Hola a todos! He aquí traigo el siguiente capítulo, así que prepárense los fans Nathloe, es todo lo que diré, puesto a ello, gracias a todos por su apoyo y a quienes siguen esta historia. Y bueno, no haré perder más su tiempo, y para la chica que me envió su correo… es ge mail o hot mail? Fanfiction protege correos y no muestra completos. Como sea, sin más qué decir… COMENZAMOS!

….

Capítulo 21.
Señales del pasado.

Una llovizna ligera estaba mojando por completo la playa desde la madrugada, pero eso no impidió que alguien tocara donde la casa del matrimonio Fu en la que Marianne había casi empujado a su marido de la cama para que fuera a ver quién estaba azotando la puerta. El sabio maestro fue a abrir y se encontró con Marinette que tenía un paraguas rosa en mano.
-Buenos días.- bostezó este.- Es muy temprano para una visita.
-Disculpe que le moleste pero tengo algo que no me ha dejado dormir esta noche.
-Usted dirá. Pase, voy a servir un poco de té.
Marinette entro a la casa, era un lugar muy acogedor de suelo de madera y muebles de color ocre, una lámpara de araña de bronce colgaba en medio y ramos de flores adornaban el lugar, se dio cuenta que en realidad los jarrones fungían como macetas y había tierra en estos.
-A mi Marianne le encanta hacer esos arreglos, pero sin cortar las flores. Tiene su propio negocio en línea, y es muy lucrativo.
-Vaya, son hermosos.- tomó la taza de té.
-¿Qué es lo que perturba tu espíritu, jovencita?
-Desde que llegue y conocí a Adrien he tenido extraños sueños con el mar, a veces estoy en lugares que no conozco y se siente tan real.- intentó explicar ante la atenta mirada del Sabio.- Y-Y ahora me encuentro con esto.- de su bolsillo sacó uno de sus dibujos doblado.- Eso no puede ser casualidad y admito que me asusta un poco. No lo entiendo.
-Mmm, ya veo. Bueno, creo poder explicarlo pero sería bueno que tu compañero también estuviera presente.
-¿Adrien?
-Tranquila. No debes temer sobre lo que te pasa. Prometo darte respuestas.
-E-Está bien. Hablaré con él para poder reunirnos.
-Muy bien. Y por cierto, les deseo toda la suerte del mundo.- ella notó que miraba su anillo y se sonrojo con una leve sonrisa.
-Muchas gracias...- cuando salió de la casa, el maestro se dio la vuelta, una figura pasó por su ventana y al asomarse vio a lo lejos entre las rocas una cola rojiza antes de desaparecer. Este sonrió, al notar a la gata seguir a su dueña a cierta distancia...

Fue como si algo lo hubiese despertado, una voz a lo lejos que le instaba a levantarse y dejar la cómoda cama, fue hacia la puerta saliendo afuera sin notar hasta que fue demasiado tarde la lluvia, iba a regresar a su cama pero entonces vio subir a una figura menuda y temblorosa por el camino y todo su ser se paralizó.
-Chloe...- ella alzó la mirada y vio al artista observarla perplejo, y ella sonrió arrogante.
-Vaya, ¿me escuchaste venir desde la playa?- él se acercó y puso con delicadeza su mano en su mejilla izquierda donde se veía un gran morado.
-Vamos adentro. Estas empapada.
-Dah, soy una sirena, genio. Normalmente estoy mojada.- pero no le saco ninguna sonrisa, sino que la guio al interior de la casa y la llevó a su habitación. Sin notar que Juliet estaba en la cocina preparando un té, vestida con un pijama largo sin mangas color rosa y un short negro apenas y visible. Estaba sumida en sus propios pensamientos, molesta consigo misma por el sueño que tuvo. Sopló uno de sus rizos de la cara con fuerza de sólo recordarlo…

La marea movía el barco donde estaba, la gente iba de un lado a otro con vestimentas dignas de alguna película de Piratas del Caribe; algunos gritaban, otros reían, y ella tuvo que pasar el gento llevando entre sus brazos un montón de rollos y libros hasta llegar a un camarote y dejarlos tirados sobre una mesa donde yacía una vieja linterna de aceite. Ella suspiro por el esfuerzo y luego se topó con su reflejo en un espejo. Tenía una horrible cicatriz a lo largo de su mejilla derecha a su boca que se veía anormalmente más grande de ese lado. Su mano fue a su mejilla y por unos segundos el recuerdo de un cuchillo dentro de su boca contra su mejilla y unas dolorosas puntadas la hicieron estremecer. Fue afuera y curiosamente ya no estaba en el barco, sino en una playa de noche sin compañía. Se acercó al mar donde un silbido llamo su atención y vio a Claude mirarla desde cierta distancia. Ella se adentró al mar riendo como una niña, mojando el largo vestido negro que traía puesto y al estar a un metro de él, este fue quien recortó la distancia impaciente y la atrajo a sus brazos, acariciando su mejilla antes de besarla con pasión.
-Mi hermosa joya de mar. Nunca dejare que nadie te ponga la mano encima.
-Mi guardián...
-Mi amor.- besó su cuello donde estaba una fina y hermosa gargantilla que ella podía sentir.- Ahora eres una hija del mar. Mi mujer...

