Capítulo 4: El viñedo

-Sakura, querida, se te va a hacer tarde. – dijo la voz de su madre desde la planta baja.

-Ya voy mamá.

Sakura se miró nuevamente en el espejo. Llevaba puesto un vestido blanco ligero. En la noche que eligió su atuendo aquel vestido había parecido lo más indicado para visitar un viñedo, sin embargo ahora que podía ver el cielo gris que pronosticaba lluvia empezaba a dudar que aquel vestido hubiera sido la mejor opción. Sin embargo no pensaba cambiarse por dos principales motivos, el primero era que ya iba tarde y el segundo tenía directamente que ver con Yukito.

Yukito. Toda la noche había estado pensando en él. En él y no en cierto beso que no volvería a mencionar. Es más ni siquiera pensaría en eso. No pensaría en Shaoran, ni en lo bien que se habían sentido sus labios contra los suyos, ni en…demonios nuevamente estaba pensando en eso.

Yukito. Eso era lo único en lo que debía pensar en aquellos momentos. Tras pasar bastantes horas meditando su comportamiento, Sakura había llegado a una conclusión: Yukito no amaba a su prometida y se estaba viendo forzado a aceptar ese matrimonio. Probablemente sus padres lo estaban presionando para que accediera a aquella boda, después de todo los beneficios que traería la unión de la compañía de la familia de Yukito con la de Mitsuki serían inmejorables. La coalición de las empresas daría como resultado un completo control del mercado, que sería difícil superar o incluso igualar. Era por eso que Yukito iba a casarse, pero él no amaba a Mitsuki.

Sakura no estaba siendo ingenua, sabía que Yukito tampoco la amaba a ella, después de todo su interés en ella era muy reciente, pero aun así, aquello significaba que aun tenía esperanza. Si lograba mostrarle a Yukito que ellos estaban destinados a estar juntos, él podría enfrentarse a sus padres y seguir a su corazón. Una sonrisa se dibujó en los labios de Sakura imaginando un futuro a lado del hombre que amaba y que también la amaría a ella.

El problema era que el tiempo se acababa, la boda sería en unos meses, por lo que si Sakura quería mostrarle a Yukito lo feliz que podía ser a su lado debía de actuar rápido y aquel viaje al viñedo era su mejor opción. Lo que le hacía volver al vestido que tenía puesto y a su segundo motivo: era bellísimo. Sencillo pero al mismo tiempo muy sensual, perfecto para una misión de conquista y por ende perfecto para aquel viaje. Por lo tanto no se lo quitaría, a pesar de que era el vestido menos indicado para aquel tipo de clima.

Respiró profundamente, salió de su cuarto y bajo las escaleras rápidamente. En la sala se veía la figura de un hombre pero se detuvo de inmediato al darse cuenta que no se trataba de Yukito.

Shaoran.

¿Qué demonios hacía Shaoran ahí a esa hora de la mañana? Y ¿Por qué Yukito no estaba en la casa? Algo no andaba bien…

-Buenos días- dijo Shaoran mirándola de pies a cabeza. Una onda de calor recorrió el cuerpo de Sakura ante la mirada del joven.

-Buenos días. – Respondió Sakura mientras se mordía el labio inferior ¿Por qué se sentía tan nerviosa? Era solo Shaoran.

-Buenos días querida- dijo la madre de Sakura caminando hacía los jóvenes que se encontraban en el centro de la sala. - ¿Ya te contó Shaoran del cambió de planes?

-¿Cambio de planes?- pregunto Sakura con una voz que parecía más un susurro.

-Yukito me llamó en la mañana. La madre de Mitsuki se puso peor así que tuvieron que llevarla al hospital. – empezó a explicar Shaoran. – Ya se encuentra mejor, pero Mitsuki está muy alterada así que Yukito se quedará con ella.

-Ooohh – exclamó Sakura. – Entonces ¿Iremos al viñedo otro día?

-En realidad, el asunto que tienen que arreglar en el viñedo es muy urgente. Si no van hoy podrían perder la fecha y tendrían que esperar hasta un año para que este nuevamente disponible.

Ante aquellas palabras el corazón de Sakura empezó a palpitar con rapidez, tenía un mal presentimiento, un muy mal presentimiento de lo las palabras que seguirían a continuación.

-Así que Yukito me pido de favor…-continuó Shaoran indiferente al nerviosismo de Sakura- que te acompañara yo al viñedo en su lugar y que le ayudará a resolver el problema que tienen.

