Los personajes de este fanfiction no me pertenecen
(Los personajes tienen un poco de OoC. Que en este caso fue necesario para la historia, espero lo comprendan)
Bueno ya sin más que comentarles, Comencemos.
"Cant Fight This Feeling"
¿Quién lo diría? ¡Él! Justamente él tenía que caer bajo los encantos de alguien como ella, no podía creerlo ¿Qué le había sucedido? ¡Rayos! No sabía cómo sentirse, por un lado se encontraba inmensamente feliz ¿Cómo no estarlo? ¡Estaba con ella! ¡Ella había vuelto! No había nada de malo en eso, estar con ella no era lo que le preocupaba y frustraba, el problema era que no sabía qué era lo que sentía cuando estaba a su lado.
El oji-azul miraba al cielo con algo de frustración, no lo podía entender ¿Cómo fue que paso todo? ¿Cómo se vino a sentir así? Y lo más exasperante era que ¡No sabía porque se sentía así!
- ¿Por qué?- decía reclamándole a la luna
Debía aceptar que desde niño había sentido mucho interés por esa pequeña castaña de ojos acaramelados y bucles de muñeca, había sentido esa necesidad imperiosa de protegerla sin llegar al grado de consentirla y malcriarla, pero siempre lo había atribuido a que la castaña tenía una personalidad muy parecida a la de su hermano, creía que era eso lo que lo inspiraba a protegerla.
- ¿Por qué? – volvió a repetir algo cansado
No entendía como una niña como Mimi Tachikawa, esa niña caprichosa, malcriada, berrinchuda e infantil, había logrado confundirlo de esa manera, con esas sonrisas y esos efusivos abrazos ¿Por qué hacía que se sintiera tan bien? ¡No tenía ningún sentido! Incluso ahora, después de casi 7 años de conocerla fue cuando se dio cuenta de lo que ella estaba provocando en él, ese coraje que experimentaba al verla con otros hombres, esa felicidad tan gloriosa que sentía cuando ella estaba solamente con el…
Acaso él estaba ¿Enamorado? ¡No! Yamato Ishida no sé enamora, él no se enamora, no desde que la mujer a la que quiso prefirió a su mejor amigo. No, no se equivoquen, Yamato estaba feliz por ellos, serian felices, pero no podía evitar sentir que de alguna manera lo habían traicionado, desde ese momento se prometió a sí mismo no volverse a enamorar, pero entonces ¿Por qué se sentía tan extraño y ambivalente cuando la castaña se encontraba cerca?
No sabía lo que sentía por ella, pero estaba seguro de que sentía algo ¡Y vaya manera en la que se dio cuenta! Una pequeña punzada de dolor le recorrió el pecho, no era normal sentirse así, no para él.
- ¿Están listos?- gritaba un rubio de ojos azules y una brillante sonrisa
- ¡Sí!- gritaron varias voces al unisonó.
Ese día llegaba su amiga de antaño, Mimi Tachikawa, de su vida en el extranjero, regresaba para quedarse de nuevo en Japón y terminar sus estudios allá. De alguna manera, que para el joven era totalmente desconocida, la castaña logró convencer a sus padres de que ahora era lo suficientemente madura como para vivir sola en su lugar de origen y ellos por algún motivo extraño que para ser más sinceros, a la humilde opinión del rubio, los padres de Mimi se habían vuelto locos, le habían concedido la razón.
No podía negar que al igual que todos sus amigos, extrañaba a la castaña, a esa niña siempre tan sincera, tan alegre, tan risueña, tan inocente… si, la extrañaba ¿para qué mentirse a sí mismo? ¡Claro que quería verla pese a lo que muchos pensaran! Después de todo, lo que paso hace 5 años cuando ella fue por primera vez de visita desde su partida a estados unidos había quedado en el olvido ¿no?
- ¿No estás emocionado Yamato?- Dijo Sora
- ¿Emocionado?- dijo él algo extrañado por el comentario- ¿Por qué habría de estarlo?