Se sonrojó y pasó su mano por su cuello, todavía podía sentir la sensación de los besos y la gargantilla.
-Menuda estupidez. Somos amigos, nada más.
-¿Juliet?- casi dejó caer su taza provocando que algo de líquido en su pierna, pero como se había entibiado no le hizo daño. ¿Cuánto tiempo estuvo embobada?
-¿Qué pasa, Nath?- pregunto con total naturalidad.
-Veras, necesito que me cubras hoy. Pasó algo y necesito quedarme.
-Oh, entiendo. No te preocupes, te cubro las espaldas.
-Gracias. ¿Tienes más de ese té?
-Seguro, en el estante de arriba.- Nathaniel comenzó a hacer uno y a tomar algunos bocadillos.
-¿No vas a preguntar qué pasa?
-No soy Alya. Me contaras si te apetece.- él sonrió y le dio un beso en la mejilla.
-Gracias.- ella sonrió y su amigo se fue escaleras arriba. Suspiró. Que fácil hubiese sido enamorarse de Nathaniel. Lástima que su corazón era extraño, tanto que brincaba por culpa de un tritón. Debía estar loca...

Nathaniel regresó a su habitación con una bandeja en mano. Al llegar se sorprendió de ver a Chloe con los ojos cerrados y musitando algo en voz baja. Notó asombrado como los moretones eran cada vez más borrosos. Cuando ella abrió los ojos, las marcas casi habían desaparecido, pero no del todo. Tendría que tomar prestado algunos maquillajes de las chicas para dárselo a Chloe.
-No sabía que podías hacer eso.
-Es cansado hacerlo y no me curo por completo. Pero hay sirenas y tritones que pueden curar heridas de muerte sin gastar mucha energía, ellos son conocidos como Sanadores.
-Es cierto que mencionaste lo de los dones. ¿Cómo es?
-Bueno, algunos nacen con dones y otros no. Hay quienes tienen el don de la sanación, otros de crear mareas, llamar a voluntad a animales, entre otros tantos. Yo tengo el don de crear perlas y joyas. Y sin necesidad de entregar mi alma.
-¿Tu alma?
-Pfft. Creo haberte dicho en algún momento sobre ello. Sobre que cada vez que conocemos a nuestro igual, le otorgamos la mitad de nuestra alma en forma de una joya.
-Vaya... ¿Es así con todos?
-Por supuesto. Es un ritual muy importante.- dijo comiendo gustosa algunos croissants de chocolate de la bandeja.
-Ya...-esperó a que se llenara un poco y luego pregunto.- ¿Quién te hizo eso?- ella dejó de comer y desvió la mirada.
-La bruja de mi hermana. Se vengó de mí por lo de la última vez. Y mi madre no hizo nada para detenerla, al contrario, hasta casi le aplaudió.
-Oh, Chloe...- su mano fue a su mejilla y ella le miro con ojos acuosos.
-No quiero regresar con ellas. Me gusta más aquí... contigo.
-Quédate entonces.- le dijo sin dudar sorprendiéndola.- Vivo en un modesto departamento. Trabajo mientras estudio pero me aseguraré de que no te falte nada Chloe... aunque quizás por ahora no pueda darte lujos pero...- los labios de Chloe, dulces por el chocolate, sellaron los suyos en un beso profundo donde sus lenguas se acariciaron largo rato antes de separarse y verle a los ojos.
-Mientras te tenga a ti no me faltara nada.- sus labios volvieron a encontrarse, y se abrazaron intentando recortar la poca distancia que los separaba, cayendo sobre la cama y al fin dejándose llevar por esa atracción inevitable y que no iban a contener más...

