Capítulo 21
.
—Temari está rara…
Levantó la mirada del libro y observó fijamente a Kankuro. El muchacho asintió y se apresuró a la cama, sentándose demasiado cerca, para poder hablar en voz baja.
Gaara no asintió, ni enarcó una ceja, nada, solo lo miró fijamente, esperando una mejor explicación.
—Se desaparece los fines de semana, llega tarde a casa… ¡ayer ni siquiera llegó! —exclamó, pasando un poco de los susurros. —… y hoy estaba hablando con alguien por teléfono.
—¿Nunca la habías escuchado hablar por teléfono? —murmuró, volviendo la mirada al libro.
—Estaba hablando en voz baja y con risitas… ¿sabes?
Gaara no levantó la mirada del libro, a pesar de que no había podido recuperar el hilo de la lectura.
—Creo que está saliendo con alguien, Gaara.
El recuerdo de aquella caricia furtiva en el restorán volvió a su memoria y tuvo que sacudirla, aunque estaba consciente de que sus gestos y silencios jamás lo traicionarían, también conocía la perspicacia que podía tener su hermano en los momentos menos debidos. Cerró el libro entonces y se encogió de hombros.
—Tu sales con alguien, ¿qué tiene de malo? —murmuró.
—¡Está saliendo con alguien!
Se encogió de hombros de nuevo y Kankuro dejó caer los suyos, como rendido. Observó al muchacho recostarse en la cama y mirar el techo de la habitación, pensativo.
—¿Por qué no nos ha dicho nada?
—No creo que esté saliendo con alguien… ¿por qué te importa?
—Es Temari, por amor al cielo, ¿a ti no te importa?
Miró fijamente a Kankuro, pero jamás negó o asintió. —Solo pienso que es mejor que no nos metamos en sus cosas… si está saliendo con alguien nos lo dirá cuando se sienta segura, ya tuvo un fracaso antes y la conoces.
—Hm.
La figura de Temari pasó entonces, mostrándose solo por unos momentos ante la puerta, Kankuro se levantó de la cama y echó un vistazo al pasillo, viendo a la rubia perderse casi de inmediato al doblar, pero alcanzó a notar el enorme cesto de ropa que cargaba con ella y a escuchar un tarareo que no solía ser habitual al hacer esas tareas. Miró de nuevo a Gaara y señaló el pasillo.
—Déjala en paz —murmuró, tomando una vez más el libro —, ¿prefieres que esté gritándote y molesta todo el día? Ustedes dos son muy raros.
—Tu eres el raro —renegó Kankuro, perdiéndose al salir al pasillo.
Esperó unos segundos, escuchando atento los pasos que se alejaban. Se recargó en las almohadas y miró fijamente el libro, recordando todos los pequeños detalles que había dejado pasar por alto y aquel vistazo en el restorán que no podía ignorar por más que se esforzara.
Ahora que Kankuro le seguía la pista con tanta atención sabía que tendría que adelantar esa conversación con Temari, no podía dejar que el tiempo siguiera pasando.
~oOo~
Temari veía los ganchos pasar rápidamente, estaba sorprendida por la habilidad que tenía Samui para hacer compras; entre los sonidos arrastrados del metal y los choquecillos de pronto se colaban conversaciones ajenas y la música de fondo que tenían en la tienda, pero casi todos ellos eran silenciados por los pensamientos que le habían agobiado los últimos días.
Parpadeó al sentir que algo le tocaba el pecho y se encontró con el gesto pensativo de Samui, que luego de negar, arrojó el gancho sobre la barra y siguió con su tarea.
—¿Qué haces?
—… estoy buscando un bañador —comentó, sin resaltar la obviedad.
—¿Por qué me lo pruebas a mí?
—Porque es para ti.
Un parpadeó… el sonido inacabable de los ganchos arrastrándose y chocando.
—¿Qué?
Samui no contestó, pero dio un par de pasos para seguir buscando cómodamente. Se acercó a ella, disimuladamente, y le detuvo las manos cuando parecía encontrar otro bañador que le convencía ligeramente.
—Samui.
Soltó su mano y separó el bañador, siguiendo con su tarea. —No suelo dar sorpresas ni ser espontánea, pero planeé un viaje… una escapada, si quieres llamarlo de ese modo.
—¿Por qué?
Exhaló, mirando por primera vez a Temari de frente, abandonando su búsqueda "incansable". —Vamos a ir a un lugar donde nadie nos conozca, quiero que te relajes… ¿crees que no noto como observas cada rostro en cada lugar al que vamos?
—Nadie va a creerse que solo somos amigas si nos ven juntas todo el tiempo —las palabras murieron en su garganta y bajó la mirada a los dos bañadores que descansaban en el brazo de Samui.
—¿Puedes escuchar eso en la distancia? —preguntó, volviendo a mirar los bañadores, y agregó, al notar que Temari prestaba atención a los sonidos lejanos: —Es el sonido del tren en el que vienen tus excusas.
—No es divertido —aseguró, con una sonrisa en los labios.
—Iremos a la playa —dijo, cambiando el tema —… solo piensa en el sol, la arena y todas las bebidas empalagosas que puedas imaginar.
—Debo trabajar.
—Yo también —murmuró, dándole los bañadores que había encontrado. — Volveremos el domingo en la noche, tranquila.
Tomó los bañadores y tiró ligeramente de ellos cuando notó que la mano de Samui no cedía. Los ojos azules estaban clavados en sus manos.
—¿Qué?
Los bañadores fueron liberados entonces y Samui se cruzó de brazos, pero tuvo que cubrir ligeramente sus labios con sus dedos, sin apartar la mirada de las uñas de Temari.
—… te cortaste las uñas.
Bajó las manos, recordando las molestias que habían generado sus uñas ligeramente largas unas cuantas noches atrás y escuchando las risas que no pudieron ser contenidas por más tiempo; negó una sola vez, sonrojándose.
—Nunca las he llevado largas —murmuró.
Pero Samui no paró de reír y, aunque su risa era más bien desganada, logró contagiar a Temari, que apretó los labios para no sonreír.
—Ya cállate.
—¿Debo darte las gracias?
Colorada, observó los bañadores, sus manos se enredaron en ellos unos momentos y terminó eligiendo un negro que no miró dos veces.
—¡Ya cállate! —exclamó, aunque Samui hacía segundos que no reía.
Sábado, 08 de febrero de 2020