La pelirroja lo miraba confundida, Yamato siempre había sido alguien cerrado y bastante pedante, pero al menos por esa ocasión se podría permitir mostrar alguna emoción. Sonrió de medio lado desconcertando un poco al rubio. ¿Qué podría hacerle? Así era Yamato
- ¡Aquí viene!- grito Miyako alertando a todos
A lo lejos pudo divisar a una mujer, delgada, vestida con un vestido blanco hasta medio muslo, con cabellos castaños hasta la mitad de su espalda, esa era su amiga de antaño Mimi Tachikawa, aquella niña que rechazo cuando le confesó que lo amaba hace 5 años. Su corazón comenzó a latir muy fuerte, tanto que le hacía pensar que podría morir de un ataque cardiaco en cualquier momento. Se llevo una mano al pecho con la intención de callar a su corazón que parecía latir con más fuerza y rapidez a medida que la castaña se acercaba.
- ¡Mimi!- grito Miyako soltado a su novio Ken y corriendo a abrazar a la castaña
- ¡Yolei!- Grito Mimi mientras correspondía el abrazo, dejando caer todas sus maletas al suelo
- ¡Te extrañe mucho!
- Yo también te extrañe- dijo para levantar la mirada y ver a todos sus compañeros- Los extrañe a todos
La castaña estaba feliz, estaban ahí todos sus amigos, los reviso meticulosamente a cada uno, Taichi parecía más alto, incluso se veía más guapo, aunque no había dejado de usar esos gogles que tanto lo caracterizaban y al parecer su cabello seguía siendo el mismo fiasco de siempre. Sonrió de medio lado… Sora, aquella que era novia de Yamato cuando ella le confesó sus sentimientos ¿Quién lo diría? Ahora ella estaba colgada del brazo de Taichi y se veían felices juntos. A su lado se encontraban Hikari y Takeru, no pudo evitar sonreírles al ver como Takeru tenía abrazada a Hikari por la espalda, apoyando su barbilla en su cabeza y tomándola de las manos, desde niños ese par era inseparable, para ella y estaba segura de que para muchos de sus amigos, el noviazgo de los dos pequeños del grupo era inevitable. Izzy y el superior Jou, ambos trabajando intentando encontrar una cura para una enfermedad misteriosa que venía atacando a todos en estos días. Ken, el novio de la niña, ahora mujer que ahora estaba abrazándola y por ultimo… atrás ahí en las sombras estaba él, aquel muchacho al que le había entregado su corazón tantos años atrás y que trataba de olvidar.
- Yamato…- susurró tan bajito que ni Miyako fue capaz de escucharla
El rubio solamente miraba a la castaña, quien lo veía fijamente, no pudo evitar sonrojarse un poco ante esa mirada tan soñadora que le dirigía la castaña, sin duda alguna ella siempre había sido hermosa, muy hermosa. Su corazón dio un vuelco al notar como ella le sonreía con la alegría que siempre emanaba.
-¡Mimi!- dijo una voz que nadie reconocía- ¡Me dejaste atrás!
- ¡Discúlpame, Michael!- dijo algo sonrojada al darse cuenta de tan terrible error- es que me emocione demasiado cuando llegue
- No te preocupes- dijo aquel muchacho
Ninguno de sus amigos parecía conocer a aquel rubio que estaba arrodillado junto a Mimi ayudándola a levantarse, Mimi lo veía con mucha familiaridad, he incluso parecían amigos desde hace mucho tiempo.
Yamato no pudo evitar sentir como una punzada de rabia y algo de tristeza se le colaban lentamente hacia el corazón al percatarse de cómo el muchacho abrazaba a Mimi cuando se levantaba ¿Quién carajos era ese?
- Muchachos- los llamo la castaña- Déjenme presentarles a mi mejor amigo Michael Jhonsson
Todos saludaron al aludido con una sonrisa, en verdad debían admitir que era alguien bastante guapo, con una sonrisa angelical decían las muchachas, alguien que no temía demostrar el gran cariño que sentía por su amiga Mimi.
