Capítulo 2: El Puente

-El Sr. Kinomoto se encuentra en estos momentos en una reunión. Le acabo de notificar su llegada. Si desea puede esperarlo.

-Sí, eso estaría bien. – contestó Sakura a la secretaria de su hermano.

-Tenemos una terraza. Esta al final del pasillo, detrás de la puerta de cristal. Estoy segura de que ahí estarás más cómoda.

-Gracias- Seguida de estas palabras Sakura se dirigió a la terraza que la secretaría le había indicado.

Abrió la puerta de cristal y se encontró con un lugar precioso. No estaba muy alto, ya que aún podía distinguir los rostros de las personas que caminaban por la calle. Recargo los codos en el barandal de cristal e inhalo profundamente.

Llevaba un mes de regreso y ya extrañaba Inglaterra. No era que no le gustara estar de vuelta con sus amigos y familia, pero la verdad era que las cosas no estaban saliendo como las había planeado.

Primero que nada, Yukito iba a casarse. En segundo lugar, casi nunca lo veía. A diferencia de cuando eran jóvenes, Yukito iba muy poco a la casa Kinomoto, sobre todo porque Touya ya no vivía ahí. Y en tercer lugar, su vida profesional era un desastre. Aquella mañana había ido a una audición para una obra de Shakespeare que iban a montar en el teatro de la ciudad. Se estuvo preparando para el papel por semanas, sin embargo al momento de la verdad se puso tan nerviosa que olvidó sus líneas por lo que empezó a improvisar. No es necesario mencionar que su prueba fue un completo desastre.

Demonios, se suponía que la escuela de actuación en Londres debía prepararla para esto. ¿Sería que había equivocado su vocación?

Nuevamente inhalo profundamente y soltó el aire con lentitud. Cuando salió de la audición, la primera persona con la que pensó en hablar era su hermano. Cuando eran niños su hermano era una verdadera molestia, pero sabía que podía contar con el incondicionalmente. Después de todo él siempre la había apoyado con su carrera.

Estaba sumergida en sus pensamientos, mirando a las personas caminar por la calle cuando de pronto identifico un rostro conocido. Yukito. Si, era él. Caminaba por la calle llevando del brazo de Mitsuki. Un momento…aquella mujer era rubia. ¿Rubia? Mitsuki no era rubia. Entonces… ¿Quién era esa mujer? Y ¿Por qué Yukito la trataba con tanta familiaridad?

Yukito y la misteriosa mujer siguieron caminando y riendo hasta dar vuelta en la esquina para entrar a un restaurante muy elegante. Sakura se inclinó más sobre el barandal con la intención de seguir con la vista el rumbo de la pareja.

-No estarás pensado en saltar, ¿o sí?

Sakura se sobresaltó ante el sonido de la voz. Se enderezo rápidamente.

Shaoran.

Demonios, ese hombre estaba en todas partes. En el último mes lo había visto más que en los años de amistad entre él y Touya. Iba de compras. Ahí estaba él. Iba al gimnasio. ¡Sorpresa! Él estaba inscrito en el mismo gimnasio.

-Estas en todas partes- dijo Sakura volteándose para enfrentarlo cara a cara. -¿Por qué estás en todas partes? ¿Qué haces aquí?

-Aquí trabajo. – contestó Shaoran con tranquilidad. Tenía las manos dentro de las bolsas delanteras de su pantalón negro.

Demonios. Sakura se había olvidado de eso.

-¿Y no deberías estar trabajando en vez de en la terraza?

Shaoran frunció el ceño y la analizó detenidamente. Sakura se estremeció como ocurría cada vez que Shaoran la miraba de esa forma. ¿Por qué desde su regreso su cuerpo reaccionaba de aquella forma ante su presencia?

-¿Siempre tuviste tan mal carácter?- pregunto Shaoran después de un rato. Sakura enrojeció ante su pregunta y se mordió el labio inferior. Por algún extraño motivo siempre que estaba cerca de él terminaba hablándole de manera dura y grosera. Era como si no pudiera controlar sus emociones en su presencia.

-Vine porque tu hermano me pidió que te dijera que su reunión se alargó más de lo planeado y que lo mejor era que no lo esperaras. – contestó Shaoran con voz fría.

Sakura inhalo profundamente. Su desilusión era palpable. De verdad necesitaba hablar con alguien.

-Bueno, en ese caso, lo mejor es que me vaya. – respondió Sakura con la cabeza baja. Empezó a caminar rumbo a la puerta.

-Es mi hora de comer. – dijo Shaoran de pronto. - ¿por qué no me acompañas?

Sakura lo miró a los ojos extrañada.

-Vamos, será divertido. – insistió el joven.

