Hola a todos! He aquí traigo otro capítulo de esta historia. Y bueno, oficialmente la tercera temporada ha terminado. Lo sé, lo sé, pero anunciaron el próximo hiatus no será tan largo, esperemos que cumplan su palabra y con todas las dudas y pendientes que tienen… entre ellos un VERDADERO ADRINETTE! Ajum… bueno, sin más qué decir aparte de agradecimientos a Thomas Astruc… COMENZAMOS!

…..

Capítulo 14.
Sentimientos ocultos.

Podía sentir la presión en su cuerpo en el agua. ¿Estaba en la cueva? No, estaba oscuro porque tenía los ojos cerrados. Poco a poco fue abriéndolos y vio encima de ella la luz del sol sobre el agua. ¿Estaba bajo el mar? ¿Cómo? Dos manos tomaron las suyas y frente de ella estaba Adrien, su querido tritón le sonreía y veía con una ternura desmedida que hizo saltar su corazón. Este la jaló y nadaron por el extenso mar. Pasando hermosos y coloridos arrecifes de coral, multitud de peces de colores nadaron alrededor de ellos y de la nada una hilera de pececillos la hicieron cosquillas al pasar. Alrededor de ellos había otras sirenas que no les prestaban atención, pudo ver a Claude hablar con una sirena de espeso cabello y cola color agua marina con sombras lilas que le daba la espalda pero había algo familiar. No muy lejos vio a un tritón de cola purpura y de cabello rojo como Nathaniel, pero pasó tan rápido que no lo pudo ver bien. Adrien le hizo girar sobre sí misma, ella rio y Adrien se detuvo, entrelazó sus dedos a lo alto y su mano se posó en su cintura, mirándola con un gran amor, y fue que se dio cuenta, sus manos estaban llenas de cicatrices, no tenía prenda alguna pero podía distinguir sobre su pecho una cicatriz pequeña, y lo más importante, no tenía piernas, en cambio tenía una cola roja y brillante como rubí con sombras rosadas en las aletas. ¿Qué estaba pasando? Pero no pudo pensar porque Adrien la besó, este beso no era como el de la cueva, este beso guardaba tantos sentimientos y palabras de amor que inundaron su pecho y la hicieron sentirse deseosa de más, entregándose a ese sentimiento de júbilo. Y de repente todo se oscureció, gritos de terror se alzaron por todas partes y Adrien la asió de la muñeca al tiempo de alejarse y ver detrás de ella millares de colmillos puntiagudos abrirse en una enorme boca...

PAF

El sonido la despertó y casi saltó. Su cabeza daba vueltas y sentía la boca seca. Entonces pudo ver que lo que se había caído había sido una caja de zapatos y Nathaniel estaba congelado cerca de sus cosas.
-¿Nath?
-Ho-Hola Marinette. No quería despertarte.- ella se sentó un poco con la espalda apoyada en el respaldo y bebió un poco del vaso con agua que le habían dejado con una jarra. Recordó que Juleka se había ido tras un buen rato.
-¿Que ocurre, Nath? ¿Necesitas algo?
-P-Pues yo... Veras, hay una chica y ella sufrió un accidente con su ropa y...
-¿Una chica?- sonrió al artista que se sonrojó.
-S-Si, bueno, es alguien que he conocido este verano.
-Oooh, ya veo.- sonrió mirándole acusadoramente.- Y esa amiga tuya necesita ropa.
-Exacto. Y no puede ir a donde se hospeda porque está muy lejos y tú eres más o menos de su talla.
-Entiendo. No se diga mas.- se levantó y miró su ropa. Veamos... ¿Qué tal esto?- Nathaniel sintió como si le diese un ataque al ver ese conjunto blanco y rosa tan corto y transparente.
-N-Necesito algo más largo, y no tan claro.
-¿Cómo es ella?
-Tiene cabello rubio, piel bronceada y ojos azules un poco rasgados.
-Ah, ya. Bien, entonces el rosa no es su color. Creo que tengo algo perfecto... ¡Ta-da! ¿Qué opinas?- Nathaniel tomó el vestido de corte halter de color azul que le daba.
-Es perfecto, gracias.
-Cuando quieras. Espero le sirva a tu amiga.
-Igual. Por cierto, ¿no tendrás unos zapatos a juego?- la joven arqueó la ceja.
-¿Es que tu amiga va desnuda?
-¡Por supuesto que no! E-Es sólo que... también se arruinaron sus zapatos.
-Vale. Toma estos. Con suerte no se le habrá arruinado la ropa interior. Que tengas buen día. - bostezó dejando a Nathaniel más rojo y contrariado, cerrando la boca incapaz de hacer esa petición...