Sakura se quedó completamente quieta. No podía creer el tremendo giro que había tomado aquel día. Ella había planeado pasar todo el tiempo posible con Yukito y ahora tendría que pasar interminables horas con la única persona con la que en esos momentos no quería estar.

No quería estar cerca de Shaoran. No quería sentir todo aquello que sentía cuando estaba a su lado. Y sobre todo no quería tener que analizar esos sentimientos.

Su corazón latía muy fuerte. Su respiración era agitada. Todo un día junto a Shaoran. Solo los dos.

Pero ya habían pasado tiempo solos antes… ¿entonces por qué ahora se sentía aterrada? ¿Qué era diferente ahora?

-Sakura, querida ¿Te sientes bien? Estas pálida.- repuso su madre tras un largo silencio.

-Ehhhh…si mamá estoy bien.

-Bueno, en ese caso será mejor que se vayan ahora. – Dijo su madre, empujándola hacía la puerta.- el clima esta horrible, así que lo mejor es que se vayan antes que empiece a llover.

Sakura camino hacía el coche de Shaoran, aun sin entender por completo lo que acababa de pasar. El joven la siguió y tras cerrar su puerta se dirigió al asiento de conductor. Unos minutos más tarde Sakura ya se encontraba en camino a una misión de conquista…con el hombre equivocado.

Era un lugar hermoso. El viñedo que Yukito y Mitsuki habían elegido para celebrar su boda era bellísimo, justo el tipo de lugar que Sakura hubiera elegido para su boda. Era un lugar muy exclusivo. Cerca de ahí había una construcción clásica que años atrás había servido para guardar los barriles donde se añejaba el vino, sin embargo en la actualidad había sido acondicionado como un pequeño hotel con suites de lujo para aquellos viajeros que quisieran pasar la noche en la tranquilidad de la zona.

La boda se celebraría al aire libre, en un área que se designaba especialmente para ese tipo de eventos. El banquete sería preparado por un restaurante exclusivo ubicado en el viñedo que servía comida mediterránea. Aquellos invitados que lo desearan podían apartar una de las suites disponibles para pasar la noche y no tener que manejar nuevamente a la ciudad.

Sakura dio un trago a la copa de vino que tenía enfrente de ella. El nerviosismo inicial que había sentido al enterarse que Shaoran la acompañaría en aquel viaje había desaparecido. En todo el camino Shaoran se había comportado como el buen amigo en que se había convertido y no hizo mención en ningún momento del beso que habían compartido el día anterior. Realmente era sencillo estar con él. La compañía de Shaoran le agradaba mucho y se sentía segura y relajada a su lado. Se alegraba que su relación no hubiera cambiado después de aquel beso, no quería perder a un buen amigo.

Sakura miro por la ventana del restaurante donde esperaba el regreso de Shaoran. Había empezado a llover. El cielo estaba completamente gris y no parecía que el clima fuera a mejorar pronto.

-Listo. Ya le llamé a Yukito y le comente que hemos arreglado todos los pendientes. – comentó Shaoran sentándose frente a Sakura.

Habían tardado 4 horas en llevar al viñedo y otras 4 horas en arreglar todos los pendientes que tenían que ser arreglados. Finalmente habían terminado exhaustos y hambrientos, así que decidieron comer en el restaurante de la zona.

Sakura asintió con la cabeza y se terminó el vino que tenía en la copa. La comida había estado deliciosa. No había duda de porque Mitsuki había elegido aquellos platillos para el día de su boda.

-La lluvia está muy fuerte. – comentó Shaoran viendo a través de la ventana.

-¿Qué crees que debemos hacer?- preguntó Sakura mirando a su amigo. Era tan apuesto. Podía pasar horas viéndolo.

-Lo mejor será esperar hasta que se calme un poco la lluvia. Con este clima la carretera no es segura en esta zona.

-¿Crees que deje de llover pronto?- preguntó nuevamente la joven sin dejar de mirar a Shaoran.

-Eso espero. Dentro de poco empezará a anochecer y no me gustaría tener que manejar por esta zona en la oscuridad.

Shaoran tenía razón, tras pasar un rato platicando en el restaurante, Sakura empezó a notar que la luz del día empezaba a disminuir, el problema era que la lluvia seguía igual de intensa. Si esto no cambiaba pronto, ambos se verían atrapados en aquel lugar por el resto de la noche.

