Capítulo 24
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Luego de caminar por unos cuantos pasillos, ignorada en su gran mayoría por el resto de las personas que trabajaban en el moderado edificio, se detuvo frente a unos señalamientos que anunciaban su destino. Se encontró con la única figura que reconocía ahí dentro y cruzó las puertas de cristal bajo las atentas miradas de quienes se encontraban inmediatamente a la puerta, pero no duraron mucho.
Temari mantuvo la puerta abierta de su oficina abierta y cerró bien detrás de ellas.
—Te va bien el traje —saludó, mirando fijamente a la muchacha. —¿Qué pasa?
Su nerviosismo y timidez no se debían a los alrededores, sino a la situación en sí, nunca antes Temari le había urgido tanto por un encuentro, mucho menos durante horas de trabajo, y la ausencia de explicación alguna había sido la última nota dentro de la diminuta histeria que tranquilizaba en su cabeza. La sonrisa cordial que la había recibido en el exterior solo empeoró las ideas que se amontonaban en su mente.
Estrechó el abrigo, que mantenía entre sus brazos, y enarcó una ceja, Temari solo atinó a señalarle la silla, sin sonreír, sin mirarla realmente.
Se sentaron en un silencio demasiado largo para su gusto. Temari no encontraba las palabras.
—No dije nada —comenzó a decir Samui, sin tener idea de si aquel atrevimiento le estaba robando el valor a Temari o si sus palabras serían completamente impertinentes o estarían fuera de lugar —, durante el viaje, no dije nada, pero noté tus abstracciones y ausencias. ¿Qué pasa?
Silencio.
Temari se había aferrado, disimuladamente, a una pluma y en esos momentos la golpeaba rápidamente contra el escritorio. Aunque podía ignorarlo, odiaba esa perspicacia, Samui siempre se encontraba un paso más adelante, desvelaba sus intenciones aún antes de que ella misma pudiera empezar a pensarlas.
—Gaara sabe.
Asintió una sola vez, la gravedad en el ademán de la muchacha gritaba que aquello no había sido planeado. Apretó ligeramente los labios y miró por la ventana, permitiéndole a Temari unos momentos para relajarse y quizá repasar lo que fuera que pensaba decirle.
Pero Temari no se atrevió a hablar, ni siquiera pudo moverse, temía traicionarse desde antes de empezar. Luchó contra la necesidad que tenía de pasarse las manos por el rostro, quizá despeinar su flequillo un poco, en esos momentos más que nunca debía aferrarse a su compostura.
—¿Podemos sobrevivirlo?
Miró a la mujer, pero los ojos azules se mantenían clavados en la ventana, se rehusaban a mirarla.
—¿Temari?
Sus ojos no se cruzaron, ni siquiera en ese momento y no se atrevió a pedirle que la mirara, solo bajó la mirada unos instantes, antes de contestar: —… no lo sé.
Samui asintió una sola vez.
—A pesar de todo, esta ha sido una de las relaciones más tranquilas que he tenido… si se puede llamarle relación a esto —aseguró, poniéndose en pie, con una sonrisa. —Dije que me alejaría cuando tú lo pidieras, pero creo que tendré que interceder.
Samui miró a Temari a los ojos, el corazón de la más joven latía desbocado, los ojos azules se ocultaron detrás de los párpados y la pequeña sonrisa que se había dibujado en los labios flaqueó apenas una fracción de segundo, pero tiempo suficiente. Frotándose el cuello, bajó la mirada al escritorio un instante, el tiempo suficiente para recolectar la situación.
Cuando Temari volvió a sentir la mirada sobre ella y sus ojos se encontraron de nuevo con los azules, sintió que algo frío se hundía en su estómago, creando un vacío que no había sentido antes.
—¿De qué hablas?
—Si algo fuera a pasar, ya habría pasado.
—Ha... pasado… —murmuró, coloreándose a pesar del frío.