Adrien estaba furioso. Se sentía impotente e inútil. Era la segunda vez que algo le pasaba a Marinette en tierra y él no pudo hacer nada por evitarlo. Deseaba tanto destrozar a quienes le habían hecho daño, por primera vez ese deseo letal nació en él. Sus colmillos y garras deseaban tanto lastimar a los perpetradores, rasgar su piel, llevarlos hasta las profundidades y hacerles aquello que era prohibido por su raza. De repente algo capto su mirada y toda su ira se desvaneció siendo reemplazado por el miedo.
-¿Félix?- se ocultó tras unas rocas pero su hermano ni siquiera había puesto atención a los alrededores, mucho menos en su presencia.- ¿A dónde va?- lo siguió cuidadoso y su corazón se detuvo al ver a donde se dirigía.

Félix entró a la cueva, Adrien nadó a cierta distancia, casi a ras de la arena y transformándose para que sus ahora oscuras escamas le ayudaran a esconderse en la oscuridad. Para su alivio pudo ver que el lugar estaba vacío, seguro que Claude se marchó al poco tiempo. Pero vio a Félix salir a la superficie y casi en la entrada de ese fantástico paraíso, su mano pasó por el muro, casi no se notaba, pero Adrien lo notó, era la escritura de su pueblo. Alguien había pasado sus garras sobre un mensaje escrito, oculto entre las sombras, hasta hacerlo casi ilegible. ¿Qué era eso?

Félix se volvió con brusquedad, pero Adrien se escondió, maldiciendo que quizás lo hubiese visto. Pero no fue así. Félix se sumergió y nadó rápidamente fuera de la cueva. Adrien dejó salir un largo suspiro de alivio. Se acercó a la pared e intentó descifrar el mensaje ante el profundo arañazo en la roca.
-Por siem-pre... Fé… ri… amo… a-¿amor?- se sorprendió en gran manera y miró por donde se había ido su hermano. ¿Qué significaba todo eso? ¿Y qué tenía que ver su hermano en ese mensaje?

Alex y Max estaban jugando en el agua, habían decidido dejar por un momento sus juguetes a sugerencia de Plagg que los veía por encima de una roca. Max empujó a Alex y este lo sujetó para llevarlo consigo. Los dos reían tanto que no se daban cuenta de las pequeñas escamas que comenzaban a aparecer en la planta de sus pies.
-¡Plagg, ven a jugar!- le invitó Maximilian al verlo acostado.
-No puedo hacerlo. En esta forma no me gusta tanto el agua.
-¿Y no puedes cambiar?
-¡Sí! ¡Transfórmate en algo divertido!- exclamó Alexander.- Como un delfín o ¡un tiburón!
-¡Una ballena!
-Ni loco. Ustedes están muy a la orilla, no puedo transformarme en esas cosas hasta estar mar adentro.
Los dos gemelos se lamentaron y entonces Plagg lo vio a la distancia. Se levantó y con una sonrisa vio a los niños.
-Oigan, renacuajos. Quisiera preguntarles, ¿dónde está su papá?- los dos niños dejaron de jugar y respondieron serios.
-/Fuera/
-Vamos, pueden decirme la verdad. Prometo no decirle a nadie.- Alex torció la boca y Max jalaba su camiseta.
-Es que mamá se pone triste cuando preguntamos y...

-Por eso no decimos nada.- Plagg sonrió amplio, por supuesto que no les diría nada.