¡Demonios! ¿Para qué seguirlo negando? Ya habían pasado 4 años desde que la castaña regreso de USA y él seguía sintiéndose de la misma manera, estaba extremadamente feliz cuando por "azares del destino" claramente con un poquito de ayuda de sus contactos que sabían dónde se encontraba la castaña, ellos terminaban encontrándose en un centro comercial, en un parque o en la cafetería, solamente ellos solos, haciéndose compañía todo el día, a veces hablando, a veces solamente compartiendo los silencios, pero no importaba, el hecho de estar en su compañía y de estar con ella lo hacían sentir muy contento, con una paz que hace tiempo creyó no volver a experimentar, sin embargo no podía olvidar como era consumido por una rabia y una tristeza indescriptibles cuando en ocasiones la encontraba y ella estaba con ese rubio llamado Michael, o bien, después de haber secuestrado a la castaña toda la tarde al llevarla a casa, la recibía aquel tipejo rubio que se hacía llamar Michael. ¡Sí! Aunque ustedes no lo crean, Mimi Tachikawa compartía apartamento con aquel estúpido, y aun que confiaba en ella cuando decía que entre Michael y ella no existía más que amistad, no podía evitar querer partirle la cara al tipo cada que la recibía en la noche.
Todos sus amigos al parecer se habían dado cuenta de los sentimientos que hace algunos meses, 8 para ser exactos, ni él sabía que tenía para con la castaña y lo peor era que estaba asustado, tan asustado de poder dejar aflorar este sentimiento, dese que lo descubrió había intentado ocultarlo y decirse que no era verdad, que solamente estaba contento por tener a su amiga de vuelta y ya, pero después ese sentimiento de rabia y perdida cuando la veía con
- "Michael"- Dijo el rubio sin querer en voz alta mofando a una voz femenina mientras caminaba
Ese era el sentimiento que hacía que toda esa teoría se fuese por la borda, ese sentimiento cada que se despedían o se separaban…
- ¡Rayos!- grito espantando a los amigos que lo acompañaban y de paso a todos los que estaban en la cafetería en la que se encontraban
- Cálmate Yamato- decía su hermano pequeño- ¿Por qué te pones así?
- Es que ¡No soporto a ese imbécil!- dijo exasperado
Hablar con sus amigos siempre lo había aliviado, solo acudía a ellos cuando en verdad no conocía el método para enfrentar, y aunque muchas veces ni siquiera les compartía sus penas, pasar un rato con ellos siempre le lograba despejar la mente, pero esta vez no había sido el caso, esta vez sí necesitaba expresar aunque sea con pocas palabras e indirectas como era que se sentía con respecto a la "situación Rosa" y la "situación Tarado" como él mismo las había nombrado.
- Lo sabemos Yamato- dijo Taichi- pero necesitas calmarte- mientras tomaba un sorbo de su soda y pasaba un brazo alrededor del cuello de Yamato - ¡Explotar de celos no es la solución!
- ¿Celos?- dijo Yamato mientras se soltaba del agarre del castaño- ¡Nadie ha dicho nada sobre celos!
- Sí, sí – dijo el castaño- Como digas
Yamato estaba pensativo ¿Él? ¿Celoso? ¡No era posible! Yamato Ishida no celaba a nadie, jamás celo a Sora cuando tuvieron una relación formal de casi un año ¿Por qué celar a una amiga? ¡No tenía sentido!
-¡Chicos!- grito una mujer de cabellos morados
Miyako se sentó rápidamente con ellos, estaba algo agitada y con los cabellos algo alborotados, detrás de ella estaban Hikari y Mimi, que habían corrido con todas sus fuerzas intentando alcanzar a su hiperactiva amiga, claramente sin éxito
- ¡A que no adivinan que acaba de pasar!
- ¿Qué pasa Yolei?- Inquirió Koushiro
Lo que sucedió después se vio en cámara lenta, Mimi atravesó toda la mesa en un intento vano de alcanzar la boca de Yolei para cerrarla de una buena vez, la aludida, entendiendo cuales eran las intenciones de la castaña, se movió de lugar tan rápidamente que la castaña acabó cayendo de cara al suelo ante la mirada de varios comensales y de sus amigos.
- ¡Michael se le propuso a Mimi!
Hubo un silencio incomodo durante varios segundos, todos por su parte intentando asimilar lo que había soltado Miyako, ¿Qué había dicho? ¿Michael se le había propuesto a Mimi? ¡Ellos ni si quiera eran novios! ¿Cómo carajos se había propuesto?