Cuando Juleka despertó, no esperaba ver a su madre en la cocina, y mucho menos con Kagami. Las dos sonreían como si fuesen intimas amigas de toda la vida y eso le molestó mucho.
-Estas coquetas de papa rellenas son la debilidad de mi hijo. Y son prácticas para hacer mañana tarde o noche. Te sacan de un enorme apuro.- Kagami asentía sonriendo, guardando esas palabras que eran como la sabiduría de las mujeres de antaño trabajadoras que vieron y pelearon por sus hijos.- Revuelve bien la mezcla y... ¡Juleka! ¿Hace cuánto estabas allí?
-No mucho.- fue a tomar una manzana del tazón sobre la barra.
-¿Quieres ayudarnos a preparar el almuerzo?
-Voy a salir un rato.
-Oh, vamos. No puedes pasártela fuera todo el día.
-No tengo hambre, mamá. Eso es todo.- la capitana notó cierta aspereza en la voz de su hija.
-Te conozco, grumete. Si sigues enojada por el incidente de las ciruelas fue un accidente, no puedes estar enojada con la novia de tu hermano.- Juleka torció la boca.
-No lo dirías si supieras todo...
-¿Qué? ¿Hablas de su historia?- la mujer de mar se cruzó de brazos seria.- Estoy enterada de todo, Jule, de cada tórrido detalle. Y déjame decirte una cosa, a veces las verdaderas historias de amor no comienzan de forma dulce, pero ellos están dispuestos a pelear por su amor y a disculparse con quienes salieron perjudicados antes. No puedes juzgarlos para siempre.
-¡No es sólo pedir perdón!- exclamó molesta porque su madre defendiera lo que hicieron.- ¡Un lo siento no va a arreglar esto!- sin decir más se fue corriendo fuera del barco. Kagami quiso seguirla pero Anarka se lo impidió.
-Dale tiempo. Juleka es muy sensible y si vas ahora seguro que las cosas empeoraran más.
-Pero quisiera hablar con ella.
-Espera un momento hasta que esté más tranquila, cariño. Créeme, conozco a mi hija.- Kagami suspiro obedeciendo a la mujer, esperando que Juleka regresara y así poder hablar con ella con el corazón en la mano...

En el camino al refugio Marinette estaba perdida en sus pensamientos, y el sonido de las gotas de lluvia golpeando su paraguas era demasiado relajante. Pero tenía un presentimiento sobre ese asunto que le oprimía el corazón. ¿Que iba a pasar entre ella y Adrien al final? ¿Podría pasarle como con Bridgette? ¿O que diría Adrien de los sueños que ha tenido?
-¡Marinette!
-¡Aaah!- casi tira su paraguas al escuchar el grito de Alya.- ¡Alya!
-Lo siento chica pero estaba como en otro planeta. ¿Qué te pasa? ¿Acaso tienes sueño por andar trabajando en esas colas de sirena?
-No, no es eso, aunque van muy bien.- mordió un poco su labio inferior.- Lo que pasa es que he estado estudiando sobre... Vidas pasadas.
-¿Y eso?
-Es algo raro. Verás, es que cuando estoy con Adrien siento como si ya nos conociéramos desde hace mucho tiempo, casi como un deja vú.
-Vaya, eso es interesante.
-¿Qué opinas? ¿No crees que esté loca?
-Bueno, sabes que no creo en muchas cosas sin pruebas, y no menciones lo de Lila que he creo haber pagado mucho por ello.- Marinette aguanto la risa.- Creo que lo que importa es si ustedes dos son felices entonces no hay problema. Así que no importa si se conocen en una o mil vidas, lo que importa es esta vida.- Marinette sonrió con ánimo renovado.
-Gracias Alya. Eres la mejor.
-De nada. Pero ya que estamos hablando de chicos... ¿Crees en serio que Nathaniel en serio se quedó enfermo o se quedó haciendo travesuras? Vi que metió a su nueva novia a escondidas y me muero de curiosidad.
-¡¿En serio?!
-Habrá que intentar sacarle la verdad a Juliet. Tú policía bueno y yo malo.- las dos fueron al refugio entre risas sin saber que no estaban tan alejadas de la realidad...

Sus labios al fin llegaron a esas hermosas piernas leonadas después de besar todo ese cuerpo de diosa, no solo sus labios, sus manos, su cuello, sus pechos, todo ella era irresistible, y Chloe se arqueo sobre la cama ronroneando como una gata en celo ante esas nuevas sensaciones. Ambos completamente desnudos, estudiaban sus pieles aprendiendo y memorizando esos puntos que harían perder la cabeza del otro. Los finos dedos del artista acariciaron su sexo, dándole un masaje a los labios mayores antes de abrirla y contemplar ese delicado rosa que cambiaría a rojo. Ella se inclinó y lo atrajo desesperada hacia su boca, clavando sus uñas en su húmeda espalda. Quería más de él, su sabor, esa recién descubierta agresividad al besar, esa ternura al tocarla, quería sentir y hacerlo sentir bien. Sus lenguas dejaron esa danza húmeda cuando él se separó y tomó sus senos entre sus manos, acariciando y jugando con ellas.