-Y qué tal si les dijese que conozco a…
-¡Niños!- la voz de la anciana lo interrumpió. Marianne bajó los escalones a la playa y los dos salieron rápidamente del agua desapareciendo al pisar tierra sus escamas y pequeñas aletas.- ¿Cuantas veces les hemos dicho que no deben jugar en el mar? Es peligroso.
-/Perdón abuela/- se disculparon muy apenados.
-Ya, bueno. Recojan sus cosas, vamos a casa para secarlos. No queremos que su madre se moleste.
-¿Le vas a decir a mamá?- pregunto Alex.
-Debería, pero por esta vez no lo hare. Pero entiendan, el mar es peligroso. Y no queremos asustar a su mamá.
Los dos asintieron y recogieron sus juguetes para irse de la playa en la mano de la mujer. Pero Plagg vio a Félix a la distancia, su rostro desencajado lo decía todo, el mar lo había guiado a su sangre que clamaba a esos hijos perdidos. Este desapareció entre las olas y Plagg rechistó. Quizás fuera cruel pero era lo mejor, esa humana no era digna de tener a esos hijos del mar, y ahora faltaba qué haría para llevarlos a su nuevo hogar…

Los pequeños puestos, la música, y los olores nuevos llamaron la atención de Chloe cuyos ojos brillaban como dos gemas, se movía con gracia como si bailara y la falda del vestido que quedaba por encima de sus rodillas se movía con ella como una campana. Quedaba prendada ante las joyas de bisutería o las reales, artesanías e incluso algunos juguetes.
-Chloe, espera, vas muy rápido.
-¿Es que no puedo evitarlo? ¡Todo esto es tan nuevo y fascinante!- vio un puesto de tostadas francesas y esta arqueo la ceja curiosa al ver como freían y espolvoreaban de azúcar el pan.
-¿Qué es eso?
-Pruébalas. Son deliciosas.- Nathaniel compró un par de platos para ambos y el de Chloe tenía fresas y el de él arándanos.
-¿Que es esta cosa roja?- preguntó con clara desconfianza.
-Fresas y mermelada. Está rico.- lo hizo con un gesto torcido, y al hacerlo sus papilas gustativas la dispararon a un nuevo mundo de sabor. Aquello era el paraíso.
-Es... ¡DELICIOSO!- Nathaniel le dio uno de sus arándanos y los ojos de Chloe lo miraron agradecida antes de comérselo.
-¿Está bueno?
-Mmmm, no creo poder recuperarme después de esto.- Chloe al ver como la veía se sus mejillas se sonrojaron.- Muéstrame más cosas.- este asintió mientras seguían adelante hasta un puesto donde vendían materiales de arte, Nathaniel sonrió ante unas cosas nuevas e interesantes, pero notó como ella miraba un collar con un cristal rojo en forma de corazón. Pagó sin problema lo que quería junto con el collar y el del puesto se lo dio.
-Toma, te lo regalo.
-¿En serio? Es tan bonito.
-Es un pequeño regalo de bienvenida. Deja te lo pongo.- Nathaniel se puso detrás para abrochar el collar y Chloe sintió una corriente eléctrica ante el leve roce de sus dedos.- Listo.
-Gracias. Siempre me han gustado las cosas rojas.
-¿Y eso?
-No lo sé. Supongo que algo relacionado con mi vida pasada.
-¿Vidas pasadas?
-Bah. Es una tontería. Una leyenda muy antigua.- soltó de forma despectiva.
-¿Quieres contarme?- comenzaron a caminar por los puestos.
-Bueno, ya que, pero si te aburres no me culpes.- se detuvo a admirar unas telas.- Se decía que hace siglos, en la época donde las sirenas poblaban en abundancia los océanos y peleaban con piratas que no hacían nada más que cazarnos, una gran bestia apareció de la nada y devoró a más de la mitad de las sirenas. Los sobrevivientes pelearon hasta desfallecer, y después de vencer a la bestia, las sirenas y tritones cuyas parejas perecieron, murieron de tristeza y se convirtieron en espuma de mar.
-Qué triste.
-La leyenda cuenta que estos esperan renacer para reencontrarse con su pareja. Para los de nuestra especie sólo existe una pareja y esta es para toda la vida.
-Monógamos. Entiendo. Entonces crees que te gusta el rojo porque...
-Ya te dije que es una tontería. No creo en esa leyenda. ¡Oh! ¿Qué es eso?- Chloe corrió escaleras arriba a una plaza y al alzar la cabeza, la nariz de Nathaniel empezó a sangrar. ¡Podía verle todo!- Mira esto.- dijo tomando un tomate de un puesto orgánico.- ¡Me recuerda a ti! ¿Nathaniel? ¿Qué rayos te pasa?- Nathaniel le dio alcance con la mano en la nariz, pero se podía distinguir algo de sangre entre los dedos, pegándose a ella lo más posible para que nadie más pudiese ver algo.
-Creo que voy a llevarte primero a otro lugar.
-¿A dónde?
-A un lugar que seguro de gustará.- ella hizo un puchero pero le siguió. Le gustaba el tono rojo que tenía la cara de su artista...