- ¡¿QUÉ?! – gritaron todos al unísono
Yamato por su parte no acababa de entender la idea ¿Su Mimi prometida con ese rubio mal pintando? ¡No podía ser cierto! Pero la mirada baja y el rubor en las mejillas de la castaña que ahora se encontraba sentada junto a ellos no lograban desmentirlo.
El mundo se esfumo en unos cuantos segundos ¿Qué podía hacer él? ¿Qué debía hacer para que su Mimi no se fuera de su lado? ¿¡Que podía hacer?!
Y ahí estaba él, esperando que un maldito valet parking le diera su auto como idiota, esperando impedir una boda que al parecer ninguno de los participantes quería que se llevara a cabo, ¡Dios! Solo esperaba tener la fortaleza suficiente para poder expresarle todo lo que sentía a esa castaña que le había robado el corazón
Si, hasta unas semanas antes del día de la boda de la castaña fue que se dio cuenta a ciencia cierta de los sentimientos que albergaba su corazón para con la castaña. Se maldijo a si mismo varias veces, todas esas veces que había intentado transmitirle sus sentimientos de manera deplorable y fallida, se odiaba a sí mismo por no serle fácil expresarse, por ponerse nervioso cada que se le daba la oportunidad para hablar de ello y de cómo acababa siendo un completo idiota mientras la felicitaba por la boda, una boda que ella no quería, pero tenía que hacer.
- ¡Vamos! - gritaba a los conductores estacionados sin motivo alguno- ¡Avanza!
- Mimi- decía Yamato algo nervioso- yo quería decirte que
La castaña no podía evitar sentir como latía su corazón a flor de piel, aunque quisiera disimularlo, simplemente no podía, jamás logro olvidar a ese rubio que le había robado por primera vez el corazón, no le importaba aquel rechazo de hace años, ella aun seguía amándolo como si se tratara de una adolescente.
Yamato por su parte no podía respirar adecuadamente, su pecho se oprimía y su estomago al parecer se encontraba de fiesta, no podía evitar sentir como una leve capa de sudor comenzaba a querer emanar de su frente, se regaño mentalmente ¿Desde cuándo Yamato Ishida se ponía así de nervioso?
- Desde que realmente te importa una respuesta- dijo una vocecilla dentro de su cabeza
Ya no había vuelta atrás, tenía que decirle que la quería, que no se casara, era ahora o nunca. Respiro profundamente, intentando obtener todo el aire del mundo para lograr articular las palabras necesarias para persuadir a la castaña de casarse
- Yo…. Te deseo un feliz matrimonio
Los ojos esperanzados de la castaña desaparecieron rápidamente ¿Qué había dicho? ¿Un… feliz matrimonio? Sentía como su corazón se rompía en mil pedazos, por un momento creyó estúpidamente que Yamato le diría que la quería, que no se casara con Michael, pero solo la llamó para decirle que le deseaba un feliz matrimonio, se regaño mentalmente por no poder contener unas cuantas lágrimas.
Yamato por su parte no daba crédito a lo que había dicho ¿Cómo había podido ser tan idiota? ¡Él estaba ahí para decirle cuanto la amaba, no para darle su bendición ¿¡Que demonios había hecho!? Se le destrozo el corazón al notar como la castaña le sonreía con tristeza y con algunas lagrimitas que luchaba por quitarse de su hermoso rostro.
-No- dijo algo nervioso al no saber con exactitud cómo actuar al ver a una mujer llorar, quería abrazarla y así lo hiso -No llores Mimi
Al sentir la castaña los brazos del rubio rodeándola, lloró como una niña, se sentía a salvo y segura dentro de esos brazos, en ellos podía descargar toda su pena.
- Yo- dijo sollozando- Yo no quiero casarme Matt ¡No quiero!
El rubio se puso muy tenso al escuchar esa confesión, un mar de sentimientos se colaron por su cuerpo, estaba muy contento, muy contento de saber que la mujer de la que recién se sabía enamorado no quería casarse, pero al mismo tiempo se sentía confundido ¿Por qué iba a casarse si no quería hacerlo?
