Hola a todos! H aquí el siguiente capítulo de esta historia que ufff! Como sea, gracias a todos por seguir, gracias por los reviews, los favoritos, follows, y recomendaciones. Y quisiera decir que si ven alguna historia de sus escritores favoritos en alguna plataforma sin su consentimiento, favor de denunciar… o hacerlos pedazos. Como sea, agradecimientos a Thomas Astruc que nos ha prometido un hiatus no tan largo para la cuarta temporada! Y sin más qué decir… COMENZAMOS!
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Capítulo 13.
A flor de piel.
Lila degustó gustosa de la pasta con pesto que había ordenado. Habían ido a un restaurante fuera de ese pueblo marino tan cutre junto con el grupo de chicos que las pretendían, bueno, al menos a ella porque Sabrina no era tan agraciada la pobre.
-Cielos, Lila. Eres tan fascinante. ¿Quién diría que has ido a tantos lugares?- dijo un chico encandilado por ella. Uno que bien sabía, tenía una villa en Italia a su nombre.
-Oh, bueno. Teniendo a unos padres tan ocupados y viajando, no podían dejarme y tuve que aprender todo lo que podía. Pero fue a veces muy duro. Cada vez hacer amigos nuevos y dejar a los viejos...- el chico de ojos ambarinos tomó sus manos.
-Oh, ma bella. Debes sentirte muy sola.
-No tienes ni idea.
-Ufff, creo que va a llover.- dijo una chica morena y alta vestida con lo último en la moda al ver a lo lejos nubes de lluvia.- Ojala no llueva por aquí, mis zapatos nuevos no son para lluvia.
-Ha de estar lloviendo donde la playa.- musitó Sabrina con cierta reticencia, sin apartar la vista de su plato de ravioles.
-Voy al tocador. Sabrina, ¿me acompañas, por favor?
-Claro, Lila.- las dos se fueron al tocador donde al llegar, Lila pidió su lápiz de labios, entregado diligentemente por Sabrina.
-¿Hiciste lo que te pedí?
-S-Sí. Lo hice. Pero no crees que esta vez te hayas pasado... ¿un poquito?
-¡Por supuesto que no!- exclamó indignada.- Marinette ha hecho muchas y debe pagar por ello. Además, ¿no recuerdas las veces que esa gata nos ha arañado?- exclamó recordando las veces que habían intentado acercarse a la panadería para intentar hacer algo contra Marinette pero Tikki siempre estaba alerta y se les echaba encima.- Estoy segura que ya debe haberse ahogado.
-Pero Lila...
-Mira, Sabrina. Entiéndelo. No voy a dejar que nadie me diga que hacer. Ni siquiera tu.- Sabrina bajo la mirada pero luego Lila suavizo la voz.- No lo hago por mí. También por ti, por todas que nos ha hecho, y también por Zachary, el pobre se metió en problemas cuando usamos su yate. Y eso que parecía tan interesado en ti pero con lo ocurrido...
-Y-Ya veo. No lo sabía. ¿Estaba interesado?- pregunto con claro anhelo.
-Por supuesto. Pero como lo castigaron ahora no quiere saber nada de nadie.- Sabrina se desilusionó.- Tranquila. Ya encontraremos a otro chico que guste de ti. Terminemos de arreglarnos y volvamos.
-Claro.
Lila entro a un cubículo y Sabrina suspiró mirándose en el espejo. Se sentía mal por lo que había hecho, y no sanaba su consciencia el haber dejado a la gata en una saliente muy alta en vez de en el suelo como le ordenó Lila que hiciera. Las nubes a lo lejos hacían pesar más su consciencia. Deseando de corazón que no pasara nada malo y que encontrasen esa nota a tiempo antes de que la cueva se inundase por completo...
Claude no se sentía del todo a gusto esa noche, y es que la mirada de su madre no dejaba de taladrarle, como si supiese la verdad sobre algún secreto que tenía.
-¿Tengo algo en los dientes?- pregunto titubeante pero su madre ensanchó su sonrisa.
-¿Quién es?
-¿Quién es quién?
-La aleta por la que suspiras.- la mano de Claude se detuvo cuando iba a morder un pez y miró a su madre con expresión de espanto. El pez de su mano se fue nadando campante.