-Poco a poco el hombre sin rostro se alejó del campamento, silbando entre los árboles, y desvaneciéndose entre la oscuridad del bosque dejando un rastro de sangre del campista desaparecido.- cerró el libro Juliet dejando boquiabierto a Claude, pero con una gran sonrisa.
-Wow, que loco. ¿Y qué pasa luego?
-Es el final de la historia.
-Oh, qué mal. Quería escuchar más. ¿Puedes contarme otra?
-Claro. Pero será para otro día. De verdad no puedo quedarme más tiempo, se está haciendo tarde.
-Lastima. Quizás la próxima vez podamos nadar.

-Eh... Bien, no soy tan buena nadadora.- admitió apenada jugando con un mechón de su cabello.
-Oh, vamos. Seguro no eres tan mala.
-Lo soy. Puedo flotar en una piscina pero el mar adentro me aterra.
-¿Piscina?
-Es un lugar más pequeño para nadar. El punto es que... No sé si pueda, me aterra.
-¿Por qué le tienes miedo?
-Es algo inconsciente. No es nada.
-No puede ser nada si te hace temer al mar. Vamos, puedes decirme tu secreto, no saldrá de mí.

-¿En serio?

-Por supuesto, ¿qué tan malo puede ser?- ella desvió la mirada y suspiró temblorosa, sintiendo un peso en su pecho.
-Cuando era niña mis padres murieron. Ellos iban por el camino cuando un camión los sacó de la carretera. Dijeron que estaban inconscientes cuando cayeron al mar...- apretó los ojos intentando no echarse a llorar.- Me es difícil hablar de ello todavía, pero eso destrozó a mi familia.- al ver su expresión, Claude sujetó su mano y ella pudo ver que la miraba, no con lastima, sino con una seriedad y empatía que la desarmaron.
-No puedo decirte que siento tu dolor cuando yo no he pasado por esa desgracia. Pero mientras estés conmigo, el mar no se transformara en ese monstruo que temes y que se lleva vidas. Es una promesa que te hago en el nombre de mi especie y de mi vida.- ella no sabía que sentir, apenas le conocía. Sonrió limpiando cualquier rastro de lágrimas y apretó su mano en respuesta, musitando un débil 'Gracias'.
-Voy a tomarte la palabra.- Claude sonrió, y Juliet pensó que si no fuera un tritón, se hubiese enamorado a primera vista de él...

Chloe nunca había visto nada más bonito que todas esas prendas de colores y accesorios variados.
-¿Te gustan?- pregunto Nathaniel y Chloe miro un vestido amarillo.
-¡Todo es tan lindo! ¿Quién diría que los terrestres tienen estas maravillas?- la dependienta que la escuchó la miró extrañada y Nathaniel se interpuso.
-Es de Grecia, de una isla en medio del mar.- la dependienta les dejó y este suspiró a lo bajo.
-Bueno, ante todo debes usar ropa interior
-Ya uso ropa.
-No de la interior. Debes ponerte algo debajo.
-¿Ropa sobre ropa? Eso es ridículo, completamente ridículo.
-Es necesario.- la llevo a la pequeña sección de ropa interior.- Muy bien. Buscaré a la dependienta para que nos ayude. Escoge lo que te guste.
-Vale.- contestó sin prestarle más atención. Esas pequeñas prendas eran en su mayoría muy lindas.- ¿Quien querría ocultar esto bajo la ropa? ¡Hey!- alguien topó con ella a sus espaldas y vio a una chica de hombros encogidos y cabello naranja.
-Oh, l-lo siento.
-Bah, no pasa nada. Quizás tú me puedas ayudar.
-¿Y-Yo?- Chloe miro a los lados.
-¿Ves a alguien más? Eres la única aquí. No deberías preguntar lo obvio.

