Disclaimer: Los personajes de Naruto/Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.


Él es Uchiha Sasuke, actual ninja de la Aldea Oculta Entre las Hojas. Considerado el Hokage de las sombras. Su vida siempre fue como un espiral en picada. Demasiados hechos dolorosos, mentiras, recor y odio. Hizo mucho, pasó por mucho. Fue el malo, sólo para al final volver a la Aldea en la que nació.

En el camino de la redención existió la casualidad de haberse cruzado con una tierna mujer, Hinata Hyuga. Y le fue inevitable no ceder ante ella, una mujer que con sus sonrojos y su voz baja lo había encantado; se le hizo tan diferente. Su corazón jamás había experimentado una sensación igual, por lo que le resultó difícil comprenderlo, hasta que entendió que sí, sí quería restablecer su clan sí era con ella. Y así lo hizo. Todo ello lo remontaba hasta hoy, con su hijo de año y medio. Un niño de ojos negros y cabello igual con destellos azulados, como los de su esposa. Inclinado ligeramente sobre la cuna, lo observó. Verlo fijo, y atento, siempre le producía muchas emociones, todas buenas.

Lo veía y Sasuke no entendía cómo le cabía tanto amor dentro. Él, temido en las cinco naciones ninja. Alguien como él, sentía ese tipo de amor, uno que era tan diferente y tan igual al que sentía por su esposa. Jamás creyó que podría reconstruir su clan así, a base de tanto amor. Amor, una palabra que un punto le pareció estupido en su vida, que ni siquiera había espacio para ello en él. Y ahora, asomado sobre la cuna de su pequeño, se juraba protegerlo en lo que le quedara de la vida y más allá, con todo el amor que tenía cosechado desde que supo de su pequeña existencia. La vida misma y sus vueltas, se dijo.

Oyó pasos suaves y pausados acercársele por detrás, más no volteó, sabía que era ella. No apartó la mirada del pequeño bulto de cortos cabellos bien escondido bajo las sábanas. Dos finos brazos lo rodearon desde atrás y sintió el pecho de su esposa contra su espalda, el vaivén que producía su respiración lo serenaba.

―Hina. ―Susurró al tiempo que tomaba las manos contrarias. Movió su dedo pulgar lento, sintió la suavidad que ya no le era ajena, suave, tan suave, que en las noches conciliaba el sueño pacífico sólo sí la tenía consigo. Volteó lento y observó su rostro. Ojos blancos, tintes lilas. Mechones que enmarcaban su rostro, pestañas que lo resaltaban. Labios naturalmente rosas, que siempre se le hacían apetecibles. Todo en ella se había vuelto apreciable. Realmente le estaba agradecido, se sentía devoto a Hinata y aunque no lo dijese en voz alta, ella lo sabía. Quién lo entendía sin decir demasiado. Muchas veces, no podía evitar pensar, cómo es que había sido merecedor de ella, de la madre de su hijo y su hijo mismo. Tantos pecados, luchas, barbaries. Y aún así, la vida le había puesto en su camino a esa mujer. Alguien que estuvo esperando sin saberlo, y que lo comprendió cuando las pesadillas junto a ella se terminaron. Tan fácil y simple. Se había vuelto su sostén aquella mujer delicada, dulce y atenta.

―Es muy lindo, ¿cierto? ―Volvió a ver al pequeño bulto y sonrió tenue. Sí que lo era. Los pequeños cachetes sonrojados, ojitos cerrados y sus manitos hechas puños. Sentía el pecho llenarse de orgullo, ese niño era su hijo. La muestra de haber seguido la buena voluntad de su hermano, de reconstruir su vida, de dejar aquél sendero solitario, y sobre todo, de demostrar que después de tanto, era capaz de amar. Su sangre. Con él, renació el linaje del clan Uchiha; ahora sin odio, sin derramar sangre. Tomó la mano de su esposa y dejó un casto beso sobre la palma.

―Sí, se parece a ti. ―Los ojos perla se abrieron con sorpresa, no se esperaba esa respuesta, un sonrojo la acompañó. Hasta que rió suave, y bajo. A Sasuke se le hicieron como campanillas. Cerró los ojos, no cambiaría por nada lo que estaba viviendo. Por fin, se sentía en total paz.

Miró una vez más al pequeño y esbozó una sonrisa de lado sólo para voltear a ver a la ex Hyuga nuevamente. Se acercó y susurró en su oído. ―Hagamos otro, Hinata. ―Sí, definitivamente le darían muchos hermanitos a ese pequeño. Un hipido y el rostro rojo de su esposa fue la única respuesta que necesitó para llevarla a la habitación de al lado.

Qué divertido restablecer el clan.


N/A: Cortito y con amor cómo me gusta, ¿reviews?