mentalmente cualquier mensaje que quieras darme- Luna espero a que Batponi la cogiera, pero al ver su vacilación, suspiro.- Batponi, esta joya no te espiará, no te rastreará ni intentará averiguar tu identidad. Permanecerá desactivada todo el tiempo, activándose solo para enviar un mensaje. Tu intimidad está a salvo. No es la promesa de una princesa, es la promesa de una diosa.
Mientras decía eso, pasó su casco derecho por su pecho, en la zona del corazón, haciendo un gesto. Batponi pudo ver como una "x" profunda era marcada en la zona, brillando intensamente, antes de desaparecer. El sabía bien que era, lo había leído en algunos libros y su tía se lo había comentado alguna vez. Era un "Juramento Divino", la garantía de que el dios que lo convoque cumplirá su palabra, ni siquiera Discord podía romper uno de esos juramentos. Ya más seguro, cogió el rubí mientras se inclinaba ante la princesa. En ese momento se escucho un leve golpe en la puerta de la habitación, y cuando Luna giro la cabeza para observar la puerta, Batponi se había ido. La princesa de la noche fue a abrir, encontrándose con su hermana, que la miraba con un ligero toque de preocupación.
- Luna, he sentido que has convocado el Juramento Divino. ¿Por qué?
- Solo le he asegurado a un amigo que no invadiría su vida privada.
- Batponi- dijo la monarca del sol con una mueca.
- Lo has dicho tu, hermana. Ahora, si me disculpas, quiero dormir.
- Espera, Luna, por favor. No quiero seguir peleada contigo, admito que quizás me pase un poco con Batponi, pero debes entenderme.
- Lo hago, hermana, pero como en muchos aspectos, no comparto tu opinión. Yo tampoco quiero una enemistad entre nosotras, así que propongo que no opinemos sobre Batponi, y dejemos que cada una lo lleve a su manera. ¿Trato?
Pese a que Celestia no estaba contenta de que su hermana estuviera de parte del vigilante, tenía que admitir que tenía razón. No podía obligarla a tener la misma opinión que ella, y era mejor dejarlo así a seguir peleadas, ya tuvo bastante con Nightmare Moon. Con un suspiro, sonrió a su pequeña hermana antes de abrazarla.
Eran casi las 10 de la mañana cuando Blueblood llegó a Ponyville en el tren. Pese a que sabía que estaban a salvo, quería asegurarse de que la princesa y sus amigas estuvieran bien, además de disculparse por su ausencia en la fiesta (tenía que darlas para evitar sospechas). Llegó al castillo y tocó la gran puerta, esperando pacientemente a que le abrieran. Quien lo hizo fue una unicornio que no reconoció de pelaje rosado y crin morado con tintes verdes azulados.
- Hola, ¿puedo ayudarle?- dijo con un toque de desconfianza.
- Buenos días, soy el príncipe Blueblood. Vengo a ver a su alteza Twilight Sparkle y sus amigas para ver como están. ¿Están ellas aquí en este momento?
- Si... Acompáñame.
Pese a que no parecía muy convencida, acompaño al príncipe por los largos pasillos del castillo hasta una gran puerta. Tras tocar en ella y esperar el permiso para entrar, la unicornio abrió la puerta y Blueblood pudo ver que era una gran biblioteca.
- Twilight, el príncipe Blueblood está aquí.
- Déjalo pasar Starlight, gracias por acompañarlo.
En cuanto el principe entró, la unicornio se retiro nuevamente, dejando solos a la princesa, sus amigas, el dragón Spike y tres potrancas que solo había visto cuando las rescató de las garras del Joker. Twilight invito al príncipe a sentarse en uno de los varios sillones que había en la sala antes de mirar con tristeza a la puerta.
- Esa yegua me preocupa...
- ¿Puedo preguntar qué le pasa?- dijo Blueblood mientras tomaba asiento. Tanto Rainbow como Applejack lo miraron de mala manera, pero Twilight le sonrió.
- Problemas con un amigo de su infancia, dejó de hablarle hace poco y la pobre se ha aislado desde ese entonces.