-L-Lo siento…- Chloe rodó los ojos.

-Cómo sea. ¿Cuál es tu nombre?

-Sabrina.

-Bueno, Sabrina, me llamo Chloe. Necesito que me ayudes para saber cómo sé cuál de estas me queda.
-Bueno... ¿sabes tú talla?
-¿Mi qué?
-Espera.- Sabrina tomó un sostén y se lo puso sobre la ropa a Chloe, al ver que no quedaba, le puso una talla más pequeña y voila.- Mira, esta es tu talla, aquí lo marca.
-Oh, ya veo. Te lo agradezco. Y como recompensa te voy a dar lo que quieras. ¿Te gustan las perlas?

-Me gustan, pero mi amiga me dijo que no me quedaban bien.

-¡A todo mundo le quedan las perlas! Tu amiga debe estar mal de la cabeza. A ti seguro te quedarán divinas.

Chloe puso su palma detrás cerrando el puño, donde se vio un leve brillo dorado. Al poner la palma adelante, Sabrina vio un hermoso collar con una fina cadena dorada y una perla con una línea de pequeños rubíes y amatistas en forma de rombo, en fila, incrustados. Sabrina quedo encantada.
-¡Es hermoso! ¿En serio puedo quedármelo?
-Por supuesto. No importa.- Sabrina nunca había tenido algo tan bonito. Ni siquiera Lila le daba estos detalles.
-¡Es divino! ¿Hay algo más en que te pueda ayudar?
-Pues sí... ¿cómo se pone esto?- pregunto apuntando el sostén.

Nathaniel regresó un poco contrariado porque la dependienta estaba ocupada, pero al ver a Chloe dándole consejo a Sabrina sobre qué traje de baño comprar, se sorprendió en gran manera.

-Mira, te queda este. Seguro que serás la envidia de muchos.

-¿En serio?

-¡Claro! Sólo no te encorves y bajes los hombros. Muestra que tienes porte y presencia, querida, o sino parecerás que siempre estas asustada.
-¡Muchas gracias! Mira, esta sombra de ojos te quedaría perfecta, Chloe.
-¿Sombra de ojos? De donde vengo usamos pigmentos naturales pero no duran mucho.
-Seguro este sí.
-¿Chloe?- se acercó este con cierta cautela y Sabrina se giró cohibida y fingiendo revisar otras prendas.
-¡Nathaniel! Mira, ya he elegido estos conjuntos. ¿A que son lindos?- Nathaniel se sonrojó, uno negro con encaje y otro blanco de lacitos azules lo dejaron sin aliento.
-Sí, bueno, te los compro y ya te pones uno.- tomó su mano y Chloe vio en un estante otro tipo de ropa interior.
-¿Que eso de ropa comestible?- la cara de este se coloreo tanto que hasta se sintió mareado.
-Ya te explico luego. Vamos.- Chloe vio a Sabrina despedirse y esta le regresó el gesto. Sabrina miro de nuevo su collar y sonrió muy feliz de haber conocido a Chloe...