-Parece que el clima no va a mejorar. – Dijo Shaoran levantándose de su asiento.- Ven, lo mejor será que rentemos unos cuartos en el hotel del viñedo.

-¿Cómo?- preguntó Sakura alarmada.- ¿Quieres que pasemos la noche aquí?

-Bueno, no tenemos muchas opciones aquí. –contestó Shaoran con voz calmada y tranquila, como si intentara explicarle a un niño porque el cielo era azul. – La lluvia está muy fuerte y en unos minutos la oscuridad cubrirá toda la carretera. No podemos regresar a casa así. Por lo tanto nuestras opciones se reducen a quedarnos aquí hasta que el restaurante cierre y nos corran o caminar un poco hasta el hotel donde podremos tener una cama y dormir un poco.

Sakura respiro hondo. De verdad ese viaje había tomado un rumbo completamente inesperado. La joven se levantó resignada y empezó a caminar tras Shaoran.

El hotel no se encontraba lejos del restaurante donde Shaoran y ella habían comido, sin embargo la lluvia estaba tan pesada que para cuando llegaron a la recepción del hotel, ambos estaban completamente empapados.

-Buenas noches.- dijo Shaoran a la recepcionista del hotel. – Nos gustaría rentar dos cuartos para pasar la noche por favor.

-Lo siento mucho señor, en estos momentos solo tenemos disponible una de las suites.

Solo una habitación. No, eso sí que no. Una cosa era tener que pasar la noche sabiendo que Shaoran se encontraba cerca, pero otra completamente diferente era tener que pasar la noche en la misma habitación que él.

-¿Esta segura que no tiene ninguna otra habitación?- preguntó Sakura temblando, no sabía si era por culpa del nerviosismo o del frio que empezaba a calarle los huesos. – No importa que no sea una suite.

-Lo siento mucho, señorita. Es todo lo que nos queda. Pero la cama es lo suficientemente grande para los dos.

¿Dormir en la misma cama que Shaoran? Demonios, aquello cada vez se estaba poniendo peor.

-Podría volver a checar,- insistió Sakura- tal vez tiene otra habitación, aunque sea más pequeña…

-Denos la habitación que tiene.- interrumpió Shaoran con voz fuerte y decidida.

La recepcionista asintió y empezó a teclear en la computadora. Shaoran volteo a ver a Sakura. Su mirada era muy intensa, más de lo normal. Estaba molesto. Sakura desvió la mirada. Cuando finalmente tuvieron la llave en su mano empezaron a caminar rumbo a su habitación.

-¿De verdad te es tan insoportable la idea de pasar una noche conmigo en el mismo cuarto?-preguntó Shaoran cerrando la puerta tras de él. -¿Qué piensas exactamente qué voy a hacer? ¿Atacarte? ¿Saltar en tu cama en medio de la noche?

-Por supuesto que no.- contestó Sakura a la defensiva. ¿Cómo podía explicarle que no le tenía miedo a él, sino a la forma en la que él la hacía sentir?- Yo…bueno yo pensé que…-Shaoran la estaba mirando intensamente.

Sakura no podía pensar con claridad. El joven estaba completamente empapado, la camisa azul que llevaba puesta se le pegaba al cuerpo dejando entrever su bien formado cuerpo. Su cabello húmedo se veía más oscuro. Tenía tantas ganas de pasar su maño por ese cabello y sentir si era tan suave como parecía. Sus ojos también parecían más oscuros, casi negros. Y sus labios…demonios tenía tantas ganas de volver a besarlo.

-Pensé que tal vez estarías más cómodo en tu propio cuarto. – dijo finalmente recuperando la compostura. – Eso es todo.

Shaoran se le quedo mirando un rato más.

-Me estas mintiendo.- contestó finalmente con voz grave.- ¿A que le tienes tanto miedo, Sakura?

-No tengo miedo. – contesto Sakura con voz más aguda de lo que le hubiera gustado aceptar.

-Estas temblando.

-Es solo frío.-

¿Era realmente solo frio?

Shaoran negó con la cabeza y empezó a caminar rumbo al baño. Segundos más tarde volvió a salir con una toalla entre las manos y se la entregó a Sakura.

-No pienso hacerte nada Sakura. Jamás haría algo para lastimarte. Pero para que estés más tranquila, dormiré en mi auto.

