Capítulo 28

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Gaara solo había respondido a su mensaje inicial, con un escueto "le diré". Se había esforzado por confiar en él a pesar de no conocerlo demasiado, pues Naruto había asegurado que era un muchacho de palabra y confiable, con un buen corazón… pero si era justa, Naruto tenía una buena opinión de la gran mayoría. Exhaló y miró sus pies, ese plan no había sido el más brillante, pero tampoco terminante, se enorgullecía de saber que no podría contar sus opciones solo con los dedos de las manos.

Luego de pasar toda la tarde haciéndose cargo de los asuntos de su negocio y no haber podido contactar a Temari, creció en ella la resolución de ir a buscarla a casa, aunque quizá aquello solo empeorara la situación. Todo el caminó se concentró demasiado en las cabecillas doradas que avistaba aquí y allá, no tardó en sentirse estúpida, pero tampoco pudo luchar contra los impulsos. Aparcó el auto frente a la casa y la observó unos momentos, como intimidada por los secretos de una vida normal que había ahí dentro.

Bajó y caminó hacia la puerta, tocando el timbre, la puerta tardó un poco en abrirse y alguien asomó apenas.

—¿Sí?

—Estoy buscando a Temari.

Gaara salió entonces, no cruzó hacia la verja. —No está.

—¿En verdad? —inquirió, desconfiada.

—Sí.

Asintió, sin saber cómo explicar las cosas. —Tuvimos una discusión, es probable te haya dicho que me despaches, pero en verdad necesito hablar con ella.

Imitó el asentimiento de momentos antes y caminó hacia la verja.

—Puedes esperarla adentro, si quieres —dijo, quitando el seguro y abriendo la puerta, cediéndole el paso —, pero no te aseguro que vuelva pronto.

—¿Está en la oficina?

—No, estaba de viaje, llega hoy.

Miró fijamente al muchacho, luego su teléfono móvil, que no había podido contactar con Temari desde hacía un par de horas. Asintió al mirar a Gaara una vez más, murmuró algo de quedarse solo un rato, con la esperanza de quizá poder ofrecerse como transporte de la rubia llegado el momento.

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La punta de su zapato no dejó de golpear el suelo todo lo que la maldita banda tardó en dar vueltas, mostrando cada vez equipaje recién descargado, pero nunca el suyo. Se llevó el teléfono al oído y siguió esperando su maleta, escuchando el tono unos momentos… todo parecía ir sumamente rápido o esa maldita banda era demasiado lenta.

—Hola —saludó la voz de Gaara.

—¿Viste mi mensaje?

—Sí. Samui estuvo aquí.

El aliento se le escapó y sintió su corazón palpitar con fuerza, casi mareándola. —¿Ya se fue? ¿No dijo a dónde iba?

Sonrió antes de escuchar la respuesta, Gaara no se inmiscuía y Samui no comunicaba su vida; asintió al escuchar la negativa y caminó entre las personas al divisar su equipaje.

—… todavía tengo algo que hacer —dijo, tomando la maleta y siguiendo la fila de gente —, volveré un poco más tarde.

—Son las diez de la noche.

—Ya sé, ya sé, pero es importante. Cierren bien las puertas, tengo mis llaves… ¿Gaara?

—Está bien.

—Gracias.

Colgó la llamada y echó un vistazo al filtro, había al menos quince personas delante de ella y ni una sola manera de acelerar las revisiones de aduana. Resopló y observó su reloj de pulso, con algo de suerte Samui estaría en casa en esos momentos, sino, siempre podría contar con Karui, a pesar de su mal talante.

Una vez pasó el filtro, dejó el aeropuerto detrás, subiéndose al primer taxi que encontró. Miró la ciudad con ansiedad, ignorando cada una de las luces, todos los autos y edificios, y los rostros que veía de pronto al otro lado del cristal. Casi contó cada minuto que pasaba, incapaz de mantener la mirada alejada del reloj, siempre pendiente del teléfono que no había sonado una sola vez luego de que finalizara su llamada con el pelirrojo. No se atrevió a llamar a Samui.

—Gracias.

Observó el taxi alejarse y caminó lentamente por la acera, hasta llegar a la casa de Samui. La oscuridad le dio la bienvenida y dejó caer los hombros al notar la ausencia del vehículo en la cochera; pateó el suelo, suavemente, y sacó su teléfono del bolso, llamando de una vez por todas a la mujer.

Escuchó el timbre en silencio y juntó las cejas.

—¿No piensas colgar?

Bajó el móvil y miró detrás de ella, el rostro de Samui era iluminado por la luz de su móvil, el sonido del timbre seguía escuchándose. Cortó la llamada y se giró, perdiendo las palabras de pronto. Había desesperado todo el tiempo, consciente de lo tarde que se hacía, temiendo que perdiera la oportunidad de ese día, temiendo que quizá fuera la única. Había esperado encontrarla en casa… pero no de ese modo.

—¿Qué haces ahí?

Se adelantó, con las llaves en la mano, para abrir la puerta. Temari temblaba, pero no pudo evitar moverse y tomarla por el brazo, impidiéndole esconderse dentro de su casa.

—Podemos hablar adentro —murmuró.

Se miraron a los ojos y Temari la soltó de pronto, como si le quemara. —Eh… lo siento —tartamudeó, dándose cuenta del desastre. —No vi… no estaba poniendo atención, eh…

Samui asentía, frotándose el brazo. Sin perder un segundo, Temari se acuclilló para levantar el bolso y la maleta que había soltado, rogando porque su cuerpo no temblara de manera evidente, con la mente en blanco de pronto, sus ideas desaparecidas, sus intenciones gritando por algo de acción, que se había escapado.

