Epílogo
Luna llegó a su habitación tras una pequeña fiesta con su hermana y los elementos de la armonía. Antes de que pudiera acostarse, noto una presencia en la habitación. Sentándose en su escritorio, empezó a cepillar su melena, observando a través del espejo a la figura de Batponi salir de las sombras.
- Sigue siendo de mala educación entrar en una habitación privada sin permiso. Podrías esperar en el balcón.
- ¿El Joker está bien encerrado?
- Y cambiar de tema así también es de mala educación- dijo con una pequeña risa.- Así es. Se han apostado guardias solares, esta vez de verdad, de forma permanente en su celda.
- Perfecto. ¿Qué tal con su hermana? Parecía molesta hace dos noches.
- Poco a poco esta perdonándome- dijo Luna con una pequeña sonrisa triste.- Al final, comprenderá mi decisión, seguirás sin gustarle, pero al menos te tolerará.
- Supongo que es inevitable. Aunque creo que me viene bien, rechazado por el sol. Lo puedo aprovechar a mi favor.
- Eres increíble, sobrino.
La sala quedó en silencio con esa palabra. Batponi miró detenidamente a Luna, que dejó su cepillo y miró a Batponi con una sonrisa.
- Antes de que digas nada, el Juramento Divino se refería a la joya, no a los sueños. Y esto lo sabía desde la noche después del arresto de Falcone.
- Yo... - Batponi no sabía que decir en ese momento. Se maldijo internamente por no pensar en ello. Su tía era la maldita diosa de la noche y los SUEÑOS. Obviamente se iba a dar cuenta.
- No te preocupes, Batponi, tu secreto está a salvo conmigo- dijo con una sonrisa y un guiño. Se dio la vuelta para coger nuevamente el cepillo y sonrió al ver que Batponi se había ido por completo.
Celestia se despertó sobresaltada, sintiendo una energía mágica que llevaba poco más de 24 años sin sentir, solo que esta vez, era muchísimo más fuerte, y para colmo, no sabía exactamente de dónde provenía, al contrario que la última vez. Se levantó de la cama y salió de su habitación, tomando rumbo a una sala que no visitaba a menudo. Por el camino se topo a su hermana, que parecía muy preocupada.
- Tía, ¿qué diablos ha sido eso?
- No lo sé, querida hermana, pero es algo muy parecido a un suceso que sucedió hace unos 24 años.
Sin molestarse en explicar nada más, la princesa del sol siguió caminando, llegando a las puertas de la sala que mantenía en su interior objetos que no debían mostrarse al público. Abrió las puertas y entró, cerrándolas en cuanto su hermana pasó. Luna observo la sala con objetos que le eran vagamente familiares, sus armaduras divinas usadas en batallas de antaño, varas de poder de magia negra el amuleto del alicornio recuperado de los cascos de Zecora, una estatua que le traía recuerdos amargos, entre otros. Pero lo que le llamó la atención fue un objeto cubierto por una lona blanca, algo nuevo para ella. Celestia se paro justo a su lado, mirándolo detenidamente.
- ¿Qué es esto, Tía?
- Esto, querida hermana, es la prueba de que no estamos solos en el universo.
Con esas palabras, retiro la lona y reveló un objeto que a Luna le pareció un huevo gris del tamaño de un carruaje pequeño. Vio una zona preparada para albergar a un poni, pero lo que le pareció extraño fue que era demasiado pequeño, solo un potro de un año como máximo podría ir ahí dentro. Pero lo más impresionante era una especie de escudo de armas dorado que mostraba en grande una gigantesca "S".