-Admítelo...- jadeo ella con una sonrisa arrogante.- Has querido hacer eso desde que me conoces.
-Tal vez... Después de todo son preciosas.- la hizo chillar en el momento en que su boca apresó su pezón, echó la cabeza hacia atrás, la succión la estaba volviendo loca, y el muy ladino chupó, lamió y luego mordió deleitándose de los chillidos que ella hacía. Sus manos se aferraron a las sabanas de la cama, retorciéndolas y jalando a punto de romperlas. Cuando terminó, Nathaniel bajó con una lentitud desquiciante, hasta que su lengua jugó con su ombligo, gimió y este sonrió de haber encontrado otro nuevo punto. Al fin llegó a su destino. Separó las piernas de su amada sirena y contempló la humedad instalada como roció. Su miembro dolió, pero necesitaba prepararla correctamente e iba a tratarla como a la dulce sirena que era para él. Ella gimió con fuerza, retorciéndose al sentir esa cálida lengua acariciando esa parte suya. No sabía que se podía hacer eso, es decir, les habían explicado en lecciones como era la reproducción de pareja s y hasta tenía información de más por culpa de su hermana que no dejaba nada a la imaginación. Pero eso era el cielo, o quizás el infierno porque ardía en deseo. Su interior clamaba por la liberación pero también necesitaba ser llenada, y comenzó a rogar que este terminara con su tormento y que al fin entrara en ella. Él se separó y se enderezó, mostrando ese miembro viril en toda su gloria.
-Prometo tener cuidado.
-Solo hazlo tomate.
Poco a poco sintió su intrusión, era un poco molesto, sabía que dolería, y eso la preparó cuando al fin traspaso esa barrera y se aferró a él ahogando un grito al morder su hombro. Nathaniel no se movió, la consoló, la acaricio y besó su cuello hasta que ella se soltó y con su mirada le dio permiso de moverse. Fue lento, tierno, pero ese fuego que sentían dentro iba creciendo más y más. Chloe se olvidó de esa molestia que iba desvaneciéndose y movió sus caderas con las de él, aferrándose a sus hombros y comenzando a gemir necesitada por más. Él obedeció a su suplica, moviéndose con mayor ritmo y profundidad, escuchando el sonido de la lluvia combinado con el choque de sus cuerpos. Sus gemidos y jadeos comenzaron a llenar la habitación, sus cuerpos cubiertos por una fina capa de sudor, disfrutando de la fricción que sus cuerpos creaban. Pero necesitaban más, y estaban por completo fuera de sí.

Nathaniel la sujeto de las piernas, alzándose sobre de ella la penetro con fuerza, profundo, haciéndola retorcerse al sentirlo golpear muy dentro de su ser. Chilló y lloró ante ese ritmo casi demencial que el optó hasta que sintió una marea llegar sobre ella, grito como si llamase a las ballenas al sentir el orgasmo arrastrarla por completo hasta perderse en sí. Este la soltó y la puso boca abajo para que se recuperara. Chloe abrazo la almohada temblorosa intentando recobrarse de tan fuerte orgasmo pero puso los ojos en blanco al sentirlo entrar nuevamente de una estocada. Apoyado en la cabecera, Nathaniel la penetro gimiendo a lo bajo al sentir su interior húmedo y caliente apresarlo en una serie de espasmos. La voz de su amada sirena quedo ahogada en la almohada, lágrimas provocadas por el placer mojaban la almohada y su cuerpo entero temblaba al recibirlo. La cama se movió con ellos, mas rápido y fuerte, ella gimoteó moviendo la cabeza poseída por ese placer insano que no podía creer que podía sentir en su primera vez. Y antes de darse cuenta su cuerpo la llevo de nuevo a una vorágine de placer indescriptible y luego lo sintió salir de ella dejando caer sobre su espalda un chorro caliente y blanco.
Nathaniel cayó a su lado y Chloe le recibió buscando el calor de su pecho, su artista la arropo entre sus brazos mientras buscaban palabras para lo acontecido.
-Chloe... Tu retrato esta al fin terminado.- ella sonrió.
-Quédatelo... ya lo veré todos los días en nuestro hogar.- este exhalo asintiendo.- Y a cambio de tu vida, tu casa, y tu talento...- deslizo su mano por su muñeca donde para sorpresa de este apareció una pulsera de perlas negras en donde una perla amarilla que parecía encandecer como lava, estaba unida a lo demás por una extensión de oro en cada lado con forma de olas.- A cambio de doy la mitad de mi alma.- volvieron a besar, y en esos momentos la lluvia se detuvo...