—Estuviste en mi casa —dijo de pronto, con un tono que parecía más una queja.

Samui asintió, abriendo la verja y cediéndole el paso. —También en el aeropuerto, pero no me viste.

—¿Qué?

Samui no contestó, pero señaló hacia la casa con una mano, insistiendo. Vio a Temari pasar, silenciosa, con las cejas ligeramente juntas. Cerró la puerta, girando la llave una sola vez, y caminó hacia la entrada.

—¿Cómo estás?

—Justo vengo de —se interrumpió al comprender que eso no era lo que le habían preguntado —… Bien, bien... gracias. ¿Y tú?

—Bien —sonrió ligeramente, para ocultar el asco que su propia pasividad le provocaba.

Las llaves dejaron de sonar al abrir la puerta y Samui estiró la mano para encender la luz, se descalzó y al girarse le sorprendió que Temari siguiera plantada cerca de la verja. Apretó los puños, sin encontrar el valor para hablar, algo en la distancia que había mantenido Temari le había robado la seguridad. Repasaba en silencio sus meditaciones, pues en ese momento, menos que nunca, quería dar lugar a malos entendidos.

—¡Perdóname!

Las palabras resonaron, haciendo un extraño eco que no las rodeaba realmente y que nadie escuchaba, pero se sintieron demasiado conscientes de miradas, que no existían.

—¡Te quiero!

Samui miró fijamente frente a ella, Temari tembló al no ver reaccionar alguna.

—Nunca fue mi intención lastimarte... ni siquiera sé qué decir, temo que todo lo que he pensado parecen excusas —admitió —. No estaba jugando con tus sentimientos, aunque el resultado final pareciera ese... lo siento.

Asintió, daría lo mismo que lo hiciera después o que lo hubiese hecho antes. Miró fijamente a Temari, no se retorcía las manos, ni alejaba la mirada para clavarla en el suelo, y aunque su cuerpo no se movía, podía percibir el temblor que estaba controlando.

—¿Te está afectando?

—¡No me estoy disculpando porque me esté afectando, pero sí me está afectando! —exclamó, dando un par de pasos y deteniéndose antes de acortar toda distancia. Perdiendo la explosiva agresividad de momentos antes, dejó caer los hombros —. No te mereces lo que te hice sentir… no estoy haciendo esto por lástima, he pensado demasiado estos días, fui una idiota.

Asintió una sola vez, frotándose un hombro y mirando el suelo —… no creo que seas una idiota —admitió, en voz baja.

—Samui, lo siento en verdad. Sé que te esforzaste por normalizar la situación, pero yo… yo no estaba poniendo de mi parte —admitió al fin, mirando las luces en el techo —… tenía miedo.

La mirada azul se levantó de nuevo, mirando fijamente a Temari, que seguía en esos momentos miraba las pocas estrellas que había sobre ellas y parecía no aceptar aun lo que sus labios acaban de pronunciar. Los pasos tranquilos de alguien, en alguna acera, le llegaron lejanos como ecos normales de la noche.

No todos somos como tú, algunos tenemos miedo.

Temari no había escuchado la única interacción de Samui en todo su monólogo, no escuchaba nada, su corazón latía con demasiada fuerza en sus oídos… en algún punto se sintió mareada. Exhaló su nerviosismo, aunque no pudo deshacerse por completo de él, y al bajar la mirada todos sus sentimientos se transformaron en incredulidad y fastidio al ver que los labios de Samui se curvaban en una sonrisa. La risa desganada, que había extrañado, le llenó los oídos.

Separó los labios, indignada. —¿Te estás burlando de mí?

—Perdón —se disculpó, sin poder dejar de reír. —No me estoy burlando... perdón.

La incredulidad no escapó de sus gestos, pero la molestia comenzaba a mostrarse en ellos. Samui tuvo que mirar a otro lado para poder dejar de reír.

—¿De qué te ríes?

La miró entonces, un poco más tranquila, pero la risa volvió a atacarla. Temari parecía erizarse como un gato, por la indignación.

—Ya me estoy riendo de tu cara —admitió, cubriendo la risa silenciosa con una mano.

—¿Y antes?

Negó y se encogió de hombros —… ¡no lo sé!

Se quedaron sin palabras, aunque Samui no pudo deshacerse de la sonrisa, Temari perdió por completo el fastidio que había sentido al ver las lágrimas que la mujer se empeñaba por contener. Dejó caer las manos, que se habían apretado contra su cintura en algún punto, y recibió el cuerpo de Samui, que acortó la distancia entre ellas para poder abrazarla con fuerza. No perdió el tiempo y la rodeó con sus brazos, fundiéndose en aquel abrazo, sintiendo todos sus miedos desaparecer, sintiendo su cuerpo descansar luego de añorar aquel contacto las últimas dos semanas.

Se alejó apenas, para limpiarse las lágrimas, sintiendo las manos de Samui sobre sus hombros, e ignorando a la única persona que en ese momento pasaba por ahí, sin importarle que pudiera mirarlas, tomó a Samui por las mejillas, besándola con el poco descaro que cabía y toda la necesidad de los últimos días.


Lo único que detesto del encierro, es que le falla el controlador del wifi a mi computadora y ahora estoy encerrada y solo tengo descargadas "Over the garden wall" y "Boku dake ga inai machi".

Sábado, 25 de abril de 2020