Luka se asomó de su camarote al percibir los deliciosos olores provenientes de la cocina. Fue al comedor donde su madre estaba sentada en una silla cerca de la barra y Kagami le daba la espalda estando dentro de la cocina. Eso lo dejó perplejo.
-¿Que pasa aquí?
-Oh, Luka. Kagami se ofreció a hacer la comida el día de hoy. ¿No es un lindo gesto?
-No sabía que cocinabas.- dijo a su novia.
-No lo hago.- respondió depositando un postre en la barra.- Pero anoche estudie algunos tutoriales por internet y quise hacer algo por tanta amabilidad recibida.- Anarka sonrió y en esos momentos Juleka llegó.
-¿Qué pasa?
-Mira, Juleka. Kagami nos está haciendo la comida.- la joven apretó sus labios.
-Ya veo...- Kagami puso un tazón de arroz.
-Adelante, pruébalo.- le invitó y Juleka al sentir que todos la miraban, esta tomó una cuchara y lo comió.
-Esta... bueno.- Kagami sonrió.
-Puedes también probar mis onigiris. Adelante.- no se veían tan estéticas y Juleka probó una por obligación. Tenían un sabor que no podía identificar.
-¿Que tienen?
-Varían, algunas tienen carne, pescado, ciruelas.- Juleka se puso pálida.
-¿Ciruelas?- de repente comenzó a toser, todos se asustaron y la rodearon.
-Luka, trae su medicina. Kagami, hielo.- ordenó la capitana llevándose a su hija a su habitación.
-¿Qué ocurre?- pregunto Kagami confundida y Luka respondió con la medicina en mano.
-Jule es alérgica a las ciruelas, la inflan como un globo.
-Lo siento tanto. Debí decirte, cariño.- se disculpó Anarka.- Ven hija. Vamos a tu cuarto.- Luka besó a Kagami al verla paralizada.
-No fue tu culpa. En un momento regresamos a comer.- pero Kagami ya no le importaba la comida.
-¿Estará bien?
-Se le hinchará la cara, pero en un par de horas estará mejor.
-¡Luka!
-Ya regreso.- Kagami apretó los puños furiosa. Había hecho eso para ganarse un poco más a Juleka, quería llevarse bien con ella, quería poder tener una relación normal. Pero al parecer tendría que hacer mucho más si deseaba poder hacer las paces. Fue a por el hielo, esperaba que su cara no estuviese tan hinchada. Al menos no podría alegar un intento de envenenamiento con los labios inflamados...

Marinette se sentía mucho mejor, en realidad era como si la fiebre hubiese desaparecido. Necesitaba salir y al asomarse por la ventana se dio cuenta que no había pasado demasiado tiempo y que todavía no había comenzado a atardecer, grata fue su sorpresa al ver una luz cerca de las rocas. Respondió con otra luz y la otra desapareció. Adrien le estaba esperando. Se despidió de Tikki con unos mimos y al bajar vio a Nino y Alya besándose en el sillón, fue sencillo despistarlos. No tardó demasiado en llegar a la cueva y apenas y se sentó con el agua mojando sus piernas, Adrien llegó y salió a la superficie.
-Hola, Adrien.
-Hola. Supe que estabas enferma.
-Un poco de fiebre, pero fue más el susto. Quería agradecerte por salvarme ayer.- Adrien desvió un poco la mirada.
-De nada. Yo... Agh, debí haber llegado antes.
-Adrien, no podías saber.
-Tenía que. Pude sentirlo, fue como si mi corazón se oprimiera estando a punto de desfallecer. En ese momento supe que estabas en peligro.
-¿Cómo? ¿Cómo pudiste sentirlo?
-No lo sé. Pero... Pero si algo te pasa, me muero. Marinette, te has convertido en alguien importante para mí. No sólo como una amiga. Yo... me gustaría poder explicarlo pero es difícil y...- la mano de Marinette se posó sobre su puño.
-Yo... no sé qué decirte, o pensar. También eres muy importante para mí.
-Pero...
-No hay pero...- se sonrojó.- Adrien, no sé cómo explicarlo pero siento como si te conociera desde antes, quizás de años. Y cuando estoy contigo yo...- la mano de Adrien acarició su rostro y este la acercó un poco más a él.
-Entonces... No sabemos qué nos pasa.
-Es confuso.
-Extraño pero...
-¿Nada malo?
-Nada malo... Marinette.
-¿Mmh?
-Yo... quisiera…
-Hazlo...- ni siquiera supieron en que momento estaban susurrando, cerraron sus ojos y sus labios se encontraron nuevamente, encajando perfecto, los brazos de Adrien la acercaron más y ella enredó sus dedos en su húmedo cabello, aquel beso no tenía nada que ver con algún otro que hubiese dado, era increíble, adictivo y mágico, como el del sueño. Adrien mordió un poco su labio inferior y ella no se negó a dejar que sus lenguas se conocieran. Ni siquiera quería respirar porque eso significaría separarse de él. Y Adrien no quería dejarla ir, esa pequeña hembra era suya, tan hermosa, dulce, de un corazón puro, con ella se sentía completo y feliz. No podía negarlo más, la había encontrado, no en el mar sino fuera de este, Marinette era su otra mitad.