- Sólo necesita algo de tiempo, querida, darse cuenta que tiene amigos que si valen la pena- dijo Rarity con un gesto de su casco.
- Así se habla- dijo Rainbow, que se había acostado en uno de los grandes sofás.- Siempre he dicho que ese Sunburst no me daba buena espina.
- Si... De todas formas, ¿a qué debo su visita, Blueblood?- dijo Twilight amablemente.
- Solo quería asegurarme de que estuvieran bien y disculparme por mi ausencia en su fiesta. El trabajo me está quitando mucho tiempo.
- No tiene de que disculparse, querido- dijo Rarity mientras bebía un sorbo de su taza de té-, viendo lo que acabo pasando, es una suerte que no se hubiera presentado. Y en cuanto a cómo estamos, lo superaremos, aunque no fuimos nosotras quienes se llevaron la peor parte- esto lo dijo mirando a cierta potra blanca que bufo molesta.
- Rarity, ya te dije que estoy bien, tampoco fue tan malo.
- Pero si lloraste todo el tiempo- dijo entre pequeñas risas una potra naranja, aunque se calló de inmediato cuando vio la ceja alzada de Twilight.
- ¡Por supuesto que lloré! Es lo más normal, y yo tenía más derecho de hacerlo. ¡Estuvieron a punto de matarme!
- ¿Cómo?- dijo Blueblood con finjido asombro, bastante logrado, aunque noto la fija mirada de Pinkie Pie, pero prefirió ignorarla.- Debió ser aterrador.
- ¡Lo fue! Pero fui salvada por Batponi, ¡y fue genial!
- ¡SÍ! La manera en la que eliminó a esos ponis fue alucinante- decía una potra amarilla, que Blueblood supuso era la hermana de Applejack, mientras hacía gestos de kárate.
- No es tan genial como Rainbow, pero es asombroso- termino la pequeña pegaso, haciendo reír a la aludida, quien revolvió su melena púrpura.
- ¡Y también me regalo esto!- grito la pequeña unicornio mientras sacaba de las alforjas de su hermana, para el fastidio de esta (aunque prefirió callarse en pos de mantener la actitud alegre de su hermana) una cuchilla que Blueblood conocía bien. Tomándolo con su magia con permiso de su nueva dueña, examinó el diseño.
- Impresionante, he de decirlo.
- Y peligroso- agregó Rarity.- He pensado en pulirlo para quitarle el filo, pero es como intentar quitarle su tesoro a un dragón, sin ofender, Spike.
- No lo haces.
- ¡¿Pulirlo?!- grito la pequeña indignada.- Le quitarías su forma. Ya te he prometido que no voy a jugar con él.
- Y espero cumplas esa promesa- dijo Blueblood con tono serio mientras devolvía el artefacto.- Puede ser bonito, pero recuerda que, pese a que su dueño lo use para distraer o desarmar, puede causar graves daños.
La potra asintió antes de volver a guardar el batarang. Tras esto, la conversación entre los adultos retornó, mientras las pequeñas jugaban junto a Spike en una zona más apartada de la Biblioteca, pues sus hermanas mayores se negaban a perderlas de vista nuevamente. Blueblood se quedó junto a las amigas hasta después del almuerzo, al que Twilight lo invitó. Pese a que su opinión sobre el no era muy buena, Rainbow, Applejack y Spike parecían aceptar cada vez más al príncipe. Cuando este se marcho, lo hizo con una pequeña sonrisa en su rostro.
Ya estaba entrando la tarde cuando el dr. Whooves llegó a la mansión Blood, respondiendo a un llamado de Blueblood. Cuando Service le abrió la puerta, se dirigió junto al mayordomo a la biblioteca de la mansión. El fiel Pennywork se acerco al cuadro de Starswirl, que lo escaneo al presionar la baldosa oculta.
- Escaner completado, hola, Service Pennywork.
Cuando el ascensor oculto se reveló, ambos ponis entraron, descendiendo a la guarida oculta bajo la mansión. Ahí encontraron a Blueblood, que miraba varios archivos de la policía.