-¿Cómo?- la mujer gritó extasiada de felicidad.
-¡No me equivoque! ¡Lo sabía! ¡Te gusta alguien!- Claude abrió los ojos grande y su rostro se puso colorado por esa extraña aseveración. Su padre como si nada habló.
-Hijo, debes ser amable con la chica que cortejas o algún otro se te puede adelantar.
-¿Qué? ¡No! ¡No me gusta ninguna sirena! ¿De dónde sacan eso?- sus padres lo miraron y luego su madre preguntó.
-Entonces… ¿Te gustan los tritones?
-¡Por supuesto que no!- casi se atraganta entre gritos. Respiró profundo antes de hablar calmadamente.- No estoy interesado en nadie, de forma romántica. Y tampoco me gustan los corales largos.- dijo entre dientes. Su madre lo observó perspicaz.
-Claude, cariño. Te conozco desde que estabas en mi vientre, cada pequeña escama de ti no pasa por alto.- dijo moviendo cola tan parecida a la suya pero con una sombra color malva.- Pero si no estás preparado entonces respetaremos tu tiempo.
-Solamente queremos tu felicidad.- señaló su padre que dejó de lado el caparazón de un cangrejo vacío.- Pero llegado el momento te aviso, tu madre querrá nietos.
-¡Uno de cada uno! Sería maravilloso. Un niño y una niña con los cual jugar y mimar. ¡Serian adorables!
Sain se rio de su protegido y Claude no sabía dónde esconderse. La arena ya no lo podía esconder como hacia cuando era un tritón pequeñito.
-Hola.- Adrien y Plagg se acercaron a la familia. He allí su salvador.
-Adrien. ¿Qué te trae por aquí?
-Vine a ver como estabas. Y darle un aviso a tu padre de parte del mío.
-¿No quieres quedarte a cenar, cariño?- preguntó la madre de su amigo.
-Yo... Claro. Mi padre y hermano no tienen hambre. Así Plagg y yo no cenaremos solos.
-Me salvas la vida.- susurro Claude aliviado.- Me están volviendo loco.- así su madre no hablaría de nueras invisibles y futuros tritoncitos y sirenitas frente a Adrien, estaba salvado.
-Acompáñanos, Adrien. Así nos podrías decir si sabes si hay alguna sirena que se ha ganado el corazón de mi niño.- Adrien aguantó la risa y Claude suspiró derrotado, había hablado tan pronto...
-Oh, mierda...- no pudo evitar maldecir Nino al ver que casi la mitad de la cueva estaba inundada.
Marinette temió lo peor, pero eso no la detuvo en dar ese paso al interior de la cueva no importando los gritos de Alya y Juliet. Nino y Nathaniel la siguieron con linterna en mano, como era más baja que ellos, el agua llegaba a mitad de su estómago.
-¡Tikki! ¡Tikki!- su voz hizo eco por la cueva y sentía que mientras más se adentraba el agua era cada vez peor, tomaba una fuerza parecida al mar de afuera. Y prueba de ello fue una ola que los golpeo desde atrás.
-Marinette, debemos salir.- le insto Nathaniel.
-¡No voy a salir sin Tikki!
-¡Ni siquiera sabemos si está aquí, es peligroso!- se hizo escuchar Nino ante el fuerte sonido del mar que hacía eco en la cueva.
-¡No! Debe estar aquí. ¡Tikki!- y justo entonces escuchó a Tikki, todos lo hicieron.- ¡Allí está! ¡Tik-!- una gran ola los golpeo desde atrás y los tumbó. Los tres tomaron aire al salir del agua, la cueva se estaba inundando rápidamente y Nino no solo había perdido sus lentes, sino que tenía una herida en su cabeza.- ¡Nino!
-Estoy bien. Estoy bien... Maldición...- el moreno se tambaleó.- No, esperen… maldición, no veo nada.
-Nath, saca a Nino.
-¿Estás loca? ¿Qué hay de ti?
-Estaré bien. No pierdas tiempo.
Nathaniel tuvo que obedecer, no sin antes darle la linterna a Marinette. Marinette sentía el agua justo debajo de sus pechos, el agua estaba subiendo más rápido de lo esperado por culpa de la llovizna que caía. Caminó resistiéndose cada vez más a las olas escuchando a Tikki.
