Capítulo 29
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La sorpresa inicial de Samui no pasó desapercibida ante Temari, y cuando se separaron apenas tuvo la fuerza para mantenerse en pie. Miró a Samui a los ojos, ya no se reía y su gesto había perdido la corta incredulidad. Se miraron fijamente, en silencio, hasta que Samui se llevó la mano al cuello y frotó unos momentos, desviando la mirada.
—Las cosas no se van a solucionar porque me diste un beso…
Exhaló y asintió. —Lo sé.
—… tus actitudes no van a cambiar de un día para otro, solo porque al fin aceptaste que tienes miedo.
Se quedó en silencio y los ojos azules volvieron a posarse sobre ella. No lucía cansada, abatida o desinteresada… ni siquiera había rastros de decepción, aun así dudó poder volver a tocarla.
—¿Qué tienes en mente ahora? —preguntó, caminado hacia la puerta.
—¿A qué te refieres? —murmuró, sin moverse de su sitio.
El tintineo de las llaves llenó el silencio que las habría envuelto en esos momentos. La puerta se abrió con un ligero rechinido y Samui se giró apenas lo suficiente para mirar a Temari e invitarla a pasar.
—¿Qué va a cambiar? —explicó, cerrando la puerta.
Cerró los ojos y se cruzó de brazos, agachando ligeramente la cabeza; guardó silencio unos momentos.
—No soy ridícula y melosa, no voy a pagar multas por colgar una pancarta en la estatua de Hashirama en la cual le diga al mundo que te amo… pero pienso hablar con mis hermanos mañana —añadió, ignorando que Samui estaba a punto de interrumpirla para pedirle una garantía. —Me voy a esforzar, Samui.
Los ojos verdes la miraron entonces, llenos de decisión. No pudo evitar sonreír, fue un gesto débil, que no demostraba la sorpresa que aquello le había provocado; asintió una sola vez y bajó la mirada, sacudiendo la sensación de haber forzado aquella decisión al sentir la mano de Temari en su brazo.
Estrechó la mano al sentir los dedos escurrirse por su palma y tiró de Temari para abrazarla con fuerza, sintiéndola segura entre sus brazos por primera vez. Enterró su rostro en el cuello, dejando fluir las lágrimas contra las que luchó unos segundos sin poder detenerlas; aquellas sensaciones acalladas por meses escurrieron por sus mejillas, empapando la piel de Temari, en silencio. Dejó que las manos trémulas la alejaran con suavidad y sonrió cuando los dedos le limpiaron las mejillas empapadas. Miró la dulzura que reflejaban los ojos verdes, ignorando por completo la que brillaba en su propio rostro, acarició el mentón y los labios, suavemente, antes de besarlos.
Quería agradecerle, pero las palabras no salían de sus labios.
—Te quiero —susurró Temari, escondiéndose en el cuello.
—… y yo a ti.
Se perdieron en la otra, tocando partes de piel que no habían tocado antes, revisitando cada centímetro descubierto en las ocasiones anteriores. Con la ropa que cayó silenciosamente al suelo se deshicieron del miedo y el tiempo perdido. Por sus besos escapó todo el cariño guardado en los días de tristeza, con cada suspiro vaciaron sus corazones llenos de incertidumbre, reemplazando aquel mal sabor, recobrando el espíritu la calidez.
Se hundieron en profundidades que no se habían atrevido a explorar antes, encontrando en la oscuridad una sensación de pertenencia y tranquilidad que ansiaban.
Los ojos verdes se clavaron en la ventana, pudo sentir las reverberaciones, de aquella luz que parecía tan lejana, en el cuerpo. Se aferró a la espalda, clavado las uñas sobre los hombros, apretando el cuerpo de Samui contra el suyo. Exhaló una última vez, dejando escapar un sonido ligeramente ahogado.
Samui se acomodó sobre el pecho desnudo de Temari y le contempló en silencio, escuchando los latidos de un corazón que comenzaba a tranquilizarse. Sonriendo, acarició lentamente el rostro, deteniéndose en la punta de la nariz, antes de bajar hacia la barbilla. Había olvidado lo linda que era al dormir… aunque quizá en esos momentos no durmiera realmente.
—Temari… —murmuró, dando un beso sobre la piel húmeda, sonriendo al ver el pequeño brillo sobre los ojos al abrirse.
—¿Soy tu novia? —susurró Temari, mirando la oscuridad que las envolvía.
Sonrió ampliamente, acomodándose para quedar a la misma altura de la muchacha, cuyos ojos verdes no dudaron en mirarla fijamente. Quitó el flequillo que se pegaba al rostro que adoraba y besó uno de los mechones, luego volvió a mirarla, asintiendo una sola vez.
—… eres mi novia, ¿podrás vivir con eso?
—… viviré con eso —murmuró, apretando ligeramente los labios, pero cediendo a la sonrisa de chiquilla enamorada que se extendió sobre ellos.
n_n
Este es el último capítulo ;-;
Gracias por haberle dado la oportunidad a esto, sé que no es una historia popular o llamativa, pero a esas personas que se han asomado por los comentarios o los favoritos, de todo corazón muchísimas gracias por el apoyo. Espero les haya gustado leer esto, tanto como a mí me gustó escribirlo.
Domingo, 10 de mayo de 2020