Audrey tenía un humor parecido al de las anguilas, mordía a todo aquel que parecía estorbar su camino y casi se pelea con esa ridícula de Hélene, que de no ser por su esposo, seguro que le hubiera arrancado los ojos.
-Audrey.- la voz de Gabriel la irrito, ese tono preponderante de referirse a todo mundo como si no fueran más que sus lacayos.
-¿Qué quieres Gabriel?- contesto altiva, aun molesta por el anterior rechazo.
-He oído algo interesante el día de hoy sobre tu hija.
-¿Qué quieres que diga? Claudia siempre llama la atención.
-Pero no de forma correcta, ¿verdad?
-¿Qué quieres decir?
-Escuche de unas sirenas que ayer tu hija mayor golpeo a la menor de forma brutal.- maldijo en silencio a quien hubiera ido de bocón, pero fingió total desconcierto ante ello.
-¿A Chloe? Debe ser un error, porque justo vi a Chloe hace rato y no tenía nada.- los ojos de Gabriel dijeron lo que este no dijo, que no le creía.
-Ojala sea así, porque de encontrar a Chloe con una sola marca en su cuerpo, no sólo Claudia será llevada a juzgar y castigar por semejante maltrato, sino tú también por encubrirla.- se marchó y Audrey rechino los dientes. Furiosa nadó lejos hasta su cueva, donde antes de entrar lanzó una piedra hacia el abismo en donde desde la oscuridad una bestia rugió furiosa por haber sido perturbada.
-¡Cállate abominación!- entro en la cueva, todo estaba como antes a excepción de su libro y había repuesto las cosas robadas con esfuerzo. Fue a una esquina de donde quito una piedra del muro y de allí extrajo el objeto de su interés, un anillo de pequeñas joyas azules y decorado en relieves curvos que representaban la marea. Intento ponérselo pero el anillo no le quedaba, y este le quemó haciendo que gritara y lo lanzara al suelo.- ¡Estúpido anillo! Pero sabré dar buen uso de ti.
-¿Mamá?- la voz de Claudia la hizo girar y sonreír maquiavélica.
-Cariño. Me alegra verte. Dime, ¿ya te ocupaste del hijo mayor de Gabriel?
-Eh... sí, claro. Ni siquiera se dio cuenta que paso.
-¡Esplendido! Cuando estés embarazada, vamos a presentarte como su prometida. Y entonces el mar será nuestro para hacer y deshacer.- rio olvidándose de su mal humor sin saber que Claudia tenía sus propias preocupaciones. Tenía que encontrar a Félix antes de que a este le diera por decir lo que había hecho o si no bien podría despedirse para siempre de pertenecer a la comunidad...

Juliet había obtenido permiso de salir al mercado y pasearse un poco por los puestos. La verdad era que no estaba de humor, y eso pareció hacer que su abuela la sacara de la casa a pesar de su castigo. Debía de ir a las tiendas y puestos para buscar los mejores precios ya que al parecer su presupuesto estaba comenzando a ser un poco más apretado de lo planeado. Pero en lugar de eso fue al muelle donde suspiró con pesar ante lo que estaba sintiendo.
-¿Por qué tan pensativa?- se volvió sorprendida y vio a Claude a un lado.
-Claude, ¿qué haces aquí?
-Me daba la vuelta y te vi de lejos, es imposible no ver tu cabello.

-Ja, ja… gracioso.

-¿De casualidad no tendrás algo de comer?
-Hoy no. Pero quizás para la próxima.
-Por mi bien.
-¿Cómo están tus padres?
-Si te interesa están ansiosos de volver a verte.- ella rio a lo bajo.- Les causaste muy buena impresión.
-Vaya, no sé si eso es bueno o malo.
-Ya ves. Es un martirio. Es decir, ya están haciendo hasta planes, cómo deberían llamarse nuestros hijos.

-Uyyy, eso sí que es una tortura.- bromeó con una ligera risa intentando ser lo más empática posible.