-Ya voy, Tikki... Agh.- una ola enorme la hundió, soltó la linterna unos momentos y tuvo que volver a hundirse para poder tomarla o nunca podría hallar a Tikki. Al salir siguió su camino, cada vez más adentro, le era muy difícil moverse y las olas eran cada vez más violentas. Casi tropezó, pero tras escuchar a Tikki, iluminó con la lámpara y pudo ver sobre una saliente a centímetros de su cabeza un viejo saco que se movía violentamente.- Gracias al cielo...- tuvo que subir a una roca para así poder tomarla pero una ola la golpeo detrás nuevamente y cayó al agua, estaba segura haberse golpeado el hombro, mordiéndose la mejilla interna y la poca sangre derramada se disipó en el mar…
Adrien sintió todos sus sentidos alerta en un segundo.
-¿Adrien?- Plagg lo vio tan tenso que temió lo peor. El rubio se giró a la familia de su amigo que lo miró con extrañeza.
-Disculpen. Pero debo irme.- y antes de darles oportunidad de preguntar qué pasaba, este tomó a Plagg y nadó lejos de allí...
Marinette salió tosiendo del agua. Sus oídos estaban tapados y sentía el agua en lo hondo de su nariz. Volvió a subir con cuidado de no caerse y tomó el saco abriendo con una mano el sencillo nudo que había, mientras que con la otra se aferraba a la saliente, cosa difícil considerando que su mano cada tanto resbalaba, pero pudiendo liberar a Tikki que se calmó lo suficiente para que Marinette la cargara.
-Muy bien Tikki. Vamos a salir de aquí.- con cuidado bajó de la roca y puso a Tikki sobre su cabeza alzando los brazos. El agua le llegaba a la barbilla y podía escuchar y ver las linternas de sus amigos ya que la suya estaba en su short.
-¡Ya vamos, Marinette!- gritó Alya desde el otro lado.
-¡Tengo a Tikki! ¡Ya voy hacia uste...!- tragó agua.
Las olas la estaban comenzando a cubrir y no podía moverse o nadar con Tikki en sus manos. Siguió avanzando, cada vez con más dificultas, alzando su rostro. Y entonces una gran ola la cubrió por completo, sin darle tiempo a gritar y escuchando las voces de sus amigos sofocadas por culpa del agua. Estaba por completo sumergida, la corriente la estaba llevando al interior de la cueva. Pero no soltó a Tikki que apenas que se movía en sus manos. Tenía que salir. Tenía que salvar a Tikki. Su tierna gatita que ha estado con ella en esos momentos difíciles, su eterna confidente, su dulce amiga. No iba a dejarla allí... Abrió los ojos, y en medio de la oscuridad distinguió dos brillantes gemas verdes.
No... No eran gemas, eran ojos ella se sorprendió de ver a Adrien frente a ella, ¿estaba alucinando? Fuese como fuese, su cuerpo se sentía tan pesado y adolorido del pecho, ya ni sabía si tenía a Tikki en sus brazos... La mano de Adrien se posó en su mejilla y ella pudo sentir perfectamente sus suaves y cálidos labios se amoldarse perfectamente en los suyos. Al separarse de ella, dejó salir el aire restante de sus pulmones, se aterró, necesitaba respirar, necesitaba su ayuda, pero se dio cuenta que... ¡estaba respirando! A su lado, Tikki estaba dentro de una burbuja y Plagg la estaba empujando fuera de la inundada cueva como si fuese una pelota.
-Tranquila, Marinette. Te sacare de aquí.
Adrien tomo su mano y la llevo hacia afuera de la cueva sin ninguna dificultad. Estaban en el mar. Marinette intento hablar pero no podía, al parecer sólo podía respirar. Desde donde estaba escuchó las voces de sus amigos llamándola y Adrien le sonrió aun estrechando su mano.
-Ve. Te esperan.- Plagg le acerco a Tikki que seguía en la burbuja y Plagg que tenía una sonrisa burlona.
-Me debes la vida ahora, ser inferior.- Tikki rechistó.
