Capítulo 22
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Un fin de semana fuera no era demasiado tiempo, aun así, Temari tuvo que esforzarse por no retorcerse las manos en varias ocasiones, afortunadamente las preguntas de Kankuro nunca la hacían caer en dobles sentidos y las evasivas con él eran fáciles. Exhaló y se llevó las manos a la cadera, mirando fijamente al muchacho, la cucharilla con la que comía helado se asomaba entre sus labios y lo hacía ver estúpido.
—… no sé por qué te esfuerzas, no me voy a comer eso —murmuró, con la cucharilla aún en la boca.
Su gesto se transformó en uno fastidiado, cerró el refrigerador y cruzó la cocina. —Al menos dile a Gaara que hay comida de sobra.
—Mándale un mensaje.
—¡No puedo creer que no puedas ni pasar un recado!
Había vuelto sobre sus pasos y no dudó en tirarle de las mejillas al muchacho, que pronto renegó y comenzó a manotear para quitársela de encima.
—¿Ahora qué está pasando? —preguntó Gaara, de pie en la puerta de la cocina.
—Temari saldrá el fin de semana —contestó, arrastrando las palabras por el tirón en las mejillas.
La rubia lo soltó entonces, dejándolo malhumorado en la silla y frotándose la piel enrojecida. Observó a sus hermanos hablar en silencio. Temari repitió le menú preparado y refrigerado al menor, le recordó que estaría pendiente de su móvil en caso de que cualquier cosa surgiera y que volvería el domingo por la noche.
—¿Vas a volver tarde?
Parpadeó y se encogió de hombros. —No estoy segura, ¿por qué?
Negó y se alejó, dejando a la muchacha en la cocina, que pronto le alcanzó.
—¿Qué pasa?
Siguió caminando, a pesar de sentir que había sido acorralado—… nada.
Juntó un poco las cejas ante el silencio, pero la insistencia de Temari, que seguramente le seguiría hasta su habitación. Echó un rápido vistazo detrás de ellos, confirmando que Kankuro se había quedado detrás en la cocina y al abrir la puerta de su habitación, lo hizo con los movimientos justos para evitarle la entrada a Temari.
—¿No se hace tarde? ¿No tienes un vuelo o un tren o algo qué tomar?
La puerta se cerró en su cara y aunque levantó la mano para tocar, no lo hizo, no obtendría respuestas de Gaara hasta volver.
…
La promesa de tranquilidad, el reflejo del sol sobre la arena y el sonido de las olas por la mañana habían ayudado a disipar las ansiedades que le mantuvieron despierta casi toda la noche. Atrás quedaron todas las vueltas, sus intentos por comprender los silencios de Gaara y la advertencia en aquel vistazo atrás.
Sonrió al sentir el dulzor de la fruta en su boca y recargó la cabeza en el camastro.
Samui sonrió a su vez, mirándola fijamente a través de sus lentes oscuros, había notado la tensión de la muchacha, pero al creer que se debía a lo nuevo de la situación nunca encontró el valor para preguntarle, temiendo que restregarle sus inseguridades en la cara estropeara por completo el fin de semana. Dio un ligero sorbo, sintiendo el frío de su bebida en la boca, casi le provocaba escalofríos al sentir como bajaba dentro de su cuerpo, refrescándola por completo.
—No pareces el tipo de persona a la que le gustan las playas…
Miró de nuevo a Temari. —¿Por qué?
—Estás más pálida que un fantasma, ni siquiera parece que te alcance el sol de la ciudad.
Sonrió de nuevo y miró el oleaje, jugó unos momentos con la pajilla de su bebida, extendiendo de nuevo la sonrisa que se había perdido ligeramente.
—No son mis lugares favoritos.
El gesto de la muchacha cambió de una sonrisa a uno de desconfianza fingida. —¿Entonces qué hacemos aquí?
Se acomodó mejor en el camastro y no la miró, solo exhaló tranquilamente, relajándose. —… no se nota demasiado, pero pude ver las líneas en tus hombros y espalda el otro día. Supuse que te gustaría.
Se sentó de manera que pudiera mirar de frente a Samui sin tener que girar el cuello o el torso, en sus manos se mantenía el tazoncito con fruta del que había estado comiendo, su rostro mostraba su interés en el tema, pero Samui la ignoró, esperando pacientemente las preguntas.
—¿Qué lugares te gustan a ti?
—Las cuevas, al parecer —murmuró, removiendo su bebida de nuevo. —No creas que no estoy disfrutando el rato —aclaró —, solo no me pidas que me pare bajo el sol.
Sonrió ampliamente. —Ok.
Estiró la mano entonces y estrechó la muñeca de la muchacha, notando la manera en que su piel pálida brillaba bajo el sol y el contraste contra la piel ligeramente tostada de Temari. Sonrió ligeramente, recordando el comentario anterior y alejó la mano, acomodando los lentes sobre su rostro, sin dejar de mirar a la muchacha.
—¿Quieres nadar?
—Quizá vaya en un rato…
Miró las olas unos momentos y volvió a beber en silencio. —¿Por qué no vas ya? Se me ocurre algo que podemos hacer… sin estar en el sol, quizá en la habitación…
No pudo evitar el sonrojo, ni arrojarle su sombrero y sus gafas a Samui, que solo se encogió y recibió su inconformismo con una sonrisilla. Caminó en silencio, sintiendo la mirada azul sobre ella. Se detuvo luego de unos pasos y miró detrás, sin poder ocultar la sonrisilla pícara que aquel comentario le había dibujado en la cara.
Samui solo apretó los labios y fingió que desviaba la mirada.
Se me olvida cargar los capítulos al… lugar en el que se almacenan aquí en fanfiction y no pude actualizar porque no hubo internet en mi casa e.e
Sábado, 29 de febrero de 2020