El sonido de exclamaciones ahogadas hizo que Marinette abriera los ojos un poco para toparse con Claude y Juliet mirarlos desde la entrada con la boca abierta, incluso Sain, había salido del agua y su boca estaba más abierta que los dos chicos. Marinette se sonrojó de golpe y separó a Adrien, este al ver a los intrusos comenzó a brillar tan avergonzado como lo estaba ella.
-Eh... Hola chicos, menuda sorpresa...
-¡Sí! ¡Vaya!- Marinette vio a Adrien de reojo.- N-Nosotros estábamos... digo, no es lo que creen, estábamos...
-Le mostraba a Marinette la técnica para respirar bajo el agua.
-¡Sí! Eso mismo...- al ver que ninguno de sus amigos reaccionaba tuvieron que hacerlo ellos. Marinette fingió un largo bostezo.- Cielos, creo que aún me falta descansar.
-Sí, eso, debes cuidarte para que la fiebre no te suba.
-Eso mismo.- los dos se acercaron a sus amigos.- Vamos Juliet, o tu abuela podría llegar de repente.
-Claude, hora de regresar. Sabes cómo son nuestras familias si llegamos tarde.- no pudieron volver a mirarse, estaban tan avergonzados. Y además, ¿Que había sido eso? Ahora todo era mucho más confuso. Al subir las escaleras Juliet al fin pudo reaccionar.
-Marinette, ustedes estaban...
-No quiero hablar de eso.
-P-Pero eso... Digo, es que eso es...
-¿Qué? ¿Raro? ¿Irreal? ¿Fuera de toda lógica?
-Me quitaste las palabras de la boca.
-¡Ya sé!- exclamó caminando por el pueblo.- Pero creo que... me gusta Adrien.- Juliet abrió la boca pero la cerró. No era Alya para dar alguno de sus consejos, ni siquiera tenía experiencia en ese campo porque ningún chico le había interesado. Pero hacia poco de lo de Luka y no sabía si debía decir algo. Así que repitió una frase de su padre que la recordaba hasta el día de hoy.
-Pues... Si él te hace feliz, no tiene nada de malo.
-¿Juliet?
-Digo, si te has vuelto a enamorar... que nadie te diga que está mal. Es lo que sientes.
Marinette sonrió, su amiga a veces podía no ser tan activa como Alya, pero era buena escuchando y muchas veces daba excelentes consejos. De repente se toparon con Nathaniel que bajaba otro juego de escaleras pero no estaba solo.
-Hola, Nath.- saludó la franco-china a su amigo.
-¿M-Marinette? ¿Juliet? Vaya casualidad...- sonrió claramente nervioso.- D-Digo, pensé que estarían en la casa y... ella es Chloe. Venimos del festival.- Chloe arqueó la ceja y miró despectiva a Juliet.- E-Ella es m-mi...- no pudo decir nada. Chloe se puso frente a él para sorpresa de las chicas. Marinette hubiese reconocido a Chloe, pero la última vez que la había visto era una sirena de cabello suelto y había sido unos segundos. Tras dedicarles una mirada arrogante a las chicas, Chloe se volvió y besó a su artista frente a ellas de una forma casi lasciva que las hizo sonrojar, luego le dejó una marca en su cuello que hizo al pelirrojo ahoga un gemido. Chloe se volvió a ver a las chicas y se fijó en Juliet con la nariz apuntando alta.
-Soy su musa, un placer. Nos vemos, cariño. Conozco el camino de regreso.- la rubia se fue dejando a un muy sonrojado y apenado artista que no tenía ni idea de que decir a sus amigas. Pero Juliet lo miró inquisitiva.
-Así que te van las rubias.- Nathaniel se cubrió los ojos, incapaz de verla a la cara.