Demonios. Sakura tampoco quería eso. No quería que se sintiera ofendido, ni insultado. ¿Por qué cuando las cosas se trataban de él se sentía tan confundida?

-Espera Shaoran. – Dijo la joven tomando del brazo a Shaoran antes de que pudiera salir de la habitación.- No tienes que irte.

Shaoran volteo la cabeza para mirarla a los ojos.

-¿Qué es lo que realmente quieres, Sakura? No quieres estar cerca de mí, pero tampoco quieres que me vaya. Quieres que seamos amigos, pero la idea de un viaje conmigo te aterra y mejor ni mencionar la forma en que reaccionaste cuando nos dijeron que solo quedaba una habitación. ¿Qué es lo que realmente quieres?

-No lo sé- contestó Sakura con profunda sinceridad.- Tú…tú me confundes.

Ante aquellas palabras las facciones de Shaoran se suavizaron, sin embargo su voz sonó igual de grave.

-Pues entonces será mejor que me aleje de ti hasta que aclares tus pensamientos. Porque yo Sakura, lo tengo muy claro.

Tras aquellas palabras Shaoran salió de la habitación y no regresó por el resto de la noche.

A la mañana siguiente Sakura salió de su habitación y encontró a Shaoran esperándola en la recepción. La lluvia ya había parado y podían regresar a casa. Antes de partir tomaron un pequeño desayuno en el restaurante de la noche anterior.

El viaje de regreso a la ciudad fue mucho más largo que el viaje de ida. O tal vez era que el silencio que inundaba el automóvil y la tensión que se sentía en el ambiente le hacían sentir a Sakura mucho más ansiosa. Tras horas de camino finalmente llegaron a casa de la joven, donde se despidieron secamente. Sakura subió a su habitación y se echó en la cama. Fue en la comodidad de su cuarto que las preguntas que la habían acechado toda la noche volvían a tomar forma: ¿Qué era lo que Shaoran tenía claro? Y ¿Qué era lo que ella sentía realmente por Shaoran?

…..

-Sakura, querida, ¿Puedo pedirte un favor?- dijo su madre a la hora de la comida. Había pasado una semana desde el viaje al viñedo y no había hablado con Shaoran desde entonces.

-Claro mamá, ¿de qué se trata?- Contestó Sakura

-Podrías llevarle a Shaoran un poco de la comida que sobró. Lo invite a comer, pero me dijo que estaba ocupado. Y conociendo como es cuando trabaja me preocupa que no vaya a comer nada en todo el día.

-Yo…no sé si sea una buena idea mamá- respondió Sakura bajando la cabeza.- No me gustaría importunarlo.

-Tonterías hija, no te tardaras nada. Solo vas a su departamento y le entregas la comida. Eso es todo. Incluso puedo prestarte mi auto para que el viaje sea más rápido.

Su madre lo hacía sonar tan sencillo. Si tan solo su madre supiera lo que realmente estaba pasando por su mente…si tan solo ella supiera lo que pasaba por su propia mente.

-Claro mamá. No hay problema. – contestó finalmente la joven con una sonrisa en los labios y un gran entusiasmo en la voz. Vaya, realmente era una buena actriz.

-Muchas gracias hija. – repuso su madre con una hermosa sonrisa en los labios.

Minutos más tarde, ya se encontraba en el auto de su madre, camino al departamento de Shaoran. Sabía la dirección, pero hacía años que no iba a su departamento. Y siempre que lo hacía era en compañía de su hermano Touya, nunca sola. El recorrido duró tan solo unos minutos y cuando menos se dio cuanta, ya se encontraba tocando la puerta del departamento de Shaoran, con una olla de estofado en las manos. Cuando se oyeron pasos al otro lado de la puerta su corazón empezó a latir con rapidez. ¿Cómo la recibiría él? ¿Le daría gusto verla? ¿O su presencia le sería indiferente? Después de todo, para él, ella solo debía ser una niñita boba y confundida.

Al abrir la puerta Sakura se quedó sin palabras. Había olvidado lo apuesto que era. Tenía el cabello húmedo. Probablemente acababa de tomar una ducha. Solo llevaba unos pantalones de mezclilla puestos. Sin camisa. Sus ojos se posaron en su torso desnudo. Durante la visita al viñedo solo había podido imaginar los músculos que debían estar debajo de su camisa mojada. Ahora ya no necesitaba imaginarlo, ahora lo sabía. Shaoran tenía el cuerpo más perfecto que había visto en un hombre en toda su vida.