- Mis… mis padres quieren que me case con Michael- dijo la castaña- Dicen que necesito casarme antes de que ellos se mueran ¡Tienen la estúpida idea de que morirán pronto! – Decía aferrándose más al rubio- ¿Sabes lo tonto que es eso? ¡Ellos no morirán pronto! Ellos... ellos realmente no quieren que me case con Michael, pero tienen miedo a dejarme sola, quieren estar seguros de que alguien cuidará de mí y le pidieron de favor a los padres de Michael que arreglaran todo ¡Él tampoco quiere casarse Matt! ¡Él está enamorado de Catherine!
El rubio estaba estático, no sabía bien cómo reaccionar, su corazón le gritaba que le confesara a la castaña todos sus sentimientos, que hablara con sus padres para hacerlos entrar en razón, para decirles que ella no estará sola, que no es necesario que se case en este momento, que él cuidaría de ella el resto de su vida, pero el estúpido de su cerebro se encontraba trabado, no lograba mandar ordenes al resto de su cuerpo, simplemente estaba ahí abrazando a la castaña fuertemente, bien, si su lengua no quería decir nada, su cuerpo lo haría por él, mediante ese abrazo le transmitiría la seguridad que necesitaba. Ella no se casaría con alguien que no amaba.
Tenía que llegar rápido, tenía que correr, ¡ESTABA A PUNTO DE CASARSE LA UNICA MUJER QUE LO VOLVIA LOCO! ¡Y EL AHÍ ATORADO EN UN ESTUPIDO EMBOTELLAMIENTO! Miró la hora, faltaban solamente 15 minutos para que la boda se diera por terminado y el ya tenía más de media hora atorado en el trafico
- ¡Rayos!- bufó desesperado- ¡Muévanse!
La iglesia quedaba algo retirado aun, pero si no se daba prisa no llegaría y a cómo veía las cosas no podría salir de ese maldito embotellamiento en horas, dejo su auto a mitad de la calle ante la mirada atónita de varios conductores y corrió, corrió lo más rápido que pudo para llegar a tiempo a la iglesia e impedir que el amor de su vida se casara con la persona equivocada, y por persona equivocada se refería a cualquiera que no tuviese por nombre "Yamato Ishida"
Mientras llevaba a cabo su alocada carrera no pudo evitar recordar todos los momentos que había compartido con la castaña desde su llegada a Japón, recordaba a la perfección aquel día en el que compartieron un helado de chocolate debido a que la castaña le dio por regalarle su helado a un pequeño que había tirado el suyo, lograba rememorar el día en el que fueron sus amigos a la playa y ellos dos habían errado el camino de regreso en la noche, los juegos de cartas, las canciones compartidas, las composiciones en las que ella fue su fuente de inspiración.
Llego a las puertas de la iglesia, justo a tiempo para escuchar las palabras mágicas del sacerdote… él iba a impedir todo aquello
-¡NO!- Grito entrando a la iglesia de golpe ante la mirada atónita de todos los invitados
Mimi se encontraba caminando hacia el altar, con un nudo en el estomago, no era de esos nudos que sientes por las ansias de culminar un momento esperado, eran de esa clase de nudo que se forma cuando desearías no estar en una situación como esa. Caminaba lentamente, queriendo retrasar ese momento lo más que pudiera. Veía al rubio frente a ella, la miraba con una sonrisa en los labios, pero con los ojos más tristes que pudiese haber visto en sus ojos, por un momento se sintió la persona más egoísta del planeta, Michael también estaba sufriendo igual que ella y ella no hacía más que concentrarse en su dolor.
La castaña se arrodillo junto con su prometido en el altar, escuchando lentamente toda la ceremonia que haría la nula relación que habían tenido como pareja algo oficial e irrevocable, ambos se miraban de reojo, notando el nerviosismo y el terror en sus miradas, no era que el hecho de casarse con alguien como Michael fuera malo, estaba segura de que la persona que consiguiera casarse con alguien como él sería una mujer muy afortunada, pero ella no era esa mujer, ella tenía su corazón con dueño desde hacía ya mucho tiempo.