—No me refiero a eso —respondió, con un hilo de voz.
—Ni siquiera lo hemos intentado, Samui.
—Tú no lo has intentado.
Una sensación de alarma le recorrió el cuerpo. Samui se frotó el cuello, haciendo su habitual gesto de cansancio y miró al techo.
—No voy a presionarte, nunca… si no estás lista, no lo estás y no hay nada que pueda hacer al respecto—concluyó, encogiéndose de hombros y dejando caer la mano que no sostenía el abrigo, miró fijamente a Temari —. Tampoco puedo ver que esto sea algo bueno para ti, estás tensa todo el tiempo, escondiéndote siempre, no puedes disfrutar un solo instante y no eres así.
—Espera, eso no…
—Temari. ¿Cuándo te has sentido cómoda? ¿Cuándo estamos solas en mi casa? —se quedó en silencio, pero negó pronto.
—¡Tú no sabes qué pasa por mi mente en esos momentos!
—Entonces explícame, ¿qué es lo que no entiendo?
Separó los labios para hablar, pero ¿qué le diría? ¿No era eso lo que quería? ¿Una salida? Había buscado desesperadamente, inconscientemente, aquel momento, pero ahora que lo tenía se llenaba de pánico. Juntó los labios, sintiendo que algo quería salir de su pecho. Negó una sola vez y recargó las palmas en el escritorio, sorprendiéndose al notar que llevaba ya momentos en pie pero no recordaba haberse movido.
—No estoy lista para decirle a Gaara y a Kankuro.
—Estás yendo hacia atrás —exhaló —, eso lo entiendo perfectamente y lo respeto.
Con las cejas juntas, la miró fijamente, Samui había perdido la sonrisa, pero no lucía ofuscada como ella. Relajó los hombros y se alejó del escritorio, intentando mantener la calma, pero por alguna razón se desquiciaba.
Samui asintió una sola vez. —Debo irme.
Temari la vio moverse en cámara lenta; el cabello rubio se sacudió apenas unos milímetros, los pasos resonaron, haciendo ecos profundos en su cabeza. Samui no se giró para mirarla una última vez, simplemente se aferró a su abrigo y a su bolso y caminó lejos de ella.
La puerta se cerró suavemente, haciendo un diminuto sonido de clic que resonó apenas en la estancia, pero con fuerza en la cabeza de Temari. Miró su escritorio de nuevo, consciente de que ya era demasiado tarde... ¿pero tarde para qué?
Samui caminó en silencio, sin acelerar el paso, esperando que Temari le detuviera y dijera algo, lo que fuera, que le diera una excusa para olvidarse de todas sus ideas y sus temores, pero la muchacha no la siguió. Exhaló al llegar a la acera, sintiendo la tensión con la que había caminado ahí dentro disiparse para darle paso al peso de las consecuencias de sus acciones. Al desdoblar sus brazos para ponerse el abrigo sintió que todas sus articulaciones dolían y al acomodar las solapas notó las miradas extrañas que le dedicaban las pocas personas que prestaban atención a los rostros de las calle.
Tocó su mejilla, estaba húmeda y fría.
Okay… sé que me odian, pero quédense conmigo, por favor. Me encontré con un dilema y no sabía qué hacer, me da la sensación que esto ya se alargó mucho, pero bueno, soy yo, nunca he podido ser tan concisa como me gustaría.
Si la memoria no me falla Sev.01 me pidió que compartiera la canción que me inspiró y es 'Unthinkable' de Alicia Keys, pero hay una playlist en Spotify con unas cuantas más, se llama Binario (lol, simple y llano).
Y si el estúpido internet de casa no me falla, vendré la próxima semana con el capítulo siguiente, no sé cuántas personas me leen, pero bueno, si están en cuarentena, espero pueda serles útil de alguna manera y que esto les sirva para pasar el rato.
¡Quédense en casa, por favor!
Sábado, 04 de abril de 2020