-Sakura ¿Qué haces aquí?- preguntó el joven sacando a Sakura de la profundidad de sus pensamientos. En esos momentos la joven se dio cuenta de lo que había estado haciendo e intento recuperar la compostura. Solo esperaba no haber estado babeando.

-Mi mamá me pidió que te trajera un poco de estofado.- contestó con fingida calma. – Está preocupada de que no te estés alimentando bien. – una preocupación completamente innecesaria dijo Sakura para ella misma, solo se necesitaba echar un vistazo a su cuerpo.

Shaoran tomo la olla que Sakura tenía en las manos y se hizo a un lado para permitir que la joven pasara.

Sakura entró y siguió a Shaoran hasta la cocina donde paso el contenido de la olla a otra de su pertenencia. Sakura observo el procedimiento en silencio, admirando como cada musculo de su cuerpo se expandía y se contaría con el movimiento. ¿Era su imaginación o la temperatura de la habitación había aumentado unos cuantos grados?

De pronto la joven se dio cuenta que Shaoran le acababa de decir algo y que esperaba su respuesta.

-Perdón. No te escuche bien. – dijo finalmente, intentando centrar su atención en sus ojos. Eso no parecía hacer disminuir el calor que empezaba a sentir.

-Estas un poco distraída. Más de lo normal.- respondió Shaoran frunciendo el ceño. – ¿Te sientes bien?- pregunto con preocupación.

-Si, por supuesto. – Demonios sus labios se veían tan suaves. Y lo eran. Lo sabía de buena mano.

-Bueno…-repuso Shaoran sin estar muy convencido.- Te decía que por favor le agradezcas a tu madre de mi parte y que si le puedes decir que…

-¿Siempre abres la puerta así?- interrumpió Sakura fijando nuevamente su atención en su torso desnudo.

-¿Cómo?- preguntó Shaoran confundido.- ¿Así como?

-Sin camisa. Es solo que tus vecinos podrían llegar a molestarse. Seguramente algunos de ellos deben tener niños y estoy segura que a sus madres no les gustará ver que un vecino abre la puerta así…bueno tal vez a sus madres sí, pero estoy segura de que a sus padres no- una sonrisa se dibujó en los labios de Shaoran. ¿Qué le parecía tan divertido? Era un asunto serio.- Ni a ningún otro hombre en el edificio. Bueno, tal vez a algunos sí pero no a todos.- Shaoran empezó a caminar hacia ella. – Muchas personas podrían llegar a considerarlo indecente ¿Sabes? Además nunca sabes quien podría estar tocando en la puerta.- Shaoran cada vez estaba más cerca de ella. Sakura empezó a retroceder lentamente. ¿Porque rayos no podía dejar de hablar? Nada de lo que decía tenía sentido. – Podría ser peligroso. Podrías llegar a resfriarte.- la joven siguió retrocediendo hasta que su espalda chocó con la encimera. –Incluso podrías…

Un beso. Fue todo lo que Shaoran necesito para que dejara de hablar. Sakura sintió sus labios sobre los suyos. Un beso suave que poco a poco se volvió más intenso. Sakura pasó sus manos por el cuello de Shaoran para no perder el equilibrio. Realmente había querido besarlo. Ahora que tenían sus labios unidos, Sakura era capaz de aceptar que había soñado con los besos de Shaoran más de una vez. Y no solo había soñado son sus besos, sino con sus manos, sus ojos…demonios realmente lo deseaba. No tenía idea de que era lo que realmente sentía por él. Todavía se sentía muy confundida a su lado. Sin embargo si estaba segura de una cosa y eso era que deseaba a Shaoran. Deseaba estar entre sus brazos. De una forma completamente física y carnal. Algo que nunca antes había sentido.

Shaoran la levanto del suelo y la sentó sobre la repica que estaba a sus espaldas. Después de unos segundos Shaoran se separó de ella mirándola directamente a los ojos, haciéndole una pregunta silenciosa. En ese momento Sakura se sintió completamente segura a su lado. Shaoran jamás la forzaría a algo que no quería. El problema era que si quería, y en esos momentos lo quería con todas sus fuerzas, así que volvió a besarlo en forma de respuesta. Shaoran correspondió de inmediato al beso y empezó a subir su mano izquierda por debajo de la playera de la joven.

Si, aquello era lo que quería en esos momentos, ya después pensaría en que significaban aquellas mariposas que sentía en el estómago.