- Si existe una razón para que esta pareja no se una en santo matrimonio- recitaba el sacerdote- que hable a hora o que calle para siempre.
El momento había llegado, dentro de unos minutos seria la Señora de Michael Jhonsson y nada ni nadie estaba ahí para impedirlo, el nudo que tenía en su estomago se hizo más y más fuerte, subiendo hasta la garganta, provocándole unas tremendas ganas de llorar.
- ¡NO!- grito una voz conocida para todos los presentes
La castaña giro la cabeza sorprendida, viendo lentamente como Yamato se adentraba a la iglesia con paso decidido directamente hacia ellos. Sintió un escalofrió recorrer su Columna vertebral ¡Había ido a impedir la boda!
Los ojos del rubio brillaban, brillaban con tanta decisión que era difícil ignorarlo, todos los presentes estaban anonadados, habían ido con la intención de presenciar una boda de ensueño, no la telenovela del momento.
- Ella no puede casarse- dijo firme
Los padres de la joven se pusieron de pie, bastante molestos por el alboroto el día más importante en la vida de su hija, no estaban dispuestos a permitir tal atrocidad de parte de alguien que no conocían.
- ¿Por qué dices eso hijo?- decía el sacerdote, impidiendo que los padres de la castaña lo sacaran a patadas de la iglesia
- Porque… yo…- dijo nervioso, otra vez sentía como se congelaban sus cuerdas vocales negándose a soltar palabra, trago duro, esta vez no lo traicionaría su cuerpo y sus novios, esta vez estaba decidido a hablar- la quiero- termino diciendo casi en un susurró
- ¿perdón?- dijo el sacerdote que debido a su edad no lograba entender las palabras del rubio
- Yo….- dijo el rubio ocultando la cara con su flequillo y apretando los puños- Yo… la quiero- volvió a susurrar- Yo… ¡Yo estoy enamorado de Mimi!- se animo a gritar
Todos los presentes, exceptuando a sus amigos, lo miraban con asombro ¿Qué había dicho? ¿Había confesado estar enamorado de la novia el mismo día de su boda? Los murmullos no se hicieron esperar, en definitiva era mejor que la novela de las 5.
La castaña no podía creer lo que había escuchado, su príncipe azul había dicho que la quería, que estaba enamorado de ella. Su corazón antes muerto ahora había vuelto a la vida latiendo como un caballo a pleno galope, estaba tan contenta, no podía creer lo que había escuchado. Más lágrimas comenzaron a salir de su rostro y sin importarle la mirada de los presentes e incluso de sus padres ella se deshizo del lazo que enredaba sus hombros con los de Michael y corrió a los brazos de aquel rubio que le había robado su corazón en su infancia.
El rubio espero a que la castaña cayera entre sus brazos y la abrazo, feliz de tenerla ahí junto a él, estaba dispuesto a darle todo el amor del mundo, a no dejarla ir.
- Mimi yo…
La castaña alzó el rostro y lo calló con un beso, no le importo estar vestida de novia y a punto de casarse con otro, ella estaba feliz, feliz de estar ahí con el amor de su vida.
Ahora era él el nervioso, estaba ahí de pie, esperando pacientemente a que su hermosa princesa atravesara esa puerta. Su corazón latía amenazando su vida, sus oídos zumbaban por los nervios y sus manos sudaban tanto que de tener baldes ya habría llenado unos 5.
La música comenzó a sonar fuertemente en sus oídos, dando la llegada de dos figuras, una de ellas un hombre alto, de cabellos negros y mirada dulce, bien vestido y con una sonrisa pintada en el rostro, ese hombre caminaba elegantemente conduciendo a una mujer por el camino lleno de pétalos de flores. A su lado se encontraba una mujer menuda, vestida completamente de blanco, caminando a paso firme directamente hacia él.
Yamato quien antes creía estar al borde de un paro cardiaco comprendió que jamás había estado con el corazón tan desbocado como en esos momentos, la miraba, estaba hermosa, su cabello perfectamente recogido en un elegante peinado, dejando algunos mechones sueltos alrededor de su cara, enmarcando su perfecto rostro, su vestido era simplemente hermoso, parecía una princesa sacada de un cuento y si él fuese capaz de describir y conocer como se llamaban todos esas cosas que las mujeres tenían para nombrar a distintos tipos de cortes y telas lo hubiese hecho.