-Ríete si quieres pero lo es.- sonreía jugando con la situación.- Son un dolor de aleta, es decir, es imposible que puedan imaginarme con una chica como tú.- la risa se detuvo.
-¿Disculpa?
-No lo tomes a mal. Es que creo que a mis padres les daría un ataque si descubrieran que su nuera y nietos caminan en tierra.
-Ya... como lo ocurrido recientemente.- masticó las palabras.
-Ya ves. Una auténtica locura. Y sin ofender pero a diferencia de Adrien o su hermano esas cosas que tienes como piernas no me atraen en lo más mínimo. Son raras, como tu pelo.- Claude no pareció darse cuenta que el momento de las bromas había pasado hasta que escuchó su voz algo ronca.
-Aja. Sabes, debo irme. Tengo mucho que hacer.
-¿Pasa algo? Hey, ¿te he ofendido?

-No, que va, la verdad es entendible tu opinión, es como cuando digo que no como puerco por Babe.

-¿Quién?

-Olvídalo.

-Estaba bromeando, la verdad es que yo…

-Debo irme. Nos vemos.- no le dio tiempo de responder cuando se alejó y este le gritó desde el muelle.

-¡Vale, nos vemos para tu siguiente clase de natación!
-Por supuesto. Veré que pasa.- soltó con desgana y se fue. Claude se rascó la cabeza y Sain se asomó y negó.

-Chico, tienes el tacto de un pez roca.

-¿Qué? ¡Agh!- se sumergió molesto consigo mismo. Ella caminó rápido, no podía explicarlo pero se había sentido irritada por sus palabras, es decir, Adrien y Marinette la llevaban bien y la forma de expresarse de ella le pareció tan insultante que quiso golpearlo. Sacudió su cabeza al darse cuenta de sus pensamientos sobre Claude, no debía irse por ahí, no tenía que molestarse por lo que dijo. Estaba bien que pensara eso, eso demostraba que no pegaban ni con pegamento industrial y que las relaciones entre especies mitad humanos no eran para ella...

La lengua de Chloe delineo de forma perversa una y otra vez esa paleta helada que ahora se arrepentía de haberle comprado. Tragó duro, intentando con todas sus fuerzas de no ponerse duro, pensando en Monet, Da Vinci, Van Gogh, y de repente entre las combinaciones de colores apareció Chloe adaptada perfectamente en aquellas obras de arte con esa misma sonrisa llena de descaro y lujuria que ahora le daba. Estaba jodido.
-¿Ves algo que te guste?- vio con deleite como la manzana de adán de su tomate se movió.
-Yo... cuéntame más sobre los dones. ¿Se nace o se aprenden?
-Ambas. Hay sirenas que nacemos con dones y otros aprenden.- sonrió con nostalgia pero en su voz se escuchaba el orgullo.- Por ejemplo, mi papi era un experto rastreador, podía decirte con sentir la marea si un banco de medusas se acercaban estando a kilómetros de nuestra comunidad.
-Vaya. Eso suena impresionante.
-Sí. Era el mejor.- de repente la tristeza la golpeo.- Fue el mejor padre del mundo.- su brazo la rodeó y la estrechó a él. No le dijo nada y ella valoró ese silencio tan dulce y comprensivo. Pero su momento no duró cuando escucharon las voces de unos chicos.
-Has sido tú, no te hagas la inocente.
-Devuelve esa pulsera, ladrona.- Chloe rodó los ojos.
-No me lo creo, parece que no importa si es agua o tierra siempre habrá buscapleitos.
-¡L-Les juro que yo no tomé nada!- Chloe se paralizó.
-Esa voz...

Cerca, Sabrina intentaba zafarse de tremendo problema.
-Juro que no tengo idea de que están hablando.
-No te hagas. Mi novia perdió su brazalete en la fiesta de ayer y curiosamente fue después de verte cerca de su cuarto.
-Nada más buscaba el baño, no tengo idea de qué brazalete hablas.