Sakura analizó sus opciones. En realidad no tenía nada más que hacer. Su otra opción era comer sola en casa ya que sus padres habían salido.

-Está bien- contestó la muchacha después de un rato.

….

Media hora más tarde Sakura se encontraba observando el agua, mientras esperaba a Shaoran. Él le había dicho que la llevaría a comer las mejores hamburguesas de la ciudad, solo que nunca mencionó que dichas hamburguesas las vendían en un pequeño puesto en una calle no muy lejos de la oficina donde trabajaba.

El local era pequeño y no tenía espacio para que los clientes pudieran sentarse, por lo que todos aquellos que decidían comprar hamburguesas ahí se la llevaban a comer en sus casas u oficinas, o las comían en la calle, algunos sentados en los escasos bancos de la parque que se encontraba a unos metros y otros caminando por el puente. El mismo puente en el que ella se encontraba parada.

Antes de marcharse a Londres, aquel puente no existía. En su lugar había un puente viejo de madera, nada comparado con la belleza arquitectónica que lo había reemplazado. El puente se había reservado únicamente para peatones, por lo que las personas podían caminar libremente por él, mirando de vez el cuándo a los lados para observar el río que pasaba por debajo de ellos.

Aquel lugar era precisos. Muchas familias llevaban a sus hijos al parque y posteriormente realizaban una caminata a lo largo del puente, donde los pequeños se entretenían viendo el agua con la esperanza de observar un pez.

-Aquí tienes- dijo Shaoran cuando finalmente llego al punto donde Sakura se encontraba. – te van a encantar

Sakura tomó la hamburguesa que Shaoran le había extendido. Mientras ella empezaba a desenvolver se comida Shaoran ya había dado su primera mordida, expresando con un gruñido su satisfacción en el sabor. Sakura sonrió. Jamás había notado las diferencias entre Shaornan y Yukito tan evidentes como en aquel momento. Mientras Yukito prefería comida elegante y costosa (como la del restaurante al que había entrado con aquella mujer), Shaoran encontraba placer en cosas más sencillas como la hamburguesa en sus manos y la vista del puente.

De pronto la sonrisa en sus labios se esfumo. ¿Por qué los estaba comparando? Siempre había sido obvio que ellos dos eran diferentes, pero nunca los había comparado tan detenidamente. Seguramente se estaba volviendo loca.

-Nuca había venido a este lugar- dijo Sakura intentado distraer su mente en una conversación.

-Construyeron este puente un año después de que te marcharas.

-La vista es bellísima. – dijo Sakura distraída.

-Si lo es. Te traje aquí porque pensé "Bueno… si quiere saltar al precipicio y terminar con su vida, que cuando menos lo haga en un lugar que valga la pena"

-No pensaba saltar- dijo Sakura mirándolo con molestia

-Ahhhh ¿no?- comento Shaoran- bueno es que como te vi tan abatida…

Sakura desvió la mirada. Odiaba que las personas pudieran ver tan claramente a través de ella. En realidad odiaba que Shaoran pudiera ver tan claramente a través de ella.

-¿Quieres contarme que te pasa?- preguntó Shaoran claramente preocupado.

-No- fue la respuesta automática de Sakura.

-Está bien. – respondió el joven volviendo la atención a su hamburguesa.

Sakura respiro profundamente. La verdad era que si necesitaba hablar con alguien, ¿pero ese alguien podía ser Shaoran? ¿Podía confiar en él?

-Hoy tuve una audición. – dijo la joven después de un rato de debate consigo misma.

-¿Y bien?- preguntó Shaoran mirándola fijamente.

-Me fue terrible.

Shaoran permaneció en silencio esperando a que continuara.

-Creo que tal vez equivoque mi profesión. Tal vez no soy buena para la actuación- confesó dejando la mirada fija en el agua. – Extraño Londres.

Tras aquellas palabras ambos se quedaron en silencio.

-¿Te gusta actuar? – cuestionó Shaoran después de un rato.

-Más que nada en el mundo. – respondió Sakura sin dudarlo.

-Entonces no puedes permitir que un pequeño tropiezo te aleje de lo que amas. Solo tienes que seguir intentando.

Sakura giró la cabeza y miro a Shaoran detenidamente. Era muy apuesto. Nunca lo había notado. Bueno, en realidad nunca había puesto atención. Pero era realmente atractivo.

-Y en lugar de estarte lamentando sobre lo mucho que extrañas Londres, ¿Por qué no intentas reconectarte con tus amigos aquí? Por lo que puedo notar, no has tenido contacto con ellos desde tu fiesta de bienvenida. Sé que Londres fue una parte importante de tu vida, pero esta ciudad también lo fue. Puedes ser feliz en donde te lo propongas Sakura, solo tienes que luchar un poco por esa felicidad.