Marinette tomó la burbuja que se sentía como un globo y vio a Adrien, con ganas de llorar, le abrazó y dio un beso en la mejilla como signo de agradecimiento, después nadó a la orilla.
Al salir del agua, sus pulmones se llenaron de aire y la burbuja de Tikki desapareció. Ver a sus amigos desesperados le rompió el corazón.
-¡Chicos!
La primera en voltear fue Alya que al verla sana y salva corrió a ella y la tacleó abrazándola con fuerzas.
-Nunca. Escúchame bien. ¡EN LA VIDA! Vuelvas a darme un susto así.
Marinette le abrazó y sus amigos se acercaron a ver su estado. Juliet se hizo cargo de Tikki, no sin antes voltear al mar donde vio algo parecido a una cola y sonrió agradecida de todo corazón con los tritones…
Audrey aulló furiosa al darse cuenta que el ladrón había regresado.
-¡Maldición! ¡Mis cristales! ¡Mis preciosos cristales han desaparecido!
-¿Y que no puedes conseguir más?- pregunto Claudia adormilada por ir a esas horas a la cueva.
-No es tan fácil. Cada cristal es hecho dependiendo la época, la hora y el lugar. Y esa asquerosa sanguijuela se ha atrevido a robarme ¡DOS VECES!- la perezosa risa de Claudia la desconcertó un momento.
-Mala suerte. Deberías cuidar mejor tus cosas, madre. Al parecer no eres tan lista para...- se calló cuando su madre la azotó contra la pared, ahogándola mientras sus garras se enterraban en su cuello a punto de sangrarle.
-No te atrevas a reírte de mí, cariñito. Porque bien puedo revelarle a tu amado Félix tu sucio secreto.
-¿D-De qué...? ¡Agh!- sintió las garras apretar más su cuello.
-No me mientas. No parecías impresionada del todo cuando te traje. Y estaba segura que me faltaban cristales, aun cuando hacía mucho no venía aquí. Pero eres descuidada. No me fue difícil averiguar todo al revisar mi inventario después de que te fueras.- soltó a su hija que se quejó adolorida.- Así que estas mucho más metida en esto que yo.- se rio entre dientes.- Así que calladita si sabes lo que te conviene. Y ese infeliz ladrón debe desaparecer o puedes despedirte de seguir viviendo tu cómoda vida o siquiera… la vida.- Claudio vio con temor y rencor a su madre, sabiendo que una amenaza suya no era en vano...
A la mañana siguiente, la señora Decrois le quitó el termómetro a Marinette.
-Definitivamente tienes fiebre. Eso pasa cuando duermes con la ventana abierta en plena llovizna.
-S-Sí. Ni siquiera me di cuenta.- Marinette agradecía que la abuela de su amiga hubiese llegado ese día temprano y no ayer por la noche cuando todo pasó. Tikki miraba todo desde su cojín y estornudó acurrucándose más, metiendo su cabeza en la mantita que la señor Decrois le había dado.
-Bueno, te quedaras a descansar. Mi famoso té herbal con limón y una siesta te caerá de perlas, y Tikki estará bien en un par de días con la medicina que le he dado.
-Muchas gracias.
-Bueno, chicos.- se volvió a la puerta donde estaban todos para saber el diagnostico.- Pueden descansar hoy. Vendrán algunos viejos compañeros de otros refugios para revisar unas cosas.- todos se alegraron.- Menos tú, Juliet. Sigues castigada y aun debes hacer los quehaceres de la casa.
-Sí, abuela.- contestó cabizbaja, si supiera que había salido seguro le aumentaría el castigo.
-Muy bien. Dejémosla descansar. Vamos, chicos.
-Juliet, ¿puedo hablar contigo?- pregunto Marinette tímida y su abuela le sonrió para salir dejando a las chicas solas.- ¿Puedes ir a con Adrien y disculparme por hoy?
-No puedo, si mi abuela se entera que salí...
-Le diré que fuiste a buscarme algo. Por favor, no quisiera preocuparlo.
-Vale. Lo haré. Pero cúbreme bien las espaldas, no quiero estar castigada el resto del verano.
-Perfecto. Y si pudieras llevarle algo, sobró mucha pizza ayer.