-Eres una mentirosa.- uno de ellos casi tocaba sus gafas con su dedo, asustándola cada vez más.
-¡Hey ustedes dos!- Chloe se acercó con porte gallardo aunque vistiera una falda blanca y una camiseta de Nathaniel amarilla que recogió haciendo un nudo para que mostrara su vientre.- Déjenla paz par de descerebrados o se las van a ver conmigo.
-¡Chloe!- Sabrina chilló contenta y fue a su lado.
-¡No te metas! Esa ladrona debe regresar lo que se robó.
-¿Y que se robó?
-Una pulsera muy valiosa que le di a mi novia.- Chloe arqueo su fina ceja y miró a Sabrina.
-¿Es cierto eso?
-No. Ni siquiera sé cómo es esa dichosa pulsera.
Chloe miró esos ojos asustados y tras una mirada seria, determinó su completa inocencia.
-Esto es ridículo, completamente ridículo, es obvio que les está diciendo la verdad. Así que váyanse y busquen a quien de verdad pudo tomar su brazalete.- los dos chicos se molestaron ante la arrogancia de su voz.
-No nos vamos a ir hasta que esa ladrona confiese.
-Y bien tu puedes ser su cómplice.- ni siquiera llego a tocar a Chloe cuando el artista se interpuso.
-No se atrevan a tocar a mi novia.- Chloe quiso chillar, una enorme sonrisa se formó en su rostro. Pero esos chicos no se tomaron a bien su intervención, uno intento golpearlo pero Nathaniel le esquivó y el otro al querer irse encima en una tacleada, Nathaniel se quitó y fue a dar contra un puesto donde vendían camisetas. El otro lo golpeo en la cara pero respondió el golpe de la misma manera dejándolo mal, quizás hubiese gano a este pero el otro chico se recuperó rápido y lo atrapó por detrás. Chloe exclamó horrorizada al ver como golpearon ese rostro que tanto gustaba tocar y besar. Furiosa se acercó y antes de que el puño volviese a estrellarse en el rostro de su amado, ella le tomó de la muñeca.
-¡Ni se te ocurra tocarle uno de sus cabellos rojos!- con una mano lo lanzó con una fuerza brutal a unos metros lejos. Se volvió y tomó al otro por detrás del cuello y lanzó hacia otro puesto que estaba como a cinco metros. Nathaniel quedó sorprendido y Chloe se limpió las manos.- Ya. ¿Quieren más mequetrefes?- los dos chicos salieron corriendo aun ante las quejas de los puesteros, pero uno de ellos golpeó sin querer un tanque de langostas y el chorro de agua golpeo a Chloe, ella pudo sentir el cosquilleo del mar que la dejó pálida.
-Oh, Chloe. ¡Estuviste maravillosa!- admiró Sabrina pero esta no pudo ufanarse por su acción.
-Si, como digas. Necesito irme ya. ¡Ahora!- le gritó a Nathaniel que comprendió al notar pequeñas escamas aparecer en sus pies. La tomó en sus brazos llevándosela cuesta abajo hacia su rincon secreto en la plara.- ¡Corre! ¡Corre! ¡Mueve esas piernas!
-¡Ya voy! ¡Ya voy! ¡Ya casi!- la lanzó al mar y Chloe gritó en el aire. Vio la falda flotar con la ropa interior y al emerger de nuevo Chloe le miró con reproche.
-¡Me has lanzado como a una piedra!- Nathaniel apenas y recobró el aliento.
-Lo siento mi amor. Te compensaré.- el enojo de Chloe se evaporó en un segundo.
-Dime mi amor de nuevo.- pidió con voz melosa acercándose a él y este lo susurró al oído haciéndole reír por las cosquillas de su aliento y se besaron ante la mirada atónita de Sabrina que se escondía cerca, mirando esa cola de pez sobresalir del agua. La chica se alejó en silencio y después corrió lejos, para su sorpresa casi chocó con Lila.
-¡Cuidado! ¿Es que esas gafas no te sirven?
-L-Lo siento yo...
-Agh, como sea. ¿Por qué esa cara tan rara?
-Y-Yo... Es que...
-Habla de una vez. No tengo todo el día para aguantar tus balbuceos.- Sabrina se mordió el labio inferior.
-E-Es que... ¡necesito ir al baño! Nos vemos.- corrió lejos de Lila sin mirar atrás. Chloe era la única que le había defendido y salvado de esos bravucones, la que le había dado consejos, así que guardaría su secreto pasara lo que pasara. Después de todo, ella sí era una buena amiga.

-¡Nath!- la pareja separó sus labios y Chloe se ocultó bajo el agua, viendo a la humana que era amiga de su novio acercándose.
-Juliet, ¿q-que haces aquí?
-Justo te vi correr.- miró alrededor.- ¿No llevabas a esa chica rubia cargando?
-Eh... Sí, pero ya se fue y...
-Oh, cielos, ¿qué te paso?- dejo a un lado la bolsa de las compras y tocó su mejilla. Chloe desde su sitio apretó los dientes a ese toque que le pareció tan íntimo.
-No es nada.
-Déjame ver. ¿Quién te ha golpeado?- sus dedos pasaron muy cerca de sus labios, y eso fue todo para Chloe. Salió del mar una furiosa sirena dispuesta a separar a esa mujer de su amado.
-¡Suéltalo!- pero apenas estuvo a milímetro de ella, otra figura la atrapó y cayeron abrazados a la orilla, dejando boquiabiertos a los dos amigos.