- Buenas tardes, señor- dijo Service-, ha llegado el señor Whooves.
- Buenas tardes, Time.
- Buenas, señor Blood. ¿Algo interesante en la policía?
- Nada que no sepa ya. Ese Joker está vacío, sin identificación, huellas irreconocibles e irreparables, cutie mark destrizada y una mente rota. Me preocupa, pero no le he llamado para eso- decía mientras se levantaba mirando a Whooves.
Ambos ponis estrecharon sus cascos antes de dirigirse a la mesa, donde Blueblood colocó el rubí regalado por su tía Luna y su casco. Whooves examinó el rubí interesado antes de mirar a su jefe.
- ¿Qué quiere que haga?
- Mi tía Luna me ha dado este rubí con el que podré comunicarme directamente con ella. Necesito que lo incorpore al casco sin alterar ninguna de sus funciones. En cualquier otra parte del traje destaca, y si lo activo se ilumina lo suficiente como para delatarme.
- Comprendo, calculo que entre hoy y mañana lo tendré listo. Puede que no pueda salir esta noche.
- Es un pequeño precio a pagar.
En realidad, a Blueblood no le gustaba nada no poder salir a las calles esa noche, menos cuando tenía el presentimiento de que ese payaso estaba planeando algo. Pero tuvo que aguantarse y esperar, rezo para que Luna tuviera razón y no pasara nada.
Esa misma mañana
Celestia entró en el psiquiátrico de Arkham a trote rápido. La noche anterior había sido un desastre, y pensaba ver al responsable. En su camino se encontró con la psiquiatra que había aceptado tratar al Joker, Harleen Quinzel, una de las pocas en atreverse tras ver la actitud del payaso. Cuando la princesa del sol llegó a la sala en donde habían instalado al paciente para la entrevista, el guardia apostado allí abrió la puerta, inclinándose ante la princesa. El Joker se encontraba tras la mesa, esposado a la misma, chocando sus cascos entre si al ritmo de una melodía que tarareaba alegremente. Había sido vestido con el uniforme de los pacientes, un mono blanco que cubría parte superior de su cuerpo, además de ser despojado de su maquillaje, haciendo que su sonrisa hecha a base de cortes fuera más desagradable a la vista. Al ver a la princesa, su sonrisa deformada se extendió aún más. Cuando la princesa tomó asiento enfrente de él, con la doctora posicionándose a un lado de la puerta, esperando pacientemente, se adelanto un poco.
- Si hubiera sabido que venía la realeza hubiera pedido que me dieran un traje más elegante.
- Buenos días, Joker, o al menos, así has decidido llamarte. Dime, ¿tienes idea de los problemas que has causado?
- No se, Celly, dime lo que he causado- el tono de voz del Joker era uno juguetón, como si estuviera frente a un amigo de toda la vida en vez de la diosa absoluta del sol.
- No sólo has quemado hasta las cenizas al resto de hospitales psiquiátricos de Canterlot, sino que has matado a muchos inocentes y secuestrado a una clase de primaria. Pero mi pregunta es, ¿por qué? ¿Qué esperabas conseguir?
- Nada, únicamente me divertía- el Joker soltó una carcajada que estremeció a la doctora Quinzel, pero Celestia se mantuvo impasible. Viendo lo inútil que era, se levantó con pesadez.
- Muy bien, veo que no conseguiré nada. Espero que su nueva doctora aquí presente tenga más éxito. Te trataría yo misma, pero tengo muchos documentos legales que firmar, muchos contigo como causa principal. Buena suerte, doctora Quinzel.