La castaña llego justo a su lado, tomándola de la mano y ayudándola a ponerse de rodillas ante el altar, ahí estaban, los dos, cumpliendo su sueño.
-Muy bien- dijo el sacerdote indicando con la mirada que acercaran las sortijas- Yamato, es hora de decir tus votos
El rubio tomo la sortija entre sus manos, estaba feliz, era el momento más feliz de toda su vida. Miró a la mujer que tenía enfrente, esos ojos siempre cargados de una alegría contagiosa, esa sonrisa que te incitaba a querer saborear mas la vida, ese aroma que la hacía desearla cada minuto del día, esa personalidad que la hacia la persona más irresistible del planeta… simplemente perfecta. Yamato tomo las manos de la castaña entre las suyas y dando un fuerte suspiro comenzó a decir todo aquello que durante tantos años le había costado encontrar la manera de expresar
- Yo, Yamato Ishida- dijo solemne- Te prometo a ti, Mimi Tachikawa cuidarte y protegerte de todos los males, a mi lado no pasaras por deficiencias, te seré fiel hasta mi muerte y siempre pondré tus necesidades por delante de las mías, no puedo prometerte que no habrá peleas ni malos entendidos, conoces mi carácter- dijo algo molesto por ser tan testarudo y orgulloso- pero quiero decirte que pese a todo eso te amo, en ti encontré la luz en mi obscuridad, gracias a ti encontré el camino cuando yo me sentía muy perdido, desde que te conocí, mi vida de alguna manera comenzó a cobrar vida nuevamente, gracias a ti ahora conozco sentimientos que creí que jamás iba a experimentar, ahora soy más feliz que cualquier persona en la tierra y todo por tener a mi lado a la mujer más hermosa que existe en el planeta- termino de decir mientras deslizaba la sortija en su dedo anular de la mano izquierda
Todos estaban sumamente conmovidos por tan grata explicación del rubio, nunca habían escuchado hablar a aquel joven de la manera en la que lo había hecho en la iglesia, en definitiva, Mimi Tachikawa había sacado el lado más cursi que jamás hubiesen pensado que tendría Yamato.
El sacerdote sonrió con aprobación al escuchar tan hermosos votos- Ahora señorita Tachikawa- es su turno
La aludida sonrió, sin duda alguna estaba contenta, sus ojos brillaban como jamás habían brillado- Yo, Mimi Tachikawa, te prometo a ti Yamato Ishida, serte fiel, siempre ver por tu felicidad, estar contigo en lo prospero y en lo adverso, tampoco voy a prometerte que no te haré rabiar algunas ocasiones, igual que yo, tú conoces mi carácter, pero si puedo decirte que antes de conocerte no sabía lo que era el amor, no había conocido la adrenalina que representa tenerte cerca, pero ahora te tengo aquí, para mí y jamás, jamás voy a dejarte ir- dijo mientras colocaba la sortija en su dedo correspondiente- te amo
- Yamato Ishida- decía el Sacerdote-¿Aceptas como esposa a Mimi Tachikawa en la salud y en la enfermedad, en lo prospero y en lo adverso, hasta que la muerte los separe?
- Acepto
- Y tú Mimi Tachikawa ¿aceptas a Yamato Ishida como tu esposo en la salud y en la enfermedad, en lo prospero y en lo adverso, hasta que la muerte lo separe?
- Acepto
Ambos se miraban con amor, más amor del que pudieron sentir nunca. Yamato Ishida ahora no recordaba porque había querido olvidar y no había querido aceptar los sentimientos que tenia por su ahora esposa, a su lado había encontrado la dicha y el amor… ellos estaban conectados, ellos estaban estimados a estar juntos y nada ni nadie podría romper esa conexión.
Ok ok, vale admito esta vez me pase de cursi, enserio que si ¡Waaa! Me declaro culpable, soy una fanática del romance y de los cuentos de hadas, ¡Me encantan los finales así!