-¡Ni se te ocurra!
-¿Claude?
-¿Un tritón?- los amigos se miraron al mismo tiempo y Chloe se congeló unos instantes antes de encarar al castaño.
-¡¿Tú?!
-¿Que rayos? ¿Chloe?- los cuatro se miraron, al parecer el secreto ya no era secreto...

Si Juleka creía que su mañana no podría empeorar allí estaba con su teléfono mojado y sin funcionar; pero no podía culpar a nadie más que a ella misma que en un impulso lo dejó caer al mar. Ahora estaba arruinado, así como su humor. En la mañana intentó comunicarse por mensaje con Rose y explicar que ya había hablado con Marinette, pero Rose no aprobaba la forma en la que ahora parecía solapar la relación de su hermano. Todo estaba mal, intentó explicar que no era así y que hasta Marinette había dejado ir todo, pero la mancha de haber encubierto esa relación la perseguiría por el resto de sus días. Sentía ganas de llorar. Y la amargura que comenzó a sentir era igual a la que sintió cuando descubrió a su padre engañando a su madre.

-Prometo que le diré todo a tu madre pero por favor, hija, no le cuentes nada aún.

Por supuesto, cumplió su promesa, ¿y qué pasó luego? Su padre no dijo palabra en semanas hasta que fue descubierto por su esposa. Fue horrible, y su madre sufrió por esa traición por mucho tiempo. Nunca pudo perdonar a su padre, ni tampoco a ella. Y como si la vida quisiera desquitarse con ella, Luka comete el mismo error. Lágrimas gruesas cayeron sin control.
-Si pudiera hacer que se fuera esto… si pudiera arreglarlo. ¡Ojala Kagami nunca se hubiese fijado en Luka!
El akuma que la había rondado por días voló hasta su teléfono y entro en él. La voz de una mujer sonó en su cabeza.
-Oh, pobre chica. Dolida por el rechazo y el perdón negado, pero te entiendo y puedo ayudarte. Sacré Pearl, te doy el poder encarcelar y castigar tus enemigos. A cambio, necesito que encuentres algo por mí. ¿Me haces el favor?
-Lo haré, lo que sea para terminar con esto.- el miasma oscuro la cubrió y la figura del nuevo akuma, se irguió lista para llevar a cabo su misión...

Marinette se sentía ansiosa, había aprovechado su hora libre apostando que Adrien estaría por la playa, y no se equivocó. Se sentó en la cueva y este salió admirando a su adorada prometida besándola en la mejilla.
-¿Puede ser que cada vez que te vea brillas más?- ella rio.
-Tu eres quien brillas, Adrien.
-Sólo contigo.- ella sonrió enternecida pero se recordó lo que tenía que decirle.
-Adrien, hay algo que tienes que saber. Hablé hoy con el señor Fu y quiere hablar con nosotros.- el tritón pareció confundido.
-¿Por qué?
-Veras, encontré unos dibujos de cuando era niña y en estos estábamos nosotros, literalmente.

-Un dibujo.- repitió con gracia.- ¿Y eso que tiene de sorprender?- Marinette rodó los ojos y comenzó a desdoblar uno de sus dibujos mientras él seguía hablando.- Quizás lo viste por ahí, en una pareja, una película, y tal vez sea una gran casuaaaaali-dad.- quedó mudo. Claro, era un dibujo de colores de un infante, pero lo que había allí era lo importante. Y un sentimiento de tristeza lo golpeó. Sus ojos se encontraron con los de Marinette que le respondió al ver que llevaba su mano a su pecho.
-Adrien, creo que nuestra relación fue así de rápido porque ya nos conocemos... en otra vida.- él apenas estaba comprendiendo sus palabras cuando algo capto su atención y se volvió hacia la entrada.
-Algo pasa.- se sumergió y nadó fuera de la cueva. Al salir, se escucharon gritos a lo lejos. Marinette le siguió y salió hasta la playa.
-Seguro es un akuma.- dijo ella para comenzar a ir.
-¡Marinette! ¡Guíalo al mar!
-¡Confía en mí!

-¡Suerte!- la vio marcharse, dejando a su tritón con la desazón y la impotencia de no poder ayudar en tierra, porque quién sabe qué peligroso pudiese ser esta nuevo akuma que rondaba el puerto.

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Y… espero que les haya gustado! Gracias a todos por leer, muchas gracias por su paciencia para con esta historia, y les prometo que algo muy grande se va a venir, los misterios crecerán, se crean alianzas, el pasado vuelve a por su venganza, y mejor me callo porque los dejo traumados. Y sin más qué decir aparte de que por favor dejen review, nada de tomatazos y acepto imágenes de Chat Noir, Nathaniel, Luka o Viperion, y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!