Sakura permaneció en silencio mirando el río y analizando las palabras de Shaorna. Desde que había llegado no hacía otra cosa que quejarse de lo injusta que era su vida. En ningún momento había hecho nada para adaptarse nuevamente a la ciudad. Aquello tenía que cambiar. Shaoran tenía razón, si quería ser feliz debía luchar por esa felicidad.

-Gracias- dijo la joven con voz suave. Shaoran solo le guiño un ojo y continúo con sus alimentos.

Sakura se miró nuevamente en el espejo. Aquella noche sería el comienzo de una nueva vida. Saldría con viejos amigos a los que había tenido olvidados por mucho tiempo. Lucharía por su felicidad. Una nueva vida en la que ya no se lamentaría por un viejo amor perdido que en realidad nunca le perteneció. Estaba decidida a olvidarlo.

Analizó nuevamente su reflejo en el espejo. Seguramente su madre le diría que aquel vestido era muy corto. Y la verdad es que lo era. El vestido de lentejuelas negras resaltaba sus bien torneadas piernas. Los zapatos de tacón la hacían ver más alta y el maquillaje oscuro la hacía ver mayor. El escote que llevaba era pronunciado, haciendo que su dije en forma de S fuera más notorio. Era cierto que había decidido olvidar a Yukito, pero aún no estaba lista para deshacerse del collar.

Estaba perfecta. Completamente diferente a la antigua Sakura llena de penas y dudas. Respiró profundamente. Aquella noche en el bar marcaría un nuevo comienzo en su vida.

Tomando su bolso Sakura salió de su cuarto y empezó a bajar las escaleras. En la cocina se oía la voz de dos mujer hablando de lo que parecía ser una receta. Sakura no puso atención hasta que noto la presencia de un hombre en la sala, parado frente a la chimenea y de espaldas a ella. Yukito.

Al oír los pasos en la escalera Yukito se voleo distraídamente. Sin embargo, una vez que la tuvo en el campo visual el joven se mostró confundido, como intentando identificar a la mujer frente a él. Tras unos segundos el joven recobro la compostura y se acercó a Sakura con una sonrisa en los labios.

-Sakura, casi no te recocí. Te ves espectacular.

-Gracias- contestó la joven confundida. Había algo diferente en Yukito aquella noche. La sonrisa que le dedicaba en aquellos momentos era diferente a la sonrisa que le había dado por años. Y aún así le era muy familiar.

-Vas a salir. – preguntó el joven con una mirada picara.

-Sí, con unos amigos.

-Qué envidia. – respondió Yukito aun con su sonrisa misteriosa.

¿Envidia? ¿Yukito tenía envidia de sus amigos? ¿Por qué?

-¿Y tú que haces aquí?- pregunto Sakura de manera cortes.

-Mitsuki quería que tu madre le pasara una receta de cocina, así que me ofrecí a traerla.- contestó Yukito, restándole importancia al asunto.

De pronto Sakura supo porque aquella sonrisa y aquella mirada le eran tan familiares. Eran la sonrisa y la mirada que Yukito reservaba para sus conquistas. Sakura había visto a cientos de mujeres caer ante aquellos encantos. Pero aquellas dos armas secretas jamás habían sido dirigidas hacia ella. Jamás… hasta ahora.

¿Sería posible? ¿Sería posible que justo cuando ella estaba dispuesta a olvidarlo, resultara que ella no le era tan indiferente? Si aquello era verdad debía aprovechar la oportunidad.

-Eso es muy considerado de tu parte. – respondió la joven con una sonrisa coqueta en los labios. –Siempre has sido un caballero

-Lo intento. – contestó Yukito dando un paso más cerca de ella.

Su celular empezó a vibrar en su bolsa. Demonios. Sus amigos estaban por llegar, y justo en el peor momento.

-Debo marcharme. – dijo Sakura aun sonriendo coquetamente.

-Es una lástima. – Indico Yukito- deberíamos salir tú y yo un día de estos. Siempre me ha gustado mucho platicar contigo.

El corazón de Sakura se aceleró en su pecho. Siempre había soñado con aquellas palabras y con aquel momento.

-Dalo por hecho. – respondió la joven dando media vuelta para salir por la puerta principal.

Y así, con solo una mirada, una sonrisa y unas cuantas palabras Sakura se olvidó por completo de su plan de olvidar a Yukito. Aquella noche marcaba el comienzo de una nueva vida. Una vida en la que Sakura lucharía por su felicidad y por el amor de un hombre que probablemente también le correspondía.