Con esas palabras, la princesa salio de la sala, dejando a una joven doctora emocionada. Se sento en la mesa frente a su nuevo paciente y sacó una pequeña ficha que esperaba agrandar. Estaba emocionada por comenzar, hacia poco que había salido de la universidad y gracias a su magnífica tesis sobre asesinos en serie, y algunos "favores" al psiquiatra más famoso de la ciudad, le habían permitido a ella tratar al payaso. Se trataba de una yegua unicornio de pelaje blanco con crin rubia y ojos azules con una cutie mark consistente en un trampolín. Muchos ponis le habían preguntado porque hacerse doctora en psiquiatría cuando su talento era la gimnasia, y ella siempre respondía lo mismo, "porque me apasiona tanto como las acrobacias". Fuera de ese detalle, había demostrado ser una gran estudiante de la disciplina, tanto que muchos pensaban que su cutie mark se había equivocado por completo.
- Bueno, Joker, estoy encantada de conocerte. Me llamo Harleen Quinzel, pero puedes llamarme Harley, si quieres- dijo con una sonrisa mientras sacaba un bolígrafo de su bata.
- Uhhh, doctora, casi parece que está ligando conmigo- dijo el Joker mientras se peinaba lo mejor posible su melena verde mientras soltaba una leve risita. En respuesta, la doctora reveló un ligero sonrojo, centrándose nuevamente en la ficha.
- N... no diga eso, solo trato de ser amable.
- Por supuesto, Harley- se notaba la diversión en su voz.
- De todas formas, estamos aquí para hablar de ti. Según tu informe, no se sabe absolutamente nada de tu pasado. Así que empecemos por ahí, ¿qué puedes decirme de tu pasado?- pregunto observando al Joker, que río ligeramente.
- Nada. Completa y absolutamente nada. Lo único que recuerdo es caer a mi bautismo en la locura, con Batponi observándome.
- ¿Batponi?
- Como dije, no recuerdo mucho, pero tampoco importa. Lo verdaderamente importante es que vi la luz.
- ¿A qué se refiere?
- La cordura es un lastre, un pozo de amargura. Puede parecer feliz en su mundo cuerdo, pero es todo lo contrario. La locura, en cambio, te abre los ojos a un mundo donde eres realmente feliz.
- No se yo si funciona así.
- Dime una cosa, doctora, ¿ha visto a algún loco triste?
- Bueno, hay casos que...
- Que recuperan su cordura momentáneamente, y entristecen por ello. Pero en cuanto vuelven a la locura, vuelve su felicidad. Créame, doctora, le digo la pura verdad. La locura te permite vivir como quieras.
Pese a que gran parte de su mente le decía que este poni estaba trastornado, una pequeña parte de ella se interesaba por esa forma de ver el mundo. "Vivir como quiero", se repetía una y otra vez en su cabeza.
Esa noche, la antigua fábrica de juguetes tuvo tanto ajetreo en su interior como los días en los que funcionaba. Un gran número de ponis esperaban donde antes estaban las máquinas, frente a una pequeña tarima donde se colocó un poni terrestre que llamó la atención de todos.
- Escuchad, se bien que estáis ansiosos por saber porque el jefe no os ha dejado salir de aquí. Pero hoy lo sabréis.
- ¡Ese payaso esta encerrado! ¡No creo que merezca ser un jefe!- dijo un poni en la distancia, recibiendo respuestas afirmativas de varios ponis.
- Porque ese era su plan desde el principio- eso pareció confundir a todos, que miraron al poni terrestre buscando respuestas.- Mañana por la noche provocaremos un caos en Arkham y sacaremos al jefe y a todos los locos de allí. Mientras estos se esparcen por la ciudad a sus anchas, las autoridades estarán demasiado ocupadas tratando de contenerlos, y nosotros lo aprovecharemos para robar todo lo que nos plazca.
- ¿Y cómo piensas hacer eso? Ese asilo está tan vigilado como el mismísimo castillo.
Ante esto, el poni sonrió, y señaló con la cabeza a un lateral de la sala, específicamente, a una puerta vigilada por dos sementales bien fornidos. Al ver el gesto, abrieron la puerta y dijeron varias palabras. Pronto, un grupo de matones entró arrastrando a 15 ponis, que parecían aterrados, hasta colocarlos frente a todos los matones. El poni terrestre que estaba en la tarima volvió a sonreír.