-Con lo de ayer a nadie le dieron ganas de comer.- las dos chicas se abrazaron hasta que unos tímidos toques en la puerta llamaron su atención y poco a poco la puerta se abrió.
-Ho-Hola...
-¿Juleka?- la joven entro tímida al cuarto y Juliet sonrió.
-Voy a por té.- pasó a lado de su amiga pero esta no le dirigió mirada alguna. Parecía un animalillo asustado.
-¿Juleka?
-Me dejaron pasar. S-Supe de Alya lo que pasó y... y yo... quise venir y ver cómo estabas.- un débil sollozo salió de su boca y Marinette palmeo la cama para invitarla a sentarse. Así lo hizo.
-Tranquila Juleka. Estoy bien, nada más tengo fiebre.- Juleka apenas y la miraba.
-Lo siento...
-Es un poco molesto estar enferma en verano pero será cosa de un día.
-No. Yo... me refiero a… Siento lo de mi hermano.- Marinette quiso decirle algo pero Juleka por primera vez se mantuvo firme en ser ella quien hablara.- Sabía que algo raro pasaba cuando Luka comenzó a preguntar más sobre Kagami. Parecía raro contigo. No tenía idea de lo que pasaba, pero cuando les vi... me enojé mucho. Le exigí a Luka que te dijera la verdad o yo te la diría. P-Pero debí decirte... Debí hacerlo porque eres mi amiga y antes de que tú los vieses. Lo siento… soy una mala amiga, soy...
-Juleka, para.- tomó su mano para que al fin se detuviera.- No debes de culparte por lo ocurrido. No es tu culpa.
-Me quedé callada... Debí decírtelo.
-Es tu hermano, lo entiendo. Y yo... quizás debí darme cuenta de la verdad.- ahogó todo sentimiento que fuera a cerrar su garganta y empañar sus ojos.- Y Luka y Kagami son quienes debieron decírmelo, no tú.
-Tú lo amabas. Te rompieron el corazón.
-Sí... lo amaba. Destruyeron mi confianza. Pero eso no quiera decir que alguna vez no vaya a superarlo. Poco a poco eso ha ido quedando atrás, incluso quien sabe, quizás a futuro pueda reírme de esto con ustedes. Pero tú, Juleka, no te culpes de los sentimientos o acciones de otros. Luka es tu hermano, él de seguro se arrepiente de haberte involucrado. Deberías perdonarlo.- Juleka bajó la mirada.
-No creo que pueda...
-No te diré cuándo. Eso ya es cosa de ustedes pero... no dejes que esto destruya su lazo. Eso es algo que se debe atesorar toda la vida.- extendió sus brazos.- Eres una de mis amigas más preciadas Juleka y eso no va a cambiar. Y Rose también lo sabe.
No pudo soportarlo más. Se lanzó a los brazos de Marinette dejando ir pequeños sollozos que sacudían sus hombros. Marinette la estrechó con fuerza, deseando tanto transmitirle la seguridad de que todo iba a estar bien. Y que no debía odiar a Luka, ella suspiró queda. Ya iba siendo hora de dejar de lamerse las heridas también. Lo que pasó, pasó, y lo que tuvo con Luka fue hermoso en su momento, pero al final no estaban por completo destinados. Dolía, pero debía avanzar. Tenía su teléfono a un lado, miró un momento la carpeta de fotos exclusivas de Luka y ella, cada una con una historia diferente llena de felicidad. Seleccionó la opción de eliminar y presionó el botón de Sí. Casi de inmediato sintió como si se hubiese arrancado algo del pecho, fue doloroso por un segundo pero el alivio fue tal que no pudo evitar derramar un par de lágrimas por ello. Abrazó con más fuerza a Juleka esperando transmitirle todo su confort.
-Ya pasó, Juleka. Hay que seguir adelante.
Juleka no se movió de su lugar. En su interior quería hacer caso a Marinette, pero la forma en la que actuaron Kagami y su hermano no fue la correcta. Sentía arraigado ese sentimiento que no la dejaba en paz. Y no sería tan fácil de perdonar esa traición que no fue sólo hacia Marinette, sino también hacia ella...
