1. División en dos partes.

En la azotea, con las maletas hechas y listas para lanzarlas en cualquier momento, decidió huír del convento en el que había pasado aproximadamente toda su vida.

—Mi nombre ya no será con el que solían conocerme, llámame Diavolo de ahora en adelante.

Las comisuras de Doppio se alzaron, muy poco. Y sintió unas tremendas ganas de irse sobre él para impedirle dar un paso más.

—Odias tanto a nuestro padre —murmuró en cambio, tratando de no tomar el rosario que tenía al rededor del cuello, como hacía cada vez que se sentía nervioso.

—Todo lo contrario, lo pensé demasiado para que fuera de su agrado. —Diavolo sonrió también.

Lejos del suelo donde transitaban los autos y con el pelo meciéndose ligeramente por la ventisca.

Doppio pensó que su hermano gemelo le había quitado muchas cosas. Incluso antes de nacer. Era mucho más atractivo, más alto, más valiente, más inteligente, más.

—¿Te sientes bien? ¿estás triste? —Preguntó al verse envuelto derrepente en la mirada cristalizada de Doppio.

Él en respuesta se encogió de hombros, en un gesto de no haberlo decidido todavía. —No lo sé, hoy me arrancarán a la mitad de mí.

Diavolo enternecido acercó sus largos pasos a su hermano para limpiarle las lágrimas.

—Llévame contigo. La vida aquí es tan miserable.

—Sólo serías un estorbo, —Doppio, hundido más y más en su pecho, pensó en la verdad detrás de esas crueles palabras—. Y serás aún más miserable. Enemigos de Passione vivirán cazandonos a ambos, día y noche. Cuando mueras, no podré soportarlo.

—Entonces largo —gritó, empujando sus solapas—, no aguanto que te quedes más tiempo.

Diavolo se sobresaltó por la reacción agresiva.

—¿Qué esperas? vete. Vete y vive, y encárgate de Passione. —La impotencia lo cegó, y por un momento pareció escuchar un "Arrivederci" seguido de besos en las mejillas y en los labios.

Diavolo no miró atrás ni una sola vez cuando salió por fin, yendo sobre tejados y campanarios de las viejas casas de Cerdeña.

Su hermano, bastante más lloroso e insoportable

rezó por su bienestar en la capilla esa noche,

y la mañana después,

y durante los siguientes días,

y los siguientes meses.