- Estos serán nuestra vía de entrada. Cinco de ellos son conserjes, por lo que un grupo de nosotros se harán pasar por ellos y colocarán ciertas armas en varios escondites mañana por la tarde, se os darán planos del psiquiátrico para ello. Cuando caiga la noche, el resto asistirá como doctores, todos estos tienen turno de noche, por lo que no se les echaran de menos. Y en cuanto a las identificaciones, en cuanto tengamos los grupos, se les añadirá la nueva foto. ¿Alguna pregunta?
White Heart entró perezosamente en Arkham, saludando fugazmente a algunos doctores y enfermeros que entraban con el o ya se marchaban a casa. En su interior, sentía celos de estos últimos, pudiendo marcharse a dormir a sus casas. ¿Por qué diablos le tenía que tocar el turno nocturno? Entró por una puerta lateral al mostrador, pasando a una serie de pasillos que conectaban con el área de pacientes, separada de la zona de visitas, consultas y despachos. Paso junto a la sala de empleados donde ya veía a algunos enfermeros y guardias preparándose para sus turnos. Llegó a los vestuarios y entró con pesadez, colocándose frente a su taquilla y sacando su llave de sus alforjas. Mientras guardaba sus bolsas y sacaba su uniforme, vio a dos ponis entrar y quedarse quietos al verlo.
White les dio una leve mirada antes de volver a sus asuntos, mirándose en el espejo de su taquilla y peinandose algunos mechones de su crin rebelde. Por el rabillo del ojo vio a uno de los ponis colocarse junto a él con nerviosismo, parecía dudar en abrir su propia taquilla. Recordando su primer día en un hospital psiquiátrico, sonrió con simpatía al semental.
- ¿Primer día en un loquero?- dijo con una sonrisa. El poni lo miró un segundo antes de asentir.- Tu tranquilo, solo haz lo que te han pedido y listo, la suerte de este turno es que todo es más tranquilo.
Con una última sonrisa, cerró su taquilla y se dispuso a salir, no sin dar una última mirada atrás. Los ponis no le quitaban la vista de encima, y casi parecía que lo querían lejos. Ignorando eso, salió y fue a la sala de empleados, encontrándose con Safe Shield, uno de los guardias, que estaba bebiendo una taza de café.
- Buenas noches, Safe- dijo mientras se acercaba a la cafetera y empezaba a prepararse su propia taza.- ¿Y los demás?
- Haciendo sus rutas, hoy me quedo en el mostrador, así te hago compañía- dijo con una sonrisa.
- Gracias a Celestia, odio los turnos solitarios. ¿Qué hay de los guardias?
- Policías, más bien, están por fuera, ni se molestan en entrar. Honestamente, si la princesa está tan preocupada no se porque confía en esos inútiles en vez de traer su guardia solar.
- ¿No son ellos igual de inútiles? Escuche que no lograron nada contra los Changelings o ese centauro.
- Primero, tu estuviste encerrado en casa, yo estuve en la calle y los vi de primera mano luchando. Créeme, esos ponis son duros de pelar, además, un amigo que es de la guardia me confirmó que muchos soldados habían sido reemplazados por changelings y luego fueron encontrados en las mismas cuevas donde ocultaron a las princesas. Y Segundo, ese centauro era Tirek, un absorvedor de magia de milenios de existencia y gran poder, ¿qué esperabas que hicieran frente a eso?
- Lo que tú digas- dijo White riendo.
Cuando terminaron sus cafés, ambos fueron a la entrada, colocándose el enfermero tras el mostrador y el guardia apoyado ahí, hablando con calma con su amigo. En un momento dado, el cuerno de Safe brillo levemente, haciendo que frunciera su ceño un segundo.
- ¿Pasa algo?
- Un compañero ha avisado de algo a través del canal mágico. Desgraciadamente no puedo saber que es, pero tengo que ir a investigar. Algo me dice que ese payaso esta relacionado.
- Te acompaño, si es verdad lo que dices, no quiero estar aquí solo.