Bridgette estaba amasando una bola de masa en la cocina, lista para un quiche. Más podía sentir la mirada del gato de sus hijos en la ventana que había vuelto en algún momento de la mañana. No podía explicarlo pero sentía una mirada acusadora de parte de aquella criatura que había demostrado un endemoniado ingenio al momento de escapar de la veterinaria. Sus ojos verdes eran demasiado penetrantes por la forma en como la observaba. Quizás eran imaginaciones suyas pero de verdad sentía que la juzgaba por algo.
-Quizás te hayas escapado pero si quieres estar con mis hijos deberás vacunarte. No pienso tenerte en mi cocina hasta nuevo aviso.- suspiró largo cuando vio que este bostezó acostándose en el marco de la ventana.- Genial. Estoy hablando con un gato. Marianne tiene razón, necesito salir más.
Plagg entrecerró sus ojos y entonces los gemelos entraron a tropel con Fu detrás. Plagg se puso alerta. Había algo en ese tipo que no le gustaba. Quizás su instinto felino le estaba diciendo algo.
-Buenos días, Bridgette. Te he traído tu medicina.
-Oh, gracias señor Fu. Se me había casi olvidado.- Plagg ladeo la cabeza. ¿Medicina? Ahora que lo pensaba ella parecía siempre dolerse casi todo el tiempo, ¿estaría enferma?
-¡Vamos a jugar!
-¡Vamos afuera!
-Niños, no vayan tan lejos. Y ya saben lo que les he dicho de ir a la playa.
-Sí, mami.
-No iremos lejos.- los dos niños salieron de la cocina y Plagg sintió sobre él la mirada del anciano. Le causó escalofríos. Al dejarlos solos, el señor Fu le dio un vaso de agua mientras ella tomaba una pastilla color negra.
-¿Cómo te sientes?
-Sé que ya debería haberme acostumbrado a estas alturas, pero los huesos me duelen mucho. Si no fuera por su medicina...
-Calma, calma. Tal vez deberías tomarte un tiempo fuera.
-P-Pero es la mejor temporada del año. No puedo irme, estas semanas son esenciales para mí y para el negocio.- hizo hacia atrás un mechón de cabello.- En invierno rentaré una cabaña o podría ir a la ciudad, no puedo dejar ir esta oportunidad.
-No digo que cierres todo el verano. Sé que estos días son importantes. Pero un fin de semana lejos te ayudará.- no le dio a replica.- Tranquila. Mi esposa y yo nos haremos cargo. Pero lo importante eres tu.- al final Bridgette terminó asintiendo con lentitud.
-Tiene razón. Gracias por todo, señor Fu.- le abrazó contenta y el este correspondió el abrazo.- Sabe qué. Voy a regalarle unas bolas de mozzarella que me acaban de traer. Sé que Marianne hará maravillas con ellas.
-Eres muy amable, y a Marianne le encantarán.- Bridgette abrió la alacena pero al ver la gran mordida que tenía cada una de las bolas su buen humor desapareció.
-¡Argh! ¡Voy a hacer que castren a ese gato!
Adrien no podía estar más desilusionado y molesto. Tanto que no se comió los bocadillos que Juliet le trajo en nombre de Marinette.
-Entonces hoy no podrá venir.- la joven hizo hacia atrás de su oreja un rizo algo nerviosa y acercando un poco más un pedazo de pizza.
-Me dijo que sin falta vendría mañana, Adrien. No debes preocuparte.
-Ya veo...
-¿No gustas comer algo?
-No. Creo que me iré. ¿Claude?- el castaño negó con la cabeza mientras disfrutaba de su rebanada de pizza.
-Yo me quedo. Ya te veré después, Adrien.- el rubio asintió y miró a Juliet en disculpa.
-Dile que deseo se recupere.- se hundió y desapareció de su vista. Juliet suspiró ruidosamente, culpándose de que quizás no había sido buena idea contarle sobre la razón de porque Marinette había estado en ese lugar.
-Estaba enojado.
-No lo culpo. Cualquiera lo estaría, ahora mismo debe estar pensando la forma de despedazar al culpable de tal siniestro acto.- Juliet abrió la boca pero la cerró, la verdad si estaba en lo correcto y Lila tenía que ver, era tentadora la idea.
-¿Qué rayos estoy pensando?