-¡Ni una palabra!...

Sabrina tenía una sonrisa desde que conoció a Chloe. Era rara pero le había caído muy bien. Al llegar a su casa de playa, vio que Lila estaba viendo una revista de moda y comiendo unos chocolates. Y no se veía tan feliz.
-¿Dónde estabas? Te envié por mi pedido hace mucho.
-Lo siento pero no tenían esos chocolates que te gustaban, así que estuve buscándolos mientras hacia la compra. ¿E-Esos son mis chocolates?- Sabrina sacó la caja con su nuevo traje de baño y Lila lo notó.
-No importa eso. ¿Y eso qué es?
-¡Oh! Es mi nuevo traje de baño. ¡Es súper mono! Una chica llamada Chloe me ayudo a escogerlo. ¡Es súper linda! Y también muy simpática.
-Ah, ya veo...- dijo con expresión dolida.- O sea, que te vas por ahí sola y te haces de más amigos mientras que yo estoy aquí encerrada.
-P-Pero te sugerí si querías venir.
-No me hace bien tanto sol. Además, ¿se te olvidaron las fresas que te encargue?
-Oh... se me olvidaron. Es que con el festival...
-Ya déjalo. Después de todo lo que hago por ti. Voy a mi cuarto. Necesito estar sola.- se llevó una caja de aperitivos y se encerró en su habitación. Sabrina se sintió culpable. Lila era su única amiga, la única que le prestó verdadera atención cuando iban en el instituto, y la había dejado en la estacada. Que mala amiga era. Al otro día, tendría que ir desde temprano por esas fresas para darle una sorpresa en el desayuno. No iba a desilusionarla otra vez...

Audrey nadó a un hueco al principio del interior del vacío. Esta sacó de este un cofre antiguo, y desde el fondo del abismo un rugido estremecedor la hizo fruncir más el ceño.
-Estúpida bestia.- lanzó el cofre a las afuera y al abrirlo un pulpo de color morado la vio y se estiró bostezando.
-¿Que desea ama?- preguntó el familiar, notándose en uno de sus tentáculos, un anillo de color negro. Ella sonrió de lado.
-Nooroo, necesito tu ayuda para recuperar mi libro. Tú sabes dónde puedo conseguirla. El kwami asintió pero la miró asustado.
-No... No creo que sea conveniente... no podría…
-Por supuesto que sí puedo. Ahora, llévame a donde están los akumas.- el pequeño asintió temeroso y la guio hacia su destino, sabiendo que esa sirena traería caos a todo ser viviente. Entre tanto, otro tritón estaba planeando que hacer, porque no dejaría que su sangre siguiera en tierra mucho más tiempo…

Algo había cambiado en el mar. Fu podía sentir que algo grande y peligroso se acercaba y el mar intentaba advertirles. Marianne se acercó a su esposo por detrás.
-¿Cariño? ¿Pasa algo?
-El mar ha cambiado Marianne. Las olas muestran furia en vez de calma.
-Bridgette se acaba de ir con los niños. ¿Crees que tenga que ver con ellos?
-No lo sé, no creo que sea su tiempo, pero el mar siempre reclama a sus hijos, de una forma u otra.- este abrazó a su esposa.- No te preocupes, estaremos allí para lo que sea.
-¿Y qué tal si no podemos con esto?
-Todo estará bien, mi bella joya de mar. Haremos lo que sea para que todo esté bien.- la mujer asintió pero no dejó ir la preocupación que sentía. Porque presentía que algo malo iba a pasar, al igual que sentía a su marido tenso. Wayzz, su tortuga, se arrastró hasta la puerta corrediza de cristal, y se quedó quieto, observando el mar y la fuerza de sus olas...

…..

Y… espero que les haya gustado! Gracias a todos los que me leen. De corazón, gracias! Y bueno, les pido por favor que dejen review, nada de tomatazos, y acepto imágenes de Chat Noir, Nathaniel, Luka o Viperion, y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!