Con un asentimiento de cabeza, guardia y enfermero se internaron en la zona de habitaciones de los pacientes. Por el camino se toparon con otro guardia de seguridad y se decidieron a seguir juntos. Tras un rato caminando, localizaron a lo lejos la puerta de la celda del llamado Joker abierta y con luz proviniente del interior. Avanzando a paso rápido, se acercaron con cautela, y justo cuando Safe Shield entró, recibió un disparo desde un lateral de la habitación, dejando oculto al tirador, y volando la cabeza del poni en mil pedazos. White Heart abrió sus ojos como platos y se quedó paralizado, hasta que escucho una voz cantarina hablarle.
- Se que estáis ahí, entrad, no seias tímidos.
Al instante, vio al Joker asomarse por el otro lado de la puerta, vestido con su traje y completamente maquillado, haciendo un gesto para que entraran. El otro guardia entró primero con cautela, seguido de White, ambos esquivando el cuerpo. El enfermero vio a los dos ponis que encontró en el vestuario desde el lado de donde vino el disparo, ambos con sendas pistolas. A un gesto del payaso, uno de ellos agarró a White, mientras el Joker miraba al guardia restante, un joven que sólo llevaba allí una semana y parecía temblar ligeramente, tratando de ocultarlo lo mejor posible, pero fallando.
- ¿Qué te pasa? ¿Tienes miedo? ¿Es por las cicatrices?
El Joker saco una navaja mientras se acercaba y colocaba ambos cascos delanteros en el rostro del guardia. El pobre parecía aterrado, peor el payaso no le dio importancia.
- ¿Quieres saber cómo me las hice? Verás, mi padre era un borracho y un animal. Y una noche, se le fue la olla más de lo normal. Mi madre cogió un cuchillo de cocina para defenderse, a mi padre no le hizo ninguna gracia, nin... gu... na. Yyyyy, delante de mi hocico, le clavo el cuchillo a la vez que se reía. Se volvió hacia a mi y me pregunto, ¿POR QUÉ... TAN... SERIO? Vino hacia mi con el cuchillo, ¿POR QUÉ... TAN... SERIO? Me metió la hoja en la boca- esto lo decía mientras hacía lo propio en la del aterrado guardia- Vaaamos a dibujarte una sonrisa en esa cara. Yyyyyyy- el Joker observo al enfermero que lo miraba con los ojos abiertos.- ¿Por qué estás tan serio?
Con un solo movimiento de casco, hizo un corte profundo antes de sacar la hoja y clavarla en el cuello. Tras dejar caer el cuerpo, se paseó tranquilamente por la habitación antes de volver a posar su mirada en el enfermero.
- Tu y yo vamos a dar la libertad a todos estos ponis.
Fancy Pants estaba acostado en su cama mirando a la pared, ignorando su puerta abierta y el ruido de los ponis corriendo o el de los disparos. Al menos así fue hasta que sintió una moneda rodando y cayendo justo frente a su cama. Dándose la vuelta, vio su moneda ahí en el suelo, con la cara buena mirando hacia el techo. Agarrándola con su magia, miró confundido a la puerta, viendo a cierto payaso que lo saludaba alegremente. Su primer instinto fue matarlo con sus propios cascos, pero se calmo mirando la moneda.
- ¿No vas a matarme?- dijo el Joker en tono burlón mientras le tiraba una pistola. Fancy la cogió con su magia y miró al Joker. Mostró el lado blanco de su moneda.
- Vives- dijo calmadamente. Cuando giro la moneda, su ceño se frunció y su voz se endureció.- Mueres.
- Eso sí es interesante- dijo el Joker sin hacer gesto alguno de huir. Fancy tiro la moneda y vio el lado blanco, por lo que bajo el arma. El payaso soltó una carcajada antes de mirarlo.- Bueno, me tengo que ir, siéntete libre de irte si quieres.
Cuando el Joker se fue, Fancy miró el pasillo que mostraba el marcó de su puerta. Cientos de pacientes corrían sin control en dirección a la libertad. Tiro una vez más la moneda y cuando vio el lado quemado, salió tranquilamente de ahí.