-Que es tentador.- adivinó Claude y Juliet negó con la cabeza.
-Bueno, debo irme. Sólo vine a eso y a dejarles los bocadillos.- la reacción de Claude fue similar a que le hubiesen pinchado la aleta.
-¡Espera!- ella se detuvo y se volvió al escucharlo.- ¿P-Por qué no te quedas? No porque Adrien y Mari no estén no significa que no podamos pasarla bien.
-E-Es que estoy castigada. Y tengo miedo que mi abuela se entere.
-Al menos quédate unos minutos, ¿vale?- ella sonrió. Sería muy desconsiderado de su parte dejarlo solo. Además, no era mal chico.
-Está bien. Creo que puedo estar una hora fuera, tal vez dos.- Claude sonrió y Sain miraba con burla a su chico que se puso a lado de la chica que se sentó hundiendo sus piernas en el agua.- ¿Qué es eso que llevas contigo?
-¿Esto? Es un libro. Es uno de mis favoritos.
-¿Un libro?
-Sí, un libro cuenta historias fascinantes y entretenidas.
-¿Podrías leerme algo?
-No lo sé. ¿Te gustan las historias de miedo?- la sonrisas de Claude se extendió.
-Chica, ese es mi fuerte.
-Muy bien. Aquí no puedo leer porque necesito más luz, habrá que salir.
-No hay problema, conozco un buen sitio donde tendremos privacidad.
-Vale, pero no digas que no te lo advertí, si te dan pesadillas...
-Adelante, pero este tritón no se asusta tan fácil.
Claude comió sus bocadillos, dejando también para Sain, que veía a su chico por completo embelesado por la humana, tal vez demasiado...
Chloe había seguido con meticulosos cuidado la preparación de esa poción dentro de una concha de mar. Molió unas perlas nuevas, agregó coral rojo, y por ultimo agregó un cristal de cada uno.
-Un cristal de luna y un cristal del abismo.- al momento de unirse, el líquido dentro se tornó de color blanco. Chloe se pinchó el dedo con la concha y al meter su dedo en ese líquido, este se tornó de un rojo brillante.- Auch. Espero que no deje marca. Ufff, esto no fue tan difícil, con razón hasta mamá que no mueve una aleta puede hacerlo.
Miró nerviosa la pócima, tragó duro y cerró los ojos con fuerza.
-Muy bien, no te acobardes ahora. Hasta el fondo. - lo bebió todo antes de arrepentirse. Al hacerlo hizo una mueca ante el asqueroso sabor.- ¡AGH! Esto sabe peor que… espera.- leyó un pasaje.- ¿No beber dentro del agua? ¿Por qué no…?- su garganta se cerró de golpe. Sintió como algo oprimía sus agallas de forma dolorosa, su cola se tensó y le dolió como si la estuviesen partiendo en dos, y un grito desgarrador salió de su boca. Se estaba muriendo, eso debía ser porque ahora sentía como si se estuviese derritiendo por dentro y su cola era destrozada. Sentía que no podía respirar, nadó desesperada hacia arriba y afuera se arrastró a la arena mientras el dolor y el fuego cedían al fin de forma rápida dejando atrás el mar. Respiraba con dificultad, sentía el sol acariciar su piel, y escuchó una voz que clamó su nombre.
-¡Chloe!
El artista corrió hacia ella, viendo la mitad de su cuerpo arrastrarse en la arena, algo malo debió pasar. La tomó de los hombros escuchándola toser.
-Chloe, ¿qué te ha pasado?
-Yo... ¿Funcionó?
-¿Funciono? ¿Qué funcio...?- sus ojos y boca se abrieron tanto como pudieron, no había notado las agallas ni las aletas desaparecidas, no, lo que captó su atención fueron dos hermosas, largas y torneadas piernas bronceadas que tenía en lugar de cola. Su sonrojo fue más que evidente sin poder distinguirse demasiado de su cabello, al tener entre manos a una sirena con piernas y desnuda en la playa.
…
Y… espero que les haya gustado! Gracias a todos por leer, dejen review, nada de tomatazos, acepto bebidas de temporada e imágenes de Chat Noir, Nathaniel, Luka o Viperion, y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!
